A lo largo de nuestras vidas hay momentos en los que nos toca sufrir situaciones no deseadas como un despido, una separación, un nuevo ambiente laboral, que ponen a prueba nuestra capacidad de sacrificio y superación. Estas travesías en el desierto son duros viajes que nos enfrentan no sólo con el entorno que nos rodea, sino también con nosotros mismos, pero que tienen una luz al final del túnel, una salida para el que supera las adversidades y logra llegar a la meta.
Durante el trayecto, el viajero tiene que superar multitud de escollos, pasará hambre, sufrirá por encontrar agua, se helará por las noches, el sol abrasador del día terminará por agotarlo… pero los oasis le ayudarán a no languidecer y renovarán sus energías.
El vencimiento, al fin, es cuestión de fe en uno mismo y en unos valores que lo ayuden a uno a soportar lo que se le ha venido encima: orden, disciplina, capacidad de sufrimiento, saber esperar y saber continuar.
Es bueno atravesar un desierto, o varios, a lo largo de la vida. Las dificultades pasadas dieron tiempo a pensar, a conocerse a uno mismo en profundidad, y lo que es más importante, a superarse con cada nuevo reto y acabar venciendo.
Me gustaría usar este texto como analogía del periodo que nos va a tocar sufrir en España. Hasta hace bien poco sacábamos pecho y nos creíamos a la cabeza de Europa con esos crecimientos espectaculares del 4-5% frente a los míseros 1-2% de Francia o Alemania, pero de repente, como si de un sueño se hubiese tratado, nos hemos despertado y sólo vemos una vasta extensión de arena a nuestro alrededor, un enorme desierto del que será difícil salir, pero no imposible. Algunos, los que están cerca de los oasis, aún siguen pensando que todo es perfecto.
España debe mentalizarse de que los años venideros van a ser duros, agudizados por nuestra baja productividad y por la muerte de los dos modelos en los que se sustentó el crecimiento en la pasada década, el turismo y la construcción. Sólo aceptando que los modelos del pasado fueron incorrectos podremos sentar las bases para que nuevos crecimientos futuros tengan lugar.
Tomemos como ejemplo el caso de Italia, por ser prima hermana nuestra, aunque juegue en otra liga. Italia tiene un poder exportador del que carece España, no en vano se sitúa entre las 8 potencias mundiales exportadoras, aunque su balanza comercial sea también negativa. Las mayores exportaciones italianas las podemos situar en los campos del motor, la industria petroquímica, la armamentística o la eléctrica, pero, sin duda, lo que proporciona a Italia una ventaja respecto de España son sus industrias clave, aquellas mundialmente conocidas y que gozan de prestigio a nivel internacional como son la industria alimentaria, la industria de la moda y la industria de coches de lujo. En este caso el Made in Italy la dota de un seguro de vida frente a posibles competidores y salvavidas en una época como la actual.
España, por contra, aún teniendo unos embutidos exquisitos, unos vinos que hacen gozar a cualquier paladar, unos quesos o aceites que recogen premios mundialmente (aquí siempre fuimos muy aficionados al buen comer), no consigue que sus productos sean vendidos en establecimientos corrientes de medio mundo, como sí sucede con los italianos. Da rabia estar en un restaurante de nivel medio en el extranjero, hojear la carta de vinos y observar cómo, entre la cantidad de botellas italianas, francesas, californianas y australianas, apenas hay un par procedentes de España, y a veces ni siquiera eso. Y éste es sólo un triste ejemplo de la escasa fuerza del Made in Spain.
España tiene que aprovechar esta dura época que se avecina para sentar las bases de un crecimiento futuro, hacer una apuesta clara por algunos sectores con los que se puedan lograr ventajas competitivas (como las tiene Italia actualmente) en el futuro. Si ésta travesía en el desierto no nos sirve para abrir los ojos, conocernos en profundidad e intentar superarnos en el futuro, el crecimiento español estará abocado a la presencia de burbujas de distintas índoles que cada vez que se pinchen no harán sino hundirnos más en las arenas movedizas del estancamiento y la recesión.
Lo primero que quiero deciros es que lamento la extensión de este artículo que podríamos haber dividido en al menos dos partes, pero creo que será más claro y conveniente si lo leemos de un tirón que tener que releer la primera parte cuando se publique la segunda. Allá va, pues, el artículo completo:
Últimamente estamos detectando a través de nuestras entrevistas con potenciales nuevos Clientes, una mentalidad difícilmente compatible con una perspectiva de recesión y depresión como la que tenemos ante nosotros. Muchas familias e inversores están convencidos de que no es momento para vender sus inmuebles en España, de aflorar sus pérdidas en renta variable o de vender por debajo de la par acciones preferentes y estructurados varios que les vendieron aquí y allá.
Esta estrategia, si se le puede llamar así, es la que se solía adoptar en periodos de corrección de mercados, donde un mercado alcista venía seguido de otro bajista en el peor de los casos. Cuando los ciclos se sucedían con una irregularidad conocida y en un entorno expansivo y de crecimiento de las economías prácticamente continuado desde la II Guerra Mundial. En aquellos ecenarios, a los inversores más pasivos y menos ágiles les bastaba con atrincherarse durante estas correcciones cíclicas y esperar tiempos mejores para recuperar el crecimiento patrimonial perdido temporalmente, promediando a largo plazo una progresión alcista de sus activos inmobiliarios y/o financieros. Sólo los que daban bandazos estratégicos inconexos en su política inversora podían sufrir pérdidas importantes en sus patrimonios a largo plazo, y a éstos los bautizamos ya en algún artículo anterior como «pierdoaquimevoyallá«. Unos y otros venían enfrentandose con diverso éxito a un entorno cíclico, cambiante pero conocido.
Sin embargo el escenario actual es recesivo y creemos que estamos ante una larga depresión global. Por tanto los ciclos difícilmente pueden repetirse tal y como los veníamos adaptando a nuestros patrimonios. Como ya hemos dicho anteriormente, estamos ante un orden desconocido al que de momento sólo le podemos llamar caos. Como anécdota os contaré que un amigo de avanzada edad y multimillonario nos comentaba hace unas semanas: «Con cada crisis he disfrutado y he ganado mucho dinero. Cuando peor estaban las cosas, más y mejores negocios he hecho y más he disfrutado. Pero ésta, chico, por más vueltas que le doy… ¡no sé por dónde coño cogerla!»
En ese escenario depresivo, hoy por hoy sólo tenemos una referencia: Japón. Una economía donde los inmuebles no han dejado de bajar de precio y cuyo índice bursátil ha descendido desde casi los 40.000 puntos hasta los 8.000 durante dos décadas. Hoy las mayores empresas de ese país cotizan en bolsa a los mismos precios que 25 años atrás. Toda una vida inversora, sin duda.
La pregunta que cabría hacerse es: ¿Los occidentales vamos a sufrir una recesión tan grave como la japonesa? No, peor. Espero con todas mis fuerzas equivocarme, pero la capacidad de sacrificio y producción de la sociedad japonesa está a años luz de la de occidente, especialmente de la latina. La Eurosclerosis es endémica, y afrontar con esta y otras graves patologías productivas una Great Depression, the big one es como intentar correr una maratón con anemia. Por eso pensamos, tal y como dijimos en USA vs Europa, que el timing de la recuperación, o mejor dicho, la travesía del desierto va a ser ligeramente menos dramática para los EE.UU. que para Europa, aunque muy penosa en ambos casos.
Por lo tanto, aunque nuestro anclaje en Disneylandia no nos permita aceptar una realidad tan cruda y unas perspectivas tan prolongadamente negativas, la estrategia de mantener los inmuebles y las carteras de RV, estructurados y preferentes con graves afectaciones en sus cotizaciones puede ser la puntilla que le faltaba a nuestro patrimonio para claudicar ante el multicrack global que estamos sufriendo.
No existe bienestar social que pueda soportar el escenario actual de crisis inmobiliaria, bursátil, energética, de crédito y liquidez global. Por lo tanto, si nos centramos en el valor inmobiliario, no mal vender en la actualidad, probablemente suponga vender peor en el futuro. Desde nuestra perspectiva profesional vemos a diario como aumenta vertiginosamente el número de propietarios de inmuebles que, a pesar de no considerar el momento como apropiado para vender, no tienen más remedio que colocar sus propiedades en el mercado. Es cierto que muchos todavía no tienen esa necesidad porque sus economías son todavía holgadas. Para algunos les quedan sólo semanas, para otros meses, incluso años, pero para la inmensa mayoría de propietarios de inmuebles no es más que una fatal cuenta atrás. Los ingresos empresariales y/o laborales se revisarán a la baja en mayor o menor medida en este escenario de crisis, y las rentabilizaciones mediante alquileres que ayuden a pagar las hipotecas pendientes también se están viendo y se verán muy perjudicados con la crisis social que hoy tan sólo se inicia. El resultado será implacable en los próximos años: Millones y millones de multipropietarios se verán obligados a poner en el mercado inmuebles en venta, de forma paulatina y masiva. Y cuando la oferta aumenta, los precios sólo pueden ir en una dirección, pocas cosas son tan seguras en este mundo económico. Por tanto la recuperación de precios inmobiliarios no sólo está muy lejos sino que muy probablemente sigan perdiendo valor durante muchos años, tal y como nos evidencia nuestro único referente recesionista nipón. En este punto volvemos a recordar la frase: No malvender hoy puede obligarnos a vender peor en el futuro, ya que nuestra vida inversora no es inmortal ni el patrimonio de la mayoría de multipropietarios suficientemente gigante como para soportar en la trinchera una Gran Depresión, the big one. Pero no estamos proponiendo que los inversores se queden sin inmuebles, ya que no concebimos hoy por hoy un patrimonio equilibrado sin ellos, sino que deberíamos deslocalizar nuestras inversiones inmobiliarias hacia zonas con mejores perspectivas que las españolas o incluso las europeas, tanto las especulativas como los blindajes de patrimonio en inmuebles prime.
En cuanto al patrimonio financiero arriesgado en RV, estructurados o preferentes perjudicadas, podemos decir algo parecido, pero con la salvedad de que los mercados de variable son mucho más impredecibles. Los flujos especulatorios pueden volver a los mercados de RV mucho antes que a los inmobiliarios. Aunque sea de forma irracional, temporal y en un escenario recesivo. No obstante si volvemos a mirar hacia nuestro único referente veremos un gráfico histórico del Nikkei escalofriante, especialmente en este final de 2008.
En cuanto a las acciones preferentes compradas (y vendidas) como renta fija cuya cotización se ha visto tan perjudicada como la mismísima RV, a nuestro entender son la gran incógnita. No tenemos ningún referente anterior de una crisis crediticia de este calibre. Muchos inversores compraron estas emisiones de preferentes y perpetuas antes del estallido de la crisis de crédito casi a la par, como alternativa de inversión (o directamente confundiéndolas) a los bonos con vencimiento, por tan sólo unas décimas más de rendimiento anual. Después del mes de Agosto 2007, algunos incluso han venido especulando con las abultadas caídas de estas emisiones perpetuas, como si de una cotización de variable se tratase. Algo jamás visto, aunque no por ello necesariamente desaconsejable si se tiene bien presente que el riesgo implícito en esta práctica es de imposible calibración, dado que jamás habíamos visto semejante colapso en la financiación corporativa ni bancaria. Muchos de estos inversores, tanto los que compraron antes del estallido de la crisis crediticia casi a la par, como los que lo han venido haciendo de forma especulativa después, ni siquiera lo han hecho comprendiendo bien sus infinitas variables respecto a la letra pequeña ni las circunstancias de cada emisión (acumulables, callables, subordinadas, posición y valor ante un credit event, relación del emisor real con la entidad subyacente, etc.). Precisamente estas variables menospreciadas habitualmente en tiempos de bonanza y confundidas con un simple bono con vencimiento (además de otras variables más oscuras e imponderables), están suponiendo la radical diferencia en plena crisis de crédito entre una deuda corporativa sólida, un vehículo de inversión especulativo o un puro papel mojado. Sólo el tiempo dirá, está diciendo, cuál es cuál.
Cuando escuchamos las explicaciones que nos dan algunos potenciales clientes respecto a la inoportunidad de salir ahora de los mercados mencionados (RV, estructurados varios o deuda perpetua o acciones preferentes), nos parece oir las mismas palabras pronunciadas por sus respectivos gestores de banca. Son sus mismos discursos que repiten hasta la saciedad a todos sus clientes desde hace ya algunos meses. De 8h a 14h, de lunes a viernes, y sábados alternos. «Ahora no es momento de realizar pérdidas puesto que serían muy cuantiosas», «estamos ya tocando fondo», «ahora es momento de comprar más y mejores acciones (estructurados o emisiones) muy baratas» y otros tópicos por el estilo.
Lo curioso es que en épocas alcistas nos decían: «ahora no es momento de realizar beneficios puesto que la fiscalidad de las plusvalías sería muy costosa», «ahora es momento de comprar más y mejores acciones (estructurados o emisiones) con muy buenas expectativas» y otros tópicos por el estilo acompañados además por resultados históricos que reflejaban el símbolo del € en nuestras dilatadas pupilas.
O sea que los banqueros y asesores «gratuitos» en general, nunca nos recomiendan que salgamos del mercado. De ninguno, jamás. Obviamente salir supondría un lucro cesante para dichos asesores que no están dispuestos a sufrir. Ellos no. A lo sumo, en un arranque de ética que no debe servir de precedente podríamos oir algo parecido a: «Wait & see…BUT WAIT INSIDE!», eso sí, en un correcto, amigable y paternalista castellano, es decir: «Ni se te ocurra vender con esas minusvalías que estamos en el peor momento, trae más pasta que está todo muy barato»,«Hazme caso que yo esto ya lo he vivido otras veces». Dicho por alguien con corbata que jamás soñará con poseer ni una décima parte de nuestro patrimonio, y como si no vendiendo perdiéramos menos. El caso es que cuando nos dicen lo que queremos oir, se lo ponemos muy muy fácil a los comisionistas. Pero, si no recomendaríamos a un inversor que se haya mantenido en liquidez (haberlos haylos) entrar ahora al mercado y comprar nuestros productos financieros de RV, estructurados o perpetuas, a precios actuales, ni tampoco comprar a precios de hoy nuestros inmuebles, ¿por qué c… los mantenemos nosotros en lugar de trasladar nuestro patrimonio hacia activos con igual o inferior riesgo que tengan potenciales crecimientos en los próximos años racionalmente mucho más probables? Veamos nuestras posiciones de riesgo en RV, estructurados varios y deuda perpetua o acciones preferentes perjudicadas, bajo la perspectiva de una larga depresión sin precedentes y nos daremos cuenta de que nuestro patrimonio se verá muy perjudicado si le aplicamos el «Wait & see… but wait inside» que nos recomiendan los que viven de nuestras comisiones.
Mantenerse a la expectativa hasta que vislumbremos una estrategia clara es prudente en los tiempos que corren, pero debe hacerse fuera de los mercados. Y a pesar de ser una obviedad nos sorprende ver cómo muchos de los tenedores de inmuebles o de activos financieros de riesgo mantienen sus posiciones. Pero lo peor de todo es que no sólo su patrimonio sigue correlacionado al 100% a los mercados bajistas, sino que probablemente tenga un gran coste de oportunidad al no invertir estos activos en inmuebles con mucho mejor potencial, y también en activos financieros con riesgo muy inferior que convertirían nuestros rendimientos negativos en positivos, incluso en una estrategia de «wait & see». Sólo debemos esperarnos financieramente fuera de dichos mercados y trasladar nuestros inmuebles hacia países con mejor perspectiva que España o Europa. Llevar a cabo dichas estrategias no sólo es psicológicamente complejo para una Familia, sino que también necesita un apoyo logístico y profesional para hacerlo de la mejor forma, siguiendo una hoja de ruta que debe estar diseñada a medida del Cliente. Un Family Office debe acompañar en ese camino y solucionar los problemas que vayan surgiendo a medida en que el patrimonio se va adaptando a la estrategia y las necesidades diseñadas.
Si por el contrario, pensáis que la crisis va a ser corta o pasajera como tantas anteriores, olvidad este artículo.
Quizás fuesen los efectos del calor de pleno Agosto y el Tinto de Verano entre pantallazo y pantallazo, pero como dijimos entonces de manera fina: «Todos, sin excepción, barren para casa escandalosamente». Recordemos que TODOS, recomendaban un mínimo de entre un 30 y un 45% de bolsa, con la única excepción de Atlas que proponía un 20%. Sería interesante que Expansión reeditase hoy su artículo en cuestión, con el recálculo aproximado de las pérdidas que acumularían todos los potenciales clientes que hubieran seguido los consejos de dichas 8 entidades. De hecho, seguro que sus recomendaciones publicadas (y aún más las del día a día) influyeron a miles de inversores, dado el alcance y prestigio de dicho periódico y de las entidades en cuestión.
Algunos de esos nombres ya nos suenan a bancarrota nacionalizada, como por ejemplo Dexia o Lloyds. ¿Será por su situación apurada que recomendaron bolsa cuando el mundo estaba ya roto? Me temo que no. Sus recomendaciones, las de todos, fueron siempre en la misma linea recaudatoria, independientemente de los ciclos bursátiles. Algunas entidades han muerto matando, aunque al tercer día las resucite el Estado, pero además el resto sigue disparando a discreción. Nunca aprenderán, ni los financos ni los inversópatas. Bueno, estos últimos sí que han aprendido: Perdiendo. Pero pronto olvidarán sus errores y volverán a los brazos de los maltratadores de su patrimonio. Será el poder de las corbatas, el aspecto pomposo de las entidades o incluso las sienes canosas de algunos de ellos que sólo esperan su jubilación anticipada, pero la realidad es que cualquier banquero tiene una enorme, sorprendente e indignante credibilidad por parte de sus clientes. Incluso por parte de aquellos sufridores que arrastran pérdidas muy cuantiosas por su culpa, en un paradójico Síndromede EstocolmoFinanciero.
Las recomendaciones de estas 8 entidades financieras son como si 8 médicos recetaran a través de la prensa diversas píldoras adelgazantes muy caras (comisiones y corretajes generados por el asset allocation de las 8 entidades), que no sólo no adelgazan sino que han hecho a TODOS los usuarios engordar muchísimos kilos. Además, los efectos secundarios de estos kilos de más son incalculables (desde una pérdida de ahorros para la vejez, hasta un cambio drástico del nivel de vida familiar, pasando por una depresión por haber dilapidado en 7 semanas gran parte del esfuerzo de toda una vida). Sin embargo, estos «profesionales de la medicina» siguen recetando a diario estrategias de inversión que, acertadas o no, sólo tienen un objetivo claro e ineludible: La generación de comisiones para la entidad. Prueba de ello es que ni siquiera en pleno Agosto, cuando el horizonte y el presente eran ya muy negros, ninguna de las entidades consultadas recomendó mantenerse apartado de los mercados. Es cierto que todos recomendaron estar en moderada liquidez, pero a través de fondos monetarios y bonos, ambos con comisiones y corretajes que hunden el rendimiento sensiblemente por debajo del 5%!!! La excepción, aunque dolosa, la encontrábamos de nuevo en Atlas Capital que recomendó un 50%, sólo un 50%, del volumen total en puros depósitos, con mejor rendimiento y escasas o nulas comisiones para la entidad en cuestión.
En el tremendo escenario actual, mantener la liquidez 1,5 o 2% por encima de monetarios; o bonos a corto plazo (que disparan el lastre que suponen sus corretajes), es la diferencia entre una buena y una mala estrategia. Con la que está cayendo (y siempre), es la diferencia entre una honesta o deshonesta recomendación profesional. Además debemos restarles las minusvalías generadas por las carnicerías de RV que han supuesto el no abandonar mayoritariamente los mercados por el afán recaudador de comisiones bursátiles, incluido el afán recaudador de las comisiones de éxito y sus infinitas variantes. El resultado: Devastador.
Quizás algunos aprendan temporalmente a golpes, pero la memoria seguirá siendo muy corta.
P.D. Otra vez Expansión publicó el pasado día 1 de Noviembre (día terrorífico) un artículo (terrorífico también) que firma M. Martínez en el que viene a decir que, debido a las caídas de precios de las empresas cotizadas, sus dividendos son más atractivos que los depósitos bancarios y aún más si lo comparamos con la renta fija soberana. Por supuesto las fuentes citadas tienen todas intereses en gestoras que viven de las comisiones que generan los inversores en bolsa. Nuestro desquicio ha alcanzado tal extremo que se puede ya confundir el riesgo de la RF y depósitos con el de la RV y publicarlo en un periódico de prestigio como Expansión… Vendiendo sin rubor alguno dividendos residuales de nuestro reciente pasado de bonanza burbujeante en pleno proceso de inmersión en la tormenta perfecta, que se tragará no sólo los dividendos de estas cotizadas sino la propias empresas enteritas y sin masticar. ¡Abandonen, Señores un aburrido depósito al 6% y cómprenme el crecepelo «Dividendus»…! ¡Más madera, es la guerra!… Estamos muy, pero que muy mal.
45 años después de su famoso discurso, el sueño de Luther King corona a un negro como presidente de la que aún es la nación más poderosa del planeta. La apuesta blanca republicana nació ya abortada por sus tensiones históricas con Bush. McCain nunca fue un rival con opciones reales ante Obama. Estaba ahí porque era su turno y no hubo forma de impedirlo por parte del aparato republicano. Algunas voces ven oscuros contubernios que dicen ser necesarios para que Obama sea elegido, pero de hecho algunas voces ven conspiraciones permanentemente y por doquier. Sea como fuere, el camino de la costosa campaña es historia y el presente y el futuro son de un demócrata de raza negra.
El escenario con el que se encuentra el nuevo presidente es estremecedoramente inaudito. Barack Obama obviamente pasará a la historia como el primer presidente negro de los EE.UU. pero también por el momento en el que le ha tocado gobernar. Sólo la Historia dirá si Obama estuvo o no a la altura de las circunstancias. Un panorama financiero global devastado y en caída libre es el que espera que el nuevo presidente, junto con el resto de los principales líderes del mundo, invente un nuevo capitalismo.
Las reuniones del G20 y sus variantes se sucederán en los próximos meses. Un largo e incierto proceso que habría sido encallado por McCain y los republicanos bajo pretexto de proteger el libre mercado de forma integrista. Obama apoya la pena de muerte, es antiabortista, religioso de misa casi diaria, pero aún así es la opción progresista que puede ser más receptiva a la Refundación del Capitalismo. Pero seamos responsables, presidentes del G20, sin propuestas ni acuerdos que sean sorprendentes y transgresores no tendremos solución. Y sólo Obama y su equipo podría aceptar y trabajar propuestas drásticas, McCain no.
¿Cuáles van a ser estas propuestas? Se escriben muchas conjeturas, pero no son más que eso. Pero parece lógico pensar que las preparaciones de las cumbres que vendrán, al menos de la primera del día 15 de noviembre, deban ser muy intensas. Todos los jefes de Estado implicados en el G20 por una u otra vía, van a vivir momentos de gloria para su egocentrismo. Desgraciadamente algunos no estarán a la altura, pero estos ineptos pueden estar tranquilos, jamás se sabrá. De momento el simple hecho de reconocer que el futuro de la Economía mundial, o sea el futuro del planeta, debe estar en manos de una veintena de países que incluyen estados con rentas per cápitas de apenas 1.000$, es ya un gran logro de la Humanidad. Este simple y a la vez grandioso éxito organizativo inimaginable en plena borrachera de estados del bienestar, es un indicio de que nuestros dirigentes (los de todos) han comprendido la trascendencia del momento. Y los dirigentes del G20 y sus respectivos equipos nos representan a todos, aunque no sean 21 ni 22. Sólo si lo entendemos así, los que están dentro y los que se queden fuera, estaremos solucionando el futuro de la Humanidad.
Ahora, dirigentes del G20 sorprendednos con vuestras propuestas. No estará McCain para culpabilizarlo del fracaso de las medidas a tomar, sino Barack Obama, el primer presidente negro de la Historia de los EE.UU. Gimme Hope, Obama, Gimme Hope…
Esta es hoy por hoy la lista del G20: Alemania, Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, República de Corea, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica, Turquía y Unión Europea.
P.D. Si, contra pronóstico, gana McCain, en breve escribiremos Gimme Hope, Obama, Gimme Hope (2ª parte).
Espectacular el artículo de Investorsconundrum: «Cuánto vale un banco hoy». Creo que merce que, a modo de memes, todos los que nos dedicamos a esto y escribimos, le demos unas vueltas a la posibilidad de que la solución financiera global pase por minimizar el valor de los bancos en bolsa. La dicotomía entre ampliación de capital o parcheo estatal de agujeros puede ser la diferencia entre la caída de valor para los accionistas o para los depositarios (clientes). Pero más allá de esta dualidad de soluciones futuras viables o no, vamos a hacer unas reflexiones sobre algunos factores de valoración de la banca en la situación actual.
Lo primero que quiero hacer es felicitar a Marc Garrigasait por atreverse a escribir un artículo así. Por ser radicalmente consecuente con un razonamiento en el que se cree firmemente (tanto que ha eliminado con pérdidas la exposición de Koala Capital Sicav en bancos). Chapeau, independientemente de si se está o no de acuerdo.
Espero que, al hilo de Marc y éste u otros memes, diferentes blogueros también opinen y discutan sobre el valor futuro de los bancos y su efecto sobre la crisis. Algunos ya lo han hecho impecablemente, como Gurusblog. Y sería también muy interesante que Echevarri, Marc Vidal, Fernan2, FuturFinances, Unience… (por mencionar sólo algunos en activo), y un largo etc. de ilustres conocidos y desconocidos también lo hicieran. Ahora vamos allá con nuestras reflexiones al respecto:
Si los bancos valen lo que alguien está dispuesto a pagar por ellos, evidentemente hoy no valen cero. Obvio y a la vez inquietante. El Mercado, es decir nosotros no concibimos en general, hoy por hoy, un mundo sin bancos a no ser que hagamos el esfuerzo (vano) de pensar como vivían nuestros bisabuelos cuando flirteaban con nuestras bisabuelas. Y esa dificultad para imaginarnos un mundo sin bancos ya les incrementa el valor que puede calculárseles contable o fundamentalmente. Estamos dispuestos a pagar por ellos más de lo que merecen por nuestro anclaje en un Sistema de varias generaciones que no se concibe sin la banca. ¿Es un valor irracional el que mentalmente les damos, o lo irracional es pensar que su valor real es cero?
También podemos atribuirles valor de otro tipo. Por ejemplo el hecho de que siempre hayan sabido reinventar su negocio desde que el mundo es mundo (con bancos, claro). Este argumento tiene un valor literalmente incalculable. Para explicar mejor a qué me refiero, veamos en el siguiente video un fragmento de Jurassic Park en el que, a pesar de que racionalmente las posibilidades de reproducción descontrolada de los dinosaurios en el entorno controlado del parque eran nulas, como dice el matemático interpretado por Jeff Goldblum: «Life finds a way». En este caso podríamos decir que desde que existe el Sistema financiero que conocemos y a pesar de las diversas dificultades, «la banca se abre paso».
Por diversos motivos que probablemente se nos escapen hoy, la banca tradicional se refundará de manera que consiga persistir en el tiempo como sector estratégico y dominante. Por lo tanto, si estamos de acuerdo en ello, esa resiliencia o capacidad de resurgir de las cenizas como el Ave Fénix, tiene un valor intrínseco que quizás mantenga por encima de lo razonable los precios de los bancos en un futuro próximo.
«Cuando le llegaba la hora de morir, hacía un nido de especias y hierbas aromáticas, ponía un único huevo, que empollaba durante tres días, y al tercer día ardía. El Fénix se quemaba por completo y, al reducirse a cenizas, resurgía del huevo el mismo ave Fénix, siempre único y eterno. Esto ocurría cada quinientos años.»
Me parece muy razonable que la casi extinción del valor de las acciones de los bancos sea una solución para absorber el agujero global en el tiempo. Pero no la única y quizás tampoco la menos traumática. Ese es otro posible motivo por el cual quizás se mantengan sensiblemente por encima de cero. No necesitamos que los bancos caigan hasta valor cero o casi cero mientras los Estados, o sea todos, mantengamos una cierta capacidad de absorber golpes, agujeros, residuos tóxicos o, simplemente, la capacidad de alejar el problema hacia adelante mediante inflación (Rescue Me) y «relanzamiento del crédito».
Además de no ser ese escenario necesario, nuestra visión de la banca no es objetiva. Es decir, la mayoría de nosotros está directa o indirectamente implicado en los balances bancarios vía activo o pasivo. Nuestras propiedades son sus propiedades, y además lo van a ser durante al menos una generación. Los excesos creditícios que han causado la burbuja, que a su vez nos ha llevado a la reflexión de si el valor de los bancos debe aproximarse a cero, nos han pillado con deudas con ellos mismos hasta el cuello, y no podía ser de otro modo. Difícilmente podemos tener pues, la objetividad para valorarlos que podríamos tener con cualquier otro valor cotizado como por ejemplo una fábrica (KO o AAPL) o una empresa de distribución (WMT). En estas empresas sí podemos aspirar a saber su valor intrínseco, fundamental, y compararlo con el que le da el mercado hoy. Y aún así sólo los privilegiados ganan dinero con ello de forma sostenida. En cambio de los bancos dependen nuestro dinero y la mayoría de nuestras propiedades e ilusiones. Y eso bien podría valer una sobrevaloración subjetiva, consciente o inconsciente. En este punto volvemos a recordar que: Si los bancos valen lo que alguien está dispuesto a pagar por ellos, evidentemente hoy no valen cero. Obvio y a la vez inquietante.
Otro argumento posible para que los bancos mantengan su valor por encima de lo que racionalmente pueden merecer, es el hecho de que tratan con algo que todo el primer y segundo mundo necesita: El dinero. Digamos que venden, mercadean y yo diría que a menudo trafican con un ítem cuya cuota de mercado es del 100% en todo el planeta, a excepción del tercer mundo donde el hambre y la miseria ocupan vergonzosamente el lugar del dinero. Sólo en ese caso extremo de pobreza, sus habitantes no son clientes potenciales de la banca. El resto del planeta sí lo somos, sin excepción. Y con mayor adicción en la medida en que creamos más riqueza, bien sea virtual o real. Ese es pues, junto al resto de argumentos que mencionamos en este artículo, el fondo de comercio mayor del planeta con diferencia(«conjunto de elementos intangibles o inmateriales de la empresa que impliquen valor para ésta»).
Además la decisión política para que entre todos resucitemos a las entidades financieras que ya deambulan por todo el mundo con aspecto de zombis al más puro estilo Thriller, está tomada. El daño causado por la defunción de Lehman Brothers fue el detonante de una firme decisión política globalizada: Nunca Mais. Sin esa decisión política el precio de los bancos, de todos, probablemente se aproximaría ni más ni menos que al de LEH, que en paz no descanse. O sea media docena de centavos de $ por acción. La diferencia entre la cotización de éste y la del resto de bancos no la debemos buscar tanto en sus balances, infectados todos por el mismo virus, sino en decisiones políticas y en argumentos como los que estamos exponiendo en este post. Argumentos intangibles, abstractos, irracionales, de difícil comprensión… calificarlos como queráis, pero de efectos evidentes hasta hoy. ¿Acaso no sería temerario obviar factores como los citados a la hora de valorar cuánto debe valer un banco en un futuro próximo?
Cabe también remarcar que todas estas reflexiones se basan en un entorno sin pánico, ya que con pánico, la bancarrota llegaría incluso antes de que los precios de las acciones ni siquiera tuvieran tiempo de tocar el suelo en su caída libre.
Quizás sólo debemos darle tiempo al tiempo para ver a la banca con valor bursátil cero, y para arrepentirnos de no haber sabido aprovechar las oportunidades de haber racionalizado los acontecimientos de forma rigurosa, como hace Investorsconundrum. Pero si aceptamos que el escenario actual tiene un mayor componente de Caos que el de hace un año y medio, todos estos argumentos de difícil calificación deben cobrar un mayor protagonismo en nuestros miserables y endémicos intentos de predecir el futuro. Mi primer impulso es estar de acuerdo contigo, Marc. Pero puestos a escribir, a reflexionar y a aportar algo más a nuestros lectores, creo que no debemos menospreciar los argumentos citados.
Enhorabuena, Marc, por tu valentía. Es evidente que nos has hecho pensar y escribir sobre algo que muchos teníamos vetado por la responsabilidad en el subconsciente. Dicho está. Ahora decid y comentad vosotros.
Esfuérzate por mantener las apariencias que el mundo te abrirá crédito para todo lo demás.
«Sentimientos, nada más que sentimientos», así comienza la canción de Morris Albert. Y de sentimientos aplicados a la Economía vamos a hablar hoy.
Ya durante el 2005, 2006 y sobre todo la primera mitad del 2007, el sentimiento de euforia insostenible y burbujeante se hizo notar entre algunos inversores. Estos privilegiados clarividentes actuaron en consecuencia, saliendo del mercado inmobiliario y de los mercados de RV incluso mucho antes de su clímax. Esta minoría fue vilipendiada por su entorno que seguía ganando dinero burlescamente creyéndose Amos del Universo inmortales. Pero este sentimiento de dinero fácil insostenible que se veía por todas partes, incluso de forma creditícia, se fue acentuando para muchos durante el primer semestre del 2007. El recalentamiento era ya obvio y una avería de cualquier índole era más que previsible.
En agosto 2007 llegó la evidencia de que la disfunción se había producido y se comenzaban a explicar las causas de modo comprensible para la mayoría que seguía viviendo en Disneylandia. Algunas voces histéricas proclamaban el fin del mundo, mientras que otros intentábamos mantener la calma ante unos sucesos que por aquel entonces nos parecían ya un cisne tiznado de patas a pico. En octubre 2007 ya todos teníamos los detalles de lo que estaba sucediendo y conocíamos la naturaleza patológica de un sistema que ya estaba muy lejos del País de las Maravillas, aunque políticos y opinión pública seguían hablando con eufemismos conscientes o no. Las bolsas seguían aún muy ajenas al problema de fondo, pero el feeling de algunos ya era el de estar viviendo algo inaudito y, cuando menos, comparable con el crack del 29.
Fasten Seat Belts fué el título con el que publicamos en septiembre 2007 el despertar sobresaltado que algunos (todavía unos pocos) sufrieron al darse cuenta de que algo grave y global le sucedía a la Economía: «…La economía global está pasando por unos momentos de tensión como los que sufren los ocupantes de un avión cuando los pilotos detectan anomalías en pleno vuelo. Se ha abandonado repentinamente la placidez de un trayecto donde la comodidad había hecho olvidar al pasaje y a la tripulación que estaban a 10.000 metros de altura, a una velocidad de 950 km/h y con una temperatura exterior de 25 grados bajo cero…»
Ya en los primeros días de 2008, nuestro feeling era de clara e inminente tormenta perfecta gestada de forma meticulosa y temible. Inmediatamente tuvimos un mini crack bursátil que entonces ya calificamos como Coitus Interruptus, ya que nuestro sentimiento era de que la RV debía purgar mucho más de lo que cayó entonces.
En el mes de abril 2008 la divergencia entre los spreads de la deuda y una RV aún por las nubes, nos llevó a escribir: La Química Inestable de la Molécula Económica, donde se evidenciaba que esa inestabilidad debía buscar en breve un equilibrio. En ese momento nuestro feeling y esperanza fue el de que la RF se estabilizara en favor del mantenimiento de los niveles de RV, aunque advertimos que el movimiento contrario era, desgraciadamente, la opción B. Era evidente que el escenario de entonces era inestable y debía buscar su equilibrio rápidamente. Tan sólo 6 meses después la RV se ha desplomado y todavía no tenemos constancia del suelo.
Llegados a este punto, podemos decir que el equilibrio entre spreads de deuda y bolsas se ha restaurado. También podemos decir que los efectos sociales más graves de este multi-crash mundial son absolutamente incipientes. Que las decisiones políticas de salvar el Sistema y la banca mundial son firmes. Que se ha puesto ya en marcha la programación de las reuniones que deben sentar las bases y las regulaciones del futuro del capitalismo, etc. Es decir, tenemos el diagnóstico (que sigue siendo de Pronóstico Reservado), la decisión política global está tomada, y a pesar de que la recesión afecta ya a más de 40 países y de que el horizonte social es negrísimo, comenzamos a tener el feeling de que la desconfianza puede empezar remitir levemente en breve.
No debemos confundir una remisión incipiente de la desconfianza con una mejora de la situación, ni siquiera con una mejora de las perspectivas de futuro. Lo que vemos por delante sigue siendo terrible, y las cifras macroeconómicas y el empeoramiento de la situación está lejos de tocar fondo. Pero la desconfianza parece ya sensiblemente descontada. Si este sentimiento que tenemos se convierte en realidad, ¿cómo se traducirá y cómo podemos aprovecharlo? Llegamos, como de costumbre, a la pregunta del millón.
La situación de colapso de castillo de naipes es tan grave y global, que se hace difícil prever dónde podemos aprovechar esa mínima disminución de la desconfianza. Quizas la altísima volatilidad cerca de un suelo nos produzca un espejismo que, entre trazos de lineas técnicas y análisis fundamentales nos lleve a entrar en un mercado de RV que esté condenado al encefalograma plano durante muchos años de recesión. Algo parecido a lo que se llama estanflación pero con los conceptos estancamiento y volatilidad: ¿Estantilidad, Volatancamiento? Por otro lado, quizás una ligera recuperación de la liquidez de la deuda corporativa nos arroje en manos de empresas gigantes con un futuro de pies de barro. El «relanzamiento del crédito» proclamado y quizás necesario para la supervivencia del Sistema y de millones de personas y empresas, puede llevarnos a espejismos en RF y RV potenciados por una leve recuperación de la confianza. Pero no debemos olvidar que los fundamentos de esta Great Depression: The Big One siguen más fimes que nunca.
A pesar de todo, nuestro feeling percibe un próximo relajamiento de la desconfianza, cuyos efectos pueden ser muy aprovechables, pero también muy peligrosos. Llevamos tantos meses en los cuales el suelo se desvanece bajo nuestros pies de forma constante, que tendremos querencia a abandonar la desconfianza ante cualquier pequeña justificación de mejora. Estaremos pues sobrereaccionando positivamente al mismo tiempo que nos adentramos en plena tormenta perfecta. Pero a pesar de que nos adentremos hacia el corazón de la tormenta, hacerlo con más confianza estabiliza y mucho. Sobre todo al sistema financiero, al menos al que conocemos hasta ahora.
Nuestros pensamientos más importantes son los que contradicen nuestros sentimientos.
Se habla mucho acerca de si es ya momento o no para abandonar la liquidez y comenzar a invertir en bolsa, aunque a muchos, fue la liquidez la que los abandonó a ellos hace tiempo. Es cierto que hoy ya se ven muchas empresas a buen precio o incluso a precios ridículos como me dijo mi Amigo Pepe (grandísmo gestor donde los haya) hace pocos días. Buffet y otros Grandes ya proclaman a cuatro vientos su avidez compradora de buenas empresas. Se oyen también voces que discuten si la famosa claudicación ha tenido ya lugar o no.
Muchos tradicionalmente han pensado, y aún más lo hacen en tiempos de crack, en entrar o salir de los mercados de renta variable con la Mentalidad Interruptor. La hemos bautizado así porque sólo contempla dos posiciones radicalmente distintas: On y Off. O sea, que estamos metidos hasta el cuello o nos mantenemos en liquidez. No obstante debemos tener presente que, aún en estos dos extremos, hay quien se mantiene en liquidez con pequeños porcentajes en acciones que quedaron allá arriba, como un anclaje alpinista que se clavó con la intención de progresar pero que espera solitario a que algún día el mercado se le acerque y vuelva a ser útil como inversión. Y en el otro extremo, también los hay que no sólo están hasta el cuello en bolsa, sino que además deben hipotecas o incluso préstamos que tomaron para aprovechar las gangas con PER’s de tan solo 25 o 50.
La mayor parte de ellos, no obstante, con Mentalidad Interruptor que sólo contempla la simplista estrategia patrimonial de entro o salgo de la bolsa. Como ya explicamos en Circunstancias vs Rentabilidad/Riesgo, nuestro patrimonio es mucho más que el dinero del banco. Y además, dentro de lo que es dinero en efectivo debemos tener claro qué parte podemos arriesgar en bolsa, y ser conscientes de que ese dinero no sólo puede no generarnos rentas sino que además puede perderse en gran medida. Todo ello, en el marco de un Balance Vital que es la hoja de ruta de nuestra vida y nuestro patrimonio. Por todo ello, la Mentalidad Interruptor no sólo es simplista sino también peligrosísima, ya que sólo tiene posibilidades de éxito si adivinamos exactamente el momento del suelo bursátil. Y aún en ese supuesto, la depresión puede condenar nuestra añorada liquidez a un deseperante mercado flat durante muchos años. La mayoría olvidan que, incluso en una época no depresiva, el Dow Jones apenas subió un 10% entre 1965 y 1983.
Debemos pues ser conscientes de la necesidad de olvidar las estrategias simplistas y del café para todos. Nuestro patrimonio es complejo y poliédrico. Y nuestras circunstancias aún lo son más, y muy cambiantes en el tiempo. Por lo tanto también lo debe ser nuestra estrategia inversora en bolsa.
Cuando pensamos en el timing de invertir la parte de nuestro patrimonio destinado a la RV, también debemos tener claro en qué medida lo hacemos. Debemos ser conscientes de que invertir en pocas semanas toda nuestra capacidad de compra de bolsa, es jugárselo todo a una carta. Sin capacidad de reacción ante un probable error, ya sea por equivocarnos en el momento o en los activos concretos que compramos. Incluso acertando el tempo podemos necesitar ese margen de maniobra por un cambio repentino de escenario o un cambio sustancial de nuestro patrimonio, entre otras muchas posibles razones.
Sé que muchos diréis que con un patrimonio muy escaso, el volumen a destinar a la inversión en variable permite poco margen de maniobra. Y es razonablemente cierto a pesar de que, dependiendo no obstante de cada circunstancia personal, el porcentaje susceptible de riesgo del total patrimonial sea mayor. Pero para los patrimonio medios y mayores, la mentalidad interruptor es uno de los errores más graves que se puden cometer, ya que tiene una sóla y única oportunidad de éxito como ya hemos dicho.
Obviamente esta mentalidad debe ser incompatible con una inversión a largo plazo que busque valor en nuestras compras. Pero también es temerario entrar y salir en tromba del mercado incluso para los inversores que se basan en análisis técnico, ya que siguen teniendo una sola posibilidad de éxito a pesar de que algunas figuras sean de alta fiabilidad. Los errores y/o las excepciones técnicas, con esta mentalidad, pueden tener aún consecuencias más graves que para el inversor value.
«Si no puedes cumplir la condena, no cometas el delito.»
Estados Unidos y la Unión Europea han propuesto estos últimos días una serie de cumbres mundiales sobre la crisis financiera, empezando después de las elecciones presidenciales del 4 de noviembre en Estados Unidos. La crisis de crédito que ha golpeado a los mercados, ha llevado a Estados Unidos y a sus aliados europeos a buscar formas de reducir el impacto en los sistemas financieros. A simple vista puede parecer que la recesión que se palpa en el ambiente afectará por igual a ambas partes e incluso hay quien opina que Estados Unidos se tambalea como primera potencia mundial, pero probablemente estemos lejos de ese escenario…
Cierto es que la crisis actual tendrá sus secuelas y hará mella en la economía del país, pero no menos cierto es que los Estados Unidos gozan de todos los ingredientes necesarios para seguir siendo un referente económico a nivel mundial, muy al contrario de lo que sucede en Europa, donde las crisis tienden a ser más dolorosas y prolongadas en el tiempo.
En el periodo entre 1973 y 1982 Estados Unidos experimentó una de las épocas inflacionistas más dañinas de su historia. Medidos en función del índice de precios al consumo, los precios se multiplicaron por más de dos durante esa década. Sólo en 1979 se alcanzó una inflación del 13,3%, paralizando la economía con el fenómeno que se conoció como “estanflación”, que llevó a muchos comentaristas a dudar de que Estados Unidos pudiese competir en el mercado mundial. Jimmy Carter pronunció un famoso discurso en el que advertía de “la existencia de una crisis de confianza que estaba afectando al propio corazón y al alma y el espíritu de la voluntad nacional y que amenazaba con destruir el tejido social y político de Estado Unidos”. También durante ese periodo grandes multinacionales japonesas compraron algunos de los edificios más simbólicos del país y se llegó a pensar que Estados Unidos no podría competir con la eficiente economía nipona. El resultado es conocido por todos.
Unos de los factores que más deberían preocupar a Europa en relación con Estados Unidos es la menor competitividad que tiene en comparación con la economía americana. Partiendo de la crisis anteriormente mencionada se pueden observar claramente las diferencias que existen actualmente. Entre 1983 y 1984, la tasa de paro de Estados Unidos llegó a ser superior al 10%, y la de países como Alemania, Reino Unido y Francia sobrepasó el 12%. Desde esos máximos, Estados Unidos comenzó una rápida recuperación económica, disminuyendo su desempleo, a la vez que aumentaba el PIB, mientras que los países europeos quedaron seriaamente perjudicados y estancados en unos niveles de desempleo mucho más elevados, incluso cuando sus economías se reactivaron.
Hay dos conceptos, en los que no me extenderé en demasía, que explican la rápida recuperación de Estados Unidos frente a Europa y su ventaja competitiva actual. El primero, denominado Euroesclerosis, habla de la menor competitividad de los mercados de trabajo europeos, por culpa de los subisidios al desempleo, el poder relativo de negociación salarial, que implica mayores costes de despido y salarios mínimos más altos; y de la menor competitividad en el mercado de bienes y servicios, que abordaremos luego en mayor detalle. El segundo concepto es la Histéresis, que explica cómo, a pesar de que los mercados europeos y sus instituciones eran más eficientes en épocas de fuerte crecimiento como la de los 70(y las tasas de desempleo más bajas que en Estados Unidos), tras fuertes perturbaciones las instituciones se mostraron incapaces de responder a estos shocks y contribuyeron poco a resolver el problema del desempleo, convirtiéndose más bien en un freno a la recuperación. Así, una tasa de elevado desempleo continua, provoca un aumento del desempleo a largo plazo y una pérdida de cualificación de los trabajadores desempleados, convirtiéndose en un círculo vicioso de difícil solución.
En términos empresariales, las diferencias entre Estados Unidos y los países de la UE son también notables. Por una parte, si observamos las mayores empresas en diversos sectores, se puede apreciar la presencia de compañías estadounidenses en el primer lugar del escalafón, cuando no copan el podio entero. Empresas como Google, Johnson & Johnson, Intel, Microsoft, Apple, Oracle, Walmart, Coca-Cola, Procter & Gamble y un larguísimo etcétera son un claro ejemplo de esta afirmación.
Por otra parte, y más destacado aún que el hecho de poseer las empresas más grandes del mundo, hay que notar la gran cantidad de empresas de tamaño medio y pequeño, que son sobre las que recae en gran medida la creación de empleo, y el porcentaje de emprendedores mucho más alto que tiene en comparación con Europa. A la postre, estos pequeños embriones de empresas que sobrevivan serán las compañías medianas o incluso grandes del futuro. El conocido sueño americano no es una simple frase hecha, sino que tiene su contrapartida en la vida real.
Por último, aunque los sistemas educativos públicos americanos dejan que desear, las grandes universidades privadas suponen un caldo de cultivo para la creación de empresas y para la formación de los mejores dirigentes difícilmente igualable por otras universidades del mundo. La Universidad de California, la de Harvard, el MIT y la de Stanford, por ejemplo, son auténticas mecas del saber científico y la innovación tecnológica. El gobierno y regulación de las universidades por las Administraciones europeas, por el contrario, supone una limitación objetiva de la libertad de acción de aquéllas. Debe notarse que, además, las universidades públicas de Estados Unidos reciben sólo una parte de su financiación de las Administraciones federal y estatal, al contrario de lo que sucede en Europa. Por lo tanto, la búsqueda continua de financiación privada y pública es un incentivo para mantener los niveles más altos de excelencia, contratando a los mejores talentos, sean cuales sean sus orígenes. Y éstos posteriormente se muestran agradecidos con la universidad que les vio desarrollarse como profesionales, realizando cuantiosas donaciones que permiten a la escuela realizar importantes proyectos y seguir captando el talento mundial: Efecto Cluster en estado puro.
Facebook, fenómeno de masas en los últimos tiempos, lo inventaron unos alumnos undergaduate de Harvard, por ejemplo.
En suma, la capacidad de reacción de Estados Unidos frente a esta multicrisis que afrontamos apunta a que será superior a la que demostrará Europa, desgraciadamente para nosotros, y en esa línea preferimos invertir al otro lado del Atlántico a igualdad del perfil de la oportunidad de inversión.
La primera reunión para Refundar el Capitalismo ya tiene fecha y lugar: Nueva York a finales de Noviembre 2008. Se ha querido que se comience a discutir el futuro del Sistema en el mismo lugar «donde empezó el problema» según palabras del mismo Sarkozy. Coincidiendo con la presidencia rotatoria, éste se ha erigido como Estadista líder de la UE, a pesar de que tenga que llevar de paseo junto a él a Barroso a quien sólo le piden que sonría ante los fotografos y que sólo abra la boca para leer discursitos oficiales escritos por el equipo francés. De hecho Sarkozy va siempre acompañado en sus tareas de salvador de Europa por su ministra de Economía Lagard, mientras que Barroso les lleva las maletas. Y no me parece mal.
En Bretton Woods (New Hampshire 1944) se sentaron las bases del capitalismo moderno, después de una II Guerra Mundial convulsa que situó a los EE.UU. en cabeza del mundo económico. De allí salieron el Banco Mundial y el FMI. El Banco Internacional para la Reconstrucción y el Desarrollo (IBRD), se creó ad hoc para superar la pobreza y la destrucción de la II Guerra Mundial en Europa. La reunión de 1944 duró 22 días y esperemos que en la prevista para el próximo mes en NY no se vaya con prisas. Los citados son por el momento el G8 más otros elegidos como Australia, Corea del Sur, Arabia Saudí y los llamados BRIC: Brasil, India y China.
Allí se deberían cortar cabezas en el más solemne, exhaustivo y trascendente sentido de la palabra. Desde regulaciones muy restrictivas a prohibiciones de prácticas y productos financieros que se han demostrado o tan sólo sospechado perjudiciales. También cabezas físicas: Del FMI y de los responsables de aquellos países que no estén aplicando correctamente las medidas de emergencia adoptadas hasta hoy y las que se tomen hasta la misma cumbre. Espero por el bien de todos que se haga justicia también con las Calificadoras de Riesgo, y que se determine cuando menos la «castración química» de los calificadores que titulizaron a martillazos hipotecas NINJA (No Income, No Job or Assets) con flamantes etiquetas con muchas A.
Personalmente pienso que el caso de dichas calificadoras es el más flagrante. Pero lo más escandaloso es que siguen calificando desvergonzadamente. Sin ir más lejos, sólo al día siguiente de que el gigante UBS fuese trasfundido por el Estado suizo, se le degradó su rating y outlook. En cambio su tambaleo era ya evidente a ojos de todos desde que se reconocieron graves efectos detructivos de la caída de Lehman Brothers en sus balances. Lo dicho: Castración química y una temporadita en Guantánamo no sería un castigo muy desproporcionado, ya que la mayoría de los presos allí recluídos jamás perjudicaron tanto a los EE.UU. ni al Sistema financiero mundial como estos trileros con corbata.
Vamos a ver cómo evolucionan estas determinaciones de regulación aparentemente sólidas y los escarmientos públicos y privados. Esperemos que la asistencia sólo presencial de Bush, al que acompañará ya el equipo del nuevo presidente (previsiblemente Demócrata), no impida reformas profundas que hoy por hoy encuentran una gran oposición Republicana.
Se habla ya de la toxicidad de Hedge Fuds y de paraísos fiscales, aunque de éstos últimos sólo sea criticable la opacidad para domiciliar sociedades emisoras de títulizaciones. Es decir, no se recrimina la baja o nula fiscalidad de estos paraísos, sino su falta de regulación que permite emitir titulizaciones de deuda bajo un aparente, y sólo aparente, paraguas de entidades solventes. Así, muchas grandes empresas han emitido deuda a través de pseudo-filiales domiciliadas en paraísos fiscales, que a la hora de la verdad han dejado caer por tratarse de sociedades emisoras con mínimos o nulos vínculos legales con la multinacional que puso en su día imagen y nombre. En esta práctica, durante años no fue necesario declarar públicamente la ausencia de vínculo legal firme entre la sociedad emisora y la multinacional que ponía el nombre y la imagen, ya que era impensable un evento de crédito, pero en los últimos meses y me temo que durante un tiempo todavía: Tonto el último.
Ante esta práctica de juzgado de guardia, deberían demonizar a la pseudo-matriz y por supuesto a la matriz de facto, y no al paraíso fiscal. Es indudable que regulando mejor la transparencia legal de estos países será más difícil repetir estas malas artes. Pero los paraísos fiscales, como lo que su propio nombre indica, siempre serán convenientes en un entorno a menudo sobrefiscalizado. Siempre que colaboren contra el blanqueo de capitales y contra las prácticas fraudulentas de titulizaciones, aunque como ya hemos dicho, esa responsabilidad debe depurarse en la multinacional que realmente se beneficia de esa emisión domiciliada en un paraíso fiscal. ¿Se hará? Deberé verlo para creerlo, pero necesitamos creer en los políticos que van a ocuparse de intentar salvarnos.
Sarkozy, Brown y Obama tienen la oportunidad de pasar a los libros de Historia con un peso específico digno de los Grandes Nombres como De Gaulle, Churchill o Lincoln. Para los de la era de Bretton Woods, siempre nos quedaba París… Esperemos que a partir de ahora siempre nos quede New York y que Guantánamo por fin tenga un sentido global.
El carácter es la virtud de los tiempos difíciles.
Espero que en breve empecemos a ver movimientos corporativos de lo que se podría bautizar en el futuro como Banca Sostenible. Es decir unas entidades de nueva creación, participadas muy probablemente por bancos tradicionales, o digamos de la era anterior. Quizás también participen en estos nuevos Bancos Sostenibles algunas grandes corporaciones hasta hoy al margen del sistema financiero, o incluso, por qué no, algunos Estados.
La incógnita es cómo se van a regular estos nuevos bancos para garantizar su sostenibilidad a largo plazo. No sólo debe ser sostenible la entidad como empresa, sino que el sistema de financiación global (persona, empresas e incluso Estados) debe modificarse sustancialmente. Sarkozy parece tomar las riendas de una UE que parece un patio de colegio, pero eso sí, con colegiales atemorizados y más dispuestos que nunca a dejar las travesuras aparcadas. El susto ha sido tal que no se habla de regulación más estricta sino de Refundación del Capitalismo, y curiosamente ese mismo concepto ya lo publicamos hace un mes, después de la aprobación del plan Paulson. Al menos en la UE, con Sarkozy al frente y la complicidad de Brown, esa es la hoja de ruta. Pero ahora faltará ver si Obama la comparte o por el contrario los lobbies americanos siguen viviendo en Disneylandia y presionan para que el escenario cambie sólo lo imprescindible, o sea, más de lo mismo hasta el próximo estallido.
Desde nuestra ignorancia actual del futuro, podríamos intuir que la Banca Sostenible debe multiplicar varias veces su coeficiente de caja (2%), que se debe volver a los orígenes más primitivos de la banca. Quizás veamos pronto nuevos bancos sostenibles que remuneren nuestros depósitos a los tipos oficiales y no al euribor. Y además que lo hagan al tipo menos, en lugar de al euribor más como se está haciendo hoy.
Debemos tener presente que la situación actual nos ha llevado a poder colocar con aparente normalidad grandes cantidades (25 o 50 millones de €) en las siguientes condiciones: Los dos grandes BBVA y BSCH pagan actualmente por estos grandes depósitos aprox. 6,75% anual, mientras que las entidades de segunda linea pero de gran prestigio como La Caixa, Popular, Bankinter, etc… llegan hasta el 8%. Ni que decir tiene que las entidades de tercera como pequeñas cajas y bancos, superan de largo ese 8% para depósitos de esas cantidades a un año.
De hecho las grandes bolsas de dinero son remuneradas de forma proporcional al coste de los CDS’s respectivos. Pero lo más alarmante, si es que aún mantenemos la capacidad de alarmarnos por algo, es que ya nada importa el diferencial del precio del dinero pagado y el cobrado, es decir entre las operaciones de activo y el pasivo del banco. Eso a ningún banco le importa ya, y remuneran desvergonzadamente los grandes depósitos muy por encima de las escasas operaciones de crédito que realizan. Para los que todavía no lo hayan adivinado, la razón por la cual hacen esto es que poco importa ya el diferencial que debe generar su core business, sólo importa tapar agujeros. Achicar agua de forma burda y desesperada.
Por eso la Banca Sostenible debe volver a su estado primitivo, donde probablemente no tengan manera de generar los grandes beneficios de estas últimas décadas. Pero sin duda, hoy captarían una avalancha de dinero aunque ofrecieran sólo un euribor menos 1,5% para los depósitos a un año. ¿O es que alguien con dos dedos de frente preferiría prestarle su dinero a Bancaja o a CAM al 6%?
Esperemos ver en breve la nueva cara de la Banca Sostenible, porque personalmente prefiero no ver las viejas caras conocidas que, aunque estén lavadas y aseadas por papá Estado, cada día están más demacradas y dan más miedo.