Era de esperar, el corralito estaba repleto de paja y escombros secos, y el calor abrasaba. Ahora nadie sabe cómo apagarlo porque hay muy poca agua en esa casa, apenas unos baldes que están comprometidos con el huerto para salvar algo de la paupérrima cosecha. Los vecinos de alrededor tienen pozos, pero jamás les dieron su permiso para extraer de ellos ni una gota de agua. Y no porque sean mala gente o insolidarios, no, sino porque sus respectivas cosechas, y por tanto su supervivencia, también dependen de lo que queda en esos pozos, que es más bien poco. La sequía que azota la región desde hace un lustro, ya mella cruelmente el bienestar de las familias de esta zona, cada vez más pobre, de la periferia de la Gran Ciudad. (more…)

La rima es fácil. Pero no existe ninguna animadversión hacia ese pueblo, ni mucho menos, ya que lo ocurrido en Chipre sería comparable con lo acontecido en el resto de la periferia del sur de la Eurozona. Las circunstancias y las rimas de un griego, italiano, español o portugués son distintas, pero los paralelismos son innegables, e
Parece que el mundo se divide entre las personas que ahorran y las que no lo hacen. Pero muchos de los que dicen vivir al día, en algún momento de sus vidas (mayoritariamente en su madurez) y con el permiso de los azotes de esta crisis, tienden a ahorrar algún dinerito para su vejez o para el futuro incierto. Sin embargo la mayoría de estos previsores jamás se han considerado Inversores, sino simples ahorradores. Warren Buffett dijo que invertir es gastar menos hoy para que en el futuro podamos gastar más, y dio en el clavo, como casi siempre. 
A pesar de ser el miembro de los BRIC que nos queda más cerca, la economía rusa sigue siendo una gran desconocida para el inversor español. Sin embargo ya empezamos a ver a sus habitantes viajando masivamente por todo el mundo. Y poco a poco nos vamos familiarizando con su aspecto y su idioma, porque cada vez más, el turismo ruso inunda las costas mediterráneas desde la Riviera Turca hasta la Costa Brava. Son ya bastante habituales las cartas de los restaurantes en alfabeto cirílico, y eso es un síntoma inequívoco de que sus rublos empiezan a correr sustancialmente por los balances de nuestras empresas.
A la mayoría de inversores poco les importa lo que hubiera podido ocurrir. Tan sólo valoran y califican la calidad de sus apuestas por su resultado final. O sea, que a menudo sin ser conscientes de ello, suscriben el viejo dicho de: “bien está lo que bien acaba”.
La mayoría tendréis en la memoria la famosa película española titulada “