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Categoría: Multi family Office

¿Merece la pena mantener una inversión mejorable a cambio de seguir difiriendo las plusvalías acumuladas?

La respuesta simple y llana es NO. Y para argumentarlo os explicaremos a continuación los cálculos que han realizado desde la plataforma InbestMe al respecto y que han publicado en fundssociety.com. Desde Cluster Family Office vemos infinidad de veces las reticencias de la mayoría de inversores a vender sus carteras actuales de fondos o acciones, para seguir así difiriendo las retenciones que les aplicarían a las plusvalías acumuladas en ellos durante años. A priori parece una buena decisión, pero no lo es a poco que los rendimientos de la cartera sean mínimamente mejorables. Y esa es la primera sorpresa para la mayoría de inversores hipnotizados por la mediocridad de los fondos que venden las grandes gestoras internacionales en España, que hay vida más allá de los catálogos de ventas de arquitectura abierta.

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Cierto es que en España existe la posibilidad de traspasar los activos de un fondo a otro manteniendo el diferimiento fiscal, con su correspondiente registro en CNMV, un volumen de partícipes mínimo y que sean considerados por el regulador como traspasables. El inconveniente es que, como ya hemos explicado en otros artículos como «Fondos de Inversión: Aún hay clases«, el universo de fondos de inversión registrados en España es muy limitado en comparación con los existentes en todo el mundo. Tan limitado como el 10%, lo cual significa que por culpa de querer aprovechar ese diferimiento fiscal hasta el infinito y más allá, los inversores están cautivos en un universo de inversión que ignora el 90% de los fondos existentes en todo el mundo (otra cosa es que los bancos españoles se nieguen a suscribir fondos más allá de su catálogo de ventas, para lo que también hemos explicado la solución en «Las ventajas de invertir desde Luxemburgo«). Veamos ahora las cifras del ejemplo que calcula InbestMe:

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Por ejemplo, con un 3,4% de promedio de rentabilidad anual (rentabilidad de los últimos 25 años), la diferencia de rendimiento entre diferir las plusvalías hasta el final o tributar cada año es de tan sólo un 4,2% acumulado para un periodo de 20 años, o sea un 0,21% TAE. Es decir, que si un inversor es capaz de mejorar el rendimiento de su cartera en al menos un 0,21% anual, mediante la sustitución de fondos mediocres por fondos con rendimientos consistentes y que superen a sus respectivos índices de referencia de manera clara y sostenida, no debe importarle el hecho de que los nuevos fondos no sean traspasables y tenga que tributar las plusvalías anualmente. Aquí cabe recordar que el coste fiscal de las plusvalías latentes es un dinero que no es nuestro sino que lo hemos tomado prestado de Hacienda y que hay que devolver tarde o temprano. Por tanto, utilizar el dinero que le debemos a Hacienda para obtener beneficios, pierde todo el sentido si lo utilizamos de manera mediocre, condenando además a la mediocridad al resto del dinero que sí que es nuestro.

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En el ejemplo anterior, mejorar la rentabilidad un 0,21% anual pudiendo invertir en el 100% de fondos existentes y no en sólo el 10%, es no solamente perfectamente posible sino prácticamente una obligación. De hecho, cuanto antes cambie sus inversiones anodinas por otras más potentes, antes recuperará las retenciones aplicadas a las ventas de su cartera mediocre. Y lo que es aún más importante, una vez tributada la cartera vendida, además de tener la libertad para invertir con un mayor rendimiento en cualquier fondo del mundo mundial, también podrá diferir en adelante y para siempre la tributación si dispone de un vehículo luxemburgués con un mínimo de 300.000 euros, aunque cambie de fondos o inversiones en el futuro y no sean traspasables, como hemos explicado en otras ocasiones.

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¿Y por qué entonces tanto miedo a tributar plusvalías latentes si son fácilmente recuperables y superables con una cartera de buenos fondos que superen consistentemente a sus índices? Pues ahí entra en acción la banca española, cómo no. En primer lugar ningún banco va a proponer a su cliente que liquide los fondos que le ha vendido y se lleve el dinero a otra entidad (luxemburguesa) para disponer de un vehículo de inversión en el que quepan -y se difieran indefinidamente- los mejores fondos del planeta. Y en segundo lugar, para evitar tentaciones, advierten a sus clientes de manera vehemente del «hachazo» fiscal que tendría si liquida sus posiciones. De ese modo mantienen cautivo al inversor en la entidad, con carteras mediocres que se perpetúan en el tiempo, con un coste de oportunidad descomunal.

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Sin duda, el inversor que tenga la capacidad de poder invertir más allá del 10% de fondos registrados en España para su comercialización en banca española, haría bien en buscar el aumento de calidad en su cartera y no dejarse intimidar por su banquero y sus simulaciones fiscales. Al fin y al cabo, con sólo unas décimas más de rendimiento proporcionado por fondos de mayor calidad estará compensando sobradamente el interés compuesto del diferimiento fiscal. O sea, que haría bien en dejar de diferir para invertir mejor y volver a diferir indefinidamente con una cartera mucho más potente. No hacerlo es pan para hoy y hambre para mañana, es decir quedar atrapado sine die en la mediocridad de los fondos que te vende el banco de la esquina, muy contento, eso sí, de estar reinvirtiendo mediocremente los impuestos que uno le debe a hacienda.

¿Qué es preferible, un Fondo de Inversión español o luxemburgués?

Por fin álguien habla claro y sin tapujos sobre el tema. Y , cómo no, la información tenía que venir de COBAS AM. A continuación os resumiremos algunos de los párrafos que consideramos más interesantes del artículo firmado por Gema Martín Espinosa que encontraréis en este enlace al blog de Cobas. Un bolg que por cierto deberíais seguir de cerca, y en el cual hemos tenido la oportunidad de publicar algún artículo en el que hablábamos de las diferencias entre la gestión pasiva y la gestión activa (sí, hoy que están tan de moda los ETFs).

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Veamos pues las verdaderas razones por las cuales muchas gestoras independientes españolas, todas las internacionales y la mayoría de inversores huyen del formato español de fondos para sus vehículos de inversión:

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«Lo esencial que el inversor debe saber, es que cuando una gestora ofrece tanto fondos de derecho luxemburgués como fondos de derecho español, en realidad se trata del mismo producto. Es decir, mismo equipo gestor, misma filosofía, mismo proceso inversor y misma cartera.

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Las diferencias vienen por el resto de los actores con los que necesariamente ha de contar un vehículo de inversión colectiva. En ambos casos es necesario un banco depositario, y algunos inversores, ante la incertidumbre o inestabilidad política de su país, optan por invertir en un fondo cuyos activos estén depositados en un banco en Luxemburgo en lugar de en un banco local (…)

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Con el pasaporte europeo, es cierto que se puede optar por constituir fondos en Irlanda, Malta u otros países de la Unión Europea, pero a lo largo de los años la marca Luxemburgo es la que abandera el mayor flujo de fondos para distribución transfronteriza, no sólo en Europa, sino también en Latinoamérica y Asia.»

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Aquí cabe decir que los fondos españoles y luxemburgueses están regidos por las mismas directivas, bien sea la archi-conocida UCIT (para vehículos plain vanilla) o la menos conocida AIFM (para vehículos alternativos o de inversores profesionales). El quid de la cuestión es que los inversores de fuera de España no pueden invertir en fondos españoles a través de cuentas ómnibus, utilizadas ampliamente en el resto de países.

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«¿Qué son las cuentas ómnibus y por qué son tan relevantes?

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El titular de la cuenta ómnibus es la entidad comercializadora, y no el cliente final de la misma. Permite operar en una sola transacción el total de órdenes de suscripción y reembolso de los clientes, sin que los datos de estos sean conocidos ni compartidos(…).

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La entidad financiera emite una orden global para cada entidad gestora. Asimismo, los clientes finales, no abren cuenta en otras gestoras, y a través de su entidad comercializadora, y desde su misma cuenta, pueden acceder a fondos de terceros.

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Dado que los fondos españoles no son comercializados por cuentas ómnibus, el inversor internacional necesariamente tiene que abrir cuenta en una entidad comercializadora en España o en la propia gestora para poder invertir.

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Esta barrera operativa hace muy poco atractivo al fondo de derecho español fuera de nuestras fronteras para inversores internacionales e institucionales, de ahí que varias gestoras decidan gestionar el mismo fondo en Luxemburgo y poder así dar acceso a clientes extranjeros.

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Esos accesos suelen facilitarlos las plataformas internacionales que en su gran mayoría no contemplan la operativa con fondos de derecho español por no poder cumplir con las exigencias de trasladar en la operativa los detalles del inversor final. Además de las plataformas, los depositarios centrales europeos y custodios dan acceso directo a los clientes institucionales operando en directo con los Transfer Agent o administradores de los fondos.

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La carencia de cuentas ómnibus en España repercute, además, negativamente en las gestoras de nuestro país a la hora de comercializar sus fondos a través de otras entidades en España. Y esto es fundamentalmente por dos razones.

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La primera, y más poderosa, es que las mayores gestoras españolas forman parte de grupos bancarios con redes de distribución (sucursales) donde sería imposible pensar que ofrezcan un producto de la competencia.

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En segundo lugar, incluso si se venciera la barrera de vender productos de la competencia, entraría en juego el hecho de que la comercialización de un fondo español implica necesariamente trasladar a la gestora los datos fundamentales de los partícipes.

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Pese a que es el administrador del fondo el que recibiría estos datos y estaría sujeto a la más estricta confidencialidad y no uso de los datos, en general el miedo a trasladar datos de clientes suele bloquear definitivamente la comercialización de fondos españoles por terceras entidades en España.

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Por esto, algunas gestoras independientes españolas, optan por gestionar únicamente fondos luxemburgueses que luego comercializan en España a través de terceros y a nivel trasfronterizo a través de acuerdos de comercialización con plataformas y distribuidores, asemejándose así a una gestora internacional que, curiosamente, las redes de distribución españolas no perciben como “competidores”.

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Es importante también acallar las leyendas y los mitos. Un fondo español no es mejor ni peor que su hermano en Luxemburgo. Ambos son opciones que las gestoras ofrecen para dar respuesta al conjunto de sus clientes, y no tienen nada que ver con paraísos fiscales, altos patrimonios o el “glamour” que a veces se desprende de sus nombres en inglés (…).»

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Las ventajas de invertir desde vehículos personales y bancos luxemburgueses sí que es clara respecto a hacerlo desde la banca tradicional española, con o sin sicav, pero de eso ya hablamos ampliamente en el artículo: «Las ventajas de invertir desde Luxemburgo«.

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Esperamos que este post ayude por fin a clarificar el tema. Por cierto, para diferenciar a simple vista un fondo español de uno luxemburgués basta con mirar las dos primeras letras de su código ISIN: ES (España), LU (Luxemburgo, IE (Irlanda), FR (Francia), HK (Hong Kong), US (Estados Unidos), etc.

El abuso del ladrillo en los patrimonios españoles

Es muy curioso ver como en España existe una mentalidad respecto a la asignación de los activos de las familias muy distinta a la de las familias norteamericanas. Como podréis ver en el interesante gráfico que publica Inbestia y que reproducimos a más abajo, aprox. el 80% de los activos de los españoles se asigna a inmuebles, o sea la vivienda principal y otros inmuebles adicionales. Por tanto, menos del 20% se asignan a activos financieros, como por ejemplo acciones (cotizadas o no), fondos de inversión, de pensiones, seguros de vida, depósitos, etc.

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Si comparamos la asignación entre norteamericanos y españoles veremos que la querencia hacia las empresas en la primera economía del mundo es mucho mayor que en España y buena parte del resto de países (aunque sería interesante saber las cifras del norte de la UE que intuímos que deben ser más próximas a los EEUU). La cultura empresarial de los norteamericanos es mucho mayor, y tanto en acciones cotizadas como no cotizadas (negocios propios o con socios en su mayoría), fondos de inversión, pensiones y seguros de vida, depositan la mitad de sus activos.

¿Por qué los norteamericanos son más proclives a destinar su patrimonio y ahorros a las empresas en general? ¿Acaso al resto del mundo no nos gusta que nuestro dinero trabaje para nosotros mismos? ¿Acaso las burbujas inmobiliarias no han afectado tanto o más a los norteamericanos que a los españoles? Las respuestas no son simples sino un cúmulo de factores que comforman esa diferencia entre una asignación financiera y la otra. Veamos algunos de esos motivos:

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La cultura financiera en la que crece la sociedad norteamericana es de tradición emprendedora y la mayoría de la población tiene claro que el único motor que mueve el país y que les puede llevar al bienestar es participar de una manera u otra de la creación de riqueza que consiguen las empresas. Bien como empleados buscando la progresión laboral jerárquica o bien como pequeños empresarios (franquiciados o con pequeños negocios personales). Poco más esperan financieramente de su Estado. En cambio en España y en buena parte del resto del mundo occidental existe una cultura empresarial menor, y una mayor confianza en las actividades laborales que dependen de los Estados, en general un poco menos liberales y un poco más intervencionistas que en USA.

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Otro aspecto que hace que los españoles seamos más proclives a acumular nuestro patrimonio en inmuebles que los norteamericanos es precisamente los disgustos que nos ha venido dando el sector financiero en las últimas décadas. Para nuestra banca, aún hoy en día, la volatilidad es el demonio del que recomiendan huír a sus clientes. Para ello les ofrecen todo tipo de productos y estructurados con la obsesión de reducir la volatilidad, concepto que erróneamente consideran sinónimo de riesgo. Y claro está, cuando se confunde volatilidad con riesgo resulta mucho más fácil para el sector bancario vender productos de baja volatilidad que de alta. ¿Qué cliente no tratará de evitar un producto de alta volatilidad si le hablan de alto riesgo?

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Por tanto la opinión generalizada de los ahorradores españoles es que es mucho más arriesgado invertir en bolsa que en productos bancarios menos volátiles o en inmuebles. Y aquí llegamos a la segunda derivada: ¿Cómo se han venido comportando los productos bancarios de baja volatilidad que ha vendido la banca en los últimos años? Pues en el mejor de los casos de manera mediocre, y en el peor se ha llegado al abuso o directamente a la sentencia judicial, como en el caso de las preferentes. Este final infeliz de muchos de los productos de baja volatilidad ha exacerbado la querencia de los inversores españoles hacia los inmuebles, llegando al los extremos en España que hemos visto en el gráfico: Casi un 90% en inmuebles y activos del propio negocio personal tipo autónomo, etc.

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El correcto equilibrio patrimonial debe moderar los inmuebles y potenciar la inversión financiera hasta niveles parecidos a los que vemos en los EE.UU. (no en balde es la sociedad con una riqueza y PIB per cápita líder del planeta). Las familias deben gozar de unas inversiones financieras que trabajen generando riqueza para su vejez, puesto que la pensión estatal no lo va a hacer suficientemente (y aún menos en España). Además el regulador norteamericano limita más y mejor al acceso de los inversores retail a productos estructurados y demás mandangas que vende la banca española impunemente a cualquier jubilado sin conocimientos financieros. Esta limitación de la venta en USA de los productos complejos a los clientes retail, también canaliza buena parte de esos pequeños ahorradores a fondos de renta variable normales y corrientes que temen menos la volatilidad y compran más la idea de invertir en empresas.

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¿Y los inmuebles? ¿Acaso no garantizan también una generación de rentas para nuestra vejez? La respuesta es afirmativa, pero con algunos riesgos añadidos que hay que destacar: Concentrando masivamente nuestro patrimonio en inmuebles estaremos a merced del riesgo geográfico, el riesgo de la economía local o riesgo país, y el riesgo de que el ciclo inmobiliario deje de sernos favorable cuando su crecimiento se sature. Por no hablar del riesgo de impago, mantenimientos o los impuestos crecientes que gravan a los propietarios de inmuebles. La diversificación y la libertad de movimientos que nos da la adquisición de acciones de buenas empresas de todo el mundo creando riqueza en los sectores y países más diversos del planeta, difícilmente la conseguiremos con la inversión inmobiliaria. Y la capacidad de adaptación y superación del mundo empresarial a sean cuales sean las circunstancias futuras de la economía en las próximas décadas, jamás la podrá tener el inerte ladrillo.

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Para acabar deciros que la característica común de los Clientes nuevos que nos llegan a Cluster Family Office siempre ha sido la sobrecarga de inmuebles en sus patrimonios. Una falta de diversificación que muchos pagaron caro con el estallido de la burbuja inmobiliaria después del 2007. Y una de las primeras gestiones que realizamos para los nuevos Clientes es la sustitución de inmuebles y alquileres por inversiones financieras a través de vehículos versátiles y fiscalmente eficientes. Éstas deben hacer que su dinero trabaje al servicio de la familia, bien sea mediante la generació de rentas alternativas a los alquileres comprando buenos fondos alternativos o bien buscando el crecimiento de las carteras comprando buenos fondos de acciones de todo el mundo. La volatilidad -que no riesgo- asumible por cada circunstancia familiar y profesional en la cartera financiera debe determinar la proporción de inversiones en acciones de empresas o bien en estrategias alternativas que generen rentas más estables.

¿Stop-loss en fondos de gestión activa?

Como decía Machado, sólo un necio confunde valor y precio. Desde el punto de vista del inversor a largo plazo, que compra acciones de buenas empresas a precios atractivos respecto a sus múltiplos de beneficios presentes y futuros, ya resultaría absurdo y temerario comprar y vender esas acciones a corto plazo sin asociar esas decisiones al valor de los respectivos negocios. Pero aún resultaría más absurdo realizar ese trading cortoplacista en una cartera de fondos de inversión de gestión activa, con carteras al libre albedrío de sus respectivos gestores, y pudiendo además el inversor establecer tentadoras órdenes de compras automáticas y de stop-loss (sic).

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Pues eso es lo que ofrece ING a sus clientes, con el consiguiente beneficio para el banco por este servicio obviamente. Pero como no es tan simple operativamente la compra-venta automática a un precio preestablecido de un fondo como el de una acción, lo que ofrecen a sus clientes es un servicio de «aviso» cuando la cotización del fondo toca el precio marcado. Será entonces cuando el cliente decidirá si firma o no una orden de compra-venta-traspaso de esos fondos, que por otra parte tardarán habitualmente un par de días en ejecutar. Ah, y lógicamente este «servicio» sólo está operativo para los fondos marca ING, favoreciendo así que todo quede en casa.

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Haciendo un repaso de lo que es la práctica de trading de acciones (con stop-loss incluídos), tenemos que decir que viene siendo el modus operandi habitual de los ahorradores menos qualificados como inversores. O sea de aquellos que se alejan de la inversión largoplacista mediante la compra de negocios cuya buena relación valor/precio conocen, y en cambio se aproximan a la mera apuesta en cualquier ticker que cotice, independientemente de la buena o mala marcha del negocio de la empresa cotizada. Incluso ajenos a si detrás de ese ticker hay unas perspectivas y una valoración ajustada de negocio empresarial, una materia prima, un índice o cualquier derivado. A la mayoría les basta que tenga un ticker o un precio de cotización cambiante al que apostar más o menos frenéticamente, vistiendo esta práctica convenientemente -eso sí- con todo tipo de cursos de trading, análisis técnicos y macros que maquillen la ludopatía con una pátina de inversión experta.

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Sin embargo, generalmente un inversor que conozca bien el valor de las empresas que tiene en cartera, tendrá más interés en comprarlas cuanto más baje el precio de sus acciones . Y por el contrario, cuanto más caras estén las acciones respecto al valor de la empresa, más interés tendrá en venderlas. En cambio, el trading cortoplacista de acciones está asociado a ignorar completamente el valor real de la empresa. Por eso el análisis técnico y demás métodos de trading suelen recomendar comprar acciones cuando los precios suben y venderlas cuando bajan. (Aquí cabría hacer la salvedad de escasísimos hedge funds de gestión cuantitativa que están ganando dinero desde hace dácadas, pero serían la excepción que confirma la regla y sólo accesibles para inversores bien informados y con capitales superiores a los 300.000′- euros.)

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Como decíamos, rizando el rizo de lo absurdo, ING tienta ahora a sus clientes para que realicen esta práctica del trading también en sus carteras de fondos de gestión activa. Recordemos que la gestión activa se llama así porque el gestor de cada uno de los fondos toma decisiones activamente comprando y vendiendo acciones o bonos. A partir de ahí, el valor liquidativo del fondo será la cotización -usualmente- diaria de toda la cartera a precio de mercado, una vez deducidas las comisiones y gastos de la propia gestión activa y del fondo (sobre la gestión activa y pasiva os interesará el artículo que recientemente Cluster Family Office hemos publicado en la web de COBAS AM, la gestora de Francisco García Paramés: «Gestión Pasiva, Gestión Activa»). Por tanto, aún tiene menos sentido que el ahorrador tome decisiones de compra o venta del fondo cuando, no sólo ignora el valor de los negocios comprados, sino que ni siquiera sabe qué negocios ha comprado y vendido diariamente el gestor de dicho fondo o la liquidez que acumula. Tampoco le permitiría beneficiarse de una de las claves de la inversión que todo gestor value trata de conseguir: comprar barato y vender caro, puesto que ese trading y sus stop-loss desvirtuarían por completo una buena gestión activa. Además, como el trading de fondos es una absurda y rara práctica, el ahorrador ni siquiera tendría la posibilidad de beneficiarse de la profecía autocuplida que en algunas ocasiones ofrece el análisi técnico.

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En definitiva, una estrategia más fruto del brainstorming del maquiavélico departamento de marketing de turno, cuya prioridad jamás ha sido ni será el beneficio del Cliente sino el de la propia entidad financiera. Más madera para alejar a los ahorradores del buen camino de la inversión.

 

Adaptando nuestras inversiones a la nueva era económica.

A nadie se le debería escapar que el mundo de las finanzas y las inversiones que conocíamos antes de la crisis de deuda -hace ya una década- era bien distinto. En aquel entonces bastaba con invertir en buenas compañías cotizadas a buen precio (renta variable) para aquellos que buscaban rendimientos razonables a largo plazo. Y toda la parte del capital no tolerante a la alta volatilidad bastaba con «aparcarla» en renta fija sentándose en bonos de emisores desarrollados que pagaban algún punto por encima del precio del dinero, aunque no siempre de la inflación real. Y es que por aquel entonces el dinero tenía un precio razonable, y por tanto todo el mundo que lo pedía prestado debía hacer un muy buen uso de él si quería amortizar ese coste y no pillarse los dedos en aventuras ineficientes.

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Hace unos 7-8 años, después del reventón de la burbuja inmobiliaria y de deuda, los bancos centrales comenzaron a desvirtuarlo todo regando con dinero nuevo el Mundo. Y el dinero gratis no sólo genera su uso ineficiente, premiando a quienes deben más y son menos competitivos, sino también penalizando a quienes lo tienen. Es la selva donde impera la ley del más fuerte, y con la burbuja de deuda del 2007 que todavía arrastramos, la ley que ha imperado es la del deudor.

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Desgraciadamente la mayoría de inversores -y por tanto acreedores del universo deudor- no se han percatado del radical cambio en las reglas de juego que han impuesto los bancos centrales con la excusa de «salvar el sistema financiero». Y siguen invirtiendo su dinero bajo las reglas antiguas y directrices de banqueros y asesores obsoletos: En bolsa la parte que soporta volatilidad y en renta fija la que no la soporta.

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En cuanto a la bolsa, no son conscientes que la mayoría de empresas cotizadas tienen desde hace una década acceso a dinero gratis, y que ello permite la supervivencia de empresas ineficientes que deberían extinguirse en condiciones normales de precio del dinero. Esto les lleva a encontrar infinidad de compañías en mal estado, en muy mal estado y cotizando caras, muy caras. Pero el inversor inconsciente sigue comprando fondos de inversión de renta variable mediocres (como siempre hizo con resultados aceptables), pensando erróneamente que los gestores de esos fondos sabrán discriminar las compañías interesantes de las que no lo son. Al igual que ocurre en un concurso de pesca cuando el lago está repleto de peces (buenas compañías en un entorno económico con dinero a un precio justo), donde tanto los buenos pescadores como los no tan buenos consiguen un botín aceptable. ¿Pero qué pasa si el concurso de pesca se realiza en un lugar donde las aguas están contaminadas y los peces escasean? Ahí los pescadores mediocres se quedarán a dos velas, y si se quiere cenar pescado todas las noches, habrá que confiar sólo en los mejores pescadores del lugar y contentarse con piezas más modestas que antaño, cuando las aguas eran cristalinas y rebosantes de vida.

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Esta es la situación actual para los inversores en bolsa. Sólo conseguirán rendimientos aceptables si confían en los mejores gestores que saben seleccionar las escasas buenas empresas a buenos precios en las contaminadas aguas de bolsas caras y compañías ineficientes e insanas.

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Si os deprime este escenario lamento anunciaros que lo que ocurre con la renta fija es aún mucho peor. Los tipos a cero o negativos y la intervención de los principales bancos centrales de todo el mundo, con sus facilidades cuantitativas jamás vistas en toda la Historia económica de la humanidad, han convertido la renta fija en un vertedero de deuda del que solo se puede salir apestado y herido. La mayoría de la deuda en circulación es insolvente -consecuencia directa del dinero gratis- y además cotiza a precios estratosféricos, aplastando su rentabilidad hasta niveles ridículamente bajos o incluso negativos si existe cierta solvencia en su emisor. No hay forma de invertir en renta fija tradicional sin asumir un riesgo de pérdidas permanentes, es decir no recuperables en menos de 5-7 años sin ayuda de la inflación. Como ya dijimos en «El Silencio de los Conservadores» el pasado año, los inversores tradicionalmente conservadores están asumiendo unos riesgos que ni se imaginan. Muchos han seguido las directrices de gestores y asesores que simplemente no conocen alternativas conservadoras más allá de la tradicional renta fija. Otros sin embargo, sabedores del riesgo de insolvencia global, han seguido comprando los activos subvencionados directa o indirectamente por los bancos centrales por miedo a ir a contracorriente, a llevarle la contraria a quienes tienen el poder de fabricar dinero. Todos ellos han asumido, y están asumiendo un riesgo fundamental que combina insolvencia con (in)decisiones políticas. Es cierto que hasta hoy la apuesta les ha salido bien, ya que los bonos de países y empresas insolventes han subido de precio hasta niveles aberrantes. Y ello les ha supuesto unos beneficios adicionales a los cupones, que religiosamente los bancos centrales se han encargado de que puedan pagar. Pero este perfil inversor, que navega a la deriva de las corrientes de bancos centrales y del Mercado en general, no se puede calificar de conservador por el simple hecho de no invertir en la volátil bolsa y haber salido airosos hasta el día de hoy. La menor volatilidad de la renta fija tradicional no implica un menor riesgo, demostrando una vez más que volatilidad y riesgo son conceptos muy distintos, aunque buena parte del sector financiero los confunda.

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Es cierto que llevamos en esta situación ya varios años y que los temerarios inversores de renta fija tradicional y bolsas caras han obtenido rendimientos razonables y escasos disgustos hasta la fecha. Pero no debemos confundir apuestas, que temporalmente pueden ser ganadoras, con inversiones para hacer progresar nuestros patrimonios a largo plazo, sin pérdidas permanentes en el camino.

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La adaptación de nuestras inversiones a la nueva era de la renta variable no es fácil sin el asesoramiento adecuado. El inversor debe afinar más que nunca la selección de gestores de fondos de inversión internacional y abarcar mercados más exóticos donde el crecimiento económico aún tiene mucho recorrido (lo cual es más fácil decirlo que hacerlo). Haberlos haylos comercializados en España, pero no en el banco de la esquina, desgraciadamente, y el abanico es muy escaso. Por otro lado, adaptar nuestras inversiones en renta no variable, o sea el equivalente de la tradicional renta fija, es todavía mucho más complicado: Hay que escarbar en estrategias muy diversas y fondos de cobertura que no se comercializan en España, ni en la mayoría de casos tan siquiera en formato UCITs. Hay que ir a buscarlos en bancos internacionales y suscribirlos desde vehículos de inversión personales que sólo son accesibles para inversores bien informados y de tamaño medio o institucional (a partir de 300.ooo o 400.000 eur).

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Esta dificultad para adaptar las inversiones de los pequeños ahorradores a la nueva era, es una injusticia que los condena a dejar sus 50 o 100 mil euros en el banco de la esquina, asumiendo riesgos enormes en los próximos años. Es decir, los condena a comprar los productos y fondos que les vende la banca comercial, invirtiendo en compañías caras e ineficientes a través de gestores de fondos de renta variable mediocres, e invirtiendo en bonos y fondos de renta fija repletos de papel mojado caro e insolvente como jamás se ha visto en la historia de las finanzas. Lamentable e injusto, pero son pasto inevitable de las pérdidas permanentes que vendrán en los próximos años.

Winter is coming…

Esta es la famosa y recurrente frase que la mayoría hemos escuchado a lo largo de todas las temporadas de la serie de éxito «Juego de Tronos».

Siempre se pronuncia como recordatorio de los tiempos duros a los que se van a enfrentar los protagonistas, pero también como argumento irrefutable para tomar medidas, que no por drásticas dejan de ser necesarias, ante la oscuridad, riguroso frío y escasez ya en ciernes.

Pues bien, diríamos que el invierno para el Sistema financiero también está llegando.

Tan sólo falta un catalizador que desencadene las tremendas consecuencias de las distorsiones a las que los bancos centrales han sometido sus balances y los Mercados. (más…)

Intereses negativos y Darwin.


La esencia de nuestro sistema económico y de Mercado es la eficiencia y la competitividad incentivada por los beneficios. Parece una frase un tanto alambicada, pero supone que el Sistema se basa en conceptos tan lógicos y simples como que todos los agentes que conformamos el Mercado y la Economía global queremos ganar dinero. Por ese motivo tan obvio -y a la vez tan necesario- tratamos de progresar en nuestros trabajos, bien sea como empleados o como empresarios. Todos queremos alcanzar un mayor bienestar, y para ello es necesario progresar y que nuestro trabajo esté, no sólo bien hecho, sino mejor hecho que el de nuestra competencia. Sólo así conseguiremos que nuestro sueldo o nuestros beneficios empresariales mejoren, y con ello lo haga también nuestra capacidad para disfrutar de ese dinero, es decir nuestro bienestar presente y futuro.
(más…)

El proyecto secreto del Superestado Franco-Alemán.

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Con nocturnidad y discreción, los Ministros de Exteriores de Francia (Jean-Marc Ayrault) y Alemania (Frank-Walter Steinmeier) han acordado bilateralmente una serie de propuestas que contradicen radicalmente el modelo de Unión Europea que nos han venido vendiendo los euroburócratas desde hace décadas. La pregunta del millón es a quién proponen esta nueva Europa, y si esta declaración de intenciones es sólo eso o más bien un anuncio en toda regla del nuevo camino que va a emprender el núcleo duro de países europeos, comenzando por el eje Franco-Alemán y sumando al Benelux y a Italia (más por su historia fundacional que por su estado económico actual, obviamente). (más…)

Bill Gross, un bofetón de realismo.

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Bill Gross, ex-gestor estrella de PIMCO y ahora de JANUS, es la viva voz de la experiencia en los mercados de deuda. Es cierto que no siempre sus opiniones publicadas han estado acertadas, pero quizá sus reflexiones NO publicadas sí lo han estado mayoritariamente. De hecho, para nosotros, Gross ha sido un gran comunicador de visiones interesadas. Es decir que en cada momento le ha convenido que los Mercados/inversores/Clientes reaccionasen a sus opiniones publicadas de un determinado modo. No olvidemos que Gross es una voz veterana e influyente como pocas. (más…)

Se acabó lo que se daba.

El horizonte a medio y largo plazo para los inversores es muy oscuro. Un informe de McKinsey Global Institute (descargar aquí) da en el clavo al concluír que los rendimientos de las inversiones en general en las próximas dos décadas (al menos) serán muy escasos. Históricamente muy por debajo de los que han ofrecido los Mercados en los últimos 30 años, y me atrevería a añadir que también muy inferiores a los que se han conseguido de promedio durante todo el siglo XX, Gran Depresión incluída. Motivos para ello sobran si se abren los ojos y se echan cuatro números. Veamos. (más…)

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