De la caída del muro de Berlín y de la extinción del telón de acero todos nos deberíamos acordar, puesto que hace apenas un cuarto de siglo de aquellos hechos que cambiaron por completo las influencias geopolíticas. Los países del Este se escindieron de la influencia soviética sin que Rusia pudiese hacer nada para evitarlo, porque su economía comunista se derrumbó como un castillo de naipes. El vacío de poder fue enorme, surrealista en la hasta entonces segunda potencia mundial. Y la órbita de países que estaban bajo su influencia política y económica, fueron recibidos con los brazos abiertos por el libre Mercado occidental, a pesar de su retraso económico evidente. El nuevo orden mundial tenía al fin vendedores y vencidos, y los vencedores eran «los buenos» y el derrotado el «comunismo diabólico». (more…)






Todos sentimos un escalofrío (o deberíamos sentirlo) cuando contemplamos la posibilidad de que nuestro dinero esté invertido en activos cuyos precios estén a niveles de lo que se conoce como una «burbuja», es decir a niveles muchísimo más altos que su valor intrínseco real, fruto de una especulación sin fundamento. Invertir en burbujas es el error que todos queremos evitar a toda costa, puesto que si su estallido nos pilla, las pérdidas serán irrecuperables o en el mejor de los casos tardaremos décadas en poder recuperar el Valor esfumado. Porque, si la capacidad de esos activos para generar Valor no aumenta considerablemente, esos precios a los que compramos alocadamente no se volverán a dar sin la ayuda de una nueva burbuja sobre ese mismo activo, lo cual puede no producirse jamás o tardar más años de los que puede soportar nuestra propia
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