Pareciera que nuestra sociedad desarrollada estuviera jugueteando en la arena junto a la orilla del mar, totalmente ajena al tsunami que se nos está echando encima. Esa gran ola que arrasará todo cuanto conocemos no es otra que el cambio disruptivo que están ya generando las nuevas tecnologías, y muy especialmente los avances en inteligencia artificial (AI). Los cambios en la sociedad que vimos durante la revolución industrial o la implementación global de internet fueron un juego de niños en comparación con lo que se nos viene encima. La capacidad tecnológica y de adaptación personal con formación constante, son ya lo que fue la alfabetización de nuestros padres y abuelos. Sin esas capacidades y formación, nuestra vejez, y lo que es más grave, la vida de nuestros hijos, está condenada a una marginación comparable a la de los analfabetos de antaño.
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Pero eso es solo la punta del iceberg, puesto que la inteligencia artificial (AI) supone un avance disruptivo tan trascendente como posiblemente lo fue el dominio del fuego por los primeros homínidos. La revolución del AI eliminará no sólo los restos de puestos de trabajo analógicos que queden en los rincones menos desarrollador del planeta sino buena parte también de los digitales. Hasta nuestra generación, la sociedad y la economía mundial ha sabido sobreponerse, adaptarse y aprovechar los avances tecnológicos a pesar de los temores iniciales. Recordemos las protestas sindicales ante la revolución industrial, cuando las máquinas empezaron a sustituír a trabajadores, que debieron readaptarse a otras tareas laborales. Otro ejemplo sería la fotografía digital, que acabó de la noche a la mañana con gigantes como Kodak y sus carretes de revelado. O los contenidos en streaming como Netflix, HBO, Prime Video, etc. que están obligando a reinventarse o morir al mismísimo imperio de Hollywood. Lo mismo ocurrirá en breve con otros cambios disruptivos como la movilidad en vehículos autopilotados y un sinfín de cambios inminentes que harán irreconocible nuestra sociedad cuando nuestros hijos pretendan incorporarse el mundo laboral. Es cierto que la civilización ha venido asimilando suficientemente estos avances y se han creado más puestos de trabajo de los que se han destruído, puesto que las economías han crecido incluso a mayor ritmo que la población. Pero la velocidad de los avances tecnológicos está siendo exponencial, y especialmente la inteligencia artificial arrollará a la sociedad sin tener tiempo suficiente para reaccionar y readaptarse como lo ha hecho en el pasado.
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Para ello debemos formar a nuestros hijos en universidades punteras y en materias cuya salida laboral no sea carne de cañón ante el despliegue global de la inteligencia artificial. Poco más podemos hacer. Profesiones como las de profesorado, médicos o manufacturas sustituíbles por impresiones 3D, por poner sólo unos ejemplos, tendrán que adaptarse radicalmente a nuevas reglas de juego de la AI si pretenden sobrevivir. Otras como las que conllevan tecleados, atención telefónica, etc. probablemente se extingan sin remedio ante asistentes virtuales, de los que Alexa, Siri, etc son sólo sus primitivas y toscas versiones. Como dice el speaker del video que os enlazamos al final de este artículo, serían lo que llamamos «narrow AI«.
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En definitiva, la revolución de las máquinas ya está aquí, y nuestros hijos van a tener que lidiar en un mundo cambiante y muy distinto al que conocemos. Para ello deberán formarse y adaptarse durante toda su vida, puesto que las tareas profesionales que realicen serán tan efímeras como las costumbres de la sociedad en la que vivirán. Deben evitar profesiones que se van a extinguir, y a la vez formarse constantemente para adaptarse a las nuevas profesiones que surgirán de la nada a una velocidad de vértigo y que ni siquiera podemos imaginar hoy. Nosotros también lo viviremos, aunque probablemente nos afecte algo menos puesto que estaremos ya cerca de la jubilación o ya plenamente dedicados a una vida contemplativa pero abrumadora.
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Para acabar os dejamos con este interesantísimo speech de 8 minutos que realizó el pasado año Michael Harrison, graduado en Física Teórica por el MIT y con un Máster en Arquitectura de Sistemas Aerospaciales por la USC. La inteligencia artificial no solo pone en riesgo muchas de las profesiones presentes a sus niveles de narrow AI y strong AI, sino también la propia civilización cuando alcance el nivel de super-strong AI. Pero eso con suerte no lo verán nuestros hijos… aunque sí nuestros nietos.