La renta fija tradicional, en forma de bonos emitidos por Estados y empresas, está pasando por momentos muy complicados. El abuso de endeudamiento por parte de los países desarrollados -y cada vez más también los emergentes-, junto con la fabricación de dinero por parte de los bancos centrales a niveles jamás vistos, hace que la renta fija sea cada vez menos fiable en general. Si fabricamos dinero de la nada sin anclarlo a nada, la deuda se convierte en meros dígitos cuya solvencia queda cada vez más en entredicho, ya que los ingresos y la capacidad de generar flujos de dinero para devolverla quedan cada vez más ridículos respecto a la cantidad debida. Y eso ocurre tanto a las empresas como a los Estados de los llamados países desarollados.
Si además añadimos a ello una política sostenida durante años de tipos de interés a prácticamente cero, y unas facilidades de recompra de activos por parte de bancos centrales demenciales, tenemos como resultado que la deuda más solvente (sic) como la alemana o la estadounidense está en tipos negativos. Y como consecuencia, el resto de deuda de países paradójicamente hiperendeudados, también goza de unas primas de riesgo mínimas, es decir que pagan extraordinariamente poco por recibir dinero prestado. (more…)






We all shudder (or should shudder) when we contemplate the possibility that our money is invested in assets whose prices are at what is known as a «bubble», i.e. at levels far higher than their real intrinsic value, the result of unfounded speculation. Investing in bubbles is the mistake we all want to avoid at all costs, because if they burst, the losses will be irrecoverable or, at best, it will take decades to recover the value lost. Because, if the capacity of those assets to generate Value does not increase considerably, those prices at which we buy wildly will not occur again without the help of a new bubble on that same asset, which may never happen or take more years than our own 
