
En primer lugar, el endeudamiento español es tan elevado que nuestra dependencia de la siguiente subasta de bonos es total. Estamos al borde del precipicio, y sólo una renovación milimétrica y absoluta de nuestros vencimientos, puede evitar el default de España como país. No importa a qué tipo de interés, lo esencial es que podamos pagar a vencimiento con dinero nuevo prestado. Porque somos insolventes y no hay un duro para devolver la deuda, si no es haciendo la pelota cada vez mayor. ¿Hasta cuándo? Pues hasta que Mr. Market diga basta. Es decir, hasta que la desconfianza creciente alcance cotas suficientes como para que las instituciones extranjeras decidan que prestar dinero a España ya no compensa ni siquiera a ese interés, también macábramente creciente. El proceso es el mismo que el seguido por países en un estado de descomposición económica más avanzado, como Grecia o Portugal.
En segundo lugar, nuestra capacidad para devolver la ingente deuda es nula, ya que para ello necesitamos superávit sostenido en lugar de déficit. Y esa generación de dinero excedente para desapalancarnos lentamente, jamás la conseguiremos sin una economía expansiva. Huelga decir (curioso término) que lo que tenemos hoy en España es precisamente todo lo contrario, o sea recesión económica de caballo.

La situación explicada más arriba es la que provoca que los Mercados, o sea los inversores extranjeros y nacionales, penalicen a los intereses españoles. Mr. Market no aprobaba que el déficit presupuestario estuviese desbocado y penalizaba nuestros fundamentales e indicadores con caídas bursátiles y aumentos de la prima de riesgo de la deuda española. Sin embargo, muchos creían con unos presupuestos restrictivos, que redujesen sustancialmente el déficit, esas penalizaciones se tornarían en bendiciones hacia nuestra política económica. Pero se equivocaban. Hoy los Mercados penalizan aún más el hecho de que unos recortes tan drásticos lleven a nuestra economía a la recesión y al colapso. Entonces ¿de qué forma podemos satisfacer las expectativas del Mercado, de los inversores internacionales, para que dejen de penalizarnos, y su dinero fluya de nuevo en nuestras venas? La respuesta es simple aunque pueda sorprender a algunos: De ninguna manera. Mr. Market penaliza ambas estrategias por la sencilla razón de que ambas son malas. Y alguien debe proclamar que en ningún sitio, más que en la conciencia de una generación nacida y criada con bienestar debido, está escrito que deba existir una solución a nuestro problema. Al menos una solución que no pase por un default o rescate, siempre traumático.
Ni demencia, ni delirio, ni dictadura. Mr. Market aporta básicamente lucidez a la hora de interpretar la cruda realidad. Y esa lucidez de los inversores globales en su conjunto, es lo más democrático que el Sistema haya podido crear. Lo que ocurre es que esa interpretación democrática de la economía no gusta quienes carecen de conocimientos económicos y que además pertenecen a países cuya situación es más difícil, y aún menos a su clase política. Pero guste o no, la objetividad y clarividencia de los Mercados ponen a cada uno en el lugar que merece a lo largo del tiempo, bien sea por sus actos realizados o tolerados democráticamente.
Así es, bienvenidos al mundo real. Un mundo en el que la economía española está desahuciada, y en el que sólo se podría evitar un default mediante un rescate más o menos encubierto, con acciones masivas como la que ya se está realizando mediante las LTRO hacia la quebrada banca española. Estamos en una situación sin salida, en la que Mr. Market desconfía cada vez más de la capacidad de España para devolver las deudas. Esa desconfianza, que se traduce en dificultades crecientes para refinanciarnos, nos aboca a una recesión letal para la poca solvencia que nos queda, si es que aún nos queda un atisbo de credibilidad como deudores. Y ese agravamiento de nuestra enfermedad terminal, hace que el Mercado nos dé aún más la espalda, como es natural.
Ante el callejón sin aparente salida, y la caída libre antes y después de la austeridad presupuestaria, algunos políticos, banqueros e inversores, se tiran ahora de los pelos y claman: ¿Qué c… quieres de España, Mr. Market? Pero la respuesta es aún más dramática que la pregunta, puesto que con cierta indiferencia los Mercados tan sólo se preocupan de centrarse en las economías crecientes, el nuevo mundo emergente, y de apartarse lo suficiente para que la miseria española no les salpique. Y quien reproche este comportamiento de Mr. Market, no está haciendo otra cosa que crucificar al mensajero por traer malas noticias.
