G – I = ΔM + ΔD
Donde G es el gasto público, I los impuestos, M la masa monetaria y D la deuda. A nadie se le escapará que la parte izquierda de la ecuació determina el déficit, y la derecha la manera de financiarlo. Obviamente, si G se viera superada por I, estaríamos ante un escenario de superávit y los incrementos se tornarían reducciones de deuda o incluso de masa monetaria.

La capacidad de endeudamiento tiene un límite, claro está. Y en buena medida lo marcará el mercado, ya que a menor solvencia percibida por el inversor, mayor es el tipo de interés que deberá ofrecer el Estado para atraer el dinero hacia su papel. Un papel cada vez más mojado. El otro límite lo pondrá la ley que regulará o intentará regular la solvencia, delimitando el llamado «riesgo país». Sin embargo, en el caso de California (economía que por sí sola estaría situada en el top 8 del mundo), no hay escapatoria vía aumento de la deuda por la humedad (insolvencia) ya excesiva de su papel, ni tampoco tiene capacidad de imprimir billetes. Ambas posibilidades pertenecen a decisiones ajenas, es decir al mercado y a los EE.UU. en su conjunto. Cuando el déficit está desbocado y los ingresos fiscales disminuyen, la colocación de deuda deja de ser difícil y se convierte en misión imposible. Atraer la financiación cuando se ha perdido la confianza de los inversores es como intentar contener con las manos el desmoronamiento de un castillo de naipes. Y hoy por hoy parece impensable que California pueda emitir e imprimir sus propios billetes de una moneda propia. Por lo tanto parece verosímil que los EE.UU. en su conjunto «rescaten» la deuda californiana para que pueda seguir colocándose entre los inversores con el aval del Tesoro americano. A ello se deberá unir una austeridad rigurosa en el gasto publico, algo que ya está llevando a cabo Schwarzenegger según su manual neoliberal.
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También se está hablando de la posibilidad de que los cincuenta estados nortemericanos dispongan de capacidad para emitir moneda (o al menos los que son incapaces de equilibrar la ecuación), pero parece, en el caso USA, que sería menos traumático que papá Estado corra con los avales que necesita el manirroto de Schwarzenegger para seguir haciendo mayor la pelota de la deuda pública californiana.
Curiosamente, cada día le veo más paralelismos a Schwarzenegger y al Zapatero español, a pesar de que la estrategia ante la crisis es radicalmente opuesta (neoliberalista vs socialista). Ambos dirigen un país con graves problemas de insolvencia e imposibilidad de equilibrar la ecuación de marras. Parece impensable que los EE.UU. permitan el colapso de California, pero no me resulta tan inverosímil que la UE deje a su suerte a los países con un gran desfase entre G e I. La ecuación de los PIIGS se podría equilibrar inyectando I desde los países ricos de Europa, desde luego, pero es evidente que el patriotismo de la UE no alcanza las cotas del norteamericano. Por supuesto, la opción de permitir una política monetaria independiente en la UE es algo difícil de imaginar, pero que encajaría muchas piezas del rompecabezas y equilibraría la ecuación. Sin embargo también se hace incluso más difícil de imaginar que los países ricos de la UE paguen y avalen sin rechistar la quiebra de unos Estados que, hace tan sólo pocos años que abandonaron sus versátiles divisas y entraron en la unión monetaria sacando pecho virtual.

De momento Schwarzenegger ha escrito la carta a los reyes magos (Obama) suplicando el rescate por parte del Estado norteamericano. Zapatero le ha copiado la carta pero el verdadero drama, para España y el resto de PIIGS, es que no hay dónde enviarla. Mientras tanto, la ecuación se va grabando a fuego en nuestras cifras macroeconómicas. Y las ecuaciones matemáticas son verdades que no entienden de política ni de dramas sociales.