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Blog de Cluster Family Office

Bitcoin (BTC) y otras formas de riqueza súbita. Las nuevas fortunas de las criptomonedas y sus retos.

Después del rally y posterior caída del precio de las criptomonedas de los últimos 2 o 3 meses, en Cluster Family Office hemos recibido a diversos potenciales Clientes que han generado fortunas súbitas muy considerables gracias a la tenencia y/o trading de todo tipo de tokens: Bitcoin (BTC), Bitcoin Cash (BCH), Litecoin (LTC), Ether (ETH), Ripple (XRP), Cardano (ADA), NEO, Dash y otras muchas que la mayoría de mortales ni siquiera conocíamos. Y la mayoría de ellos partían de una situación patrimonial modesta, por lo que se están enfrentando a situaciones totalmente nuevas para ellos y sus familias.

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Las necesidades con las que se encuentran estos nuevos millonarios son delicadas, puesto que el modo de declarar a hacienda estos enormes beneficios realizados y potenciales es todavía confuso incluso para el propio Montoro. Y es que la escasa información que generan la mayoría de plataformas online extranjeras a través de las cuales se realizan las transacciones, junto con la gran cantidad de operaciones y cruces de criptomonedas que incluye cada movimiento, hacen de las cifras que hay que presentar ante Hacienda un laberinto de hojas de cálculo difícil de defender ante la voracidad de un requerimiento o inspección futura. Además, hay que tener en cuenta que la tenencia de cuentas de divisas (no criptomonedas, de momento…) que excedan de 50.000 euros, debe incluírse en el famoso modelo 720.

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Menos mal que el perfil de la mayoría de nuevos ricos de las cryprocurrencies provienen del mundo tecnológico, y nuestros fiscalistas consiguen que este perfil de Clientes les faciliten este puzzle de información necesaria con bastante detalle y diligencia. Sin embargo, hay muchos cripto-millonarios por ahí que están siendo mucho más descuidados y caóticos a la hora de recopilar su rastro de trading. Y su despreocupación les hará incurrir en serios problemas fiscales en un futuro próximo, o sea menos de 4 años, antes de que prescriba el ejercicio fiscal donde concentren buena parte del «pelotazo» de las cryptos.

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Pero no sólo se enfrentan a una fiscalidad compleja de defender. La pregunta del millón que se deben hacer estos nuevos millonarios de las criptomonedas es, obviamente, qué hacer con su fortuna y de qué manera cambiará, inevitablemente, sus vidas. La mayoría desean mantener invertidos una parte de sus tokens o criptodivisas a la espera de nuevos máximos y por tanto mayores beneficios, pero han realizado ya ventas por valor de unos millones con los que deben tomar decisiones a las que jamás se habían tenido que enfrentar. Y no sólo eso sino que empiezan a experimentar el acoso al que bancos, inmobiliarias y otros depredadores les están sometiendo en cuanto han olido sangre fresca.

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Nuestra recomendación es parecida a la de cualquier perfil de fortuna súbita (empresario tecnológico que vende su empresa, afortunados de premios de lotería o de azar, deportistas de élite o artistas, herederos, etc.), es decir que deben aplazar decisiones precipitadas y diseñar e implementar, de la mano de profesionales, una distribución patrimonial equilibrada y fiscalmente eficiente. Para ello les proponemos una foto final de cómo debería ser su fortuna personal dentro de un par de años. Por su parte ellos nos expresan sus preferencias en función de los objetivos o sueños que, ahora sí, podrán llevar a cabo. Y lo harán de la mano de un equipo que, sobre todo, estamos para evitarles errores de los que se arrepentirían en el futuro, costándoles dinero y disgustos. De ejemplos de fortunas súbitas que han hecho añicos las vidas y felicidad de sus protagonistas -y sus descendientes- está el mundo lleno. Y el entorno de estos cripto-millonarios, pasto de la envidia, puede estar ansioso por ver cómo éstos dilapidan su fortuna, y así no sentirse tan mal por no haber sido capaces de participar de ese pelotazo tecnológico.

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Algunos de los nuevos millonarios se preguntarán cuál es el momento adecuado para vender los Bitcoins o la cripto que sea. La pregunta lamentablemente no es de fácil respuesta ya que dependerá del grado de codicia, del volumen conseguido y de la situación familiar y patrimonial previa y presente. Pero un buen punto de partida para encontrar esa respuesta sería «apartar» y diversificar convenientemente un dinero suficiente para asegurar una vida acomodada a sus familias durante el resto de sus días mediante rentas financieras e inmobiliarias sólidas. A partir de ahí, cualquier incremento o pérdida sustancial de las criptodivisas que todavía mantengan en sus wallets o monederos se verá con otra perspectiva.

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No hay fortuna más efímera y problemática que la súbita sin el asesoramiento adecuado. Y como dijo un sabio anónimo:

«We don’t learn to be sons until we are parents. We don’t learn to be parents until we are grandparents. It seems that we don’t learn to live until life is gone… So, obviously, we don’t learn to be wealthy until we have lost most of our money.»

Qué esperar cuando se está esperando… el apagón del QE.

Después de más de una década de estímulos monetarios y represión financiera donde la marea de los bancos centrales de todo el mundo ha inundado de liquidez y de demanda la deuda mundial, la música está empezando a dejar de sonar. Es la crónica de una muerte anunciada pero aún asombrosamente incrédula.

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Pero a pesar de estar ante el final del camino del QE, la inmensa mayoría de los inversores más conservadores siguen quejándose del escaso rendimiento de sus carteras de renta fija, ajenos al riesgo que han asumido durante años y también al escenario al que se van a enfrentar sus activos en la nueva era de la normalización de tipos y estímulos.

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Paul Read, co-gestor del fondo de renta fija Invesco Pan European High Income, lo advierte ya de manera sorprendentemente clara, puesto que no hay que olvidar que su sueldo depende de que los inversores sigan confiando en los bonos que él compra. «Existe una excesiva complacencia en el mercado de bonos. Los precios suben sin parar y las rentabilidades alcanzan mínimos cada vez más bajos. Sobre la base de una rentabilidad que va claramente a peor, el mercado de high yield (o bonos basura) en euros renta actualmente menos de un 2%. Las circunstancias nos lo están poniendo muy difícil.»

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Y lo más curioso es que a pesar de que los propios pastores -al menos los más honestos- advierten a sus ovejas de que viene el lobo, el rebaño sigue exigiéndo al rabadán que les ofrezca jugosos pastos en los que seguir retozando, como han hecho desde que tienen uso de (sin)razón. Como bien dice Read, ante el cierre del grifo del QE europeo: «Las cosas se vuelven aún más complicadas teniendo en cuenta lo caros que están los mercados de renta fija. Con yields tan bajos, el riesgo es mucho mayor (…) Aunque ni la renta fija ni la renta variable ofrecen en estos momentos a los inversores el mejor punto de entrada, a los tipos actuales, las acciones lo tienen muy fácil para batir a los bonos, tanto por revalorizaciones como por dividendos»

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Así es, el verdadero desastre que se cierne sobre las carteras conservadoras no es sólo que los rendimientos sean escasos sino que las pérdidas comiencen a apoderarse de unos activos que sus dueños, mejor o peor asesorados, compraron para precisamente evitar oscilaciones y rendimientos negativos. Porque los fondos de renta fija que aún hoy rinden despreocupadamente unos puntos preciosos, lo hacen a base de un viento de demanda, trading y tipos a favor que tienen los días contados.

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Sin embargo, los tipos tampoco están en disposición de subir alegremente ni siquiera en los EE.UU. La inflación conseguida es anémica y Yellen se ha marchado con un estilo más dovish del que cabía esperar de su último movimiento al frente de la FED. Y es que el crecimiento económico tampoco parece que vaya a ser el que saque al mundo desarrollado del agujero de deuda en el que se ha metido -nos hemos metido- a cambio de aplazar el hambre de la insolvencia y tener pan duro para hoy.

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En los siguientes gráficos de la presentación de Jeffrey Gundlach, de DoubleLine Capital (via Gurusblog), podéis ver como la FED ya dejó de aumentar su balance, el BoJ ha suavizado su crecimiento y el BCE ha anunciado si freno para este 2018.

Si las previsiones se cumplen, en 2019 no sólo se dejará de imprimir dinero sino que se empezarán a reducir los balances de los bancos centrales. Y para eso no están preparadas las carteras de renta fija de la mayor parte del mundo desarrollado sin sufrir pérdidas abultadas por minusvalías, insolvencias y potencial iliquidez. La relación entre aumento y disminución de compra de activos por parte de bancos centrales y su correlación directa con el precio de bonos y acciones la podéis ver claramente en el siguiente gráfico. Imaginaos ahora dicha correlación con un cierre de grifos que han regado con caudales descomunales, como jamás se habían visto en toda la Historia.

La pregunta del millón es: ¿Existen activos descorrelacionados del fin de fiesta del QE y que por tanto «garanticen» rendimientos positivos en este escenario de retirada de la marea? La respuesta es sí. Pero lamentablemente se trata de estrategias de gestión alternativa, difícilmente accesibles para el inversor retail español, condenado a comprar el pescado, fijo o variable, que vende la banca nacional. Las razones por las que es tan complicado acceder a buenos fondos multi-estrategia alternativos desde España, además del desinterés de la banca española por ofrecer productos de terceros que no compartan jugosas comisiones con sus plataformas de contratación de cabecera, son también regulatorias. Y es que la liquidez de estos fondos multi-estrategia no suele ser diaria ni semanal, sino mensual o incluso trimestral, lo que impide que sean fondos calificables bajo la directiva UCITS, que parece ser la única que la CNMV considera apta para el inversor retail español. Ello unido a que la transposición en España de la directiva AIFMD (Alternative Investment Fund Managers Directive) aún brilla por su ausencia, condena al inversor mal asesorado a la obsoleta y temeraria distribución de cartera basada esencialmente en Renta Fija y Renta Variable.

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La gestión alternativa maneja una gran diversidad de estrategias de inversión, desde bonos ligados a catástrofes meteorológicas, compra-venta de hipotecas, de seguros de vida, etc, etc. Y una certera combinación de ellas nos asegura que la parte de no-bolsa de las carteras ganen algunos puntos de rendimiento manteniéndose totalmente al margen de las caídas que puedan sufrir acciones y bonos en los próximos años.

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Pero no basta con abrir una cuenta en el extranjero para que un banco internacional acceda a comprarnos buenos fondos alternativos y aceptar su relativa iliquidez. Hay que tener en cuenta que la mayoría de los fondos alternativos multi-estrategia están diseñados para el inversor institucional y exigen mínimos de inversión prohibitivos para el inversor retail, con cifras de 500.000, 1.000.000 € o incluso más. Además la fiscalidad española penaliza los fondos no comercializados en España (por puro proteccionismo del sector y no del inversor) y bonifica los registrados en la CNMV mediante el diferimiento de las plusvalías y la traspasabilidad anhelada por todo inversor. Aquí cabe recordar la necesidad de poseer un vehículo personal de inversión como el luxemburgués, apto para inversores a partir de tan sólo 250.000 ó 300.000 euros, gracias al cual conseguimos el diferimiento y traspasabilidad de cualquier fondo del mundo, alternativo o no, y esté o no registrado en España para su comercialización.

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Todo ello hace que en muchos casos, incluso dentro del propio vehículo luxemburgués, tengamos que acudir a fondos de fondos de gestión alternativa, que a cambio de su correspondiente peaje de comisión nos permiten acceder con importes de 125.000 euros a una cartera de estrategias diversificada y verdaderamente descorrelacionada de los mercados financieros. Todo un tesoro en los tiempos que corren y correrán.

Las ventajas de invertir desde Luxemburgo

Aunque llevamos ya muchos años escribiendo sobre ello, quizá convenga actualizar para aquellos que lo desconozcan, algunas de las ventajas de tener nuestras carteras de inversión depositadas en bancos en Luxemburgo. Para la mayoría la ventaja más obvia sería poder tener el dinero evitando el riesgo país o el riesgo de insolvencia de la banca española, siendo Luxemburgo el Wall Street de la UE por excelencia, una vez Londres dejará de serlo por el Brexit. Sin embargo existe una razón mucho más poderosa para gestionar la mayor parte de nuestro patrimonio financiero desde Luxemburgo. Y esa razón es la de poder acceder a cualquier fondo de inversión, private equity, fondo de real estate, etc. del mundo mundial, a pesar de que no esté registrado para su comercialización en España.

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Esa libertad de acceso no es ninguna bagatela cuando uno toma conciencia de que tan sólo un 10% de los fondos existentes en todo el mundo disponen de ese registro en la CNMV para poderse comercializar en España. Y que por lo tanto los inversores que no disponen de un asesoramiento adecuado jamás podrán acceder a un 90% de fondos, entre los cuales se encuentran lógicamente algunos de los mejores gestionados del planeta. Además, ningún banco en España, ni siquiera a sus clientes de banca privada, ofrece tan sólo ese 10% registrado en CNMV en su totalidad, ya que los catálogos de ventas suelen limitarse a 2, 3 o 5 mil fondos, con la excusa de que pertenecen a plataformas de contratación distintas, etc. Por tanto, el coste de oportunidad de magníficas opciones de inversión a las que el inversor local no puede acceder es descomunal. De hecho esa condena a la inversión mediocre es una de las causas del abuso del ladrillo en España, aunque ya hemos hablado cumplidamente de ello en otros artículos

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La pregunta que muchos os haréis es por qué no se registran la mayoría de fondos en España para su comercialización, o al menos por qué no lo hacen los fondos estrella que gestionan algunas de las primeras espadas de la gestión del mundo. Las razones son diversas: Entre ellas encontramos a los fondos que no contemplan la comercialización en España porque resulta caro para el escaso volumen que conseguirían en nuestro país. No debemos olvidar que comercializar en España, a través de la red de entidades financieras y plataformas que aquí operan, supone en muchos casos una mordida superior al 50% de las comisiones que cobra la gestora. De hecho hay gestoras como Carmignac que decidieron en su momento crear en sus fondos una clase ad hoc para comercializar en España, con comisiones mayores que las que aplican al resto de sus clases, con el propósito de satisfacer así la voracidad de las entidades financieras locales. A esas clases en Carmignac las denominaron vergonzosamente con la «E» de España.

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No obstante, las mordidas de los comercializadores no son la única razón que tienen muchas gestoras internacionales para descartar el registro para la venta en España de sus fondos. Otro motivo de peso es que las únicas puertas que les abriría el registro en España es la de acceder a los clientes retail españoles, ya que los clientes con mayor volumen o institucionales sí pueden acceder a fondos no registrados en España sin gran dificultad. Y es que los inversores que poseen algunos millones y que están bien asesorados, ya disponen de vehículos de inversión propios en bancos en el extranjero que les permiten acceder a todo tipo de fondos más allá de la lista de comercializables de la CNMV. O sea, que las gestoras de fondos no registrados en España no necesitan ese registro ni pagar ninguna mordida para captar a estos millonarios españoles.

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También existen otras razones para que algunos gestores desprecien el mercado retail de inversor español, como por ejemplo la especialización en cliente institucional o la lejanía geográfica. Es común que algunas gestoras de China, Thailandia, India, etc. cuyos inversores son esencialmente asiáticos, mediorientales o norteamericanos, no prioricen en absoluto la captación del cliente retail español. Y habitualmente se centran en la comercialización en Europa a través del mercado británico o alemán, bien sea para retail o institucional pero con volúmenes mayores y mordidas menores que en nuestro país.

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La consecuencia de todo ello es que el inversor retail español está condenado a una cartera muy limitada de fondos que previamente han accedido a pagar jugosas comisiones a las entidades financieras que los comercializan en España. Y para estos inversores que no disponen de decenas de millones, el hecho de poder invertir importes muchso más modestos desde Luxemburgo, con vehículos personales exclusivos que les abren las puertas a cualquier fondo del mundo, supone la diferencia entre la mediocridad y la brillantez de las inversiones en calidad y resultados.

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Luxemburgo, como buena plaza financiera «EU friendly» que es, tiene diversos tipos de vehículos de inversión que se adaptan a las necesidades de cada tamaño y tipología de inversor. Pero para el inversor menor, que es el más perjudicado por la restringida oferta de fondos a la que tiene acceso en España, existe un vehículo luxemburgués, personal y exclusivo desde el cual puede invertir su cartera con total flexibilidad, a partir de tan sólo 250.000 euros. Obviamente no todos los inversores retail disponen de un mínimo de 250.000 euros, pero es ya un paso gigantesco para el inversor medio poder equiparar sus inversiones a las que puede hacer cualquier inversor institucional con 10 o 20 millones a partir de tan sólo 1/4 de millón. Y estos vahículos no sólo permiten acceder a cualquier fondo del mundo mundial sino que además permiten diferir las plusvalías que se generen dentro de esos vehículos de manera indefinida, tributando sólo por la parte proporcional de plusvalía cuando se decida rescatar una parte o la totalidad de la inversión. O sea, que una vez tengamos ese mínimo de 250.000 euros dentro de nuestro propio vehículo de inversión, podremos comprar y vender cualquier fondo, acción o lo que queramos, sin tributar las plusvalías hasta que necesitemos retirar nuestro dinero total o parcialmente. Una fiscalidad exactamente igual que la que tenemos cuando compramos cualquier fondo registrado en España que nos vende el banco de la esquina, pero sin necesidad de saltar de fondo traspasable a otro fondo traspasable dentro de la limitada lista de registrados en CNMV, sino con total y absoluta libertad en el universo mundial de fondos UCITS, no-UCITS, AIFMD, Private Equity, Fondos de Real Estate, acciones y demás productos financieros. Por eso elegimos vehículo luxemburgués, totalmente «friendly» con la fiscalidad y la transparencia de los países de la UE.

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Estos vehículos lógicamente se depositan en bancos de Luxemburgo, aunque como meros depositarios que son, poco importa que sean más solventes que los bancos españoles, puesto que sólo los utilizaremos para custodiar los vehículos y las carteras con las participaciones de fondos o acciones que en ellas vayamos a comprar y vender.

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En cuanto a los costes, los hemos podido ir afinando a lo largo de los años por el volumen creciente de Clientes. Y actualmente el coste total un vehículo luxemburgués en formato Unit Linked para inversor pequeño (mínimo 250.000 eur) puede rondar el 0,6-0,7% anual, reduciéndose significativamente a medida que el volumen aumenta. Además, en determinadas circunstancias, estos vehículos suponen también evitar el pago del Impuesto de Patrimonio, que en algunas Comunidades Autonómicas carece de bonificación.

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Obviamente, al ser Luxemburgo la plaza financiera elegida por la UE -en sustitución de la City londinense- todo capital que se quiera destinar a dichos vehículos debe tener un origen justificado, ser absolutamente declarado y transparente, ya que la connotación de paraíso fiscal de Luxemburgo ha quedado ya totalmente atrás y enterrada definitivamente por imperativo de la propia UE.

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Resumiendo, en Luxemburgo los inversores con un mínimo de 250.000 euros pueden acceder a vehículos con un coste inferior al 0,6-0,7% , que difieren de manera eficiente las Ganancias de Capital, que pueden suponer el ahorro del Impuesto de Patrimonio, que permiten el acceso a invertir en los mejores gestores de fondos de inversión del planeta en lugar de sólo en el 10% de ellos, y con la seguridad bancaria y jurídica de una plaza financiera de primer orden en pleno corazón de la zona Euro. Ahí es nada, en los tiempos que corren de incertidumbre, insolvencia y riesgos maquillados.

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Para los que vean un hándicap en la lejanía de tener su dinero en Europa, recordarles que además de poder gestionarlos de manera cómoda, ágil y cercana a través de asesores y profesionales españoles, tener un vehículo de inversión luxemburgués no es excluyente. Es decir, que la mayoría de inversores compatibilizan una parte (más o menos mayoritaria) de su patrimonio en Luxemburgo, con una parte mantenida en bancos en España, a modo de tesorería temporalmente invertida, que será consumida o utilizada durante los próximos trimestres, semestres o incluso años.

Deportistas de élite y su dinero. La lección simple de Shaquille O’Neal.

En el siguiente video vemos a un Shaquille O’Neal en su madurez dando un consejo tan simple como importante a otros colegas de profesión, es decir deportistas de élite. Lógicamente su consejo sólo sirve para aquellos deportistas, artistas o cualquier otra persona que consiga una fortuna súbita (loterías, empresarios tecnológicos, herederos, etc.) lo suficientemente holgada como para no tener que preocuparse jamás por su futuro ni el de sus hijos y nietos. Mirad el video de este tweet y después os haremos algunas reflexiones:

Sin duda, seguir este sencillo consejo, para el cual todo ser humano está potencialmente capacitado, habría evitado que la inmensa mayoría de deportistas se arruinasen a lo largo de sus ajetreadas vidas. Fijaos que no son necesarios ni estudios ni conocimientos para evitar el desastre cuando se alcanza un determinado nivel de contratos millonarios. Tan sólo es necesario sentido común y rigor. Lamentablemente la mayoría de deportistas de élite, sin estudios y de orígenes humildes, ebrios de fama y dinero, suelen carecer de ambas virtudes.

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Sin embargo, la mayoría de mortales no alcanzan esos niveles de ingresos, obviamente, y necesitan afinar mucho más que la simple norma de Shaq su progresión patrimonial a lo largo de sus vidas. Cada vida patrimonial es distinta. Las circunstancias en cuanto a ingresos profesionales, ingresos de inversiones financieras e inmobiliarias, gastos necesarios o deseados, cargas familiares y en definitiva el estilo de vida que cada persona o familia elige, junto con el futuro incierto al que se enfrenta cada ser humano (separaciones, enfermedades, muertes, incapacidades, adicciones, estafas, accidentes, etc…), hacen que cada caso sea prácticamente único. Y lógicamente se precisa de alguna herramienta que permita de algún modo vislumbrar la proyecció patrimonial que cabría esperar ante una vida más o menos prolongada. Ahí es donde cada uno puede hacer su propia «cuenta de la vieja», o bien acudir a un profesional de gestión patrimonial para que le dé una idea de la progresión que puede tener en el futuro, y ajustar o modificar en consecuencia los errores de cálculo o de estilo de vida que se estén cometiendo. Aquí os mostramos un ejemplo de una tabla de proyección patrimonial que utilizamos con algunos de nuestros Clientes en Cluster Family Office:

 

En las proyecciones como las de la imagen de arriba, tratamos de incorporar algunas de las variables que se puedan intuír sacadas de los datos y el conocimiento de las circunstancias de nuestros Clientes. En las proyecciones que realizamos en CFO manejamos datos como los ingresos profesionales, no profesionales, duración de la vida laboral prevista, consumo de rentas presentes y futuras, inflación, rendimientos financieros e inmobiliarios, fiscalidad personal, fiscalidad de los vehículos de inversión que tenga cada familia en España y en el extranjero, etc.

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No obstante, es obvio que cuanto más lejana en el tiempo llegue la proyección menos fiables serán los datos previstos, ya que las desviaciones se multiplican a lo largo del tiempo con mayor efecto sobre el resultado que el mismísimo interés compuesto. Pero a pesar de la imposible exactitud, esta herramienta siempre suele resultar de gran ayuda para resituar el estilo de vida de las familias y, sobre todo, para abrir los ojos ante la incertidumbre que supone vivir una larga vida patrimonial en el mundo tan cambiante al que nos enfrentamos. Y la incertidumbre de las progresiones resulta especialmente reveladora cuando se abusa de la proporción de inmuebles en el patrimonio o cuando la era de las carteras conservadoras de renta fija es más bien una trampa de potenciales pérdidas de la que muy pocos escaparán.

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La evolución en el tiempo de un patrimonio desequilibrado que toma decisiones equivocadas, respecto a la evolución de un patrimonio en equilibrio de activos financieros, empresariales e inmobiliarios, con la correcta optimización de cada uno de ellos, es totalmente distinta al cabo de 5 años. Pero si proyectamos los errores respecto a lo que sería la correcta distribución de activos y pasivos y su gestión, más allá de 15 o 20 años, la diferencia es abismal. Lo que hoy puede parecer un desequilibrio o una ineficiencia menor, o sea una desviación de poca importancia, con el paso del tiempo supone la clave del éxito o el fracaso para nuestra vejez y para el bienestar de nuestros hijos.

El abuso del ladrillo en los patrimonios españoles

Es muy curioso ver como en España existe una mentalidad respecto a la asignación de los activos de las familias muy distinta a la de las familias norteamericanas. Como podréis ver en el interesante gráfico que publica Inbestia y que reproducimos a más abajo, aprox. el 80% de los activos de los españoles se asigna a inmuebles, o sea la vivienda principal y otros inmuebles adicionales. Por tanto, menos del 20% se asignan a activos financieros, como por ejemplo acciones (cotizadas o no), fondos de inversión, de pensiones, seguros de vida, depósitos, etc.

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Si comparamos la asignación entre norteamericanos y españoles veremos que la querencia hacia las empresas en la primera economía del mundo es mucho mayor que en España y buena parte del resto de países (aunque sería interesante saber las cifras del norte de la UE que intuímos que deben ser más próximas a los EEUU). La cultura empresarial de los norteamericanos es mucho mayor, y tanto en acciones cotizadas como no cotizadas (negocios propios o con socios en su mayoría), fondos de inversión, pensiones y seguros de vida, depositan la mitad de sus activos.

¿Por qué los norteamericanos son más proclives a destinar su patrimonio y ahorros a las empresas en general? ¿Acaso al resto del mundo no nos gusta que nuestro dinero trabaje para nosotros mismos? ¿Acaso las burbujas inmobiliarias no han afectado tanto o más a los norteamericanos que a los españoles? Las respuestas no son simples sino un cúmulo de factores que comforman esa diferencia entre una asignación financiera y la otra. Veamos algunos de esos motivos:

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La cultura financiera en la que crece la sociedad norteamericana es de tradición emprendedora y la mayoría de la población tiene claro que el único motor que mueve el país y que les puede llevar al bienestar es participar de una manera u otra de la creación de riqueza que consiguen las empresas. Bien como empleados buscando la progresión laboral jerárquica o bien como pequeños empresarios (franquiciados o con pequeños negocios personales). Poco más esperan financieramente de su Estado. En cambio en España y en buena parte del resto del mundo occidental existe una cultura empresarial menor, y una mayor confianza en las actividades laborales que dependen de los Estados, en general un poco menos liberales y un poco más intervencionistas que en USA.

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Otro aspecto que hace que los españoles seamos más proclives a acumular nuestro patrimonio en inmuebles que los norteamericanos es precisamente los disgustos que nos ha venido dando el sector financiero en las últimas décadas. Para nuestra banca, aún hoy en día, la volatilidad es el demonio del que recomiendan huír a sus clientes. Para ello les ofrecen todo tipo de productos y estructurados con la obsesión de reducir la volatilidad, concepto que erróneamente consideran sinónimo de riesgo. Y claro está, cuando se confunde volatilidad con riesgo resulta mucho más fácil para el sector bancario vender productos de baja volatilidad que de alta. ¿Qué cliente no tratará de evitar un producto de alta volatilidad si le hablan de alto riesgo?

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Por tanto la opinión generalizada de los ahorradores españoles es que es mucho más arriesgado invertir en bolsa que en productos bancarios menos volátiles o en inmuebles. Y aquí llegamos a la segunda derivada: ¿Cómo se han venido comportando los productos bancarios de baja volatilidad que ha vendido la banca en los últimos años? Pues en el mejor de los casos de manera mediocre, y en el peor se ha llegado al abuso o directamente a la sentencia judicial, como en el caso de las preferentes. Este final infeliz de muchos de los productos de baja volatilidad ha exacerbado la querencia de los inversores españoles hacia los inmuebles, llegando al los extremos en España que hemos visto en el gráfico: Casi un 90% en inmuebles y activos del propio negocio personal tipo autónomo, etc.

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El correcto equilibrio patrimonial debe moderar los inmuebles y potenciar la inversión financiera hasta niveles parecidos a los que vemos en los EE.UU. (no en balde es la sociedad con una riqueza y PIB per cápita líder del planeta). Las familias deben gozar de unas inversiones financieras que trabajen generando riqueza para su vejez, puesto que la pensión estatal no lo va a hacer suficientemente (y aún menos en España). Además el regulador norteamericano limita más y mejor al acceso de los inversores retail a productos estructurados y demás mandangas que vende la banca española impunemente a cualquier jubilado sin conocimientos financieros. Esta limitación de la venta en USA de los productos complejos a los clientes retail, también canaliza buena parte de esos pequeños ahorradores a fondos de renta variable normales y corrientes que temen menos la volatilidad y compran más la idea de invertir en empresas.

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¿Y los inmuebles? ¿Acaso no garantizan también una generación de rentas para nuestra vejez? La respuesta es afirmativa, pero con algunos riesgos añadidos que hay que destacar: Concentrando masivamente nuestro patrimonio en inmuebles estaremos a merced del riesgo geográfico, el riesgo de la economía local o riesgo país, y el riesgo de que el ciclo inmobiliario deje de sernos favorable cuando su crecimiento se sature. Por no hablar del riesgo de impago, mantenimientos o los impuestos crecientes que gravan a los propietarios de inmuebles. La diversificación y la libertad de movimientos que nos da la adquisición de acciones de buenas empresas de todo el mundo creando riqueza en los sectores y países más diversos del planeta, difícilmente la conseguiremos con la inversión inmobiliaria. Y la capacidad de adaptación y superación del mundo empresarial a sean cuales sean las circunstancias futuras de la economía en las próximas décadas, jamás la podrá tener el inerte ladrillo.

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Para acabar deciros que la característica común de los Clientes nuevos que nos llegan a Cluster Family Office siempre ha sido la sobrecarga de inmuebles en sus patrimonios. Una falta de diversificación que muchos pagaron caro con el estallido de la burbuja inmobiliaria después del 2007. Y una de las primeras gestiones que realizamos para los nuevos Clientes es la sustitución de inmuebles y alquileres por inversiones financieras a través de vehículos versátiles y fiscalmente eficientes. Éstas deben hacer que su dinero trabaje al servicio de la familia, bien sea mediante la generació de rentas alternativas a los alquileres comprando buenos fondos alternativos o bien buscando el crecimiento de las carteras comprando buenos fondos de acciones de todo el mundo. La volatilidad -que no riesgo- asumible por cada circunstancia familiar y profesional en la cartera financiera debe determinar la proporción de inversiones en acciones de empresas o bien en estrategias alternativas que generen rentas más estables.

¿Stop-loss en fondos de gestión activa?

Como decía Machado, sólo un necio confunde valor y precio. Desde el punto de vista del inversor a largo plazo, que compra acciones de buenas empresas a precios atractivos respecto a sus múltiplos de beneficios presentes y futuros, ya resultaría absurdo y temerario comprar y vender esas acciones a corto plazo sin asociar esas decisiones al valor de los respectivos negocios. Pero aún resultaría más absurdo realizar ese trading cortoplacista en una cartera de fondos de inversión de gestión activa, con carteras al libre albedrío de sus respectivos gestores, y pudiendo además el inversor establecer tentadoras órdenes de compras automáticas y de stop-loss (sic).

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Pues eso es lo que ofrece ING a sus clientes, con el consiguiente beneficio para el banco por este servicio obviamente. Pero como no es tan simple operativamente la compra-venta automática a un precio preestablecido de un fondo como el de una acción, lo que ofrecen a sus clientes es un servicio de «aviso» cuando la cotización del fondo toca el precio marcado. Será entonces cuando el cliente decidirá si firma o no una orden de compra-venta-traspaso de esos fondos, que por otra parte tardarán habitualmente un par de días en ejecutar. Ah, y lógicamente este «servicio» sólo está operativo para los fondos marca ING, favoreciendo así que todo quede en casa.

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Haciendo un repaso de lo que es la práctica de trading de acciones (con stop-loss incluídos), tenemos que decir que viene siendo el modus operandi habitual de los ahorradores menos qualificados como inversores. O sea de aquellos que se alejan de la inversión largoplacista mediante la compra de negocios cuya buena relación valor/precio conocen, y en cambio se aproximan a la mera apuesta en cualquier ticker que cotice, independientemente de la buena o mala marcha del negocio de la empresa cotizada. Incluso ajenos a si detrás de ese ticker hay unas perspectivas y una valoración ajustada de negocio empresarial, una materia prima, un índice o cualquier derivado. A la mayoría les basta que tenga un ticker o un precio de cotización cambiante al que apostar más o menos frenéticamente, vistiendo esta práctica convenientemente -eso sí- con todo tipo de cursos de trading, análisis técnicos y macros que maquillen la ludopatía con una pátina de inversión experta.

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Sin embargo, generalmente un inversor que conozca bien el valor de las empresas que tiene en cartera, tendrá más interés en comprarlas cuanto más baje el precio de sus acciones . Y por el contrario, cuanto más caras estén las acciones respecto al valor de la empresa, más interés tendrá en venderlas. En cambio, el trading cortoplacista de acciones está asociado a ignorar completamente el valor real de la empresa. Por eso el análisis técnico y demás métodos de trading suelen recomendar comprar acciones cuando los precios suben y venderlas cuando bajan. (Aquí cabría hacer la salvedad de escasísimos hedge funds de gestión cuantitativa que están ganando dinero desde hace dácadas, pero serían la excepción que confirma la regla y sólo accesibles para inversores bien informados y con capitales superiores a los 300.000′- euros.)

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Como decíamos, rizando el rizo de lo absurdo, ING tienta ahora a sus clientes para que realicen esta práctica del trading también en sus carteras de fondos de gestión activa. Recordemos que la gestión activa se llama así porque el gestor de cada uno de los fondos toma decisiones activamente comprando y vendiendo acciones o bonos. A partir de ahí, el valor liquidativo del fondo será la cotización -usualmente- diaria de toda la cartera a precio de mercado, una vez deducidas las comisiones y gastos de la propia gestión activa y del fondo (sobre la gestión activa y pasiva os interesará el artículo que recientemente Cluster Family Office hemos publicado en la web de COBAS AM, la gestora de Francisco García Paramés: «Gestión Pasiva, Gestión Activa»). Por tanto, aún tiene menos sentido que el ahorrador tome decisiones de compra o venta del fondo cuando, no sólo ignora el valor de los negocios comprados, sino que ni siquiera sabe qué negocios ha comprado y vendido diariamente el gestor de dicho fondo o la liquidez que acumula. Tampoco le permitiría beneficiarse de una de las claves de la inversión que todo gestor value trata de conseguir: comprar barato y vender caro, puesto que ese trading y sus stop-loss desvirtuarían por completo una buena gestión activa. Además, como el trading de fondos es una absurda y rara práctica, el ahorrador ni siquiera tendría la posibilidad de beneficiarse de la profecía autocuplida que en algunas ocasiones ofrece el análisi técnico.

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En definitiva, una estrategia más fruto del brainstorming del maquiavélico departamento de marketing de turno, cuya prioridad jamás ha sido ni será el beneficio del Cliente sino el de la propia entidad financiera. Más madera para alejar a los ahorradores del buen camino de la inversión.

 

Colaboración de Cluster Family Office con el blog de Cobas AM.

Tenemos el placer de anunciaros que hemos iniciado una colaboración con la gestora Cobas AM, del archiconocido Francisco García Paramés, para contribuir con nuestros artículos a su blog. Recientemente hemos publicado en dicho blog de Cobas AM el post que copiamos a continuación, titulado «Gestión pasiva, gestión activa«.

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Aquí tenéis también el enlace original del artículo en la web de Cobas.

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Sabemos que cada día fluye más dinero hacia ETFs, gestiones pasivas y cuantitativas (con o sin AI) de carteras. Ese incremento del volumen en la gestión pasiva reduce la eficiencia de los mercados, lo cual permite a los Inversores (en mayúsculas) aprovecharse de esas ineficiencias y encontrar valor a buen precio. Es decir, afortunadamente, la mayoría de los que compran y venden en los Mercados no buscan valor sino beneficios (sic), que suelen encontrar de manera cíclica y temeraria entre pérdida y pérdida. No buscan buenos negocios que comprar, sino tickers ganadores a los que apostar. Y para ello utilizan efímeras bolas de cristal que desechan una tras otra en cuanto el futuro las va dejando en evidencia.

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Además, las gestiones activas no consiguen superar a los Mercados en más de 8 de cada 10 casos. Y dicha nefasta estadística empeora aún más en cuanto alargamos el periodo de inversión. Todo ello contribuye a aumentar las ineficiencias en los mercados, de las que un buen gestor “value” (haberlos haylos) se aprovecha a lo largo del tiempo. La clave para el inversor es obvia, saber elegir ese escaso porcentaje de gestores activos que superan a sus índices de referencia de manera clara y sostenida a lo largo de los años.

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Luego, entre ese escaso porcentaje de gestores activos brillantes, podemos seleccionar matices, según el gusto o circunstancias del inversor: Deep value, value, long only, L/S long bias, etc… Pero siempre superando a sus índices con carteras y gestores relativamente concentradas y locales, ya que la diversificación y la distancia son inversamente proporcionales al conocimiento de los negocios en los que se está invirtiendo.

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Ese conocimiento exhaustivo de los negocios en los que se invierte, es la base sobre la que se asientan los resultados a lo largo de los años. Y para ello no basta con estudiar los balances contables publicados periódicamente por las empresas (muchos gestores activos suelen limitarse a eso, a lo sumo). Hay que viajar, conocer in situ las compañías, sus directivos, instalaciones, proveedores, empresas de la competencia, mercado y clientes locales, etc.

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Por eso hace ya décadas nos dimos cuenta de que, como inversores y gestores de patrimonio propio y de clientes, seríamos muchísimo más eficientes especializándonos en la selección de gestores y fondos que en la selección de acciones en las que invertir. Porque por mucha capacidad que tenga nuestro equipo, es imposible alcanzar el grado de conocimiento de las mismas que tienen estos selectos gestores, cuyos equipos viajan constantemente visitando personalmente a directivos e instalaciones corporativas durante todo el año.

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Este selecto grupo de gestores estrella que brillan por encima de los demás desde hace décadas, disponen en sus gestoras de equipos de docenas de analistas, incluso algunos con aviones privados que les permiten visitar personalmente y de forma continua las empresas y los equipos directivos en los que invierten su dinero y el de sus inversores. Así contrastan regularmente sus planes de negocio, estrategias futuras y todo tipo de decisiones corporativas, que van infinitamente más allá del estudio concienzudo de los balances que realizan en los headquarters de las gestoras.

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Para que los lectores tengan un ejemplo de la dimensión de lo que estamos comentando, una determinada gestora que tenemos en nuestras carteras, realizó el pasado año 2.200 visitas presenciales a distintas empresas (llamadas telefónicas aparte). Esto, como rutina habitual en su labor de prospección y estudio exhaustivo de los negocios de los que son o pueden ser socios a través de sus fondos de inversión. A continuación, podéis ver una muestra de rendimientos de fondos donde sus gestores “value” vienen consiguiento extraordinarios alphas, de manera consistentemente a lo largo de más de una década, en mercados extremos como Rusia o China (donde han venido encontrando lógicamente mayores ineficiencias y volatilidades aprovechables que en mercados completamente desarrollados):

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Pero la dificultad de encontrar estos gestores en el mar de la gestión activa, que suele vender la banca privada, es lo que lleva a muchos inversores a arrojarse en brazos de la gestión pasiva, cansados de pagar comisiones de gestión para ni siquiera igualar el índice de referencia. Lamentablemente es muy difícil encontrar buenos selectores de fondos en el sector financiero, cuyos catálogos de ventas se limitan a los fondos registrados en la CNMV que les retribuyen jugosas comisiones, pero con escaso histórico y equipos de gestión tan cambiantes como anónimos.

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Por suerte, los fondos de autor, con equipos estables con nombres y apellidos e históricos de más de 10 años, aún ponen foco en resultados, mejorando a los índices, ETFs y ETFs semi-pasivos o fundamentales, de manera consistente y sostenida.

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El correcto análisis y valoración de empresas es, y debe ser, todo un arte. Y artistas, haberlos haylos, y son la razón de ser del buen selector de fondos.

Nota: La tabla con los rendimientos del fondo de China no aparecen en el artículo de la web de Cobas porque su visibilidad no era compatible con el sistema operativo para móviles.

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Adaptando nuestras inversiones a la Nueva Era económica.

El principio del fin de la burbuja de deuda… y sus consecuencias.

Adaptando nuestras inversiones a la nueva era económica.

A nadie se le debería escapar que el mundo de las finanzas y las inversiones que conocíamos antes de la crisis de deuda -hace ya una década- era bien distinto. En aquel entonces bastaba con invertir en buenas compañías cotizadas a buen precio (renta variable) para aquellos que buscaban rendimientos razonables a largo plazo. Y toda la parte del capital no tolerante a la alta volatilidad bastaba con «aparcarla» en renta fija sentándose en bonos de emisores desarrollados que pagaban algún punto por encima del precio del dinero, aunque no siempre de la inflación real. Y es que por aquel entonces el dinero tenía un precio razonable, y por tanto todo el mundo que lo pedía prestado debía hacer un muy buen uso de él si quería amortizar ese coste y no pillarse los dedos en aventuras ineficientes.

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Hace unos 7-8 años, después del reventón de la burbuja inmobiliaria y de deuda, los bancos centrales comenzaron a desvirtuarlo todo regando con dinero nuevo el Mundo. Y el dinero gratis no sólo genera su uso ineficiente, premiando a quienes deben más y son menos competitivos, sino también penalizando a quienes lo tienen. Es la selva donde impera la ley del más fuerte, y con la burbuja de deuda del 2007 que todavía arrastramos, la ley que ha imperado es la del deudor.

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Desgraciadamente la mayoría de inversores -y por tanto acreedores del universo deudor- no se han percatado del radical cambio en las reglas de juego que han impuesto los bancos centrales con la excusa de «salvar el sistema financiero». Y siguen invirtiendo su dinero bajo las reglas antiguas y directrices de banqueros y asesores obsoletos: En bolsa la parte que soporta volatilidad y en renta fija la que no la soporta.

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En cuanto a la bolsa, no son conscientes que la mayoría de empresas cotizadas tienen desde hace una década acceso a dinero gratis, y que ello permite la supervivencia de empresas ineficientes que deberían extinguirse en condiciones normales de precio del dinero. Esto les lleva a encontrar infinidad de compañías en mal estado, en muy mal estado y cotizando caras, muy caras. Pero el inversor inconsciente sigue comprando fondos de inversión de renta variable mediocres (como siempre hizo con resultados aceptables), pensando erróneamente que los gestores de esos fondos sabrán discriminar las compañías interesantes de las que no lo son. Al igual que ocurre en un concurso de pesca cuando el lago está repleto de peces (buenas compañías en un entorno económico con dinero a un precio justo), donde tanto los buenos pescadores como los no tan buenos consiguen un botín aceptable. ¿Pero qué pasa si el concurso de pesca se realiza en un lugar donde las aguas están contaminadas y los peces escasean? Ahí los pescadores mediocres se quedarán a dos velas, y si se quiere cenar pescado todas las noches, habrá que confiar sólo en los mejores pescadores del lugar y contentarse con piezas más modestas que antaño, cuando las aguas eran cristalinas y rebosantes de vida.

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Esta es la situación actual para los inversores en bolsa. Sólo conseguirán rendimientos aceptables si confían en los mejores gestores que saben seleccionar las escasas buenas empresas a buenos precios en las contaminadas aguas de bolsas caras y compañías ineficientes e insanas.

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Si os deprime este escenario lamento anunciaros que lo que ocurre con la renta fija es aún mucho peor. Los tipos a cero o negativos y la intervención de los principales bancos centrales de todo el mundo, con sus facilidades cuantitativas jamás vistas en toda la Historia económica de la humanidad, han convertido la renta fija en un vertedero de deuda del que solo se puede salir apestado y herido. La mayoría de la deuda en circulación es insolvente -consecuencia directa del dinero gratis- y además cotiza a precios estratosféricos, aplastando su rentabilidad hasta niveles ridículamente bajos o incluso negativos si existe cierta solvencia en su emisor. No hay forma de invertir en renta fija tradicional sin asumir un riesgo de pérdidas permanentes, es decir no recuperables en menos de 5-7 años sin ayuda de la inflación. Como ya dijimos en «El Silencio de los Conservadores» el pasado año, los inversores tradicionalmente conservadores están asumiendo unos riesgos que ni se imaginan. Muchos han seguido las directrices de gestores y asesores que simplemente no conocen alternativas conservadoras más allá de la tradicional renta fija. Otros sin embargo, sabedores del riesgo de insolvencia global, han seguido comprando los activos subvencionados directa o indirectamente por los bancos centrales por miedo a ir a contracorriente, a llevarle la contraria a quienes tienen el poder de fabricar dinero. Todos ellos han asumido, y están asumiendo un riesgo fundamental que combina insolvencia con (in)decisiones políticas. Es cierto que hasta hoy la apuesta les ha salido bien, ya que los bonos de países y empresas insolventes han subido de precio hasta niveles aberrantes. Y ello les ha supuesto unos beneficios adicionales a los cupones, que religiosamente los bancos centrales se han encargado de que puedan pagar. Pero este perfil inversor, que navega a la deriva de las corrientes de bancos centrales y del Mercado en general, no se puede calificar de conservador por el simple hecho de no invertir en la volátil bolsa y haber salido airosos hasta el día de hoy. La menor volatilidad de la renta fija tradicional no implica un menor riesgo, demostrando una vez más que volatilidad y riesgo son conceptos muy distintos, aunque buena parte del sector financiero los confunda.

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Es cierto que llevamos en esta situación ya varios años y que los temerarios inversores de renta fija tradicional y bolsas caras han obtenido rendimientos razonables y escasos disgustos hasta la fecha. Pero no debemos confundir apuestas, que temporalmente pueden ser ganadoras, con inversiones para hacer progresar nuestros patrimonios a largo plazo, sin pérdidas permanentes en el camino.

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La adaptación de nuestras inversiones a la nueva era de la renta variable no es fácil sin el asesoramiento adecuado. El inversor debe afinar más que nunca la selección de gestores de fondos de inversión internacional y abarcar mercados más exóticos donde el crecimiento económico aún tiene mucho recorrido (lo cual es más fácil decirlo que hacerlo). Haberlos haylos comercializados en España, pero no en el banco de la esquina, desgraciadamente, y el abanico es muy escaso. Por otro lado, adaptar nuestras inversiones en renta no variable, o sea el equivalente de la tradicional renta fija, es todavía mucho más complicado: Hay que escarbar en estrategias muy diversas y fondos de cobertura que no se comercializan en España, ni en la mayoría de casos tan siquiera en formato UCITs. Hay que ir a buscarlos en bancos internacionales y suscribirlos desde vehículos de inversión personales que sólo son accesibles para inversores bien informados y de tamaño medio o institucional (a partir de 300.ooo o 400.000 eur).

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Esta dificultad para adaptar las inversiones de los pequeños ahorradores a la nueva era, es una injusticia que los condena a dejar sus 50 o 100 mil euros en el banco de la esquina, asumiendo riesgos enormes en los próximos años. Es decir, los condena a comprar los productos y fondos que les vende la banca comercial, invirtiendo en compañías caras e ineficientes a través de gestores de fondos de renta variable mediocres, e invirtiendo en bonos y fondos de renta fija repletos de papel mojado caro e insolvente como jamás se ha visto en la historia de las finanzas. Lamentable e injusto, pero son pasto inevitable de las pérdidas permanentes que vendrán en los próximos años.

Prácticas desesperadas de la banca en apuros.

Como todo animal herido, un banco puede ser peligroso. Más peligroso de lo habitual, queremos decir. Y es que el ejército de empleados de banca suelen ejecutar las órdenes de sus mandos sin rechistar, bien sea por despreocupación ética; bien por la codicia de progresar en el organigrama del banco; bien por mero instinto de supervivencia como empleado que no puede permitirse el lujo de ser despedido; o bien por un tristísimo mix de las tres cosas.

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Hoy os traemos un ejemplo real de lo que ha venido siendo capaz de hacer un banco español como el B. Popular, en los últimos meses de su existencia, antes de ser «vendido» por 1 EUR a casi el único que podía hacerse cargo de semejante agujero.

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Los hechos que vamos a contar a continuación se perpetraron, como siempre, contra un pequeño cliente inexperto, que en este caso solicitó un crédito para iniciar su pequeño negocio. Estamos hablando de unos 100.000′- eur de crédito, para la aprobación del cual el banco solicitó al cliente todos los datos personales y financieros del negocio necesarios. Hasta aquí todo normal. El empleado del banco, amiguete suyo (cómo no), le dió muchas esperanzas de la aprobación del crédito puesto que su historial personal era bueno y el negocio viable, por lo que el cliente comenzó a poner en marcha su negocio a pesar de no tener la luz verde definitiva.

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La sorpresa llegó al cabo de unas semanas, cuando el amiguete/director de la oficina le confirmó la mala noticia que los retrasos ya hacían sospechar: Su crédito no iba a ser aprobado a pesar de cumplir con los requisitos razonables habituales. «Órdenes de arriba…» En ese momento el problema para el cliente era enorme, ya que debería recurrir a toda prisa a otra entidad para financiarse y cumplir con los compromisos que había adquirido ya con su negocio incipiente. Además debía comenzar de cero todo el expediente bancario de solicitud de crédito con banqueros desconocidos (no amiguetes), y sin ninguna garantía de que en esa otra entidad el proceso no acabase también denegado. Los nervios y el insomnio se apoderaron del cliente y de su familia esa primera noche, como es lógico.

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Al día siguiente el director-amiguete de la oficina les volvió a citar y les dijo que había una posibilidad de conseguir la aprobación bajo «ciertas condiciones que os contaré cuando vengáis». El cliente lo comentó con su pareja notablemente aliviado y coincidieron en que cabía esperar un endurecimiento de las condiciones del crédito en esa próxima cita con el banquero. Inmediatamente sacaron el portátil y junto con su pareja comenzaron a recalcular el business plan en previsión de un aumento del tipo de interés, una reducción del importe de préstamo hasta sólo 75.000 eur y también un menor plazo de devolución. Con los deberes hechos, y asumidas por la pareja y su negocio esas nuevas lineas rojas soportables se dirigieron esperanzados a la cita con el director.

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La sopresa vino cuando su director-amiguete les dijo que para que su expediente pudiera ser aprobado, el préstamo no podría hacerse por un importe de 100.000, ni de 75.000 eur, sino que debería hacerse por el alucinante importe de 150.000 eur! -¿Cómo es posible? El banco nos quiere prestar más dinero del que necesitamos para nuestro negocio?- preguntó la pareja. Así es -respondió el director- pero con la condición de que ese excedente de 50.000 eur lo utilicéis para comprar acciones de nuestro banco. Si no aceptáis estas condiciones, desgraciadamente no habrá aprobación de ningún crédito.-

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De todos es conocido que unos meses después el B. Santander tuvo que inyectar 13.000 millones de euros el mismo día en que «compró» el banco técnicamente por 1 euro, y que las acciones del Popular se fueron a valor cero ipso-facto. Pero la perversión y precariedad del sistema financiero español es tal, que la banca en apuros prefiere huír hacia adelante prestando de más a clientes, sabiendo positivamente que ese dinero va a ser tirado a un pozo sin fondo. Y sabiendo además que esa sobrefinanciación diabólica condena a un cliente solvente a la insolvencia y va a ser de casi imposible devolución.

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Ya no estamos hablando de prestar descuidadamente a clientes financiando sus dudosos negocios, como ocurrió con los créditos a promotores/constructores durante la burbuja inmobiliaria, no. Esto es pura y llanamente coaccionar a clientes con dinero no solicitado para que financien a la propia entidad bancaria desahuciada, con el fin de mantenerla en pie unos meses, semanas o días más. ¿A quién le importa si en el camino se cometen delitos y se arruina la vida de emprendedores que sostienen el País con sus impuestos? Lamentablemente parece que a nadie, al menos a nadie próximo al poder y al sistema financiero le importa. Por cierto, los protagonistas de esta historia firmaron la operación mientras su amiguete banquero les decía que con un poco de suerte, las acciones subirían, ya que «están muy baratas», y podrían así devolver más cómodamente su crédito. Obviamente perdieron prácticamente 50.000 eur, que deberán devolver religiosamente, junto con los otros 100.000 eur, asfixiando lo indecible su incipiente negocio y sus vidas.

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Algunos diréis que eso le ocurre a quien elige mal los bancos con los que trabajar. Es cierto que la mayor parte de la banca española tiene un riesgo mayor que la de otras latitudes más solventes. Y no sólo financiarse, sino sobre todo invertir a través bancos españoles se paga con la correspondiente prima de riesgo (la que hace que aquí aún se pague en positivo un depósito mientras los más solventes cobran por ello). Pero para el pequeño empresario/inversor resulta casi imposible conseguir créditos en bancos externos más solventes, y está condenado a financiarse e invertir en el banco herido de la esquina. El problema es que un animal peligroso, si herido, es doblemente letal.

Banco Popular: In extremis.

Otra vez se ha rozado el desastre. Y en el último minuto las presiones inconfesables del Gobierno han conseguido que el Banco Santander se haga cargo del agujero descomunal que supone el Banco Popular. Antes de llegar hasta aquí, por supuesto, se ha ampliado capital con dinero de incautos nuevos accionistas, bonistas y cualquier otro ingenuo que haya creído en la imagen de seguridad y solvencia de personajes como los que suelen utilizar los publicistas.

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https://youtu.be/xD_4thIw1FQ

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La mayoría de personajes del deporte, acostumbrados a vender su imagen para publicidad, lo hacen al mejor postor sin importarles un pimiento si con ello están vendiendo más zapatillas deportivas o contribuyendo a acabar con los ahorros de humildes familias, que creen que lo que les dice Pau Gasol es de fiar. Es difícil repartir culpas en su justa medida. ¿Quién es más culpable de que los pequeños ahorradores pierdan su dinero en estas operaciones de rescate bancario? ¿El responsable del banco, que está ampliando capital o saliendo a bolsa (Bankia) sabiendo perfectamente que los inversores a los que está engañando van a perder buena parte de sus ahorros? ¿El regulador (BdE) que lo permite, conocedor también de la situación crítica de esos balances? ¿El personaje que vende su imagen de credibilidad para convencer a quienes sin ella no confiarían en esa entidad su dinero? ¿El empleado de banca que miente vilmente a todas las presas que se sientan ante su mesa durante la campaña agresiva de captación de inversión? ¿El propio inversor con su cócktail explosivo de ignorancia y codicia? Como diría el refrán, entre todos la estafaron y ella sola se arruinó

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Para no ser hipócritas, cabe hacer otra reflexión. Si el destino final de un banco quebrado es el rescate con dinero público (bail-in), o sea más deuda que tendrá que ser pagada con aumentos de nuestros impuestos presentes y futuros, todo euro de inversor privado que capte la entidad -en connivencia con consejero delegado, regulador, empleado, o publicista- será un euro menos que tendremos que aportar los que no hayamos sido engañados por toda esa banda. Por tanto, dejando la ética a un lado, si otros ingenuos tapan un poco el agujero con sus ahorros, menos nos tocará tapar al resto con nuestros impuestos. Una selva político-financiera vomitiva en toda regla, desde luego.

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En el caso del B. Popular, el desastre ha rozado el larguero y sólo ha afectado a priori a los inversores que confiaron en la entidad como accionistas y a los bonistas subordinados y preferentistas, mientras que los depositantes y el resto de contribuyentes, por esta vez, parece que nos salvamos de otro bail-in bancario. Pero la pregunta del millón es ¿a cambio de qué? ¿Qué le ha prometido el Gobierno a los Botín para que se traguen tal sapo? Probablemente jamás lo sepamos y quedará, como el resto de rescates y «reordenamientos» bancarios, indescifrablemente diluído en las declaraciones de impuestos que pagarán durante toda su vida nuestros hijos, nietos y biznietos.

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El rescate corporativo del Popular no es más que otro síntoma del invierno que llega. Esta vez la explosión ha sido controlada y disimulada bajo la alfombra del Santander, que hoy es al menos 7.000 millones de euros menos solvente. Pero los persistentes tipos a cero ya puden grabar otra muesca en su empuñadura de entidades financieras bajo tierra. El problema es que cuando Alemania no aguante más inflación y decida subir tipos, los del sur vamos a necesitar otro banco central que nos los mantenga a cero. Entonces nuestros bancos y nuestros precios podrán levantar cabeza tímidamente, pero nuestras cuentas corrientes y activos del sur serán cotizados con un valor inferior a los del norte.