
Para empezar el inversor de a pie debe analizar su situación patrimonial y determinar si además del asesoramiento estrictamente financiero necesita también asesoramiento fiscal, jurídico, mercantil, corporativo o inmobiliario. Es decir, quizá pueda tener necesidad de poner en orden sus sociedades/empresas, sus inversiones o desinversiones inmobiliarias, la administración de esos inmuebles, los temas sucesorios y de Familia, sus inversiones en bolsa y en empresas no cotizadas, la generación de las rentas necesarias para su familia o proyectos, optimizar la fiscalidad de todo ello, etc. (more…)

El concepto es novedoso, y viene a cubrir una necesidad lógica y cada vez más común en un mundo globalizado. De todos es sabido que las Oficinas de Familia o Family Office, son empresas o grupos de profesionales que se dedican esencialmente a la gestión y control del patrimonio de una o varias Familias, así como a atender todos los aspectos que puedan afectar a dichos grupos familiares, como por ejemplo la fiscalidad, el asesoramiento jurídico o la asistencia en temas de logística familiar y conserjería (concierging), entre otros. Pero la nueva figura que ha aparecido para los usuarios de un Family Office (bien sean Clientes de un Multi-Family Office, o propietarios de un Single-Family Office), es la del Outpost FO, o red global de apoyo a un Family Office. 
Parece que el mundo se divide entre las personas que ahorran y las que no lo hacen. Pero muchos de los que dicen vivir al día, en algún momento de sus vidas (mayoritariamente en su madurez) y con el permiso de los azotes de esta crisis, tienden a ahorrar algún dinerito para su vejez o para el futuro incierto. Sin embargo la mayoría de estos previsores jamás se han considerado Inversores, sino simples ahorradores. Warren Buffett dijo que invertir es gastar menos hoy para que en el futuro podamos gastar más, y dio en el clavo, como casi siempre. 
No hay peor fracaso que el de quien renuncia al éxito. Algo parecido les ocurre a los fondos de inversión que se ciñen a sus índices de referencia, confiados en que, a pesar de su mediocridad, las entidades para las que trabajan no van a tener ningún problema en comercializar masivamente dichos fondos, y jamás les culparán por no brillar. La capacidad comercial de una entidad bancaria es directamente proporcional a la mediocridad de sus productos de inversión. Será por aquello de que el hambre agudiza el ingenio, y los gestores de fondos de gestoras independientes (que no pertenecen a bancos, al menos directamente) sólo pueden competir por hacerse un sitio en el escenario de la venta de inversiones, demostrando pura calidad y superioridad en los rendimientos en comparación con sus competidores.
En primer lugar hemos de deciros que el tema que vamos a tratar hoy es complejo y que puede herir alguna sensibilidad profesional. Pero no es esa nuestra intención en absoluto, sino que nuestro interés se centra en clarificar una situación que hoy en día está generando mucha confusión y, lo que es más importante, que está perjudicando a las Familias con un cierto patrimonio. Tanto a las grandes fortunas como a los ahorradores menores. Por ello, hablaremos por ejemplo de los bonos convertibles del Santander, de las recientes declaraciones incendiarias de Greg Smith (ex-Goldman Sachs), de los tipos de activos que debe contener un patrimonio correctamente diversificado, de los reguladores españoles y luxemburgueses, de banca, de EAFIs, de Family Office, o de cómo distinguir entre un asesoramiento perverso de un asesoramiento comme il faut. Nos disculpamos, pues, por la extensión del post, pero hemos preferido publicarlo íntegramente para no tener que perder el hilo en mitad de las reflexiones que os proponemos a continuación.
Esta semana llegó a mi pantalla un artículo publicado en FundsPeople titulado «
Saber qué tipos de activos o las acciones de qué empresas van a dispararse en los próximos meses, es la quimera de aquellos que en lugar de invertir, especulan. De los que pretenden un pelotazo que les saque de los apuros en los que han incurrido por su mala cabeza. Pero aún suponiendo que la Diosa Fortuna les sonría, su cabeza seguirá siendo igual de mala. Por lo tanto se creerán hábiles inversores en lugar de meros afortunados, y sus secuencias apuros-pelotazos-apuros se repetirán cíclicamente, en el mejor de los casos. A largo plazo el resultado para la mayoría de ellos es que sus incursiones como especuladores (aunque ellos se autodefinan como inversores), lejos de complementar sus ingresos, les cuestan buena parte de sus rentas laborales conseguidas con el sudor de su frente a lo largo de los años. Y si en algún momento hiciesen un cómputo objetivo de sus ganancias y pérdidas, algo que evitan hacer consciente o inconscientemente, el saldo les demostraría la cruda realidad: Que a lo largo de su vida inversora, buena parte de su bienestar y el de sus Familias se lo llevó Mr. Market.