Los lectores asiduos de este blog saben que no nos gusta nunca hablar de política sino de Economía, y en clave económica debe leerse este artículo, ya que no queremos polemizar sobre posiciones políticas ni sindicales.
El otro día leí unas declaraciones de Jose Mª Álvarez, Secretario Gral de UGT en Cataluña que me dejaron alucinado. Y no me debió suceder a mi sólo, puesto que a las pocas horas a través de la televisión este señor volvió a reiterarse en una entrevista de una forma aún más vehemente y burda.
El motivo de la polémica es el ERE que la compañía Sony va a presentar para su fábrica en Viladecavalls (Bcn), que va a afectar a 275 personas de las 1.600 que trabajan allí. Además estos despidos confirman una vez más la política de ajustes y despidos de más de 8.000 puestos de trabajo que anunció ya hace meses la empresa. Pero por muy injusto e inesperado que sea, un lider sindical no puede amenazar a la empresa ni intentar movilizar la opinión pública en su contra. Al menos, si yo me pongo en la piel de los trabajadores que han tenido la suerte de no estar en la lista negra de los 275. Si oigo tales amenazas por parte del Sec. Gral de UGT que se supone que va a defender mi puesto de trabajo, en un entorno de crisis mundial como este, me darían ganas de taparle la boca y le diría a los ejecutivos de Sony aquello de «perdónenlo, porque no sabe lo que dice». Ahí va un estracto de lo que vomitó el sindicalista:
«Si tocan demasiado los huevos podrían sufrir represalias por parte de sus clientes. Estamos en plena campaña navideña y Sony tiene que ser consciente de que tiene marca, y que es una marca que se vende en nuestro país. Y que si toca mucho los huevos, quizás la gente cambiará de marca.»
Jose Mª Álvarez, Sec. Gral. UGT Cataluña.
Este mismo jefe sindical lideró hace sólo unas semanas varias protestas exigiendo «más cuotas de trabajo» para la fábrica de Nissan, que iba a presentar otro ERE por 1.680 trabajadores. Les llamó «gansters» y les exigió la retirada del ERE porque lo consideraba una «amenaza» previa a la negociación. ¿No son mucho más propias de gangsters barriobajeros las amenazas de boicot a marcas y retiradas de EREs hacia quienes deben reducir drásticamente sus producciones y gastos para sobrevivir? Poner las cosas difíciles a quien debe reducir costes para mantener una parte de la actividad, es pedirle a gritos que cese completamente y traslade la actividad (residual o no) a otros países que les exijan, insulten y amenacen menos. No es una cuestión de justicia sindical o social sino de supervivencia laboral en momentos de grave crisis.
Me parece peligrosísimo que un personaje como éste deba defender los intereses de los pocos trabajadores que van a seguir produciendo en las empresas. El escenario económico es devastador y el Sec. Gral de la UGT en Cataluña sigue tratando a los dirigentes empresariales como si le estuvieran robando el dinero a los trabajadores. Igual o incluso de forma más vehemente que en plena cresta de la ola económica, cuando tenía que defender los aumentos salariales y las reducciones de jornada laboral para compensar los miles de millones que las empresas estaban obteniendo de beneficios.
Pero hombre de Dios, ¿no se da cuenta de que la situación empresarial, y en consecuencia la laboral y social, es extremadamente grave? Es sintomático y paradójico «exigir más cuotas de trabajo», pero reclamado parte de alguien que se ha pasado la vida exigiendo reducciones laborales es algo inaudito. Y es que el mundo ha cambiado Sr. Álvarez, y a peor, por si no se ha enterado. Donde Ud. exigía (curioso concepto el de exigir) menos horas, ahora exige más horas (más curioso aún). Al menos las suficientes para poder cobrar un sueldo. Pero las circunstancias empresariales son radicalmente distintas y las multinacionales ya no se esfuerzan en optimizar sus beneficios sino en subsistir como empresa mediante reducciones de producción, costes y deslocalizaciones. Solo algunas lo conseguirán, porque muchas quedarán en el camino y sus EREs serán del 100% de los trabajadores. Y si la proporción es significativa los Estados tendrán un grave problema que trasladarán a todos nosotros, tanto los que perdieron el trabajo como los que lo conserven. Mientras los líderes sindicales que deben defender los intereses de los trabajadores no se den cuenta del mundo en que vivimos desde hace casi dos años, seguirán haciendo el ridículo. En este nuevo escenario mundial y económico necesitamos nuevas políticas y argumentos sindicales. Si no, la crisis mundial y la recesión gravísima que a penas iniciamos se va a llevar por delante a los estúpidos líderes sindicales que siguen anclados en conceptos que fueron válidos en épocas de expansión económica, pero que en la actualidad no sólo son inútiles sino extremadamente peligrosos para los intereses de los trabajadores y de la economía local y regional.
No podemos responsabilizar a las 35 o 40 horas semanales de la situación económica actual, en absoluto. Pero lo que está claro es que para evitar las cero horas del paro, el camino pasa por un incremento masivo de la productividad. Y ni siquiera esa receta ha servido para que Japón, país productivo donde los haya, salga de una depresión de más de dos décadas. Personalmente me parece excesiva la cuota de las 65 horas semanales que tumbó Europa hace un par de semanas, pero el camino no puede ser la Eurosclerosis conocida hasta hoy. Las fórmulas laborales para afrontar la que nos viene encima van a ser muy duras. Quizás comparables a las que conocieron nuestros abuelos, porque económicamente, pero sobre todo a nivel social, la regresión va a ser tremenda. Y tampoco nos garantizan el éxito, pero es evidente que ante un escenario así, el liderazgo sindical también debe refundarse, o será muy perjudicial para los intereses del trabajador y de la Economía. Al fin y al cabo disociar ambos, trabajador y economía, nos lleva a un absurdo colapso evidente para casi todos.
La prosperidad para el 2009 se desea pero no vendrá salvo honrosas excepciones. Por lo tanto quien busque la Felicidad en lo material, mayoritariamente va a sentirse muy desgraciado. Y posiblemente ni siquiera los próximos años van a traernos una mejora sustancial en la gran dificultad que supondrá que los patrimonios de las familias crezcan. Para muchos será una quimera conseguir que tan siquiera se mantengan, y de hecho muchas fortunas grandes y pequeñas ya han sufrido graves disminuciones en el pasado 2008.
Las excepciones que prosperarán en este año 2009 son, lógicamente, las personas que sabrán aprovechar las oportunidades que se presenten. Y como en toda crisis y tiempos de cambios, las oportunidades son y serán muy sustanciosas, pero de difícil identificación. Sólo para unos privilegiados, los que sepan discernir a dónde fue el valor, encontrarlo y aprovecharlo será posible. De ellos será el futuro. Y para el resto de mortales esta crisis se les habrá llevado y se les llevará por delante el esfuerzo de muchos años, incluso de generaciones: Dinero en efectivo invertido en los mercados, pérdidas empresariales, disminución drástica del valor de sus inmuebles, etc. Todo ello forma parte de un macabro cómputo que todos podemos hacer si realmente queremos tomar la píldora roja que nos haga ver la realidad de la evolución actual y futura de nuestro patrimonio. Pero muchos, por el contrario, preferirán tomar la píldora azul y seguir con confianza en el futuro inmediato en pleno Mátrix financiero global.
Os deseo Felicidad para este 2009, pero la mayoría no debe buscarla en la progresión laboral ni en la económica, porque una y otra estará muy cara en este año y probablemente en los próximos. Mejor que muchos cambien el chip del consumismo por algo más de espiritualidad, de lo contrario la caída será demasiado dura. Los tiempos duros de los abuelos ya están aquí y vienen para quedarse durante algunos años. O nos adaptamos trabajando duro, rebajando espectativas y encontrando la Felicidad y el Valor en nuevos sitios y formas o lo pasaremos muy mal. Incluso encontrando de nuevo el Valor o aprovechando las oportunidades, será un buen ejercicio ver el mundo y la economía moderna de forma distinta. Al fin y al cabo lo creamos nosotros día a día.
Feliz 2009, pero la prosperidad está descontada para la mayoría durante unos años. Nos gastamos el futuro en los años pasados, y descontamos en el tiempo inversiones mobiliarias e inmobiliarias perdedoras, compras de caprichos y lujos con años (o vidas) de producción debidos y deudas empresariales que necesitan de ese loco flujo para sostener sus pirámides crediticias. Desgraciadamente no podemos regresar al futuro de donde sacamos la riqueza perdida hoy, sino que deberemos atravesar el desierto del 2009, 2010, 2011, 2012… quién sabe. Y como en la vida misma, debemos disfrutar el camino aunque sea desértico.
Mis mejores y sinceros deseos para los de píldora azul que se queden con el espejismo de un inminente oasis próspero. Para los de la píldora roja además también mi complicidad y admiración, nos vemos en el desierto, yo voy tirando.
Lo prometido es deuda, y ahí va nuestro testimonio sobre el agravio comparativo existente entre diversas comunidades autónomas sobre el impuesto de sucesiones, siendo Extremadura y Cataluña las más perjudicadas respecto a otras mucho más beneficiadas como Madrid, Euskadi, Valencia, Navarra, etc. Las deslocalizaciones fiscales estarán a la orden del día mientras las diferencias sean cuantiosas. La diferencia es abismal y desde aquí nos unimos humildemente a la reclamación promovida por Putabolsa.
Fairfield Sentry Fund era uno de esos fondos anzuelo a través del cual se obtenían las inyecciones de dinero procedente de incautos, especuladores, ilusos, ignorantes, analistos, asesores especializados, gestores, agentes, banqueros, fundaciones, sociedades de inversión libre, tiburones, etc… en definitiva, inversores. Por cierto, la mayoría a miles de kilómetros de Bernie.
Las plataformas de captación eran potentes y diversas, como por ejemplo el propio Fairfield Greenwich Group, con más de 14.000 millones de $ que pusieron diligentemente en manos del prestidigitador.
A partir de una base corrupta, de un ladrón de guante negro que juega a iluminado de las finanzas ante el cual medio mundo (principalmente el no norteamericano) se queda boquiabierto, los daños colaterales se multiplican. ¿Cuáles son estos daños? La respuesta es que son tan cuantiosos que es imposible imaginarlos todos. Además del daño reputacional de las prácticas hedge en general, cuyo efecto no estoy tan seguro de que sea insano, por ejemplo, sus resultados suponían falsos benchmarks con los que el sector honesto de hedges (haberlo haylo) debía competir. La consecuencia de ello, evidentemente una asunción mayor de riesgo, una actividad de trading y de comisiones frenética, o simplemente un desaparición por la ley natural darwiniana de buenos productos y gestiones invendibles ante unos benchmarks inalcanzables. Otro daño colateral evidente es el perjuicio reputacional, es decir la posibilidad de estafa en una operativa opaca y de imposible control ni comprensión por parte del inversor final, ni siquiera por parte del intermediario o vendedor de pescado.
Y qué decir de los productos estructurados o derivados de todo lo relacionado con Alí Babá Madoff. Como muestra un botón apalancado: Fairfield Sentry Ltd. USD x3. El virus titulización también se ha propagado en diversos estructurados cuyo subyacente huele a Madoff, y por ello su onda expansiva va incluso más allá de los 50.000 millones reconocidos oficialmente por Alí Babá.
Sería fácil decir ahora que un gran patrimonio no debe invertir significativamente en nada que no domine, comprenda y controle, pero reconozcamos que es muy difícil abstenerse de comer bombones cuando constantemente nos están ofreciendo una bandeja de misteriosas delicatessens aparentemente exquisitas. No obstante no deja de asombrarnos que ilustres fortunas como Koplovich y otros grandes family offices y sicavs hayan arriesgado en inversiones opacas partes más que significativas de sus fortunas. Quizás sus respectivos asesores necesitaban de la Magia Potagia de Alí Babá Madoff y sus 40 ladrones para tapar sus miserias como estrategas y gestores, y sólo así superar los benchmarks exigidos por sus propietarios. Pero no olvidemos que evitar las tentaciones aparentemente exquisitas debe formar parte del trabajo de cualquier asesor de grandes fortunas o Family Office. Por lo tanto quienes aconsejaron invertir millones y milones en hedge funds no están exentos de responsabilidad, puesto que incluso haciéndolo sólo en los que son honestos, la falta de transparencia debiera haber pesado mucho más en sus decisiones estratégicas.
Sería hasta cierto modo comprensible que un inversor medio o incluso pequeño prestase su dinero ciegamente ante trackrecords estratosféricos, por aquello de «cuánto saben algunos» y de que cabe una mayor asunción de riesgo en muchos de ellos. Pero la Magia Potagia no debería deslumbrar a quienes manejan profesionalmente patrimonios de mayor calado. Y paradójicamente esos asesores son los que más dinero prestaron a Alí Babá aunque, claro, no era el suyo.
Ahora que se cree que lo peor de la crisis crediticia ya ha pasado, son muchas las voces que se han apresurado a recomendar la entrada en bolsa porque «los precios son muy bajos y las oportunidades, muchas». Hay que tener en cuenta, sin embargo, que la mayoría de estas generosas voces son las mismas que hace unos meses, en pleno vendaval bajista, seguían sugiriendo unos porcentajes de renta variable entre abultados y exageradamente desmesurados. Obviamente, los incentivos que movían en aquel entonces sus recomendaciones (y ahora) son muy distintos de los objetivos y las circunstancias de la gran mayoría de patrimonios, por eso hay que ser cuando menos escéptico ante este tipo de amables recomendaciones.
Además, el hecho de que, de momento, se haya logrado contener la debacle del sistema financiero actual no debe confundirnos y hacer que dejemos de tener presente el hecho de que la depresión que se avecina va a ser larga y, para bastantes empresas, difícil de superar. De momento, en el horizonte no se vislumbra la luz, más bien todo lo contrario (escándalo Madoff, posibles nuevas olas de impagados, esta vez provenientes de inmuebles de uso comercial, etc), por lo que conviene obrar con precaución y humildad. Esto no quiere decir que en el entorno actual no haya buenas oportunidades de comprar empresas de alta calidad a unos precios con los que hace año y medio habríamos soñado pero, ojo, no es oro todo lo que reluce. A la hora de seleccionar los valores que pueden ser interesantes es muy importante estudiarse bien el balance de la empresa, la capacidad que tiene de generar dinero, la posición competitiva que tiene en sus principales mercados, así como las ventajas competitivas que le blindan frente a sus competidores, huir de empresas con una deuda grande en comparación a sus activos, y aún así, ser excesivamente cauteloso, y aplicar una reducción al precio objetivo que nos salga, para dotar de una mayor seguridad a la inversión, y siempre considerar nuestras circunstancias personales, para finalmente decidir si dicha inversión se adecúa a nuestras necesidades y las de nuestro patrimonio. Leo una cartera consenso sobre bolsa española, compuesta por 10 valores y elaborada por 25 analistas, en la que no me sorprende la presencia de los grandes clásicos, Telefónica, Santander, BBVA, Iberdrola, Repsol (otro día comentaré los incentivos que mueven a los analistas a recomendar siempre los mismos valores «big cap»). A esto me refiero con estar con los ojos bien abiertos y saber distinguir entre oportunidad o trampa. ¿El hecho de que el Santander haya bajado tanto supone una oportunidad? ¿Y si no mantiene el dividendo al mismo nivel? ¿Podrá Telefónica seguir su crecimiento con las malas perspectivas actuales en España y Argentina?
Como seguidor del value investment, estoy convencido de que siguen existiendo empresas infravaloradas que pasan desapercibidas para el gran público, pero eso no significa que por tener un PER ridículo o una alta rentabilidad por dividendo (proyecciones basadas en datos pasados que pueden cambiar de la noche a la mañana) una empresa ya sea candidata a engrosar nuestra cartera. Como muestra, un botón. En un escenario tan cambiante como el que estamos viviendo, la aparente oportunidad se puede transformar en trampa en apenas un trimestre. Del mismo modo que al fijarnos en las cifras de paro en España (y en otras cosas) no podemos pensar en otra situación económica futura que no sea la de depresión, al analizar una empresa hay que situarla en el contexto de la coyuntura económica y en función de la calidad de la misma y las perspectivas que tiene actualmente, decidir si es una buena inversión. Y, como últimamente decimos, probablemente las mejores oportunidades estén al otro lado del charco.
El 2009 ha venido y nadie sabe como ha sido. Mientras algunos miran atónitos cómo se desploma la inflación de primera ronda para dar paso a una deflación depresiva, otros tachan de exagerados a los que mencionan la palabra crisis o crack. Incluso alguno quedará por ahí que siga anclado en Disneylandia. Pero el negro horizonte está ahí, tanto para los que lo intuimos como para los que se compran un piso porque está a precio de ganga…
La lotería tapará agujeros este fin de 2008 más que nunca, porque las economías de casi todos son un colador. No obstante esa riqueza súbita quedará en nada en un tiempo récord. La crisis económico-social, de la que vemos sólo el inicio, se encargará de cepillar esos décimos a los afortunados del Gordo y de los premios principales en pocos años. La vieja historia se repetirá, en el escenario presente y futuro, aún con más saña.
Un mundo en definitiva que en nada se parece al que dejamos atrás en verano de 2007. Incluso yo diría que lo dejamos atrás el 11 de septiembre de 2001. Cómo añoramos aquel final de s. XX en el que nuestra principal preocupación era la política internacional.
La multi-crisis a la que nos enfrentamos es tan grave que se ha llevado por delante la mismísima crisis del petróleo que sufríamos hace un año. Os dejo con el artículo de las Navidades pasadas. Parece que fue ayer que os felicitábamos diciendo:
El pasado fin de semana leí un artículo en Expansión que me dió pena y rabia. Pena porque se siguen cometiendo los mismos errores de base una y otra vez; y rabia porque una publicación de prestigo como Expansión permita consignas de inversión tan poco objetivas, por decirlo de forma elegante. Os recomiendo que le echéis un vistazo, comentarios incluídos, para que a continuación pueda compartir unas reflexiones con vosotros.
Miquel Roig y Daniel Badía, a quienes no tengo el gusto de conocer más allá de sus escritos en dicha publicación, nos hablan de la bondad de invertir en bonos corporativos. Así, sin más. Y hágalo Ud. a través de fondos de inversión para diversificar convenientemente, dejándolo en manos de expertos (sic): «Con una inversión mínima, permiten una gran diversificación y delegan la gestión a profesionales de la inversión en estos mercados.» Otra cita eminente: «Precios tan deprimidos como los actuales, en nuestra opinión, suponen un momento ideal para el gestor para invertir en deuda corporativa, tenga o no grado de inversión«, y ¿quién lo dice? Adam Cordery, o sea un gestor (vendedor) de renta fija de Schroders. Unos y otros vienen a decir que poco importa la solvencia ni la capacidad de devolución del emisor si el precio de compra es suficientemente bajo.
Para ello se utiliza en dicho artículo un absurdo ejemplo: La inversión que supuso para los Chicago Bulls el fichaje de Michael Jordan por 35 millones anuales, y lo malo que habría sido dicho fichaje si el precio hubiera sido 100 veces superior (sic). Lo extrapolan a las perjudicadas cotizaciones de la deuda corporativa de hoy en día y el resultado es que es el momento de comprarla. Pero comprar deuda corporativa de baja o dudosa solvencia a bajo precio es en realidad como si los Chicago Bulls ficharan a jugadores profesionales con graves lesiones, que les van a impedir triunfar a un número indeterminado de ellos, por la mitad de lo que cobra Michael Jordan. Y pensar que como cuestan la mitad, igualmente van a ser competitivos y además se van a forrar vendiéndolos como cracks en plenas facultades. Además la Tormenta Perfecta en la que nos estamos adentrando va a agravar dichas lesiones de modo incalculable. Peligroso, ¿verdad?
Para empezar, se ignora totalmente las circunstancias de dicha inversión, y se limitan simplemente a calificarla de buena o mala en función del precio de compra. Pero como hemos dicho muchas veces la relación rentabilidad/riesgo es sólo una de las variables que debemos tener en cuanta antes de calificar una inversión como buen o mala, adecuada o inadecuada para nuestro caso concreto. En el mencionado artículo de Expansión, ni siquiera se tiene en cuenta algo tan elemental como la proporción de la inversión respecto al total de nuestro patrimonio. Simplemente se vomita la consigna en grandes letras: «Los expertos recomiendan ir creando poco a poco una cartera de deuda corporativa». En un alarde de su capacidad de análisis y prudencia se recomienda hacerlo paulatinamente: «Lo recomendable es espaciar las compras en varias semanas o meses (2.000 cada semana o 5.000 cada mes, etcétera). Mickael Benhaim, responsable global de Bonos de Pictet Funds (otro vendedor), afirma que ya ha llegado el momento de empezar a constituir una cartera de deuda corporativa, especialmente en bonos de alto riesgo, aunque aconseja ir entrando poco a poco.«
Ahí van otras perlas:
«La clave en este tipo de inversiones consiste en disponer de una cartera lo suficientemente diversificada para que el posible impago de uno de los emisores pueda ser compensado con los intereses y la recuperación del capital invertido en las empresas supervivientes.» Lamento corregirles, pero la recuperación del capital invertido en las empresas supervivientes no va a compensar los defaults ni los eventos de crédito que se produzcan en las inversiones que salgan rana, sólo los intereses. Pero entre una amortización normal de la emisión y un impago o default pueden haber (habrán) diversos eventos de crédito que hagan de dichas emisiones un calvario financiero a pesar de que no hagan default.
«La economía caerá, la demanda retrocederá, los impagos de deuda empresarial subirán desde el 2% actual hasta más allá del 15% ¿La buena noticia? Los precios actuales ya tienen en cuenta el peor de los escenarios posibles.» Señores, no podemos basar el éxito de una estrategia de inversión en que los defaults o credit events futuros no vayan a superar el 15%. No en un escenario de trampa de liquidez como el actual. Pero es que ni siquiera se menciona el plazo de inversión recomendado, y la deuda corporativa más allá de un par de años puede verse ante dificultades absolutamente imponderables. «El peor de los escenarios posibles» para la mayoría de analistos ha venido siendo superado sistemáticamente por la cruda realidad que los ha ido dejando en evidencia día tras día. ¿Por qué habría que confiar ahora con sus cálculos del «peor escenario posible»?
Ni circunstancias de inversión, ni proporciones de patrimonio, ni de carteras, ni timings de inversión… nada de nada. La Insoportable Levedad del Gestor o del vendedor en su pura esencia.
No tengo ningún ánimo de ofender a los autores del artículo de Expansión, ni siquiera les conozco. Pero no he conseguido en contrar en su texto, ni en las menciones de los gestores/vendedores que incluyen, ni un sólo análisis racional de riesgo, rentabilidad y circunstancias que velen por los intereses de los potenciales inversores. SóloConsignas y más Consignas.
Temible concepto el de la Deflación. Algo a lo que sólo los japoneses le han visto la cara y que para el resto del mundo sigue siendo una Bestia desconocida. Pero ojo, ahora la deflación se intuye global, o sea muchísimo más grave que lo sufrido por Japón en un escenario mundial de crecimiento.
Como bién dice GurusBlog, el Treasury americano ya está colocando dinero a cambio de nada. Letras del tesoro (T-Bills) a 3 meses al 0,005%. Incluso con interés negativo en un intradía significativo de mercado secundario. Según algunos es el efecto Fin de Año, que impone colocaciones de cash en deuda soberana a cualquier precio, incluso pagando por ello. Según Chris Ahrens: “Everyone wants to be in bills going into year-end. Buy now while the opportunity is still there.”
Y ahora llegamos a fin de año con tipos $ a casi cero. Histórico y sin embargo quizás insuficiente. Nuestros pecados precisan de más penitencia.
Me temo, no obstante, que los Reyes Magos no nos traerán liquidez sino carbón en forma de disfunción sistémica. Síntomas de deflación, sin duda. Contra ella sólo dos armas, la monetaria y la fiscal, aunque muchas neuronas deben estar buscando alguna otra más. Y Dios quiera que la encuentren porque lo vamos a necesitar. Además la liquidez ya desapareció y hemos caído en su trampa. En un escenario depresivo, la política monetaria difícilmente catalizará el ahorro contra inversión, como lo venía haciendo en épocas expansionistas de la Economía.
Os recomiendo algo de teoría y una lúcida reflexión de Marc Vidal. La definición clarita de la liquidity trap parece que nos condena a una inoperancia financiera donde ni siquiera el hoarding de liquidez (quien la tenga) va a ser fácilmente viable, ya que la banca mundial está siendo salvada de la bancarrota por los propios Estados. O mejor dicho por los Bancos Centrales, vía aumento del conglomerado M1 como dijimos en ese artículo.
La liquidez ha sido atrapada y no va a ver la luz del sol durante años. La pregunta del millón (o del millar, para ir aconstumbrándonos) es dónde va a estar su zulo.
Mientras tanto algunos siguen con su Mentalidad Avestruz (a pesar de las sensibilidades heridas en ese artículo). La misma mentalidad que les dió tan mediocres, aunque positivos resultados en una Economía expansiva, y que con un escenario depresivo y trampa de liquidez incluída, va a ser (está siendo) el suicidio patrimonial en mucho menos de una década. ¿Qué le va a pasar a la RF en general, interrelacionada y afectada por la trampa de liquidez? Es a nuestro entender la gran incógnita de este momento. Lo que sí resulta evidente es lo que nos está haciendo perder valor patrimonial, y que previsiblemente se alargue en el tiempo. Pero de eso hablaremos en un próximo artículo.
«It isn’t as important to buy as cheap as possible as it is to buy at the right time.»
Esta frase bien podría definir la situación global por la que estamos atravesando. Si hacemos algo así como un examen de conciencia, pero en lugar de repasar pecados contabilizamos el valor de nuestro patriminio, pocos, muy pocos superarán el mediocre benchmark de no perder. Sólo algunos Elegidos para la Gloria.
Muchos ya han perdido en los últimos 6, 12 o 18 meses porcentajes del valor de sus activos pre-crisis muy importantes. Pero los que hasta hoy se hayan salvado de la quema, van a tenerlo muy difícil para evitar las disminuciones patrimoniales en el negro horizonte que tenemos ante todos. Y cuando nos referimos a pérdida de valor patrimonial lo hacemos a valor liquidativo, como criterio de valoración comúnmente utilizado y cuyo optimismo desciende a niveles de realismo.
Hagamos pues un ejercicio sano y lúcido de valoración de todo nuestro patrimonio en este final de 2008. Anotémoslo convenientemente y comparémoslo con el valor que le calculamos de fin de 2006 y 2007. Y cuando hayamos vuelto en sí y estabilizado nuestras constantes, hagámoslo también en el futuro, al fin del 2009 y 2010, sin ir más lejos.
Antes de comenzar os recomiendo que os exijáis un concepto clave para este ejercicio: Rigor. Y sobre el resultado final, cada uno que aplique la dosis de ilusión, distorsión, optimismo y maquillaje que coronariamente necesite. Aquí tenéis una simple guía para clasificar los activos:
Activos mobiliarios: Son de fácil valoración, ya que las entidades financieras están obligadas a ponerle cifras diarias al descalabro o la excepcionalidad.
Activos corporativos: Son más complejos de valorar. Aquí englobamos la empresa familiar o no familiar, si la hay. Pero también las participaciones en empresas y asociados diversos en forma de acciones generalmente no cotizadas (la compra de acciones cotizadas las excluiremos, ya que deben estar ya contabilizadas como activo mobliario y formarán parte de los saldos y valoraciones de las entidades financieras con las que trabajemos).
Activos inmobiliarios: Son también relativamente fáciles de valorar, aunque en los tiempos que corren deberíamos afinar más, y sobre todo aplicar a estas valoraciones criterios de mercado rigurosos.
Activos diversos: Aquí englobaremos todos nuestros activos materiales que no pueden incluirse en los tres anteriores. Por ejemplo obras de arte, vehículos o maquinarias que no consten en los balances de los activos corporativos, y activos diversos de valor significativo y que sean líquidos.
A partir de aquí una simple suma. Respiramos hondo y lo comparamos con los mismos criterios de valoración de hace un año y dos. Aunque la memoria nos falle, conseguiremos (si realmente lo queremos hacer) obtener cifras aproximadas, que siempre deben seguir criterios de rigor y moderación, huyéndo de un optimismo muy peligroso en tiempos difíciles.
Nótese que estamos hablando de valoración patrimonial y no de cuantificación de ingresos o gastos. Buscamos en este ejercicio la pérdida, mantenimiento o aumento de valor en nuestro patrimonio. Como ya hemos dicho, a esta valoración final, cada uno que aplique la dosis de ilusión, distorsión, optimismo y maquillaje que coronariamente o anímicamente necesite.
Muchos, la mayoría, estarán en este fin de 2008 ya por debajo de los años anteriores. Pero si este ejercicio lo realizamos dentro de 12 y 24 meses, me temo que los resultados serán mayoritariamente dramáticos. La pregunta que muchos se harán es si es posible crecer patrimonialmente en un entorno en el que los inmuebles caen de precio, las bolsas se desploman y las facturaciones y beneficios empresariales penden de un ERE y de una morosidad presente y futura nunca vista.
Pues bien, la respuesta la debemos encontrar en el mismo enunciado de la pregunta. La estartegia a seguir debe huír temporalmente de los activos perdedores. Pero esta obviedad es algo muy difícil de llevar a cabo de forma suficientemente sustancial y ágil. Es más, el principal problema no es ni siquiera la agilidad en la ejecución de la estrategia patrimonial que debe modificar totalmente la seguida durante muchos años de bonanza. Sino que el principal escollo es mentalizarse y asumir que no estamos ante una crisis cíclica conocida que podemos capear sin modificar radicalmente nuestra estrategia original, la única que muchos han conocido y utilizado.
Esta vez estamos ante una probable larga depresión, con multicrisis poliédricas y no ante un simple ciclo bursátil o inmobiliario bajista o ante un aumento del paro o deterioro económico circunstancial. Y por lo tanto, mantener la estrategia compatible o conveniente con una era de crecimiento global es, cuando menos, muy temerario. Si mantenemos los mismos inmuebles en un escenario de fuertes depreciaciones, reducimos los beneficios empresariales (con problemas de liquidez, endeudamiento y de morosidad o sin ellos) y no eliminamos riesgos financieros en nuestros activos mobiliarios, este escenario global y macroeconómico depresivo se llevará por delante una parte importantísima de nuestro patrimonio en los próximos años. De hecho ya lo está haciendo con el de la mayoría, aunque muchos prefieran pensar en valoraciones y escenarios de un futuro inmediato adaptados a su capacidad coronaria o depresiva.
Pero atención, incluso tomando las decisiones adecuadas para timonear en la buena dirección nuestro patrimonio en este escenario, la agilidad y márgen de maniobra dependerá de numerosos factores, ponderables e imponderables. Algunos patrimonios serán como una lancha deportiva, en la que un golpe de timón modifica su rumbo inmediatamente, pudiendo sortear los peligros con una agilidad envidiable. Pero otros, aún bien capitaneados, sufren inercias propias de su tonelaje. Y a pesar de que las decisiones sean correctas y expeditivas, no evitarán ciertas afectaciones, sencillamente porque sus estructuras y/o volúmenes hacen de un cambio de estrategia algo lento y complejo con múltiples derivaciones económicas y sociales.
Sólo unos pocos Elegidos para la Gloria obtendrán los frutos de haber sido capaces de adaptarse al nuevo escenario en el que hemos entrado, conscientes o no, desde hace más de año y medio. El resto pagarán, están pagando, las consecuencias. En el periodo 2007 hasta previsiblemente el 2012, 2017 o 2022 (¿quién sabe?), no perder valor en nuestro patrimonio va a ser la radical diferencia entre unos y otros. Y dentro de los que no sólo no van a perder valor sino que van a ganarlo tendremos, por supuesto, a aquellos que habrán sabido aprovechar las oportinidades que en todo escenario de crisis se presentan. Éstos serán realmente «The Right Stuff», mientras el resto deberán luchar con uñas, dientes y neuronas para mantener el valor de sus patrimonios y/o para intentar recuperar el valor perdido ya en el último año y medio.
Si realizamos el ejercicio de extrapolar estos cálculos al valor patrimonial que conocemos o intuímos de personas de nuestro entorno social, familiares o simplemente conocidos, veremos que la pérdida presente y futura de valor patrimonial está y estará muy generalizada. Quizás así algunos se conciencien del calibre y la trascendencia de lo que le está pasando al mundo, ya que en la medida en que bajamos el listón de riqueza y realizamos dichos cálculos entre la clase media-alta y media, la devastación comienza a ser, pero sobre todo será, dramática. Demos un golpe de timón y, dentro de las posibilidades patrimoniales de cada uno, pongámosle rumbo a lo desconocido evitando en lo posible la tormenta perfecta.
El mundo ha cambiado y el valor, al igual que el queso, se lo han llevado. Sabio librito y vigente como nunca en un momento en que la creación de valor tradicional ha desaparecido, previsiblemente, por muchos años.
Cuando ya no importa la cuenta de explotación ni el margen de beneficios, cuando lo importante es ya sólo captar más principal para poder hacer frente a los pagos y rentabilidades ficticias debidas, el final está próximo. Pero a muchos inversores Hedge que no conocen ni les importa la transparencia ni la comprensión del negocio, les da igual. Sólo ven un rendimiento que les sitúa entre una élite de inversores «superdotados», que incluso en años difíciles consiguen beneficios gracias a técnicas vanguardistas, alternativas y descorrelacionadas, que sólo los más listos pueden descifrar, y éstos son los que no invierten o los que lo gestionan.
Ponzi, Madoff y otros muchos, anónimos y conocidos practicantes, desaparecieron antes o después de que encendieran las luces. Sin embargo, otros negocios vitales y consolidados se acercan más de lo deseable a las prácticas peligrosas, en estos tiempos en que la liquidez desaparece y la depresión se cierne. Por ejemplo las cajas de ahorros que pagan porcentajes de dos dígitos por captar dinero que tape los agujeros de liquidez, o una Seguridad Social que se esfuerza en mantener el sistema sanitario en detrimento del de pensiones.
En el escenario actual donde el dinero desaparece a cambio de ladrillos que nadie quiere o enterrados en empresas que cierran, cuando el dinero es arroz, muchos grandes y respetables negocios se parecen más y más a Keops, Kefrén y Micerinos. Una metamorfosis dramática y que puede ser aún más devastadora que la escuela Ponzi, sólo que esta vez habrá sido sin querer.