Era de esperar que la intervención de los Bancos Centrales no iba a ser inocua. Lo advertíamos hace poco más de un año y sus efectos ya están explotando en la cara de algunos. Si a esa masiva intervención jamás vista le añadimos un par de ingredientes más (virgencita, virgencita, que sólo sean un par…) como el complot de la OPEP para reventar a la baja el precio del petróleo, el conflicto en Ucrania o la radicalización del pretendido Estado Islámico en Oriente Medio (que afecta hasta el mismísimo París), la amplificación de los efectos secundarios de la intervención de los bancos centrales puede ser y será incontrolable.
Hoy en día estamos ya asistiendo a movimientos en las cotizaciones brutales, que no se corresponden en absoluto a un sistema financiero sano ni a correcciones o ajustes de excesos, sino más bien los delirios de un Sistema frankeinsteiniano capaz de cualquier cosa. Veamos algunos ejemplos muy significativos en las últimas semanas que, no obstante, han tenido paradójicamente hasta hoy unos efectos devastadores bastante localizados: (more…)






Todos sentimos un escalofrío (o deberíamos sentirlo) cuando contemplamos la posibilidad de que nuestro dinero esté invertido en activos cuyos precios estén a niveles de lo que se conoce como una «burbuja», es decir a niveles muchísimo más altos que su valor intrínseco real, fruto de una especulación sin fundamento. Invertir en burbujas es el error que todos queremos evitar a toda costa, puesto que si su estallido nos pilla, las pérdidas serán irrecuperables o en el mejor de los casos tardaremos décadas en poder recuperar el Valor esfumado. Porque, si la capacidad de esos activos para generar Valor no aumenta considerablemente, esos precios a los que compramos alocadamente no se volverán a dar sin la ayuda de una nueva burbuja sobre ese mismo activo, lo cual puede no producirse jamás o tardar más años de los que puede soportar nuestra propia 