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Cluster Family Office Blog

El verano del Nazareno.

El otro día hablaba con un amigo y a la vez prestigioso abogado penalista de Barcelona. Me contaba que en el primer trimestre del año en su bufete ya habían superado el número de casos de situaciones concursales de todo el año 2007. Y que en el segundo trimestre la tendencia había sido aún más ascendente. Me comentaba también que muchos de sus clientes que tenían socios estables desde hace muchos años, se encontraban hoy litigando entre ellos por diversos motivos. Diversos, sí, pero siempre económicos. Lógicamanete las apreturas financieras en una empresa ponen a prueba la solidez de la relación entre los socios de una forma dramática. Y muchas sociedades estables durante años se hacen añicos sangrantes cuando los números rojos comienzan a afectar seriamente a los bolsillos de los socios.
«Socios serios, cultos y de alto nivel se sacan los ojos ante los tribunales por dinero». Me comentaba con un tono escalofriante éste prestigioso abogado. Efectivamente, los organigramas de las cúpulas directivas empresariales echan humo en tiempos de pérdidas. Y llegar a una situación concursal es siempre traumático. Supone, en la mayoría de casos, ruptura de relaciones internas, decapitaciones directivas, ejecutivas, puñaladas traperas accionariales y por supuesto reducciones de plantillas con el derrumbe de la relación patronal/empleados, si es que ésta existía.

Según me comenta mi amigo de este importante bufete de Barcelona, jamás habían visto un desplome empresarial y un auge concursal como el presente. Tanto es así que han tenido que adaptar su estructura interna y sus RR.HH. a esta avalancha de fallidas empresariales cuya remisión está lejos de vislumbrarse.

Hablando además con otro amigo, esta vez fiscalista, me comenta que tiene muchos (y cuando digo muchos quiero decir exactamente eso) clientes con empresas que están esperando el cierre vacacional para ya no abrir sus puertas en septiembre. Que va a ser una práctica masiva. O sea, que las cifras de paro después del verano, no sólo se van a disparar por el fin de temporada tradicional en el sector de servicios (restauración, hostelería, etc.), sino también por los miles de trabajadores que quedarán en la calle cuando aterricen de sus vacaciones pagaderas en cómodos plazos con todo incluido, hasta el despido.

¿Soportarán las economías familiares de estos trabajadores la ausencia o la reducción de uno de los sueldos cuando el subsidio de desempleo llegue a su fin? Mayoritariamente no. Los niveles de endeudamiento crediticio suelen ser tan asfixiantes que cualquier incidencia en sus ingresos laborales desmorona el débil equilibrio de sus economías domésticas.

Ante esta aumento masivo de situaciones concursales pre- y, sobre todo post-vacacionales, me viene a la memoria el clásico Timo del Nazareno:

Consiste en el establecimiento de una empresa mercantil, preferentemente una sociedad de responsabilidad limitada, que comienza a efectuar compras a diversos proveedores, abonando en un principio las primeras adquisiciones en efectivo, hasta que consigue obtener la confianza de aquellos. A partir de ese instante se realizan compras de mayor cuantía, utilizando como forma de pago letras de cambio y pagarés, domiciliados contra cuentas bancarias sin actividad, mientras que la mercancía, antes de la fecha del vencimiento de su pago, es revendida a mitad del precio o simplemente deslocalizada, resultando impagados los efectos al ser presentados al cobro.

La denominación de timo del Nazareno procede de la «cola» de deudores que provoca este tipo de estafas, que, al igual que los penitentes, acuden a las entidades bancarias a intentar hacer efectivos los pagarés y letras librados por los presuntos estafadores.

Pero por supuesto salvando importantes diferencias: El empresario que ya no va a abrir sus puertas en septiembre no lo hace por afán timador sino por accidente contable; y no es un suceso premeditado sino una medida lamentable fruto de la crisis y/o de la negligencia en la gestión empresarial. De lo que no estoy tan seguro es de que antes del cierre de persiana, los empresarios no hayan hecho lo posible por minimizar los activos residuales que van a tener que hacer frente al concurso de acreedores. Práctica que, por otro lado, me parece muy comprensible. Evidentemente, el rastro de acreedores en pena que dejarán tras de sí, tanto los empresarios como los timadores, será digno del nombre de Nazareno.

La línea entre los timadores del Nazareno y los empresarios que realizan compras que venderán parcialmente o no y que jamás van a poder pagar, en estos tiempos de crisis, cada vez es más delgada. Pero lo preocupante es que, haya mala o buena fe, los penitentes nazarenos van a ir aumentando las largas colas de acreedores en un dramático efecto dominó.

No sirve de nada, Fernando Martín.

No sirve de nada que un empresario vallisoletano con brillo (que no brillante) se vincule a movimientos universitarios culturales y deportivos durante sus años mozos de juventud. No sirve de nada que a los 30 años lidere la secretaría general de la UCD local, ni que éste paso por la política le perfeccione su capacidad de diálogo futuro en el mundo de la gran empresa. No sirve de nada que se traslade a vivir a la capital de España y que progrese en apenas 5 años hasta Consejero Delegado de una empresa inmobliaria llamada Prehogar. Ni tampoco que después fundara con otros socios sus primeras compañías propias: Inomar y Contrucciones Pórtico, cuyo Director General fue desde 1992 y hasta 1996 Francisco Javier Cerceda Colado, ex-General de División y sub-director de la Guardia Civil, donde éste fue nombrado presidente del Patronato de Viviendas, y de cuya experiencia se benefició, obviamente, su socio y vice-presidente Fernando Martín… No sirve de nada.
Por aquel entonces, Sr. Martín, ya había creado Promociones y Urbanizaciones Martín, S.A. (Martinsa), con una actividad y crecimiento muy moderado. Quizás por eso seguía acumulando diversas sociedades: Jafemafe, Femaral, Almarfe, Fercler, Premier Martinsa (hasta hace poco llamada Martinsa Norte), Inmobiliaria Marplus y FT Castellana Consultores Inmobiliarios. Muchas no eran nada más (y nada menos) que meras patrimoniales, sin embargo otras se dedicaban a lo que realmente le hizo grande: Gestión de suelo en plena fiembre recalificadora y crediticia. Sus influencias, su complicidad con Florentino Pérez y FCC, hicieron el resto. Ante acusaciones de tráfico de influencias recalificadoras, Fernando Martín repetía sin cesar: “El negocio está en el suelo no consolidado. Y ahí entra en juego la imaginación y la intuición”. Efectivamente, intuímos e imaginamos cómo conseguía plusvalías de ensueño, una tras otra. Incluso llegó a sentarse en el banquillo de acusados pero fue absuelto por la consabida falta de pruebas. Por aquel entonces se jactaba de conseguir suelo finalista en menos de 50 días… No sirve de nada.

Personalmente acumuló sólo hasta hace un par de años, más de 550 millones de euros en activos bursátiles, consiguiendo plusvalías de hasta 120 millones de euros sólo en Sacyr Vallehermoso. Pero no sirve de nada que a principios del s. XXI su despegue empresarial fuera meteórico, ni que en el 2006 comprara Fadesa y creara Martinsa-Fadesa con presencia en 14 países. Los pies de este gigante eran de barro. De un barro asentado sobre una burbuja inmobiliaria y una lujuria crediticia bancaria, que explotó hace meses.

Sr. Fernando Martín, como diría mi admirado Groucho Marx, «the game is over«. Pero ¿para quién? Lamentablemente ésta es la pregunta del millón. The game is over para los accionistas que confiaron en Ud, para las familias que compraron sus pisos que jamás terminará de construir, para los accionistas de los bancos que confiaron en Ud., y podríamos seguir la lista de desesperación hasta sangrar. Pero ¿y para Ud, Sr. Martín? Para Ud. sólo se ha terminado uno de sus juguetes, el que más ruido hacía, el que más le divirtió e incluso, quién sabe si el que más dinero le dió. Pero ¿qué hay de sus negocios diversificados? los que se saben (3% de Unión Fenosa, 1% de Telefónica, 1% de BBVA, 1% de BSCH, etc.), los que sólo saben sus amigos, y sobre todo los que no se saben. Se le conocen participaciones más que significativas en empresas de distribución (supermercados), y asientos en consejos de administración muy diversos. Meras puntas de iceberg.

No le critico por haber diversificado su patrimonio en absoluto. No haberlo hecho habría sido temerario e ingenuo por su parte (incluso Bañuelos lo hizo). Pero no es creíble que no viera el peligro de no diversificar la propia Martinsa-Fadesa en plena burbuja. Lo siento Fernando Martín, ni los pelotazos recalificatorios se repetían por azar, ni su previsión del estallido de la burbuja fue tan miope. Simplemente utilizó una de sus herramientas, uno de sus juguetes hasta que dejó de funcionar. El panorama actual inmobiliario y sobre todo creditor ya no le compensa su esfuerzo, y no sólo no hizo nada para evitar la situación concursal, sino que me temo que es un final diseñado y adaptado a los planes futuros que tiene para su patrimonio. Y lo peor de todo es que el volumen de Martinsa-Fadesa hace que al Gobierno le tiemble la voz y se vea obligado a comprarle suelo para pagar sus deudas, extendiendo así los daños colaterales causados por Ud. hasta extremos inmorales.

Quizás se refería a eso cuando hablaba de «imaginación e intuición». Para ser un buen empresario no sirve de nada hacer grande e influyente una empresa, también hay que hacerla sólida, fuerte, ágil, indestructible. Algo parecido a lo que ha hecho con su patrimonio personal. Sólo así se puede ser Empresario en mayúsculas. Ud. no lo es, ya que lo único que ha consolidado es su propia fortuna. Y eso no sirve de nada sin la mínima catadura moral y humana.

La riqueza sin Ética es despreciable. Se lo dice un Family Office donde vemos muchos estilos de amasar fortunas, Sr. Fernando Martín.

El Seísmo y el Tsunami.

23 de Junio de 2007:

(…)Pero “tranquilos”, la sangre de todos no llegará al río. Nuestro sistema financiero no corre peligro de muerte mientras quede margen para una mayor miseria social. Lamentablemente así son las reglas del juego. Pero el efecto anclaje en los buenos tiempos nos ayuda a mirar hacia otro lado. Como dijo Supetramp en 1975: Crisis? What Crisis?

Hoy ya nadie puede mirara hacia otro lado. Todos sabemos, incluso los más optimistas o peor informados (¿dónde habré oido esta frase?), que estamos en crisis. O mejor dicho en Crisis, en mayúsculas. A algunos les ha costado mucho concebir una gran crisis sin crack bursátil, con el permiso del amago del 21 de Enero pasado, pero hoy en día hasta los más lentos de reflejos saben que occidente está en crisis. No obstante, parece que los peligros que algunos veían amenazando la supervivencia del Sistema Financiero se purgará a base del empobrecimiento global.

El aumento del coste energético ha popularizado, sin duda, esta sensación de crisis. Pero aún, para la mayoría, es poco más que una sensación. Los precios aumentan como consecuencia inmediata del precio del crudo, pero las consecuencias laborales de la contracción del consumo todavía son incipientes. El paro tan sólo comienza a repuntar y la sociedad apenas ha comenzado a sufrir las consecuencias del empobrecimiento del Sistema Económico. Además, viniendo de orgías consumistas y lujurias financieras nunca vistas, la caída será aún más dolorosa. El terremoto se ha producido, los sismólogos lo saben bien, pero la población, a pesar de algunas voces de alarma cada día menos incipientes, en general aguarda inconsciente la llegada del tsunami.
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Muy pocos intuyen la magnitud de la tragedia, porque muy pocos corren. Es decir, las economías domésticas de guerra con apretadas drásticas de cinturón, sólo se producen en los casos en los que ya les salpica el agua. El resto oye hablar de crisis a diario pero confían en que sus vidas no van a cambiar sustancialmente. A lo sumo menos vacaciones o menos caprichos caros como cambios de coches, etc. Pero la realidad es que muchos perderán gran parte de sus ingresos y los ajustes tendrán que ser mucho más dramáticos.

Afortunadamente tenemos margen para una mayor miseria social. Que nadie se ofenda: Me refiero a que en general hasta hace un puñado de meses la clase media consumía y se endeudaba muy por encima de sus posibilidades reales. Y la media/alta también, sólo hay que ver las cifras récord de Ferraris vendidos entre la población cuyas fortunas no eran suficientes para este tipo de lujos. El hecho de habernos emborrachado de créditos al consumo, hipotecas y vuelos al caribe hasta casi el coma etílico, nos condena a una resaca fortísima y larga, muy larga. El ciclo de una profunda y compleja crisis como esta puede ser largo. A pesar de que las fuerzas políticas, empresariales e institucioneles intenten convencer a la población de que en un par de años malos purgaremos nuestros pecados, la triste realidad es otra. Probablemente (ya que no tenemos la bola de cristal que parecen tener algunos), en España los vendedores de pisos no verán mejorar sus valoraciones de mercado en los próximos 5 o incluso 10 años, ni podremos llenar nuestros depósitos a los precios del pasado año, ni volverán los bancos a facilitarnos hipotecas del 80% de la tasación (a pesar de que algunas voces oficiales lo reclaman temerariamente), ni créditos al consumo sin sólidas garantías, ni…

En Japón llevan casi 20 años sin plusvalías de ningún tipo: Sueldos, precios, valores inmobiliarios ni, por supuesto, bolsa. Ese modelo recesivo que para nosotros es economía-ficción, existe. Las tan sobadas frases oidas en España como: «El ladrillo nunca baja»; o «en RV a medio plazo siempre ganas»; o la mismísima «cada día todo está más caro», son una quimera para el japonés de la generación de los últimos 20 años. Y 20 años es casi media vida inversora, no lo olvidemos. No me cansaré de recordar que el mismísimo Dow Jones apenas subió un 10% entre 1965 y 1983 (18 años), y eso en un entorno de crecimiento y no recesivo.

Como en una maquiavélica alineación astronómica, hoy se dan diversas circunstancias fatales coincidentes en tiempo (desde aprox. 2007) y lugar (occidente): Desmoronamiento del abuso en las titulizaciones, pichazo de la burbuja inmobiliaria, endeudamiento abusivo generalizado y una crisis del petróleo que va más allá del aumento de precios (peak oil). Como habréis visto, no incluyo una crisis bursátil, aunque es evidente que muchas reservas patrimoniales de las familias estaban malblindadas en acciones (manda huevos) que hoy también se ven muy recortadas, agravando así las consecuencias de dicha acumulación coincidente de factores fatales. ¿Conjunción planetaria fruto de la mala suerte? En absoluto. No es más que fruto de nuestros excesos, abusos y nuestro malhacer. Esperemos que el final sea menos desagradable y traumático que los excesos del protagonista del siguiente memorable video de «The meaning of Life» de los Monty Python.
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A pesar de todo me gustaría acabar con un cierto optimismo y quiero pensar que en el negro horizonte se abrirá una brecha de luz económica, que hoy no acierto a adivinar, y que amortiguará la caída (energía alternativa, boom tecnológico, economías emergentes…quién sabe). Aunque no estoy muy seguro de que sea sano ni prudente evitar un cierto desastre que nos permita arrancar de nuevo sobre fundamentos asépticos y capaces de aguantar nuestros futuros excesos.

Wall Street Journal. Clasificados. Contactos.

«Gatitas en celo te esperan para que las mimes y les des un poquito de leche. Dúplex lésbico, beso negro, francés y completo, con y sin… Amas y sumisas, en la cueva del Sado te harán sentir sensaciones inolvidables. Dos bomboncitos con experiencia. Sí a todo. Llama y pregunta por Freddie o Fannie. (1-703) 903-2000.»

Esperemos que este anuncio, que podría haber sido redactado por Henry Paulson conjuntamente con Citi, surja efecto y atraiga algún carroñero salvador antes de que el dinero público deba limpiar tarde y mal los restos en putrefacción, como sucede sin ir más lejos con IndyMac Bank. Es labor de todos maquillar y sanear suficientemente unos restos cada día menos apetecibles para hacerlos atractivos, sexys, asequibles e interesantes para los carroñeros. De otro modo se nos complicaría todo muchísimo.

Sí a todo, Sr. Carroñero. God Bless Scavengers!

Hace un año… 08 de Julio 2007

Recordamos hoy el artículo en el que hablábamos del afán de la clase media por conseguir un pelotazo que les sitúe directamente en un estatus superior, descuidando así su progresión profesional y laboral.
Con los tiempos que corren quizás más de uno añore la situación de hace un año donde un trabajador podía centrarse en el esfuerzo por progresar en su puesto de trabajo o mejorando su condición cambiando de empresa, sin sentir el aliento del despido en el cogote. Os dejo con el artículo original:

La cultura del pelotazo y el Pixie Dust

Afeitados Alternativos.

Llegaron los pescadores en pleno río revuelto. Y ganaron por supuesto. Ganaron adeptos (o ineptos) escarmentados que quisieron ver en la inversión alternativa el sustituto de los rallies alcistas a los que les malacostubró la bolsa desde que el mundo es mundo. Su mundo, claro. Un mundo, el de estos inversores, que no se concibe sin plusvalías en RV que superen en muchos casos la capacidad de ganancias por la propia actividad laboral. Qué listos éramos todos, ¿verdad?
Pero llegaron los recortes de las bolsas y empezaron los reproches a sus vanagloriados gestores y banqueros. ¿Cómo no les avisaron de que iban a sufrir pérdidas tan grandes y tan persistentes? ¿Acaso no es ese su trabajo? ¿De qué sirven sus corbatas, sus cursillos (ya ni siquiera masters), su experiencia…? Ante esta avalancha de culpabilizaciones, los gestores suelen reaccionar de dos maneras muy distintas:

  1. El incompetente e inexperto (a pesar de haberlos de mediana edad) está tan sorprendido como el propio cliente. Jamás habría imaginado que la RV pudiera perder tanto y, lo más importante, más allá de uno o dos años malos. La mayoría incluso han arrastrado a la ruina no sólo a sus clientes sino también a sus familiares y amigos próximos, y por supuesto sus propios ahorros. De hecho a la única que no han perjudicado es a la propia entidad para la que trabajan, puesto que han vendido pescado a diestro y siniestro generando gran cantidad de comisiones. Pero no por ello conservarán su puesto, ya que la huida de clientes, y la consiguiente reducción de beneficios de la cuenta de explotación de dicho gestor, cava idefectiblemente su tumba laboral.
  2. En cambio el perro viejo (con casi todos mis respetos), sabe perfectamente que éstas son épocas de vacas flacas y que hay que torear clientes mañana y tarde. Aguantar el chaparrón como en otras épocas, aunque esta vez pinta peor puesto que no hay crack bursátil en el que excusarse, y además va para largo. No obstante sabe que dispone de armas alternativas para seguir succionando comisiones de sus clientes escarmentados por la RV tradicional. Las entidades para las que trabajan ágilmente se las han suministrado e incluso les han adiestrado mínimamente para usarlas.

No obstante hay gestores cuyo poder de convicción no es suficientemente opresivo y permiten durante algún tiempo que sus clientes dormiten en simples depósitos mientras la inflación les come y sus jefes de banca privada o de la gestora pierden la paciencia.

Pero centrémonos en los gestores y banqueros de champions, los pescadores que ganan en río revuelto, es decir los que realmente generan beneficios para las entidades en las que trabajan. Éstos han conseguido que sus clientes vean en la inversión alternativa una ídem para sus añoradas plusvalías anuales de 12, 18, 25% o incluso más. Se ha vendido el «antídoto perfecto» contra las bajadas de la RV occidental. Muchos inversores han comprado fondos alternativos confundiéndolos con Hedge Funds (algo muy común) y sin saber realmente que significa ni una cosa ni la otra. Sólo querían oír que dichas inversiones seguirían ganando dinero a pesar de las bajadas de las bolsas.

Poco les importa conocer la verdad. Y la verdad es que una inversión alternativa es algo tan indefinido y absurdo como decir inversión en mercados. ¿Saben los inversores si su inversión alternativa se basa en fondos Hedge con apalancamiento del 50% o del 800%? ¿Saben si invierten en curvas de tipos o en spreads de acciones? ¿Saben si han comprado un fondo de fondos con sus correspondientes múltiplos de comisiones? ¿Saben si su dinero apuesta por una empresa no cotizada (capital-riesgo) formando parte de su accionariado? ¿Saben si al mismo tiempo están invirtiendo en commodities, emergentes o energías alternativas? ¿Saben si están pagando un NAV con el fruto de una venta de derivados o a crédito que compromete el futuro de su inversión?, etc, etc… Las lamentables respuestas mayoritarias son NO. A lo sumo un breve histórico de resultados y volatilidades que más que nunca resulta inútil debido a la constante adaptación de las políticas de inversión al escenario del día a día. Porque una inversión alternativa goza de la mayor libertad de movimientos para sus gestores. Todo vale. Pero si todo vale y la tipología y estrategia de inversión se modifica sustancialmente y de forma constante, los históricos o trackbacks dejan de tener sentido alguno. Si además, puestos a descorrelacionarse (qué bonita palabra) del mercado, ante el desconocimiento de dónde metemos nuestro dinero, decidimos diversificar dentro de la diversidad más absoluta, ¿qué criterio de inversión tenemos? Nulo.

En esos casos, que son lamentablemente muy comunes, sólo nos ofusca la promesa de compensar los añorados beneficios bursátiles. Perdemos de vista el Norte, y por supuesto nuestro dinero. Las consecuencias ya son evidentes.

¿Cuál será el siguiente tumbo de los inversores promiscuos? La indústria armamentística de los financos seguro que nos impresionará con novedosas y brillantes armas de destrucción (patrimonial) masiva.

Invertir sin petróleo (2)

Muy interesantes, como siempre, vuestros comentarios respecto a estrategias para un escenario de fuerte crisis financiera y energética. Sólo os pido que, aunque sea bajo pseudónimo anónimo, los publiquéis como comentarios y no mandéis mails privados. Creo que es la forma adecuada para que todos podamos compartir ideas, algunas de ellas ejemplares, y así reservaremos los correos para las consultas personales sin que éste se colapse. Dicho esto vamos a analizar nuestras y vuestras estrategias.
Buscando oportunidades en tiempos estremecedores. Así es como nos gusta analizar las estrategias futuras. Aunque buscar oportunidades significa exactamente eso, o sea, realizar inversiones con cierto riesgo en busca de esas potenciales ganancias que nos suele dar un escenario en crisis. Por ello, por ese cierto riesgo, debemos buscar las oportunidades con mesura. Sin poner en peligro la mayoría de nuestro patrimonio y sólo los activos destinados a ello, previo análisis y diseño de nuestro PGR. Aclarado este punto, seguimos.

Es muy cierto, no obstante, que quizás los tiempos venideros no sean tan sincopados ni difíciles como hoy se vislumbran, y muchas opiniones de hoy, queden en ridículas exageraciones catastrofistas. Algunos de hecho, mayoritariamente políticos y banqueros, así lo auguran. Es posible que la crisis de crédito se minimice y que lo peor haya pasado. Que por arte de evolución costumbrista o quiensabequé, el tiempo haga que la confianza vuelva al crédito, siendo ésta la mejor medicina (o mejor analgésico, que alivia pero no cura, diría yo) para volver a la peligrosa y frágil normalidad de los años pasados. También es posible que el temido peak oil sea una falsa alarma y que, a pesar de ser incapaces de sustituir nuestra dependencia del petróleo por otra, sigamos extrayendo barriles a precios algo más moderados durante varias décadas. ¿O por qué no? que en pocos años encontremos una energía alternativa, viable, barata y global. Yo también lo espero, sinceramente, Fernan2. En ese caso los analisis y estrategias actuales servirían, pero hemos querido que éste sea un ejercicio de reflexión contemplando la hipótesis de que realmente nos veamos en serios apuros.

En ese posible escenario peor, es bueno tener al menos alguna estrategia analizada para la posible prolongación y recrudecimiento de la crisis financiera y/y crisis energética actual. Lo primero que debemos replantearnos en ese escenario negativo es nuestra estructura patrimonial a blindar y la proporción a arriesgar. Y por supuesto, redefinir nuestra aversión al riesgo, de hecho redefinir nuestro PGR ad-hoc. ¿Cómo blindaríamos la mayoría de nuestros activos y dónde buscaríamos las oportunidades? Esa es sin duda la pregunta del millón, pero vamos a intentar dar alguna directriz, como habéis hecho vosotros, que pueda ser útil en el proceso de cada análisis particular. Obviamente, huelga repetir que cada PGR debe hacerse absolutamente a medida de cada patrimonio, persona, familia, idiosincrasia y circunstancia. Dicho esto, y con todas los riesgos que conlleva dar directrices sin conocer al dedillo al lector potencial, vamos a generalizar peligrosamente (para placer de algunos), considerando un patrimonio de al menos 3 o 4 millones de €:

Para la parte del efectivo, de entrada, el tradicional refugio bancario debe revisarse en favor de una selección más exigente de la entidad y una menor concentración de riesgo entidad. No tengo tan claro como ManuelMad que los paraísos fiscales fueran el cobijo ideal, pero estoy de acuerdo en que a priori se deberían ver menos afectados por la crisis crediticia. Además, la parte que debamos blindar, debería huir de las rentas fijas financieras y decantarse más hacia las soberanas, con plazos que no vayan más allá del medio. ManuelMad comentaba que huiría de las RF soberanas, pero ante un escenario así, creemos que una divisa refugio y Estados a quienes afecte menos la escasez de petróleo serían más seguros que alternativas corporativas. Quizás nuestra imagen de ambas crisis sea menos bélica que la tuya. En cuanto al refugio oro que también apunta Manuel, un 40% en un metal precioso me parece excesiva concentración de activos en algo cuyo beneficio sólo cabe esperar en su apreciación especulativa. Podría ser una buena inversión, pero ojo, estamos hablando de las cantidades a blindar, ya que para los activos que puedan asumir ciertos riesgos, encontraremos grandes oportunidades de inversión (para ganar y para perder) en commodities, deuda financiera «distressed» (no confundir con las «Distressed Wealth Strategies«), etc.

En cuanto al efectivo susceptible de cierto riesgo, consideraríamos la posibilidad de invertir en inmuebles prime en USA. El mercado inmobiliario deprimido y un cambio de divisa atractivo, hacen de ese mercado un objetivo a tener en cuenta. Incluso hoy en día planteamos a muchos de nuestros clientes la conveniencia de vender parte de sus inmuebles en España a precios de mercado, en favor de aprovechar dichas oportunidades al otro lado del atlántico. Algunos diréis que para vender en estos momentos en España hay que «malvender«. Pero en realidad no es que sea barato sino su precio real de mercado, no hay otro. Y el coste de oportunidad puede ser muy superior que la baja del precio al que mentalmente estamos anclados. Generar unas rentas de alquileres inmobiliarios en US $ con rentabilidades que hace muchos años que no vemos en España, nos parece una buena estrategia en la actualidad, incluso agravándose la crisis financiera y energética. Es muy cierto Dalamar, que el modelo americano de poblaciones tipo Show de Truman donde se conducían 100 millas de casa al trabajo, han dejado de ser viables para las economías medias. De hecho ese tipo de viviendas son las que más han sufrido la crisis inmobiliaria e hipotecaria en los EE.UU. En España se resentirán algunos, está claro, pero jamás partimos de unos precios tan bajos de la gasolina como allí, y el coste del transporte en coche privado siempre se tuvo en cuenta en Europa.

Para la parte de efectivo susceptible también de riesgo, consideraríamos las inversiones en RV. Dependiendo de la proporción del patrimonio y del riesgo asumible tenemos opciones actuales como los mercados emergentes. Pero cuidado, en un escenario de crisis energética grave, su propio consumo autóctono (China e India), sus bajos salarios y sus inercias de PIB, podrían darse la vuelta rotundamente. Depende de la gravedad de la crisis, sólo mientras los costes energéticos no se multipliquen hasta asfixiar dicho mercado, son una opción a considerar. No obstante, sus volatilidades gigantes deberían moderarnos los volúmenes a invertir en la actualidad. Otra opción menos volátil, y ésta sí compatible con un mundo con petróleo prohibitivo, serían los blue chips americanos, pero sólo los que menos afectados se puedan ver por un incremento energético y su repercusión en los costes del transporte.

Siguiendo con el escenario de precios de combustible muy superiores a los actuales, parece que un sector que podría quedar al margen de este problema sería el de las telecomunicaciones o sector tecnológico. La burbuja del 2000 queda ya suficientemente lejos y purgada como para que se den las condiciones de repetirse, y esta vez con menos aire y mayor fundamento. Además las dificultades del transporte físico podrían llevarnos a un especial auge de esas empresas. Una cartera de este sector, podría ser una buena estrategia a largo para dicho escenario. Coincido con Alejandro y Paco, aunque el sector es tan amplio que encontrar el valor entre tanta paja no sería fácil. Incluso diría que con los precios energéticos actuales, ya sería recomendable esta estrategia de inversión.

Creo que cambiarían muchas cosas, Tom, las necesidades podrían parecerse mucho durante un tiempo, pero lo que sí deberíamos adaptar de inmediato sería la forma de cubrirlas.

Gracias por vuestras reflexiones y análisis de ese hipotético escenario financiero y energético. Espero que sigáis aportando calidad a este blog como siempre hacéis.

Hoy hace un año… 24 de Junio 2007

Tan sólo queremos hacer un breve recordatorio a la crisis que claramente se intuía hace justo un año. Algunos todavía no se habían enterado de la que se cernía sobre nosotros, mientras en cambio algunos auguraban catástrofes de finales de civilización y/o de Sistema. Nuestra perspectiva entre comentarios de corralitos y de colapso de la Economía global, era el del deterioro del panorama financiero para el ciudadano medio.
Lamentablemente parece que el tiempo nos da la razón. Por el momento la resaca crediticia y la crisis energética son más que suficientes para perjudicar a miles de millones de personas. Virgencita, Virgencita que me quede como estoy…:

Crisis, What Crisis?

«El dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, que necesita un especialista muy avanzado para verificar la diferencia.»

Woody Allen.

Invertir sin petróleo (1)

Si no conseguimos frenar la escalada del precio de la energía, no sólo se resentirán los estómagos de los países más necesitados y las economías de los países del primer mundo, también supondrá un frenazo a nuestra cuestionada globalización. Y por tanto afectará a la propia evolución de nuestra civilización como tal.
El proceso de globlización iniciado en las últimas décadas, comenzando con la implantación comercial de internet a nivel mundial y siguiendo con los desplazamientos de mercancías y de personas low cost, se verá comprometido en la medida en que el coste energético se multiplique.

Hace alguna generación el consumo de fruta tropical más allá del mismo trópico era imposible. En un futuro inmediato, si la energía sigue encareciéndose, pasará de ser habitual a prohibitivo. La pregunta que podemos lanzar es la siguiente: ¿Es malo que volvamos a consumir sólo productos autóctonos de temporada y deje de haber en el primer mundo de todo y siempre? Mi respuesta sería, depende: Para los países desarrollados en general, no tiene porqué ser dramático, ni siquiera negativo, que sólo se consuman productos de temporada propios y que se deba volver a diversificar la producción autóctona para cubrir las necesidades regionales. En ese caso sólo se importarían productos lejanos necesarios como por ejemplo medicamentos, eso sí a precio de oro (negro, claro). Pero este mismo fenómeno sería pésimo para el mundo no desarrollado, ya que condenarlos a producir sólo para su mercado autóctono significa la extinción de sectores de población incalculables. Imaginar un país emergente o incluso sub-desarrollado sin posibilidad de exportar porque los costes del transporte les arranca de raíz su competitividad, es escalofriante. No obstante, lógicamente los costes del transporte no repercuten igual en un producto grande, pesado y barato que en uno pequeño, ligero y caro. Es decir, por ejemplo el encarecimiento de la energía no afectará tanto al transporte de videocámaras como al de bicicletas, aunque ambos productos sean chinos.

Si alguna ventaja tienen esos países con economías paupérrimas, es precisamente su mano de obra barata que hace atractivos sus productos al primer mundo. Pero en el momento en que cueste lo mismo o menos una sudadera made in Italy, Spain o France que otra (de probable peor calidad) made in Indonesia, Korea o Taiwan, nuestro mundo al que ya nos habíamos acostumbrado, será otro. Deberíamos abandonar la producción especializada que hemos venido evolucionando en el pasado final de siglo, para volver a la producción diversificada por la ausencia de globalización mercantil. El escenario con el que nos veríamos obligados a lidiar con un petróleo desbocado y sin alternativa presente es, cuando menos, inquietante. Sin duda un panorama involutivo a todas luces (con el permiso de los anti-globalización).

Sin embargo, el fenómeno de la globalización es algo difícilmente reversible, sólo un evento que afecte a todo el planeta y de gran calibre como un agotamiento energético, puede frenar (que no parar o eliminar) dicha globalización. Espero que después de haber constatado el peak oil hace tres o cuatro años, y antes de llegar a un agotamiento que vaya más allá del simple encarecimiento del crudo, hayamos sido capaces de desarrollar una alternativa realmente viable y global. De otro modo sí que podemos ver peligrar el hasta hoy vertiginoso ritmo de la globalización.

Metiéndonos en Economía-Ficción, aunque me temo que menos fictícia de lo que parece, vamos a imaginar el escenario de un coste energético insostenible y sostenido. Es decir, que nos pilla el toro (si es que no nos ha pillado ya) y nos vemos abocados a un mundo con los trazos que hemos definido, y además durante décadas. Que no somos capaces de encontrar una alternativa energética barata, abundante y global como lo era el petróleo hasta hace unos años. Imaginemos pues que el comercio internacional se ve modificado drásticamente en consecuencia, y que las industrias y las economías se tornan sensiblemente menos globales. Sin embargo a pesar de este escenario, los mercados financieros seguirían disfrutando del esplendor de los movimientos de la información, y casi ajenos a los problemas de los movimientos de las mercancías y personas. Planteemos algunas cuestiones interesantes: ¿Qué sucederá entonces con las inversiones financieras? ¿Qué estrategias de inversión deberíamos crear para que nuestro patrimonio siguiera una correcta progresión en un escenario de crisis energética drástica?

Sería muy revelador leer vuestros comentarios al respecto, sobre todo si no se reducen sólo a la compra de derivados de petróleo, claro 🙂

Quizás si empezamos a pensar cómo serían nuestras inversiones en ese escenario de economía-ficción, encontraremos alguna directriz interesante y aprovechable para el escenario real actual. Una estrategia de inversión a largo plazo podría necesitar hoy del análisis de esta situación futura.

La globalización de los mercados financieros no necesita petróleo y, de la mano de internet serían los grandes beneficiados de la incapacidad de movimientos físicos causada por la ausencia de energía barata. Y no cabe duda de que, en dicho escenario, las cotizaciones de equities, commodities, RF soberana o corporativa, y en definitiva cualquier producto creado por los financos, se vería profundamante alterado en sus respectivas cotizaciones. ¿Estáis pensando en el mismo sector que yo? ¿Quizás incluso en las mismas empresas?

And the fact is that la madre de todas las crisis no la concibiría sin la madre de todas las oportunidades.

Hay que encontrar un modo de preservar a las generaciones venideras de la avaricia o inhabilidad de las presentes.

Napoleón Bonaparte.

El Monopoly termina en bancarrota o no termina.

La riqueza, afortunadamente, se redistribuye mayoritariamente de forma natural. Es decir, los adinerados gastan excedentes con mayor facilidad en favor de los menos ricos. Esta cuasi-ley universal existe en infinidad de ámbitos: Desde el rico que vive a un ritmo que significa el sustento de muchas familias a su alrededor; hasta el club de fútbol del G14 que paga una cifra enorme por un jugador de un club mediocre, ayudándole así a equilibrar los perjudicados balances de este último.
Casi siempre el aumento de riqueza deriva en un aumento del gasto, consumo, inversión y/o como le queramos llamar, beneficiándose de ello muy diversos colaterales. Algunos llamamos a esa relación un cierto modo de Win-Win, aunque algunas veces se convierte en una relación parasitaria. Algunos diréis que el rico cada vez es más rico y el pobre cada vez más pobre, por culpa de la explotación del primero sobre el segundo. En ese caso entraríamos en la polémica de quién es el parásito y quién el huésped. Pero la lucha de clases no es el motivo principal de esta reflexión, así que obviaremos dicha polémica y consideraremos (justamente o no) que el rico es el huésped y el pobre el parásito cuando no se trate de una relación Win-Win.

No todas las relaciones parasitarias son tróficas, es decir que suponen un incremento de recursos monetarios que alimentan al parásito. A veces el beneficio que se obtiene del rico o poderoso se traduce en protección frente a terceros, influencia, ocio, negocios, prestigio u otras ventajas muy diversas que tienen poca o nula relación con el dinero.

Otro ejemplo de redistribución de la riqueza sería la donación filantrópica. Quizás mayoritariamente su volumen sea residual, pero fijémonos en las grandes donaciones que de vez en cuando se producen. Por ejemplo la reciente donación de Warren Buffett de 37.400.000.000′-$ a fundaciones benéficas (cuando leemos todos los ceros impresiona más, ¿verdad?). Estos tipos de actos filantrópicos suponen la manera más diáfana y directa de redistribuir riqueza. La más radical y a la vez loable forma de WinWin descompensado o parasitismo voluntario por parte del huésped. Ante una actitud altruista de este calibre, la balanza de los dos «win» o el «perjuicio» que causa el parásito como sujeto pasivo es algo que, felizmente, se nos escapa del análisis tradicional de la relación entre riqueza y pobreza.

Habrá quien critique este tipo de actos como un mero blanqueo de la conciencia del rico. Yo prefiero pensar que con lavandería o sin ella, estamos ante redistribuciones efectivas de la riqueza que honran a la raza humana. Las ONG’s (algunas) se encargarán de no sólo redistribuir meros recursos sino también de fomentar pequeñas formas de creación de riqueza autónomas, como por ejemplo pozos, presas, escuelas, etc. En este punto no puedo dejar de mencionar a Vicent Ferrer y su ejemplar Fundación, a la que personalmente me unen un par de lazos espléndidos.

Filantropía, comercio, negocios, ocio, influencias…. sea, pues, la relación entre el rico y el pobre parasitaria o de Win-Win, tiende a compensar en mayor o menor medida la distribución de la riqueza.

Pero últimamente hay algo que me tiene un poco preocupado. No estoy seguro de que las manos que acumulan una ingente cantidad de riqueza desde que empezamos el nuevo siglo, tengan el mismo perfil de los ricos a los que tradicionalmente estamos acostumbrados. Me refiero básicamente a chinos y sobre todo a árabes (personas físicas y jurídicas) que están acumulando día tras día cantidades astronómicas de dinero. Tengamos en cuenta que el dinero anteriormente siempre ha estado en manos de occidentales, ya sea por méritos de la propia civilización o por expolio de terceros mundos, pero así ha sido tradicionalmente. Pero los tenedores de grandes riquezas han cambiado en la última década, en el último par de años, me atrevería a decir. Y quizás la forma de gastar o repercutir su riqueza con el resto del planeta no sea tampoco la tradicional.

Los grandes multimillonarios del pasado siglo, desde que a la Economía moderna se le puede llamar así, han sido siempre occidentales. Grandes businessmen que han amasado sus grandes fortunas en la industria, empresa o incluso el comercio. Prohombres diversos, por supuesto, pero todos ellos de cultura occidental. Tan sólo a finales del s.XX pudimos ver algunos multi-millonarios japoneses cuya cultura se aleja mucho de la occidental, pero fueron efímeros y mucho menos significativos que los actuales grandes tenedores de fortunas. Mi opinión personal es que muchas enormes fortunas creadas en los últimos pocos años, que crecen a un ritmo nunca visto, se están formando sin el empeño, esfuerzo y constancia de los tradicionales multi-millonarios businessmen occidentales. Es sólo una impresión, cierto, pero si estas nuevas fortunas de volúmenes jamás imaginados se han formado de una forma un tanto pasiva por parte de sus tenedores, sus objetivos futuros sin duda serán también distintos a los tradicionales.

No se trata en absoluto de discriminación cultural, religiosa, ni mucho menos racial. Sólo es una reflexión que me lleva a pensar que la riqueza ya no está en manos de nuestra cultura occidental, como ha estado siempre históricamente hasta hace muy pocos años. Y la siguiente pregunta que lanzo al aire es: ¿Qué consecuencias puede tener este fenómeno? ¿La redistribución de la riqueza tradicional se verá modificada?

Es como si en una eterna partida de Monopoly, tácitamente los ganadores devolvieran cíclicamente los billetes a la banca para que la partida no tenga fin. Y de pronto, los ganadores tuvieran un nuevo perfil y se cuestionaran si van a devolver su riqueza para seguir la partida eternamente o no. La pregunta que no me atrevo a hacerme a mi mismo es qué pasará con nuestra partida si los ricos nuevos deciden romper con la tradición.