Leí hace poco un discurso de Paul Volcker, presidente del Consejo Asesor para la Recuperación Económica, que es todo un manual de sentido común y de experiencia. A sus 81 años encabeza el equipo de 15 sabios elegido por Obama para pilotar el mundo económico a través del peor escenario jamás conocido en la historia de la Economía moderna. Entre sus palabras encontré algunos conceptos que espero que este veterano experto sepa transmitir al Gobierno, que sean atendidos y a la vez que nos deben hacer reflexionar a todos, ya que son respuestas que en realidad están flotando en el Viento.
Cuando muchos se entestan en buscar soluciones al drama financiero actual, quizá pensar en un futuro aún lejano nos ayude a encontrar el camino a iniciar hoy. Para saber el camino a elegir hay que tener claro el destino final. Y sé que eso se contradice con alguna reflexion anterior en que anteponíamos el evitar graves daños inmediatos, a la solución de la raíz del problema. Pero el rigor y la realidad me están convenciendo de lo contrario. Los daños son ya palpables y muy graves. Un camino sin retorno en el que, como si de un avión se tratara, hemos superado V1 y ya no podemos pretender que todo vuelva a ser como antes. Los daños son ya muy graves en entidades financieras, empresas, economías familiares e incluso Estados. Las inyecciones de ingentes cantidades de dinero sólo amortiguan relativamente los golpes, y se están demostrando ineficaces para invertir el proceso depresivo y de colapso financiero. En este escenario de irreversibilidad, quizá debamos mirar más hacia nuestro objetivo vital colectivo y global. Quizá debamos abandonar nuestra lucha desesperada por encontrar la inyección milagrosa que vuelva a expandir un modelo de sistema económico cuya muerte es ya inevitable.
Cuando nos dimos cuenta de que algo grave le sucedía a nuestro sistema financiero, en verano del 2007, era ya demasiado tarde para salvarlo. Y hoy es, lógicamente, aún más tarde y la reversión más imposible. Por lo tanto, ¿debemos seguir intentando inyectar liquidez a un sistema en proceso de extinción? Mi respuesta es sí, pero no desesperadamente. Lo debemos hacer con moderación, aceptando que el colapso es y será, y con nuestra mirada en el horizonte. Buscando el futuro podemos seguir paliando en la medida de lo prudente el dolor del enfermo terminal. Sin que estas curas paliativas, que sabemos que no revertirán el colapso financiero, desvíen nuestra principal atención de la refundación del Sistema y la creación de unas bases financieras y empresariales sólidas.
La gran banca debe buscar su futuro lejos de las prácticas de la banca de inversión de la que hemos disfrutado todos en las últimas 2 o 3 décadas, y con la que se había confundido letalmente. Debe volver a su negocio tradicional, y en ese proceso, en ese flight to quality esencial y vital, sí debe ser intervenida, reflotada y lo que haga falta. Pero sólo con el compromiso y la certeza de ser en un futuro próximo el garante de la estabilidad del Sistema. El «too big to fail» debe redefinirse y añadirle conceptos vitales como la solidez, la transparencia y la Ética. Y en esos parámetros debe encontrar en el dinero público su mejor aliado hoy, en los tiempos más difíciles.
El sistema financiero que necesitamos en el futuro, no debe tambalearse por una crisis, como ha ocurrido, porque las crisis deben volver a ser como las conocidas en el pasado. Crisis cíclicas que supongan resets sectoriales de mayor o menor calado, pero que jamás se vuelvan a llevar por delante el sistema financiero global. Por tanto, es evidente que el Sistema financiero que debemos crear tiene que ser invulnerable, ergo distinto. Y no debemos inyectar liquidez para volver a reflotar el mismo sistema bancario conocido (aunque resulte un intento inútil, como ya hemos dicho). Necesitamos un nuevo tablero de juego y nuevas reglas basadas en la solidez del negocio tradicional de la banca y en lasolidez de la financiación tradicional de las empresas. Quizá basado conceptualmente en el modelo financiero canadiense, que se ha demostrado menos abusivo, aunque también excesivo.
La banca, y con ella todos nosotros, cometió errores, torpezas, temeridades y delitos que nos han llevado al colapso irremediable. A la refundación del sistema financiero. Pero no estamos diciendo que la banca de inversión deba prohibirse, en absoluto. Lo que pretendemos decir es que ese tipo de banca no debe formar parte de los fundamentos del sistema bancario y financiero. La gran banca que sustenta la credibilidad y el sistema en sí, debe quedar al margen de los jugueteos con fuego de los financos y de los inversópatas, que seguirán existiendo, a pesar de que el escarmiento inmediato los aparte de la circulación visible temporalmente. Uno de los gravísimos errores cometidos por la banca en general fue, por ejemplo, que en los últimos 20 años prescindió de los departamentos de valoración de riesgo de activos por confiar en las calificadoras de riesgo. Ni siquiera la banca de inversión mantuvo su propio equipo de valoración de riesgo. Se consideraron unos costes prescindibles si otros con la mejor reputacion hacían el trabajo y además eran públicamanete venerados. Para qué domonios preocuparse y emplear recursos en ello si las calificadoras de riesgo eran La Biblia… El desenlace lo conocemos y sufrimos todos.
Para finalizar os dejo con una anécdota explicada por el propio Paul Volcker: Uno se sus nietos eligió como profesión ser Ingeniero Financiero (financial engineer), o sea Financo. Volcker no podía creer que sangre de su sangre fuera a caer en manos de departamentos financieros que se estrujan el cerebro para inventar nuevas formas innombrables, vendibles y contaminantes para el Sistema. Creo que le dolió tanto como si le hubiera dicho que se iba a hacer de una secta. El pasado año, Volcker escribió un artículo en el que responsabilizaba relativamente a los financos de haberse cargado el Sistema. Su hija (la madre del angelito), en cuanto lo leyó se lo hizo llegar al nieto en cuestión, quien llamó a su abuelo para decirle: «Abuelo, no nos eches la culpa! Sólo cumplíamos las órdenes que nos daban nuestros directores.» Paul Volcker no entró al trapo, y esa misma tarde le escribió un correo con una sola frase: «No aceptaré las excusas de Nuremberg«.
«How many times can a man turn his head, and pretend that he just doesn’t see? The answer my friend is blowing in the wind, the answer is blowing in the wind.»
A continuación os pego otro comentario que a nuestro juicio merece la visibilidad de un artículo, para que todos los lectores puedan discutirlo y debatirlo. A diferencia de los anteriores, éste lo firma Francisco. Me parece de un muy buen estilo, independientemente de que pueda estar o no de acuerdo con su contenido. Espero que os guste y añadiré mi comentario a los vuestros:
Una oreja a la que contar ideas absurdas. Ya he comentado alguna vez que me gustan tus/vuestros post, excepto cuando pretenden elevar a categoría anécdotas referidas a experiencias personales relacionadas con vuestra actividad. Desde luego me gustan más o menos en la medida del grado de coincidencia con mi forma de ver las cosas, frecuentemente notable y que, mala suerte, me anima a escribirte. No tengo a nadie con quien charlar sobre «inquietudes y pensamientos vagabundos» así que te tomo como paño, no de lágrimas sino de pensamientos sin trascendencia o valor. Sí, un poco aburrido y falto de opciones de ocio, tanto como para dirigirme en estos términos contra un documento html de dudoso gusto estético (es broma, es muy chulo).
Yendo al grano, pido (educadamente, nada de exigencias) tu opinión sobre una idea que no me puedo quitar de la cabeza. Este credit crunch y todo lo que le acompaña y acompañará tiene causa, según el consenso del mercado, en los banqueros, que son muy egoistas, avariciosos y tan tontos como para preocuparse exclusivamente por quién tiene el Lear más grande. Unos chimpancés con escopetas cargadas. También tienen mucha culpa los banqueros centrales, que son mucho más listos que las acémilas de los bancos privados, pero que guiados por su dogmatismo liberal han hecho dejación de sus mandatos regulatorios y de supervisión. Y como una construcción sólida no se sostiene sin al menos tres patas, la sociedad, o una parte relevante de ella, cuyo infantilismo e irresponsabilidad les ha llevado a asumir compromisos financieros que les permitieran satisfacer sus caprichos consumistas sin contar con auténtica capacidad para hacerlo. Mira como les echan la culpa:
Habiendo sucedido todo ello, yo no me lo creo. Nada de lo anterior es un accidente, no es el resultado de un cataclismo. Muchos observadores sagaces avanzaron la deriva de los acontecimientos por llegar, los que ahora comentamos. Bueno, mira el caso de Marx (he empezado a leer, de verdad, El Capital. Luego vendrá el Quijote).
Alguien está dirigiendo ésto, aquí hay un plan de largo recorrido. ¿Que es absurdo? Sí. ¿Que es la única explicación lógica? También. Esta situación es provocada, no es posible tanta estulticia y abandono de las más elementales reglas, aquéllas que han sido observadas religiosamente durante 150 años de desarrollo del capitalismo. Y de repente, en los diez últimos años, hey, a calzón quitado vamos a meternos una pasada homérica que merezca ser contada. Luego veremos qué sucede. Aquí se han quemado etapas a lo bestia, se ha forzado el sistema muy por encima de sus posibilidades, se ha quemado a propósito. Y sólo se me ocurre una causa para hacer eso: la perentoria necesidad de cambiar un modelo basado en el consumo de unos hidrocarburos que se agotan. Un cambio así no se puede hacer en un sistema más o menos operativo que progresa a velocidad de crucero. Los individuos sólo cambian sus hábitos si no tiene más remedio, si perciben la necesidad de alterarlos para sobrevivir. Y me parece a mí que en esas estamos, toca el palo para reeducarnos. ¿Quién nos está breando con él? Pues supongo que gente como Rex Tillerson y sus señoritos. No sé, probablemente son memeces sin sentido, siento haberte metido semejante turre, no era mi intención, pero me lié. Si llegas a leerlo, y te quedan ganas, cuéntame. Y si no, no pasa nada, la parte que me importaba ya esta cumplida. Mucho mejor.
Charles Darwin descubrió, allá por los años 1831-36 que el pico extravagante de una especie de ave que encontró en la islas Galápagos, no era una casualidad caprichosa del azar. Era el resultado de generaciones de adaptación al medio, y sólo los más aptos, capaces, adaptados y versátiles sobrevivían. Bajo esta teoría todo encajaba. El mundo en su totalidad funciona bajo esa dinámica de que sólo los más aptos sobreviven lo suficiente para multiplicarse a su imagen y semejanza, generando así de forma automática, lenta pero eficaz la Evolución.
El mundo de los humanos no es una excepción, aunque es cierto que nuestro cerebro ha alterado el concepto de adaptabilidad al medio, y hoy en día los procesos tecnológicos han sustituido en gran parte las limitaciones físicas. Pero aún así la selección natural y la evolución del mundo en la actualidad, sigue fiel al concepto de que sólo los capaces de evolucionar en la correcta dirección tienen futuro.
Esa implacable ley universal ha marcado siempre la diferencia en el mundo empresarial. Las corporaciones bien gestionadas sobreviven e incluso fagocitan a la competencia más débil. Otras, simplemente mueren y desaparecen, incluso dejando a sus creadores en una complicada situación deudora que les impide o dificulta futuros reintentos empresariales. Es decirun proceso perfectamente comparable a la más eficiente selección genética de la naturaleza, donde los menos capaces se extinguen sin continuidad posible. Lógicamente cuando el entorno se vuelve hostil repentinamente, la escabechina es enorme, y sólo unos pocos elegidos superarán la dificultad.
Hoy estamos ante uno de esos tiempos en que el mundo empresarial se enfrenta a una situación muy hostil y relativamente súbita: Reducción drástica de las ventas y ausencia de crédito. En este escenario muy pocas empresas van a sobrevivir si la situación no mejora a medio plazo. La recesión/depresión es un proceso con inercias muy grandes y con pocas soluciones que vayan a cambiar su rumbo de forma ágil. Pero lo peor es que no es suficiente con reducir costes o gastos, porque prescindir del endeudamiento de la noche a la mañana es inasumible para la mayoría. Así, «buenos negocios» están cerrando porque la imposibilidad de renovar los créditos les arroja a situaciones concursales sin remedio. La pregunta que cabe hacerse es: ¿Podemos considerar «buenos negocios» aquellos cuya supervivencia depende de la financiación externa? No en este Nuevo Mundo.
Muchas voces exigen que los bancos vuelvan a generar el flujo crediticio suficiente para que esas empresas que ganaban dinero y que parecían estables, puedan seguir en pie. Parece que es culpa de los bancos que muchas empresas cierren, con los consiguientes despidos y miseria social. Quizá sea una injusticia, pero la realidad es que el entorno empresarial se ha vuelto muy hostil.El resultado es y será devastador, pero los empresarios quizá debamos lamentarnos menos y adaptarnos más al medio hostil en el que nos encontramos. Entre otros motivos porque muy probablemente el flujo crediticio no va a restaurarse en los niveles conocidos jamás, y también porque si lo hace moderadamente va a ser causando un deterioro macroeconómico muy considerable, creando a su vez un entorno también muy hostil para la mayoría de empresas.
Por todo ello, la consigna política y popularmente aceptada que exige a la banca una mayor circulación del crédito, es discutible aunque pueda ser justa. La trampa de morosidad en la que se ha metido la banca (no sólo la española), prestando temerariamente a cambio de inmuebles burbujeantes y solvencias frágiles, se va a ver agravada por los efectos de la propia depresión económica a corto plazo. Hoy la banca presta con cuentagotas, y lo hace por dos motivos: El primero porque los excesos cometidos asustan y el escarmiento es palpable; pero también porque los balances están en caída libre por sus extintos beneficios y, lo que es mucho peor, por su previsible fallida técnica que precisará de ayudas públicas de todo tipo. Materialmente la banca no puede permitirse prestar a mayor ritmo. Aunque quisiera hacerlo. Sus esfuerzos se centran en su propia supervivencia, y les crecen los enanos en forma de morosidad, incapacidad de gestión de inmuebles, caída del beneficio operativo, aprovisionamientos récord, etc.
Por todo ello, parece que Darwin estará más presente que nunca en los masivos cierres empresariales. En este nuevo mundo depresivo un «buen negocio» es incompatible con un endeudamiento ni siquiera moderado, a no ser que los propios accionistas financien la empresa, como está sucediendo en muchos casos. Estas empresas financiadas por sus propios dueños serán la especie que sobrevivirá al medio hostil al que nos enfrentamos, juntamente con las privilegiadas que no precisen endeudarse. De ellas será el futuro. Quizá deberíamos dejar de demonizar a la banca como si tuvieran la obligación de hacer circular ingentes cantidades de dinero (nuestro dinero) para mantener en pie a gigantes con pies de barro debido.
Ese modelo de crecimiento empresarial basado en la financiación externa ha funcionado durante décadas, y el crecimiento ha sido sostenido y espectacular, teorizándose mucho al respecto. Pero parece evidente que quedó atrás, a pesar de nuestra incredulidad. El presente y el futuro será de unos pocos privilegiados que deberán crecer y expandirse a menor ritmo, con apalancamientos muy moderados y unos balances mucho más sólidos. Al menos hasta que seamos capaces de concebir mayores crecimientos que no se basen en el apalancamiento crediticio, que esperemos que esta vez sean más sostenibles.Darwin será implacable con todas las empresas, incluidas entidades financieras, solo que a éstas les echará una mano Keynes.
Sobran las palabras cuando uno visita la web creada ad-hoc para que el pueblo norteamericano tenga constancia de adónde va a parar el dinero público que se está utilizando en el American Recovery and Reinvestment Act.
«Recovery.gov is a website that lets you, the taxpayer, figure out where the money from the American Recovery and Reinvestment Act is going. There are going to be a few different ways to search for information. Within days after the signing of the legislation, Federal agencies will start distributing funds, and you will be able to see which states, Congressional districts, and even Federal contractors are receiving them. As soon as we are able to, we’ll display that information visually, through maps, charts, and graphics.»
Aquí el contribuyente no sólo encontrará el más completo justificante del destino y los efectos de su dinero, sino también una herramienta interactiva para dar su opinión, denunciar irregularidades, comentar casos concretos, proponer ideas, reclamar, compartir experiencias respecto a cómo el Recovery Act le está afectando personalmente, etc… En definitiva una herramienta excepcional para unos acontecimientos excepcionales.
Independientemente de la eficacia del American Recovery and Reinvestment Act, una iniciativa como esta web gubernamental da mucha confianza y transparencia. También da moral en unos momentos muy difíciles para todo el planeta y hace recuperar el orgullo y autoestima de un pueblo, el norteamericano, que se va a enferentar a la peor de las depresiones jamás conocidas. Es una cuestión de fondo, el rigor en la aplicación de unos recursos tan extraordinarios, pero sobre todo de forma, ya que demuestra, al menos, la intención de tener una transparencia máxima. Otra cosa será la real aplicación que vendrá ejecutada por diversos políticos esparcidos por todos los estados norteamericanos. Pero esta web es una evidente declaración de intenciones que muchos europeos envidiamos. Atención al vídeo de bienvenida:
¿Os imagináis algo parecido en la Unión Europea? Yo no. Ni a Zapatero, Merkel, Papoulias, Cavaco o Berlusconi realizar un video comprometido como el que el Obama Team cuelga en la propia Recovery.gov, y que hemos insertado más arriba. Para empezar la atomización de poderes burocratas haría inviable la toma de decisión previa que ha sido necesaria para que el AR&RA; (American Recovery and Reinvestment Act) vea la luz. Además debería hacerlo con diligencia y eficiencia, cosa impensable en un parlamento europeo como el nuestro. Las suspicacias y miopías estatalistas serían el pan de cada día, y el BCE sería uno más a la hora de ejercer un derecho a veto que, por otra parte, sería necesario frente a tanta incompetencia política y burócrata de segunda división. Sería la mismísima Eurosclerosis llevada al nivel de decisión político-económica histórica. Además, el liderazgo necesario para tomar decisiones de cualquier tipo no existe en el Viejo Continente, ni siquiera se ha demostrado ágil, eficaz ni valiente cuando ha debido tomar partido en los conflictos internacionales. Es impensable que el presidente de turno de la UE (curioso concepto) tome decisiones de un mínimo calibre durante su semestre de gloria. De hecho la legislación vigente ni siquiera le otorga poder para intentarlo, siendo todos los europeos conscientes de que sería una temeridad.
Independientemente de que se pueda discutir su responsabilidad como principales causantes de la situación a la que hemos llegado, no cabe duda de que los EE.UU son quienes más están haciendo verdaderos esfuerzos extraordinarios e históricos por intentar paliar el colapso global. Afortunadamente el liderazgo del mundo para tirar del carro en esta depresión pasa por el Gobierno norteamericano, que representa el golpe de timón necesario, aunque quizá no suficiente, para que el mundo no se haga un daño irreparable. Imaginemos que fuese Europa la que debiera liderar la economía y la política mundial en el negro escenario presente y futuro: Nuestras posibilidades de un mínimo éxito serían nulas. Ni estamos preparados ni organizados para liderar el mundo en tiempos difíciles. Ni siquiera hemos sido capaces en épocas que hoy se nos evidencian plácidas.
Para muestra un botón: El pasado 25 de Noviembre, en el que Esperanza Aguirre abandonó precipitadamente Bombay después de los atentados integristas a diversos hoteles, se produjo un caos diplomático muy notable. Diversos políticos de la UE intentaban coordinar la evacuación de sus compatriotas en unas horas de absoluta confusión. Un eurodiputado español (el presidente de la delegación del parlamento europeo, y último diplomático de la UE en abandonar Bombay en esos días) que se encontró en pleno ojo del huracán terrorista intentó evacuar a diversos ciudadanos de la Unión Europea a través del dispositivo de emergencia establecido por unos eurodiputados alemanes de cierta relevancia en el Parlamente Europeo. Pero la respuesta de éstos fue toda una declaración de intenciones política y humana: «Only germans» Y en esos momentos de dificultad es cuando aflora la realidad de uno mismo y cuando se ve la verdadera talla política y personal del cualquier pseudo-gobernante. Ni siquiera un ciudadano español o italiano puede utilizar o requerir los servicios o el apoyo de una embajada o consulado de otro Estado de la UE que no sea el suyo propio cuando viaja al extranjero, para un cualquier trámite o gestión como simple turista. Deplorable y vergonzoso para una UE que pretende ser algo más que una macro-estructura burocrática, el pardillo de una timba de póker letal o el equipo sanitario de un sólo uso y desechable.
Menos mal que no somos líderes del mundo, porque lo haríamos muy mal en el escenario que se nos avecina. En este caso, y sin que sirva de precedente, me alegro de ir a remolque del Efecto BHO en esta depresión global. Sin duda tenemos así más posibilidades de sobrevivir que si ejerciera de líder una Europa vieja, esclerótica, cansada, aburguesada, desavenida, corrupta, desencantada y escéptica.
Soportaré el día a día de las noticias políticas, económicas y financieras de nuestra exasperante Europa con el mejor de los ánimos. Y recargaré periódicamente mi ilusión, mi confianza en el futuro y mi motivación visitando Recovery.gov y poniéndome al día de los detalles de las medidas tomadas para la recuperación de otros.
¿Qué os parecería si a cargo de fondos publicos se ayudara a seguir pagando sus hipotecas a aquellos que no están tan lejos de poder hacerlo? ¿Y si mientras esas ayudas públicas llegan, se detuviesen los procesos de embargo? Pues eso es lo que está ocurriendo en EE.UU. Y esas son las medidas que han tomado ya 3 gigantes de la banca: Citigroup, Morgan Stanley’s y JPMorgan Chase. Recordemos también que las pseudo-públicas Freddie Mac y Fannie Mae han detenido también sus procesos de embargo hasta el 6 de Marzo para todos aquellos inmuebles de 2, 3 y 4 habitaciones y casas unifamiliares ocupadas (en la línea de lo que predijimos el pasado mes de Octubre).
Son éstas unas medidas excepcionales para situaciones extremas. La situación de estos bancos es tan delicada que ya no puden cambiar más inmuebles por dinero. Además los Ninjas lo agradecerán y pasarán, al menos temporalmente, de ser Ninjas a ser Ocupas. Pero con «c» y no con «k», ya que su radicalismo y alternatividad ha venido de la mano de las mismísimas autoridades financieras del Estado, y son los bancos los que han decidido detener los procesos de ejecución. Son estas entidades financieras las que deberían llamarse Bankos, y no nos referimos a Triodos Bank. Ver para creer…
Si estas prácticas no se generalizan aunque sea temporalmente, el problema social de millones de personas desahuciadas sería insostenible. Para la Sociedad y para las entidades financieras que materialmente no pueden convertir más créditos en inmuebles. Ambos necesitan la ayuda del Estado para mantener vivas esas hipotecas. Bien sea manteniendo la titularidad de los inmuebles o aunque ésta pase, en algunos casos, a entidades semi-públicas (Mac & Mae) u otras creadas ad hoc, llámense bad banks o bad owners (sucedáneos de socimis o reits, por ejemplo). O sea propietarios de facto, con o sin titularidad y con una concepción del ánimo de lucro distinta o para-pública, que mantengan permanentes opciones de compra hacia sus ocupantes a cambio de «la voluntad«. En cierto modo ese y no otro será el mejor precio de mercado de esos inmuebles ya que en la mayoría de casos, si la ejecución se llevase a cabo y las entidades lanzasen al mercado millones de inmuebles, la oferta aplastaría la escasa demanda hundiendo los precios hasta límites de difícil valoración.
A nadie se le escapará el orígen de los fondos necesarios para mantener a flote las entidades financieras y la creación de estos bad owners. Del mismo modo que hemos dicho en diversos artículos que la socialización de las pérdidas bancarias era una injusticia necesaria, también creemos que la socialización masiva de esas hipotecas es un perjuicio inevitable. Decimos perjuicio porque los impuestos de los ciudadanos solventes se van a destinar a pagar parcialmente las viviendas de aquellos que temerariamente quisieron ser propietarios en precario. Y también porque las entidades cómplices no van a pagar su temeridad con su justa y darwiniana extinción. ¿Por qué nos convienen ambas arbitrariedades? Pues porque unos y otros son tan numerosos y cuantiosos que hacer justicia con ellos se llevaría por delante los mismísimos fundamentos de la Sociedad y del Sistema Financiero. Si a ello le añadimos una depresión económica incipiente, el resultado es que la socialización de las pérdidas (de entidades financieras) y de las hipotecas de los implicados, se convierte en una necesidad vital para todos.
Mientras tanto la morosidad en España aumenta al mismo tiempo que el desempleo, e inversamente propocional al índice de precios al consumo. Algunas entidades bancarias españolas (sólo las primeras del ranking) presumen de músculo para soportar la morosidad y las ejecuciones hipotecarias hasta finales del 2010. Es cierto que los hipotecados españoles, a diferencia de los Ocupas estadounidenses, avalan con todos sus bienes personales dichas hipotecas, pero a pesar de ello la depresión económica va a multiplicar la morosidad mucho más allá de lo que puedan soportar los bíceps de la banca española. A partir de ahí, probablemente también veamos la socialización de hipotecas en España.
«No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados.« Adam Smith (1723-1790) «Los desposeídos tienen un mundo que ganar.» Karl Marx (1818-1883)
En lo que llevamos de año 2009 estamos recibiendo a través de este blog una cantidad significativa de consultas muy tristes desde el punto de vista de un Family Office. Guardando la confidencialidad profesional debida, os diremos que son consultas de familias desesperadas que claman algo de luz después de una sangría brutal en los ahorros de toda una vida.
Carteras en diversos bancos que les fueron vendidas (y lo que es peor, mantenidas) como renta fija muy segura. Como el tipo de activo ideal para blindar el fruto de toda la vida laboral, de esfuerzo y de ahorro. Las más perjudicadas están compuestas por acciones preferentes perpetuas, incluso por fondos o conglomerados de perpetuas, y por vulgares titulizaciones de empresas indescifrables pseudo-filiales de otras multinacionales que pusieron su nombre un día, o ni siquiera eso. En muchos casos lo que serían los famosos paquetitos de basura crediticia propiamente dicha, cuyos flamantes ratings algunos incluso conservan relativa y vergonzosamente.
De hecho hace unos pocos años se vendían indistintamente estas emisiones en el mismo segmento de riesgo que la deuda senior con vencimiento de emisores multinacionales. Y era relativamente comprensible, ya que jamás habían sufrido ni sus cotizaciones ni la solvencia de estas emisiones. Es cierto que nadie era capaz de explicar qué había bajo esos nombres anglosajones, indescifrables y técnicos. Pero qué demonios! al fin y al cabo todo el mundo invertía en productos financieros indescifrables! De hecho, el que no lo hacía quedaba relegado al analfabetismo inversor, siendo objeto de mofa por su entorno social y sobre todo bancario.
Era impensable que esa renta fija nebulosa creada por financos a demanda de inversópatas (premonitorio artículo de Junio 2007), pudiera generar pérdidas para sus tenedores. Al fin y al cabo se trataba de renta fija. Pero ahora sabemos que era tan fija como los beneficios de las entidades subyacentes (que jamás hubieramos previsto que llegasen a tambalearse), o tan fijas como la capacidad de un Ninja para pagar su hipoteca. ¿Quién iba a predecir que las entidades financieras (no sólo bancos) desaparecerían o deberían ser rescatadas masivamente; o que se concedieran créditos hipotecarios a familias insolventes de forma sistemática, masiva y perversa? Desde luego las entidades calificadoras de riesgo no, y en aquel entonces parecían La Biblia.
No se trata por lo tanto, de demonizar a los que vendieron esas emisiones hace algunos años, cuando nadie podía imaginar que pudieran convertirse en papel mojado. Se vendieron como seguras porque en aquel entonces nadie podía afirmar lo contrario. Pero a partir del verano de 2007 el mundo financiero empezó a cambiar. Y esas emisiones comenzaron a perder valor, aunque seguíamos viendolas como un producto seguro que simplemente tenía precios más atractivos. Desde entonces hasta hoy la situación de este tipo de emisiones ha cambiado radicalmente, y en el camino la mayoría de nosotros hemos dejado de considerarlas un instrumento de blindaje, un activo seguro, para considerarlas inversiones de riesgo. Eso ha ido sucediendo paulatinamente, y la afectación personal ha dependido de la cintura y agilidad de cada uno para analizar y reaccionar ante esa dramática realidad cambiante. Es aceptable que la reacción de asesores y banqueros pueda haberse producido más tarde de lo deseable, y que su supuesta formación y capacidad no haya servido para salvaguardar la mayor parte del patrimonio de sus clientes. Pero lo que sí es reprobable es que hoy aún hayan asesores y/o banqueros que sigan considerando este tipo de inversiones como renta fija segura con la que blindar patrimonio, sin haber evolucionado con la realidad.
Están permitiendo así, la muerte de la rana de sus clientes, a pesar de que algunas de estas emisiones se hayan literalmente desplomado violentamente por la propia aridez de ese mercado. Y muchos han sido incapaces de reaccionar, pero no por mera incompetencia sino por falta de honestidad consigo mismos y con sus clientes. Las consignas de las entidades para las que trabajan son, aún hoy, mantener e incluso comprar más a precios ridículos para compensar las pérdidas. Olvidando completamente el orígen y la motivación de estas carteras, que hace tiempo que dejaron de ser fijas y seguras y se están desmoronando una tras otra, llevándose por delante vidas enteras de ahorro y esfuerzo.
Las consultas recibidas no serían tan dramáticas si hace tan sólo unos meses, los gestores y asesores de sus respectivas carteras hubieran cogido el toro por los cuernos. Si hubiesen explicado que los activos en cartera de sus clientes se habían convertido, en estos tiempos convulsos y de crack financiero, en inversiones de riesgo. Incluso la responsabilidad podía derivarse hacia el colapso financiero de forma razonable, eximiendo de la misma a dichos asesores. Y aunque los Clientes les habrían recriminado por haberles asesorado mal en orígen, los argumentos de defensa de los asesores serían avalados por las circunstancias excepcionales de la crisis sistémica y también por su honestidad profesional. Pero lo realmente importante es que los activos de los Clientes se habrían salvado en una mayor proporción (a pesar de que sus rentas habrían disminuído drásticamente). Lamentablemente muchos profesionales no lo hicieron y prefirieron, prefieren aún, asesorar bajo el avestruzamiento y, lo que es mucho peor, la comercialidad.
Estas emisiones, como tales inversiones arriesgadas pueden ser una opción más para los inversores, pero siendo conscientes de su riesgo de impago de intereses o cupones, también de su riesgo de evento crediticio o incluso default y por lo tanto de su altísima volatilidad y potencial pérdida de valor.
Cuando se trata de emisiones de bancos relativamente sólidos como las propuestas por Fernan2 o Llinares, pueden suponer una inversión atractiva, pero jamás para blindar los ahorros de toda una vida. Se han convertido en inversiones de riesgo, y como tales tienen su público. Incluso las emisiones que estamos viendo en las carteras de las consultas recibidas, a pesar de ser en su mayoría emisores de dudosa solvencia en la actualidad, también podrían encontrar su sitio en una porción de cartera de determinados inversores. Pero lo dramático es que siguen configurando el 100% de estas carteras, que se diseñaron en su orígen para blindar todo el patrimonio de una familia y resguardarlo de los peligros de las bolsas.
El resultado os lo pedéis imaginar, patrimonios de trabajadores que han conseguido durante toda una vida de esfuerzo y sacrificio acumular unos centenares de miles (o incluso algún millón) de euros con pérdidas del 60, 70 e incluso 80%. Ahorros que ahora en plena vejez se han perdido sin haber querido jamás arriesgarlos. Sangrías que sus gestores y asesores no han sabido ni querido cortar a tiempo, y que aún hoy cuando una emisión tras otra deja de pagar ni siquiera los intereses, siguen con la consigna del «cuando todo esto pase ya se recuperará la par«. Repito que no es recriminable que hace unos años recomendaran este tipo de RF. Pero lo que no tiene perdón de Dios es que no hayan querido reaccionar valiente y honestamente ante unos productos que hace muchos meses que objetivamente dejaron de ser adecuados para blindar patrimonios. Ese, y no otro, era su trabajo.
Para nosotros es también muy duro tener que abrirle los ojos a estas Familias. Vienen a consultar situaciones tan desesperadas que les han llevado a desconfiar del banco en que han depositado su fe y patrimonio todos estos años. Consultas a las que llegan presas del pánico por ver que los extractos de sus carteras se están extinguiendo mes tras mes. Pero no obstante quieren creer lo que les dicen sus banqueros y asesores, y no pueden creer que su futuro haya cambiado radicalmente a estas alturas de su vida, sin comerlo ni beberlo. Obviamente tampoco hay ninguna garantía de que todas estas emisiones se extingan una tras otra como ya han empezado a hacerlo algunas. Por lo tanto la pregunta del millón que deben hacerse estas Familias es si la valoración actual de sus carteras es realmente vital para sus vidas. Si el valor residual actual de sus ahorros puede arriesgarse a cambio de una posible recuperación, quizás puedan mantenetse algunas posiciones y cruzar los dedos. Pero si perder el patrimonio que les queda a valoración actual (15 o 25% de lo que era tan sólo hace un año) es algo a lo que no pueden arriesgarse, no queda más remedio que vender y blindarlo según los criterios actuales.
Siempre ha sido más difícil afrontar la realidad que vivir en el engaño, pero las consecuencias de no reaccionar valientemente ante las adversidades suele tener resultados terribles. Una pena y una injusticia.
Siempre ha existido una relación directa entre recesión y aumento de empleos a tiempo parcial. Es lógico que en épocas en las que el empleo cae, se sustituyan trabajos de jornada completa por un difícil puzzle de empleos a tiempo parcial, que casi nunca llegan a generar los mismos ingresos que el anterior empleo de jornada completa.
En la multicrisis actual, ese fenómeno se está evidenciando de forma espeluznante, y no presagia más que una depresión muy aguda. Como vemos en el siguiente gráfico de los empleos a tiempo parcial en los EE.UU., la cifra ha superado ampliamente los picos de las recesiones de 1982-83 y del 1991-93. Su inclinación ascendente es digna de la madre de todas las burbujas. Y me temo que ésta no va a estallar, sino que deberemos desinflarla a base de duro esfuerzo y muchos años de penurias. Hasta que salga el sol de la expansión económica y comencemos a dejar atrás el dantesco escenario que nos rodeará.
Este fenómeno del aumento del trabajo a tiempo parcial se traduce implacablemente en una reducción sustancial de los ingresos laborales. Pero es que hay muchos trabajadores a jornada completa que, una vez perdido su empleo, difícilmente van a encontrar ni siquiera empleos a tiempo parcial. Bien sea por su edad, por sus condiciones físicas, por su capacitación profesional, por su localización geográfica (que vivan en una zona donde no existan alternativas laborales a tiempo parcial), etc.
En definitiva, tenemos ya ante nuestros incrédulos ojos a una sociedad occidental que se queda en la calle y que empieza a buscar desesperadamente fracciones de sueldos a tiempo parcial para subsistir. El problema es que esos ingresos laborales diezmados no sean suficientes (que en muchos casos no lo son) para que esas familias coman y puedan pagar el alquiler de un piso en el que apelotonarse. Pero otro gran problema es el endeudamiento que estas familias han acumulado durante la reciente era dorada, en la que los bancos y el Sistema les hicieron creer que eran de clase media. Y no hay trabajos a tiempo parcial que puedan soportar una hipoteca, un coche y unas vacaciones de las que todavía se debe la cuota correspondiente al todo incluido. Jamás podrán pagar sus deudas, y deberán centrar sus esfuerzos en trabajar a tiempo parcial exclusivamente para comprar comida y pagar el alquiler durante algunos años. Probablemente mucho más tiempo del que sería deseable y del que pueden soportar las entidades financieras.
La única prioridad ahora para este segmento mayoritario de la sociedad es conseguir engranar algunos trabajos a tiempo parcial para tener techo y comida. El resto de deudas están quedando ya desatendidas. Las entidades financieras se están convirtiendo en pseudo-inmobiliarias. En involuntarios cambiadores de dinero de todos, por gadgets y caprichos superfluos devaluados. Y con balances contables de muy difícil equilibrio a pesar de los presuntuosos beneficios que aún publican.
Empleos a tiempo parcial y morosidad son conceptos que van desgraciadamente de la mano en un escenario de abuso crediticio. Y la que hasta hoy llamábamos clase media se está reconvirtiendo trágica y apresuradamente en clase pobre o baja. Los sueños de millones y millones de personas se están haciendo mil pedazos al tiempo que pierden sus empleos, sus activos hipotecados o debidos, su solvencia y en muchos casos su dignidad. Y no sólo estamos hablando de inmigrantes, ni mucho menos.
Cuando la Economía se desmorona como lo está haciendo, el empobrecimiento social es tan sólo cuestión de tiempo en una tristísima cuenta atrás. Lamentablemente muchos viven ya a tiempo parcial.
Siendo m = la cantidad de dinero en circulación; v = la velocidad a la que circula en el sistema financiero; p = precio de las cosas; y q = la cantidad de producción (PIB).
En el escenario expansivo que dejamos atrás las innovaciones financieras potenciaron fuertemente el flujo de dinero (virtual o real) hacia el sistema. Pero ahora estamos en la situación inversa. La sequedad de la circulación del crédito hace que se derrumbe el consumo, retroalimentando así la propia sequedad de flujos monetarios. Por lo tanto es inevitable que la velocidad de circulación del dinero (v) se colapse. La pregunta del millón es: ¿Qué debemos hacer para compensar la disminición de v y que el reequilibrio de la fórmula no nos relegue a una pobreza extrema? Dejando de lado las consideraciones teóricas clásicas y tomando el resto como variables, tenemos varias opciones, pero todas ellas muy matemáticas y desgraciadamente poco humanas, como veremos a continuación:
Aumentarm: Los bancos centrales están por la labor. Con eufemismos discretos, pero realizando easings (se aceptan sugerencias para su traducción) cuantitativos y cualitativos a destajo. O sea todos contra el fuego. Al final os pego la definición en inglés de estos dos conceptos
Aumentarp: Los precios (IPC) parece que van a hundirse o en el mejor de los casos mantenerse, a pesar de los esfuerzos por hacerlos subir en lo que respecta a los precios fijados por los propios Estados: Servicios públicos, suministros, etc. Es decir, la demanda cae pero se intenta desesperadamente mantener los precios a flote para que la dichosa formulita no se nos caiga en exceso.
Aumentarq: La productividad, divino tesoro. España es la antítesis de lo que debería ser un aumento del PIB. Pero parece difícil de imaginar que el GDP global pueda compensar en nada la fórmula, a pesar de mantener la esperanza en países emergentes como china, India, Brasil, etc.
Resumiendo, ante la sequedad del sistema financiero, el colapso sólo lo podremos evitar aumentando el resto de variables hasta la restauración del equilibrio (o desequilibrio) expansivo. La producción global sólo puede salvarse gracias a los países emergentes. Pero con un primer mundo (definición que empieza ya a chirriar) en profunda depresión, parece muy difícil que el crecimiento emergente pueda compensar en gran medida. Son nuestra única esperanza, y a pesar de ello, los crecimientos de dos dígitos ya son historia. La crisis, que no el colapso, también azota a estos países. En cuanto a los precios, los que puedan fijar los Estados, probablemente subirán desmesuradamente. Pero la caída del consumo lastrará los precios, y el promedio difícilmente superará el mínimo exigible para que los burócratas y optimistas puedan sacar pecho proclamando que la recesión se ha dejado atrás. Si esto sucede lo hará intermitentemente, como en la década de los 30, en el mejor de los casos. Y en cuanto al aumento del dinero en circulación, no hay más que leer las noticias. Los bancos centrales emiten, canjean dinero a cambio de basura, compran deuda soberana y contaminada, etc. Incluso algunas voces apuntaban a nuevas modalidades en el aumento de la m, como por ejemplo la emisión de deuda por parte de los propios bancos centrales. Por primera vez en la historia se estan aplicando ambos conceptos, cualitativos y cuantitativos, al mismo tiempo:
Quantitative easing: Increase in the size of the balance sheet of the central bank through an increase in its monetary liabilities that holds constant the average liquidity / riskiness of its asset portfolio.
Qualitative easing: Shift in the composition of the assets of the central bank towards less liquid and riskier assets, holding constant the size of the balance sheet, and the official policy rate and the rest of the list of usual suspects.
Ahora se comprenderá mejor por qué he dicho que las opciones para compensar la caída de v en la fórmula son más matemáticas que humanas. Vivimos ya, aunque muchos sigan queriendo pensar que en uno o dos años todo volverá a la «normalidad«, en una espiral depresiva de la que va a ser muy difícil salir sin dejar en el intento muchas víctimas. De todo tipo. Ambos lados de la ecuación van a quedar muy disminuídos. La pregunta es si debemos seguir con un modelo de crecimiento inflacionario como mv=pq, o por el contrario podemos crear riqueza sostenidamente sin llegar al absurdo bucle suprageneracional de burbuja-colapso-burbuja. Pero al igual que un político difícilmente piensa en sacrificios y decisiones de gobierno que obtengan resultados más allá de las legislaturas en las que pueda ser reelegido, tampoco cabe esperar que seamos capaces de idear sistemas económicos sostenibles más allá de nuestras propias generaciones. Si nos ofrecen la posibilidad de parchear el sistema conocido, para que nosotros y nuestros hijos muramos de viejos sin volver a vivir una trampa de liquidez y un colapso del Sistema Financiero, ¿cuántos aceptarían gustosos? Mi admiración por los que preferirían purgar ahora toda nuestra culpa y sembrar, sacrificadamente en las próximas décadas, un nuevo sistema del que se beneficiasen nuestros nietos y más allá, pero personalmente confieso que se me hace difícil pensar más allá del futuro de mis hijos.
Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado. Friedrich Nietzsche (1844-1900)
P.D. El orígen de esta fórmula se atribuye a Jean Bodin en 1568, aunque fue Fisher en 1911 quien relacionó esta identidad con la Economía moderna, considerando v como una constante (sic). Posteriormente se le dió el llamado enfoque de Cambridge (Marshall y Pigou), en el que la circulación del dinero dependerá de las preferencias de cada idividuo. Friedman, ya en 1956, estableció la nueva Teoría Cuantitativa, relacionando la demanda del dinero con el coste de oportunidad para mantenerlo. Obviamente, en este proceso se fueron añadiendo nuevos conceptos a la fórmula, como los tipos de interés o la inflación.
Cabe decir también que, según mi criterio, en la actual refundación del sistema los 4 componentes de la ecuación original deben considerarse variables.
«Busco Trabajo.» Esta es la frase que se está adueñando del mundo occidental, especialmente en España. Empleos perdidos que la coyuntura, por llamar de alguna manera al castigo merecido por todos, se encargará de no sustituir por nuevos empleos. El puesto de trabajo se está convirtiendo apresuradamente en un verdadero lujo que hay que conservar como un tesoro.
Para los sufridos parados esa incapacidad para encontrar un nuevo puesto de trabajo es un drama sin paliativos. Sin embargo no todos los que aún conservan su puesto, son conscientes de que tienen una joya de muy difícil sustitución, y muy pocos cambian sustancialmente su esfurzo y productividad para intentar mantener su trabajo. No obstante dicho esfuerzo tampoco garantiza la continuidad, y es posible que el daño empresarial sea tan grave que los EREs o cierres sean devastadores. Y es que para muchas empresas la reacción en la productividad laboral, si ésta se produce significativamente, llega ya demasiado tarde.
El listón para acceder a nuevos puestos de trabajo en el futuro próximo, y ya en el presente, sube día a día. O lo que es lo mismo los sueldos de personal muy cualificado bajan, a la vez que para acceder a puestos no cualificados la competencia es feroz y desproporcionadamente preparada para esas tareas. Oferta y demanda, al fin y al cabo, pero que se convierten en bofetones de realidad acompañados de dramas personales muy duros.
En este escenario leo un artículo de Putabolsa con el diáfano título «Busco Trabajo» que desde aquí quisiera potenciar modestamente. Me parece un texto sincero y honrado, aunque en mi opinión excesivamente derrotista, escrito por parte de alguien que es un referente de los blogs bursátiles en España. Una muestra más de cómo se está poniendo un panorama que viene siendo más que previsible. Os recomiendo que lo leáis y que no os perdáis el casi centenar de comentarios de todo tipo recibidos en el citado post, algunos de los cuales procedentes de los blogueros más prestigiosos de este país. Por mi parte, Cesc, te repito lo que te dije ya en forma de comentario número 59 (aunque sé que no es ese el propósito de tu artículo). Muchos ánimos y hasta pronto. Os dejo con una frase lapidaria de dicho artículo:
«Si eres uno de los que todavia conservan su curro, ya sea una mierda de curro o un lujazo de curro super bien pagado, date por afortunado, creeme.»
Mucha gente cree que es una exageración macabra hablar de que en España, como en otros países de Europa, puedan verse disturbios callejeros más o menos generalizados en los próximos años o incluso meses. Algunos ni siquiera soportan oir hablar de ello a pesar de que no lo consideren exagerado. Simplemente prefieren seguir mirando, aunque sea ya desde muy lejos, hacia el añorado Disneylandia en el que vivíamos hasta hace un año o dos. Algunos apenas empiezan a sufir en sus carnes (economías domésticas) los efectos de la depresión en sus múltiples formas: Paro, depreciación inmobiliaria, pérdidas en las inversiones financieras, pérdidas empresariales, morosidad, descenso drástico de los ingresos familiares, etc.
En Economía muy pocas veces el futuro es tan predecible como hoy, y menos cuando tratamos de adivinar lo que sucederá a nivel global. Esta vez es muy fácil. El paro va a seguir aumentando en el 2009 y más allá. Las familias van a disponer de menos ingresos y recursos. Se va a trabajar más horas a cambio de menos, y eso con suerte. La virtual clase media volverá al mismo orígen de donde surgió: La clase media-baja o trabajadora. Con sus duras dificultades y sus escasas perspectivas de progreso. Como antaño.
El otro día hablaba con un empresario acerca de este futuro social negro, y me decía: «En España no vamos a escarmentar, la clase media aguantará el chaparrón y seguirá con sus insanos hábitos de producir poco y endeudarse mucho.» Pero va a ser que no. Esa inercia sembrada en el Estado del Bienestar virtual se va a corregir a golpes. Ni la crisis social va a durar uno o dos años, ni vamos a poder subsistir sin cambiar radicalmente nuestra idiosincrasia a base de muchas, muchísimas bajas. Y cuando decimos bajas nos referimos a empresas que desaparecen del mapa, a patrimonios que se extinguen y a economías domésticas modestas que quedan literalmente en la calle. ¿Y qué va a pasar con estos millones de personas que quedan sin ningún recurso? No es difícil adivinarlo si no escondemos la cabeza debajo del ala. La Ex-clase media y media-baja a quien se le va a extinguir el subsidio de desempleo sin posibilidad de conseguir ningún otro ingreso, no va a tener más remedio que delinquir, emigrar (a dónde?) y al mismo tiempo protestar y evidenciar su malestar. Al principio en forma de manifestaciones y huelgas de todo tipo más o menos organizadas, pero al cabo de unos meses, esa situación de emergencia social de millones de personas va a derivar en disturbios callejeros e inseguridad ciudadana. La razón nos dice que no puede ser de otro modo el futuro inmediato que tenemos ante nosotros, a pesar de que tengamos querencia a mirar hacia otro lado.
El escenario va a ser un infierno inimaginable para la generación de jóvenes que todo compraban y tenían, gracias al crédito y a los ahorros de sus antepasados. Pero esa será su visión subjetiva y en realidad vamos hacia un escenario que en países centro y suramericanos conocen bien, o sea ni infierno propiamente dicho ni inimaginable. Una sociedad la de América del Sur que ha vivido desde hace muchas décadas sin apenas clase media, con una minoritaria clase bienestante y una mayoritaria clase pobre que lo pasa mal y se busca la vida (que no los lujos) de la mejor manera que sabe. Y ya no hablemos de la sociedad africana, que ni siquiera alcanza el estatus de sociedad. En oriente también podemos encontrar ejemplos de sociedades con dificultades que están lejos del estado del bienestar occidental que conocemos. Pero quizá es más fácil extrapolar nuestro futuro inminente mirándonos en el espejo latinoamericano.
En general en estos países del sur de América la seguridad ciudadana deja mucho que desear. Y no puede ser de otro modo en países donde una mayoría vive en precario. Podemos mejorar y suavizar la imagen que tengamos de esos países a nuestro antojo antes de compararla con lo que preveemos que va a suceder en España. Podemos pensar que nuestra precariedad se va a quedar a medio camino de la situación actual de cualquier país suramericano, que la recuperación llegará incluso antes de que lleguemos a ese medio camino. Pero la dirección que hemos tomado es esa y no otra.
Supongo que algunos comentaréis que es exagerado hablar de disturbios en España, pero los conatos iniciados por Grecia o Francia vamos a verlos en nuestras calles sin duda alguna. Es sólo cuestión de tiempo. Actualmente ya hay en España más de 1.000.000 de familias en las que todos sus componentes están en paro, con subsidio o sin él. Y sólo vemos la punta de un iceberg creciente todavía alimentado por subsidios públicos. Una macabra cuenta atrás para despertar de un sueño en el que muchos ya nacieron. Eso hace que desconozcan cualquier otro modo de vida, y que el shock vaya a ser mucho más traumático. Esas generaciones intentarán revolucionar el mundo inútilmente (disturbios) en busca de un sueño irrepetible, sin ninguna otra referencia de lo que fue el mundo del s. XX antes de que estos jóvenes nacieran. Esta generación empezará pronto a preguntarse: ¿Hay vida más allá del crédito? Y la respuesta es Sí, pero mucho peor queridos amigos. Bienvenidos al mundo real, se acabaron las píldoras azules.
El shock que causa esta depresión en los jóvenes de la generación del crédito no mejora las posibilidades ni el timing para la recuperación global, sino al contrario. Y los efectos de este escenario en los patrimonios medios y mayores se evidencian día tras día si realizamos honestamente y con rigor el cálculo de la evolución patrimonial en el escenario pasado, actual y futuro.