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Dinero electrónico público y la incompatibilidad con el concepto de dinero.

Nuestro anterior artículo en el que se planteaban alternativas de ficción, casi cinematográficas, al uso del dinero, ha generado comentarios interesantes sobre la posibilidad (o la imposibilidad) de sustituír el dinero tal y como lo conocemos. ManuelMad, colaborador ya habitual de este blog, ha tenido la amabilidad de enviarnos este artículo en el que desmonta la propuesta de Andrea von Roth:

«En estos días de crisis económica -y teórica- son muchos los que se han apuntado al carro de un sistema monetario electrónico. En especial los teóricos de la escuela marxista que después de comprender como un sistema sin precios lleva a la imposibilidad del cálculo económico, es decir, a la imposibilidad de estimación de precios futuros por parte de los empresarios o burócrata planificador, han vislumbrado que la creación de un dinero público y electrónico es la solución a los banqueros de sombrero de copa. Una vez más, demuestran su deficiente teoría y sobre todo su fatal arrogancia. Ellos ingenieros sociales con máster en alguna universidad poco digna del proletariado van a controlar mediante métodos, según ellos científicos, el hacer diario de la gente. Todo con vistas a un bien colectivo. No se enteran que sus políticas vendrán determinadas sobre la base de sus juicios valorativos, es decir, sobre su interés individual y personal. No existe ese supuesto bien colectivo en ninguna de sus actuaciones.

Después de esta introducción, os invito adentrarnos en el maravilloso mundo del dinero. El dinero cumple dos funciones fundamentales en la economía: conservar el valor y servir como medio de cambio, por tanto, el objeto cuyo destino sea servir a este propósito será aquel que tenga la cualidad de bien más líquido de la economía. Es conveniente aclarar que el dinero no surge de ningún contrato social, ni gracias al estado como alguno parece pensar, es la sociedad la que determina aquellos bienes más líquidos mediante juicios subjetivos en un proceso que no conoce fin. Respecto a la liquidez ya hable aquí para el que quiera una visión más amplia de la misma.

La idea de dinero de curso forzoso, ya sea con el sistema monetario actual o con uno totalmente electrónico, dilapida el concepto de dinero. Este sistema fuerza la aceptación del dinero como medio de pago por su valor nominal. Esto hace operar a la Ley de Gresham, la cual, dice que la moneda mala desplaza a la buena.

Un sistema monetario electrónico, calca las debilidades del sistema actual y lo que es peor incentiva a otras actuaciones fraudulentas. Efectivamente, un sistema electrónico público y de curso forzoso desplazaría a la moneda buena e impondría la mala, tal y como lo hace el sistema monetario actual. Los agentes no podrían elegir que bien es más líquido sino que sería impuesto vía mandato. Además, se ignora el problema fundamental: el sistema actual basado en la reserva fraccionaria está articulado para agrandar el poder de políticos y banqueros, mientras la población sufre de inflación y el proceso de expansión crediticia sin respaldo de ahorro real lleva a que los agentes cometan nefastos errores de inversión comprometiendo la solvencia del sistema.

Todo esto no se lograría si no es por un banco central que sirve como prestamista de última instancia y con el respaldo del estado vía fondos de garantía de depósitos, los cuales, garantizan “utópicamente” la fraudulenta actividad. Como se ha visto a lo largo de la historia, todos esos procedimientos acaban quedándose cortos y no queda más remedio que recapitalizar con deuda y mayores impuestos.

Si dichas instituciones públicas no existieran, el propio hacer bancario llevaría al principio de prudencia. Nadie dice aquí que se erradicarían los fraudes bancarios, pero no olvidemos que el banquero no es más que un hombre de negocios que desea hacer dinero y prosperar el mayor tiempo posible en el mercado. Bajo ese esquema solo cabe el servir fielmente a las exigencias de sus clientes. Nadie prospera arruinado a sus acreedores ni incumpliendo sus obligaciones como pasa en el sistema actual o pasaría en un sistema electrónico público.

Podemos aventurar que bajo un sistema privado, las políticas y los coeficientes de caja serán mucho más conservadores y lo más importante el banquero volverá a tener responsabilidad sobre sus deudas y obligaciones contractuales, cosa que actualmente no tiene y bajo un sistema electrónico público tampoco tendría.

En un sistema de moneda privada aquellos bancos que expandan la oferta monetaria por encima de sus disponibilidades estarán asumiendo un riesgo de quebrar por insolvencia. La propuesta del sistema electrónico hace que el único incentivo sea el de expandir la oferta monetaria haciendo peligrar a todo el sistema de insolvencia. Además, priva al agente a poder salir de dicho sistema retirando sus depósitos.

Debemos tener claro que el estado no ha desarrollado ninguna tecnología o teoría para la emisión de un dinero óptimo, los óptimos los determinan los agentes, la liquidez de un bien no la determina el estado, la determinan los agentes con sus valoraciones y juicios personales. El estado solo ha atracado sistemáticamente con las leyes de curso forzoso nuestro poder adquisitivo como medio de recaudación y como una forma de enriquecer a la corte política y bancaria.

Como hemos visto el sistema electrónico llevaría a que se cometieran más tropelías de las que se cometen actualmente, ya que incentiva la expansión infinita de la oferta monetaria que tiraría por tierra todos los argumentos sobre estabilidad, distorsionaría los precios, crearía tremendas burbujas, impediría al agente salir de dicha trampa e institucionalizaría el crimen despojando a la gente del poder adquisitivo de su dinero.

La solución por tanto no es el dinero público de curso forzoso, la solución es el libre mercado y un dinero privado bajo la soberanía de la oferta y la demanda de los consumidores.»

Muchas gracias, ManuelMad, como siempre una interesantísima reflexión.

Boquerones Fritos (10). El Nuevo Paradigma Económico.

Hemos recibido otro comentario interesante que queremos postear en forma de artículo, por su contenido y por su orígen peculiar. Nos ha llegado firmado por Andrea Paredes von Roth, a quien agradecemos su opinión a pesar de no compartirla. El comentario dice así, textualmente:

El Nuevo Paradigma Economico :

Una Sociedad Espiritual/Consciente/
Unida/ y Sin Dinero Fisico. En su reemplazo se instaura un CHIP a cada persona (dinero digital)

BENEFICIOS :

1.Elimina el dinero y la necesidad de imprimir papel moneda

2.Acaba con las irresponsables, injustas e ilegales especulaciones
bancarias de la Bolsa Internacional.

3.Garantiza un absoluto control de las riquezas de la Humanidad
y el adecuado pago de impuestos al fisco internacional

4.Facilita las transaciones económicas y comerciales hasta niveles
nunca antes conocidos

5.Suprime las distintas monedas y valutas internacionales existentes
hoy en el mundo, permitiendo establecer precios reales a todos los
productos creados por el hombre, independientemente del lugar,
región o “país” en que sean manufacturados.

6.Permite la planificación de una Economía Mundial en base, al valor
real de los medios de producción existentes y a su capacidad de
producción. O lo que es lo mismo; una planificación ajena a las
inflacciones y problemas que imponen, las especulaciones económicas
individuales, privadas, locales y regionales, -para citar ejemplos-

EN EL PLANO SOCIAL:

1.Acaba con los imperios económicos del Crímen Organizado, que
no tiene en el sistema espacio para actuar, ni mucho menos para
invertir, ocultar o lavar sus capitales delictivos.

2.Permite erradicar y destruir el Tráfico de Drogas, que no tendría
acceso al dinero circulante y con ello a sus capacidades comerciales.
(La droga pasaría a ser una mercancía que nadie puede adquirir ni
comprar, por carecer de equivalente monetario).

3.Acaba con los asaltos y robos a mano armada, por no existir dinero
que robar, y con lo que se reduce enormemente la delincuencia y el
crímen.

Esta es la SOLUCION para el Mundo y NO hay otra!!

En los demas Planetas y Galaxias NO existe el Dinero. Debemos avanzar a la tercera dimension.

Andrea von Roth
Economista, MBA, Metafisica
www.monedamanagement.com

Nos parece un comentario, atrevido, con el que es difícil coincidir. Con muchas afirmaciones muy discutibles y con propuestas de difícil aplicación. Olvidas Andrea, entre otras cosas, que siempre habría una economía sumergida con monedas de cambio sorprendentes. Y probablmente la aparente virtud se convertiría en realidad en un mayor perjuicio. La perversión puede con casi todos los sistemas, sobre todo con los más idealistas. Pero tu propuesta es muy respetable y vanguardista, y por ello nos ha parecido oportuno darle mayor visibilidad.

No obstante, me sorprende que hagas propuestas tan espirituales y conscientes, que proclames que tu propuesta «…garantiza un absoluto control de las riquezas de la Humanidad y el adecuado pago de impuestos al fisco internacional…«, y a la vez vendas en tu web servicios como la creación de bancos ad hoc para realizar transacciones opacas amparadas por paraísos fiscales. Sorprendente, pero por supuesto respetable dentro de la legalidad.

De todos modos gracias por leernos, por tu colaboración y tus propuestas. Y te deseo sinceramente lo mejor también en tu carrera como tenista profesional.

P.D. Lo de tu firma como «Economista, MBA, Metafísica» me ha encantado. Me lo apunto ;).

Aterriza como puedas.

Uno de los artículos que recuerdo con más cariño es el titulado Fasten Seat Belts, en el que comparábamos la situación de la economía mundial con la de un vuelo con problemas técnicos. Lo escribimos 3 días después del 11-S de 2007, después de vivir el aniversario potencialmente más peligroso después de los atentados del 2001. En un momento en que la economía mundial se colapsaba y el suelo se desvanecía bajo los pies del Sistema, sin saber a dónde iríamos a parar. Leedlo y después os comento dónde veo la situación actual:

Aunque sea una obviedad es importante constatar que ya estamos al final de la jornada americana de viernes 14 de septiembre de 2007. Es decir, retomando los escenarios posibles que definíamos en El mito de las Bin Laden Optios y la responsabilidad del inversor:

«si en los próximos días, como es de esperar, no tenemos ningún sobresalto terrorista de orden mundial, seguiremos aprovechando las oportunidades actuales y tratando de cicatrizar lentamente las heridas de la amenaza de credit crunch.»

Parece que la cicatrización está todavía muy lejos aunque, como decíamos en ese mismo artículo, el escenario se podía complicar mucho más en estas fechas tan delicadas.

La economía global está pasando por unos momentos de tensión como los que sufren los ocupantes de un avión cuando los pilotos detectan anomalías en pleno vuelo. Se ha abandonado repentinamente la placidez de un trayecto donde la comodidad había hecho olvidar al pasaje y a la tripulación que estaban a 10.000 metros de altura, a una velocidad de 950 km/h y con una temperatura exterior de 25 grados bajo cero.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=rnGgMSCpu2A]

Muchos ocupantes ahora se percatan de que viajan en una nave con muchas horas de vuelo en sus alas y motores, cuyos materiales padecen una fatiga muy importante y que, como siempre, va cargada hasta los topes de pasajeros y equipajes. La extrema optimización económica del aparato y la omisión de las revisiones no estrictamente imprescindibles, tal vez hayan podido ser los causantes de las disfunciones que ahora preocupan y lamentan muchos. Demasiado tarde. Ahora lo único útil es mantener la calma y afrontar la situación con rigor, frialdad, inteligencia y entereza.

A pesar de que algún pasajero ha entrado en pánico, la mayoría siguen conservando la calma. En realidad la situación parece controlada por los tripulantes, y aunque siguen encendidos algunos indicadores de alarma, los sistemas vitales del avión siguen funcionando correctamente. El ambiente en la cabina es tenso porque las alertas se han ido encendiendo progresivamente y, aunque de momento la situación está muy controlada, nadie sabe qué indicador puede empezar a sonar en cualquier momento. Son anomalías que se han producido en cadena, algunas sin ninguna importancia y otras que merecen la atención serena pero constante de los pilotos. Una cosa está clara, el avión tiene problemas y hay que desviar el aparato de su ruta inicial. Aunque algún inconsciente sigue obstinado en querer llegar al destino en la hora prevista para no perder ni un sólo minuto de unas vacaciones todo incluido que pagará en cómodos plazos. Pero la realidad es muy distinta.

Los pilotos han modificado ya el rumbo, la velocidad y la altura adaptando técnicamente el avión y gestionando los recursos mecánicos de forma eficiente para no sobrecargar peligrosamente los sistemas que todavía funcionan sin problemas. Con los sistemas que la nave conserva se intentará alcanzar el aeropuerto más próximo donde poder aterrizar y realizar una revisión técnica exhaustiva. Si lo consiguen, esperemos que esta vez la compañía exija todos los recambios necesarios y haga el esfuerzo económico que no hizo cuando debía. Aunque esa nueva política suponga una subida de precios y algunos de sus actuales clientes deban dejar de volar tan a menudo.

Con un destino más cercano, altura y velocidad menor, esperan evitar cualquier desgracia y que los ocupantes puedan descender del avión sin sufrir ningún daño mas que los inconvenientes propios de modificar radicalmente los planes de todos ellos. Pero para ello hay que conservar la mecánica, la serenidad, que la tripulación actúe con rigor y profesionalidad, y esperar que no se produzcan nuevas averías que afecten los sistemas vitales del viejo y sobreexplotado aparato.

La compañía no hizo los deberes en su momento y perdió el rigor económico exigible para el mantenimiento de la nave; los pasajeros gastaron en caprichos efímeros lo que ahorraron volando a bajo coste y abusaron del sobrepeso en su equipaje; incluso alguna azafata abandonó sus obligaciones en plena crisis para gritar histérica y dificultar la tarea del resto de ocupantes responsables. Esperemos que la mayoría siga haciendo lo correcto y que los ocupantes sólo tengan que abandonar sus planes iniciales. Deberán adaptarse a un radical cambio de rumbo con una escala forzosa, con sus múltiples inconvenientes y pérdidas económicas. Aunque esperemos que tan sólo sea un desagradable cambio de planes y salvemos lo verdaderamente importante.

Como decíamos al principio, aunque sea una obviedad es importante constatar que ya estamos al final de la jornada americana de viernes 14 de septiembre de 2007. Seguiremos aprovechando las oportunidades que hay en toda crisis, adaptándonos lo mejor posible a los nuevos escenarios e intentando reconducir la situación sin dañar gravemente los sistemas vitales de nuestra economía.

Personalmente creo que en esta segunda mitad de 2009 y durante al menos todo el 2010 efectuaremos el aterrizaje forzoso, y es cuando vamos a ver y sufrir las consecuencias de la situación en la que estamos inmersos. Una vez hayamos conseguido parar, veremos cuánto daño nos hemos hecho y cuántos años tardaremos en reparar el aparato para poder volver a volar con seguridad. Ojalá el aterrizaje terminase como el del video, sólo con daños materiales.

La próxima semana trataremos un tema que últimamente se está comentando mucho…

Crisis?…What crisis?

En Junio de 2007 se intuíamos que algo gordo estaba a punto de cernirse sobre todos nosotros y así lo escribimos en un artículo. Sin embargo la banca seguía en el verano de hace dos años ofreciendo facilidades e incentivos para que la clase media se «empufase» más y más (como dijo Echevarri en un comentario al artículo en aquel momento). Al cabo de año y medio escribimos otro titulado «Do Not Disturbios«, cuyo link os pegamos al final para que podáis comparar el cambio de escenario sufrido. Os dejo con Crisis What Crisis? escrito el 23 de Junio de 2007:

“La cosa está mu mala”. Esta es la consigna que estamos oyendo a diario en todos los rincones, sectores y estatus económicos a excepción de los más altos. Además, lo que comenzó como un murmullo de los más pesimistas y/o alaramistas, ha ido in crescendo hasta convertirse en un grito de guerra en la actualidad. Pronto desgarrador.

Algunos vaticinan una grave crisis de la economía que puede desembocar en un colapso financiero. Hay quien habla del futuro “corralito” Español. Aquellos tiempos cercanos y repetibles en que los argentinos metían sus ahorros en maletas, maletines y mochilas para cruzar el río de la Plata (el charco) en busca de inversiones seguras en su paraíso más cercano: Uruguay. Esa crisis del gigante vecino impulsó aún más la ya de por sí lujosa ciudad costera de Punta del Este, a unos kilómetros de Montevideo, la Marbella de argentinos y brasileños adinerados. El tiempo dirá, pero sinceramente creo que estamos lejos de ese escenario.

Antes de que el sistema economico-financiero sufra daños estructurales que pongan en peligro la supervivencia del mismo, hay un largo y doloroso camino por recorrer: La sociedad tiene todavía mucho margen de empobrecimiento. Queremos decir que aún estamos lejos de tener las cifras de “sufrimiento social” de dichos países sudamericanos. Aunque desgraciadamente cada vez menos.

Todavía conservamos en nuestras retinas la alegría económica habida hasta hace muy poco: Vacaciones, inversión, consumo en general y optimismo. Se acuñó el término mileurista como el paradigma del último eslabón de nuestro sistema financiero. Por debajo de éste, la pobreza marginal y minoritaria, aunque no por ello aceptable. Pero en los últimos tiempos, meses diría yo, la realidad está empeorando vertiginosamente. El pesimismo ha sustituido la alegría, el escaso consumo que se mantiene es más compulsivo que racional. La incitación al consumo por parte de la banca y la reunificación de créditos en los tiempos que corren, todavía me resulta más vomitiva. Los mileuristas comienzan a ser envidiados por más de uno. Hace tan sólo unos pocos meses todavía se discutía si existía o no una crisis inmobiliaria, o si simplemente se trataba de una desaceleración en el crecimiento del sector. Hoy es vox pupuli y mañana quizás historia. Algo está cambiando para la mayoría, y además rápidamente.

El efecto anclaje que aplica lúcidamente Fernan2 a los mercados y a los inmuebles en su post, también nos traiciona psicológicamente a la hora de analizar la situación actual y sobre todo la evolución de la economía de nuestra sociedad. El anclaje psicológico en el bienestar de los últimos tiempos nos distorsiona la realidad. Pero en general la situación financiera de la mayoría de la población empeora día tras día.

Los que analizan la situación con cierto criterio y hablan de corralitos, adjudican así las dificultades al Sistema Financiero. Según éstos, la economía puede sufrir gravemente los excesos de la burbuja inmobiliaria, los bancos ser desbordados y el Estado incapaz. No, señores, los primeros de la lista y los más susceptibles a sufrir en este escenario son los ciudadanos medios. O sea la mayoría. Quizás su anclaje en el Estado del bienestar anterior les traiciona pero antes de que el Sistema Financiero se tambalee, la economía personal del ciudadano de a pie se deteriorará hasta donde sea necesario.

Afortunadamente todavía hay mucho margen hasta que nuestra sociedad se equipare al malestar existente en Sudamérica. Aquí todavía los ricos pueden circular por las calles con Mercedes y BMW, incluso con Porsches y Ferraris. En Brasil ningún millonario se atreve a dejarse ver con algo más ostentoso que un Passat, se pueden adivinar muchos coches medios con chófer y el asiento del acompañante ocupado. Los secuestros express todavía son incipientes en España, y las viviendas unifamiliares aún están habitadas sin tener que pertenecer a condominios vallados, con barreras de acceso y guardias de seguridad armados en sus casetas al más oscuro estilo Check Point Charlie, como ocurre en casi todo el hemisferio sur.

Es cierto que empezamos a oír hablar de dichos secuestros express en nuestra sociedad, que los robos con y sin violencia en viviendas unifamiliares son ya habituales y que la delincuencia en general va en aumento. Pero éstos no son problemas de orden público causados por la relajación de las fuerzas de seguridad, sino por el incremento de la necesidad de ciertos sectores de la población. La inmigración tampoco ayuda en este sentido, y el Estado del malestar del que huyeron, cada vez parece estar menos lejos de nuestro Estado del bienestar ya añorado.

Pero “tranquilos”, la sangre de todos no llegará al río. Nuestro sistema financiero no corre peligro de muerte mientras quede margen para una mayor miseria social. Lamentablemente así son las reglas del juego. Pero el efecto anclaje en los buenos tiempos nos ayuda a mirar hacia otro lado. Como dijo Supetramp en 1975: Crisis? What Crisis?

El 4 de Febrero de 2009 escribimos el siguiente artículo: Do Not «Disturbios» Y algunos lo tacharon de agorero.

Endéudate con moderación (y II)

(Viene de ayer)

El interés compuesto de 100 € trabajando financieramente de forma correcta ahorrado a los 25 años suponen más de 800 de esfuerzo ahorrativo a los 50!!! Incluso deduciendo la inflación el esfuerzo inversor no realizado durante nuestros primeros años de productividad lo pagaremos tan caro en nuestra madurez y vejez que resultará insoportable para la mayoría de personas que comiencen a acumular bienes productivos pasada la treintena o la cuarentena.

No estoy hablando de planes de pensiones sino de inversiones bien asesoradas y diversificadas en renta fija optimizada, inmuebles rentabilizables y con buenos rallies de apreciación; y renta variable juiciosa y muy moderada. Aunque por supuesto es mejor un plan de pensión o ahorro suscrito a los 40 que nada, tan solo paliará la hambruna venidera y, por supuesto, condenará a los descendientes a seguir la carrera de ratas por relevos.

Tu dinero debe servir para prestarlo a otros y que trabajen con él. Lógicamente no debemos encargarnos nosotros de ello, sino que lo haremos a través de la compra de productos financieros que se adapten minuciosamente a nuestro perfil. Para esta delicada selección deberemos estar bien asesorados por alguien que nos enseñe cómo hacerlo a la vez que nos guía, y que no nos venda productos simplemente (esto es fácil de decir y casi imposible de encontrar, pero haberlos haylos). A cambio recibirás más dinero (renta fija corporativa o soberana, por ejemplo). Esta es la diferencia entre producir a cambio de horas de trabajo y prestar tus activos para que otros produzcan. Al principio de nuestras vidas todo lo que ingresamos lo hemos producido personalmente y paulatinamente debemos prestar una proporción mayor de nuestro dinero para que otros produzcan. Nuestro interés debe centrarse en invertir la secuencia inicial lo antes posible. En cuanto lo hayamos conseguido, seguir trabajando o hacerlo en lo que uno verdaderamente quiera será nuestra propia elección. Habrá quien prefiera no hacerlo nunca más, es una cuestión de cálculo y de voluntad de dejar a los herederos en una situación u otra. La Libertad en mayúsculas. Paradójicamente amenudo trabajar sin la presión de la remuneración conlleva unos ingresos aún mayores si se hace con rigor y honestidad, os lo puedo asegurar.

Sólo las cigarras deberían ser capaces de vivir felizmente dependiendo de unos ingresos generados por una actividad laboral que puede truncarse en cualquier momento de nuestras vidas por infinitos imponderables, a cambio de una progresión (o regresión!) que tan sólo nos sirve para realizar mejores vacaciones, tener un coche más caro o una casa que tardaremos más años en pagar. Aunque cuando estemos a punto de hacerlo la volveremos a cambiar por otra mayor o compraremos para el banco una segunda o tercera residencia.

Mi consejo para aquellos que por sus condiciones laborales dispongan de ingresos modestos es la de realizar igualmente un esfuerzo para ahorrar e invertir aunque sea una mínima cantidad. La estrictamente prescindible, la no vital, la que nos permitiría vivir un peldaño más arriba que el año pasado. Esta aparentemente insignificante cantidad debe invertirse cuanto antes de forma un tanto más arriesgada pero bien asesorada. Y ante todo mantener un rigor inversor durante los años futuros, disminuyendo el riesgo de forma proporcional al volumen total disponible con el paso del tiempo. Todo ello de la mano de un buen counselor y no de asesores financieros ni por supuesto banqueros. Debe adaptarse la estrategia a cada caso como un traje a medida, de alta costura si es posible aunque dispongamos de poca tela.

Fumar mata. Bebe con moderación. Endéudate con moderación y criterio. Es tu responsabilidad. Debería advertirse en la publicidad bancaria y de consumo. Lamentablemente no hay otra forma hay de vivir la vida a medio y largo plazo. ¿Qué sentido tiene el pan para hoy…si todos esperamos poder envejecer?

Endéudate con moderación (I).

Siguiéndo con el sano ejercicio de releer artículos publicados hace años, hemos encontrado una perla escrita meses antes del estallido de la birbuja de crédito. Cuando todavía nadie ni siquiera se planteaba la posibilidad de que el sistema de dinero traído del futuro y gastado desmesuradamente en el presente fuese insostenible. En aquel entonces, la primavera de 2007, el más tonto se forraba virtualmente en bolsa o en la especulación inmobiliaria. ¿Qué sentido tenía en aquel entonces la relación entre riqueza y producción, si todo el mundo inflacionaba los beneficios con dinero prestado y traído del futuro? Tonto el último.

El tiempo está poniendo las cosas en su sitio y hemos pasado del tonto el último al todos tontos, del primero al último. Debido a la longitud del artículo, escrito el 20 de Abril de 2007, lo publicaremos entre hoy y mañana. Os dejo con «A los 30 es demasiado tarde. O «Endéudate con moderación. Es tu responsabilidad»:

Seguramente casi todos podemos estar de acuerdo en que durante nuestras impredecibles vidas debemos intentar acumular unos bienes que nos permitan alcanzar la decadencia con una estabilidad económica digna. Envejecer, enfermar y morir son etapas ineludibles en nuestras vidas. Aunque bien pensado sí que podemos eludir la vejez si morimos jóvenes, e incluso la enfermedad si además lo hacemos accidentalmente. Pero visto lo visto prefiero aferrarme a la esperanza de envejecer y enfermar antes de morir.

Todo ello en un escenario de comodidad financiera se hace más llevadero. Sobre todo por el trato que te dispensará tu entorno si está pendiente de una herencia más o menos sustanciosa. Todos tenemos casos cercanos de personas que han llegado a su decadencia dependiendo de la caridad de otros, ya sean familiares, amigos o el propio Estado. Aunque no sabría decir cuál de estos es menos fiable, me atrevería a establecer los Amigos como la tabla más estable a la que agarrarse si se ha mantenido una trayectoria vital honesta y noble, cosa poco común.

La mayoría se dan cuenta de esta necesidad de previsión económica cuando ya es demasiado tarde. Confían exclusivamente en su capacidad de producir unos ingresos vía sueldo o beneficios que gastan alegremente en la misma proporción que generan, o incluso a mayor ritmo. Los bancos se encargan amablemente de que un individuo pueda consumir bienes ávidamente muy por encima de su capacidad productiva. Incluso por encima de lo que podría producir trabajando con salud hasta los 65 años y siendo mantenido posteriormente por el Estado. Incluso en estas circunstancias ideales jamás podría generar todo lo que los bancos están dispuestos a proporcionarle en plena juventud. El límite del endeudamiento debemos ponerlo nosotros mismos, no las empresas que viven de hipotecar todo nuestro tiempo y productividad multiplicado por 2. Y aún así el endeudamiento moderado debería ser asumido sólo como inversión amortizable y no para la compra de consumibles de ocio. Encontraréis algunas situaciones divertidas en la novela «El vendedor de tiempo» de F. Trías De Bes (http://www.empresaactiva.com), que hacen referencia a la aberración de hipotecar todo el tiempo vital de las personas por un bien aunque sea la propia vivienda.

Es bien cierto que la mayoría de los mortales jamás logran salir del círculo vicioso que supone el vivir al mismo ritmo al que uno es capaz de progresar. Esto les condena a depender de los ingresos generados por su actividad laboral durante toda su vida productiva, y sólo vivir del Estado en la vejez, algo que cada vez es más evidente que no va a sucederles a nuestra generación de cuarentones ni por supuesto a las futuras. Da igual que hablemos de un oficinista con un sueldo de 25.000 eur/año o de un profesional de alto nivel que gane más de 100.000 eur/año. Si viven la vida al límite de sus posibilidades y no preven una acumulación de bienes productivos a lo largo de los años, siempre dependerán de sus trabajos. Y los imprevistos como los problemas laborales, conyugales, enfermedades, etc. los hundirán en miserias de las que no todos tendrán la capacidad de rehacerse. Robert Kiyosaki bautizó este fenómeno de «carrera de ratas» de la que no es fácil salir, en su popular libro «Padre Rico, Padre Pobre». Podéis encontrar más acerca de Kiyosaki en http://richdadclub.es Pero no sólo es importante salir de esta carrera de ratas but que lo verdaderamente vital para alcanzar el éxito es hacerlo cuanto antes! Por eso titulo esta entrada diciendo que a los 30 es tarde: (continuará mañana)

Lo qué habrías hecho con tu premio de lotería…

En Octubre de hace dos años, escribimos this article donde alertábamos de los errores en los que caía un potencial afortunado de un sorteo de lotería y sus planes para invertir ese dinero. A continuación podremos ver lo que habría sido de esa fortuna tan sólo pasados un par de años, después de emplear ese dinero de la forma que quiso:

El azar me ha llevado hasta un post de solobolsa.org en que hace una simple reflexión de qué hacer si nos toca la lotería. Antes de entrar en materia permitidme que complete los datos de los porcentajes de afortunados que lo han perdido/gastado todo en 5 y 10 años: 35% en menos de 5 años; pero el porcentaje de arruinados se dispara hasta casi un 90% al cabo de 10 años. Terrorífico, ¿verdad? No obstante estas cifras habría que corregirlas ligeramente a la baja por los minoritarios casos que habrán eludido el fisco y se habrán trasladado a opacos paraísos fiscales, constando como uno más de la larga lista de empobrecidos.

Excepciones aparte, supongo que lo primero que habéis pensado todos al leer esta estadística es que «eso a mi no me pasaría», porque nos creemos capaces de cometer muchos menos errores que los demás. Quizás sea así en algún caso, pero es que los que cometen más imprudencias, novatadas y los más ingenuos y menos preparados, se arruinan muchísimo antes. Estos son los planes del autor del artículo y me temo que los de muchos, que probablemente jamás leerán nuestro blog:

– Repartir un 10% entre familia y amigos mas cercanos.
– Dar otro 10% a obras de caridad.
– Terminar de pagar mi casa, quitaría mi hipoteca.
– Cambiar el coche, que ya hace falta.
– 25%. Compraría unas acciones, mínimo 5 de ellas en diferentes sectores, con un dividendo alto, que me permita ganar al mes algo mas (a ser posible, bastante mas) de lo que gano en mi actual trabajo.
– 5% para inversiones en solares, pisos ó fondos inmobiliarios.
– El resto lo pondría en Fondos de Gestión Activa globales de Renta Variable y al menos un 5% en Renta Fija, predominando la de corto plazo.

Si repasáis un poco los planes del autor del artículo os daréis cuenta de que en su caso quizás al cabo de 10 años le quede algo de dinero, pero básicamente dependerá de la bolsa y de los nervios de acero que tenga cuando ésta baje y le tiente más invertir en algún negocio o vivir un poquito más la vida. Pero en ningún caso sus planes aseguran su futuro.

Primer error esencial: Gastar inmediatamente pequeñas partes para la familia, amigos y caridad. El segundo error esencial es saldar la o las hipotecas pendientes. El tercero comprarse un coche de inmediato. En cuanto al resto, excepto un 5% de inversión inmobiliaria y otro 5 % en renta fija a corto, su destino es exclusivamente la bolsa.

Pero la clave de estos errores no están tanto en el uso que se le da al dinero sino a la forma de estructurar la fortuna. Vamos por pasos:

Cuando un afortunado de lotería o heredero recibe una fuerte suma de dinero que le va a cambiar la vida radicalmente para bien o para mal, lo primero que debería hacer es buscar un Counsellor o asesor independiente con experiencia en este tipo de perfil. Evidentemente no es posible encontrar estos perfiles entre la banca privada, entre los bufetes de abogados ni entre los gestores o money managers de entidades financieras de inversión. Si la fortuna no es suficiente para contratar los servicios de un multifamily office y suponiendo que no se encuentre este asesor independiente apto para conducirle hacia el blindaje y crecimiento patrimonial a medio y largo plazo, vamos a intentar dar unas directrices genéricas que quizás ayuden a clarificar algunos conceptos a los que se puedan encontrar en una situación similar, bien sea por ser afortunados de sorteos o herederos.

En primer lugar hay que empezar por hacer trabajar el dinero en renta fija líquida desde el primer día. Así tendremos días, semanas o meses para buscar un buen Counsellor y tomar decisiones, muchas decisiones. Elaborar un wish list que nos permita diseñar cómo queremos vivir a partir de ese momento. Cuantificar los ingresos que necesitamos para mantener el tren de vida deseado e incluir las cuotas de las hipotecas a largo plazo de los inmuebles que deseamos comprar en un futuro inmediato. Una vez cuantificada esta cifra mensual o anual, debemos añadir imprevistos, seguros médicos, ayudas a terceros, necesidades asistenciales para familiares a medio plazo, crecimiento patrimonial global a IPCx2 y un largo etcétera que casi siempre olvidamos cuando realizamos un wish list sin el asesoramiento adecuado. Por supuesto, este listado será sustancialmente distinto de un caso a otro, ya que no podemos aplicar el cafeparatodos cuando se trata de diseñar nuestro modelo de vida futuro.

A partir de este momento debemos reestructurar nuestros activos para comprobar si generan suficientes rentas para cumplir con nuestro diseño de vida, incluyendo por supuesto las hipotecas fruto de la adquisición de los inmuebles deseados. Si no es así, deberemos revisar nuestro wish list a la baja. Obviamente un buen asesoramiento fiscal nos permitirá estructurar nuestro Plan Global de la Riqueza minimizando los tributos a pagar.

Existe una enorme diferencia entre recibir un premio o herencia y comenzar a gastar pequeñas (o grandes) cantidades para invertir el sobrante en RV; o bien utilizar las rentas fijas obtenidas por la totalidad de esos activos para gastar, ayudar, prever o comprar inmuebles con hipotecas. Lógicamente debemos tener la capacidad de poder colocar nuestro dinero para que obtengamos rendimientos superiores a los costes hipotecarios con el mínimo riesgo. Y esa capacidad la obtendremos con un buen asesoramiento, correcta desfiscalización y un volumen mínimo que nos permita acceder a ciertos productos financieros y por supuesto pagar los servicios de este asesoramiento integral experto.

Volviendo al ejemplo de nuestro amigo de SoloBolsa.org, veréis que se podría hacer prácticamente lo mismo: Repartir dinero a la familia y amigos, hacer donativos,cambiar de coche, etc. incluso invertir parte de nuestros rendimientos en bolsa. Pero ni liquidar hipotecas ni dejar el futuro del crecimiento de nuestros activos en manos de la RV, ya que ese crecimiento debe estar blindado y asegurado.

Estos protocolos adecuados para fortunas súbitas (afortunados de sorteos o herencias), son básicamente también aplicables a cualquier tipo de patrimonio medio y alto, aunque sean fortunas de nueva creación procedentes de la venta de inmuebles, acciones o beneficios empresariales.

Incluso en fortunas incipientes sin loterías ni herencias, como decíamos en nuestro artículo Efecto Cluster allá por el mes de abril:

«Aunque muchos no lo crean, hacer lo correcto y trabajar con rigor y sabiduría atrae la Fortuna. Quizá la buena suerte no sea tan aleatoria como los necios pretenden, y me atrevería a decir que a nivel económico ni siquiera tan injusta.»

Un caso más de la dilapidación de la fortuna súbita en pocos años. Esta vez en tan sólo un par y apuntillada por la caída de los mercados de RV, de los que habría abusado inconscientemente, llevado en volandas por banqueros y amigos listillos. Carne de cañón…

El Inversor resiliente y el falso resiliente.

Gracias a un comentario de A de Agustinote he releído un artículo que escribimos hace más de dos años. Para los que escribimos públicamente desde hace años, no es fácil que un texto antiguo soporte bien el paso del tiempo, y cuando eso ocurre, es la prueba del algodón de que el texto mereció y merece la pena. Si realizamos el ejercicio de relectura pasados años (o incluso meses) de muchos de nuestros más admirados autores, nos daremos cuenta de que en muchos casos el tiempo les deja (nos deja) en evidencia. Quizá sea pasión de padre, pero sinceramente creo que los de Fresh Family Office, en general soportan muy bien el paso de los años. Y aprovechando el periodo estival, vamos a recordar algunos que merecerá la pena releer.

Ahí va El Inversor Resiliente, escrito el 29 de Julio de 2007:

Vaya por delante que las reflexiones que voy a hacer a continuación se refieren a un perfil de inversor medio con capacidad media y preparación para el mundo financiero baja, o sea la mayoría de la población que tenga poder adquisitivo suficiente para pensar en invertir más allá de llegar al final de cada mes. Lógicamente muchos de los lectores sobresalen honrosísimamente de este perfil medio y no deben sentirse identificados. Pero por nuestra experiencia en consultas de todo tipo podemos afirmar que lo que les sucede a los inversores que a continuación trataremos de explicar es desgraciadamente muy habitual. Pensamos que ayudando a identificar los problemas damos pasos hacia poder resolverlos o evitarlos de algún modo. De la misma forma como hay empresas especializadas en hacer otras empresas más resilientes, también es vital desde el punto de vista de Counsellors que consigamos hacer más resiliente al inversor.
Los patrimonios de muchos inversores sufren los ciclos sectoriales que palían con sus propios sueldos. Estos inversores mantienen sus ingresos más o menos fijos procedentes de sus rentas laborales, y utilizando esa base económica realizan sus pinitos en renta variable, inversiones en energías alternativas, inmuebles, productos financieros mixtos recomendados por sus gestores, etc. La mayoría pasan compulsivamente de un tipo de inversión a otro, según les haya ido. Es frecuente encontrar quien después de un annus horribilis de bolsa, queda escaldado por unos años durante los que desprecia vehementemente los males de los mercados variables. Normalmente pasan de un extremo a otro invirtiendo desmesuradamente en ladrillo o incluso en RF al 3% anual. Pero todo pasa, y la tentación de ver cómo sus amigos se forran 5 años después, en cualquier fondo de renta variable termina por borrar de su memoria las amargas palabras que pronunció su gestor financiero: «La corrección está siendo más severa de lo esperado, pero ahora se empiezan a encontrar muy buenas oportunidades, debería aportar más capital para promediar y sacar provecho de las caídas…». Indefectiblemente, justo cuando decidieron salvar los muebles y cambiar de estrategia, las bolsas empezaron su recuperación fulgurante. Poco después el desorientado, pero orgulloso inversor medio (a nadie nos gusta reconocer nuestros defectos y fracasos) intentará poner en el mercado unos inmuebles acumulados enfermizamente y sobrevalorados, en plena caída del sector. Y no sólo por la finalidad de cambiar la estrategia hacia la bolsa y «dejar de hacer el tonto al 3%«, sino porque los compromisos hipotecarios asumidos ya resultan peligrosamente incómodos cuando los inmuebles dejan de aumentar un 25% anual entre la compra sobre plano y la entrega de llaves.

Lo mismo ocurre en otras estrategias de inversión con productos financieros varios: Cuando se pierde en petróleo se pasa a metales preciosos, a acciones preferentes, especulación en divisas, etc. Incluso si acertamos en los productos y gozamos de meses de bonanza, nuestros propios gestores-asesores (angelitos…) se encargarán de hacernos cambiar de unos a otros dependiendo de «la oferta del día» que deban colocar. Las inversiones en negocios ajenos pueden terminar de ponerles «la pierna encima para que no levanten cabeza«.

Resultado de estas «estrategias» de inversión a lo largo de las décadas: Potpourri caprichoso, inconexo, promiscuo y por supuesto caro. Bandazos en la trayectoria de inversión que nada tendrá que ver con los objetivos vitales de sus familias. Ese «ahí me he pillado los dedos, me voy allá para recuperar lo perdido«, no terminará en tragedia si al menos les queda algún inmueble pagado de su paso por el Real Estate.

Algunos podéis pensar que estamos dramatizando en exceso, ya que si llegada nuestra vejez nos queda algún inmueble y algo más, será que no lo hemos hecho tan mal al final de nuestra trayectoria errática. Aquí lamento discrepar porque debemos tener muy en cuenta lo que dijimos al principio del post: La capacidad de generar ingresos procedentes de nuestra actividad laboral a lo largo de nuestras vidas. Los ingresos laborales que somos capaces de generar durante toda nuestra edad productiva, el paso de los años y el interés compuesto, hacen milagros. Si descontamos todos estos ingresos, obviamente después de deducir los gastos de la propia familia, lo que generaría el excedente con un interés compuesto muy moderado sorprendería a más de uno. Probablemente muchas familias tendrían incluso más activo que el que han conseguido después de arriesgar, ganar y perder cíclicamente sus excedentes en inversiones y negocios varios.

Con esto qué queremos decir: Simplemente que muchas aventuras inversoras de la mayoría acabarían en tragedia si no tuvieran un excedente procedente de sus actividades laborales que les ayuden puntualmente a paliar los desastres que sufren en bolsa, negocios, productos financieros y aunque algunos todavía no lo crean, también desventuras inmobiliarias. Si disociamos estrictamente nuestros ingresos laborales de nuestra economía de inversión, veríamos que tan sólo las realizadas con cierto criterio y rigor se sustentan por sí solas. El resto, en un momento u otro de nuestras vidas, suele necesitar la inyección de activos procedentes de nuestros sueldos o herencias. Esta falsa resiliencia (en la aplicación psicológica del término) viene dada por la capacidad regeneradora que tienen las rentas procedentes del trabajo de los propios inversores. Si disociamos dichas rentas laborales de nuestra economía de inversión, probablemente nos resulte evidente que nuestra capacidad de levantarnos después de un batacazo inversor no es tal. Muchos de los inversores no son verdaderamente resilientes sin la ayuda de sus sueldos, ergo necesitan asesoramiento patrimonial independiente o un cambio de estrategia radical, por el bien del futuro de sus familias. La capacidad productiva laboral debe soportar en muchos casos los errores y fracasos inversores del individuo, minimizándolos hasta el punto de distorsionar la visión que tenemos de nuestras propias capacidades de creación de riqueza al margen de nuestro trabajo.

Manteniendo dicho rigor en disociar nuestras dos economías, nuestras aventuras inversoras se deberían financiar vía créditos. Así «forzosamente» la inversión en sí misma debería ser capaz de amortizarse, haciéndose totalmente evidente nuestra capacidad para generar buenas inversiones a lo largo de nuestras vidas. Un viejo amigo solía decir: «Si un negocio no da ni para pagar los intereses del banco, vaya mierda de negocio.» Podríamos entonces acumular los excedentes de los ingresos profesionales y recapitalizarlos en renta fija, ya que los riesgos de otro tipo de inversiones ya lo asumiríamos de forma independiente. De este modo crearíamos auténticos planes de ahorro blindados para nuestra vejez, a la vez que seríamos conscientes de nuestras limitaciones y capacidades en el terreno inversor.

En cuanto a la capacidad de crear riqueza añadiría:

«Todos somos capaces de generar buenas inversiones, simplemente debemos asesorarnos por alguien que nos evite generar un buen número de malas

Si lo conseguimos habremos alcanzado el estatus de Inversor Resiliente, en una de sus acepciones referente a la capacidad de crecer sano en un entorno insano. Interesante concepto, ¿no os parece?

Own-to-Rent: Cuidadín, cuidadín…

Ante la avalancha de embargos existente y sobre todo la que está por llegar en el mercado inmobiliario de los EE.UU., el equipo de Obama está contemplando una idea coincidente con la lanzada por Felix Salmon en The Atlantic: «Own-to-Rent«. Se trata de permitir a los propietarios, con incapacidad de hacer frente a su hipoteca por haberse quedado sin empleo, mantenerse indefinidamente en su vivienda pagando un precio de mercado de alquiler.

El plan aparentemente brillante soluciona muchos problemas de golpe: En primer lugar, las familias que son carne de embargo podrían mantener una estabilidad en sus vidas. Sin traumas, mayores que la pérdida del empleo y del dinero pagado por una vivienda que ya no es suya ni siquiera en una ínfima parte (que no es poco). Los bancos, por su parte, reflotados convenientemente como ya se está haciendo con la compra de papel de hipotecas basura por parte del Estado, se encontrarían con unas rentas a precio de mercado de los inmuebles que en su momento financiaron y que ahora pasan a ser de su propiedad. Por lo tanto, ya no se verían esas vomitonas de inmuebles arrojando al mercado millones de viviendas a cambio de cualquier precio. Con ello se evitaría la caída de precios inmobiliarios, cosa que solucionarían los agujeros en los balances de las entidades financieras en cuestión de pocos meses. También se evitarían los vandalismos habituales por parte de los embargados que destrozan las viviendas antes de abandonarlas, en un último acto de rebeldía contra las entidades financieras, es decir, lo que se viene llamando el destructivo síndrome de los a-punto-del-embargo (como podemos ver en la segunda mitad del siguiente video):

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=ss2VLpUAIno]

Una solución, pues, que aparentemente beneficia a todos. Pero al igual que ocurre por ejemplo en la biología molecular o en la genética, cualquier cambio aparentemente positivo puede producir consecuencias imprevisibles y no deseadas. En Economía o macroeconomía los imponderables son infinitos, entre otros motivos porque al final estamos las personas, con su corrupción y avaricia, el azar… e impensables efectos mariposa como pueden ser cambios de gobierno en un país recóndito, religiones y afinidades inconfesables, guerras, pandemias, conflictos, y un millón de causas desconocidas que pueden distorsionar los efectos esperados y previstos. Y la intervención en los mercados debe hacerse sólo en casos necesarios, intentando transgredir el menor número de leyes universales y además cruzando los dedos. Dicho esto, vamos a intentar intuír algunas de las consecuencias que, a priori, podrían empeorar el escenario futuro.

La primera que se nos ocurre es por qué ayudar a los propietarios en paro y no ayudar a todos los propietarios en apuros. O por qué no ayudar a los que ya están de alquiler y quedan en paro. En definitiva, por qué una doble moral discriminatoria en función de la repercusión y el daño que hace la quiebra masiva de esas familias a las entidades financieras. La inyección de dinero del Estado a cambio de papel hipotecario mojado, ayuda a los bancos. Pero no supone ninguna ayuda, al menos directa o semidirecta, al propietario en paro.

Otra consecuencia de efectos temibles es que la banca dominaría el mercado inmobiliario y en consecuencia su precio de mercado, tanto de compra como casi casi de alquiler. Los precios marcados por unas entidades financieras (incluso fuera de peligro) serían superiores a los del mercado, a su conveniencia contable, volviéndose el mercado inmobiliario aún más ilíquido y sin embargo más caro. Es lo que tiene intervenir de forma perversa y concertada en el mercado.

Cualquier nuevo interesado en la compra de una casa alquilada a su antiguo dueño (que sería «incentivado» para abandonarla voluntariamente), recibiría una hipoteca fácil, aún sin ser solvente ya que, en el peor de los casos, el banco podría repetir el proceso reduciendo en cada operación el coste del inmueble para la entidad (por supuesto, conseguir una hipoteca para adquirir una casa vendida por un particular resultaría imposible). Además, qué demonios, todos los bancos harían lo mismo y la diferencia entre comprador e inquilino se difuminaría. Tendría también consecuencias deflacionistas que influirían en IPCs de forma difícilmente manejables. Y otras muchas que van surgiendo a medida que dedicamos tiempo a imaginar ese escenario hipotético.

Pensando mal, quizá sea una estrategia concertada para reflotar los precios del Real Estate norteamericano (el español aún debe caer mucho más antes de compinchar nada parecido). La realidad es que la mayor parte del mercado inmobiliario estaría bajo dominio absoluto de la banca, y eso suena a abusos más injustos que las implacables leyes del mercado de oferta y demanda. Al fin y al cabo estaríamos interviniendo el mercado pero no desde el Estado, como propusimos a principios de año en Socialización de hipotecas y Bad Owners, sino desde la banca. Peligrosísimo.

Schwarzenegger y Zapatero, o la Fórmula del Agujero.

Pongámosle una ecuación a la situación a la que se enfrentan los Estados. Las matemáticas suelen hacernos más evidentes las realidades que no nos gusta afrontar. Y es por lo tanto saludable jugar con una simple ecuación si lo que de verdad queremos es entender lo que ocure en nuestro entorno.
Los Estados están pagando la factura de la orgía de crédito a la que bancos y nosotros mismos (empresarios y/o consumidores) nos entrgamos en los últimos años. Ante la insolvencia de los deudores, la banca ha sido y está siendo rescatada por papá Estado. Además, el gasto público keynesiano y la destrucción de riqueza tributable, estan disparando los déficits mes tras mes. Veamos pues la simple ecuación a la que se enfrentan los Estados:

G – I = ΔM + ΔD

Donde G es el gasto público, I los impuestos, M la masa monetaria y D la deuda. A nadie se le escapará que la parte izquierda de la ecuació determina el déficit, y la derecha la manera de financiarlo. Obviamente, si G se viera superada por I, estaríamos ante un escenario de superávit y los incrementos se tornarían reducciones de deuda o incluso de masa monetaria.

Por lo tanto el déficit debe ser cubierto por un incremento en la impresión del dinero en circulación, y/o por la emisión de deuda pública. ¿Pero qué ocurre cuando un Estado tiene absoluta libertad presupuestaria y no monetaria? Veamos el ejemplo de California, cuya ecuación se limita a: G – I = ΔD Una ecuación que se debe equilibrar con cada presupuesto anual. Ahí llegamos a un escenario donde una limitación en la capacidad de endeudamiento provoca una quiebra del Estado que sólo tiene una solución sostenible: La equiparación de G e I. Es decir que en un entorno de crisis donde los ingresos se reducen, la única solución es la de un recorte drástico del gasto público, que a su vez provocará una profundización de la crisis.

La capacidad de endeudamiento tiene un límite, claro está. Y en buena medida lo marcará el mercado, ya que a menor solvencia percibida por el inversor, mayor es el tipo de interés que deberá ofrecer el Estado para atraer el dinero hacia su papel. Un papel cada vez más mojado. El otro límite lo pondrá la ley que regulará o intentará regular la solvencia, delimitando el llamado «riesgo país». Sin embargo, en el caso de California (economía que por sí sola estaría situada en el top 8 del mundo), no hay escapatoria vía aumento de la deuda por la humedad (insolvencia) ya excesiva de su papel, ni tampoco tiene capacidad de imprimir billetes. Ambas posibilidades pertenecen a decisiones ajenas, es decir al mercado y a los EE.UU. en su conjunto. Cuando el déficit está desbocado y los ingresos fiscales disminuyen, la colocación de deuda deja de ser difícil y se convierte en misión imposible. Atraer la financiación cuando se ha perdido la confianza de los inversores es como intentar contener con las manos el desmoronamiento de un castillo de naipes. Y hoy por hoy parece impensable que California pueda emitir e imprimir sus propios billetes de una moneda propia. Por lo tanto parece verosímil que los EE.UU. en su conjunto «rescaten» la deuda californiana para que pueda seguir colocándose entre los inversores con el aval del Tesoro americano. A ello se deberá unir una austeridad rigurosa en el gasto publico, algo que ya está llevando a cabo Schwarzenegger según su manual neoliberal.

[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=ETf2FQVyXE4]

También se está hablando de la posibilidad de que los cincuenta estados nortemericanos dispongan de capacidad para emitir moneda (o al menos los que son incapaces de equilibrar la ecuación), pero parece, en el caso USA, que sería menos traumático que papá Estado corra con los avales que necesita el manirroto de Schwarzenegger para seguir haciendo mayor la pelota de la deuda pública californiana.

Curiosamente, cada día le veo más paralelismos a Schwarzenegger y al Zapatero español, a pesar de que la estrategia ante la crisis es radicalmente opuesta (neoliberalista vs socialista). Ambos dirigen un país con graves problemas de insolvencia e imposibilidad de equilibrar la ecuación de marras. Parece impensable que los EE.UU. permitan el colapso de California, pero no me resulta tan inverosímil que la UE deje a su suerte a los países con un gran desfase entre G e I. La ecuación de los PIIGS se podría equilibrar inyectando I desde los países ricos de Europa, desde luego, pero es evidente que el patriotismo de la UE no alcanza las cotas del norteamericano. Por supuesto, la opción de permitir una política monetaria independiente en la UE es algo difícil de imaginar, pero que encajaría muchas piezas del rompecabezas y equilibraría la ecuación. Sin embargo también se hace incluso más difícil de imaginar que los países ricos de la UE paguen y avalen sin rechistar la quiebra de unos Estados que, hace tan sólo pocos años que abandonaron sus versátiles divisas y entraron en la unión monetaria sacando pecho virtual.

Krugman ya advirtió a Zapatero hace cuatro meses que la Unión Europea es como si no existiera. O sea, que avisa que no cabe esperar ayuda por su parte porque, de hecho, es una insititución fantasma a efectos de coordinar medidas excepcionales. Esto, añadido a la incapacidad para devaluar la moneda debido a la militancia en la unión monetaria, hace que (como dijo en su blog) estar en la eurozona no garantice poder superar la crisis ni una mejor perspectiva, sino al contrario. A España, Italia, Portugal, Irlanda y Grecia seguramente les resulte más complicado el panorama.

De momento Schwarzenegger ha escrito la carta a los reyes magos (Obama) suplicando el rescate por parte del Estado norteamericano. Zapatero le ha copiado la carta pero el verdadero drama, para España y el resto de PIIGS, es que no hay dónde enviarla. Mientras tanto, la ecuación se va grabando a fuego en nuestras cifras macroeconómicas. Y las ecuaciones matemáticas son verdades que no entienden de política ni de dramas sociales.

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