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Gambito de Dama en China

Tras escuchar y leer muchos análisis occidentales y orientales sobre la jugada que está realizando el gobierno chino en sus mercados financieros, y coincidiendo en gran parte con el análisis de Gavekal, lo que nos resulta evidente es que se trata de decisiones que van a beneficiar a los intereses de China a medio y largo plazo, afianzando su inminente dominio mundial. Al igual que en ajedrez sucede con los gambitos, que sacrifican de entrada un peón u otra pieza para conseguir una posterior ventaja, el gobierno de Xi Jinping está sacrificando determinados sectores y el tamaño de ciertas empresas de manera quirúrgica, aunque los efectos colaterales de dichas decisi0nes políticas puedan ser notorios a corto plazo, y especialmente amplificados en los western media.

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Las razones exactas por las cuales Xi ha puesto en el punto de mira sectores como el tecnológico, la educación online o la financiación de empresas chinas en el mercado norteamericano, sólo las sabe su círculo político más íntimo y fiel. Pero vamos a continuación a explicar 7 razones que bien podrían estar tras los movimientos del gobierno de Pekín.

  1. Exhibición de poder, aviso a navegantes, el que se mueva no sale en la foto, puñetazo sobre la mesa o como le queramos llamar. En definitiva el gobierno marca territorio con estas acciones, demostrando que a Xi no le tiembla el pulso para reconducir el rebaño hacia más y mejores pastos por el bien común (del partido y del Estado). Crecimiento y dominio económico mundial, sí, pero sin que el gobierno suelte las riendas en absoluto. Una demostración empírica de que el Capital no va a debilitar los cimientos del partido.
  2. Acción preventiva ante la escalada de medidas que puedan tomar los EE.UU. contra China. Qué mejor estrategia que sacrificar de antemano las empresas dependientes de la financiación norteamericana, descativando así la potencial presión que podría ejercer Washington sobre Beijing si amenazase con cerrar el grifo de Wall Street. China va a ser ahora menos dependiente de la inversión norteamericana, sabedora de que hoy en día la inversión en empresas chinas ya proviene de muchos otros países, cada vez más y más aliados y dependientes de China. Hay vida (inversores) más allá de Wall Street, y cada día más.
  3. En cuanto al sector de la educación online, machacado en los mercados ante las medidas que obligarían a sus empresas a convertirse en entidades sin ánimo de lucro, parecen ser las cabezas de turcos por el encarecimiento extraordinario que ha sufrido la educación en China. Y una educación privada y tan extendida como puede ser la online, podía escapar fácilmente al control y supervisión del gobierno. Es decir, que el movimiento generará un abaratamiento de la educación (aún a riesgo de que exista menos acceso a la educación en su conjunto temporalmente) y un mayor control, no sólo de contenidos y sistemas educativos sino también de los accionistas de este sector de empresas.
  4. Otro sector crujido por las medidas del gobieno es el de las empresas de alimentación y consumo a domicilio. Pero a pesar de los titulares rimbombantes que alertan del hundimiento del sector, las medidas que ha tomado el gobierno de Xi parecen del todo razonables. Y es que la principal medida que ha ordenado no es otra que la obligación de que las condiciones salariales y laborales de los riders o repartidores se equiparen a las de cualquier otro asalariado que alcance el mínimo legalmente establecido. A todas luces también en beneficio del medio y largo plazo de la economía china.
  5. Back to industry: Las medidas que están haciendo encoger el tamaño y la influencia de algunas empresas tecnológicas y relacionadas con internet, pueden leerse en clave de vuelta a la industria. Pero esa sería una lectura probablemente demasiado simplista porque China no va a renunciar a las empresas tecnológicas que conlleven un avance en I+D sino todo lo contrario. Lo que parece en el punto de mira son las empresas tecnológicas que sólo satisfacen el ocio estéril, es decir videojuegos y redes sociales por ejemplo. O sea, empresas que fomentan la distracción y la dedicación de horas por parte de los usuarios a actividades no productivas. Ahí es nada.
  6. Derivado de ese concepto back to industry (& back to R+D) podemos intuir también una intención que nos recuerda al Proyecto Manhattan. Es decir que China quiere que sus talentos tecnológicos se centren en la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías, como por ejemplo los semiconductores, para paliar la escasez actual y futura que vamos a tener en todo el planeta. Fomentan que el potencial de crecimiento tecnológico vaya en la dirección estratégica que le combiene al futuro de china, y no en otras que sólo no harían más que distraer a la población del objetivo productivo colectivo que ha diseñado Xi y que está llevando a China hasta el liderazgo económico mundial.
  7. Porque en este momento China no sólo puede permitirse el lujo de ver salidas flujos de inversión extranjera, sino que además esa salida supone una válvula de escape perfecta ante la revalorización no deseada del Renminbi (RMB). No olvidemos que China tiene un superávit comercial de $50,000 millones mensuales y que además su divisa soporta unos flujos de otros $20,000 millones en la compra de deuda china por parte de inversores de todo el mundo. Y eso ejerce una presión alcista en el RMB difícil de manejar. Por tanto, estas salidas controladas de inversión, quirúrgicamente diseñadas, tienen todo el sentido desde el punto de vista de los intereses estratégicos de China.

Probablemente algunos dirán que los movimientos en las cotizaciones tan radicales en algunos casos como Tencent o BABA, generados por decisiones del politburó, son una locura y dinamitan la confianza de los inversores internacionales. Otros dirán que es el propio Xi Jinping quien se ha vuelto loco perjudicando a sus propias empresas y sectores, en un arrebato de comunismo anticapitalista al más puro estilo podemita. Pero aunque así fuera, no olvidemos que en occidente no estamos tampoco muy cuerdos, con la resaca del huracán Trump y los bancos centrales manteniendo más y más zombies (empresas y Estados) too big to fail. Pero nada más lejos de la realidad. La China moderna de Xi no da ni una puntada sin hilo, y siempre gobierna con horizontes que van mucho más allá de una mísera legislatura democrática occidental.

Invirtiendo en plena pandemia

Después del tan leído y comentado en redes «Las mentiras del gobierno y las autoridades sanitarias españolas respecto al coronavirus«,vamos con la tercera entrega de artículos dedicados a esta crisis mundial causada por el coronavirus SARS-Cov-2 y la enfermedad Covid-19. En nuestro primer artículo titulado «Las cifras realistas del coronavirus y las oportunidades de una lamentable crisis» ya lo avanzábamos: Los efectos en toda la economía mundial son devastadores a corto plazo. Pero sólo a corto plazo puesto que la infección tiene una clara fecha de caducidad, a diferencia de otros conflictos geopolíticos, bélicos o sociales, que también generan el pánico en los Mercados. Y es esa temporalidad la que nos debe despertar al buen inversor que llevamos dentro y cambiar nuestro miedo por la famosa codicia (greed) que Buffett y otros grandes de la inversión recomiendan cuando el resto de mortales entran en pánico.

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En esta pandemia, que empieza ya a azotar a Occidente, la oportunidad de inversión es de las que suelen llamarse once in a life time, o sea una ocasión de las que se dan muy pocas a lo largo de una vida inversora. Y ello es así porque, aunque siempre hay que dejar lugar a la duda por imponderables que pueden complicar los escenarios, la actividad empresarial probablemente se recuperará hasta niveles pre-pandémicos a medio plazo como mucho. Obviamente entre esos imponderables que pueden ocurrir tenemos por ejemplo una mutación que haga el virus más resistente y/o mortífero, conflictos bélicos que añadan más inestabilidad al orden mundial, u otras crisis sanitarias que pudieran surgir y coincidir en el tiempo con la actual pandemia. Pero si no ocurre nada de eso, la recuperación del tono de la economía no irá más allá de un par de trimestres, a lo sumo. ¿Y qué deben suponer unos pocos trimestres en el horizonte de un buen inversor? Nada.

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Por tanto, es tiempo de salir de compras (o de caza, como diría Buffett) y aprovechar que los resultados de infinidad de buenas empresas de todo el mundo van a ser temporal y excepcionalmente pésimos. Porque la caída en beneficios y facturación no vendrá dada por la mala marcha de los negocios sino por un paréntesis en la actividad económica global tan excepcional como temporal. Si hablamos de compañías aéreas encontraremos algunas a mitad de precio del pasado año. Si nos fijamos en el sector de transporte energético las caídas y oscilaciones están siendo demenciales. Y qué decir de las empresas del sector salud de China, por ejemplo, donde encontramos caballos ganadores que además tienen ante sí una horizonte excepcional porque van a ser los proveedores casi exclusivos de material relacionado con la pandemia y la post-pandemia a nivel planetario.

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¿Pero como encontrar esas perlas con un futuro tan prometedor? Hace ya décadas que aprendimos que es mucho más eficiente seleccionar los mejores gestores de fondos internacionales que tratar de analizar las mejores empresas del planeta. El conocimiento que unos buenos equipos de gestión local tendrán sobre las mejores empresas de sus respectivos países (Vietnam, India, Brasil, China…) siempre será infinitamente superior que el nuestro o el de cualquier gestora multinacional que trate de hacer su selección a través de un gestor localizado en Londres o Nueva York, aunque sus antepasados fuesen originales de esos países. Por lo tanto, haremos bien en invertir nuestro dinero en estos momentos en esos fondos de inversión que tengan un conocimiento local y exhaustivo de China (o el sector específico de salud como comentábamos antes) o de cualquier otro país.

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Y es que esos buenos gestores locales no solo elegirán buenos negocios sino también baratos y con perspectivas de recuperación fulgurantes. Porque si pensamos que una empresa pueda estar perdiendo a causa de la pandemia, por ejemplo un trimestre entero de su facturación, comprándola ahora a precio de pánico, sus perspectivas de crecimiento en cifras de negocio en los próximos 4 o 6 trimestres serán espectaculares. Dicho de otra manera, estaremos invirtiendo con criterios Value pero con un potencial Growth tan excepcional como rentable. Si a eso añadimos que seleccionaremos empresas cuyo negocio se base en aprovechar economías y demografías crecientes como las asiáticas, el viento a favor empujará aún más nuestros beneficios futuros.

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Como reza la imagen de la izquierda de la Newsletter de Marzo de Cobas, es ahora, cuando nuestros vecinos del 3º 5ª se empiezan a dar cuenta de que quizá el coronavirus no es solo una simple gripe, que debemos invertir sin miedo y dar rienda suelta a nuetro «greed» de buen inversor. Ahora, cuando nuestros amigos y conocidos menos informados se alarman por las caídas de los Mercados que salen en las noticias de todas las cadenas de tv. Del mismo modo que el ascensorista que recomendaba acciones a Groucho Marx en este imprescindible libro, o el limpiabotas de Rockefeller invertía en bolsa. Es decir, cuando los menos informados entran en pánico por la epidemia del coronavirus y los mercados entran en barrena, es el momento más adecuado para invertir en los activos de calidad que se hayan visto exageradamente depreciados en estos días. Es perfectamente posible, como ya hemos dicho, que las cosas se compliquen aún más, y que las inversiones que hagamos hoy pierdan temporalmente un 20% o un 30% adicional. Pero si lo hacen, y nuestras inversiones son de calidad y hechas con el buen criterio de los mejores gestores de fondos del planeta, será por muy corto espacio de tiempo. En cambio, si seguimos temerosos fuera del Mercado, es probable que no veamos esa caída del 20-30% adicional sino una recuperación fulgurante y nos perdamos buena parte de la subida, habiendo echado a perder esta «once in a life time» oportunidad.

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Sabemos que muchos leerán este artículo pero no seguirán la recomendación, puesto que es fácil entender que hay que comprar cuando todos venden pero resulta difícil atreverse a ponerlo en práctica. Y gracias a esa mayoría que no se atreverá y a los que ni siquiera están de acuerdo con nuestros argumentos, unos pocos podremos obtener cuantiosos beneficios en los próximos años.

 

¿De qué van a trabajar nuestros hijos?

Pareciera que nuestra sociedad desarrollada estuviera jugueteando en la arena junto a la orilla del mar, totalmente ajena al tsunami que se nos está echando encima. Esa gran ola que arrasará todo cuanto conocemos no es otra que el cambio disruptivo que están ya generando las nuevas tecnologías, y muy especialmente los avances en inteligencia artificial (AI). Los cambios en la sociedad que vimos durante la revolución industrial o la implementación global de internet fueron un juego de niños en comparación con lo que se nos viene encima. La capacidad tecnológica y de adaptación personal con formación constante, son ya lo que fue la alfabetización de nuestros padres y abuelos. Sin esas capacidades y formación, nuestra vejez, y lo que es más grave, la vida de nuestros hijos, está condenada a una marginación comparable a la de los analfabetos de antaño.

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El último estudio de la OCDE (Skills Outlook 2019) es demoledor. En él se advierte que el porcentaje de población en España con capacidad de adaptación laboral ante el avance tecnológico y digitalización de las tareas es de sólo el 23%. Esas cifras incluyen a personas de edades comprendidas entre los 16 y los 65 años, por lo que si pensamos más allá de la edad de (pre)jubilación, el escenario es aún más terrorífico. Más de 3/4 partes de nuestra sociedad quedarán marginadas laboralmente ante los avances tecnológicos que se están ya implementando en los puestos de trabajo. Las cifras mejoran ligeramente en países con sistemas educativos y sociales más avanzados, como Noruega, Suecia, Finlandia, Nueva Zelanda, etc. Pero imaginaos las cifras que pudieran salir de sociedades menos avanzadas como las de África o las de Asia o Sudamérica profundas. La extinción de puestos de trabajo analógicos está ya siendo y será arrolladora.

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Pero eso es solo la punta del iceberg, puesto que la inteligencia artificial (AI) supone un avance disruptivo tan trascendente como posiblemente lo fue el dominio del fuego por los primeros homínidos. La revolución del AI eliminará no sólo los restos de puestos de trabajo analógicos que queden en los rincones menos desarrollador del planeta sino buena parte también de los digitales. Hasta nuestra generación, la sociedad y la economía mundial ha sabido sobreponerse, adaptarse y aprovechar los avances tecnológicos a pesar de los temores iniciales. Recordemos las protestas sindicales ante la revolución industrial, cuando las máquinas empezaron a sustituír a trabajadores, que debieron readaptarse a otras tareas laborales. Otro ejemplo sería la fotografía digital, que acabó de la noche a la mañana con gigantes como Kodak y sus carretes de revelado. O los contenidos en streaming como Netflix, HBO, Prime Video, etc. que están obligando a reinventarse o morir al mismísimo imperio de Hollywood. Lo mismo ocurrirá en breve con otros cambios disruptivos como la movilidad en vehículos autopilotados y un sinfín de cambios inminentes que harán irreconocible nuestra sociedad cuando nuestros hijos pretendan incorporarse el mundo laboral. Es cierto que la civilización ha venido asimilando suficientemente estos avances y se han creado más puestos de trabajo de los que se han destruído, puesto que las economías han crecido incluso a mayor ritmo que la población. Pero la velocidad de los avances tecnológicos está siendo exponencial, y especialmente la inteligencia artificial arrollará a la sociedad sin tener tiempo suficiente para reaccionar y readaptarse como lo ha hecho en el pasado.

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No hay antídoto para el tsunami que llega. Seguimos jugueteando distraídamente en la arena, pensando en si nuestros hijos deben aprender inglés, chino o alemán, mientras acceden a la universidad de la esquina para licenciarse en una materia para la que ilusoriamente pensamos que no les faltará el trabajo. Lamentablemente no será así. Los especialistas advierten que nuestros hijos deberán adaptarse para trabajar en profesiones que hoy todavía no existen ni podemos intuír, y que nada menos que el 75% de las profesiones actuales dejarán de existir. La pregunta del millón es qué podemos hacer para estar lo mejor preparados posible para esos cambios radicales. Pero la respuesta sincera es que los avances disruptivos de la AI son tan brutales e inminentes, que aparentemente no hay donde resguardarse. El tsunami lo tenemos ya encima, y lo único que podemos hacer es dejar de juguetear distraídamente en la orilla y afrontarlo de pie para tratar de sobrevivir laboral y socialmente.

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Para ello debemos formar a nuestros hijos en universidades punteras y en materias cuya salida laboral no sea carne de cañón ante el despliegue global de la inteligencia artificial. Poco más podemos hacer. Profesiones como las de profesorado, médicos o manufacturas sustituíbles por impresiones 3D, por poner sólo unos ejemplos, tendrán que adaptarse radicalmente a nuevas reglas de juego de la AI si pretenden sobrevivir. Otras como las que conllevan tecleados, atención telefónica, etc. probablemente se extingan sin remedio ante asistentes virtuales, de los que Alexa, Siri, etc son sólo sus primitivas y toscas versiones. Como dice el speaker del video que os enlazamos al final de este artículo, serían lo que llamamos «narrow AI«.

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La prestigiosísima Universidad norteamericana MIT ha creado un proyecto, nada menos que de 1.000 millones de dólares, para formar a estudiantes multidisciplinares de modo que adopten y compatibilicen su formación de cualquier grado, aunque no sea tecnológico, con la inteligencia artificial, muy presente en todas sus carreras. Ya lo dijo Gay de Liébana en su conferencia el pasado mes en Barcelona, los padres deben hacer todo lo posible para dar la mejor formación y titulación a sus hijos ante el mundo global al que se van a enfrentar. Eso es lo que hizo él con su propio hijo, que hoy vive y trabaja en Los Angeles, al que le envió a estudiar a una universidad norteamericana. Por cierto, aquí podréis leer los costes y posibilidades de becas para estudiantes españoles en universidades de USA, y veréis que no hace falta tener unas notas brillantes ni ser rico para enviar a tus hijos al mejor sistema de formación universitaria del planeta. Otra de las virtudes del sistema universitario en USA -clave en el entorno actual y futuro- es la flexibilidad para transferir y convalidar créditos de una carrera a otra sin perder cursos ni dinero. De hecho, hay tantas facilidades para reorientar tus estudios a lo largo de los años de universidad, que el 70% de los estudiantes terminan graduados en carreras distintas a las que iniciaron, tomando decisiones y adaptando a sus preferencias el programa de estudios cada cuatrimestre. Esta flexibilidad, junto con el vanguardismo tecnológico que reina en las universidades norteamericanas, será una característica vital para que el proceso formativo de nuestros hijos tenga mayor facilidad de adaptación a los cambios que se producirán también durante sus años universitarios.

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En definitiva, la revolución de las máquinas ya está aquí, y nuestros hijos van a tener que lidiar en un mundo cambiante y muy distinto al que conocemos. Para ello deberán formarse y adaptarse durante toda su vida, puesto que las tareas profesionales que realicen serán tan efímeras como las costumbres de la sociedad en la que vivirán. Deben evitar profesiones que se van a extinguir, y a la vez formarse constantemente para adaptarse a las nuevas profesiones que surgirán de la nada a una velocidad de vértigo y que ni siquiera podemos imaginar hoy. Nosotros también lo viviremos, aunque probablemente nos afecte algo menos puesto que estaremos ya cerca de la jubilación o ya plenamente dedicados a una vida contemplativa pero abrumadora.

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Para acabar os dejamos con este interesantísimo speech de 8 minutos que realizó el pasado año Michael Harrison, graduado en Física Teórica por el MIT y con un Máster en Arquitectura de Sistemas Aerospaciales por la USC. La inteligencia artificial no solo pone en riesgo muchas de las profesiones presentes a sus niveles de narrow AI y strong AI, sino también la propia civilización cuando alcance el nivel de super-strong AI. Pero eso con suerte no lo verán nuestros hijos… aunque sí nuestros nietos.

Warren Buffett, conceptos para marcar a fuego en el inversor. Capítulo 2: Inversión.

Después del Capítulo 1: Endeudamiento, vamos con la segunda entrega de los razonamientos, frases y conclusiones del genio Warren Buffett, extraídos de las múltiples Cartas a los Accionistas que ha publicado Berkshire Hathaway a lo largo de décadas, conferencias, coloquios universitarios, entrevistas en múltiples medios de comunicación, ensayos personales o comentarios realizados en la Comisión de Investigación sobre la Crisis Financiera.

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En este Capítulo 2 trataremos la visión de Buffet del concepto de inversión y la forma en que cada persona aborda esta práctica tan determinante en la vida:

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Invertir bien no está vinculado a un alto coeficiente intelectual. Con una inteligencia normal se puede invertir de manera excelente. Sólo hace falta carácter para controlar los impulsos irracionales que arruinan a otros inversores inteligentísimos. Para evitar dichos impulsos, es conveniente reflexionar mucho sobre las inversiones. Y para hacerlo, la mejor forma es estar sólo en una habitación y pensar. Si eso no funciona, créeme que nada más lo hará.

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Cuando fui adolescente pasé 8 años haciendo gráficos para ganar dinero en bolsa (chartista). Entonces álguien me dijo que nada de aquello era necesario, que bastaba con comprar algo por debajo de su valor. Conocer de primera mano el chartismo te hace pisar más firme cuando lo abandonas definitivamente para buscar el valor fundamental en tus inversiones.

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Invertir con poco dinero mejora las expectativas de rendimientos, contrariamente a lo que muchos piensan. Con poco dinero y pocas oportunidades para invertirlo, solemos elegir mucho mejor. Sin embargo la mayoría de gente atribuye sus fracasos a la escasez de millones y no a sus malas decisiones (desde nuestra visión como Multi-Family Office podemos asegurar que eso es totalmente cierto, cuanto mayor es el patrimonio de un nuevo Cliente que llega a nosotros, paradójicamente más ineficiente suele ser la gestión del mismo).

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Quiero ser propietario de activos que sean productivos. Parece una obviedad, pero es asombrosa la cantidad de gente que está de acuerdo con esta frase y sin embargo invierten su dinero en activos no productivos, a la espera de que alguien pague más por ellos en el futuro, y esa es la esencia de la especulación.

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La especulación no es inmoral, ni ilegal, ni engorda, ni es pecado. Pero es jugar a algo totalmente distinto de invertir en algo que te va a producir ingresos con el tiempo. A partir del momento en el que compro algo, sea una granja o cualquier empresa, me olvido de su cotización y me centro en lo que produce cada año, y si esa producción es satisfactoria o no en relación con lo que he pagado.

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No creo que si el presidente de la FED me dijera al oído las decisiones que fuera a tomar en el futuro cambiara mi opinión sobre mis negocios adquiridos. Simplemente los voy a tener durante muchos años mientras dichos negocios funcionen. Si de verdad entiendes de negocios, probablemente no deberías tener más de 6. Si puedes identificar 6 buenos negocios no necesitas mayor diversificación, porque las probabilidades de que se tuerzan más de uno o dos son realmente bajas si los conoces y analizas correctamente. Si en cambio inviertes en un séptimo y un octavo, en lugar de poner más dinero en tu primero y segundo, vas a cometer un error. Casi nadie se ha hecho rico gracias a su séptima mejor idea.

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La concentración debe ser directamente proporcional al conocimiento de los activos en los que inviertes. En cambio, para la población en general, sin interés ni dedicación al análisis de los negocios, y por tanto desconociéndolos, la diversificación es la clave de su éxito. Lo mismo puede decirse a los inversores en fondos de inversión. Si no se dedican al análisis y selección de los fondos de inversión activa -o contratan a álguien que lo haga por ellos-, que les permita seleccionar un puñado de fondos que consigan superar a los Mercados, lo mejor que pueden hacer es invertir en fondos de inversión pasiva, que al menos les asegurarán no hacerlo peor que el Mercado. Es cierto que la selección de empresas de Berkshire Hathaway ha obtenido una rentabilidad superior, pero invertir en las empresas de EE.UU. en su conjunto (fondos de gestión pasiva o ETFs) no ha sido hasta hoy una mala inversión, y eso es algo que puede hacer cualquiera si tiene suficiente paciencia.

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La paciencia es otra de las claves para el inversor. De hecho el Mercado es un sistema que distribuye dinero de los impacientes hacia los pacientes. Y es la obsesión por el precio de las cosas y no por su valor la que genera la fatal impaciencia. Intento comprar un dólar por 60 centavos. Y si veo posibilidades de conseguirlo no me importa cuanto tiempo deba esperar. Pero si veo hoy algo atractivo, no dejaré pasar la oportunidad a la espera de que más adelante pueda aparecer algo aún más atractivo.

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Si van por la carretera y ven un puente que soporta un máximo de 4,000, no intenten cruzarlo con un camión de 3,950. Vayan por otra carretera y crucen por un puente que soporte 7,000. Ese es el mismo márgen de seguridad que deben mantener cuando realizan una inversión. No deben comprar un negocio que vale 100 por 95, sino buscar uno que valga 100 pero que puedan comprar por 60.

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Quizá os pueda interesar el artículo publicado en el blog de COBAS: «Gestión activa, gestión pasiva«

Warren Buffett, conceptos para marcar a fuego en el inversor. Capítulo 1: Endeudamiento.

Buffett ha sido y será uno de los genios del mundo de la inversión durante generaciones. Un personaje que, al igual que otros insignes como Einstein, Gandhi o Adam Smith, dejan una huella intelectual que hace avanzar y evolucionar a quienes se interesan por beber de sus conocimientos. Por ello, merece la pena que dediquemos algunos artículos a recordar algunas de sus citas y reflexiones más interesantes que ha hecho públicas a lo largo de su larga vida. Los razonamientos, frases y conclusiones que incluiremos en esta sere de artículos están extraídos de las múltiples Cartas a los Accionistas que ha publicado Berkshire Hathaway a lo largo de décadas, conferencias, coloquios universitarios, entrevistas en múltiples medios de comunicación, ensayos personales o comentarios realizados en la Comisión de Investigación sobre la Crisis Financiera.

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En este Capítulo 1 trataremos algunos pensamientos relacionados con el endeudamiento que resultarán deliciosos para cualquier inversor:

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Esencialmente existen dos tipos de endeudamiento, el público o del Estado, y el privado  o de la población (nos centraremos en el endeudamiento privado, ya que de todos es sabido que el público suele utilizarse de manera nefasta y abusiva hasta niveles de endeudamiento tan descomunales como los actuales en los Estados desarrollados). Dentro del endeudamiento privado también es imprescindible distinguir dos tipos: El endeudamiento para el consumo y el endeudamiento de inversión/ahorro.

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El endeudamiento para el consumo es algo malo, ya que tan sólo drena potencial de inversión y reduce las posibilidades de ganar dinero en el futuro. Ejemplos de deuda para el consumo sería un crédito para comprarse un coche, para hacer unas buenas vacaciones o las mismísimas tarjetas de crédito. Mientras que el endeudamiento de ahorro o inversión tiene un componente más positivo, ya que permiten cambiar fracciones de capital a lo largo del tiempo por otros activos que, teóricamente, deberían apreciarse durante ese mismo periodo de tiempo. El ejemplo más comunmente conocido es el de una hipoteca, en la que cambiamos dinero, que devolveremos fraccionadamente, por la adquisición de ladrillos que en principio van a mantener o superar el valor del dinero invertido en el tiempo. Otros endeudamientos para inversión son por ejemplo las líneas de crédito que permiten ampliar un negocio, bien comprando otras empresas o expandiéndose con nuevas instalaciones, maquinaria, personal, etc. Todo ello con la intención de que ese capital que se amortizará en el tiempo se transforme en otros activos que mantengan o superen su valor inicial.

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Sin embargo (o con él), las recomendaciones para evitar endeudarse de manera importante son diáfanas: Si eres inteligente no necesitas crédito, y si no lo eres no deberías utilizarlo. El endeudamiento es la única manera de arruinar a una persona inteligente. Si estás libre de deuda evitas meterte en problemas cuando las cosas no salen como habías planeado, cosa que ocurre en la mayoría de ocasiones.

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Comprar una empresa utilizando gran cantidad de endeudamiento, o asumiendo una gran deuda existente en esa empresa, generalmente da un resultado negativo. Es como conducir con un puñal en el volante apuntando a tu corazón. Más te vale ser un excelente conductor y ser extremadamente prudente, lo cual te evitará muchos accidentes, pero cuando tengas uno será mortal. Ese es el efecto perverso del endeudamiento, que contrarresta los muchos beneficios que te puede conllevar si todo sale sorprendentemente bien. Es como el alcohol, una copa es satisfactoria, pero 10 copas traen muchos problemas y te pueden arruinar la vida fácilmente.

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El endeudamiento, además, es adictivo. Cuando las cosas salen bien uno cree ser el más listo de la clase, y sus amigos, vecinos y entorno parecen confirmarlo con su admiración y aplausos. Cuando eso ocurre, nuestra naturaleza humana nos impide parar y bajarnos del tren. Lo mismo ocurre cuando Mr. Market sube y sube sin parar, los codiciosos inversores sólo ven su meritoria capacidad para ganar dinero en bolsa. No importa el precio de las empresas que está comprando, sólo los beneficios que consigue día tras día. Hasta que alguna cosa se tuerce. En ese momento el puñal del volante atraviesa, rápida e irremediablemente, el corazón del eufórico conductor endeudado.

Fondos y Hedge Funds institucionales, la liga en la que no pueden jugar los inversores retail.

Desgraciadamente, el desconocimiento que tienen los inversores de a pie acerca del mundo de los fondos institucionales es casi absoluto. Nos referimos a los inversores retail, por supuesto, pero también a los que disponen de varios millones y son atendidos por los departamentos de banca privada más lujosos de España. Unos y otros están condenados a invertir en un universo de fondos nacionales e internacionales que estén autorizados para su comercialización en España, lo cual deja fuera prácticamente nada menos que el 90% de fondos existentes en todo el mundo, como ya hemos explicado en artículos como «Fondos de Inversión: Aún hay clases«, cuya lectura os recomendamos.

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Como ya hemos explicado en otras ocasiones, la solución más económica y viable para inversores pequeños y medios es la de disponer de un vehículo propio luxemburgués. Pero aún así, a los inversores que no dispongan de varios millones de euros les va resultar muy difícil poder jugar en la Champions League de los fondos: Los fondos y hedge funds institucionales. ¿En qué se diferencian del resto de los fondos internacionales? Pues en que carecen de clases aptas para inversores menores, lo cual hace de estos fondos un selecto club al que sólo tienen acceso inversores bien informados y con los millones suficientes para superar la cifra de inversión mínima en dichos fondos y además tener una cartera correctamente diversificada.

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Los mínimos de inversión en estos fondos oscilan entre los 500.000 USD y los 1, 5, 10 o incluso 25.000.000 USD. No confundir con los fondos tradicionales que disponen, además de las clases retail, de clases institucionales, ya que éstos no los consideraríamos realmente institucionales sino fondos retail con rebajas de comisiones por volumen aportado. Los fondos verdaderamente institucionales son aquellos que NO disponen de clases accesibles con importes asumibles para el inversor de a pie. Algunos os preguntaréis por qué querría una gestora de fondos obviar una clase retail, despreciando así la entrada de dinero procedente de pequeños inversores. La respuesta es muy simple, suelen ser fondos de éxito que tarde o temprano acabarán cerrando sus puertas incluso a clientes institucionales, por haber alcanzado ya el límite de activos bajo gestión que permite una correcta ejecución de sus distintas estrategias de inversión. Estos fondos y hedge funds de éxito, no necesitan en absoluto el «tráfico» de pequeños importes entrando y saliendo de su cartera constantemente, sencillamente porque ya ganan suficiente dinero con sus grandes y fieles inversores. La pregunta que cabría hacerse es la inversa, por qué un fondo necesita crear clases retail y aceptar entradas y salidas de pequeños importes, que consumen tiempo y recursos y son un verdadero dolor de cabeza administrativo para las gestoras. Obviamente la respuesta es que no ganarían lo suficiente sólo con sus inversores institucionales o grandes inversores, lo cual nos lleva a la conclusión de que no tienen el suficiente éxito satisfaciendo las expectativas de rentabilidad de sus inversores.

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Por supuesto existen honrosísimas excepciones de excelentes fondos cuyos gestores no renuncian a los inversores retail por una cuestión de principios. Y que a pesar de su éxito demostrado a lo largo de décadas, siguen aceptando entradas y salidas de pequeños importes. Pero es innegable que otros muchos casos de tremendo éxito no tienen esa deferencia y deciden prescindir de los inversores retail. Es en esa Champions League de fondos y hedge funds institucionales donde lamentablemente el acceso al pequeño y medio inversor les está vetado por una cuestión de tamaño.

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Afortunadamente existen fondos de fondos que «trocean» esos mínimos de inversión que exigen los fondos institucionales a cambio, eso sí, de una comisión sobre la comisión original. Es decir, que el pequeño inversor puede invertir en esos fondos de fondos, que a su vez invierten en fondos institucionales con mínimos prohibitivos, con tickets de tan sólo 125.000, que es la cantidad regulatoria mínima para considerarse un inversor cualificado o bien informado. No en todos, pero en algunos casos el potencial de los fondos subyacentes es tal que merece la pena sobradamente pagar el peaje de la doble comisión. ¿O acaso no merece la pena poder invertir desde tan solo 125 mil euros en fondos tan inaccesibles como los herederos del famoso Medallion, Bridgewater o fondos emergentes con alphas tan espectaculares como los que vemos en las imágenes publicadas en este artículo?

 

¿Merece la pena mantener una inversión mejorable a cambio de seguir difiriendo las plusvalías acumuladas?

La respuesta simple y llana es NO. Y para argumentarlo os explicaremos a continuación los cálculos que han realizado desde la plataforma InbestMe al respecto y que han publicado en fundssociety.com. Desde Cluster Family Office vemos infinidad de veces las reticencias de la mayoría de inversores a vender sus carteras actuales de fondos o acciones, para seguir así difiriendo las retenciones que les aplicarían a las plusvalías acumuladas en ellos durante años. A priori parece una buena decisión, pero no lo es a poco que los rendimientos de la cartera sean mínimamente mejorables. Y esa es la primera sorpresa para la mayoría de inversores hipnotizados por la mediocridad de los fondos que venden las grandes gestoras internacionales en España, que hay vida más allá de los catálogos de ventas de arquitectura abierta.

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Cierto es que en España existe la posibilidad de traspasar los activos de un fondo a otro manteniendo el diferimiento fiscal, con su correspondiente registro en CNMV, un volumen de partícipes mínimo y que sean considerados por el regulador como traspasables. El inconveniente es que, como ya hemos explicado en otros artículos como «Fondos de Inversión: Aún hay clases«, el universo de fondos de inversión registrados en España es muy limitado en comparación con los existentes en todo el mundo. Tan limitado como el 10%, lo cual significa que por culpa de querer aprovechar ese diferimiento fiscal hasta el infinito y más allá, los inversores están cautivos en un universo de inversión que ignora el 90% de los fondos existentes en todo el mundo (otra cosa es que los bancos españoles se nieguen a suscribir fondos más allá de su catálogo de ventas, para lo que también hemos explicado la solución en «Las ventajas de invertir desde Luxemburgo«). Veamos ahora las cifras del ejemplo que calcula InbestMe:

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Por ejemplo, con un 3,4% de promedio de rentabilidad anual (rentabilidad de los últimos 25 años), la diferencia de rendimiento entre diferir las plusvalías hasta el final o tributar cada año es de tan sólo un 4,2% acumulado para un periodo de 20 años, o sea un 0,21% TAE. Es decir, que si un inversor es capaz de mejorar el rendimiento de su cartera en al menos un 0,21% anual, mediante la sustitución de fondos mediocres por fondos con rendimientos consistentes y que superen a sus respectivos índices de referencia de manera clara y sostenida, no debe importarle el hecho de que los nuevos fondos no sean traspasables y tenga que tributar las plusvalías anualmente. Aquí cabe recordar que el coste fiscal de las plusvalías latentes es un dinero que no es nuestro sino que lo hemos tomado prestado de Hacienda y que hay que devolver tarde o temprano. Por tanto, utilizar el dinero que le debemos a Hacienda para obtener beneficios, pierde todo el sentido si lo utilizamos de manera mediocre, condenando además a la mediocridad al resto del dinero que sí que es nuestro.

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En el ejemplo anterior, mejorar la rentabilidad un 0,21% anual pudiendo invertir en el 100% de fondos existentes y no en sólo el 10%, es no solamente perfectamente posible sino prácticamente una obligación. De hecho, cuanto antes cambie sus inversiones anodinas por otras más potentes, antes recuperará las retenciones aplicadas a las ventas de su cartera mediocre. Y lo que es aún más importante, una vez tributada la cartera vendida, además de tener la libertad para invertir con un mayor rendimiento en cualquier fondo del mundo mundial, también podrá diferir en adelante y para siempre la tributación si dispone de un vehículo luxemburgués con un mínimo de 300.000 euros, aunque cambie de fondos o inversiones en el futuro y no sean traspasables, como hemos explicado en otras ocasiones.

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¿Y por qué entonces tanto miedo a tributar plusvalías latentes si son fácilmente recuperables y superables con una cartera de buenos fondos que superen consistentemente a sus índices? Pues ahí entra en acción la banca española, cómo no. En primer lugar ningún banco va a proponer a su cliente que liquide los fondos que le ha vendido y se lleve el dinero a otra entidad (luxemburguesa) para disponer de un vehículo de inversión en el que quepan -y se difieran indefinidamente- los mejores fondos del planeta. Y en segundo lugar, para evitar tentaciones, advierten a sus clientes de manera vehemente del «hachazo» fiscal que tendría si liquida sus posiciones. De ese modo mantienen cautivo al inversor en la entidad, con carteras mediocres que se perpetúan en el tiempo, con un coste de oportunidad descomunal.

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Sin duda, el inversor que tenga la capacidad de poder invertir más allá del 10% de fondos registrados en España para su comercialización en banca española, haría bien en buscar el aumento de calidad en su cartera y no dejarse intimidar por su banquero y sus simulaciones fiscales. Al fin y al cabo, con sólo unas décimas más de rendimiento proporcionado por fondos de mayor calidad estará compensando sobradamente el interés compuesto del diferimiento fiscal. O sea, que haría bien en dejar de diferir para invertir mejor y volver a diferir indefinidamente con una cartera mucho más potente. No hacerlo es pan para hoy y hambre para mañana, es decir quedar atrapado sine die en la mediocridad de los fondos que te vende el banco de la esquina, muy contento, eso sí, de estar reinvirtiendo mediocremente los impuestos que uno le debe a hacienda.

Daniel Lacalle y la nacionalización de la economía que perpetran los Bancos Centrales

Aunque en algunas de sus convicciones podemos no estar del todo de acuerdo, no cabe duda que Daniel Lacalle es una de las personas que más sabe de macroeconomía. No sólo por su PhD en Economía sino especialmente por su enfoque ante el abuso de los bancos centrales que venimos sufriendo desde hace más de una década.

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A continuación os dejamos con el artículo que sobre dicho abuso y fin de fiesta escribió lacalle hace un año en la web del Mises Institute. Como veréis, coincidimos mucho con Lacalle en el análisis que hicimos hace dos años en nuestro artículo «Intereses negativos y Darwin«. Y quizá os interese también releer «Qué esperar cuando se está esperando… el apagón del QE»

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Estamos ya en 2018 y con la FED subiendo tipos de manera decidida. Y el BCE se enfrenta, por fin, a su realidad. Esperamos que disfrutéis con el duro y realista artículo de Lacalle:

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El FT publicaba un artículo que decía que “los principales bancos centrales poseen ahora un quinto de la deuda pública total”.

 

Las cifras son estremecedoras.

 

1) Sin ninguna recesión o crisis, los grandes bancos centrales están comprando más de 200.000 millones de dólares de deuda pública y privada, liderados por el BCE y el Banco de Japón.

2) La Reserva Federal posee más del 14% de la deuda pública total de EEUU.

3) Los balances del BCE y el BdJ exceden en un 35% y un 70% sus respectivos PIB.

4) El Banco de Japón es actualmente uno de los 10 mayores inversores en el 90% del Nikkei.

5) El BCE posee el 9,2% del mercado de bonos corporativos europeos y más de 10% de la deuda soberana total de los principales países europeos.

6 El Banco de Inglaterra posee entre el 25% y el 30% de la deuda soberana de Reino Unido.

 

Un informe reciente de Nick Smith, analista de la CLSA, advierte acerca de lo que llama “la nacionalización del mercado secundario”.

 

El Banco de Japón, con su política ultraexpansionista que solo expande su balance, está en camino a convertirse en el mayor inversor en las grandes empresas del Nikkei 225. De hecho, el banco central japonés ya cuenta con el 60% del mercado de ETF (Exchange Traded Funds) en Japón.

 

¿Qué puede ir mal? En general, el banco central no solo genera mayores desequilibrios y un mal resultado en una economía “zombificada”, ya que las políticas extremadamente laxas perpetua los desequilibrios, sino que debilita la velocidad del dinero e incentiva la deuda y las malas inversiones.

 

Creer que esta política es inocua porque “no hay inflación” y el desempleo es bajo resulta peligroso. El gobierno emite cantidades masivas de deuda y el dinero barato promueve un exceso de capacidad y una mala asignación de capital. Así, el crecimiento de la productividad colapsa, los salarios reales caen y el poder adquisitivo de las divisas también cae, llevando al alza el coste real de la vida y a la deuda a crecer más que el PIB real. Por eso, como hemos mostrado en artículos anteriores, la deuda total ha ascendido hasta el 325% del PIB mientras que las empresas zombis llegan a niveles propios de una crisis, de acuerdo con el Banco de Pagos Internacionales.

 

Los títulos públicos monetizados por el banco central no son activos de alta calidad, son un pagaré que se transfiere a las próximas generaciones y se liquidará de tres maneras: con inflación masiva, con una serie de crisis financieras o con un gran desempleo. La destrucción del poder adquisitivo de la moneda no es una política de crecimiento, es robar a futuras generaciones. El efecto “placebo” de gastar hoy el Valor Presente Neto de esos pagarés significa que, como PIB, la productividad y la renta disponible real no mejoran, al menos no tanto como la deuda emitida. Estamos creando una bomba del tiempo de desequilibrios económicos que no hacen más que crecer y que explotará en algún momento del futuro. El hecho de que la evidente bola de riesgo se retrase otro año no significa que no exista.

 

El estado no está emitiendo “dinero productivo”, sino solo una promesa de más réditos mediante mayores impuestos, mayores precios o confiscación de riqueza en el futuro. El crecimiento la oferta monetaria es un préstamo que obtiene el estado pero que pagamos nosotros, los ciudadanos. El pago viene con la destrucción de poder adquisitivo y confiscación de riqueza a través de la devaluación y la inflación. El “efecto riqueza” de acciones y bonos en aumento es inexistente para la gran mayoría de los ciudadanos, ya que más del 90% de la riqueza familiar media está en depósitos.

 

De hecho, una monetización masiva de la deuda es solo una manera de perpetuar y fortalecer el efecto expulsión del sector público sobre el sector privado. Es una nacionalización de hecho. Porque el banco central no “quiebra”, solo transfiere sus desequilibrios financieros a bancos privados, empresas y familias.

 

El banco central puede “imprimir” todo el dinero que quiera y el gobierno se beneficia de ello, pero los que sufren la represión financiera son el resto. Generando las consiguientes crisis financieras a través de políticas monetarias laxas y siendo siempre el principal beneficiario del auge y el declive, el sector público sale de estas crisis más poderoso y más endeudado, mientras que el sector privado sufre el efecto de expulsión en tiempos de crisis y el efecto de los impuestos y la confiscación de riqueza en tiempos de expansión.

 

No sorprende que el gasto público con respecto al PIB esté ahora casi en el 40% en la OCDE y aumentando, la carga fiscal esté en máximos históricos y la deuda pública aumente.

 

La monetización es un sistema perfecto para nacionalizar la economía pasando a los contribuyentes todos los riesgos del exceso de gasto y los desequilibrios. Y siempre acaba mal. Porque dos más dos no es igual a veintidós. Al gravar a los productivos para perpetuar y subvencionar a los improductivos, el impacto sobre el poder adquisitivo y la destrucción de riqueza es exponencial.

 

Creer que esta vez será distinto y que los estados gastarán sabiamente todo ese enorme “dinero gratuito muy caro” es sencillamente una ilusión. El gobierno tiene todos los incentivos para gastar demás, ya que su objetivo es maximizar el presupuesto y aumentar la burocracia como medio de poder. También tiene todos los incentivos para culpar de sus errores a un enemigo externo. Los gobiernos siempre culpan a algún otro por sus errores. ¿Quién rebaja los tipos del 10% o al 1%? Gobiernos y bancos centrales. ¿A quién se culpa por tomar “excesivos riesgos” cuando las cosas van mal? A vosotros y a mí. ¿Quién aumenta la oferta monetaria, reclama que “fluya el crédito” e impone represión financiera porque los “hay demasiado ahorro”? Gobiernos y bancos centrales. ¿A quién se culpa cuando las cosas van mal? A los bancos por los “préstamos imprudentes” y la “desregulación”.

 

Por supuesto, los gobiernos pueden imprimir todo el dinero que quieran, lo que no pueden hacer es convencernos de que tiene un valor, en que el precio y cantidad de dinero que imponen es real solo porque el gobierno lo diga. De ahí la menor inversión real y la menor productividad. Ciudadanos y empresas no están locos por no caer en la trampa de los tipos bajos y la alta inflación de activos. No son amnésicos.

 

Se llama represión financiera por una razón y los ciudadanos siempre tratan de escapar del robo.

 

¿Cuál es el truco para que nos lo creamos? Las bolsas suben, los bonos bajan y se nos hace creer que la inflación de activos refleja fortaleza económica.

 

Luego, cuando la política del banco central deje de funcionar (ya sea por falta de confianza o porque es sencillamente parte de la liquidación) y los mercados reciban las valoraciones que merecen, muchos dirán que fue culpa de los “especuladores”, no del especulador central.

 

Cuando estalla, podéis apostar hasta vuestro último dólar en a que el consenso culpará a los mercados, los fondos de inversión, la falta de regulación y la insuficiente intervención. Los errores de la intervención perenne se “resuelven” con más intervención. El gobierno gana en todo caso. Como en un casino, la casa siempre gana.

 

Entretanto, las famosas reformas estructurales que se habían prometido desaparecen como los malos recuerdos.

 

Es un inteligente sistema maquiavélico para acabar con los mercados libres y beneficiar desproporcionadamente a los estados a través de la más injusta de las competencias: tener acceso ilimitado al dinero y el crédito y ninguno de los riesgos. Y pasar la factura a todos los demás.

 

Si pensáis que no funciona porque el gobierno no hace mucho más, estáis sencillamente soñando.

 

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Tipos del Norte. Tipos del Sur (2a parte)

Para los que no lo hayáis hecho todavía, os recomendamos que leáis  la primera parte de este artículo, en el que describíamos un futuro mucho más cercano de lo que algunos creen. En ese futuro próximo los tipos de interés del norte de la UE ya no podrían seguir por más tiempo anclados a los tipos de interés de los países del sur. Esa ruptura del precio del dinero de los países ricos respecto al precio del dinero de los países pobres, inevitablemente nos llevará a una cotización respecto a las otras divisas distintas. Y como decía aquel, si anda como un pato, vuela como un pato, nada como un pato y grazna como un pato, es un pato. O sea que si tiene tipos distintos va a tener cotizaciones distintas, y por tanto la moneda única va a dejar de ser única, con lo cual tendremos cuando menos dos Euros, si es que se mantiene la nomenclatura.

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Para los más escépticos os traemos hoy el artículo elaborado por el Director de Análisis Yves Longchamp de Ethenea Advisors. En dicho artículo Longchamp cuantifica los tipos de interés que pueden soportar economías tan dispares como la de Alemania o Italia. Y no sólo es que puedan soportar tipos distintos sino que deben poder tenerlos, adaptándolos así a las necesidades de cada una de sus economías. A ningún lector se le deberían escapar las terribles consecuencias que suponen para las economías que el precio del dinero no se ajuste al ciclo y las necesidades de la maquinaria económica. Y lamentablemente, la convergencia económica hace años que dejó de ser plausible para los europeos del norte y los del sur.

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Así pues, Ethenea dice que mientras que Alemania podría funcionar en estos momentos con una horquilla tipos de entre el 4,8-6,1%, Italia no podría soportar unos tipos -atención- superiores al 0,6-1,5%. La diferencia entre una economía y otra es abismal, y tres cuartos de lo mismo podríamos decir de las necesidades de tipos entre otros países del norte y del sur. Os recomiendo que leáis el citado estudio de Longchamp porque para más de uno será un bofetón de realidad que, cuando menos, le dará que pensar.

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Las consecuencias inevitables de unas necesidades de tipos de interés tan dispares (y además crecientes día tras día) son la ruptura de la uniformidad del precio del Euro. Alemania no va a soportar una inflación creciente por muchos más años, mientras que en el sur de la UE estamos enfangados en deuda para muchas décadas, que nos exige un precio del dinero cuasi gratis para poder seguir pagando los intereses. Recordad que en el sur seguimos teniendo déficits presupuestarios, es decir, que cada día que pasa debemos más y más dinero, y eso a pesar de tener tipos negativos desde hace años! La consecuencia de ello es que en el sur no es materialmente posible seguir la subida de tipos que el norte de la UE exigirá en breve, siguiendo los pasos de la Reserva Federal de los EE.UU.

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Lo hemos avisado infinidad de veces desde hace 7 u 8 años. La moneda única está condenada a dejar de ser única. Y los inversores harían bien en preparar su dinero, sus bancos depositarios, sus vehículos de inversión y por supuesto sus inversiones para ese escenario de tipos y cotizaciones distintas, aunque los burócratas sigan disimulando y se inventen un eufemismo creativo para la ruptura del Euro. Los estudios como el del Director de Análisis de Ethenea lo pueden decir más alto, pero no más claro. Y desde Cluster Family Office no nos cansaremos de advertir del riesgo que, inconscientemente, asumen los inversores del Sur que no se preparen para que sus inversiones cotizen a precios y tipos del norte y se depositen geográfica y cualitativamente a salvo. Como dice Longchamp en su artículo: «Ignoring a reality does not make it less real»

 

¿Merece la pena invertir en un plan de pensiones a cambio de los beneficios fiscales?

La respuesta es NO, a no ser que se tenga la rarísima virtud de escoger uno de los escasísimos planes de pensiones que superan a su índice de referencia a 10 años. Y aún así, 10 años son muy pocos si tenemos en cuenta que la vida inversora suele ser muy larga cuando hablamos de pensiones para la vejez. Pero la pregunta secundaria que debemos hacernos es: ¿Qué probabilidades realistas tenemos de invertir en un plan de pensiones que no nos condene a la mediocridad? Ahí es cuando la respuesta empieza a resultar más incómoda si queremos ser objetivos y sinceros. Y es que el porcentaje de fondos de inversión que no superan a sus respectivos índices de referencia es muy bajo, digamos que entre el 1% y el 12%, dependiendo de la fuente, el plazo y los sectores en los que nos fijemos. Pero si miramos la rentabilidad de los planes de pensiones respecto a sus índices, el porcentaje de los fondos que justifican su comisión es aún menor.

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Veamos los gráficos del último informe que ha elaborado Morningstar de los planes de pensiones que superan en rentabilidad a sus respectivosa a tres, cinco y diez años. Demoledor:

 

 

 

Lógicamente, a mayor plazo más se minimiza el efecto Montecarlo del que ya hablamos hace una década. Fijaos que si nos centramos en el periodo de 10 años, lo cual no es ningún disparate ni mucho menos si estamos hablando de planes de pensiones que se supone que no vamos a utilizar hasta la edad de jubilación, el porcentaje de fondos que superan a su índice es inferior al 1%! Pero es que para la jubilación a muchos les faltan más de 20 o 30 años, con lo que el porcentaje de probabilidades de superar al índice a través de un plan de pensiones se acerca peligrosa e indignantemente a cero.

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¿Cuál es la conclusión a la que debemos llegar con este bofetón de cifras? Pues que si en el universo de fondos invertibles desde España ya es difícil encontrar un fondo de inversión «normal» que supere a largo plazo a su índice, encontrar un plan de pensiones que lo consiga a más de 10 años vista es casi misión imposible para la mayoría de mortales. ¿Y cómo consiguen los bancos y demás vendedores de pescado colocar tantos miles de millones en planes de pensiones si éstos son tan mediocres? Pues para eso están las baterías de cocina de regalo, las smart tv, los porcentajes de dinero de regalo ingresados en cuenta y… las bonificaciones fiscales. Sí, esas mismas bonificaciones que muchos defienden como la panacea para ahorrar impuestos mientras preparamos nuestro retiro.

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El problema de base es que quienes defienden que es fiscalmente más interesante invertir en un plan de pensiones que en un fondo de inversión al uso, a pesar del hachazo en renta cuando llega el momento de la verdad, no tienen en cuenta que el nivel de mediocridad en la gestión de los planes de pensiones es sustancialmente mayor que el de los fondos de inversión en general. Por tanto, el principal motivo para huír de los planes de pensiones NO es que pagaremos en renta el día de mañana los impuestos que ahorramos hoy en las exenciones de las aportaciones (podríamos discutir si compensa o no tal bonificación fiscal), sino que los equipos que gestionan planes de pensiones consiguen resultados aún peores que el promedio de fondos de inversión al uso que se comercializan en España.

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Por todo ello, si un inversor es capaz de encontrar fondos cuyos gestores superen a su índice de referencia a largo plazo de manera consistente (haberlos haylos y os remitimos a este artículo que publicamos en COBAS hace unos meses), jamás debe sacrificar esa joya por un plan de pensiones cuya gestión sea peor, por muchos beneficios fiscales o regalos que le hagan sus comercializadores. Bonificaciones fiscales y regalos de dinero o en especies que, por muy tentadoras que sean, no dejan de ser un pan para hoy que nos condena a la mediocridad en rendimientos durante el resto de nuestra vida inversora. Otro tema es cómo conseguir poder invertir en fondos que superan consistentemente a sus índices y que pertenecen a ese universo del 90% de fondos que NO son invertibles desde España. Pero eso ya lo hemos explicado repetidamente en artículos como «Las ventajas de invertir desde Luxemburgo«.

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