
La respuesta hubiera parecido surrealista tan sólo unos años atrás, en el Old Normal, pero hoy es tan real como inusitada. La solvencia ha relizado y está aún realizando un fligth-to-quality hacia ciertos activos corporativos con cifras fundamentales boyantes y escaso o nulo endeudamiento; y también queda campo por recorrer en la deuda de países y empresas emergentes, dado su bajo apalancamiento y fuertes crecimientos de sus economías. A partir de ahí, poco, muy poquito más. Tan sólo tendremos a nuestro alrededor un desierto minado y letal para nuestro patrimonio. Porque invertir en activos insolventes puede causarnos pérdidas irrecuperables, precisamente porque esa es la esencia de la renta fija y demás depósitos y productos garantizados por entidades cuya solvencia se ha esfumado. 
Hoy, más que nunca, nuestras inversiones deben buscar el único Norte que nos guiará a través de las tempestades y quiebras presentes y futuras, y ese rumbo no es otro que el de la Solvencia. Sólo así podremos preservar y potenciar nuestro patrimonio al largo plazo en este océano de endeudamiento y tempestades financieras. Lo que no podemos ni podremos evitar son los vaivenes de la tormenta perfecta en la que estamos ya inmersos, y esa zozobra tiene un nombre temido por la mayoría de gestores: la Volatilidad. Algo con lo que deberemos convivir sí o sí en este escenario de inversión, ya que tanto los precios de los activos corporativos (equities) como los de renta fija emergente, son intrínsecamente volátiles, y más en estos tiempos. Pero confundir Volatilidad con Riesgo es hoy, más que nunca, fatal, ya que la obsesión por evitar esa volatilidad nos arrojaría directa e irreversiblemente en manos del peor enemigo para nuestras inversiones: la Insolvencia (depósitos y demás garantizados bancarios, deuda soberana y corporativa desarrollada, etc.).

El drama viene cuando los inversores no son capaces, en este escenario tan peligroso, de identificar e invertir en activos solventes que tengan un Valor mucho mayor que su precio actual de cotización. Porque invertir en empresas de forma mediocre, incluso siendo capaces de igualar a los índices de referencia (mediante los socorridos y a la vez adocenados ETFs), condenará a los inversores a ser pasto de la inflación, de crashes bursátiles, y hasta de la misísima pérdida permanente causada por la escasa solvencia de los activos en los que hayan invertido. Porque sólo algunas empresas a determinados precios son válidas como refugio patrimonial para preservar y hacer crecer adecuadamente nuestra fortuna.
Como inversores privados -y esto también es aplicable a infinidad de institucionales- jamás podremos aspirar a conocer e interpretar de forma tan acertada y exhaustiva el Valor real actual y potencial de las empresas donde invertimos nuestro dinero, como lo hacen las primerísimas espadas de la gestión. Porque, por poner algunos ejemplos, este selecto grupo de gestores estrella que brillan por encima de los demás desde hace décadas, disponen de aviones privados que les permiten visitar personalmente y de forma periódica las empresas y los equipos directivos en los que invierten su dinero y el de sus Clientes. De ese modo contrastan regularmente sus planes de negocio, estrategias futuras y todo tipo de decisiones corporativas, que van infinitamente más allá del estudio concienzudo de los balances que realizan en los headquarters de las gestoras. Para que los lectores tengáis una idea de la dimensión de lo que estamos comentando, determinada gestora realizó el pasado año 2.500 visitas presenciales a distintas empresas, como rutina habitual en su labor de prospección y estudio exhaustivo de los negocios de los que son o pueden ser socios. Porque, como me comentaba recientemente el responsable del Departamento Institucional de una de las mejores gestoras del mundo, en su caso disponen incluso de analistas full-time fichados ad-hoc en China, sin ni siquiera estar invertidos en ninguna empresa de ese país! Simplemente para detectar de forma incipiente el surgimiento de empresas chinas que puedan ser en el futuro competidoras de alguna de las areas de negocio de las empresas europeas y americanas en las que sí están invirtiendo! Ese nivel de excelencia alcanzan los mejores gestores del mundo, obviamente a años luz del mejor método y análisis del inversor de a pie.

Volviendo al flight to quality de la solvencia que estamos viviendo ya en este New Normal, y para aquellos incrédulos que aún interpreten la realidad actual con antiguos y obsoletos criterios del Old Normal, tan sólo quiero hacerles una reflexión que sin duda debería inquietarles, y mucho: El Comité de Supervisión Bancaria de Basilea está analizando estos días la posibilidad de que las acciones y otros tipos de deuda corporativa formen parte de los «activos de máxima calidad» que se toman en consideración para medir nada menos que la ratio de liquidez de la banca! (Bloomberg). Una pueba más de que la Solvencia ha abandonado los activos tradicionalmente considerados más seguros por el Sistema, y que la estabilidad de los balances debe buscarse, incluso oficialmente, en minuciosas selecciones de acciones y deuda corporativa. Enésimo aviso a navegantes…
Ahora es el turno de las Corporaciones, para bien o para mal. Los Estados han tenido su oportunidad durante el pasado siglo y en la primera década del presente. Y no solo la han desaprovechado sino que han abocado al Mundo a un endeudamiento público insostenible y a la quiebra más estrepitosa. Es lo que tiene haber dejado la Economía que rige el planeta en manos de políticos sin formación financiera cuya única obsesión es el poder. Da cierto escalofrío pensar en un mundo gobernado por las empresas, desde luego, y la Política en mayúsculas debería acotar sus abusos. Pero debemos reconocer que hasta hoy las empresas globales lo han venido haciendo mejor que la mayoría de Estados. Bienvenidos el mundo de las Corporaciones.
