Este es uno de los artículos por los que más felicitaciones hemos recibido, y de los que nos sentimos más orgullosos. De hecho, aquella conversación con el piloto de Fórmula 1 que mantuvimos hace ya algunos años, nos cambió radicalmente nuestra manera de entender la competencia.
La obligación de una constante mejora, el Efecto Cluster por excelencia, la máxima competitividad y la necesidad de obtener los mejores resultados, son constantes en el mundo de la Fórmula 1. Los avances que son fruto del durísimo esfuerzo económico y profesional de una temporada, quedan totalmente obsoletos al iniciar el siguiente campeonato. Los escenarios son tan efímeros como en la propia economía. Por eso el mejor equipo del pasado año puede fácilmente caer en la mediocridad en sólo pocos meses. La constante mejora de la competencia y su capacidad para adaptarse a los cambios constantes en las normativas y escenarios establecidos por la FIA, hacen que un avance revolucionario no signifique nada sin una constante labor de innovación y mejora. Extrapolable 100% al mundo de las finanzas.
Por todo ello, el ultra-competitivo mundo de la Fórmula 1, puede mostrarnos el camino a seguir en nuestro aprendizaje para conseguir mejorar nuestro patrimonio día tras día. Debemos ser conscientes de que la competitividad para conseguir la adecuada progresión patrimonial a lo largo de la vida es aún mayor que la de una simple competición automovilística, aunque se trate se la mismísima Fórmula 1.
Como podréis comprobar, este artículo también generó otro muy interesante de Echevarri en el que encuentra 3 semejanzas entre la Fórmula 1 y el mundo financiero y jurídico.
Aquí tenéis nuestra entrada original de hace un año:
Fórmula 1 y Counselling global. ¿Quién teme enseñar su Know-How?
Nuestra labor como Family Office es dar soluciones a las problemáticas relacionadas con la riqueza de nuestros clientes. Y en el escenario de crisis actual donde muchos patrimonios han sufrido y siguen sufriendo minusvalías importantes, bien sea en inversiones inmobiliarias, derivados y RV, pérdidas empresariales o incluso en RF, recibimos muchas consultas de potenciales clientes al respecto. No sólo nos estamos refiriendo a potenciales grandes y medianos clientes sino a pequeños patrimonios que apenas superan el millón de euros incluyendo todos sus activos, inmuebles y empresas.
Efectivamente recibimos muchas consultas «desesperadas» de personas que han perdido una parte más o menos importante de su valor patrimonial en los últimos dos años, o incluso en los últimos meses. Por ello hemos diseñado estrategias de gestión e inversión adaptadas a casi todos los bolsillos y que cubren las dos prioridades que necesitan estos patrimonios perjudicados: El blindaje del patrimonio que queda ante potenciales futuras pérdidas, y la búsqueda de plusvalías importantes que compensen las minusvalías sufridas.
Siguiendo con los anglicismos inducidos por el americano mundo del Family Office, a estos patrimonios perjudicados por la crisis los llamamos «distressed wealth«, y necesitan un cambio de rumbo sustancial en su management para conseguir resultados positivos, pero sólo en la dirección correcta. Algunas carteras y fortunas en general llegan con estrategias claras y definidas que simplemente no han sido las adecuadas en el presente escenario de crisis. Pero a menudo llegan a nosotros después de diversos cambios contradictorios de estrategias que sólo son bandazos sin criterio donde los activos van mermando indefectiblemente después de cada volantazo de escarmiento. La consecuencia habitual de estos bandazos de «pierdoaquimevoyallá» es la desconfianza absoluta del inversor en cualquier tipo de estrategia, que suelen acabar atemorizados bajo un depósito bancario, que con suerte sólo conseguirá minimizar los efectos de la inflación. Por las consultas y las entrevistas con nuevos clientes que efectuamos, podemos asegurar que éstos son casos habituales hoy en día, sin embargo las oportunidades son como los amaneceres, si uno espera demasiado se los pierde.
Por lo tanto después de haber sufrido pérdidas a causa de estrategias que venían siguiendo antes de la crisis y que ahora resultan dañinas, nuestros principales objetivos deben ser 2:
La preservación del capital para evitar que las pérdidas puedan seguir produciéndose (este simple objetivo, evidentemente lo lograremos con el mero depósito bancario, por ejemplo, pero no sería compatible con el objetivo nº 2).
La potencial consecución de rendimientos elevados que nos compensen de las pérdidas sufridas hasta hoy.
Estos dos objetivos que resultan tan obvios para todo el mundo, dejan de serlo cuando queremos ponerlos en práctica. Ahí ya van a intervenir multitud de variables como por ejemplo: La tipología de inversión fracasada anterior, la variedad de activos patrimoniales (no sólo los financieros), el nivel de afligimiento o de distress que se haya acumulado en el patrimonio en cuestión, la propia idiosincrasia del potencial cliente, la proporción existente y la deseada entre activos financieros inmobiliarios y corporativos, el contenido específico de su PGR de nueva creación y/o de su última evolución, las necesidades de recuperación y crecimiento futuras, etc, etc, etc…
No obstante, cualquier estrategia que diseñemos para un distressed wealth debe cumplir rigurosamente los dos objetivos principales señalados anteriormente. Por poner un ejemplo, y dependiendo mucho del caso en concreto, una inversión financiera que garantizará el principal a medio o largo plazo y que además situará al Cliente en posición de aprovechar rendimientos y potenciales plusvalías inmobiliarias en un entorno US$, cumplirá perfectamente con las dos premisas enumeradas. Obviamente conjuntamente con el Cliente o potencial Cliente diseñaremos muchas otras. El tiempo dirá cuáles serán las que funcionarán mejor, pero todas ellas preservarán el capital principal al mismo tiempo que permitirán al propietario de la fortuna beneficiarse de rendimientos y plusvalías colaterales. Misión cumplida y estratégicamente impecable.
Estas estrategias son específicas para distressed wealth, pero también pueden formar parte de los plateamientos a seguir para patrimonios cuya gestión haya sido la correcta y que se hayan adaptado hábil y ágilmente al escenario de crisis actual. Es decir, también puede ser una estrategia complementaria a las que hoy en día resulten exitosas, puesto que inversiones de este tipo no perjudicarán las estructuras de ninguna cartera sino todo lo contrario.
El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia.
Érase una vez tres jóvenes parejas norteamericanas que trabajaban y residían en tres apartamentitos de alquiler barato, en un mismo barrio de los alrededores de Tampa (Florida). Dos de las mujeres eran cubanas y la otra chica era mexicana. Los maridos de las primeras eran afroamericanos, mientras que la mexicana se casó con un portorriqueño divorciado.
Debido a que tenían una excelente relación entre las tres parejas y que unificando las tres economías podían empezar a pensar en adquirir una casa de propiedad, decidieron hipotecarse con una casa lo suficientemente grande para las tres familias. La casa es ésta:
Spacious pool home, 4BR/2.5BA and 2 car garage. Trayed ceilings in Living and Dining rooms. Huge walk-in closet in Master bedroom. Eat-in Kitchen with all appliances, including clothes washer & dryer plus water softener. Walk to neighborhood play park. T ile in all traffic and wet areas. Formal Living and Dining rooms, both with trayed ceilings. Galley Kitchen features breakfast nook overlooking pool & trussed roof lanai. Kitchen is tiled, has gas range, walk-in pantry, 42 inch maple cabinetry, wrap around snack bar. All appliances included. Spacious Family room with wall for your wide TV. Master bedroom has trayed ceiling and a huge walk-in closet. Master bath has 2 wash basins, cultured marble counters, large garden tub, and a separate shower with bench seat. Secondary bedrooms are spacious, with fans and light in all. Inside laundry room with utility sink. Hot water heater has booster motor for quick response. Pool with auto sweep and safety fence. Outdoor shower poolside.
Su precio: 300.000′-$ o sea 100.000 por familia. Pero como el mercado inmobiliario yankee estaba muy deprimido (yo diría que la depresión llega ya al intento de suicidio), nuestros amigos negociaron un descuento sustancial de 50.000 $, quedando el precio final de la casa en 250.000′-$. Para los no habituados a pensar en pies cuadrados ni en US$ vamos a traducir: 211 m2 por 163.000′- € aproximadamente. Es decir a 773 €/m2.
Por supuesto que habían barrios y casas todavía mucho más baratas, pero nuestras tres familias eran optimistas con su futuro y decidieron pedir a Mr. Cheater, mortgage banker de una amable empresa crediticia llamada Quicken Loans, una hipoteca por el nominal de la casa que hiciese realidad sus sueños para disfrutar del agradable clima de Tampa todo el año, con piscina privada incluida. La quota mensual ascendía a 1.726’97$, o sea 3 partes de 575’66$ por mes y con esa hipoteca a 30 años y un día pudieron pagar al contado la casa al antiguo propietario, que se fue rápidamente a emborracharse al garito más próximo.
Gracias al descuento conseguido y como cada pareja había pedido una hipoteca solidaria de 100.000′-$, nuestros amigos tenían 50.000′-$ sobrantes de su presupuesto inicial que decidieron aplicar y repartirse de la siguiente manera: 20.000 los pusieron como fondo común y los dedicaron al pago de gastos, comisiones e impuestos de la transacción, acondicionamiento de la casa y el mobiliario. Por otro lado los 30.000 restantes los repartieron equitativamente a razón de 10.000 para cada pareja. Con este dinero decidieron cambiar los 3 viejos coches que las tres parejas arrastraban hacía años.
Así, con sus tres nuevos coches usados en su flamante nuevo garage usado y su flamante nueva casa usada, amueblada y acondicionada con esos 20.000′- $ procedentes de la hipoteca y que puesieron en un fondo común, comenzaron una nueva y anhelada vida repletos de ilusiones.
Eran inmensamente felices en su nuevo hogar y con sus nuevos coches. Trabajaban duro y merecían esa calidad de vida, pero ahora debían soportar más gastos y obligaciones de las que nunca habían tenido. Mr. Cheater ya les advirtió que sería implacable con los retrasos en el pago de la hipoteca. Si querían seguir beneficiándose del irrisorio tipo de interés del 5 5/8 no podían fallar ni un solo mes, de lo contrario… Nuestras tres parejas le estaban muy agradecidos por su interés y amabilidad a la hora de concretar los detalles de la conden… digo de la hipoteca. Sin él no habrían hecho posible su sueño de casa ni de coche. ¡Qué gran tipo el Sr. Cheater!
Al cabo de unos días, en el porche de su flamante piscina, empezaron a echar cuentas y a discutir entre ellos. Algo no encajaba en sus cifras. La chica mexicana y su esposo portorriqueño empezaron a desconfiar de las hermanas cubanas, que se habían encargado de negociar con Mr. Cheater. Argumentaban que las tres familias se habían endeudado por 100.000′-$ cada una, pero se habían gastado 10 mil en un nuevo coche usado. Por lo tanto una vez descontado el dinero que se repartieron para cambiar sus viejos coches, su aportación neta a la casa era sólo de 90 mil. Es decir 90 mil por 3 parejas, igual a 270.000′-$, que sumados a los 20.000′-$ de impuestos, gastos, muebles y acondicionamiento de la casa, les daba un total de 290.000′-$. Y sin embargo (o con él) el amabilísimo Mr. Cheater había hipotecado sus vidas por valor de 300.000′-$!!!
Las hermanas cubanas, quienes se ocuparon de realizar los trámites hipotecarios con Quicken Loans echaban cuentas una y otra vez jurando y perjurando que ni ellas ni sus esposos se habían quedado con esos 10 mil dólares que descuadraban de sus cuentas. La tensión entre el portorriqueño y los afroamericanos aumentó peligrosamente. También sospecharon del Sr. Cheater, al que fueron a visitar para intentar aclarar el conflicto, pero lo único que consiguieron fue la desconfianza y las amenazas de embargo de Bill Emerson (Chief Executive Officer), jefe supremo de Mr. Cheater.
Revisaron las facturas de los 3 coches, de los muebles, del aire acondicionado, de los impuestos y de los gastos y comisiones de Quick Loans. Todo parecía correcto pero cada día que pasaba, la desconfianza entre ellos aumentaba hasta el extremo que dejaron de hablarse. La convivencia en la que fue la casa de sus sueños se convirtió en una pesadilla. Incluso la forma de aparcar los tres coches en el inmenso garage era motivo de disputa feroz, y cada día amanecían con alguna rayada o golpecito sospechosamente nuevo.
Quizás por sus estados de ánimo en tensión constante, una de las hermanas cubanas y su cuñado perdieron sus puestos de trabajo. Malvendieron uno de sus coches para paliar el problema económico, ya que cada mes les costaba más hacer frente a sus 575’66$. Pero al cabo de pocos meses no pudieron pagar puntualmente a Mr. Cheater y recibieron la primera amenaza de embargo. Acordaron poner la casa a la venta, no sin una previa violenta pelea entre el portorriqueño y el afroamericano en paro. Pero el intento de venderla y saldar su hipoteca fue inútil, la misma inmobiliaria que les vendió la casa sólo les pasó una solitaria oferta de un inversor por 135.000′-$ cash.
Mr. Cheater perdió su puesto y hoy trabaja como jefe de sala en el Casino del Hard Rock Hotel de Seminole. Por su parte, nuestras parejas protagonistas tuvieron que volver a las afueras de Tampa para alquilar unos pisos aún más baratos que los que dejaron atrás hace sólo un año. Esta vez tan solo necesitaron dos apartamentos, ya que una de las hermanas cubanas se divorció y se instaló junto con su otra hermana y su marido afroamericano que todavía seguía sin trabajo. De hecho mantenía una secreta relación hacía años con su cuñado, pero ni su hermana ni su ex-amiga mexicana nunca sospecharon nada.
Una tarde, al cabo de unos años, mientras nuestro amigo portorriqueño veía jugar a su esposa mexicana con si hijita de tres añitos con un infantil rompecabezas, exclamó entre carcajadas: ¡Ya sé lo que pasó con los 10.000′-$ que nos faltaban cuando compramos la casa, mi amol!
Supongo que la mayoría de vosotros también lo sabéis. Los que no lo tengan claro, deberán esperar a leer vuestros comentarios.
Hay dos cosas infinitas: La Estupidez Humana y el Universo. Pero de éste último no estoy seguro.
Por desgracia y aunque parezca mentira, mucha gente no sabe realmente a qué juega cuando ve que sus ahorros en el banco no se están rentabilizando en demasía y decide hacer “algo” con ese dinero para sacarle más provecho. Ese “algo” es tan variado que llega a resultar confuso para el que no sabe lo que quiere. Nos encontramos con acciones, renta fija soberana, renta fija corporativa, real state, fondos de inversión… y además, dentro de cada categoría tenemos decenas de subcategorías! El universo de vehículos de inversión es tan inmenso que la mayoría de la gente acaba por elegir cualquiera casi al azar o, lo que es peor, aquella que le sugiere su asesor financiero de turno, sin tener muy claro qué espera de esa “inversión”. Bueno, sí. Todos saben lo que esperan de sus inversiones: que les hagan ganar dinero.
Pero ganar dinero sin tener claras las reglas del juego, no sólo es algo difícil, sino casi imposible a largo plazo. Una analogía que me viene a la mente sería la de querer ganar jugando al póker, sin conocer siquiera el sistema de combinación de cartas. Es más, aun conociéndolo, imaginaos que estamos sentados en una mesa repleta de tahures… El dinero nos duraría más bien poco en nuestras manos. Los mercados son timbas absolutamente profesionales y muy peligrosas.
Por simplificar, diremos que existen dos formas de encarar las finanzas, de cuyo conocimiento en profundidad dependerá en gran medida que tengamos éxito en nuestro empeño. Una es infinitamente más popular, se ha escrito hasta la saciedad sobre ella, normalmente suele prometer dinero fácil con el mínimo esfuerzo. Se trata de la especulación. Por otra parte, siempre denostada, poco publicitada por los actores financieros (es menos rentable para sus bolsillos), se encuentra la inversión.
La especulación busca usar los instrumentos financieros para aprovecharse de las fluctuaciones en su precio, tratando de encontrar a alguien que luego le pague más de lo que él pagó. UnGreatest Fool en toda regla, vamos. El problema de la especulación es que está directamente relacionada con uno de los pecados más antiguos de la humanidad, la avaricia. ¿A quién no le gustaría hacerse rico de la noche a la mañana y además sin pegar un palo al agua? Todos sabemos que ésto no es posible, y aún así muchas veces se muerde el anzuelo y se cae en publicidades engañosas de productos que ofrecen rentabilidades estratosféricas en apenas unos meses. Bueno, cabe la posibilidad de que te toque la lotería… Pero es importante destacar que el 90% de los afortunados en sorteos pierden su dinero en menos de 10 años.
Aunque a largo plazo rara vez es sostenible, sí que existen personas que en momentos puntuales se han enriquecido especulando. Muy conocido es el caso del que probablemente sea el más famoso especulador de todos los tiempos, George Soros, que se enriqueció especulando con divisas, libras concretamente, al aprovecharse de que el Banco de Inglaterra se mostraba reacio bien a subir los tipos de interés a niveles de sus vecinos europeos, bien a dejar que su moneda fluctuase libremente. En España, la especulación en vivienda ha contribuido al enriquecimiento de muchas personas en los últimos años. El caso de gente que ponía señales de 10.000€ o incluso menos para luego, como comúnmente se dice, «dar el pase» del inmueble a un tercero, por desgracia no ha sido aislado (y así nos luce). Lo que quiero señalar aquí es que, si bien no es imposible ganar dinero especulando, sí que es extremadamente peligroso para las finanzas personales el hecho de ignorar que se ha conseguido así, pues una vez o incluso dos, el juego nos puede salir bien, pero a la larga estaremos abocados a perder.
Por contra, invertir es colocar el dinero en activos que produzcan un retorno vía métodos como el pago de dividendos o intereses, o incluso por la propia revalorización del capital si lo hemos comprado con descuento. Warren Buffet dice que tiene dos reglas principales en el mundo de los negocios: 1) Nunca pierda dinero. 2) Nunca olvide la regla número 1. Y a tenor del espectacular rendimiento de las acciones de su empresa durante más de 40 años, parece ser que tener dichas reglas presentes en todo momento no le ha venido nada mal.
Tenemos ejemplos muy variados de inversión, según el campo que estemos tratando. Hablando de Warren Buffet, el análisis fundamental o, más concretamente, el «value investing» cuya escuela comienza por Benjamin Graham y cuyo máximo exponente en España es Bestinver, es un ejemplo de cómo invertir en bolsa totalmente opuesto a la especulación. En lo que se refiere a inmuebles, inversión es comprar una casa a un precio tal que los alquileres permitan pagar la hipoteca (cosa impensable en España actualmente) e incluso nos den un extra cada mes. O si lo que preferimos es la renta fija, buscar empresas poco endeudadas con yields atractivos.
El hecho de que para invertir nuestro dinero antes sea necesario un estudio en profundidad normalmente desalienta a muchos (es mucho más fácil leer la prensa económica y elegir una acción que nos dé «buenas sensaciones» que ponerse a estudiar sus cuentas anuales de los últimos cinco años). Por suerte, siempre habrá gente a la que le merezca la pena realizar dicho esfuerzo que les dará grandes satisfacciones y evitará algún que otro disgusto innecesario.
Para terminar, quiero destacar el hecho de que, si bien las estrategias de inversión son las más adecuadas para preservar nuestro capital e ir ampliándolo de manera lenta pero segura con el paso del tiempo, en edades tempranas, cuando aún no se han adquirido compromisos serios (nacimiento de hijos, por ejemplo), que requieren una responsabilidad desde el punto de vista financiero, sí que pueden ser aplicables estrategias especulativas siempre y cuando se sepa lo que se está haciendo y los riesgos que conlleva. Una pizca de pimienta en según qué platos tiene su punto.
La mayoría de nosotros hemos estudiado alguna vez el Número de Avogadro. Una cifra constante, enorme y relativa al número de átomos o partículas existentes en la ínfima cantidad de materia llamada mol. Paradójicamente es un número tan elevado que bien podría ser astronómico, dándonos una idea de la relación entre átomos y universo.
Retrocediendo en el tiempo, este Número de Avogadro dio luz a la teoría atómica de la materia, que a su vez se basó en el movimiento Browniano (Robert Brown, botánico). Con ese nombre se bautizó a la trayectoria aleatoria e impredecible de las partículas de polen al chocar con las moléculas del agua en la que estaban suspendidas. Pero no os asustéis, aunque no lo parezca vamos a hablar de finanzas, economía y en definitiva de dinero.
Louis Bachelier (foto), basándose en estos movimientos brownianos, realizó su tesis doctoral conocida como The Theory of Speculation, publicada en el año 1900 (precursor donde los haya). Fue considerado el pionero en el proceso estocástico, un análisis que quedó delimitado al mundo matemático y científico varias décadas hasta que Fisher Black y Myron Scholes (éste último premio Nobel en 1997) le dieron el impulso definitivo a su aplicación financiera en 1973. A continuación podemos ver su famosa fórmula para calcular el premium de una opción:
La idea de estos matemáticos y sobre todo de estos economistas no fue otra que la de traer capitales del futuro para su aplicación en el presente. Es decir conseguir una fórmula matemática que cifrara cuánto ha de pagar un inversor hoy para tener derecho a comprar algo en el futuro, y viceversa. Es decir cuánto vale el riesgo en el que incurre el vendedor para fijar hoy el precio de un activo futuro. Black-Scholes lo determinaron matemáticamente, de forma casi infalible (sic). A partir de ahí despegó un nuevo mundo de inversión llamado futuros y posteriormente su infinita evolución hacia todo tipo imaginable de derivados. Nacía así el Chicago Board of Trade (CBOT) y se establecía el caldo de cultivo idóneo para alcanzar la burbuja crediticia actual, agravada por la inmobiliaria. El dinero y la riqueza dejaron de pertenecer al reino de la energía, donde exclusivamente se creaba o se destruía vía productividad, y mayormente se transformaba o cambiaba de manos. Se inició una peligrosa dinámica en la que el dinero dejó de tener relación con la producción y empezó a viajar a través del tiempo, pero sólo en una dirección. Donde la capacidad de creación de riqueza virtual y de inversión actual se tornó casi infinita a través de la globalización de los cálculos estocásticos. Hace años que sólo hay que ir al futuro y disponer de activos y posibilidad de inversión de algo que todavía no tenemos, porque nos creemos perfectamente capaces de cotizarlo con exactitud. Al más puro y salvaje estilo Back to the Future.
Pero cuidado, aunque la mayoría de los usuarios de las finanzas matemáticas no sean conscientes de ello, el modelo browniano no es aplicable correctamente con turbulencias o grandes crisis y variaciones, o sea en la actualidad. Riesgo y Valor son dos conceptos que las matemáticas difícilmente podrán cifrar con precisión jamás. Hay un componente psicológico demasiado importante que se multiplica enormemente con la globalización de los mercados de inversión. Sin ir más lejos, la determinación del riesgo de una entidad financiera a quebrar en menos de un año, nada tiene que ver con la probabilidad de éxito de ese mismo método de cálculo a 10 años, por ejemplo. No obstante los derivados no serían intrínsecamente nocivos para el sistema si sólo se utilizaran en empresas cuya productividad sobrepasara en mucho el premium pagado por el margen de riesgo. Pero esto haría reír a la mayoría de financos e inversópatas que a diario parasitan (parsitamos) en el Sistema Económico. Sería como decirle al prepotente nuevo propietario de un flamante Ferrari que sólo puede ir en primera y a medio gas, o sea, ni por asomo.
La expansión de crédito es una herramienta diabólica capaz de fabricar periodos de crecimiento económico virtual. Y los modelos de finanzas matemáticas, además, nos dan una falsa sensación de seguridad, de cálculo y control del Riesgo y del Valor. Nada más lejos, desgraciadamente.
Hasta hace unas décadas, las contracciones y expansiones de dicho crédito, conllevaban las bonanzas y crisis económicas cuyos ciclos todos hemos conocido y estudiado. Pero el uso y abuso global de los derivados traen al presente ingentes cantidades de dinero del futuro que han hecho estallar por los aires los ciclos, hasta ahora conocidos por todos. Por lo tanto los sistemas y teorías basados de una u otra forma en estos ciclos (casi todos) que se han repetido durante más de un siglo, han dejado de funcionar parcial o totalmente desde que estalló la burbuja crediticia. (Las hipotecas también han traído abusivas cantidades de dinero del futuro, pero esta vez a cambio de nuestro tiempo y productividad vital, pero de eso hablaremos otro día.)
Así pues, podemos ver un periodo de recesión que vaya mucho más allá de la corrección de este exceso crediticio e inmobiliario. O bien que el poder de atracción del dinero del futuro sea tal que veamos un pullback sólo transitorio en los próximos meses, y que éste nos haga huir peligrosamente hacia adelante unos años o décadas más. El Futuro es más que nunca impredecible, aunque su dinero ya nos lo hayamos gastado e invertido.
No nos cansaremos de repetir que la inversión en instrumentos no relacionados directamente con la producción son nocivos para el Sistema, nuestro Sistema Económico. Pero aún lo son más si los alimentamos con dinero arrancado del futuro. Deberíamos poder desinvertirlos y devolverlos al futuro, pero eso no es posible. Sólo invirtiendo lo ya producido podremos conseguir que nuestro dinero, paulatinamente y con largo esfuerzo, viaje Back to the Future.
En la primera versión de esta trilogía cinematográfica el argumento es comprensible y atractivo. Sin embargo el abuso del hilo argumental a través de la segunda y tercera parte, hacen que deje de ser tan comprensible para el espectador. El final, incluso para la industria del celuloide, es una paradoja, tal y como podemos ver en el anterior vídeo. Comercialmente funciona muy bien, ya que sin demanda no cabría la oferta de más secuelas, pero si en lugar de un divertimento ocioso se tratara de economía y finanzas, este abuso se convertiría en nocivo. Eso es lo mismo que ocurre con los derivados y la burbuja crediticia, financiera e inmobiliaria. La demanda existía y existe, pero el abuso nos lleva a paradojas que en el plano del sistema económico y financiero mundial posiblemente tengan terribles consecuencias insostenibles.
The paradojas en el tiempo han tenido una repercusión creativa muy importante a lo largo de los años, y dan un juego para la ficción inagotable. Pero prefiero pensar que mis inversiones no dependen de la teoría de la relatividad. Al menos en lo relativo a la teoría.
Antes de que me podáis tachar de insolidario con la clase trabajadora, explotador u otros tópicos relativos al detrimento de los derechos de los trabajadores, quiero aclarar algunos puntos:
Considero que los sindicatos, históricamente jugaron un papel crucial y necesario en la sociedad del siglo XIX y XX. Tanto la primera como la segunda Internacional consiguieron logros importantísimos para los derechos de los trabajadores, entre ellos el elemental derecho a la huelga.
Sin duda el sindicalismo ha moldeado la naturaleza del capitalismo más feroz y purista. De hecho muchos economistas consideran el actual capitalismo globalizado un híbrido entre el socialismo/comunismo fracasado en la segunda mitad del s. XX y el ultra-capitalismo promulgado a principios del siglo pasado. El capitalismo de nuestros abuelos se habría escandalizado ante el intervencionismo estatal en las economías modernas occidentales; y también ante los acuerdos sociales que consiguen año tras año los sindicatos modernos.
Pero el espíritu trabajador y la lucha obrera en pos de la consecución de derechos frente a la patronal, a pesar de ser un fenómeno que se da de forma muy parecida en casi en todo el planeta, tiene excepciones muy significativas. Entre ellas encontraremos el comportamiento de la relación trabajador-patronal que se da en los países en los que todavía se mantienen regímenes totalitarios o pseudo totalitarios, que son secuelas del comunismo fracasado del siglo pasado. Estos fenómenos también están evolucionando rápidamente con la adopción de un voraz capitalismo, esta vez estatal, por parte de países como China o Rusia, entre otros. No obstante en esos escenarios de capitalismo socializado también se dan algunos tics y conflictos entre trabajadores y empresa, aunque sea estatal.
Después del fracaso del comunismo en la segunda mitad del s. XX, llegamos a la conclusión de que el capitalismo, sea salvajemente liberal o socializado, es el segundo mejor sistema con el que puede funcionar el mundo…Ahora sólo nos falta descubrir cuál es el primero. Pero eso sería otro tema digno de un sinfín de artículos…
Volviendo a la relación laboral que nos ocupa, otra gran excepción digna de un detenido análisis en esa relación trabajador-patronal, que todos aceptamos como normal en el primer mundo, es Japón. Dicha relación en ese país es absolutamente excepcional y admirablemente sostenida en el tiempo. El respeto de un trabajador hacia su patrón y empresa es algo difícil de comprender para nuestra mentalidad sindicalista, en la que indefectiblemente los intereses del empresario deben chocar frontalmente con los del trabajador por definición. Pero ¿qué pasaría si eso no fuera así tampoco en occidente?
Muchos pensaréis que si los intereses del trabajador se acercasen a los del patrón, la situación social de la clase obrera se deterioraría peligrosamente en el tiempo, y la desproporción de riqueza entre ambos se incrementaría. Ante esta reflexión analicemos la situación de los trabajadores de Japón. Sus horas de trabajo semanales y productividad están muy por encima de las que acostumbramos a ver a nuestro alrededor, sin duda. Pero no podemos decir de ningún modo que la clase obrera japonesa está explotada o que su nivel de vida no sea más que digno. Las empresas niponas cuidan paternalmente de sus trabajadores hasta extremos impensables en occidente. Tanto es así que para hablar de explotación y falta de dignidad laboral, deberíamos dirigir nuestra mirada hacia el tercer mundo, pero en ningún caso al paradigma del capitalismo y la producción moderna que es Japón.
Como ya sabéis, siento una pasión y debilidad especial por el país nipón. Quizás por eso admiro muchas de sus peculiaridades que no dejan de sorprenderme después algunos viajes. A continuación os copio un par de anécdotas de mi amigo Héctor García que podéis ampliar en la que, con toda seguridad, es la web en español mejor y más completa para conocer Japón y sus peculiaridades: Kirai. Un Geek en Japón:
«Un amigo que trabaja en Kodansha (la editorial más grande de Japón) me ha contado el proceso que han seguido para eliminar una revista con la que no generaban suficiente dinero. Para echar a los empleados, lo que hicieron fue “sugerirles” que fueran buscando otro trabajo varios meses antes de la eliminación del departamento. Conforme se fue acercando la fecha en la que tenían previsto terminar con la publicación de la revista, Kodansha pasó a sugerir a los empleados del departamento que dejaran la empresa voluntariamente. Al final consiguieron su objetivo, todos los empleados del departamento se marcharon voluntariamente, no tuvieron que echar a nadie (Ahorrándose todos los costes de echar a empleados). Este es un ejemplo de cómo los empleados se “solidarizaron” con los problemas de la empresa, asumieron su responsabilidad en el fracaso del departamento y sintieron la obligación de marcharse voluntariamente para no hacer más daño a la empresa. ¿No os parece increíble esta forma de actuar? Si esto pasara en una empresa Europea me imagino huelgas, sindicatos quejándose etc. Este es un ejemplo de cómo los japoneses evitan los conflictos a toda costa y el papel que juega el sentido de obligación giri a la hora de tomar decisiones.»
Para nuestra mentalidad parece ciencia-ficción o fruto de una patronal opresora en la que la clase obrera esté esclavizada y amenazada gravemente, ¿verdad? Algo difícil de creer en un entorno de libertad del primerísimo mundo. Pero e pur si muove.
De todos son sabidos los problemas por los que atraviesa desde hace ya más de veinte años la economía japonesa. No obstante su nivel de vida sigue siendo envidiable (incluso ahora, en tiempos recesionistas o de estanflación envidiamos también su ausencia de inflación) para la inmensa mayoría del planeta incluida buena parte del primer mundo. Personalmente os diré que este sentimiento obrero respecto a su responsabilidad en la marcha de la empresa también me parece envidiable, al igual que el respeto de las empresas hacia sus empleados. En este sentido, tradicionalmente en Japón los puestos de trabajo se han conservado de por vida, con aumentos de sueldo en la medida en que la edad y las obligaciones familiares del trabajador crecen. Curiosamente esta forma de retribución se aleja del incentivo por productividad o por competitividad al que estamos salvajemente acostumbrados aquí. Os preguntaréis: ¿Cómo se puede retribuir más a un empleado mediocre de edad avanzada que a un joven que despunta por su especial competencia? Resulta difícil de comprender para nuestra mentalidad y a priori perjudicial para mantener un alto nivel de competitividad. Sin embargo, para cualquier sindicato occidental la precariedad del trabajador de edad avanzada y su dificultad para encontrar trabajo es un caballo de batalla de difícil resolución. A pesar de este compromiso tradicional del patrón japonés con el trabajador a lo largo de toda su vida, la economía de ese país se ha erigido hace ya casi medio siglo como un referente mundial de productividad, competitividad, tecnología, innovación y muchas otras virtudes reconocidas.
Desconcertante, como tantas y tantas facetas de un país de contrastes del cual el resto del mundo deberíamos aprender mucho. La relación trabajador-empresario en Japón define a la perfección el concepto win-win al que tantas veces hacemos referencia. Y esa relación contrasta especialmente con la de sindicatos-patronal del resto del planeta.
A continuación podréis leer otra anécdota personal de Kirai en la que os sorprenderá la curiosísima relación formal entre patrón y empleado:
«Hace unos días estaba en una cafetería con dos compañeros de trabajo, en otra mesa estaban otros dos compañeros y en una tercera mesa estaba el presidente de nuestro holding. El presidente fue el primero en terminar, pasó por mi mesa a saludar, pero no hizo ningún tipo de reverencia, él está muy por encima de nosotros, fui yo y mis compañeros quienes le hicimos una reverencia y un par de comentarios. Al pasar por la otra mesa el presidente no conocía a sus propios empleados (somos más de mil ahora mismo), así que ni siquiera saludó. Pero resulta que al presi se le cayó la cartera al suelo junto a la mesa de los empleados que no conocía, uno de ellos recogió la cartera y se la llevó al presidente hasta la puerta de la cafetería. El presidente al ver que un “desconocido” (en realidad es un empleado suyo) le había ayudado a recuperar su cartera comenzó a hacer reverencias de 90 grados (máximo respeto). ¡Era la primera vez que veía al presidente haciendo reverencias de 90 grados! Si el presidente hubiera sabido que la persona que le devolvía la cartera era un empleado suyo no habría hecho ninguna reverencia (No debe agacharse ante un empleado de rango inferior), simplemente habría puesto cara de sorpresa dando las gracias. Esta es una situación donde se vio claramente el papel que juega el uchi y soto en la vida diaria japonesa y un ejemplo de cómo el nivel/rango que ocupas en la sociedad/empresa/grupo es importantísimo en Japón.»
[youtube=http://www.youtube.com/watch?v=sNLot48NuxE] En este video podéis ver un tradicional Shinnenkai de la ex-empresa de Kirai. Comprobaréis las diferencias con una cena de Navidad de cualquier empresa española y su inefable amigo invisible.
En definitiva me parecen reflexiones interesantes para concienciarnos de la diversidad posible de relación entre trabajador y empresario. Distintas maneras de convivir dos mundos sin el entendimiento de los cuales, no es posible la sostenibilidad del sistema capitalista por muy socializado que éste sea. En cualquier caso me parecen reflexiones interesantes en este primero de Mayo, cuando en la mayor parte del mundo se deja de trabajar para celebrar la Fiesta del Trabajo, mientras en algunos lugares el trabajo es algo mucho más festivo.
¿La civilización occidental? Bueno, sería una excelente idea.
Hoy os propongo la relectura de uno de los artículos más polémicos en diversos foros de todo nuestro historial de posts. Una reflexión en la que denunciamos lo que, desde nuestro punto de vista, es una prostitución (autorizada mediante royalties legales o no) del concepto de Independencia Financiera del archiconocido Kiyosaki.
Citigroup a través de su elenco de empresas ad hoc (CitiFin, CitiSolutions…), emprendió ya en su día una campaña muy agresiva de captación de vendedores amateurs con hambre de clientela. Unas prácticas que definimos en este artículo como de lobo con piel de cordero, que pretenden el máximo beneficio empresarial e intermediario bajo el disfraz de bienestar personal futuro de sus clientes/presas. Y todo ello con el sello de la filosofía RichDad puesto que hace uso de su licencia para utilizarla, pero la desvirtúa totalmente al transformarla en servicios bancarios. La aplicación del Network márketing, además la pervierte tristemente.
Como ya decimos en el artículo, tal vez nuestro amigo Robert Kiyosaki debería tomar cartas en el asunto, porque me resisto a creer que el pago de unos royalties, por abultados que sean, compensen su complicidad.
Descanse en paz la búsqueda de la Independencia Financiera si hay que encontrarla a través de nuestros bancos. Os dejo sin más con el artículo:
CitiSoluciones, el Networking al servicio de CitiBank. Descanse en paz la Independencia Financiera de Kiyosaki
Espero que os guste releerlo y comentarlo un año después.
La relectura de este capítulo del libro «Groucho y yo» escrito por el mismo Groucho Marx, nos parece muy adecuada en los tiempos que corren. Es el relato en primera persona de su ascensión y caída en los mercados bursátiles en el Wall Street de 1929.
Reflexiones sarcásticas, irónicas y amargas de la psicología que repiten (repetimos) cíclicamente los inversores en busca de la riqueza sin esfuerzo ni relación con la productividad. Al igual que en las guerras, la memoria histórica es efímera, y aún lo es más si los ciclos se repiten a intervalos de más de una vida. Es decir, hoy en día ya no quedan supervivientes en edad de invertir que en aquel 1929 tuvieran un cierto poder de inversión.
Tampoco podemos comparar la actual crisis y previsible recesión con el crack de 1929. Para empezar, el crack actual es de crédito y no de bolsa, aunque quizás sea aún más grave por ese hecho. Además la globalización de la información, los impulsos electrónicos en forma de dinero y la complejidad financiera actual, nada tienen que ver con el escenario de los alegres años veinte. Pero define a la perfección la sensación que hemos podido vivir recientemente en la última burbuja tecnológica, sin ir más lejos. Unos momentos en que «muchas de las agencias de Bolsa tenían más público que la mayoría de los teatros de Broadway«, o en que los camareros y carniceros hablan de los mercados como si se tratara del partido del domingo.
En fin lo mejor será que os deje con el magistral texto original (aunque algo reducido) del Sr. Groucho Marx, un genio donde los haya, y mi selección al final de algunas perlas y comentarios:
«…Muy pronto un negocio mucho más atractivo que el teatral atrajo mi atención y la del país. Era un asuntillo llamado mercado de valores. Lo conocí por primera vez hacia 1926. Constituyó una sorpresa muy agradable descubrir que era un negociante muy astuto. O por lo menos eso parecía, porque todo lo que compraba aumentaba de valor. No tenía asesor financiero ¿Quién lo necesitaba? Podías cerrar los ojos, apoyar el dedo en cualquier punto del enorme tablero mural y la acción que acababas de comprar empezaba inmediatamente a subir. Nunca obtuve beneficios. Parecía absurdo vender una acción a treinta cuando se sabía que dentro del año doblaría o triplicaría su valor. Mi sueldo semanal era de unos dos mil, pero esto era calderilla en comparación con la pasta que ganaba teóricamente en Wall Street.
Disfrutaba trabajando en la revista pero el salario me interesaba muy poco. Aceptaba de todo el mundo confidencias sobre el mercado de valores. Ahora cuesta creerlo pero incidentes como el que sigue eran corrientes en aquellos días: Subí a un ascensor del hotel Copley Plaza, en Boston. El ascensorista me reconoció y dijo: – Hace un ratito han subido dos individuos, señor Marx, ¿sabe? Peces gordos, de verdad. Vestían americanas cruzadas y llevaban claveles en las solapas. Hablaban del mercado de valores y, créame, amigo, tenían aspecto de saber lo que decían. No se han figurado que yo estaba escuchándoles, pero cuando manejo el ascensor siempre tengo el oído atento. ¡No voy a pasarme toda la vida haciendo subir y bajar uno de estos cajones! El caso es que oí que uno de los individuos decía al otro: «Ponga todo el dinero que pueda obtener en United Corporation» […] Le di cinco dólares y corrí hacia la habitación de Harpo. Le informé inmediatamente acerca de esta mina de oro en potencia con que me había tropezado en el ascensor. Harpo acababa de desayunar y todavía iba en batín. -En el vestíbulo de este hotel están las oficinas de un agente de Bolsa -dijo-. Espera a que me vista y correremos a comprar estas acciones antes de que se esparza la noticia. -Harpo -dije-, ¿estás loco? ¡Si esperamos hasta que te hayas vestido, estas acciones pueden subir diez enteros!
De modo que con mis ropas de calle y Harpo con su batín, corrimos hacia el vestíbulo, entramos en el despacho del agente y en un santiamén compramos acciones de United Corporation por valor de ciento sesenta mil dólares, con una garantía del veinticinco por ciento.
Para los pocos afortunados que no se arruinaron en 1929 y que no estén familiarizados con Wall Street, permítanme explicar lo que significa esa garantía del veinticinco por ciento. Por ejemplo, si uno compraba ochenta mil dólares de acciones, sólo tenía que pagar en efectivo veinte mil. El resto se le quedaba a deber al agente. Era como robar dinero.
El miércoles por la tarde, en Broadway, Chico encontró a un habitual de Wall Street, quien le dijo en un susurro: -Chico, ahora vengo de Wall Street y allí no se habla de otra cosa que del Cobre Anaconda. Se vende a ciento treinta y ocho dólares la acción y se rumorea que llegará hasta los quinientos. ¡Cómpralas antes de que sea demasiado tarde! Lo sé de muy buena tinta. Chico corrió inmediatamente hacia el teatro, con la noticia de esta oportunidad. Era una función de tarde y retrasamos treinta minutos el alzamiento del telón hasta que nuestro agente nos aseguró que habíamos tenido la fortuna de conseguir seiscientas acciones. ¡Estábamos entusiasmados! Chico, Harpo y yo éramos cada uno propietarios de doscientas acciones de estos valores que rezumaban oro. El agente incluso nos felicitó. Dijo: – No ocurre a menudo que alguien entre con tan buen pie en una Compañía como la Anaconda.
El mercado siguió subiendo y subiendo. Cuando estábamos de gira, Max Gordon, el productor teatral, solía ponerme una conferencia telefónica cada mañana desde Nueva York, sólo para informarme de la cotización del mercado y de sus predicciones para el día. Dichos augurios nunca variaban. Siempre eran «arriba, arriba, arriba».
Hasta entonces yo no había imaginado que uno pudiera hacerse rico sin trabajar.
Max me llamó una mañana y me aconsejó que comprara unos valores llamados Auburn. Eran de una compañía de automóviles, ahora inexistente. -Marx -dijo- es una gran oportunidad. Pegará más saltos que un canguro. Cómpralo ahora, antes de que sea demasiado tarde. Luego añadió: -¿Por qué no abandonas el teatro y olvidas esos miserables dos mil semanales que ganas? Son calderilla. Tal como manejas tus finanzas, aseguraría que puedes ganar más dinero en una hora, instalado en el despacho de un agente de valores, que los que puedes obtener haciendo ocho representaciones semanales en Broadway.
-Max -contesté-, no hay duda de que tu consejo es sensacional. Pero al fin y al cabo tengo ciertas obligaciones con Kaufman, Ryskind, Irving Berlin y con mi productor Sam Harris. Los que por entonces no sabía era que Kaufman, Ruskind, Berlin y Harris también compraban a crédito y que, finalmente, iban a ser aniquilados por sus asesores financieros. Sin embargo, por consejo de Max, llamé inmediatamente a mi agente y le instruí para que me comprara quinientas acciones de la Auburn Motor Company.
Pocas semanas más tarde, me encontraba paseando por los terrenos de un club de campo, con el señor Gordon […] El día anterior, las Auburn habían pegado un salto de treinta y ocho enteros. Me volví hacia mi compañero de golf y dije: -Max, ¿cuanto tiempo durará esto? Max repuso, utilizando una frase de Al Jolson. -Hermano, ¡todavía no has visto nada!
Lo más sorprendente del mercado, en 1929, era que nadie vendía una sola acción. La gente compraba sin cesar.
Un día, con cierta timidez, hablé a mi agente acerca de este fenómeno especulativo. – No sé gran cosa sobre Wall Street – empecé a decir en son de disculpa- pero, ¿qué es lo que hace que esas acciones sigan ascendiendo? ¿No debiera haber alguna relación entre las ganancias de una compañía, sus dividendos y el precio de venta de sus acciones? Por encima de mi cabeza, miró a una nueva víctima que acababa de entrar en su despacho y dijo: – Señor Marx, tiene mucho que aprender acerrca del mercado de valores. Lo que usted no sabe respecto a las acciones serviría para llenar un libro.
– Oiga, buen hombre -repliqué-. He venido aquí en busca de consejo. Si no sabe usted hablar con cortesía, hay otros que tendrán mucho gusto en encargarse de mis asuntos. Y ahora ¿qué estaba usted diciendo?
Adecuadamente castigado y amansado, respondió: – Señor Marx, tal vez no se dé cuenta, pero éste ha cesado de ser un mercado nacional. Ahora somos un mercado mundial. Recibimos órdenes de compra de todos los países de Europa, de América del Sur e incluso de Oriente. Esta mañana hemos recibido de la India un encargo para comprar mil acciones de Tuberías Crane.
Con cierto cansancio pregunté: -¿Cree que es una buena compra? -No hay otra mejor -me contestó-. Si hay algo que todos hemos de usar son las tuberías. (Se me ocurrieron otras cuantas cosas más, pero no estaba seguro de que apareciesen en las listas de cotizaciones.) -Eso es ridículo -dije-. Tengo varios amigos pieles rojas en Dakota del Sur y no utilizan las tuberías. -Solté una carcajada para celebrar mi salida, pero él permaneció muy serio, de modo que proseguí-. ¿Dice usted que desde la India le envían órdenes de compra de Tuberías Crane? Si en la lejana India piden tuberías, deben de saber algo sensacional. Apúnteme para doscientas acciones; no, mejor aún, que sean trescientas.
Mientras el mercado seguía ascendiendo hacia el firmamento, empecé a sentirme cada vez más nervioso. El poco juicio que tenía me aconsejaba vender, pero, al igual que todos los demás primos, era avaricioso. Lamentaba desprenderme de cualquier acción, pues estaba seguro de que iba doblar su valor en pocos meses. En los periódicos actuales leo con frecuencia artículos relativos a espectadores que se quejan de haber pagado hasta un centenar de dólares por dos entradas para ver My Fair Lady (Personalmente opino que vale esos dólares.) Bueno, una vez pague treinta y ocho mil por ver a Eddie Cantor en el Palace.
[…] Cantor era vecino mío en Great Neek. Como era viejo amigo suyo cuando terminó la representación fui a verle en su camerino. […] Encanto -dijoCantor-, ¿qué te ha parecido mi espectáculo? Miré hacia atrás, suponiendo que habría entrado alguna muchacha. Desdichadamente no era así, y comprendí que se dirigía a mí. Eddie, cariño – contesté con entusiasmo verdadero-, ¡has estado soberbio! Me disponía a lanzarle unos cuantos piropos más cuando me miró afectuosamente con aquellos ojos grandes y brillantes, apoyó las manos en mis hombros y dijo: -Precioso, ¿tienes algunas Goldman Sachs? -Dulzura -respondí (a este juego pueden jugar dos)-, no sólo no tengo ninguna, sino que nunca he oído hablar de ellas ¿Qué es Goldman Sachs? ¿Una marca de harinas? Me cogió por ambas solapas y me atrajo hacia mí. Por un momento pensé que iba a besarme. -¡No me digas que nunca has oído hablar de las Goldman Sachs! -exclamó incrédulamente-. Es la compañía de inversiones más sensacional de todo el mercado de valores .
Luego consultó su reloj y dijo: -Hoy es demasiado tarde. La Bolsa está ya cerrada. Pero, mañana por la mañana, nene, lo primero que tienes que hacer es coger el sombrero y correr al despacho de tu agente para comprar doscientas acciones de Goldman Sachs. Creo que hoy ha cerrado a 156… ¡y a 156 es un robo! Luego Eddie me palmoteó una mejilla, yo le palmoteé la suya y nos separamos. ¡Amigo! ¡Qué contento estaba de haber ido a ver a Cantor a su camerino! Figurese, si no llego a ir aquella tarde al Teatro Palace, no hubiese tenido aquella confidencia.
A la mañana siguiente, antes del desayuno, corrí al despacho del agente en el momento en que se abría la Bolsa. Aflojé el veinticinco por ciento de treinta y ocho mil dólares y me convertí en afortunado propietario de doscientas acciones de la Goldman Sachs, la mejor compañía de inversiones de América.
Entonces empecé a pasarme las mañanas instalado en el despacho de un agente de Bolsa, contemplando un gran cuadro mural lleno de signos que no entendía. A no ser que llegara temprano, ni siquiera me era posible entrar. Muchas de las agencias de Bolsa tenían más público que la mayoría de los teatros de Broadway. Parecía que casi todos mis conocidos se interesaran por el mercado de valores. La mayoría de las conversaciones se limitaban a la cantidad que tal y tal valor habían subido la semana pasada, o cosas similares. El fontanero, el carnicero, el panadero, el hombre del hielo, todos anhelantes de hacerse ricos, arrojaban sus mezquinos salarios -y en muchos casos sus ahorros de toda la vida- en Wall Street.
Ocasionalmente, el mercado flaqueaba, pero muy pronto se liberaba la resistencia que ofrecían los prudentes y sensatos, y proseguía su continua ascensión. De vez en cuando algún profeta financiero publicaba un artículo sombrío advirtiendo al público que los precios no guardaban ninguna proporción con los verdaderos valores y recordando que todo lo que sube debe bajar. Pero apenas si nadie prestaba atención a estos conservadores tontos y a sus palabras idiotas de cautela.
Incluso Barney Baruch, el Sócrates de Central Park y mago financiero americano, lanzó una llamada de advertencia. No recuerdo su frase exacta, pero venía a ser así: «Cuando el mercado de valores se convierte en noticia de primera página, ha sonado la hora de retirarse.» Yo no estaba presente cuando la Fiebre del Oro del cuarenta y nueve. Me refiero a 1849. Pero imagino que esa fiebre fue muy parecida a la que ahora infectaba al todo el país.
El presidente Hoover estaba pescando y el resto del gobierno federal parecía completamente ajeno a lo que sucedía. No estoy seguro de que hubiesen conseguido algo aunque lo hubieran intentado, pero en todo caso el mercado se deslizó alegremente hacia su perdición.
Un día concreto, el mercado comenzó a vacilar. Unos cuantos de los clientes más nerviosos fueron presos del pánico y empezaron a descargarse. Eso ocurrió hace casi treinta años y no recuerdo las diversas fases de la catástrofe que caía sobre nosotros, pero así como al principio del auge todo el mundo quería comprar, al empezar el pánico todo el mundo quiso vender. Al principio las ventas se hacían ordenadamente, pero pronto el pánico echó a un lado el buen juicio y todos empezaron a lanzar al ruedo sus valores que por entonces solo tenían el nombre de tales. Luego el pánico alcanzó a los agentes de Bolsa, quienes empezaron a chillar reclamando garantías adicionales. Esta era una broma pesada, porque la mayor parte de los accionistas se habían quedado sin dinero, y los agentes empezaron a vender acciones a cualquier precio. Yo fui uno de los afectados. Desdichadamente, todavía me quedaba dinero en el Banco. Para evitar que vendieran mi papel empecé a firmar cheques febrilmente para cubrir las garantías que desaparecían rápidamente. Luego, un martes espectacular, Wall Street lanzó la toalla y sencillamente se derrumbó.
Eso de la toalla es una frase adecuada, porque por entonces todo el país estaba llorando. Algunos de mis conocidos perdieron millones. Yo tuve más suerte. Lo único que perdí fueron doscientos cuarenta mil dólares (o ciento veinte semanas de trabajo, a dos mil por semana). Hubiese perdido más pero era todo el dinero que tenía. El día del hundimiento final, mi amigo, antaño asesor financiero y astuto comerciante, Max Gordon, me telefoneó desde Nueva York. […] Todo lo que dijo fue: «¡La broma ha terminado!» Antes de que yo pudiese contestar el teléfono se había quedado mudo…se suicidó.
En toda la bazofia escrita por los analistas del mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una manera tan sucinta como mi amigo el señor Gordon. En aquellas palabras lo dijo todo.
Desde luego, la broma había terminado. Creo que el único motivo por el que seguí viviendo fue el convencimiento consolador de que todos mis amigos estaban en la misma situación. Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compañía. Si mi agente hubiese empezado a vender mis acciones cuando empezaron a tambalearse, hubiese salvado una verdadera fortuna. Pero como no me era posible imaginar que pudiesen bajar más, empecé a pedir prestado dinero del Banco para cubrir las garantías.
Las acciones de Cobre Anaconda se fundieron como las nieves del Kilimanjaro (no creais que no he leído a Hemingway), y finalmente se estabilizaron a 2 7/8. La confidencia del ascensorista de Boston respecto a United Corporation se saldó a 3,50. Las habíamos comprado a 60. La función de Cantor en el Palace fue magnífica ¿Goldman-Sachs a 156 dólares? Cuando la máxima depresión del mercado, podía comprárselas a un dólar por acción. El ir al desahucio financiero no constituyó una pérdida total. A cambio de mis doscientos cuarenta mil dólares obtuve un insomnio galopante, y en mi círculo social el desvelamiento empezó a sustituir al mercado de valores como principal tema de conversación…»
Groucho y yo (Groucho Marx).
Permitidme que remarque algunas perlas que me parecen especialmente aleccionadoras:
«Hasta entonces yo no había imaginado que uno pudiera hacerse rico sin trabajar»
«¿No debiera haber alguna relación entre las ganancias de una compañía, sus dividendos y el precio de venta de sus acciones?«
«Constituyó una sorpresa muy agradable descubrir que era un negociante muy astuto»
«No tenía asesor financiero ¿Quién lo necesitaba?«
«Nunca obtuve beneficios. Parecía absurdo vender una acción a treinta cuando se sabía que dentro del año doblaría o triplicaría su valor.»
«Mi sueldo semanal era de unos dos mil, pero esto era calderilla en comparación con la pasta que ganaba teóricamente en Wall Street.»
«…si uno compraba ochenta mil dólares de acciones, sólo tenía que pagar en efectivo veinte mil. El resto se le quedaba a deber al agente. Era como robar dinero.»
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«Al principio las ventas se hacían ordenadamente, pero pronto el pánico echó a un lado el buen juicio y todos empezaron a lanzar al ruedo sus valores que por entonces solo tenían el nombre de tales. Luego el pánico alcanzó a los agentes de Bolsa, quienes empezaron a chillar reclamando garantías adicionales. Esta era una broma pesada.»
«Desdichadamente, todavía me quedaba dinero en el Banco. Para evitar que vendieran mi papel empecé a firmar cheques febrilmente para cubrir las garantías que desaparecían rápidamente. «
«Pero como no me era posible imaginar que pudiesen bajar más, empecé a pedir prestado dinero del Banco para cubrir las garantías.»
«Incluso la desdicha financiera, al igual que la de cualquier otra especie, prefiere la compañía.»
«Luego, un martes espectacular, Wall Street lanzó la toalla y sencillamente se derrumbó.»
«-La broma ha terminado» (…) «En toda la bazofia escrita por los analistas del mercado, me parece que nadie hizo un resumen de la situación de una manera tan sucinta como mi amigo el señor Gordon…»: «La broma ha terminado…»
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Desde luego, la broma terminó, pero lamentablemente se trata de una broma cíclica.
Ahora sigamos escribiendo «bazofia» como el resto de analistas de mercados.
Según podemos ver en el gráfico anterior, del siempre interesante blog de Investorsconundrum y elaborado por Bank of America, el spread existente para el CDX IG (Credit Default swap norteamérica) al que cotizan las emisiones de deuda con grado de inversión respecto al tipo oficial del dinero, es decir riesgo de insolvencia cero, es elevadísimo. Hasta aquí, relativamente comprensible dada la desconfianza habida en ese tipo de RF y a la sequedad de dicho mercado. Pero lo realmente asombroso es que, tal y como se observa en el gráfico, estos niveles de spread deberían corresponderse con niveles de RV muchísimo más bajos. Específicamente en el gráfico vemos la cotización del S&P; 500, que históricamente ha cotizado muy por debajo de los 1000 puntos cuando los niveles de spread de la deuda (CDX NA IG Index Spread) han alcanzado el nivel de 150 bps.
En los últimos 9 meses, y coincidiendo con la crisis mundial crediticia, esta relación históricamente conservada entre el spread de la deuda y los mercados bursátiles ha saltado por los aires como jamás se había visto. Por ello, y por otros motivos, venimos advirtiendo hace meses que estamos haciendo historia económica. Lo que está ocurriendo en la actualidad está siendo erróneamente comparado con el crack del 1929. Es muy distinto. Y me atrevería a decir que mucho más trascendente.
Vamos a explicar y a analizar detenidamente lo que hemos dicho hasta ahora:
El spread a que cotiza el yield de una emisión es la diferencia que una empresa (o estado) debe pagar de más por encima del tipo de interés oficial para que la deuda que pretende colocar entre los inversores sea atractiva y pueda venderla. Lógicamente, cuanta mayor sea la confianza en esa empresa, menor será el diferencial sobre el tipo oficial que deberá pagar a los inversores para que estos les presten su dinero a cambio de estos pagarés, bonos, etc. Obviamente a menor confianza el diferencial se disparará. En la actualidad dicho spread alcanza niveles altísimos debido a la desconfianza reinante desde el pasado verano. Por lo tanto los seguros o coberturas Credit Default swaps, cuyo índice sobre estos CDX se muestran en el gráfico del encabezado, se encarecen proporcionalmente. Podéis compararlo con este gráfico de la derecha correspondiente al spread sobre el tipo del Tesoro americano a 5 años que había en el 2004. Además, hoy en día el mercado está tan seco que se pueden sufrir diferenciales en la propia cotización de la deuda entre bid y ask (oferta y demanda) verdaderamente demenciales.
Lo que el gráfico y la lógica nos dicen es que siempre ha existido una relación entre la confianza o desconfianza en la deuda emitida por una empresa, y la confianza o desconfianza de los inversores en la cotización de las acciones de dichas empresas en la bolsa. Es decir, cuanta mayor confianza en la deuda corporativa, menor spread sobre el tipo oficial, menor CDX y mayor cotización en bolsa de sus títulos. Y viceversa. Absolutamente racional y hasta hoy ley universal de la economía moderna. Pues bien,desde que estalló la llamada crisis de crédito, esta relación lógica ha dejado de existir.
Hoy vemos que la desconfianza en la deuda corporativa withgrado de inversión es enorme y por lo tanto sus spreads y costes de coberturas son de escándalo. Pero sin embargo las cotizaciones en bolsa de dichas empresas, que conservan casi intactos sus ratings de solvencia (paradoja irrelevante por la falta de credibilidad de las calificadoras en los últimos tiempos) siguen a niveles que distan mucho de la desconfianza, aunque se encuentren ya oportunidades value. Es decir, ¡los inversores de bolsa siguen confiando en sus títulos pero paradójicamente no en su deuda! Ilógico, sí. Inestable, también.
Este escenario, por lo tanto, tenderá a buscar su estabilidad en los próximos meses, sin duda. Como lo hace cualquier enlace químico en su camino molecular. La pregunta del millón es de qué lado se va a estabilizar: Puede recuperarse la confianza en la deuda corporativa disminuyendo los spreads actuales y aumentando el precio de la cotización actual de la RF; o bien perderse la confianza en los valores que cotizan en bolsa, en cuyo caso veríamos minusvalías en la RV como auguró la pasada semana Goldman Sachs para el S&P; 500.
Personalmente creo que es más factible, y por supuesto deseable, la primera opción (con su permiso, Sres. analistas de Goldman Sachs). Porque ante el estallido de la burbuja inmobiliaria y crediticia, parece que los mercados de RV se hayan tomado como un cierto refugio inversor, aunque yo mismo me sorprenda de lo que acabo de decir. Con esta inmunidad sorprendente que parece tener la RV a la desconfianza reinante, la estabilización bien podría llegar vía recuperación de la confianza en la deuda corporativa con grado de inversión ya que hoy por hoy los fundamentales de empresas no financieras siguen siendo sólidos. Por su parte, los de las financieras quizás estén mayoritariamente ya descontados, vía cotizaciones actuales, publicaciones de resultados y provisiones de fondos para pérdidas de próximos ejercicios. Esto alejaría el fantasma de la profundización del ciclo bajista iniciado en los mercados de RV hace ya prácticamente un año, devolvería la confianza, y por supuesto estabilizaría a su vez el gráfico del encabezado reduciendo a niveles razonables los spreads. De hecho hoy ya se encuentra ligeramente por encima de 100, aunque la volatilidad de estos índices sigue batiendo récords.
Me parece claro que hay un gran flujo inversor en busca de pozos seguros, que está desconcertado y atrincherado en depósitos bancarios. Es cierto que otros flujos se han aventurado en pozos especulativos de materias primas, divisas o inversiones alternativas, pero parece claro que hay un gran potencial de inversión tradicional a la espera de fluir (hoy en depósitos y deuda soberana AAA) en cuanto se recupere la confianza en el Sistema. Incluso me atrevería a decir que la desconfianza podría estar ya muy descontada, a excepción de la desconfianza en la RV que, como ya hemos explicado, podría llegar de la mano de malos resultados corporativos que estabilizarían también el escenario actual vía caídas de las bolsas, y en cuyo caso los spreads de la RF investment grade se mantendrían batiendo marcas en el tiempo dando lugar a una crisis global nunca vista.
Resumiendo, podríamos contemplar una estabilización del sistema en dos escenarios muy distintos: El de la confianza y el de la desconfianza. En el primero, el spread de la RF con grado de inversión disminuiría y la RV podría seguir flat o incluso emprender nuevos rallies gracias a los flujos latentes mencionados. Mientras que en el segundo, la RF seguiría muy castigada y veríamos en los próximos meses resultados muy negativos de las grandes empresas arrastradas por cifras macroeconómicas recesionistas pésimas. Eso nos llevaría a ver caídas bursátiles muy abultadas, al menos en el primer mundo. Aunque los mercados emergentes podrían verse menos o incluso nada afectados.
No obstante, tengamos en cuenta que cuando las reacciones de los mercados parecen obvias, siempre aparece un black swan que deja en evidencia a los faltos de humildad…
En definitiva contemplamos dos escenarios opuestos, pero ambos estabilizarían el desajuste aberrante que hoy en día sufre la RF y la RV, la confianza y la desconfianza. Lo que nos parece inviable es que se prolongue en el tiempo la situación actual porque es inestable. Y la tendencia a buscar la estabilidad, como en la química molecular, debería ser una ley difícil de obviar a medio y largo plazo. Como dije en un comentario a este interesante artículo de Kretan:
Se discute si habrá deflación o hiperinflación, estabilización hacia la confianza o la desconfianza, etc… pero no seguiremos en tierra inestable de nadie durante mucho tiempo.
Jamás la Economía fue tan global y tan próxima al Yin y al Yang.
Esta aventura filantrópica a la que dimos forma de blog ya hace un año, se ha convertido en una de nuestras mayores satisfacciones. En estos 12 meses hemos atendido centenares de consultas vía correo electrónico que han derivado la mayoría de veces en conversaciones telefónicas, sin duda, muy útiles y provechosas.
Nos gustaría desde la perspectiva de un año de andanza conjunta con nuestros lectores, poder repasar a modo de revival algunos artículos de justo un año antes. Evidentemente no todos se mantendrán vigentes, pero nos gusta el reto de releer a toro pasado las reflexiones y recomendaciones que dimos 12 meses antes. Sinceramente pensamos que puede ser aleccionador para todos, incluidos nosotros, por supuesto. De hecho, si realizamos esta relectura con otros artículos de analistas y asesores, generalmente la mayoría de textos soportan muy, pero que muy mal el paso del tiempo. Haced la prueba y lo comprobaréis, a veces resulta hasta tristemente divertido tratándose de consejos económico-financieros. También nos parece muy interesante releer vuestros comentarios ad hoc, aunque en este primero todavía no los hubiera (quizás no habían ni siquiera muchos lectores:), ya que este blog filantrópico que confeccionamos conjuntamente día a día, es esencialmente de todos y para todos. Por ello, creemos que también serán muy interesantes vuestros comentarios y críticas actuales a las reflexiones que hicimos hace 12 meses.
En este primer revival, encontramos nuestra reflexión acerca de la importancia de comenzar a invertir y diseñar la progresión de nuestro patrimonio a largo plazo, a una temprana edad. Cuanto antes mejor. Además también advertíamos ya hace exactamente un año de los peligros del endeudamiento abusivo a nivel personal. Hoy a nadie ya se le escapan los resultados tan nocivos que este endeudamiento ha causado en las personas y en la Economía global.
Sin más, aquí va el link del artículo fechado el 20 de Abril del 2007 titulado:
Esperamos vuestras críticas y comentarios de lo escrito hace un año, desde la perspectiva que tenemos hoy. Seguro que resultará un ejercicio muy interesante.