«¿Qué pasaría si las calificadoras de riesgo dejaran de existir? Es una pregunta que aún pocos nos hacemos hoy en día, pero que nos lleva a reflexiones interesantísimas.» Así comenzaba el artículo que publicamos hace más de 2 años. Lamentablemente hoy es un debate que ocupa las portadas de los medios por motivos muy tristes, ya que se cuestiona el rol de las calificadoras única y exclusivamente porque han rebajado masivamente los ratings europeos. Esta misma reacción (la de la opinión pública e institucional) ya ocurrió con el downgrade del rating de Portugal, aunque en menor medida. Manda huevos que las corruptas e incompetentes calificadoras sean las más lúcidas en este mundo de locos endeudados. Os dejamos releer aquel breve artículo del 16 de Diciembre de 2009, parece que fue ayer, y después haremos varias reflexiones al respecto, algunas de las cuales ya comentamos en la segunda parte del artículo el pasado verano. Reflexiones que lamentablemente son tan vigentes como hace 4 años.
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Ya lo advertíamos en
Tan sólo unos días antes de conocerse 
Lo hemos advertido ya en anteriores artículos
«Algunos bancos centrales de Europa comienzan a evaluar planes de contingencia ante la posibilidad de que algunos países abandonen la zona euro o la unión monetaria se desmorone por completo.» Este es el titular del
Algunos vaticinan que estamos viviendo una semana crucial para el futuro de la Eurozona. Unos días en los que se decidirá cómo y de qué manera se financia sin coste el
Preservar en tiempos revueltos no es el título del culebrón del verano sino la necesidad imperiosa de todos los gestores del patrimonio propio. También es una de las premisas de algunos gestores de patrimonio ajeno, pero éstos lamentablemente se suelen preocupar más por retener a sus sufridos clientes comercialmente reduciéndoles la volatilidad, que por preservar su patrimonio y hacerlo progresar adecuadamente a largo plazo. Desgraciadamente a muchos gestores de lo ajeno les interesa más el pan para hoy (el suyo) y obvian el hambre para mañana (el de sus clientes y también el suyo) de forma miope. Aquí reabriríamos el viejo debate de si sólo se debe confiar el dinero en asesores que hayan sabido generar su propia fortuna y que co-inviertan con sus Clientes, o si bastaría cualquier comisionista independiente con la formación téctica suficiente. Pero esa sería una discusión digna de otro artículo.