
Resulta difícil prever hacia dónde irán los precios inmobiliarios más allá de 5 o 10 años vista en España. Pero aún más difícil de calibrar es la inflación -o deflación- a la que nos llevarán los bancos centrales a medio y largo plazo, ni siquiera ellos tienen la más remota idea. Y para acabarlo de complicar debemos ser conscientes de que, en función de la inflación y el precio del dinero, la represión financiera (cuyos efectos explicamos detalladamente en 2013) perdurará penalizando a los rentistas y demás inversores o dará paso a un incremento de las rentabilidades de las inversiones en general. Y como decíamos, esa es quizá la variable más importante para la toma de decisión de alquilar o comprar un inmueble en estos momentos. Pero ojo, porque muchos inversores mal asesorados, ante su incapacidad para conseguir rendimientos financieros, se están lanzando en brazos de un mercado inmobiliaro que aún tiene recorrido a la baja a medio y largo plazo, a pesar del cacareado rebote a corto. Sobre todo si la economía nacional sigue en la UCI con déficit galopante y deuda creciente. Porque ambos males son enemigos de un crecimiento económico sostenible y lastran la generación de empleo y los incrementos salariales, que son tan necesarios para darle la vuelta al actual ciclo inmobiliario bajista iniciado hace casi una década. Y es que en este New Normal la realidad es muy tozuda y el futuro aún más incierto.
Según 


Banco Madrid es el primer banco que el Estado y sus reguladores dejan caer en esta crisis de deuda galopante. De hecho técnicamente no se le ha dejado caer, es decir que no se ha caído por la ausencia de un rescate con fondos del Estado, como se ha venido rescatando en los últimos años a las demás entidades insolventes, sino que se han tomado medidas contundentes para liquidarlo por su -aún- presunto blanqueo de capitales. Lo paradójico es por tanto que el motivo de la intervención y liquidación fulminante de la entidad no se debe, al menos originalmente, a la temida insolvencia sino a prácticas delictivas de gran calado.
Quizá para los que nos dedicamos profesionalmente a ello la respuesta puede resultar obvia. Sobre todo para los que hemos sufrido desde hace décadas en nuestras propias carnes las miserias y carencias de la banca privada. No en balde además de asesores, fuimos, somos y seguiremos siendo esencialmente inversores, y como tales, nuestros intereses siguen lamentablemente en las antípodas de los de las entidades bancarias y su mal llamado asesoramiento. Dicho esto vamos a analizar pues las decisiones trascendentales que todo inversor debería tomar para asesorarse en la correcta gestión de sus activos.
Con la huída hacia delante de los bancos centrales y sus QE, la situación del endeudamiento del mundo desarrollado ha alcanzado cotas de surrealismo dignas de estudio. No solo por el tamaño jamás visto de los balances de la FED, BCE, BoE, BoJ, SNB, etc. sino sobre todo por la manipulación de las contabilidades, que se ha convertido ya en una macabra y peligrosísima norma.
