Los fondos indexados suponen ya más del 50% del mercado de fondos de acciones en los EE.UU. Y en Europa y el resto del mundo también van ganando más y más adeptos. Los principales culpables de ello son sin duda quienes manejan los hilos de los fondos de gestión activa, que con sus mediocres rendimientos netos arrojan a los inversores escarmentados en brazos de los fondos de gestión pasiva. El razonamiento de estos inversores escarmentados es simple: Puestos a ganar poco, al menos pagar escasas comisiones por ello. Pero que la mayoría de fondos de gestión activa (entre 8 y 9 de cada 10) sean mediocres y no superen a sus respectivos índices, no implica que los inversores deban conformarse y dejar de buscar esa minoría que los superan y con creces, como ya explicamos en nuestro artículo publicado en la web de COBAS hace un par de años. Ahí va un ejemplo del alpha en rendimientos NETOS que consiguen determinados gestores estrella por encima de cualquier fondo indexado, y además con menor volatilidad:
Obviamente, para el inversor que que se informe más allá del pescado que venden los bancos en España, existen joyas como la del gráfico anterior, que superan de manera fulminante a los ETFs y demás fondos índices. Pero es que, además, las comparativas son aún más odiosas si analizamos en profundidad lo que está ocurriendo en la industria de los fondos indexados y ETFs. Veamos algunas de sus miserias:
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Al igual que un fabricante de comida basura dista mucho de un buen chef, los responsables de gigantescos fondos indexados como los de BlackRock, Vanguard Group o StateStreet Corp nada tienen que ver con los buenos gestores de fondos de gestión Value. Los primeros sólo se preocupan de rellenar millones de cajas de cartón con algo que parezca comida, que sea barato y atractivo para los compradores. Les da absolutamente igual si sus clientes van a sufrir problemas de obesidad, hipertensión o cualquier otro problema de salud. Solo les importa vender cada día más y más volumen a bajo coste. Del mismo modo, los fondos indexados se centran exclusivamente en meter más y más millones en sus carteras, sin importarles en absoluto si lo que están comprando son buenos o malos negocios, bien o mal dirigidos, sin importarles su precio razonable, ni mucho menos los rendimientos que a largo plazo van a ofrecer a sus accionistas. Al fin y al cabo ¿por qué debería preocuparles, si cada día más y más inversores huyen de los restaurantes caros y se resignan a saciar su hambre a base de comida basura barata?
Lo que muchos no saben es que estos tres gigantes de la industria de fondos indexados y ETFs son los responsables de mantener directivos ineficientes en las empresas que invierten. Los motivos pueden ser, pensando bien, por pura despreocupación, pero si rascamos un poquito aparecen intereses inconfesables, como explicaremos más adelante. Y es que su tamaño empieza a ser tal, que sus votos en los consejos de administración son determinantes para mantener o sustituir equipos directivos. El resultado es que no solo invierten indiscriminadamente en empresas buenas y malas (algo inherente a la gestión pasiva o indexada), sino que además perpetúan con sus votos a malos directivos en sus cargos. La pregunta del millón es qué interés pueden tener esos dueños de los fondos índice en mantener y pagar bonus millonarios a directivos ineptos. Como siempre, el diablo está en los detalles.
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Un estudio realizado por Reuters a través de la empresa Proxy Insight (gráfico inferior) revela que en las 300 peores empresas del índice Russell3000 con votos delegados, en el 93% de los casos BlackRock votó a favor de los directivos, Vanguard en el 91% de ellos y StateStreet en el 84%. El estudio concluye que estos tres gigantes solo apoyaron a los directivos de las empresas con peor rendimiento ligeramente menos que al resto de empresas del índice, o sea sin importarles en absoluto si los directivos estaban o no perjudicando los beneficios y la marcha de sus empresas.
La prueba del algodón es que los porcentajes de apoyo a equipos directivos de malas empresas por parte de los grandes fondos de pensiones, caen significativamente. Claro, a los fondos de pensiones sí les importa el rendimiento para sus futuros jubilados.
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Alguno podrá decir que los gestores de fondos de gestión activa tampoco suelen llevar la contraria a los directivos que ostentan sus cargos, pero la realidad es que los gestores activos ya no invierten en empresas cuyos directivos lo estén haciendo mal o no estén de acuerdo con las decisiones que toman. De hecho esa es la esencia de la gestión activa, discriminar los buenos negocios gestionados por buenos directivos, y además teniendo en cuenta su precio respecto su valor intrínseco, en el caso de la gestión Value (comparad estos rendimientos con los de cualquier fondo pasivo). Es más, suponiendo que un gestor activo mediocre, gandul o desinformado compre una mala empresa y además apoye con su voto delegado a un equipo directivo malo, el peso que va a tener en la votación será infinitamente menos determinante que el que tiene un gigantesco fondo indexado o ETF.
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Por tanto, el riesgo de que las empresas mediocres con directivos mediocres se perpetúen en el tiempo, por culpa de los votos delegados de accionistas gigantescos como son los ETFs y fondos índice, es más que considerable. ¿Por qué van a preocuparse esos fondos pasivos de la buena marcha de las empresas que tienen en cartera si su misión no es superar al índice sino simplemente replicarlo? ¿Por qué van a enfrentarse con sus malos directivos, van a sustituirlos o van a negarles un super bonus, si su único incentivo es el de hacer crecer el fondo y no el rendimiento de los partícipes?
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Otro motivo -éste más maquiavélico e inmoral- para no llevar la contraria a los malos directivos de las grandes corporaciones es que son esos mismos directivos los que están colocando esos fondos de gestión pasiva entre sus miles y miles de empleados. Cómo se explica si no que, tanto Vanguard como State Street o BlackRock, votasen favorablemente para doblarle el sueldo al CEO de la compañía energética PG&E Corp, justo después de que sus acciones se desplomasen por los indicios de responsabilidad de la compañía en los incendios de de California. O que aprobasen bonus estratosféricos para los directivos de la compañía de cosmética Coty Inc -incluyendo medio millón de dólares para pagar los colegios de sus hijos- después de que la compañía se tambaleara por culpa de la temeraria adquisición que hicieron de la división de belleza de Procter & Gamble. También han vetado al unísono un intento del resto de los accionistas de diversificar el poder ejecutivo del CEO y a la vez Presidente del Consejo de General Electric Co, después de una década de malos resultados, etc., etc, etc… Incluso en los pocos casos del estudio del Russell3000 en los que los accionistas consiguieron vetar las bonificaciones a los directivos, en el 60% de ellos BlackRock intentó con su voto bonificarlos.
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Tened en cuenta que las mayores posiciones que ostentan los fondos indexados y ETFs, al igual que ocurre con los índices que replican, son de compañías muy grandes, es decir con mayor número de empleados en todo el mundo. Esto es un círculo vicioso, ya que esos directivos no dejan de ser colocadores de los fondos a cambio de que en los consejos de administración los propietarios de los fondos voten favorablemente para que cobren sus bonus millonarios. Win-Win para ellos, pero lose-lose para inversores de ETFs/fondos indexados y para la Economía en general.
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Como los principales afectados por la escasa calidad de las carteras son los propios inversores de dichos fondos, pudiera parecer que este círculo finalmente se cierra con cierta justicia. Pero no hay que despreciar el daño que se le está haciendo a la Economía global. porque cada día los Mercados financian con más y más millones a empresas y equipos mediocres sin que a nadie le importe esa asignación de capital ineficiente. Además los bancos centrales occidentales siguen con la barra libre de dinero gratis, y con esas inyecciones billonarias, junto con las de los fondos de gestión pasiva, nos estamos cargando la teoría evolutiva de Darwin. O sea, manteniendo empresas y directivos zombies con dinero creado de la nada y de inversores más preocupados por ahorrar comisiones que por invertur correctamente su dinero.
Ya lo dijo Mark Mobius, ex-chairman ejecutivo de Templeton y fundador de Mobius Capital Partners en un artículo del mes de Marzo: Hay que invertir en las bolsas de los aún llamados países emergentes. Y esta vez es el think-tank financiero Gavekal Research quien publica un informe titulado «Wealth transfer to Emerging Markets» que no tiene desperdicio. En él se dice que la era Keynesiana, es decir, de represión financiera, de facilidades cuantitativas (QE) o en definitiva la Era en la que los principales bancos centrales del mundo (FED, BCE, BoJ, etc) reducen el precio del dinero para reactivar el crecimiento anémico de las economías Occidentales del planeta, son chutes de crecimiento económico directamente en las venas de las economías Emergentes.
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Cuando el rendimiento del Oro supera al de las principales divisas desarrolladas del planeta, el mundo entra en lo que llaman una Era Keynesiana. Si a ello le añadimos una acción coordinada de los bancos centrales de las economías desarrolladas, las políticas actuales de quantitative easing y tipos por los suelos son la eutanasia del rentista. La cuestión es, ¿quién se beneficia de esta muerte anunciada? Los mercados Emergentes, sin duda. Y comprobaremos esa clara transferencia de dinero desde los mercados desarrollados hacia los emergentes en este gráfico núm 1:
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El eje inferior determina el crecimiento del PIB per capita (a precio de USD constante) desde el fin del patrón oro. Vemos como, tanto en épocas Keynesianas como en épocas Wicksellianas (por Knut Wicksell, que abogaba por unos tipos siguendo la corriente del crecimiento económico y no como herramienta correctora), el crecimiento es el mismo si tomamos el mundo en su conjunto. Pero fijaos que si distinguimos los países emergentes de los desarrollados, la cosa cambia radicalmente. Ahí el crecimiento de las economías emergentes se ve claramente favorecido por las épocas Keynesianas, justo al contrario de lo que sucede con los países desarrollados. Y también al contrario de lo que en principio se pretende con la política Keynesiana.
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¿Por qué sucede esto, cuando intuitivamente parecería que las políticas monetarias laxas en divisas occidentales debieran favorecer el resurgir precisamente de las economías de los países desarrollados y no las de los emergentes? La primera razón es que los emergentes, muchos de ellos exportadores de materias primas, aumentan sus beneficios debido al aumento de precios de sus exportaciones. Y es que los activos reales (commodities) tienden a encarecerse cuando las divisas occidentales se deprecian respecto al resto de activos y divisas, cosa que ocurre en las Eras Keynesianas de bajos tipos.
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Lo vemos muy claro en el gráfico núm. 2, donde, por el contrario, las épocas Wicksellianas son poco menos que la ruina de los exportadores de materias primas.
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La segunda razón es que la deuda externa en USD de las empresas de países emergentes se abarata con los tipos bajos de las eras Keynesianas, lo cual genera beneficios adicionales a dichas empresas. Muy especialmente de aquellas que pertenecen a países con economías saneadas, poco endeudadas y muy productivas, donde sus divisas se mantienen estables o incluso se aprecian.
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El gráfico núm. 3 mide el exceso que pagan los depósitos en moneda local respecto al USD. Dicho de otra manera, el coste de financiación que esas empresas ahorran respecto al coste que tendrían en divisa local durante las eras Keynesianas. Concretamente el exceso de coste de moneda local está entre el 4% y el 12% anual en los países BRICS. El ahorro es muy significativo para los mercados emergentes, tanto como lo es a la inversa para los desarrollados, que a su vez se beneficiaran de esa era Keynesiana al colocar su capital en economías emergentes asumiendo el riesgo divisa local. O sea, que el capital vuela hacia las economías Emergentes por diversas vías en estos tiempos de dinero gratis en Occidente. Entre otras razones porque es un dinero gratis que en el propio Occidente no hay donde colocarlo para que rinda lo más mínimo.
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Además, TrackMacro confirma que a fecha de este mes de Septiembre 2019, el ranking de riesgos de poseer acciones de empresas en los diversas economías mundiales es el que podemos ver en el gráfico núm 4. Es decir, que los países exportadores de materias primas empiezan a hacer su Agosto desde el pasado Agosto, liderando el gráfico en los últimos 5 meses. Notad que en el grupo de «Developing Asia» se excluyen los asiáticos exportadores de materias primas, que se computan como «Commodity exporters». Por tanto, obviamente no todos los países emergentes gozan de estos flujos de dinero, del mismo modo que tampoco podemos considerar al mismo nivel la economía alemana y la griega, a pesar de que ambas sean «desarrolladas europeas».
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Para acabar de reafirmar la conveniencia de invertir en ciertos Mercados Emergentes, TrackMacro también publica que de acuerdo a los indicadores macro fundamentales, los principales exportadores de materias primas como Rusia o Brasil disfrutan de una atractiva relación valor/riesgo. Si a todo ello añadimos las medidas en la buena dirección que están tomando distintos gobiernos emergentes, como por ejemplo la bajada de impuestos de sociedades en India, que les permite su bajo endeudamiento y una demografía productiva, la recomendación es aún más potente. Hay que invertir en economías de paises emergentes con la naturalidad, la confianza y las mejores perspectivas, como antaño tenían los mercados desarrollados. Pero eso sí, haciéndolo a través de los mejores gestores de fondos de inversión locales, que conocen perfectamente no solo las empresas de su país sino también sus intríngulis legislativos, contables, fiscales e incluso culturales.
Invertir con el viento a favor de los mercados Emergentes y evitar los vientos en contra (endeudamiento, demográfico, recesión, escasa productividad, etc.) va a ser la clave en los próximos años. Para los tenedores de las típicas carteras de acciones españolas ahí va un dato demoledor: Hoy el Ibex35 está al mismo nivel que en 1998, la bolsa alemana se ha multiplicado en ese mismo periodo x2,5, la de USA x2,7 y la de India x10,5. Pero lo peor para unos y lo mejor para otros está por llegar.
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Conclusión: Las políticas Keynesianas en las principales economías desarrolladas deberían en teoría luchar contra las inercias deflacionarias, estimular el crecimiento local y fortalecer a las compañías occidentales ante los competidores de países emergentes. Pero el resultado de dicha política de facilidad cuantitativa y tipos bajo cero puede ser exactamente el contrario. La depreciación de las divisas occidentales conduce a una inyección de ingentes masas de dinero hacia las economías emergentes (que por otra parte son de por sí imanes para la inversión natural, aún sin medidas desesperadas en Occidente). Los inversores hoy en día sufren una situación asimétrica, donde sus divisas principales han dejado de ser valores refugio a causa de los tipos bajos. Esta Era de los Bancos Centrales favorece a priori el oro, los activos reales y las acciones de empresas emergentes, y lo hace en detrimento de las economías desarrolladas, la deuda soberana y las acciones de empresas occidentales.
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Como bien decía Mark Mobius en el artículo citado, a finales de los años ochenta las economías emergentes tan sólo pesaban un 5% del Mercado global, pero ahora suponen más de un 40%, y subiendo rápidamente. En esos años los inversores no podían invertir en más de media docena de bolsas, y sin embargo ahora tenemos más de 70 mercados abiertos a la creciente inversión extranjera, perfectamente dotados de los medios técnicos más punteros y supervisados por reguladores de alto nivel profesional. Esto permite en la actualidad una enorme diversificación y seguridad, y nos marca el camino a seguir: Es el momento de invertir en determinadas economías emergentes -o ya emergidas- donde se está produciendo una tremenda recuperación y crecimiento económico.Además, la guerra comercial USA-China no es más que oportunidad de oro para hacerlo a precios moderados. Y quien siga vendiendo el miedo a invertir en los mercados emergentes está desinformado y obsoleto, o bien obedece órdenes de sus superiores para vender un pescado deflacionario, recesivo y que huele muy mal ya desde que los bancos centrales abrieron el grifo para mantener en pie economías y empresas zombies.
Recientemente el diario Público ha entrevistado a diversos deportistas españoles que decidieron marcharse a estudiar a universidades de USA para perfeccionar sus carreras, tanto académicas como deportivas. Esta sangría de talentos no solo la viene sufriendo nuestro país a nivel deportivo sino también a nivel académico, ya que cualquier estudiante de nivel medio o medio-alto tiene cabida en el sistema universitario norteamericano.
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Veamos las motivaciones que llevan a deportistas y a «simples» estudiantes seguir sus carreras en universidades norteamericanas. Para los deportistas el hecho de formarse allí les conlleva la consecución de un título universitario que muy probablemente aquí no conseguirían, ya que les resultaría muy difícil compatibilizar su carrera deportiva, entrenamientos y torneos con las clases y los exámenes. El resultado es que muy pocos deportistas españoles tienen una titulación universitaria cuando finalizan su más o menos exitosa carrera deportiva. En los EE.UU. el éxito deportivo no solo es compatible sino que va obligatoriamente de la mano del mundo universitario. La compatibilidad por tanto de entrenamientos y competiciones que les van a llevar al deporte profesional, con clases, estudios y exámenes es total y absoluta. Además, las instalaciones, nivel deportivo y calidad de entrenadores de las áreas deportivas del sistema universitario en USA es de ensueño, ya que sus presupuestos están a años luz de los de cualquier club deportivo en España, lamentablemente.
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En defintiva, un deportista que con 16-18 años toma la decisión de quedarse en España, se juega su futuro a una sola carta: La de triunfar suficientemente como profesional del deporte o quedar relegado a ser, por ejemplo, un mero entrenador sin carrera universitaria. En el mejor de los casos deberán reciclarse académicamente cuando tiren la toalla de su carrera profesional, tarde y mal, para conseguir un trabajo. En cambio, un deportista que se vaya a una universidad americana, aunque tampoco consiga triunfar lo suficiente como profesional, al menos tendrá un título universitario (amenudo vinculado al mundo del deporte) que le permitirá abrirse camino en el mundo post-deportivo con las mismas posibilidades que cualquier otro licenciado. Además, podrá obtener incluso sus masters o postgrados mientras sigue con su carrera deportiva.
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La madrileña Estela Pérez-Somarriba, estudiante de University of Miami y campeona de la NCAA (la liga universitaria de tenis más competitiva del mundo), lo explica perfectamente en dicha entrevista:
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“Hice muy bien en mirar a largo plazo. Quería dedicarme al tenis profesionalmente, siempre había sido mi sueño y aún lo es. Pero al acabar el bachillerato, empecé a poner en la balanza la parte académica, tenística, económica y personal. No sabía si quería vivir en Madrid toda mi vida, me faltaba madurar, no me podía permitir viajar y pagar a un entrenador para dar el salto profesional, y en Estados Unidos podía compaginar el deporte con una carrera”.
Estela estudia Económicas y Gestión del Deporte, y no puede estar más satisfecha de la decisió que tomó. Su objetivo ahora es saltar al circuito profesional femenino (WTA) en cuanto se gradue, cosa que además hará becada de principio a fin por la propia universidad:
“Los recursos físicos, médicos, las instalaciones, los asesores y profesores te ayudan mucho. Mi día a día es duro, pero somos deportistas de alto nivel y si quieres ser el mejor en tu deporte y sacarte una carrera, siempre va a ser un reto. Pero aquí tengo muchas facilidades que antes no tenía”.
Pero no solo los deportistas tienen su camino abierto al mundo universitario en USA. Cada día más y más alumnos que no practican ningún deporte estudian en las más de 2000 universidades existentes en todo el país. Y es que los precios no son tan abusivos como a priori muchas familias podrían pensar. Ni tampocolos niveles académicos requeridos son tan altos.
Cualquier estudiante de nivel medio tiene su lugar en una universidad americana. Los precios no tienen porqué ser mayores que los costes de una universidad privada española. Y la manutención, es decir apartamento y comidas, dentro del propio campus universitario cuesta lo mismo que enviar a nuestros hijos a estudiar a Madrid, Barcelona, Sevilla, Bilbao o cualquier ciudad española. Podéis ver el detalle de los costes y rangos de precios en nuestro artículo: «¿Puedo enviar a mis hijos a estudiar a una Universidad en USA?«
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Además, no nos engañemos, la titulación de una universidad norteamericana va abrirles a nuestros hijos más puertas profesionales y laborales que una titulación española. Tanto si regresan a España para buscar trabajo como si se quedan en los EE.UU. o se van a vivir a cualquier país del mundo, llevar bajo el brazo unos títulos universitarios de cualquier universidad norteamericana va a marcarles la diferencia de por vida. ¿Qué mejor herencia que esa les podemos dejar?
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Aunque pueda sorprender a muchos, el proceso de preparación para ser admitidos por una universidad norteamericana debe realizarse con un mínimo de año y medio de antelación y el asesoramiento especializado adecuado. Es decir que, como ya explicamos aquí, el momento para iniciar el proceso es entre el fin del 4º de ESO y la primera mitad del 1º de Bachillerato.
En este artículo de Público podréis encontrar otras historias de deportistas españoles que inteligentemente decidieron desarrollar su carrera en USA.
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En definitiva, familias con hijos con edades de 15-17 años, sean o no deportistas, sean o no estudiantes brillantes, explorad las posibilidades académicas y de becas que os ofrece el mundo universitario norteamericano. Marcará la diferencia en sus vidas, y en las vuestras.
A la mayoría de padres les sorprende saber que si quieren que sus hijos puedan estudiar en una Universidad norteamericana deben iniciar el proceso un par de años antes de terminar el bachillerato. Por eso, en muchos casos, cuando toman la decisión familiar de sondear las posibilidades de sus hijos para estudiar en el mejor sistema universitario del planeta, es ya demasiado tarde. El timing correcto es comenzar el proceso en estas fechas, cuando han finalizado el 4º de ESO o a principios de 1º de bachillerato. De ese modo se puede aprovechar el verano y el curso para realizar alguna actividad extraescolar que mejore sustancialmente su expediente y CV de cara al proceso de aplicación universitario. Sí, es cierto que también se puede comenzar el camino hacia universidad americana a finales del curso de 1º de bachillerato, pero si lo hacemos entonces todos los pasos se deberán dar con mayores prisas, lo cual va a ser más estresante, y sobre todo va a permitirnos menos intentos para conseguir buenas calificaciones en los distintos exámenes que se deben realizar en los centros oficiales designados en diversas ciudades españolas. No obstante, incluso ya en 2º de bachillerato hemos conseguido realizar aplicaciones express, aunque lo suyo es aplicar para el año posterior, aprovechando uno o dos semestres sabáticos para mejorar el inglés o asistir como oyente a alguna universidad española sin ninguna presión.
Sorprende a la mayoría de familias saber que no es necesario que las notas sean excelentes, aunque lógicamente eso ayuda a acceder a mejores universidades, pero cuañquier alumno con un promedio de 6 tiene también sus opciones si se esfuerza en los exámenes de acceso. También sorprende a muchos padres saber que los costes pueden ser mucho más asequibles de lo que creían, y muy parecidos a los que tendría cualquier familia que envíe a sus hijos a estudiar a una universidad privada de cualquier ciudad española o europea. A continuación os copiamos los costes anuales que publicamos en nuestro anterior artículo: «¿Puedo enviar a mis hijos a estudiar a una Universidad en los EE.UU.?«. Como veréis, existen excelentes opciones de universidades con costes equivalentes a las privadas españolas. Además, hay posibles de becas y ayudas que reducen sustancialmente los costes, especialmente de las más caras, en función lógicamente de los méritos académicos del alumno/a y las necesidades económicas familiares. Los siguientes costes anuales son brutos, es decir que habría que deducirles posibles becas y ayudas:
Coste de matrícula:
Entre 10 y 55 mil € dependiendo del prestigio y calidad de la universidad.
Coste de habitación y comidas:
Entre 8 y 15 mil €
Libros, material, viajes y gastos varios:
Entre 2 y 3 mil €
Seguro médico para estudiantes internacionales:
Entre mil y 2 mil €
El proceso para ser admitidos en Universidades de USA es largo y complejo para los alumnos y para toda la familia, y puede resultar muy estresante. Por ello, las probabilidades de éxito sin el asesoramiento y acompañamiento de la mano de consultores y coaches profesionales, son escasas. Como ya dijimos en el citado artículo, desde Cluster Family Office, hace ya varios años que estamos ayudando a muchas familias a cumplir su sueño americano. Nuestro servicio de asesoramiento incluye todo el proceso de principio a fin, desde que el candidato/a está finalizando la ESO hasta prácticamente la puerta del avión que le llevará a iniciar su andadura en las universidades de USA que mejor se adapten al potencial académico y económico de cada caso. Les asesoramos y acompañamos en todo el proceso incluyendo la elección de una lista de universidades a aplicar, los Essays, las cartas de recomendación, las solicitudes de becas, el visado, la residencia y demás logística familiar, etc. En esa lista definitiva de entre 8 y 12 universidades a las que aplica cada candidato/a, incluiremos 3 o 4 Universidades que se ajusten a sus necesidades y donde es prácticamente seguro que será admitido; otras 3 o 4 en las que tendrá ciertas posibilidades; y finalmente 3 o 4 más en las que las probabilidades de acceso serán escasas (las que solemos calificar como la carta a los reyes magos), pero que en algunas ocasiones puede sonar la flauta y acabar siendo admitido/a en una Universidad de ensueño, a pesar de que su porcentaje de aceptación sea muy bajo.
La principal diferencia entre las Universidades norteamericanas y las españolas son evidentemente los recursos económicos de los que disponen en EE.UU. Dichos recursos millonarios se convierten en instalaciones espectaculares, profesorados prestigiosísimos, presupuestos disponibles para trabajos de investigación tanto a nivel de postgraduados como de alumnos recién llegados, residencias y comedores estudiantiles de primera, y en difinitiva dinero para que los estudiantes den de sí infinitamente más, tanto a nivel académico como personal. Las grandes universidades públicas y privadas norteamericanas son como auténticas ciudades, con equipamientos espectaculares para practicar todo tipo de deportes, estadios mayores que los de muchso clubes de futbol españoles de primera división, tiendas, bancos, cines, teatros y hasta con policía propia de la universidad. Todo ello dentro del campus universitario. Con estos equipamientos, a nadie se le escapa que la vida estudiantil de un alumno que se queda en universidades españolas es radicalmente distinta a las vivencias durante los años de universidad en los USA.
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A continuación os dejamos unos enlaces para que os hagáis una idea de los apartamentos, habitaciones, instalaciones y del ambiente que se vive en las familias que han pasado por ese proceso y reciben la noticia de la admisión final a la universidad de sus sueños. Y al final de «Estudiar en universidad en USA» encontraréis también diversos videos de lo que significa verdaderamente la vida univesitaria en Estados Unidos.
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Podéis pedirnos una entrevista en Madrid o Barcelona sin compromiso para valorar las posibilidades de vuestros hijos a través de info@clusterfamilyoffice.com
Vamos a resumiros el estudio que han realizado tres prestigiosos investigadores y proferores de Princeton y Columbia vinculados al equipo de investigación de la Reserva Federal del Banco de Nueva York, Mary Amiti, Stephen Redding y David Weinstein. En dicho estudio muestran los costes insostenibles que el aumento de tarifas perpetrado por Trump tendría en los bolsillos de la familia media de los EE.UU. si se prolongasen en el tiempo. Por ello, las probabilidades de que esos impuestos se lleven por delante las 2 economías más potentes del planeta, son materialmente nulas. Y hay que verlas como bravuconadas recíprocas entre un pollo sin cabeza y otro con cabeza, que nos brindan una muy buena oportunidad para posicionarnos en los mercados de bolsa (especialmente asiáticas como propone también en este artículo Mark Mobius). Veamos las cifras:
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Las tarifas actuales impuestas a productos chinos son del 10%, y recientemente se aumentaron hasta el 25% pero con una moratoria de 90 días para dar margen de negociación (vieja táctica). Para averiguar el impacto que tendría ese 15% adicional de impuestos, con el que amenaza Trump si no llegan a un acuerdo antes de finales de dicho plazo, el cálculo parte del estudio previo sobre el impacto de los actuales impuestos del 10% aplicados en 2018. En él se llega a la conclusión de que el impacto supone un coste de $414 anuales por familia, entre lo que deberán gastar de más las familias medias para pagar los impuestos adicionales, y lo que llaman pérdida de eficiencia o peso muerto. Cabe recordar aquí que una proporción enorme de artículos proviene de China, y que el resto tienen en su interior y/o proceso de fabricación elementos chinos, por lo que un bloqueo temporal por parte de Jinping sería un colapso mundial inimaginable. Vamos que los chinos tienen el botón nuclear comercial y los norteamericanos no. Pero volvamos a los números.
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La magnitud de estos costes depende de como las tarifas aduaneras afectan a los precios que añaden los importadores a sus productos, y también de la demanda de productos importados de China. Diversos estudios, incluído el mencionado, han llegado a la conclusión de que los aumentos tarifarios que los EE.UU. impusieron en 2018 han pasado directamente a aumentar los precios de las importaciones, lo que significa que los exportadores chinos no redujeron nada sus precios para paliar el aumento del precio final para sus clientes norteamericanos. La proporción de aumento del precio final respecto al del impuesto aduanero fue por tanto prácticamente 1 a 1. Lo que esa imposición inicial del 10% a productos chinos sí produjo fue, lógicamente, una caída en la demanda de importaciones chinas del 43%, ya que el primer movimiento lógico de los importadores es aplazar compras, y posteriormente buscar proveedores y rutas alternativas.
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Los compradores norteamericanos de productos chinos ahora pagan un impuesto del 10% adicional a su precio base de siempre, es decir que un artículo que a un consumidor o importador americano le costaba $100, ahora le cuesta $110. Esto añade $10 a su coste particular pero no a la economía norteamericana en su conjunto, ya que esos $10 adicionales los cobra el gobierno en forma de impuesto. El gobierno, a su vez debería -o potencialmente podría- revertir esos mismos $10 y aplicarlos en beneficio de sus ciudadanos (también de aquellos que no compran o importan productos chinos).
Recordemos aquí que la demanda se redistribuye naturalmente entre los que siguen comprando productos chinos más caros y los que se pasan a productos alternativos no tan caros. Por tanto, algunos importadores o consumidores reorganizarán sus acuerdos comerciales o preferencias de compra, de manera que comprarán artículos sustitutivos a un precio inferior a los $110 que les cuestan ahora los productos chinos. Por ejemplo, un artículo sustitutivo vietnamita o malasio con un coste de $105. En este caso el coste del importador/comprador ha aumentado sólo $5 y no los 10$ que le supondría seguir comprando el chino. Pero ojo, en este caso la economía americana en su conjunto también pierde, puesto que no existe un retorno de esos $5 en forma de impuestos que redistribuir a la población. Además, está ampliamente demostrado que los importadores acabarán importando productos sustitutivos sólo ligeramente por debajo del precio del producto chino. Es decir que se importará a $108 o $109 y no a $101 o $105, puesto que la comprativa ante la decisón de compra se realizará sobre el precio actual del producto chino, o sea $110. También se cumplirá esta máxima porque los ofertantes tomarán la comparativa del precio chino de $110 para establecer sus ofertas al mercado norteamericano. Este aumento de coste de la cadena productiva inducido por el aumento en las tarifas de importación se conoce como pérdida de eficiencia o peso muerto.
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La teoría económica nos dice que ese peso muerto tiende a crecer más que proporcionalmente a medida en que las tarifas aumentan, ya que los importadores y consumidores se ven inducidos a aceptar precios más y más caros cuando los impuestos suben. Además, unas tarifas aduaneras muy altas causan una caída en la recaudación de impuestos, ya que los compradores dejan de importar productos de un país perjudicado por esas tarifas/sanciones y buscan otros proveedores/artículos de otros países, más baratos en precio final pero menos eficientes. Pensemos que hasta ese momento sus proveedores/artículos eran chinos porque habían elegido esa opción como la más eficiente de todas las opciones que los importadores/consumidores habían contemplado. Por tanto, esas segundas y terceras opciones, a más de $100, con las que se ven ahora abocados a comerciar, son por definición menos eficientes (peor relación calidad-precio, peor eficiencia logística, peor robustez, peor servicios post-venta, peor marketing, peor packaging, peor fiabilidad, peor política de devoluciones, reparaciones, etc.) que los productos chinos que venían comprando a $100.
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Podemos ver como actúan esas dos variables comparando los costes estimados de las tarifas de 2018 con el aumento recientemente anunciado por Trump de $200.000 millones adicionales para los productos chinos. Como se puede ver en la siguiente tabla, en Noviembre 2018, con el 10% de tarifas actuales ya implementadas, los importadores norteamericanos estaban pagando $3.000 millones al mes en impuestos adicionales y sufriendo $1.400 millones adicionales en pérdidas de eficiencia o pérdidas de peso muerto.
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Por tanto, la factura total para los importadores de EE.UU. fue de $4.400 millones al mes. Si anualizamos estas cifras obtendremos $52.800 millones, o $414 por familia y año. De dicho coste, $282 por familia corresponden a dinero que va a parar a las arcas del gobierno de USA, y por tanto relativamente recuperable por el conjunto de la sociedad norteamericana. Sin embargo, las pérdidas de eficiencia o peso muerto alcanzan los $132 por familia y año, y representan la pérdida neta de la economía de EE.UU. más allá de los pagos de impuestos adicionales.
Basándonos en estas cifras podemos calcular el coste que tendrá el incremento adicional de tarifas que ha anunciado Trump para el próximo trimestre, aumentando del 10% actual al 25%. En la tabla vemos como los ingresos en impuestos para el gobierno caerán de los $282 a los $211 por familia y año, ya que el incremento impositivo a los productos chinos será ya tan costoso que los consumidores americanos empezarán ya a consumir artículos sustitutivos que no conlleven esas tarifas, como por ejemplo productos de Vietnam u otros países emergentes, como hemos dicho anteriormente. Recordemos que estas segundas y terceras opciones importadas son menos eficientes (más caras que el coste del producto chino antes de las tarifas), y además el gobierno ya no ingresa esos impuestos. Algunos diréis que el consumidor/importador americano puede sustituir los productos chinos por otros locales norteamericanos y evitar así la pérdida de eficiencia o peso muerto. Pero la realidad que demuestran los estudios hechos al respecto es que son otros países emergentes quienes se llevan el gato al agua, ya que los productos de países desarrollados como los EE.UU. tienen costes de producción mucho mayores. Y no solo costes muy superiores, sino que además tienen una capacidad de producción muy limitada (adaptada a la demanda y cuota de mercado actual), que tardaría años y años en poder satisfacer la demanda, aún si alcanzase lo inalcanzable, o sea la eficiencia de calidad-precio de los países emergentes. Además, el peso muerto de la pérdida de eficiencia aumenta tanto si los consumidores se pasan a artículos más caros extranjeros como o otros más caros nacionales.
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A resultas de este cambio al que importadores y consumidores se están viendo y se verán temporalmente forzados (hasta que Trump salte por los aires o los lobbies lo obliguen a recular, como explicaremos a continuación), se estima un incremento de las pérdidas de eficiencia por familia desde los $132 hasta los $620 anuales, llevando el peso muerto total que soportarán las familias media norteamericanas hasta los $831 por año, si se hace efectiva la amenaza del 15% de impuestos aduaneros adicionales. Por tanto, este aumento de las tarifas a las importaciones chinas van a crear enormes distorsiones económicas en la sociedad norteamericana, y además una reducción sustancial de los ingresos del gobierno. Pero no solo los ciudadanos van a verse seriamente afectados. Imaginaos las pérdidas que pueden sufrir las gigantes empresas tecnológicas (y no tecnológicas) americanas con las derivadas de la guerra comercial y boicots de software a gigantes como Huawuei. Recordad que Jinping tiene el control absoluto de un mercado de más de 1.300 millones de potenciales consumidores, y una influencia en El resto de países asiáticos y africanos enorme y creciente. Todo ello está generando ya represalias cruzadas que generan y generarán un sinfín de daños colaterales que, a buen seguro, jamás han calculado Trump y su equipo de ultra-nacionalistas republicanos.
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La pregunta del millón es ¿qué van a hacer las grandes corporaciones como Google, Amazon, Microsoft, Apple, etc. ante unas represalias chinas que, aunque más discretas, serán igual o más sangrientas que las de la administración norteamericana cacareadas por los western media? Pues obviamente, ante inminentes pérdidas de decenas de miles de millones, van a preferir gastar miles de millones en lobbies que obliguen a Trump a revertir la situación. Y miles de millones, sin lugar a dudas, van a permitir a los lobbies, de manera perfectamente legal, ejercer presiones absolutamente insoportables para la administración Trump. No olvidemos que en los EE.UU. el Congreso, con una mayoría cualificada, puede obligar al presidente y a su gobierno a hacer lo que quiera. Dicho de otra manera, pueden prohibir a la administración Trump cualquier tipo de tariff o sanción a los productos chinos con 290/435 congresistas. Actualmente la mayoría Demócrata ya es del 54% en el congreso, por tanto le faltarían tan solo «convencer» a un 12,6% de los congresistas Republicanos, algunos de los cuales caerán por su propio peso en cuanto las tarifas empiecen a dañar seriamente los bolsillos de sus votantes.
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En definitiva, la guerra comercial entre EE.UU. y China es tan dañina, especialmente para la economía norteamericana, que tiene fecha de caducidad. Y Trump lo sabe. En este chicken game, quien tiene un Congreso que lo controla, quien depende de los votos y los lobbies empresariales, en definitiva quien es una democracia, sabe que tiene la partida perdida. El ganador no puede ser otro que una China cuyo presidente ejecuta planificaciones a décadas vista sin importarle la opinión de los votantes (sic) ni de sus corporaciones, que están al servicio del gobierno y por supuesto sin lobby alguno. Jamás Trump ni nadie en la democracia de los EE.UU. podrá doblegar política ni comercialmente la dictadura y la economía planificada de los chinos. Por tanto, aunque Trump necesitará poner un final digno a su aventura, vendiéndolo en los western media con titulares como «hemos conseguido el mejor acuerdo comercial de la historia, bla, bla..», la guerra comercial no puede durar más que unos cuantos trimestres. Las grandes corporaciones norteamericanas no lo permitirán, vía lobbies y mayoría cualificada del Congreso. Incluso esta «guerra comercial» puede estar materialmente desactivada cuando aún públicamente se siga hablando de ella por intereses políticos electoralistas de Trump. Pero la realidad no puede ser otra que la de no dañar de manera importante ni irreversible a los gigantes corporativos norteamericanos, puesto que tienen dinero más que suficiente para convencer a suficientes congresistas, que a su vez obliguen al gobierno norteamericano a dar marcha atrás, aunque públicamente no se reconozca y se siga alimentando la sensación de conflicto comercial. Al fin y al cabo, todos los presidentes de los EE.UU. han necesitado y provocado alguna guerra, de baja intensidad real pero de alto voltaje mediático, durante sus mandatos, con fines electoralistas. Trump ha elegido una guerra comercial, que también será de alto voltaje mediático y de obligada baja intensidad económica.
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Por todo ello, los inversores harían bien en aprovechar las escaramuzas mediáticas que generan caídas de precios para posicionarse convenientemente. Esto es, salir de compras buscando empresas emergentes cuyas cifras seguirán creciendo más allá de esta efímera guerra comercial electoralista. Por todo lo explicado en este artículo, cuanto más oscuro esté el horizonte de los Mercados asiáticos en los próximos meses, más próximo estará su resurgir. Una oportunidad de oro para comprar negocios con el viento económico y demográfico en popa a múltiplos muy interesantes. Recordad que la volatilidad es la amiga del buen inversor y la enemiga de banqueros y demás vendedores de miedo, que se esfuerzan para mantener cautivos a sus clientes en trampas, cuyos exiguos rendimientos sólo alcanzan a pagar las comisiones que se quedan en el camino.
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Solo hace falta ser conscientes de que cuanto más sangrienta sea la guerra comercial en los medios, más deberíamos posicionarnos en los mejores fondos con sesgo emergente del planeta. Las comparaciones de los fondos del miedo que vende la banca, con los mejores gestores de fondos institucionales de bolsas internacionales, son odiosas. La volatilidad siempre va convenientemente de la mano de los rendimientos anuales de doble dígito a medio y largo plazo. Y la mejor noticia es que existen fondos de fondos que hacen accesibles esos fondos institucionales, como ya explicamos en «Fondos que hacen accesibles los fondos inaccesibles.»
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Los chinos conocen muy bien el significado de la crisis que está generando Trump con su guerra comercial. No en balde allí definen la palabra «crisis» como sinónimo de «oportunidad». Y los inversores occidentales que se precien, harían bien en dejarse influir menos por los western media y más por los criterios Value de los mejores gestores del planeta. Esta vez tampoco es diferente.
Pareciera que nuestra sociedad desarrollada estuviera jugueteando en la arena junto a la orilla del mar, totalmente ajena al tsunami que se nos está echando encima. Esa gran ola que arrasará todo cuanto conocemos no es otra que el cambio disruptivo que están ya generando las nuevas tecnologías, y muy especialmente los avances en inteligencia artificial (AI). Los cambios en la sociedad que vimos durante la revolución industrial o la implementación global de internet fueron un juego de niños en comparación con lo que se nos viene encima. La capacidad tecnológica y de adaptación personal con formación constante, son ya lo que fue la alfabetización de nuestros padres y abuelos. Sin esas capacidades y formación, nuestra vejez, y lo que es más grave, la vida de nuestros hijos, está condenada a una marginación comparable a la de los analfabetos de antaño.
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El último estudio de la OCDE (Skills Outlook 2019) es demoledor. En él se advierte que el porcentaje de población en España con capacidad de adaptación laboral ante el avance tecnológico y digitalización de las tareas es de sólo el 23%. Esas cifras incluyen a personas de edades comprendidas entre los 16 y los 65 años, por lo que si pensamos más allá de la edad de (pre)jubilación, el escenario es aún más terrorífico. Más de 3/4 partes de nuestra sociedad quedarán marginadas laboralmente ante los avances tecnológicos que se están ya implementando en los puestos de trabajo. Las cifras mejoran ligeramente en países con sistemas educativos y sociales más avanzados, como Noruega, Suecia, Finlandia, Nueva Zelanda, etc. Pero imaginaos las cifras que pudieran salir de sociedades menos avanzadas como las de África o las de Asia o Sudamérica profundas. La extinción de puestos de trabajo analógicos está ya siendo y será arrolladora.
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Pero eso es solo la punta del iceberg, puesto que la inteligencia artificial (AI) supone un avance disruptivo tan trascendente como posiblemente lo fue el dominio del fuego por los primeros homínidos. La revolución del AI eliminará no sólo los restos de puestos de trabajo analógicos que queden en los rincones menos desarrollador del planeta sino buena parte también de los digitales. Hasta nuestra generación, la sociedad y la economía mundial ha sabido sobreponerse, adaptarse y aprovechar los avances tecnológicos a pesar de los temores iniciales. Recordemos las protestas sindicales ante la revolución industrial, cuando las máquinas empezaron a sustituír a trabajadores, que debieron readaptarse a otras tareas laborales. Otro ejemplo sería la fotografía digital, que acabó de la noche a la mañana con gigantes como Kodak y sus carretes de revelado. O los contenidos en streaming como Netflix, HBO, Prime Video, etc. que están obligando a reinventarse o morir al mismísimo imperio de Hollywood. Lo mismo ocurrirá en breve con otros cambios disruptivos como la movilidad en vehículos autopilotados y un sinfín de cambios inminentes que harán irreconocible nuestra sociedad cuando nuestros hijos pretendan incorporarse el mundo laboral. Es cierto que la civilización ha venido asimilando suficientemente estos avances y se han creado más puestos de trabajo de los que se han destruído, puesto que las economías han crecido incluso a mayor ritmo que la población. Pero la velocidad de los avances tecnológicos está siendo exponencial, y especialmente la inteligencia artificial arrollará a la sociedad sin tener tiempo suficiente para reaccionar y readaptarse como lo ha hecho en el pasado.
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No hay antídoto para el tsunami que llega. Seguimos jugueteando distraídamente en la arena, pensando en si nuestros hijos deben aprender inglés, chino o alemán, mientras acceden a la universidad de la esquina para licenciarse en una materia para la que ilusoriamente pensamos que no les faltará el trabajo. Lamentablemente no será así. Los especialistas advierten que nuestros hijos deberán adaptarse para trabajar en profesiones que hoy todavía no existen ni podemos intuír, y que nada menos que el 75% de las profesiones actuales dejarán de existir. La pregunta del millón es qué podemos hacer para estar lo mejor preparados posible para esos cambios radicales. Pero la respuesta sincera es que los avances disruptivos de la AI son tan brutales e inminentes, que aparentemente no hay donde resguardarse. El tsunami lo tenemos ya encima, y lo único que podemos hacer es dejar de juguetear distraídamente en la orilla y afrontarlo de pie para tratar de sobrevivir laboral y socialmente.
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Para ello debemos formar a nuestros hijos en universidades punteras y en materias cuya salida laboral no sea carne de cañón ante el despliegue global de la inteligencia artificial. Poco más podemos hacer. Profesiones como las de profesorado, médicos o manufacturas sustituíbles por impresiones 3D, por poner sólo unos ejemplos, tendrán que adaptarse radicalmente a nuevas reglas de juego de la AI si pretenden sobrevivir. Otras como las que conllevan tecleados, atención telefónica, etc. probablemente se extingan sin remedio ante asistentes virtuales, de los que Alexa, Siri, etc son sólo sus primitivas y toscas versiones. Como dice el speaker del video que os enlazamos al final de este artículo, serían lo que llamamos «narrow AI«.
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La prestigiosísima Universidad norteamericana MIT ha creado un proyecto, nada menos que de 1.000 millones de dólares, para formar a estudiantes multidisciplinares de modo que adopten y compatibilicen su formación de cualquier grado, aunque no sea tecnológico, con la inteligencia artificial, muy presente en todas sus carreras. Ya lo dijo Gay de Liébana en su conferencia el pasado mes en Barcelona, los padres deben hacer todo lo posible para dar la mejor formación y titulación a sus hijos ante el mundo global al que se van a enfrentar. Eso es lo que hizo él con su propio hijo, que hoy vive y trabaja en Los Angeles, al que le envió a estudiar a una universidad norteamericana. Por cierto, aquí podréis leer los costes y posibilidades de becas para estudiantes españoles en universidades de USA, y veréis que no hace falta tener unas notas brillantes ni ser rico para enviar a tus hijos al mejor sistema de formación universitaria del planeta. Otra de las virtudes del sistema universitario en USA -clave en el entorno actual y futuro- es la flexibilidad para transferir y convalidar créditos de una carrera a otra sin perder cursos ni dinero. De hecho, hay tantas facilidades para reorientar tus estudios a lo largo de los años de universidad, que el 70% de los estudiantes terminan graduados en carreras distintas a las que iniciaron, tomando decisiones y adaptando a sus preferencias el programa de estudios cada cuatrimestre. Esta flexibilidad, junto con el vanguardismo tecnológico que reina en las universidades norteamericanas, será una característica vital para que el proceso formativo de nuestros hijos tenga mayor facilidad de adaptación a los cambios que se producirán también durante sus años universitarios.
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En definitiva, la revolución de las máquinas ya está aquí, y nuestros hijos van a tener que lidiar en un mundo cambiante y muy distinto al que conocemos. Para ello deberán formarse y adaptarse durante toda su vida, puesto que las tareas profesionales que realicen serán tan efímeras como las costumbres de la sociedad en la que vivirán. Deben evitar profesiones que se van a extinguir, y a la vez formarse constantemente para adaptarse a las nuevas profesiones que surgirán de la nada a una velocidad de vértigo y que ni siquiera podemos imaginar hoy. Nosotros también lo viviremos, aunque probablemente nos afecte algo menos puesto que estaremos ya cerca de la jubilación o ya plenamente dedicados a una vida contemplativa pero abrumadora.
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Para acabar os dejamos con este interesantísimo speech de 8 minutos que realizó el pasado año Michael Harrison, graduado en Física Teórica por el MIT y con un Máster en Arquitectura de Sistemas Aerospaciales por la USC. La inteligencia artificial no solo pone en riesgo muchas de las profesiones presentes a sus niveles de narrow AI y strong AI, sino también la propia civilización cuando alcance el nivel de super-strong AI. Pero eso con suerte no lo verán nuestros hijos… aunque sí nuestros nietos.
Después del Capítulo 1: Endeudamiento y el Capítulo 2: Inversión, vamos con el Capítulo 3: Carta a los accionistas de Berkshire Hathaway 2018. Aquí os resumiremos algunas citas y frases con las que Warren Buffett y Charlie Munger deleitaron a los accionistas este año. Podéis leer la carta completa traducida por cortesía de nuestros amigos en la web de Value School.
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Sobre la recompra de acciones (autocartera) que viene realizando su compañía, Buffett y Munger dijeron lo siguiente:
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Para los accionistas que se queden (los que no vendan sus acciones), la ventaja es obvia: si el mercado valora la participación de un socio que abandona en, por ejemplo, 90 centavos por cada dólar, los accionistas que permanezcan obtienen un aumento en el valor intrínseco por acción con cada recompra por parte de la empresa. Obviamente, las recompras deben depender del precio: comprar ciegamente una acción sobrevalorada destruye valor, algo que muchos CEOs pasan por alto.
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Cuando una empresa dice que contempla hacer recompras, es vital que todos los accionistas reciban la información necesaria para hacer una estimación fundada del valor intrínseco. Proporcionar esa información es lo que Charlie y yo intentamos hacer en este informe. No queremos que un socio venda acciones a la compañía porque haya sido engañado o informado inadecuadamente.
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Y sobre la fiscalidad y su influencia determinante en la valoración de su holding, los maestros del Value Investing hicieron comentarios que no tienen desperdicio:
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Comencemos con una realidad económica: nos guste o no, el gobierno de los Estados Unidos «posee» una participación en los beneficios de Berkshire de un tamaño que viene determinado por el Congreso. En efecto, el Departamento del Tesoro de nuestro país posee una clase especial de nuestras acciones (algo así como la clase de acciones AA), que recibe grandes «dividendos» (o impuestos) de parte de Berkshire. En 2017, como en muchos años anteriores, la tasa impositiva corporativa era del 35%, lo que significaba que en el Tesoro estaban muy contentos con sus acciones AA. De hecho, las «acciones» del Tesoro, que no pagaban «dividendo» cuando asumimos el control en 1965, se han convertido en una posición que suministra miles de millones de dólares anuales al gobierno federal.
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El año pasado, sin embargo, el 40% de la «propiedad» del gobierno (14/35) fue devuelta a Berkshire cuando la tasa del impuesto corporativo se redujo al 21%. En consecuencia, nuestros accionistas «A» y «B» recibieron una gran subida en el bene cio atribuible a sus acciones.
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Este hecho incrementó sustancialmente el valor intrínseco de las acciones de Berkshire que usted y yo poseemos. Además, esto también aumentó el valor intrínseco de casi todas las acciones que Berkshire posee.
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Los benefcios fiscales obtenidos por nuestro gran negocio de servicios públicos se transfirieron a los clientes. Mientras tanto, la tasa impositiva aplicable a los cuantiosos dividendos que recibimos de negocios nacionales apenas se modificó ligeramente, cerca de un 13%. (Esta tasa más baja lleva siendo lógica durante mucho tiempo porque sus participadas ya pagan impuestos sobre el beneficio que posteriormente reparten a la matriz). En general, las nuevas leyes han hecho que las empresas y acciones que poseemos sean considerablemente más valiosas.
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No obstante, el agradecimiento hacia los EE.UU. es absoluto, ya que sin el dinamismo y crecimiento de su economía, jamás habría podido amasar semejante fortuna. Cuando los alemanes durante la guerra auguraban el éxito de sus tropas, los norteamericanos confiaban en que sus hijos y herederos econtrarían un mundo mejor. La formación de las siguientes generaciones ha sido una de las claves del éxito de los EE.UU. para liderar la economía mundial durante el último siglo (recordemos lo que decía el economista Gay de Liébana respecto a la conveniencia formar a nuestros hijos en universidades norteamericanasy los costes asequibles que podemos encontrar con el asesoramiento adecuado).
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Hablando de las trampas contables que realizan algunos directivos de manera costumbrista, Buffett dijo:
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A lo largo de los años, Charlie y yo hemos visto todo tipo de malas prácticas corporativas, tanto contables como operativas, inducidas por el deseo de los directivos de cumplir con las expectativas de Wall Street. Lo que comienza como una mentira «inocente» para no decepcionar a los analistas (como, por ejemplo, «forzar» ventas a nal del trimestre, hacer la vista gorda ante pérdidas de seguros o retirar bene cios de nuestra «hucha»), en realidad puede ser el paso previo al fraude total. Puede que la intención del CEO sea jugar con las cuentas «solo por esta vez», pero es raro que solo sea una vez. Y si está bien que el jefe haga alguna trampilla, es fácil que sus subordinados adopten comportamientos similares.
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Sobre la necesidad de que BRK tenga músculo financiero y de los riesgos de las empresas que necesitan financiarse, Buffett y Munger soltaron la siguiente perla:
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La ecuación de la ruleta rusa (normalmente ganas, a veces te mueres), puede tener sentido desde el punto de vista financiero para alguien que se benefcia de las buenas noticias de una empresa, pero que no sufre las malas. Esta estrategia sería una locura para Berkshire; las personas sensatas no arriesgan lo que tienen y necesitan por lo que no tienen y no necesitan.
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Buffett reconoció que su fortuna se ha creado casi exclusivamente gracias al crecimiento y liderazgo económico de los EE.UU. Pero también que el centro económico del planeta se desplaza hacia determinados países emergentes, puesto que en los próximos años el crecimiento unido a la madurez de los Mercados dejará de ser una exclusividad de la economía norteamericana (aquí cabe recordar las directrices de inversión que nos daba Mark Mobius hace unas semanas):
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También hay otros países alrededor del mundo con futuros brillantes. Debemos alegrarnos de esto: los estadounidenses seremos más prósperos y estaremos más seguros si todas las naciones prosperan. En Berkshire esperamos invertir grandes sumas fuera de nuestras fronteras.
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Para acabar os dejamos con un pupurrí de frases y bromas que se pueden leer en la misiva a su accionistas:
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Abraham Lincoln una vez planteó la pregunta: «si llamas pata a la cola de un perro, ¿cuántas patas tiene?». Y luego respondió a su propia pregunta: «cuatro, porque llamar pata a una cola no la convierte en una». Lincoln habría sido un incomprendido en Wall Street (allí habrían discutido si el perro tiene una o cinco).
Incluso a nuestros 88 y 95 años de edad (yo soy el joven), esa esperanza (de realizar una adquisición) es lo que hace que mi corazón y el de Charlie se aceleren. (El mero hecho de escribir sobre la posibilidad de una gran compra ha hecho que mi pulso se dispare).
Mi previsión de comprar más acciones no es una recomendación sobre qué hará el mercado. Charlie y yo no tenemos ni idea de cómo se comportarán las acciones la próxima semana o el próximo año. Nunca hemos tenido interés en hacer este tipo de predicciones. Nuestro foco, más bien, está puesto en calcular si una parte de un buen negocio vale más de lo que señala el precio de mercado.
Olvídense: sería una tontería vender cualquiera de nuestras maravillosas compañías, incluso si la venta estuviese exenta de impuestos. Las buenas empresas son extremadamente difíciles de encontrar. Vender un negocio que tienes la suerte de poseer, no tiene ningún sentido.
A día de hoy, Charlie y yo no tenemos ningún interés en unirnos a ese grupo (gente que desinvierte). Quizás nos convirtamos en derrochadores cuando lleguemos a nuestra vejez.
Sin embargo, algunos vendedores pueden discrepar con nuestro cálculo del valor y otros pueden haber encontrado inversiones que consideran más atractivas que las acciones de Berkshire. Parte de este segundo grupo tendrá razón: hay, sin duda, muchas acciones que ofrecerán rentabilidades muy superiores a las nuestras.
Ocurrirá una gran catástrofe que ridiculizará a los huracanes Katrina y Michael, quizás mañana o tal vez dentro de décadas. «El gran error» podrá provenir de una fuente tradicional, como un huracán o un terremoto, o puede ser una sorpresa total que involucre, digamos, un ciberataque que tenga consecuencias desastrosas que las aseguradoras no contemplan ahora. Cuando ocurra tal catástrofe, haremos frente a nuestra parte de las pérdidas y serán grandes, muy grandes. Sin embargo, a diferencia de muchas otras aseguradoras, buscaremos adquirir negocios al día siguiente.
A finales de 1995, después de que Tony hubiera revitalizado GEICO, Berkshire hizo una oferta para comprar el 50% restante de la compañía por 2,3 mil millones de dólares, aproximadamente 50 veces lo que pagamos por la primera mitad (¡y la gente dice que soy un tacaño!).
Christopher Wren, arquitecto de la catedral de San Pablo, está enterrado dentro de esta iglesia londinense. En su tumbra encontramos estas palabras (traducidas del latín): «si buscas mi monumento, mira a tu alrededor». Los escépticos en lo referente a la economía estadounidense deberían prestar atención a este mensaje.
Durante 54 años, Charlie y yo hemos amado nuestros trabajos. Diariamente, hacemos lo que nos parece interesante, trabajando con personas que nos gustan y en las que confiamos. Y ahora nuestra nueva estructura de gestión ha hecho que nuestras vidas sean aún más placenteras.
Contando con todo el conjunto, es decir, con Ajit y Greg al cargo de las operaciones, una buena cartera de negocios, una generación de «flujo» de efectivo como la de las Cataratas del Niágara, un equipo de gerentes talentosos y una cultura empresarial sólida, su compañía está en buena forma para lo que sea que nos depare el futuro.
La mitad de la propiedad de GEICO le costó a Berkshire 47 millones de dólares, aproximadamente lo que le costaría hoy en día un apartamento lujoso en Nueva York.
Cada año es más y más frecuente que las familias españolas se planteen enviar a sus hijos a estudiar a universidades norteamericanas. A pesar de ello, aún muchos tienen la idea equivocada de que es un lujo reservado a una élite de millonarios y/o cerebritos superdotados. Sin embargo, estudiar en una universidad en USA no es difícil en absoluto, y las razones para enviar a nuestros hijos a universidades en los EE.UU. son múltiples y justificadas. Por ejemplo, el prestigio internacional de una titulación de una universidad de allí es muy superior al de las alternativas comparables de España. También hay que tener en cuenta que la probabilidad de encontrar más y mejor trabajo a su regreso, o en los propios EE.UU. o en cualquier otro país del mundo, es muy superior con titulación USA. En cuanto a la experiencia personal, sin duda, vivir dentro de una universidad que es como una auténtica ciudad en sí misma, con sus propios apartamentos, restaurantes, cines, salas de conciertos, estadios deportivos, tiendas, gimnasios, bibliotecas, bancos o policía, no tiene punto de comparación con simplemente asistir a clases en una universidad española.
El prestigioso economista Gay de Liébana lo decía la pasada semana en una de sus conferencias ante un público esencialmente compuesto por padres y madres de adolescentes: Las familias que puedan enviar a sus hijos a estudiar a universidades prestigiosas en países receptores de talento les harán un enorme favor, puesto que tendrán muchas más herramientas y contactos para brillar en su futuro profesional. Por el contrario, los talentos que se queden en el sistema universitario español, lamentablemente, lo tendrán mucho más difícil y probablemente se apagarán, pasando a formar parte de la multitud de jóvenes que acaban realizando trabajos muy inferiores a los que les correspondería por sus completísimos títulos universitarios. La economía española y su sistema universitario y mercado laboral no dan para más. Su consigna fue diáfana, los padres que materialmente puedan empujar a sus hijos para que echen a volar a través de universidades en países como los EE.UU., donde los presupuestos para I+D son infinitamente superiores a los españoles, harán lo correcto. Como dato significativo explicó que una sola empresa como Amazon destina más del doble de dinero anualmente a I+D que toda España. El propio Gay de Liébana tiene un hijo que se formó y vive en Los Ángeles, y el padre no puede estar más satisfecho del esfuerzo realizado. Entremos ahora en materia de dinero y posteriormente explicaremos la accesibilidad para familias españolas de distinto poder aquisitivo.
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Los presupuestos que manejan las universidades norteamericanas para instalaciones, investigación, profesorado, gobierno estudiantil y demás funcionamiento interno están a años luz de los posibles de nuestras universidades. Allí es muy común que los ex-estudiantes que han hecho fortuna a lo largo de los años como empresarios, en agradecimiento a la universidad que les formó académica y personalmente (su alma mater), donen cantidades millonarias. Por tanto, además de los ingresos que consiguen las universidades a través de las matrículas, los contratos de alquiler de las habitaciones donde duermen los alumnos, las manutenciones o las subvenciones públicas, también reciben donaciones astronómicas que les permiten dar becas específicas o realizar construcciones de edificios enteros donde albergar todo tipo de recursos que los donantes deseen para sus estudiantes. Debido a todas esas abundantes fuentes de ingresos, la mayoría de universidades norteamericanas están en constante expansión, mejorando año tras año sus instalaciones, profesorado y servicios, ya que compiten ferozmente unas con otras para atraer más y mejores alumnos.
La pregunta del millón es la que titula este artículo: ¿Puedo realmente enviar a mis hijos a una universidad en USA? La mayoría de familias opinarían que sólo una élite con hijos o hijas con notas extremadamente brillantes pueden conseguir las becas suficientes para estudiar allí, a no ser que los padres sean millonarios y puedan pagar cifras descomunales. Pero se equivocan. La flexibilidad del sistama universitario norteamericano permite que familias extranjeras accedan a becas académicas relativamente aptas para cualquier buen estudiante. Esa es una verdadera política de atracción del talento universal. Digamos que con un promedio notable alto de los últimos 4 años de estudios en España, es decir de 3º de ESO a 2º de Bachillerato, con notas entre 7 y 9 sobre 10, se pueden encontrar becas que cubran una parte muy sustancial del coste de las matrículas. Obviamente además está el coste de la habitación y manutención del alumno, pero eso es equiparable al coste que tendría cualquier estudiante de aquí que asista a una universidad en otra ciudad española que no sea la suya, y que por tanto requiera pagarle un piso de estudiantes y las comidas diarias.
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Otra manera de acceder a becas en universidades norteamericanas es que nuestro hijo o hija tenga un buen nivel en cualquier deporte, que lo haya practicado durante algunos años y que esté federado. Es decir, que sea demostrable su trayectoria deportiva habiendo competido en alguna liga amateur local y que, lógicamente, tenga cierta habilidad que le haga destacar del montón. Además, ambos accesos a becas son compatibles, por lo que se puede tener acceso a becas deportivas y también académicas, reduciendo así mucho el coste de la matrícula.
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Como hemos dicho antes, la flexibilidad es total, es decir que hay universidades para todos los gustos y niveles académicos. Por ejemplo, una familia con un hijo/a que saque un promedio de notas en la banda baja de las citadas anteriormente, puede optar por acceder a una universidad de menor prestigio con una mayor beca, a una de mayor nivel con una beca pequeña o a una universidad más top sin beca. Lo mismo ocurre con las becas deportivas: Si el nivel del chico/a en su disciplina deportiva es muy alto, puede optar por una universidad menos prestigiosa prácticamente gratis u otras de más prestigio pagando la mayor parte de su bolsillo. Dependiendo de las circunstancias de cada estudiante y de la voluntad y capacidad económica de la familia, se elegirá una opción a medida. Y por supuesto también existen opciones para aquellos alumnos que simplemente se sacan el bachillerato con promedios de 5-6 sobre 10 y no destacan en ningún deporte, pero ya sin becas, lo cual obligará a los padres a sufragar el coste total. De hecho, estudiar en una Universidad de los EE.UU. es una oportunidad extraordinaria para los más brillantes, para los simplemente buenos estudiantes e incluso para los estudiantes de menor brillo, que no podrían alcanzar la nota de corte para poder estudiar en una universidad española la carrera que más les gusta, y en cambio sí que podrían hacerlo en diversas universidades americanas, gracias a la flexibilidad antes mencionada.
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El asesoramiento y acompañamiento en todo el proceso de preparación, selección y aplicación a universidades norteamericanas es un servicio que venimos ofreciendo desde Cluster Family Office hace ya algunos años, no solo a clientes de nuestro multi-family office sino acualquierfamiliainteresada. Para ello disponemos de dos especialistas (uno de ellos norteamericano) que se graduaron en universidades de los EE.UU., conociendo perfectamente los secretos de todo el proceso de principio a fin. A las familias que deciden iniciar el camino para sus hijos hacia las universidades norteamericanas, les facilitamos un acceso al software exclusivo que vamos utilizando conjuntamente con ellos a medida en que vamos completando las fases y las tareas necesarias. Y además mantenemos durante todo el proceso (que puede durar entre 9 y 18 meses) constantes reuniones via skype y/o presenciales en nuestras oficinas de Madrid o Barcelona. Se les asiste en el proceso de selección de las universidades que mejor se adapten, tanto en precio como en becas, tamaño, perfil de diversidad, área geográfica, climatología, rankings de su especialidad, etc. También en la confección de los temidos «essays«, de sus currículums y en definitiva en todos y cada uno de los pasos que requiere todo ese largo camino hacia la universidad en USA. El coste del servicio dependerá de las necesidades de cada caso, pero para que os hagáis una idea puede oscilar entre 8.750 y 11.250 euros para un proceso completo, o sea menos de la décima parte de lo que se suele conseguir en becas académicas o deportivas. Un coste que además marca la diferencia entre realizar un proceso práctico, resolutivo y que garantiza recibir al menos un par de cartas de admisión, o lanzarse al vacío sin el asesoramiento adecuado a un proceso que puede ser muy estresante, laberíntico y condenado al fracaso, y además con la consiguiente frustración de haber dedicado gran cantidad de esfuerzo, tiempo e ilusión a un proyecto que acabará exclusivamente con un montón de cartas de rechazo.
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Todo este proceso de preparación requiere de mucha antelación. De hecho los alumnos norteamericanos se comienzan a preparar para su acceso a la universidad dos y tres años antes, aunquelasfamiliasespañolaspuedentenersuficientesilohacendebidamenteasesoradosduranteelcursode1ºoincluso2ºdebachillerato (si se empieza en 2º el acceso a la universidad quizá no se produciría en otoño del mismo año en que acaba el bachillerato sino en Enero del año siguiente). Durante todo ese tiempo el alumno/a deberá demostrar un nivel suficiente de inglés consiguiendo una nota mínima de TOEFL, la cual deberá ser más alta o más baja en función del nivel de exigencia de la universidad a la que se pretenda acceder. Al alumno con un nivel de inglés insuficiente se le suele matricular en unos pre-cursos de adaptación, para que alcance el nivel necesario en unos meses y se vaya aclimatando ya a la vida universitaria en los EE.UU. También en la mayoría de casos deberá hacer el examen oficial SAT, una especie de examen de selectividad cuya calificación mínima exigida dependerá igualmente del nivel de exigencia de las universidades a las que se quiera solicitar admisión. Lógicamente se ayudará, formará y acompañará a las familias y alumnos/as en todos estos procesos.
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Para que los lectores se puedan hacer una idea práctica de los costessin becas aproximados que puede asumir un alumno español que decida ir a licenciarse a los EE.UU., ahí van unas cuantas cifras por año, en base a una carga académica estandard, de mediados de Agosto hasta principios de Mayo, con 24-30 créditos anuales y una expectativa de 4-4,5 años para licenciarse:
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Coste de matrícula:
Entre 10 y 55 mil € dependiendo del prestigio y calidad de la universidad.
Coste de habitación y comidas:
Entre 8 y 10 mil €
Libros, material, viajes y gastos varios:
Entre 2 y 3 mil €
Seguro médico para estudiantes internacionales:
Entre mil y 2 mil €
Por tanto, si se quiere enviar a un hijo/a a una universidad norteamericana, hay que calcular unos costes logísticos de entre 11 y 15 mil € por año, más la matrícula anual que depende absolutamente del prestigio y calidad de la universidad, y todo ello podría venir becado en mayor o menor medida como ya hemos dicho. Como veis, los costes de habitación y comidas son iguales que los que supondría enviar a estudiar a nuestros hijos a cualquier ciudad de España. Y los costes de matrícula anual pueden ser perfectamente equivalentes a los de las matrículas en algunas universidades privadas españolas, aún sin acceso a ninguna beca. CONSULTA AQUÍ TODOS LOS COSTES Y DETALLES DEL PROCESO
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Aquí encontraréis un ejemplo de housing donde residen alumnos de Arizona State University. Resulta obvio que el ambiente y la calidad de vida está a años luz de los pisos de estudiantes que suelen alquilar los univesitarios durante su carrera en cualquier ciudad de España.
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Ya hemos visto en la tabla de precios de arriba que con alguna beca, e incluso sin ninguna, los costes de enviar a nuestros hijos a universidades de los EE.UU. son asequibles para muchas más familias de las que a priori podíamos creer. No obstante, sin duda supone un esfuerzo y sacrificio económico de la familia para con sus hijos. Pero no hay mejor herencia que regalarles en vida la mayor formación posible para que se defiendan ante el mundo con las mejores armas y las más prestigiosas titulaciones. ¿Acaso no les será infinitamente más útil y rentable que les hayamos pagado unos estudios en las mejores universidades del planeta que haberles dejado un puñado más de dinero en nuestro testamento? Desde nuestra experiencia en la formación de herederos y la relación de las nuevas generaciones con el patrimonio familiar, os podemos asegurar que es así. Para que nuestros hijos se abran camino en el difícil mundo al que se van a tener que enfrentar, de poco les servirá que les dejemos solamente un cesto lleno de pescado como herencia. Debemos dotarlos con la mejor caña de pescar, la mejor equipación y los mejores instructores de pesca. Y además su formación les debe permitir encontrar las aguas internacionales más repletas de peces y moverse en ellas con total soltura. Ese será nuestro mejor legado.
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Una de las bondades más importantes de todo el proceso de aplicación es que, durante los meses de preparación, los alumnos van a dar un salto cualitativo enorme en madurez y motivación. Su personalidad madurará debido al proceso de reflexión interna que harán los alumno al trabajar sus Essays con nuestros coaches. Ahí deberán explicar en redacciones de sólo 500 o 600 palabras quienes son ellos/ellas y por qué razones la universidad debe elegirlos por delante de otros candidatos. Qué méritos personales han acumulado en su corta vida y qué quieren hacer de ella en su futuro. Tomarán conciencia de la alta competitividad que existe para ser admitidos por la universidad de sus sueños (no os preocupéis que la lista definitiva de universidades a las que se aplicará incluirá opciones accesibles para el alumno y jamás quedará nadie sin al menos una carta de admisión). Todo este proceso les hará valorar mucho más y mejor el esfuerzo económico que realizan los padres por ellos. Por primera vez en sus vidas deberán analizar quienes son y presentar ante el mundo su mejor versión para ser merecedores del premio que supone recibir la carta de admisión. Aquí os dejamos unos videos con algunas de las emotivas reacciones de alumnos cuando reciben la noticia de que han sido admitidos a la universidad deseada. Estos videos que abundan en YouTube, os darán una idea de lo que supone, para los adolescentes que eligen el camino universitario americano y para la familia entera, el premio al final de todo el proceso de esfuerzo. No os cansaréis de verlos. Cuando llegue ese momento os podemos garantizar que vuestros hijos habrán crecido en lo personal muchísimo respecto al inicio del camino, 9, 12 o 18 meses atrás.
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La aplicación a universidades norteamericanas es el mejor proceso de crecimiento personal al que se pueden someter, y les llegará en el mejor momento de sus vidas (entre los 15 y los 18 años) para dar el salto de madurez que necesitan.
Para el inversor la definición de riesgo vinculada a la volatilidad no solo es engañosa sino que además es del todo contraproducente. Sin embargo buena parte del sector financiero y la práctica totalidad del sector bancario determinan -legalmente y en la práctica- el riesgo de las inversiones a través de la volatilidad de las mismas: A mayor volatilidad, mayor riesgo (sic) y viceversa. Pero lo peor es que así califican el prefil de riesgo de sus clientes, perfil que determinará los activos en los que van a poder invertir, en función de dicha volatilidad. Como resultado encontramos aberraciones como considerar una cartera de renta fija insolvente y cara como una propuesta apta para perfiles conservadores. Y vemos como se priva a muchos inversores de comprar bolsa por el mero hecho de que las valoraciones sean volátiles a corto o medio plazo. Y no les importa que a medio y largo plazo la certeza de obtener beneficios en bolsa sea muchísimo más elevada que la probabilidad de que los bonos de la cartera de renta fija insolvente y cara devuelvan el principal y los intereses sin ningúnevento de crédito (a no ser que rescates con dinero público que devolveremos a futuro en forma de impuestos, eviten las pérdidas permanentes, como hemos visto en esta última década).
Francisco García Paramés lo explica perfectamente en su libro «Invirtiendo a largo plazo«, de donde hemos extraído los gráficos, demoledores donde los haya de las falacias inculcadas a los inversores por buena parte del sector bancario y financiero. Como veis en el gráfico de arriba, el riesgo de sufrir pérdidas en bolsa a largo plazo es nulo, mientras que el riesgo de sufrir pérdidas permanentes en renta fija persiste. Además, incluso la volatilidad es menor a largo plazo en renta variable! Es decir, que invirtiendo de forma pasiva en acciones cotizadas, a largo plazo no sólo conseguiremos mayor rendimiento, sino que lo haremos con menor volatilidad y sin riesgo de pérdidas. Si además lo hacemos de manera activa a través de gestores de fondos brillantes que consigan superar a los índices de referencia de manera consistente y sostenida en el tiempo, llegamos a la conclusión de que esa es nuestra mejor opción como inversores que queremos conservar e incrementar nuestras inversiones a largo plazo.
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Y es que ese es y debe ser el criterio de inversión: Conservar y aumentar nuestro capital financiero evitando pérdidas permanentes. ¿Qué es una pérdida permanente? Pues es una pérdida de la cual no nos vamos a poder recuperar antes de que el coste de oportunidad, la devaluación de la divisa y la inflación se nos coma con patatas. Es decir, una pérdida que mermará la progresión de nuestro patrimonio de manera tan decisiva que sólo la inflación, la devaluación y el paso de muchos años nos permitirá recuperar nominalmente, pero que habrá mutilado nuestro poder adquisitivo a lo largo de buena parte de nuestra vida inversora. Por ejemplo una pérdida permanente es un evento de crédito de un bono o activo de deuda, o la compra de un inmueble o de una acción en plena burbuja de precios. Es decir, pagar por un activo muchísimo más de los que vale y valdrá durante muchos años. A pesar de resultar obvio conviene recordar que una pérdida permanente no es una pérdida temporal a corto plazo. La pérdida temporal a corto plazo es simplemente volatilidad que nos afecta momentáneamente de manera aparentemente negativa, pero que será recuperada con mayor o menor velocidad en función del Valor intrínseco que tenga el activo respecto a la caída del precio. Y decimos «aparentemente negativa» porque como veremos más adelante, dicha pérdida permanente nos brinda oportunidades de oro.
Pongamos unos ejemplos de la diferencia de riesgo que puede tener una misma volatilidad, extraídos de las reflexiones de Didier Darcet al respecto. Digamos que tres propietarios vecinos de un mismo barrio, con tres casas idénticas, sufren un gran incendio en el vecindario que destruye por completo sus propiedades. Tienen por tanto la misma volatilidad inicial, ya que sus activos se han depreciado de idéntica manera en valor y tiempo:
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El primero no dispone de ningún seguro que le resarza de las pérdidas, por tanto las sufrirá de manera permanente. Es cierto que con el tiempo la inflación y la devaluación de su divisa pueden hacer que su parcela vacía llegue a valer nominalmente lo mismo que valía su casa antes del incendio. Pero esa inflación/devaluación y el coste de oportunidad dilapidado a lo largo de buena parte de su vida inversora harán que sus pérdidas hayan sido permanentes a pesar de recuperar en el tiempo el mísmo importe nominal de dinero. Para este primer vecino, sufrir un incendio era un riesgo real. Y después del trauma probablemente decida vender su parcela de manera poco reflexiva o por necesidad, para trasladarse a otro barrio más barato o a una casa de alquiler, donde se crea más a salvo de futuros riesgos.
El segundo sí dispone de un seguro contra incendios equivalente al coste de construcción de la casa, por lo que, digamos a medio plazo, puede reponer el activo y recuperar la pérdida sufrida a corto plazo. Por tanto, a pesar de que tiene la misma volatilidad a corto y medio plazo que el primer vecino, su riesgo estaría prácticamente anulado por el seguro. Algunos dirían que es un propietario sin riesgo a medio/largo plazo, aunque con una innegable volatilidad si se produce el siniestro. ¿Acaso un propietario como éste podría considerar que tiene riesgo de perder una parte de su patrimonio? A corto plazo sí, pero nadie en su sano juicio debería considerar que es un propietario arriesgado o que tome riesgos, si éstos están asegurados y van a ser recuperables con total seguridad a medio o largo plazo.
El tercer propietario dispone también de un seguro que le cubre el coste de construcción y le va a permitir reponer su casa. Pero además va a querer y poder aprovecharse de las circunstancias actuales, y va a comprar la parcela de su vecino sin seguro a buen precio, aprovechando la necesidad y/o el miedo que éste pueda tener a causa del incendio (pérdida temporal o volatilidad) sufrido en el barrio. Por tanto va a convertir su pérdida temporal en un mayor beneficio a medio y largo plazo. Y lo más curioso es que la volatilidad de este tercer caso será incluso superior a corto y medio plazo a la de los dos anteriores, manteniendo un riesgo prácticamente nulo. En el caso de un inversor financiero, la compra de la casa del vecino sería el equivalente a la recompra de más participaciones de buenos fondos Value o acciones de empresas extraordinariamente baratas, es decir aprovecharse del miedo y/o necesidad de otros para comprar activos con alto Valor a bajo precio.
Aquí conviene recordar que el primer gráfico se basa en inversores (propietarios) como el segundo vecino, es decir que van a recuperar sus pérdidas temporales a medio y largo plazo. Pero imaginaos ahora cómo sería ese mismo gráfico si además el inversor es capaz de aprovechar los momentos de volatilidad (de incendio) para invertir más y comprar adicionalmente activos a precios inusitadamente bajos. Obviamente las recuperaciones de las pérdidas temporales serían mucho más rápidas, acortando de manera espectacular los periodos de pérdidas a corto e incrementando muy sustancialmente los rendimientos a largo plazo. Esto es fácil decirlo pero difícil hacerlo, ya que el impulso primitivo natural es el de huír de los activos que dan pérdidas, como huye del barrio donde ha habido un incendio el primer vecino.
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Por todo ello, los lectores deberían plantearse sus inversiones financieras del mismo modo que el tercer vecino, siempre que sean capaces de invertir en fondos de gestión activa que superen consistente y permanentemente a los índices. Si lo hacen de ese modo, su volatilidad y sus rendimientos serán elevados, mientras que a la vez mantendrán un nulo riesgo de pérdidas permanentes. Y si los inversores no son capaces de encontrar dichos fondos, siempre podrán emular al segundo vecino a través de fondos de gestión pasiva, asumiendo volatilidad a corto y medio plazo a cambio de anular el riesgo de pérdidas permanentes.
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Afortunadamente para los vecinos como el tercero, la mayoría se comportan como el primero. Sin estos ofuscados y/o necesitados inversores no habría una oferta masiva que desplomase los precios después de los incendios. Por eso los grandes gestores rezan y ponen velitas a Santa Volatilidad, para que la esquizofrenia de Mr. Market les traiga oportunidades. A mayor volatilidad (incendios) a corto plazo, más oportunidades de inversión se producirán y mayor rentabilidad a largo plazo obtendremos con menos riesgo de pérdidas permanentes, que son las únicas pérdidas que nos deben importar a los inversores. Conceptos radicalmente opuestos a las consignas de la mayor parte de los profesionales del sector, que siguen obstinados en colocar a sus clientes más conservadores activos con escasa volatilidad y, paradójicamente mayor riesgo real de pérdidas permanentes. Quizá sea porque para los bancos, al igual que para los políticos, el largo plazo es ciencia ficción. Unos con el fin de la legislatura, y otros con el cobro del variable o la cifra de ventas obligada a fin de año, pero ambos con una miopía galopante. Y porque cuando hablan de riesgo se refieren al riesgo que ellos mismos tienen de perder a sus clientes en cuanto sus carteras, sin el seguro contra incendios que suponen unos buenos fondos Value de bolsa, empiezan a humear.
Aunque en algunas de sus convicciones podemos no estar del todo de acuerdo, no cabe duda que Daniel Lacalle es una de las personas que más sabe de macroeconomía. No sólo por su PhD en Economía sino especialmente por su enfoque ante el abuso de los bancos centrales que venimos sufriendo desde hace más de una década.
Estamos ya en 2018 y con la FED subiendo tipos de manera decidida. Y el BCE se enfrenta, por fin, a su realidad. Esperamos que disfrutéis con el duro y realista artículo de Lacalle:
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El FT publicaba un artículo que decía que “los principales bancos centrales poseen ahora un quinto de la deuda pública total”.
Las cifras son estremecedoras.
1) Sin ninguna recesión o crisis, los grandes bancos centrales están comprando más de 200.000 millones de dólares de deuda pública y privada, liderados por el BCE y el Banco de Japón.
2) La Reserva Federal posee más del 14% de la deuda pública total de EEUU.
3) Los balances del BCE y el BdJ exceden en un 35% y un 70% sus respectivos PIB.
4) El Banco de Japón es actualmente uno de los 10 mayores inversores en el 90% del Nikkei.
5) El BCE posee el 9,2% del mercado de bonos corporativos europeos y más de 10% de la deuda soberana total de los principales países europeos.
Un informe reciente de Nick Smith, analista de la CLSA, advierte acerca de lo que llama “la nacionalización del mercado secundario”.
El Banco de Japón, con su política ultraexpansionista que solo expande su balance, está en camino a convertirse en el mayor inversor en las grandes empresas del Nikkei 225. De hecho, el banco central japonés ya cuenta con el 60% del mercado de ETF (Exchange Traded Funds) en Japón.
¿Qué puede ir mal? En general, el banco central no solo genera mayores desequilibrios y un mal resultado en una economía “zombificada”, ya que las políticas extremadamente laxas perpetua los desequilibrios, sino que debilita la velocidad del dinero e incentiva la deuda y las malas inversiones.
Creer que esta política es inocua porque “no hay inflación” y el desempleo es bajo resulta peligroso. El gobierno emite cantidades masivas de deuda y el dinero barato promueve un exceso de capacidad y una mala asignación de capital. Así, el crecimiento de la productividad colapsa, los salarios reales caen y el poder adquisitivo de las divisas también cae, llevando al alza el coste real de la vida y a la deuda a crecer más que el PIB real. Por eso, como hemos mostrado en artículos anteriores, la deuda total ha ascendido hasta el 325% del PIB mientras que las empresas zombis llegan a niveles propios de una crisis, de acuerdo con el Banco de Pagos Internacionales.
Los títulos públicos monetizados por el banco central no son activos de alta calidad, son un pagaré que se transfiere a las próximas generaciones y se liquidará de tres maneras: con inflación masiva, con una serie de crisis financieras o con un gran desempleo. La destrucción del poder adquisitivo de la moneda no es una política de crecimiento, es robar a futuras generaciones. El efecto “placebo” de gastar hoy el Valor Presente Neto de esos pagarés significa que, como PIB, la productividad y la renta disponible real no mejoran, al menos no tanto como la deuda emitida. Estamos creando una bomba del tiempo de desequilibrios económicos que no hacen más que crecer y que explotará en algún momento del futuro. El hecho de que la evidente bola de riesgo se retrase otro año no significa que no exista.
El estado no está emitiendo “dinero productivo”, sino solo una promesa de más réditos mediante mayores impuestos, mayores precios o confiscación de riqueza en el futuro. El crecimiento la oferta monetaria es un préstamo que obtiene el estado pero que pagamos nosotros, los ciudadanos. El pago viene con la destrucción de poder adquisitivo y confiscación de riqueza a través de la devaluación y la inflación. El “efecto riqueza” de acciones y bonos en aumento es inexistente para la gran mayoría de los ciudadanos, ya que más del 90% de la riqueza familiar media está en depósitos.
De hecho, una monetización masiva de la deuda es solo una manera de perpetuar y fortalecer el efecto expulsión del sector público sobre el sector privado. Es una nacionalización de hecho. Porque el banco central no “quiebra”, solo transfiere sus desequilibrios financieros a bancos privados, empresas y familias.
El banco central puede “imprimir” todo el dinero que quiera y el gobierno se beneficia de ello, pero los que sufren la represión financiera son el resto. Generando las consiguientes crisis financieras a través de políticas monetarias laxas y siendo siempre el principal beneficiario del auge y el declive, el sector público sale de estas crisis más poderoso y más endeudado, mientras que el sector privado sufre el efecto de expulsión en tiempos de crisis y el efecto de los impuestos y la confiscación de riqueza en tiempos de expansión.
No sorprende que el gasto público con respecto al PIB esté ahora casi en el 40% en la OCDE y aumentando, la carga fiscal esté en máximos históricos y la deuda pública aumente.
La monetización es un sistema perfecto para nacionalizar la economía pasando a los contribuyentes todos los riesgos del exceso de gasto y los desequilibrios. Y siempre acaba mal. Porque dos más dos no es igual a veintidós. Al gravar a los productivos para perpetuar y subvencionar a los improductivos, el impacto sobre el poder adquisitivo y la destrucción de riqueza es exponencial.
Creer que esta vez será distinto y que los estados gastarán sabiamente todo ese enorme “dinero gratuito muy caro” es sencillamente una ilusión. El gobierno tiene todos los incentivos para gastar demás, ya que su objetivo es maximizar el presupuesto y aumentar la burocracia como medio de poder. También tiene todos los incentivos para culpar de sus errores a un enemigo externo. Los gobiernos siempre culpan a algún otro por sus errores. ¿Quién rebaja los tipos del 10% o al 1%? Gobiernos y bancos centrales. ¿A quién se culpa por tomar “excesivos riesgos” cuando las cosas van mal? A vosotros y a mí. ¿Quién aumenta la oferta monetaria, reclama que “fluya el crédito” e impone represión financiera porque los “hay demasiado ahorro”? Gobiernos y bancos centrales. ¿A quién se culpa cuando las cosas van mal? A los bancos por los “préstamos imprudentes” y la “desregulación”.
Por supuesto, los gobiernos pueden imprimir todo el dinero que quieran, lo que no pueden hacer es convencernos de que tiene un valor, en que el precio y cantidad de dinero que imponen es real solo porque el gobierno lo diga. De ahí la menor inversión real y la menor productividad. Ciudadanos y empresas no están locos por no caer en la trampa de los tipos bajos y la alta inflación de activos. No son amnésicos.
Se llama represión financiera por una razón y los ciudadanos siempre tratan de escapar del robo.
¿Cuál es el truco para que nos lo creamos? Las bolsas suben, los bonos bajan y se nos hace creer que la inflación de activos refleja fortaleza económica.
Luego, cuando la política del banco central deje de funcionar (ya sea por falta de confianza o porque es sencillamente parte de la liquidación) y los mercados reciban las valoraciones que merecen, muchos dirán que fue culpa de los “especuladores”, no del especulador central.
Cuando estalla, podéis apostar hasta vuestro último dólar en a que el consenso culpará a los mercados, los fondos de inversión, la falta de regulación y la insuficiente intervención. Los errores de la intervención perenne se “resuelven” con más intervención. El gobierno gana en todo caso. Como en un casino, la casa siempre gana.
Entretanto, las famosas reformas estructurales que se habían prometido desaparecen como los malos recuerdos.
Es un inteligente sistema maquiavélico para acabar con los mercados libres y beneficiar desproporcionadamente a los estados a través de la más injusta de las competencias: tener acceso ilimitado al dinero y el crédito y ninguno de los riesgos. Y pasar la factura a todos los demás.
Si pensáis que no funciona porque el gobierno no hace mucho más, estáis sencillamente soñando.
Nos preocupamos por la transparencia tanto en la gestión como en nuestra propia forma de trabajar. Empresa líder en gestión de patrimonio y Family Offices
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