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Categoría: Crisis

La Eurozona ha dado positivo de Covid-19

Los que nos hayáis leído asiduamente sabréis que hace años que venimos diciendo que la Eurozona, tal y como la conocemos, no es viable ni sostenible. Ya lo advertimos hace casi una década (cómo pasa el tiempo!), cuando la crisis bancaria tensaba hasta el límite las costuras de la Eurozona, y los temidos Hombres de Negro (MIB) de la Troika escudriñaban las cuentas públicas de los mediterráneos países del sur. El tan cacareado y políticamente correcto concepto de «Más Europa», chocaba una y otra vez contra el muro del rico y productivo Norte, que prefería más una simple y rentable unión de mercado que una unión política, monetaria y fiscal.

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Así, los MIB blindaron con mayor o menor discreción los Memorandums of Understanding (MoU) para evitar la barra libre que reclamábamos desde el Sur. Sólo a cambio de eso y de la tozudez de los euroburócratas por chutar la lata y aplazar la hora de la verdad, la Eurozona siguió adelante con todas sus incompatibilidades e insostenibilidad manifiesta. La esperanza -en la que ya nadie creía- era que con la ayuda del QE del BCE, y unos añitos de pseudo-bonanza, el Sur se aproximase, macroeconómicamente hablando, al Norte de una puñetera vez. Pero el círculo ha seguido sin cuadrar durante todos estos años.

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La puntilla para las economías del sur ha venido de la mano de la pandemia del coronavirus SARS-CoV2 o también llamada enfermedad Covid-19. En esta madre de todas las crisis sanitarias, por cierto tan sangrienta como pasajera, economías tan grandes como la italiana o la española necesitarían una lluvia de billones de endeudamiento (Coronabonos, Eurobonos o como se quieran llamar) que los europeos del norte no están dispuestos a financiar mancomunadamente. Paradójicamente esta vez Merkel no es la abanderada del NO a la barra libre sino Holanda, aunque también es cierto que a los alemanes les resulta fácil ejercer de polis buenos compinchados con los polis malos holandeses. Sea por lo que sea, el Sur (Francia incluída) trata de aprovechar la recta final de la carrera política de Merkel para conseguir a la desesperada alguna concesión a pesar de la férrea oposición holandesa. Y es que lo que venga detrás de Merkel probablemente sea mucho menos proclive a concesiones para con el Sur, recodad si no el populismo que alcanzó Wolfgang Schaeuble con su propuesta de expulsar a Grecia del Sistema. Propuesta que, por otra parte, tenía todo el sentido económico del mundo.

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Hoy lo que propone abiertamente Holanda y su círculo de influencia es una Europa como un simple mercado común (os suena?). Y esa idea de la UE coincide con la que tenía el Reino Unido y que siempre fue tan vilipendiada por los euroburócratas. Así pues, esa deriva hacia una «Menos Europa» con la que se sentiría cómodo el Norte podría ser el camino a seguir, a pesar de la oposición de los países del Sur, puesto que ya sabemos que quien paga manda. Pero hay un pequeño detalle que complica y mucho esa idea de Europa: El Euro. Y es que un Mercado Común pierde buena parte de su sentido y simplicidad si la política monetaria de todos sus integrantes debe ser forzosamente la misma. Es decir, tener la misma cotización de divisa, el mismo precio del dinero (tipos de interés) y un solo banco emisor (BCE), vuelve a ponernos en el mismo punto de partida en el que estamos ahora mismo. O sea, que el Sur necesita urgentemente billones para subsistir, además de una depreciación de la divisa para recuperar competitividad y esperanzas de crecimiento, pero el Norte no está dispuesto a concederlo a cargo de sus economías. Y esa negativa constante está generando el rechazo también al proyecto europeo por parte de los países del Sur, puesto que saben que la -insuficiente- ayuda financiera concedida por el Norte acarreará la vuelta implacable de los temidos MIB, que suponen la pérdida absoluta de soberania presupuestaria, fiscal y económica en los países del Sur. La UE parece pues enfrentarse al fin al muro final del callejón sin salida a lo largo del cual ha venido chutando la lata desde el 2011.

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El brillo de lucidez ante esta permanente huída hacia adelante que el coronavirus ha precipitado, parece que lo está aportando Francia. Emmanuel Macron ha declarado esta misma semana nada menos que al Financial Times que la pandemia ha abocado a la UE al «momento de la verdad». No es casual que  Shahin Vallée, ex-asesor del Presidente del Consejo Europeo y hombre fuerte del Ministerio de Finanzas francés proponga crear en el seno de la UE lo que él denomina «la coalición de la voluntad». O sea que la UE se fraccione por grupos según su intención de evolucionar hacia «Más» o «Menos» Europa. De ese modo, los países que quieran una mayor integración podrían mantener su moneda y política monetaria única, renunciando a soberanía a cambio de una unión fiscal y política creciente e irreversible. Pero lo que resulta más curioso es que aquellos países que quieran una menor integración, una vez liberados de aquellos que desean «Más» Europa, también podrían mantenerse integrados. Es decir que ambas partes incompatibles entre sí se acomodarían una vez liberadas la una de la otra, resultando una Europa no sólo a dos velocidades sino con dos cotizaciones de divisa distintas, dos bancos centrales y dos políticas monetarias diferenciadas. No sería una Europa en equilibrio perfecto, pero sí mucho más estable que el polvorín insostenible en el que nos deja el Covid-19.

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Todo ello bien podría verse cubierto bajo la misma piel de cordero europeísta, por supuesto. Es decir utilizando eufemismos que puedan incluso mantener en la inopia europea a los menos informados (seguir llamando Euro a ambas divisas, seguir llamando BCE a ambos bancos emisores, etc). Pero existirían diferencias innegables, como por ejemplo la cotización del euro de los países del sur, que podría ser un 20 o 30% inferior al euro del norte. Por supuesto en un principio cotizarían a la par, intervenidas por el BCE, para evitar en la medida de lo posible la implementación de corralitos con el fin de impedir la fuga de activos del sur, pero se distanciarían necesariamente con el paso del tiempo. Los tipos post-covid19 no serían divergentes a corto o medio plazo, puesto que todo el mundo necesita en estos momentos tipos cero o negativos. Pero a medio plazo la Europa del Norte podría por fin seguir los pasos de la FED aumentado poco a poco el precio de su Euro fuerte. Quizá incluso podríamos ver una unión política y fiscal más allá del mero mercado común en alguna de esas -al menos- dos zonas diferenciadas, quien sabe, puesto que el círculo es mucho más fácil de cuadrar con economías realmente convergentes y un club con menos miembros y más intereses comunes.

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Por tanto, ¿como deberían posicionarse los patrimonios del Sur ante tal escenario post-pandémico? Pues obviamente deberían evitar acumular activos del sur o en el sur, es decir evitar tener anclados inmuebles en los países menos ricos de la UE (España, Italia, Grecia, Portugal e incluso Francia). Y en su lugar podrían tenerlos en países susceptibles de poderse vender en Euros no afectados por la depreciación respecto al euro del norte. O bien tenerlos directemente fuera de la UE, por ejemplo inmuebles en USA, comprándolos aún con el único Euro existente y no con el futuro euro devaluado del sur. En cuanto a los activos financieros, obviamente también deberían evitarse acciones de empresas de esos países sureños en las carteras, y por supuesto su deuda pública y privada. Además, como ya hemos dicho infinidad de veces y hoy con más énfasis que nunca, cuantos más peldaños de seguridad podamos añadir entre nuestro dinero y la necesidad recaudatoria o confiscatoria del los Estados del Sur, mejor dormiremos por las noches. Debemos ser conscientes de que en tiempos de situaciones extremas se tomarán soluciones extremas, que jamás habríamos intuido hace tan solo 6 meses.

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Lo que resulta innegable es que aunque esa evolución de la UE tarde más o menos en llegar y los euroburócratas sigan dándose cabezazos contra la realidad, esta pandemia va a dejar herida de muerte la supremacía económica y política de Occidente. El Covid-19 va a tener un claro ganador, si es que podemos decir que alguien va a ganar en esta pandemia, y ese ganador no es otro que China. No solo por haber lidiado y preservado su economía de manera ejemplar durante la epidemia, sino porque el resto del planeta va a retroceder varios años de crecimiento económico inevitablemente. Y eso acelerará de manera radical el liderazgo de China y su potentísima órbita económica (Vietnam, Korea, Malasia, Australia, Japón, Indonesia, etc..incluso la mismísima India), convirtiendo Asia en el nuevo centro del mundo. Es cierto que muchos dirán que las cifras de contagios y muertes del coronavirus en China no son fiables. Pero no nos engañemos, porque las cifras de muchos países occidentales tampoco lo son y muy pocos las cuestionan.

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En estas semanas y meses de pandemia hemos visto como cada país ha gestionado de manera muy distinta la crisis sanitaria. Los resultados están siendo tan diversos como la idiosincrasia de los respectivos gobiernos y ciudadanías. Y en la Unión Europea, especialmente en el Sur, encontramos países (léase España e Italia) que están gestionando la crisis sanitaria de manera más que dudosa. Una vez más estamos viendo las diferencias entre norte y sur en el seno de la UE, también en gestión político-sanitaria. Probablemente lo único que quedará en pie de esa unión europea después de la pandemia será la relativa capacidad de recuperación de las economías del norte, y el mercado común que siempre han defendido los más realistas.

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Tiempos dorados para los inversores despiertos. Ya lo advertimos a mediados de Marzo y también el pasado día 1 de Abril (por cierto, llevamos una subida en los mercados cercana al 30% desde los mínimos de esas fechas). Esta crisis cambiará muchas cosas en Europa, y a la vez está dejando al descubierto oportunidades descomunales. Imaginad que podamos aprovechar la reestructuración de la Eurozona y el Euro, que podamos invertir en empresas del sector salud de todo el mundo y especialmente de China, o que podamos aprovechar el tirón de las bolsas y las economías de lo que será el nuevo centro del mundo. Y todo ello con el viento a favor de todos los bancos centrales del planeta. Desgraciadamente vienen malos tiempos para el inversor local con activos locales.

 

¿Cuánto ganarán quienes inviertan hoy?

Para aquellos a los que los árboles del pánico y la volatilidad les impida ver el bosque de oportunidades y rendimientos que tienen en la palma de sus manos, vamos a explicaros el análisis simple y matemático que realiza Nick Maggiulli de Ritholtz Wealth, el cual suscribimos absolutamente.

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El quid de la cuestión es aportar luz a la compra de activos durante tiempos de pánico. Pero antes pongamos en contexto el actual crash.

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Hasta hoy el mínimo del Dow Jones se ha producido el pasado día 23 de Marzo 2020 y ha sido del 35% desde sus máximos, suponiendo uno de los peores meses de la historia de la bolsa americana.

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Si analizamos todas las caídas superiores al 30% desde 1915, veremos que este crash es uno de los más rápidos y fulminantes que jamás hemos tenido.

Además, mientras que a toro pasado vemos el puntito rojo que nos señala el suelo, en estos momentos todavía no sabemos si ya hemos visto el mínimo la pasada semana o está aún por llegar en este crash del coronavirus.

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A pesar de ello, es indudable que vivimos tiempos dorados para los inversores que compren acciones en estos momentos. Cada euro o dólar que invirtamos en los mercados actuales crecerá mucho más que los invertidos en los meses anteriores en cuanto los mercados se recuperen. Porque todos asumimos que tarde o temprano se recuperarán los mercados y la humanidad en su conjunto acabará venciendo a este virus como lo ha hecho con otras crisis sanitarias anteriormente, ¿verdad?

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Para demostrar que cada dólar invertido hoy rendirá mucho más que los invertidos antes del crash, imaginemos que decidimos invertir 100 dólares cada mes en la bolsa americana desde Septiembre de 1929 a Noviembre de 1954 (crash del 29 y su posterior larga recuperación).

 

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Si hubiesemos seguido esta estrategia, esto es lo que habría ganado cada paquetito de 100 dólares (incluyendo dividendos y ajustado a la inflación) hasta completar la recuperación en Noviembre de 1954:

Como podéis ver, cuanto más cerca compramos del mínimo, en verano de 1932, mayor es el beneficio a largo plazo de esa compra. Cada $100 invertidos en esos mínimos creció $1200, lo cual es el triple de lo que crecieron los paquetitos de $100 comprados en 1930 ($400).

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No obstante, incluso si miramos las otras caídas superiores al 30% que mostrábamos en el primer gráfico, seguimos viendo unos beneficios muy superiores si compramos durante los tiempos de mayor pánico y caídas de los Mercados:


Este gráfico demuestra que comprando cerca de los crashes (aunque no acertemos exactamente sus mínimos) proporciona entre un 50 y un 100% más de beneficio comparado con una inversión en otros momentos. Eso significa que tus $100 crecerán $150 o $200 más (ajustados a la inflación) cuando el Mercado se haya recuperado de nuevo.

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¿Pero de donde sale ese incremento tan espectacular? Pues además de ser intuitivo, su origen está en unas matemáticas simples: Cada porcentaje de pérdida requiere un porcentaje mayor de ganancia para compensarlo. A estas alturas de la película a nadie se le debería escapar que una caída del 10% requiere una subida del 11,11% para recuperar esa pérdida. Del mismo modo que perder un 20% requiere una subida del 25% y una caída del 50% requiere una subida del 100%. Podéis ver esta relación exponencial muy clara en el siguiente gráfico:

 

Veamos ahora como sería el gráfico adaptándolo a la caída que se ha vivido en los Mercados hasta la pasada semana (-33%) y veamos el beneficio que se necesitaría para recuperarla:


Si no vemos nuevos mínimos, la recuperación necesaria es del 50%. Y qué casualidad, por cada $100 invertidos en este momento generarán $150 (un 50% más) cuando la recuperación se materialice.

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Pero a pesar de que resulta obvio el beneficio de comprar durante el actual pánico, la mayoría de inversores no lo hacen en absoluto. Incluídos los que disponen de mucho cash, bien sea porque lo tenían en otros activos o bien porque han vendido durante el crash presas del pánico. Y menos mal que no lo hacen, puesto que si lo hicieran los crashes ya no serían tales, y por tanto las oportunidades para los buenos inversores se desvanecerían antes de materializarse. Las excusas para no hacerlo pueden ser diversas y muy convincentes para los inversores menos buenos. Entre ellas encontramos aquello de que «esta vez es diferente» o que no se sabe si aún caerá más. Como si el buen inversor solo fuera aquel que tiene la suerte de comprar justo el día en el que los Mercados cotizan lo que será el mínimo histórico de ese crash. Recordemos que en el gráfico 2 hablamos de comprar «cuanto más cerca» del mínimo, sin aspirar a hacerlo justo en la diana.

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Respondamos ahora con honestidad la siguiente pregunta: ¿Cuánto tiempo creéis que tardarán los Mercados en recuperar los máximos pre-pandemia? ¿Un mes, un año, una década? ¿Cuanto tardarán los índices a recuperarse de ese 33% de caída? Respondeos a vosotros mismos.

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Basándonos en esa respuesta volvamos de nuevo al rendimiento anual esperado en el futuro para nuestra inversión actual. La ecuación es la siguiente:

Retorno anual esperado = (1 + % Ganancia necesaria para recuperarnos)^(1/Número de años hasta la recuperación) – 1

Pero como sabemos que el porcentaje de ganancia necesaria para recuperarnos es el 50%, podemos simplificarlo del siguiente modo:

Retorno anual esperado = (1.5)^(1/Número de años hasta la recuperación) – 1

Por lo tanto, si creéis que el Mercado tardará en recuperarse:

  • 1 año, entonces tu retorno anual esperado = 50%
  • 2 años, entonces tu retorno anual esperado = 22%
  • 3 años, entonces tu retorno anual esperado = 14%
  • 4 años, entonces tu retorno anual esperado = 11%
  • 5 años, entonces tu retorno anual esperado = 8%

Incluso tardando 5 años hasta la total recuperación, el Mercado estaría ofreciéndote lo mismo que históricamente ha rendido la bolsa americana. Nick Maggiulli hizo esta misma pregunta en twitter y descubrió que dos de cada tres participantes de su encuesta creen que la recuperación llegará antes de 3 años.

 

Eso significa que si la mayoría de encuestados está en lo cierto, cualquier inversión realizada en estos momentos, va a rendir entre un 14% y un 50% anualizado hasta que el Mercado se recupere. Pensad en lo que esto significa. Los inversores que deciden no comprar en estos tiempos están, o bien renunciando a un rendimiento anualizado superior al 14% durante los próximos 3 años, o bien creen que el Mercado tardará más de 5 años en recuperarse y desprecian rendimientos anualizados inferiores al 8%. Resumiendo, el único motivo razonable para no hacerlo es que uno ya tenga todo su dinero invertido y no disponga de más en estos momentos (momento de vender a la abuela para invertir más en bolsa, como dijo aquel…).

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Por supuesto, pueden ocurrir nuevos cisnes negros en el planeta que retrasen la recuperación de los Mercados, como ocurre por ejemplo en Japón desde hace décadas. Pero parece poco probable, especialmente en economías eficientes como la norteamericana y crecientes como la de China y demás órbita económica asiática. Además, fijaos que durante todo el artículo nos estamos refiriendo al Mercado, es decir a los índices. Pero imaginad las cifras que conseguirán quienes tengan además la posibilidad de invertir en fondos de gestión activa que superen ampliamente a los índices de referencia. Es decir, los que inviertan en carteras donde el equipo de gestores seleccionen las empresas con mayor potencial de recuperación en estos momentos (sector Healthcare de China, por ejemplo). Y no nos cansaremos de repetir que, a pesar de que la inmensa mayoría de fondos de gestión activa no superan a sus benchmarks, especialmente dentro del escaso universo de fondos comercializables en España, hay gestores de fama mundial que sí lo vienen consiguiendo desde hace décadas. Pero por desgracia no son de fácil acceso para el inversor de a pie español, como explicamos detalladamente en «¿Por que los grandes inversores internacionales no invierten en los mismos fondos que tú?«.

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Como dijo en una ocasión Jim O’Shaughnesy, «Mucha gente confunde posibilidad con probabilidad, y ambas son casi opuestas». Tened esto presente cuando os enfrentéis a nuevos desafíos que vendrán en estos días.

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Una de las cosas que aún me sorprende es ver como unas simples matemáticas nos ayudan a clarificar espesos zarzales en los que nos enmaraña nuestra propia mente. Nuestros miedos y nuestras pasiones son el peor aliado ante el crash producido por el virus causante del covid19. Las cifras objetivas son si duda un un brillo de cordura para manejar la esquizofrenia de Mr. Market. Y las cifras nos demuestran que, si asumimos que el Mercado (y aún más nuestras acciones bien seleccionadas por los mejores gestores del mundo) se recuperará en los próximos trimestres o semestres, los retornos que obtendremos resultan muy pero que muy atractivos. Y por lo tanto, cualquier hipotético nuevo suelo de las bolsas, no sería más que una oportunidad adicional de compra y de beneficios aún mayores. Afortunadamente para una minoría, la mayoría no lo ven así y siguen esperando ver el suelo, como quien espera permanentemente tomar el siguente tren, que probablemente sea un AVE que no pare en su estación particular.

Invirtiendo en plena pandemia

Después del tan leído y comentado en redes «Las mentiras del gobierno y las autoridades sanitarias españolas respecto al coronavirus«,vamos con la tercera entrega de artículos dedicados a esta crisis mundial causada por el coronavirus SARS-Cov-2 y la enfermedad Covid-19. En nuestro primer artículo titulado «Las cifras realistas del coronavirus y las oportunidades de una lamentable crisis» ya lo avanzábamos: Los efectos en toda la economía mundial son devastadores a corto plazo. Pero sólo a corto plazo puesto que la infección tiene una clara fecha de caducidad, a diferencia de otros conflictos geopolíticos, bélicos o sociales, que también generan el pánico en los Mercados. Y es esa temporalidad la que nos debe despertar al buen inversor que llevamos dentro y cambiar nuestro miedo por la famosa codicia (greed) que Buffett y otros grandes de la inversión recomiendan cuando el resto de mortales entran en pánico.

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En esta pandemia, que empieza ya a azotar a Occidente, la oportunidad de inversión es de las que suelen llamarse once in a life time, o sea una ocasión de las que se dan muy pocas a lo largo de una vida inversora. Y ello es así porque, aunque siempre hay que dejar lugar a la duda por imponderables que pueden complicar los escenarios, la actividad empresarial probablemente se recuperará hasta niveles pre-pandémicos a medio plazo como mucho. Obviamente entre esos imponderables que pueden ocurrir tenemos por ejemplo una mutación que haga el virus más resistente y/o mortífero, conflictos bélicos que añadan más inestabilidad al orden mundial, u otras crisis sanitarias que pudieran surgir y coincidir en el tiempo con la actual pandemia. Pero si no ocurre nada de eso, la recuperación del tono de la economía no irá más allá de un par de trimestres, a lo sumo. ¿Y qué deben suponer unos pocos trimestres en el horizonte de un buen inversor? Nada.

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Por tanto, es tiempo de salir de compras (o de caza, como diría Buffett) y aprovechar que los resultados de infinidad de buenas empresas de todo el mundo van a ser temporal y excepcionalmente pésimos. Porque la caída en beneficios y facturación no vendrá dada por la mala marcha de los negocios sino por un paréntesis en la actividad económica global tan excepcional como temporal. Si hablamos de compañías aéreas encontraremos algunas a mitad de precio del pasado año. Si nos fijamos en el sector de transporte energético las caídas y oscilaciones están siendo demenciales. Y qué decir de las empresas del sector salud de China, por ejemplo, donde encontramos caballos ganadores que además tienen ante sí una horizonte excepcional porque van a ser los proveedores casi exclusivos de material relacionado con la pandemia y la post-pandemia a nivel planetario.

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¿Pero como encontrar esas perlas con un futuro tan prometedor? Hace ya décadas que aprendimos que es mucho más eficiente seleccionar los mejores gestores de fondos internacionales que tratar de analizar las mejores empresas del planeta. El conocimiento que unos buenos equipos de gestión local tendrán sobre las mejores empresas de sus respectivos países (Vietnam, India, Brasil, China…) siempre será infinitamente superior que el nuestro o el de cualquier gestora multinacional que trate de hacer su selección a través de un gestor localizado en Londres o Nueva York, aunque sus antepasados fuesen originales de esos países. Por lo tanto, haremos bien en invertir nuestro dinero en estos momentos en esos fondos de inversión que tengan un conocimiento local y exhaustivo de China (o el sector específico de salud como comentábamos antes) o de cualquier otro país.

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Y es que esos buenos gestores locales no solo elegirán buenos negocios sino también baratos y con perspectivas de recuperación fulgurantes. Porque si pensamos que una empresa pueda estar perdiendo a causa de la pandemia, por ejemplo un trimestre entero de su facturación, comprándola ahora a precio de pánico, sus perspectivas de crecimiento en cifras de negocio en los próximos 4 o 6 trimestres serán espectaculares. Dicho de otra manera, estaremos invirtiendo con criterios Value pero con un potencial Growth tan excepcional como rentable. Si a eso añadimos que seleccionaremos empresas cuyo negocio se base en aprovechar economías y demografías crecientes como las asiáticas, el viento a favor empujará aún más nuestros beneficios futuros.

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Como reza la imagen de la izquierda de la Newsletter de Marzo de Cobas, es ahora, cuando nuestros vecinos del 3º 5ª se empiezan a dar cuenta de que quizá el coronavirus no es solo una simple gripe, que debemos invertir sin miedo y dar rienda suelta a nuetro «greed» de buen inversor. Ahora, cuando nuestros amigos y conocidos menos informados se alarman por las caídas de los Mercados que salen en las noticias de todas las cadenas de tv. Del mismo modo que el ascensorista que recomendaba acciones a Groucho Marx en este imprescindible libro, o el limpiabotas de Rockefeller invertía en bolsa. Es decir, cuando los menos informados entran en pánico por la epidemia del coronavirus y los mercados entran en barrena, es el momento más adecuado para invertir en los activos de calidad que se hayan visto exageradamente depreciados en estos días. Es perfectamente posible, como ya hemos dicho, que las cosas se compliquen aún más, y que las inversiones que hagamos hoy pierdan temporalmente un 20% o un 30% adicional. Pero si lo hacen, y nuestras inversiones son de calidad y hechas con el buen criterio de los mejores gestores de fondos del planeta, será por muy corto espacio de tiempo. En cambio, si seguimos temerosos fuera del Mercado, es probable que no veamos esa caída del 20-30% adicional sino una recuperación fulgurante y nos perdamos buena parte de la subida, habiendo echado a perder esta «once in a life time» oportunidad.

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Sabemos que muchos leerán este artículo pero no seguirán la recomendación, puesto que es fácil entender que hay que comprar cuando todos venden pero resulta difícil atreverse a ponerlo en práctica. Y gracias a esa mayoría que no se atreverá y a los que ni siquiera están de acuerdo con nuestros argumentos, unos pocos podremos obtener cuantiosos beneficios en los próximos años.

 

Las mentiras del gobierno y las autoridades sanitarias españolas respecto al coronavirus

Es lamentable ver las diferencias en el manejo de la situación de emergencia en la pandemia del coronavirus entre los distintos países en todo el planeta. Pero lo preocupante es la actitud de las autoridades políticas y sanitarias españolas ante esta crisis, puesto que se esfuerzan una y otra vez en tergiversar los hechos y los datos para minimizar su cruda realidad. Una mezla de cobardía y paternalismo mal entendido que justifica, a ojos de algunos, la ausencia de la toma de decisiones valientes. El empeño de las autoridades españolas por engañar a la ciudadanía contrasta tristemente con las realistas y serias advertencias de otros gobiernos y organizaciones sanitarias mundiales.

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La propia Ministra Portavoz del Gobierno Maria Jesús Montero ha declarado en distintos medios de comunicación, y sin ningún rubor, que el Covid-19 no es más que una «nueva gripe, parecida a la gripe habitual y con un porcentaje de mortalidad incluso más bajo que el de la gripe normal» (por ejemplo en el minuto 10 de la siguiente entrevista que le hicieron en RAC1 la pasada semana).

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La lamentable realidad es que la mortaldad de este virus es muy superior al de la gripe estacional. Y cualquier científico bien informado, cuyo rigor no se vea contaminado por las consignas políticas del gobierno, admitirá cifras estadísticas entorno a 3 o 4 fallecimientos por cada 100 infectados. Algunas autoridades españolas manejan cifras de mortalidad de gripe normal del 2%, pero respecto a ingresados en hospitales y no respecto a infectados, inflando así la tasa de mortalidad y haciéndola incomparable con la del Covid-19. Por otro lado, también maliciosamente, proclaman que la mortalidad del coronavirus es del 0,7%, tomando las cifras de muertes resepecto a infectados justo al inicio de la epidemia en Europa, con lo cual los enfermos que van a morir todavía no lo han hecho. Para dejar aún más en evidencia a la ministra, ahí va la comparativa oficial entre la tasa de mortalidad de la gripe común y el Covid-19 dela CDC norteamericano:

 

.Las cifras con mayor fiabilidad estadística las encontramos en China, donde hay mayor número de casos de coronavirus y más antiguos. Y esas cifras están hoy en el 3,75% de mortalidad: 3012 muertos respecto a 80409 infectados. Desgraciadamente una fracción de los infectados hoy también morirá, mientras que los nuevos contaminados tienden ya a la baja, por lo que este porcentaje también tiende a aumentar aprox. en un 0,04% diario, como lo ha hecho en los últimos días. Es decir, que si damos por creíbles las cifras oficiales en China, la mortalidad efectivamente se aproxima espantosamente al 4%. Y si no creemos las cifras oficiales (personalmente sí las creemos) y pensamos que el gobierno chino está maquillando la mortalidad, apaga y vámonos. Podéis seguir la evolución diaria de las cifras oficiales en China en esta página de Wikipedia, y las cifras oficiales del resto del mundo en esta otra.

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Sin embargo, algunas noticias que muchos tachan de tremendistas, infodemia o de fake news, sí están en consonancia con lo que se publica en la mayoría de medios internacionales con timelines al minuto de cualquier novedad respecto al coronavirus, y no escatiman medios ni adjetivos para mantener a la población de sus respectivos países en estado de alerta y emergencia sanitaria. Porque ese estado de alerta y de emergencia es cierto que castiga la economía a corto plazo, pero salva vidas. Así pues, países como los EE.UU., donde hoy por hoy la propagación del virus es todavía proporcionalmente inferior a la de España, están dando instrucciones inequívocas a sus ciudadanos para que estén preparados ante un inminente confinamiento o situación de emergencia que les impida por ejemplo ir a trabajar, llevar a sus hijos a la escuela o simplemente ir a comprar al supermercado o a la farmacia. Y es que, tasa de mortalidad aparte, lo que está muy claro es que este coronavirus es muy contagioso, y es imparable su extensión por todo el planeta. Por eso los gobiernos responsables alertan y preparan a sus ciudadanos para una infección masiva. Según los cálculos del profesor de Epidemiología de Harvard Marc Lipsitch, entre un 20 y un 60% de la población mundial se va a infectar del coronavirus si no tomamos medidas drásticas como ha hecho China y/o no surge un fármaco eficaz y viable para todo el mundo. Y a la espera de ese fármaco, nuestra única opción es ralentizar la pandemia. Eso supone, aún con tasas de mortalidad optimistas, millones y millones de muertes en todo el planeta, con un coste a todos los niveles brutal. Qué contraste con las declaraciones happy flowers de nuestros ministros y portavoces sanitarios que siguen hablando de «nueva gripe que mata menos que la gripe normal», verdad?

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Es innegable que una alerta realista sobre la que se nos viene encima hace que la población modifique radicalmente su actividad habitual, y con ello se desploma el consumo, la productividad y por tanto la economía, como ha sucedido en China. Pero unas medidas valientes (aunque tardías) como las que ha tomado e implementado con rigor marcial Xi Jinping, van a salvar la economía de su país a medio y largo plazo. Porque una epidemia descontrolada, con la tasa de mortalidad que conlleva este coronavirus, afectaría muchísimo más a la economía a medio plazo que el desplome a corto. Económicamente podríamos ver una caída y recuperación de la economía en forma de V, pero sin medidas valientes por parte de las economías desarrolladas, ya de por sí anémicas de crecimiento, en Occidente ni siquiera veremos una recuperación en U.

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En Italia la epidemia nos lleva unas pocas semanas de adelanto, y ayer se tomó la decisión, aunque tardía, de cerrar todas las escuelas y universidades del país. En cambio en España, a pesar de reconocer al menos 3 infecciones en niños en edad escolar, no se plantea (aún) el cierre de los centros educativos. Pero no solo eso, sino que en uno de los casos fue la madre quien insistió una y otra vez en que le hicieran el test del coronavirus a su hija, mientras las autoridades sanitarias le seguían diciendo que buscasen algún familiar (ya que padre y madre debían quedarse en casa por estar infectados) que la llevase al colegio normalmente! Qué chapuzas estamos haciendo en un tema tan serio en el que nos jugamos todos tantísimo! Porque el hecho de los niños y jóvenes en su inmensa mayoría superen la infección con síntomas leves o incluso asintomáticos, no impide en absoluto que esos niños y jóvenes infecten a sus padres, abuelos y profesores. Colectivos todos ellos que sí van a sufrir graves consecuencias y cuya mortalidad es muy alta, como hemos visto anteriormente. Además, resulta absurdo tratar de contener la epidemia manteniendo en sus casas a padres infectados y dejando circular libremente a sus hijos, también infectados aunque muchos sin saberlo, en las ecuelas, autobuses y demás entornos con los que se relacionan habitualmente.

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Otro ejemplo: En España las autoridades se han esforzado lo indecible para recalcar que los contagios existentes no eran comunitarios (contagiados locales) sino importados, de Italia, China, etc. Remarcaban insistentemente que eso era un detalle importantísimo, tratando de convencer a la población de que España estaba en una situación perfectamente controlada puesto que nuestros contagios eran todos importados, obviando que solo es cuestión de tiempo que se produzcan, como así ha sido, contagios comunitarios en España. No obstante, ante contagios cuyo origen no es importado, las autoridades españolas aún los califican como de «orígen desconocido», sin reconocer aún que son contagios ya comunitarios, es decir locales.

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En cambio, en Reino Unido, a pesar de tener a día de hoy menos infectados que en España, ya advierten claramente a la población de que los contagios comunitarios van a ser una realidad inminente y que la población debe ser consciente de ello para poder estar más preparada.

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Incluso en las universidades norteamericanas se advierte claramente de que si el estudiante aprovecha la pausa de primavera o spring break (parecido a lo que serían las vacaciones de Semana Santa en España) para salir del país o visitar zonas con elevada incidencia del virus, van a tener problemas para ser readmitidos de vuelta, a no ser que se mantengan en cuarentena de dos semanas en una localización apta antes de volver a sus habitaciones del campus. Vamos, igualito que aquí…

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La situación es muy grave, porque a menos de que en pocos días surja una medicación que reduzca drásticamente la mortalidad y sea viable su administración masiva, lo que está ocurriendo en Italia va a ser solo la punta del iceberg en el resto de Europa. Y ni los servicios sanitarios (ya desbordados en Italia), ni la logística de suministros de primera necesidad van a poder hacer frente a un contagio masivo. Por eso es vital tomar medidas valientes de bloqueo y aislamiento como ha hecho China, a pesar de que ello suponga el desplome a corto plazo de la economía. Sin embargo, la primera decisión que tomó la UE fue eliminar de la mesa la opción de cerrar fronteras intraeuropeas, allanando así la libre circulación de europeos y del Covid-19 desde Lisboa hasta Berlin. Sí, esas mismas fronteras intraeuropeas que en cambio no dudaron en cerrar, suspendiendo unilateralmente el acuerdo de Schengen, cuando los refugiados llegaban por millones al corazón de Alemania.

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La paradoja a la que se enfrentará ahora China es que deberá seguir cerrando sus fronteras (a personas, que no a mercancías) para evitar que, una vez controlada su epidemia doméstica, no les infecte de nuevo el virus, procedente ahora de países como los europeos donde la infección estará descontrolada por culpa de decisiones políticas tardías y cobardes. Por ello veremos antes la recuperación del valiente gigante asiático que la de la vieja y cobarde Europa, lo cual supone una oportunidad de inversión extraordinaria, como ya avanzamos en «Las cifras realistas del coronavirus y las oportunidades de una lamentable crisis«. China comienza su senda back to business. Y además lo hace habiendo adquirido un know-how tecnológico para manejar próximas crisis sanitarias impagable, como podemos leer en este artículo de WeekInChina.

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En definitiva, el manejo de la información y las alertas hacia la ciudadanía dicen mucho de cada país. Y por desgracia en España tenemos unas autoridades que se preocupan más del pan para hoy que de las muertes y el hambre de mañana. Centran los esfuerzos comunicativos del Estado en mantener en la inopia a la población, que en consecuencia vive sin previsión alguna ante una emergencia sanitaria, o sea sin acopio de alimentos y medicinas ni plan de contingencia familiar y personal alguno. Incluso el Director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias, Fernando Simón, ha llegado a decir que ir con mascarilla por la calle es contraproducente porque la gente se reiría de nosotros o creerían que estamos infectados, insistiendo una y otra vez en que las mascarillas no nos protegen ante la infección de ninguna manera. Y a continuación admitiendo con la boca pequeña que si la población compra mascarillas, los profesionales sanitarios no tendrán suficientes, evidenciando que son un elemento de protección eficiente y necesario. Recordemos que en países como China son obligatorias las mascarillas para toda la población en las zonas de riesgo y se castiga a quienes salen a la calle sin ellas. Otros gobiernos como el francés o el alemán directamente confiscan o prohíben exportar mascarillas para que sus profesionales sanitarios puedan disponer de ellas, sin tratar de imbéciles a sus ciudadanos diciéndoles que no sirven para protejer de la infección y que harán el ridículo si se ponen una.

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Es cierto que algunos lectores jóvenes y sanos podrán tachar este artículo de tremendista, pero deberían tener en cuenta que a pesar de que ellos superarían la infección sin apenas síntomas, probablemente contagiarían mortalmente a otras personas con menos salud y juventud de su entorno familiar y profesional, o simplemente desconocidos con los que compartan por ejemplo un mero transporte público. En fin, mejor seguir informándonos en medios internacionales y preparándonos para lo peor, mientras cruzamos los dedos para que tengamos pronto una medicación al alcance de todos que reduzca la mortalidad real a los niveles de una simple gripe.

 

Adiós al Patrón Solvencia. El dinero infinito es el nuevo Patrón.

Aunque la mayoría de inversores no han conocido más allá del Patrón Solvencia, no hay que olvidar que hace ya 48 años que las autoridades monetarias norteamericanas decidieron abandonar el Patrón Oro, es decir el anclaje del valor del dólar al del metal precioso. El patrón de anclaje del dinero a una commodity que le confiriese un valor intrínseco fue una práctixa muy extendida no solo en la antigüedad sino también durante el s. XIX y XX, y por tanto su supresión a principios de los años setenta generó una sensación de vértigo muy importante para los ahorradores norteamericanos acostumbrados a dormir tranquilos pensando que podían cambiar sus papelitos bancarios por una proporción de oro. Las dificultades por parte de los emisores para mantener la contrapartida de valor a sus monedas fue in crescendo, de modo que cada vez la proporción de valor intrínseco del dinero emitido iba siendo menor, con lo cual el dinero en circulación podía aumentar más allá del límite establecido originalmente por la propia riqueza material (commodity).

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A partir de ese momento se empezó a sustituír de manera paulatina y más o menos sutil el valor intrínseco por la confianza (fiat) en el emisor. De hecho en algunos países como China, en una parte de lo que ahora es Canadá u otros países y reinos europeos se inició ese camino de no retorno hacia el fiat money hace siglos. El nuevo Patrón Fiat Money se impuso rápidamente en occidente durante el s. XX, empujados por las apreturas económicas fruto de las guerras mundiales, arrojando el valor del dinero ya totalmente en brazos de la confianza (fiat) en los Estados, que estuvieron lógicamente encantados de las posibilidades de manipulación política del dinero que eso les proporcionaba. Con el finiquito del acuerdo de Bretton Woods en 1971, los EE.UU. enterraron definitivamente el valor intrínseco de su divisa, y el fiat money posó a ser el patrón global, por si a alguno le quedaba aún alguna duda. A partir de ahí, obviamente, unos Estados lo hicieron mejor que otros, léase por ejemplo EE.UU vs Argentina, Venezuela o las repúblicas bananeras y sus hiperinflaciones. Pero incluso para los mejores de la clase, la confianza de la mayoría de los ahorradores en sus respectivos Estados no ha podido evitar perder poder adquisitivo a lo largo de los años.

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El Patrón Fiat Money vino para quedarse, evidentemente, y jamás volveremos a ver nuestro dinero anclado a ningún activo real. Es demasiado goloso para los Estados disponer de la creación de dinero electrónico (otrora impreso) infinito. Pero a pesar de esa posibilidad inacabable, de la que han venido abusando las repúblicas bananeras hiperinflacionistas, dicho Patrón Fiat se autolimitaba con un criterio que ha sido clave durante los casi 50 años: La Solvencia. De ese modo, anclando la posibilidad de crear dinero infinito a los límites de la solvencia para repagar deudas, el Fiat Money ha venido siendo en realidad la sustitución del Patrón Oro por el Patrón Solvencia. Es decir, que la confianza en el Estado tenía un límite, que no era otro que la posibilidad material de repagar sus deudas y de cuadrar sus cuentas entre gasto público y cobro de impuestos a la población sin que la inflación se dispare. Por eso, durante décadas, han habido países cuya moneda se depreciaba respecto a otras por su mala gestión, que obligaba a esos Estados a cubrir sus desmanes presupuestarios con dinero nuevo o deuda pública, que a su vez generaba inflación. Una deuda pública que el dinero privado de inversores nacionales y extranjeros, debían considerar atractiva para financiarla. Inversores que por tanto exigían a cambio un interés acorde con el riesgo de que ese Estado no pudiese pagar sus deudas sin imprimir billetes, y por tanto que la inflación devorase su poder aquisitivo. Es decir, unos tipos de interés que a su vez ponían precio a esa divisa emitida por cada Estado, en función de su capacidad de cuadrar sus cuentas y su inflación, es decir su Solvencia.

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Por tanto teníamos un sistema cuya insolvencia lo autorregulaba, ya que quien caía en una espiral imparable de deuda a tipos crecientes e inflación galopante tardaba pocos años en hacer un default, llevando su economía y la de sus conciudadanos mal asesorados a la ruina. Pero como los políticos nunca han sabido pilotar la economía, el abuso del endeudamiento, incluso en los países que mantenían el control de su inflación, empezó a burbujear. Hasta que llegó la crisis de deuda del 2007 y el consiguiente crash de 2008. Ahí el abuso de la deuda estaba tan generalizado y la insolvencia era tan elevada, que el riesgo de default de los insolventes era sistémico, empezando por todo el sistema bancario occidental. Solución: La famosa frase de Draghi «whatever it takes«. Es decir, los bancos centrales generaremos el dinero que haga falta para convertir a los insolventes en solventes y salvar así el sistema. Porque con liquidez infinita el insolvente jamás quiebra, simplemente amplía y renueva sus deudas hasta el infinito y más allá, permitiendo a los acreedores que no tengan que provisionar más pérdidas incobrables que las que sus balances puedan soportar. Algo así como la avestruz que esconde su cabeza bajo tierra.

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El nuevo patrón es por lo tanto el del dinero fiat, pero desde hace ya una década además es infinito por decisión de los bancos centrales más poderosos del planeta. Es decir, que se crea y se creará el dinero que sea necesario para mantener a flote bancos, grandes empresas sistémicas y a los propios Estados como ocurre en el sur de la Eurozona, añadiendo ceros a su deuda y con tipos de interés bajo cero (ya hablamos de ello hace 6 años en financial repression). Algunos de los inconvenientes obvios son que estamos permitiendo la supervivencia de empresas zombies, ineficientes y endeudadas hasta las cejas, que repagan sus vencimientos con nuevo dinero creado por los bancos centrales a cambio de su papel mojado. Otro inconveniente letal es que los tipos bajo cero no solo mantienen a flote a los insolventes públicos y privados sino que incentivan aún más el endeudamiento privado. Por todo ellos la solvencia ya no es un ratio a tener en cuenta. También será un caos el hecho de que todo esos tipos ultra-bajos se llevan por delante a todo aquel que haya hecho de la renta su modus vivendi u operandi, es decir rentistas particulares, fondos de pensiones, aseguradoras, fondos soberanos y demás dinero que quiera evitar la volatilidad de las bolsas. Hasta hoy llevamos sólo una década de tipos cero, pero el daño que van a hacer a medio y largo plazo las facilidades cuantitativas son letales para el mantenimiento de sistemas de pensiones de capitalización (tanto como el lo es para los sistemas de pensiones de reparto el vejecimiento de la población que estamos también sufriendo).

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No obstante, lo más curioso de la situación actual es que puede ser sorprendentemente sostenible, ya que tiene ventajas como por ejemplo el hecho de que podemos chutar la lata de las quiebras masivas durante décadas, quian sabe si incluso generaciones. Tan solo debemos acostumbrarnos (ya lo estamos haciendo) a que las deudas por ejemplo soberanas superen ampliamente el 100% o incluso el 200% del PIB. Al fin y al cabo qué importa el porcentaje de deuda si la solvencia es un problema que los bancos centrales han dejado atrás con su nuevo Patrón de Dinero Infinito. Así, vemos como los Estados se mantienen solventes a ellos mismos y a sus bancos a base de fabricar dinero sin que su circulación sea significativa, puesto que la inmensa mayoría de esos flujos no salen del circuito de deuda perpetrado entre bancos centrales, bancos privados y empresas estatales y para estatales o sistémicas. En una palabra, estamos viviendo en el paraíso del «too big to fail». En el camino de este nuevo patrón de liquidez infinita se pueden reducir los efectos del temido austericidio, defendido por los halcones alemanes, puesto que se fomentan ineficientes y anémicos crecimientos económicos a la vez que se mantiene una inflación en mínimos y se ahuyenta también la temida deflación. Pero los beneficios miopes no acaban ahí, en este entorno vicioso los políticos puden renovar sus legislaturas sin tener que tomar decisiones valientes ni pensar más allá de una o dos legislaturas, que es su horizonte intelectual habitual.

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¿Cuáles son pues los riesgos de esta liquidez infinita? Pues además de suponer el caldo de cultivo perfecto para la asignación ineficiente de un dinero cuyo precio es próximo a cero, la hiperinflación sería otro factor que podría acabar haciendo que este nuevo patrón estallase por los aires. Pero como vimos hace 10 años en «La ilusión de la riqueza y la Teoría Cuantitativa«, el aumento de masa monetaria sin velocidad de circulación no es suficiente para generar aumento de precios. Y el grifo de la velocidad a la que el dinero fluye por las venas de la población, o sea de la llamada economía real, lo dominan absolutamente bancos centrales, gobiernos y bancos privados.

Por tanto nos adentramos en una profunda era donde el Patrón Solvencia ha quedado obsoleto, y donde la liquidez infinita va a mantener a flote empresas, bancos, Estados y gobiernos zombies, dándoles además un aspecto de normalidad al que nos estamos ya acostumbrando escandalosamente. Olvidémonos pues de la escasa volatilidad y la cómoda vida del rentista de antaño, de la selección natural de los insolventes e ineficientes y de un precio del dinero razonable.

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El Dinero Infinito es el Nuevo Patrón, y hay que aprender a sobrevivir financieramente en esta nueva era que ha venido para quedarse durante varias décadas (ya llevamos una). Fijaos si no la que se ha liado en cuanto se ha pretendido cerrar el grifo en 2018 (gráfico del encabezado del artículo). Como consecuencia del terremoto en los mercados, los bancos centrales han comenzado la marcha atrás para volver a abrirlo en 2019 y 2020. Los rentistas y los inversores conservadores (sic) que aún creen que pueden superar la inflación con escasa volatilidad, están siendo engañados por sus asesores financieros y/o banqueros. En este entorno de tipos cero y sobreendeudamiento, ni hoy ni en los próximos muchos años va a ser posible generar rentas sólidas y sostenibles que superen la inflación sin asumir un enorme riesgo. Y ese riesgo no es otro que prestar nuestro dinero a emisores de deuda y productos estructurados, garantizados y demás ingeniería bancaria, que materialmente son zombies que sólo el dinero infinito mantiene en pie.

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La pregunta del millón es si podemos arrojar los ahorros de los más conservadores a los brazos de productos bancarios virtualmente zombies confiando en que el patrón de dinero infinito ha venido para quedarse. La respuesta es que muchos lo vienen haciendo desde hace una década y les ha funcionado relativamente bien (aunque difícilmente han superado la inflación real), puesto que ningún depósito, producto garantizado ni cartera de renta fija ha saltado por los aires bajo la batuta de Draghi, Yellen o Bernanke. Pero que políticamente se haya decidido mantener a flota la insolvencia no convierte en solventes esas inversiones. Por tanto, salvo contadísimas excepciones de activos alternativos generadores de rentas, como life settlements o cierto mercado hipotecario norteamericano, cuya volatilidad es moderada pero de liquidez trimestral y acceso selectivo, los inversores más conservadores harían bien en aceptar la volatilidad de las bolsas de países cuyas economías aún crecen y crecerán durante al menos una década. Y para invertir en esos activos y mercados crecientes deben buscar los mejores fondos del planeta, sin las enormes limitaciones que suponen los importes mínimos o las regulaciones de comercialización en España.

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En este patrón de dinero infinito que vino para quedarse, como rezaba el famoso culebrón podría decirse que sin volatilidad no hay paraíso.

Daniel Lacalle y la nacionalización de la economía que perpetran los Bancos Centrales

Aunque en algunas de sus convicciones podemos no estar del todo de acuerdo, no cabe duda que Daniel Lacalle es una de las personas que más sabe de macroeconomía. No sólo por su PhD en Economía sino especialmente por su enfoque ante el abuso de los bancos centrales que venimos sufriendo desde hace más de una década.

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A continuación os dejamos con el artículo que sobre dicho abuso y fin de fiesta escribió lacalle hace un año en la web del Mises Institute. Como veréis, coincidimos mucho con Lacalle en el análisis que hicimos hace dos años en nuestro artículo «Intereses negativos y Darwin«. Y quizá os interese también releer «Qué esperar cuando se está esperando… el apagón del QE»

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Estamos ya en 2018 y con la FED subiendo tipos de manera decidida. Y el BCE se enfrenta, por fin, a su realidad. Esperamos que disfrutéis con el duro y realista artículo de Lacalle:

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El FT publicaba un artículo que decía que “los principales bancos centrales poseen ahora un quinto de la deuda pública total”.

 

Las cifras son estremecedoras.

 

1) Sin ninguna recesión o crisis, los grandes bancos centrales están comprando más de 200.000 millones de dólares de deuda pública y privada, liderados por el BCE y el Banco de Japón.

2) La Reserva Federal posee más del 14% de la deuda pública total de EEUU.

3) Los balances del BCE y el BdJ exceden en un 35% y un 70% sus respectivos PIB.

4) El Banco de Japón es actualmente uno de los 10 mayores inversores en el 90% del Nikkei.

5) El BCE posee el 9,2% del mercado de bonos corporativos europeos y más de 10% de la deuda soberana total de los principales países europeos.

6 El Banco de Inglaterra posee entre el 25% y el 30% de la deuda soberana de Reino Unido.

 

Un informe reciente de Nick Smith, analista de la CLSA, advierte acerca de lo que llama “la nacionalización del mercado secundario”.

 

El Banco de Japón, con su política ultraexpansionista que solo expande su balance, está en camino a convertirse en el mayor inversor en las grandes empresas del Nikkei 225. De hecho, el banco central japonés ya cuenta con el 60% del mercado de ETF (Exchange Traded Funds) en Japón.

 

¿Qué puede ir mal? En general, el banco central no solo genera mayores desequilibrios y un mal resultado en una economía “zombificada”, ya que las políticas extremadamente laxas perpetua los desequilibrios, sino que debilita la velocidad del dinero e incentiva la deuda y las malas inversiones.

 

Creer que esta política es inocua porque “no hay inflación” y el desempleo es bajo resulta peligroso. El gobierno emite cantidades masivas de deuda y el dinero barato promueve un exceso de capacidad y una mala asignación de capital. Así, el crecimiento de la productividad colapsa, los salarios reales caen y el poder adquisitivo de las divisas también cae, llevando al alza el coste real de la vida y a la deuda a crecer más que el PIB real. Por eso, como hemos mostrado en artículos anteriores, la deuda total ha ascendido hasta el 325% del PIB mientras que las empresas zombis llegan a niveles propios de una crisis, de acuerdo con el Banco de Pagos Internacionales.

 

Los títulos públicos monetizados por el banco central no son activos de alta calidad, son un pagaré que se transfiere a las próximas generaciones y se liquidará de tres maneras: con inflación masiva, con una serie de crisis financieras o con un gran desempleo. La destrucción del poder adquisitivo de la moneda no es una política de crecimiento, es robar a futuras generaciones. El efecto “placebo” de gastar hoy el Valor Presente Neto de esos pagarés significa que, como PIB, la productividad y la renta disponible real no mejoran, al menos no tanto como la deuda emitida. Estamos creando una bomba del tiempo de desequilibrios económicos que no hacen más que crecer y que explotará en algún momento del futuro. El hecho de que la evidente bola de riesgo se retrase otro año no significa que no exista.

 

El estado no está emitiendo “dinero productivo”, sino solo una promesa de más réditos mediante mayores impuestos, mayores precios o confiscación de riqueza en el futuro. El crecimiento la oferta monetaria es un préstamo que obtiene el estado pero que pagamos nosotros, los ciudadanos. El pago viene con la destrucción de poder adquisitivo y confiscación de riqueza a través de la devaluación y la inflación. El “efecto riqueza” de acciones y bonos en aumento es inexistente para la gran mayoría de los ciudadanos, ya que más del 90% de la riqueza familiar media está en depósitos.

 

De hecho, una monetización masiva de la deuda es solo una manera de perpetuar y fortalecer el efecto expulsión del sector público sobre el sector privado. Es una nacionalización de hecho. Porque el banco central no “quiebra”, solo transfiere sus desequilibrios financieros a bancos privados, empresas y familias.

 

El banco central puede “imprimir” todo el dinero que quiera y el gobierno se beneficia de ello, pero los que sufren la represión financiera son el resto. Generando las consiguientes crisis financieras a través de políticas monetarias laxas y siendo siempre el principal beneficiario del auge y el declive, el sector público sale de estas crisis más poderoso y más endeudado, mientras que el sector privado sufre el efecto de expulsión en tiempos de crisis y el efecto de los impuestos y la confiscación de riqueza en tiempos de expansión.

 

No sorprende que el gasto público con respecto al PIB esté ahora casi en el 40% en la OCDE y aumentando, la carga fiscal esté en máximos históricos y la deuda pública aumente.

 

La monetización es un sistema perfecto para nacionalizar la economía pasando a los contribuyentes todos los riesgos del exceso de gasto y los desequilibrios. Y siempre acaba mal. Porque dos más dos no es igual a veintidós. Al gravar a los productivos para perpetuar y subvencionar a los improductivos, el impacto sobre el poder adquisitivo y la destrucción de riqueza es exponencial.

 

Creer que esta vez será distinto y que los estados gastarán sabiamente todo ese enorme “dinero gratuito muy caro” es sencillamente una ilusión. El gobierno tiene todos los incentivos para gastar demás, ya que su objetivo es maximizar el presupuesto y aumentar la burocracia como medio de poder. También tiene todos los incentivos para culpar de sus errores a un enemigo externo. Los gobiernos siempre culpan a algún otro por sus errores. ¿Quién rebaja los tipos del 10% o al 1%? Gobiernos y bancos centrales. ¿A quién se culpa por tomar “excesivos riesgos” cuando las cosas van mal? A vosotros y a mí. ¿Quién aumenta la oferta monetaria, reclama que “fluya el crédito” e impone represión financiera porque los “hay demasiado ahorro”? Gobiernos y bancos centrales. ¿A quién se culpa cuando las cosas van mal? A los bancos por los “préstamos imprudentes” y la “desregulación”.

 

Por supuesto, los gobiernos pueden imprimir todo el dinero que quieran, lo que no pueden hacer es convencernos de que tiene un valor, en que el precio y cantidad de dinero que imponen es real solo porque el gobierno lo diga. De ahí la menor inversión real y la menor productividad. Ciudadanos y empresas no están locos por no caer en la trampa de los tipos bajos y la alta inflación de activos. No son amnésicos.

 

Se llama represión financiera por una razón y los ciudadanos siempre tratan de escapar del robo.

 

¿Cuál es el truco para que nos lo creamos? Las bolsas suben, los bonos bajan y se nos hace creer que la inflación de activos refleja fortaleza económica.

 

Luego, cuando la política del banco central deje de funcionar (ya sea por falta de confianza o porque es sencillamente parte de la liquidación) y los mercados reciban las valoraciones que merecen, muchos dirán que fue culpa de los “especuladores”, no del especulador central.

 

Cuando estalla, podéis apostar hasta vuestro último dólar en a que el consenso culpará a los mercados, los fondos de inversión, la falta de regulación y la insuficiente intervención. Los errores de la intervención perenne se “resuelven” con más intervención. El gobierno gana en todo caso. Como en un casino, la casa siempre gana.

 

Entretanto, las famosas reformas estructurales que se habían prometido desaparecen como los malos recuerdos.

 

Es un inteligente sistema maquiavélico para acabar con los mercados libres y beneficiar desproporcionadamente a los estados a través de la más injusta de las competencias: tener acceso ilimitado al dinero y el crédito y ninguno de los riesgos. Y pasar la factura a todos los demás.

 

Si pensáis que no funciona porque el gobierno no hace mucho más, estáis sencillamente soñando.

 

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Tipos del Norte. Tipos del Sur (2a parte)

Para los que no lo hayáis hecho todavía, os recomendamos que leáis  la primera parte de este artículo, en el que describíamos un futuro mucho más cercano de lo que algunos creen. En ese futuro próximo los tipos de interés del norte de la UE ya no podrían seguir por más tiempo anclados a los tipos de interés de los países del sur. Esa ruptura del precio del dinero de los países ricos respecto al precio del dinero de los países pobres, inevitablemente nos llevará a una cotización respecto a las otras divisas distintas. Y como decía aquel, si anda como un pato, vuela como un pato, nada como un pato y grazna como un pato, es un pato. O sea que si tiene tipos distintos va a tener cotizaciones distintas, y por tanto la moneda única va a dejar de ser única, con lo cual tendremos cuando menos dos Euros, si es que se mantiene la nomenclatura.

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Para los más escépticos os traemos hoy el artículo elaborado por el Director de Análisis Yves Longchamp de Ethenea Advisors. En dicho artículo Longchamp cuantifica los tipos de interés que pueden soportar economías tan dispares como la de Alemania o Italia. Y no sólo es que puedan soportar tipos distintos sino que deben poder tenerlos, adaptándolos así a las necesidades de cada una de sus economías. A ningún lector se le deberían escapar las terribles consecuencias que suponen para las economías que el precio del dinero no se ajuste al ciclo y las necesidades de la maquinaria económica. Y lamentablemente, la convergencia económica hace años que dejó de ser plausible para los europeos del norte y los del sur.

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Así pues, Ethenea dice que mientras que Alemania podría funcionar en estos momentos con una horquilla tipos de entre el 4,8-6,1%, Italia no podría soportar unos tipos -atención- superiores al 0,6-1,5%. La diferencia entre una economía y otra es abismal, y tres cuartos de lo mismo podríamos decir de las necesidades de tipos entre otros países del norte y del sur. Os recomiendo que leáis el citado estudio de Longchamp porque para más de uno será un bofetón de realidad que, cuando menos, le dará que pensar.

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Las consecuencias inevitables de unas necesidades de tipos de interés tan dispares (y además crecientes día tras día) son la ruptura de la uniformidad del precio del Euro. Alemania no va a soportar una inflación creciente por muchos más años, mientras que en el sur de la UE estamos enfangados en deuda para muchas décadas, que nos exige un precio del dinero cuasi gratis para poder seguir pagando los intereses. Recordad que en el sur seguimos teniendo déficits presupuestarios, es decir, que cada día que pasa debemos más y más dinero, y eso a pesar de tener tipos negativos desde hace años! La consecuencia de ello es que en el sur no es materialmente posible seguir la subida de tipos que el norte de la UE exigirá en breve, siguiendo los pasos de la Reserva Federal de los EE.UU.

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Lo hemos avisado infinidad de veces desde hace 7 u 8 años. La moneda única está condenada a dejar de ser única. Y los inversores harían bien en preparar su dinero, sus bancos depositarios, sus vehículos de inversión y por supuesto sus inversiones para ese escenario de tipos y cotizaciones distintas, aunque los burócratas sigan disimulando y se inventen un eufemismo creativo para la ruptura del Euro. Los estudios como el del Director de Análisis de Ethenea lo pueden decir más alto, pero no más claro. Y desde Cluster Family Office no nos cansaremos de advertir del riesgo que, inconscientemente, asumen los inversores del Sur que no se preparen para que sus inversiones cotizen a precios y tipos del norte y se depositen geográfica y cualitativamente a salvo. Como dice Longchamp en su artículo: «Ignoring a reality does not make it less real»

 

Tipos del norte. Tipos del sur.

Europa año dos mil veintipico. Después del trauma que supuso la negociación in extremis del Brexit, la UE tuvo que afrontar el siguiente elefante blanco en su habitación: La inflación. Aunque crecía tímidamente, era ya un tema que los tipos del norte no querían ignorar por más tiempo. La demografía y el crecimiento económico anémico, lastrado por la ingente deuda en toda Europa, había permitido aplazar la gran decisión a pesar de que en los EE.UU. ya habían normalizado el precio de sus dólares y el resto de su política monetaria.

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Las comparaciones entre la economía norteamericana y el babel europeo eran odiosas. Y los tipos del norte, germánicos y escandinavos, con sus economías fuertes y saneadas no podían ni querían soportar el riesgo de una inflación descontrolada. Sus empresas multinacionales habían soportado admirablemente un Euro caro (que no fuerte), pero con la devaluación de la moneda única potenciada por unos tipos negativos, la inflación amenazaba ya muy seriamente la decisión del BCE de mantener la represión financiera bajo cero.

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Los tipos del sur, los mediterráneos, en cambio seguían necesitando que la inflación se les comiera un endeudamiento impagable. Rezaban para que un aumento generalizado de precios y sueldos, aunque acompañada de pérdida de poder adquisitivo, hiciera más pagadero un papel mojado que sólo el BCE les estaba comprando desde hacía ya una década. Pero los tipos del sur seguían sangrando déficit en sus presupuestos. Debían más y más, año tras año. Y ni sus gobernantes populistas ni sus niveles de productividad eran capaces de conseguir el equilibrio presupuestario necesario para detener la hemorragia.

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Sin crecimiento económico consistente que incrementase los ingresos de los Estados del sur, y sin una inflación persistente que devaluase la deuda impagable, la única opción que quedaba para evitar el default masivo de los tipos del sur era el austericidio, pero esa vía se había demostrado también inútil para salvar a los griegos. La lata chutada desde hacía años, por fin topaba contra el muro que los tipos del norte y los del sur tenían ya frente a sus narices.

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Los tipos del norte y los tipos del sur tenían idiosincrasia, productividad, datos económicos y necesidades opuestas. Pero paradójicamente unos tipos tan distintos tenían unos tipos iguales: Los tipos de interés. La cobardía y la obstinación de los euroburócratas de los últimos 25 años les había condenado a compartir moneda y tipos de interés a tipos muy distintos. Quizá había llegado el momento de que los tipos del norte y los del sur se adaptasen a sus respectivas economías.

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Pero que nadie se equivoque llegado el momento de los tipos distintos: Aunque le sigamos llamando euro, si su precio es distinto para los tipos del norte y para los tipos del sur, cotizarán distinto y la moneda única será, de facto, historia. Y algunas pistas de ello no faltaron para los más suspicaces en todos estos años.

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La pregunta del millón es si la separación de tipos norte y sur es inevitable o hay alguna opción más. Hace un par de años bautizamos como «The Big Write-down» y «Wtrite-down selectivo de deuda» la única forma de conseguir que los tipos del norte y los del sur siguieran compartiendo tipos, al menos durante algunas décadas más. Quizá en pocos años la UE esté ya muy cerca de tener que tomar la decisión final: Tipos distintos norte y sur, o bien write-downs selectivos del único acreedor que puede permitirselo, el BCE.

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Hasta hoy la UE no ha hecho lo correcto sino lo necesario para aplazar el desastre, veremos a partir de ahora qué camino deciden tomar los tipos poderosos. Porque como bien dice Jonathan Tepper en este tuit, la decisión no la votaran los tipos del sur sino que la tomarán los tipos del norte cuando no tengan más remedio.

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La segunda pregunta del millón es si los inversores están preparados, no sólo para evitar los efectos negativos de cualquiera de los dos caminos que la UE va a tomar, sino para aprovecharse de ellos.

Banco Popular: In extremis.

Otra vez se ha rozado el desastre. Y en el último minuto las presiones inconfesables del Gobierno han conseguido que el Banco Santander se haga cargo del agujero descomunal que supone el Banco Popular. Antes de llegar hasta aquí, por supuesto, se ha ampliado capital con dinero de incautos nuevos accionistas, bonistas y cualquier otro ingenuo que haya creído en la imagen de seguridad y solvencia de personajes como los que suelen utilizar los publicistas.

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https://youtu.be/xD_4thIw1FQ

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La mayoría de personajes del deporte, acostumbrados a vender su imagen para publicidad, lo hacen al mejor postor sin importarles un pimiento si con ello están vendiendo más zapatillas deportivas o contribuyendo a acabar con los ahorros de humildes familias, que creen que lo que les dice Pau Gasol es de fiar. Es difícil repartir culpas en su justa medida. ¿Quién es más culpable de que los pequeños ahorradores pierdan su dinero en estas operaciones de rescate bancario? ¿El responsable del banco, que está ampliando capital o saliendo a bolsa (Bankia) sabiendo perfectamente que los inversores a los que está engañando van a perder buena parte de sus ahorros? ¿El regulador (BdE) que lo permite, conocedor también de la situación crítica de esos balances? ¿El personaje que vende su imagen de credibilidad para convencer a quienes sin ella no confiarían en esa entidad su dinero? ¿El empleado de banca que miente vilmente a todas las presas que se sientan ante su mesa durante la campaña agresiva de captación de inversión? ¿El propio inversor con su cócktail explosivo de ignorancia y codicia? Como diría el refrán, entre todos la estafaron y ella sola se arruinó

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Para no ser hipócritas, cabe hacer otra reflexión. Si el destino final de un banco quebrado es el rescate con dinero público (bail-in), o sea más deuda que tendrá que ser pagada con aumentos de nuestros impuestos presentes y futuros, todo euro de inversor privado que capte la entidad -en connivencia con consejero delegado, regulador, empleado, o publicista- será un euro menos que tendremos que aportar los que no hayamos sido engañados por toda esa banda. Por tanto, dejando la ética a un lado, si otros ingenuos tapan un poco el agujero con sus ahorros, menos nos tocará tapar al resto con nuestros impuestos. Una selva político-financiera vomitiva en toda regla, desde luego.

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En el caso del B. Popular, el desastre ha rozado el larguero y sólo ha afectado a priori a los inversores que confiaron en la entidad como accionistas y a los bonistas subordinados y preferentistas, mientras que los depositantes y el resto de contribuyentes, por esta vez, parece que nos salvamos de otro bail-in bancario. Pero la pregunta del millón es ¿a cambio de qué? ¿Qué le ha prometido el Gobierno a los Botín para que se traguen tal sapo? Probablemente jamás lo sepamos y quedará, como el resto de rescates y «reordenamientos» bancarios, indescifrablemente diluído en las declaraciones de impuestos que pagarán durante toda su vida nuestros hijos, nietos y biznietos.

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El rescate corporativo del Popular no es más que otro síntoma del invierno que llega. Esta vez la explosión ha sido controlada y disimulada bajo la alfombra del Santander, que hoy es al menos 7.000 millones de euros menos solvente. Pero los persistentes tipos a cero ya puden grabar otra muesca en su empuñadura de entidades financieras bajo tierra. El problema es que cuando Alemania no aguante más inflación y decida subir tipos, los del sur vamos a necesitar otro banco central que nos los mantenga a cero. Entonces nuestros bancos y nuestros precios podrán levantar cabeza tímidamente, pero nuestras cuentas corrientes y activos del sur serán cotizados con un valor inferior a los del norte.

Para hacer la tortilla de las 2 velocidades hay que romper la cáscara del Euro.

El Euro sube. Y lleva ya casi un 5% de recuperación desde sus mínimos por debajo del 1,04 respecto al dólar. Pareciera que puede más la fortaleza de la locomotora alemana que la debilidad del Sur y el Este de la UE. Como si por el hecho de haber reconocido que se avanzará a -al menos- dos velocidades, ello permitiera que la divisa única dejase atrás sus incertidumbres.

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Es como si la cifra publicada por el IFO alemán (112,3) superior a la esperada (111), fuera capaz de reafirmar y acelerar la subida de tipos en Europa, al más puro estilo norteamericano. Es cierto que esa y otras cifras reafirman la recuperación económica germana, pero esos árboles de optimismo inequívoco no nos deben impedir ver el bosque en el que está sumido la moneda única. Y ese bosque no es otro que la inviabilidad precisamente de su cualidad de única. O sea, que aún se comparte el Euro entre muchos países que están lejísimos de ni tan siquiera imaginar una relajación de las facilidades cuantitativas con las que inunda el BCE las economías del Sur. Y ello hace imposible una subida de tipos que, paradójicamente está descontando el Mercado con la recuperación del Euro respecto al dólar.

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¿A dónde nos lleva esta paradoja? Pues a que cuanto más descuente el Mercado una subida de tipos del Euro y una reducción de la relajación cuantitativa por parte del BCE, más próximos estaremos a la materialización de las dos velocidades de la Eurozona, y por tanto de la ruptura de la cotización única del Euro. Ya que, o bien el Euro pierde su condición de moneda única y empieza a cotizar de manera distinta en cada velocidad de la Eurozona, o bien la subida de tipos es imposible, en cuyo caso el precio del Euro respecto al dólar y resto de hard currencies debería volver a cotizar el riesgo de explosión de la propia Eurozona (según el adjetivo utilizado por los propios dirigentes de la UE para justificar esas dos o más velocidades) y caer de nuevo a mínimos.

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Si se mantiene una única cotización del Euro, es imposible subir los tipos, puesto que en el Sur no nos lo podemos permitir. Aquí necesitamos tipos cero e inflación abundante que se coma la deuda poco a poco. Sin embargo, en el núcleo duro alemán, lo que no pueden ni van a permitir es no subir tipos y que su temidísima inflación les repunte más allá de lo deseable. Por lo tanto, ante tal dicotomía, o bien Mr. Market está caminando en dirección contraria, o bien las ya anunciadas dos velocidades están a la vuelta de la esquina.

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Tampoco es baladí la ruda reacción de Dijsselbloem, que denota que muchos europeos del norte ya no se sienten obligados a tener ni siquiera corrección política con quienes consideran que de facto ya no forman parte de su core o núcleo duro europeo. Sus disculpas, forzadas, ligeras y tardías delatan ese sentimiento de desapego y desconexión que los habitantes e inversores del Sur parece que todavía no hemos comprendido. Lo curioso es que el inversor de a pie del Sur ha asumido lo de las dos velocidades sin percatarse de que ello implica dos cotizaciones de divisa y dos tipos de interés diferenciados. No en balde Guy Verhofstadt (sí, el mismo que está supervisando desde la UE la negociación del Brexit) ya dijo públicamente que debía crearse un segundo banco central en Bruselas. Dos velocidades, dos autoridades monetarias… Blanco y en botella, y hay que estar preparado para ese escenario.

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Para hacer la tortilla de las dos velocidades hay que romper la cáscara del Euro. Hay que partir la moneda «única» en dos. Y aunque aunque lleven el mismo nombre y tengan prácticamente la misma cotización inicial para evitar pánicos, tendrán valoraciones distintas y tipos de interés distintos al cabo de poco tiempo. Serán diferencias de tipos y cotización acordes con las necesidades de las distintas economías, como no podría ser de otra manera. Y lo más curioso es que incluso algunos inversores institucionales, que sí llegan a imaginarse la materialización de esas dos velocidades y dos políticas monetarias, confían sorprendentemente en que España estará en la primera velocidad! ¿Por qué? Pues porque el gobierno español así lo ha dicho, enarbolando el mayor crecimiento de PIB de la Eurozona, pero obviando el déficit presupuestario, el endeudamiento y el paro estremecedor y endémico. Y ya se sabe, los gobiernos, especialmente los de la periferia europea, siempre aciertan en sus pronósticos ¿verdad?

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