Mientras los europeos esperamos ansioso al 9 o 12 de diciembre para ver el resultado de lo que parece que se viene cociendo en las cocinas secretas del Chef Merkozy, en los EE.UU. se publican sus últimas cifras de desempleo. Después de que, al menos oficialmente, se haya abandonado la recesión técnica, el paro norteamericano parece que se va definiendo más claramente a la baja. El siguiente gráfico de Chartoftheday.com es bien simple y habla por sí solo. Aunque el descenso del desempleo made in USA no se está corrigiendo a ritmo de anteriores recesiones, es innegable que lo está haciendo.
El debate en Europa se centra en si las expectativas creadas ante la comparecencia del duo Merkozy el próximo día 9 de Diciembre serán cubiertas, o si por contra la decepción de otro parche político inoperante volverá a hundir los mercados y pondrá de nuevo contra las cuerdas la insolvencia de la periferia europea. Mientras tanto, en mundo sigue girando. Y lo hace para permitir que los más capaces, los que evolucionen al más puro estilo Darwiniano, dejen atrás el cráter que formó el estallido de la burbuja de crédito allá por la primavera de 2007.
Pero en Europa tenemos tanto ruido e incertidumbre que parece que el mundo se haya parado y no se vaya a poner en marcha hasta que se encuentre una salida para la deuda europea. Nada más lejos de la realidad. Mientras aquí los mercados siguen la cuenta atrás con tics nerviosos que contagian en mayor o menor medida al resto de bolsas, las economías emergentes y americanas siguen su curso: Unos moderando su crecimiento y softlanding, mientras los otros tratan de afianzar su recuperación dejando atrás -no sin esfuerzo ni exasperante lentitud- las cifras recesivas de la todavía primera potencia económica mundial.
Quizá llegados a este punto en el que las cifras económicas globales tratan de levantarse en plena cuenta atrás para definir si el desapalancamiento europeo se produce de forma ordenada o mediante un colapso, conviene recordar el origen del caos. Y de eso hace ya casi 5 años. Ojalá nos hubiéramos equivocado cuando en junio de 2007 predijimos la peligrosidad del castillo de naipes financiero en un artículo titulado «Financos e Inversópatas: Un cóctel explosivo»:

Comprar o vender un contrato de petróleo por parte de cualquier particular es ya un juego de niños anticuado aunque ni siquiera sepa jamás qué aspecto tiene un barril ni su contenido. Hoy en día el brochure de cualquier producto estructurado supone un par de páginas explicativas de cómo se comportará dicho producto en el tiempo según los escenarios posibles. Texto, gráficos y fórmulas matemáticas relativamente simples que junto con la explicación del asesor o gestor correspondiente (a veces incluso de forma competente y objetiva), tratarán de hacer entender al comprador el funcionamiento de su nuevo juguete financiero.
