Siempre ha existido una relación directa entre recesión y aumento de empleos a tiempo parcial. Es lógico que en épocas en las que el empleo cae, se sustituyan trabajos de jornada completa por un difícil puzzle de empleos a tiempo parcial, que casi nunca llegan a generar los mismos ingresos que el anterior empleo de jornada completa.
En la multicrisis actual, ese fenómeno se está evidenciando de forma espeluznante, y no presagia más que una depresión muy aguda. Como vemos en el siguiente gráfico de los empleos a tiempo parcial en los EE.UU., la cifra ha superado ampliamente los picos de las recesiones de 1982-83 y del 1991-93. Su inclinación ascendente es digna de la madre de todas las burbujas. Y me temo que ésta no va a estallar, sino que deberemos desinflarla a base de duro esfuerzo y muchos años de penurias. Hasta que salga el sol de la expansión económica y comencemos a dejar atrás el dantesco escenario que nos rodeará.
Este fenómeno del aumento del trabajo a tiempo parcial se traduce implacablemente en una reducción sustancial de los ingresos laborales. Pero es que hay muchos trabajadores a jornada completa que, una vez perdido su empleo, difícilmente van a encontrar ni siquiera empleos a tiempo parcial. Bien sea por su edad, por sus condiciones físicas, por su capacitación profesional, por su localización geográfica (que vivan en una zona donde no existan alternativas laborales a tiempo parcial), etc.
En definitiva, tenemos ya ante nuestros incrédulos ojos a una sociedad occidental que se queda en la calle y que empieza a buscar desesperadamente fracciones de sueldos a tiempo parcial para subsistir. El problema es que esos ingresos laborales diezmados no sean suficientes (que en muchos casos no lo son) para que esas familias coman y puedan pagar el alquiler de un piso en el que apelotonarse. Pero otro gran problema es el endeudamiento que estas familias han acumulado durante la reciente era dorada, en la que los bancos y el Sistema les hicieron creer que eran de clase media. Y no hay trabajos a tiempo parcial que puedan soportar una hipoteca, un coche y unas vacaciones de las que todavía se debe la cuota correspondiente al todo incluido. Jamás podrán pagar sus deudas, y deberán centrar sus esfuerzos en trabajar a tiempo parcial exclusivamente para comprar comida y pagar el alquiler durante algunos años. Probablemente mucho más tiempo del que sería deseable y del que pueden soportar las entidades financieras.
La única prioridad ahora para este segmento mayoritario de la sociedad es conseguir engranar algunos trabajos a tiempo parcial para tener techo y comida. El resto de deudas están quedando ya desatendidas. Las entidades financieras se están convirtiendo en pseudo-inmobiliarias. En involuntarios cambiadores de dinero de todos, por gadgets y caprichos superfluos devaluados. Y con balances contables de muy difícil equilibrio a pesar de los presuntuosos beneficios que aún publican.
Empleos a tiempo parcial y morosidad son conceptos que van desgraciadamente de la mano en un escenario de abuso crediticio. Y la que hasta hoy llamábamos clase media se está reconvirtiendo trágica y apresuradamente en clase pobre o baja. Los sueños de millones y millones de personas se están haciendo mil pedazos al tiempo que pierden sus empleos, sus activos hipotecados o debidos, su solvencia y en muchos casos su dignidad. Y no sólo estamos hablando de inmigrantes, ni mucho menos.
Cuando la Economía se desmorona como lo está haciendo, el empobrecimiento social es tan sólo cuestión de tiempo en una tristísima cuenta atrás. Lamentablemente muchos viven ya a tiempo parcial.
Siendo m = la cantidad de dinero en circulación; v = la velocidad a la que circula en el sistema financiero; p = precio de las cosas; y q = la cantidad de producción (PIB).
En el escenario expansivo que dejamos atrás las innovaciones financieras potenciaron fuertemente el flujo de dinero (virtual o real) hacia el sistema. Pero ahora estamos en la situación inversa. La sequedad de la circulación del crédito hace que se derrumbe el consumo, retroalimentando así la propia sequedad de flujos monetarios. Por lo tanto es inevitable que la velocidad de circulación del dinero (v) se colapse. La pregunta del millón es: ¿Qué debemos hacer para compensar la disminición de v y que el reequilibrio de la fórmula no nos relegue a una pobreza extrema? Dejando de lado las consideraciones teóricas clásicas y tomando el resto como variables, tenemos varias opciones, pero todas ellas muy matemáticas y desgraciadamente poco humanas, como veremos a continuación:
Aumentarm: Los bancos centrales están por la labor. Con eufemismos discretos, pero realizando easings (se aceptan sugerencias para su traducción) cuantitativos y cualitativos a destajo. O sea todos contra el fuego. Al final os pego la definición en inglés de estos dos conceptos
Aumentarp: Los precios (IPC) parece que van a hundirse o en el mejor de los casos mantenerse, a pesar de los esfuerzos por hacerlos subir en lo que respecta a los precios fijados por los propios Estados: Servicios públicos, suministros, etc. Es decir, la demanda cae pero se intenta desesperadamente mantener los precios a flote para que la dichosa formulita no se nos caiga en exceso.
Aumentarq: La productividad, divino tesoro. España es la antítesis de lo que debería ser un aumento del PIB. Pero parece difícil de imaginar que el GDP global pueda compensar en nada la fórmula, a pesar de mantener la esperanza en países emergentes como china, India, Brasil, etc.
Resumiendo, ante la sequedad del sistema financiero, el colapso sólo lo podremos evitar aumentando el resto de variables hasta la restauración del equilibrio (o desequilibrio) expansivo. La producción global sólo puede salvarse gracias a los países emergentes. Pero con un primer mundo (definición que empieza ya a chirriar) en profunda depresión, parece muy difícil que el crecimiento emergente pueda compensar en gran medida. Son nuestra única esperanza, y a pesar de ello, los crecimientos de dos dígitos ya son historia. La crisis, que no el colapso, también azota a estos países. En cuanto a los precios, los que puedan fijar los Estados, probablemente subirán desmesuradamente. Pero la caída del consumo lastrará los precios, y el promedio difícilmente superará el mínimo exigible para que los burócratas y optimistas puedan sacar pecho proclamando que la recesión se ha dejado atrás. Si esto sucede lo hará intermitentemente, como en la década de los 30, en el mejor de los casos. Y en cuanto al aumento del dinero en circulación, no hay más que leer las noticias. Los bancos centrales emiten, canjean dinero a cambio de basura, compran deuda soberana y contaminada, etc. Incluso algunas voces apuntaban a nuevas modalidades en el aumento de la m, como por ejemplo la emisión de deuda por parte de los propios bancos centrales. Por primera vez en la historia se estan aplicando ambos conceptos, cualitativos y cuantitativos, al mismo tiempo:
Quantitative easing: Increase in the size of the balance sheet of the central bank through an increase in its monetary liabilities that holds constant the average liquidity / riskiness of its asset portfolio.
Qualitative easing: Shift in the composition of the assets of the central bank towards less liquid and riskier assets, holding constant the size of the balance sheet, and the official policy rate and the rest of the list of usual suspects.
Ahora se comprenderá mejor por qué he dicho que las opciones para compensar la caída de v en la fórmula son más matemáticas que humanas. Vivimos ya, aunque muchos sigan queriendo pensar que en uno o dos años todo volverá a la «normalidad«, en una espiral depresiva de la que va a ser muy difícil salir sin dejar en el intento muchas víctimas. De todo tipo. Ambos lados de la ecuación van a quedar muy disminuídos. La pregunta es si debemos seguir con un modelo de crecimiento inflacionario como mv=pq, o por el contrario podemos crear riqueza sostenidamente sin llegar al absurdo bucle suprageneracional de burbuja-colapso-burbuja. Pero al igual que un político difícilmente piensa en sacrificios y decisiones de gobierno que obtengan resultados más allá de las legislaturas en las que pueda ser reelegido, tampoco cabe esperar que seamos capaces de idear sistemas económicos sostenibles más allá de nuestras propias generaciones. Si nos ofrecen la posibilidad de parchear el sistema conocido, para que nosotros y nuestros hijos muramos de viejos sin volver a vivir una trampa de liquidez y un colapso del Sistema Financiero, ¿cuántos aceptarían gustosos? Mi admiración por los que preferirían purgar ahora toda nuestra culpa y sembrar, sacrificadamente en las próximas décadas, un nuevo sistema del que se beneficiasen nuestros nietos y más allá, pero personalmente confieso que se me hace difícil pensar más allá del futuro de mis hijos.
Solamente aquel que construye el futuro tiene derecho a juzgar el pasado. Friedrich Nietzsche (1844-1900)
P.D. El orígen de esta fórmula se atribuye a Jean Bodin en 1568, aunque fue Fisher en 1911 quien relacionó esta identidad con la Economía moderna, considerando v como una constante (sic). Posteriormente se le dió el llamado enfoque de Cambridge (Marshall y Pigou), en el que la circulación del dinero dependerá de las preferencias de cada idividuo. Friedman, ya en 1956, estableció la nueva Teoría Cuantitativa, relacionando la demanda del dinero con el coste de oportunidad para mantenerlo. Obviamente, en este proceso se fueron añadiendo nuevos conceptos a la fórmula, como los tipos de interés o la inflación.
Cabe decir también que, según mi criterio, en la actual refundación del sistema los 4 componentes de la ecuación original deben considerarse variables.
«Busco Trabajo.» Esta es la frase que se está adueñando del mundo occidental, especialmente en España. Empleos perdidos que la coyuntura, por llamar de alguna manera al castigo merecido por todos, se encargará de no sustituir por nuevos empleos. El puesto de trabajo se está convirtiendo apresuradamente en un verdadero lujo que hay que conservar como un tesoro.
Para los sufridos parados esa incapacidad para encontrar un nuevo puesto de trabajo es un drama sin paliativos. Sin embargo no todos los que aún conservan su puesto, son conscientes de que tienen una joya de muy difícil sustitución, y muy pocos cambian sustancialmente su esfurzo y productividad para intentar mantener su trabajo. No obstante dicho esfuerzo tampoco garantiza la continuidad, y es posible que el daño empresarial sea tan grave que los EREs o cierres sean devastadores. Y es que para muchas empresas la reacción en la productividad laboral, si ésta se produce significativamente, llega ya demasiado tarde.
El listón para acceder a nuevos puestos de trabajo en el futuro próximo, y ya en el presente, sube día a día. O lo que es lo mismo los sueldos de personal muy cualificado bajan, a la vez que para acceder a puestos no cualificados la competencia es feroz y desproporcionadamente preparada para esas tareas. Oferta y demanda, al fin y al cabo, pero que se convierten en bofetones de realidad acompañados de dramas personales muy duros.
En este escenario leo un artículo de Putabolsa con el diáfano título «Busco Trabajo» que desde aquí quisiera potenciar modestamente. Me parece un texto sincero y honrado, aunque en mi opinión excesivamente derrotista, escrito por parte de alguien que es un referente de los blogs bursátiles en España. Una muestra más de cómo se está poniendo un panorama que viene siendo más que previsible. Os recomiendo que lo leáis y que no os perdáis el casi centenar de comentarios de todo tipo recibidos en el citado post, algunos de los cuales procedentes de los blogueros más prestigiosos de este país. Por mi parte, Cesc, te repito lo que te dije ya en forma de comentario número 59 (aunque sé que no es ese el propósito de tu artículo). Muchos ánimos y hasta pronto. Os dejo con una frase lapidaria de dicho artículo:
«Si eres uno de los que todavia conservan su curro, ya sea una mierda de curro o un lujazo de curro super bien pagado, date por afortunado, creeme.»
Mucha gente cree que es una exageración macabra hablar de que en España, como en otros países de Europa, puedan verse disturbios callejeros más o menos generalizados en los próximos años o incluso meses. Algunos ni siquiera soportan oir hablar de ello a pesar de que no lo consideren exagerado. Simplemente prefieren seguir mirando, aunque sea ya desde muy lejos, hacia el añorado Disneylandia en el que vivíamos hasta hace un año o dos. Algunos apenas empiezan a sufir en sus carnes (economías domésticas) los efectos de la depresión en sus múltiples formas: Paro, depreciación inmobiliaria, pérdidas en las inversiones financieras, pérdidas empresariales, morosidad, descenso drástico de los ingresos familiares, etc.
En Economía muy pocas veces el futuro es tan predecible como hoy, y menos cuando tratamos de adivinar lo que sucederá a nivel global. Esta vez es muy fácil. El paro va a seguir aumentando en el 2009 y más allá. Las familias van a disponer de menos ingresos y recursos. Se va a trabajar más horas a cambio de menos, y eso con suerte. La virtual clase media volverá al mismo orígen de donde surgió: La clase media-baja o trabajadora. Con sus duras dificultades y sus escasas perspectivas de progreso. Como antaño.
El otro día hablaba con un empresario acerca de este futuro social negro, y me decía: «En España no vamos a escarmentar, la clase media aguantará el chaparrón y seguirá con sus insanos hábitos de producir poco y endeudarse mucho.» Pero va a ser que no. Esa inercia sembrada en el Estado del Bienestar virtual se va a corregir a golpes. Ni la crisis social va a durar uno o dos años, ni vamos a poder subsistir sin cambiar radicalmente nuestra idiosincrasia a base de muchas, muchísimas bajas. Y cuando decimos bajas nos referimos a empresas que desaparecen del mapa, a patrimonios que se extinguen y a economías domésticas modestas que quedan literalmente en la calle. ¿Y qué va a pasar con estos millones de personas que quedan sin ningún recurso? No es difícil adivinarlo si no escondemos la cabeza debajo del ala. La Ex-clase media y media-baja a quien se le va a extinguir el subsidio de desempleo sin posibilidad de conseguir ningún otro ingreso, no va a tener más remedio que delinquir, emigrar (a dónde?) y al mismo tiempo protestar y evidenciar su malestar. Al principio en forma de manifestaciones y huelgas de todo tipo más o menos organizadas, pero al cabo de unos meses, esa situación de emergencia social de millones de personas va a derivar en disturbios callejeros e inseguridad ciudadana. La razón nos dice que no puede ser de otro modo el futuro inmediato que tenemos ante nosotros, a pesar de que tengamos querencia a mirar hacia otro lado.
El escenario va a ser un infierno inimaginable para la generación de jóvenes que todo compraban y tenían, gracias al crédito y a los ahorros de sus antepasados. Pero esa será su visión subjetiva y en realidad vamos hacia un escenario que en países centro y suramericanos conocen bien, o sea ni infierno propiamente dicho ni inimaginable. Una sociedad la de América del Sur que ha vivido desde hace muchas décadas sin apenas clase media, con una minoritaria clase bienestante y una mayoritaria clase pobre que lo pasa mal y se busca la vida (que no los lujos) de la mejor manera que sabe. Y ya no hablemos de la sociedad africana, que ni siquiera alcanza el estatus de sociedad. En oriente también podemos encontrar ejemplos de sociedades con dificultades que están lejos del estado del bienestar occidental que conocemos. Pero quizá es más fácil extrapolar nuestro futuro inminente mirándonos en el espejo latinoamericano.
En general en estos países del sur de América la seguridad ciudadana deja mucho que desear. Y no puede ser de otro modo en países donde una mayoría vive en precario. Podemos mejorar y suavizar la imagen que tengamos de esos países a nuestro antojo antes de compararla con lo que preveemos que va a suceder en España. Podemos pensar que nuestra precariedad se va a quedar a medio camino de la situación actual de cualquier país suramericano, que la recuperación llegará incluso antes de que lleguemos a ese medio camino. Pero la dirección que hemos tomado es esa y no otra.
Supongo que algunos comentaréis que es exagerado hablar de disturbios en España, pero los conatos iniciados por Grecia o Francia vamos a verlos en nuestras calles sin duda alguna. Es sólo cuestión de tiempo. Actualmente ya hay en España más de 1.000.000 de familias en las que todos sus componentes están en paro, con subsidio o sin él. Y sólo vemos la punta de un iceberg creciente todavía alimentado por subsidios públicos. Una macabra cuenta atrás para despertar de un sueño en el que muchos ya nacieron. Eso hace que desconozcan cualquier otro modo de vida, y que el shock vaya a ser mucho más traumático. Esas generaciones intentarán revolucionar el mundo inútilmente (disturbios) en busca de un sueño irrepetible, sin ninguna otra referencia de lo que fue el mundo del s. XX antes de que estos jóvenes nacieran. Esta generación empezará pronto a preguntarse: ¿Hay vida más allá del crédito? Y la respuesta es Sí, pero mucho peor queridos amigos. Bienvenidos al mundo real, se acabaron las píldoras azules.
El shock que causa esta depresión en los jóvenes de la generación del crédito no mejora las posibilidades ni el timing para la recuperación global, sino al contrario. Y los efectos de este escenario en los patrimonios medios y mayores se evidencian día tras día si realizamos honestamente y con rigor el cálculo de la evolución patrimonial en el escenario pasado, actual y futuro.
En el siguiente gráfico de dshort.com vemos cómo han evolucionado históricamente los 4 crash más demoledores de la Historia moderna de la Economía mundial. En él vemos cuatro colores que corresponden a los recorridos bajistas de:
La Crisis del Petróleo desde el 11 de Enero de 1973 hasta el 3 de Octubre de 1974.
Es Crash de la Burbuja Tecnológica desde el 24 de Marzo de 2000 hasta el 9 de Octubre de 2002.
El Crash del 29 y la Gran Depresión desde el 3 de Septiembre de 1929 hasta el 8 de Julio de 1932.
El Crash de la actual Burbuja Crediticia desde el 9 de Octubre de 2007 hasta una fecha futura incierta.
Cabe tener en cuenta que el gráfico muestra, en el eje vertical, el porcentaje de caída desde el anterior máximo del índice de referencia. Por su lado, el eje horizontal nos muestra la extensión en el tiempo de dichas caídas, correspondiendo las cifras a días de cotización del mercado. También hay que tener presente que el Crash del 29 está basado en el DOW, mientras que los otros tres están basados en el S&P; 500.
¿Qué conclusiones podemos sacar de este gráfico? Por ejemplo que en la actualidad hemos alcanzado un 50% de descenso en tan pocas sesiones como sucedió en el Crack del 29, y por el contrario las otras dos caídas necesitaron de muchas más semanas de mercado. Es decir, la verticalidad de esta caída es sólo comparable a la del 29 hasta el momento.
Por otro lado también debemos contemplar que la causa de la crisis actual no está localizada en un sector concreto como lo fue en el 73, energía (interesante artículo de 1975 al respecto), o en el 2000, tecnológicas (resumen del año 2000 de El Mundo). Como ya hemos dicho en otras ocasiones estamos ante una multi-crisis poliédrica con un componente de desapalancamiento y trampa de liquidez jamás visto. Además en un entorno globalizado como nunca, y por supuesto incomparable a lo sucedido en 1929.
Tengamos también presente que el gráfico del crash del 29 sólo representa el principal ciclo bajista desde 1929 hasta 1932. En ningún caso podemos delimitar los efectos de la Great Depression a las 800 sesiones de mercado que contempla el gráfico, ya que recordemos que representa porcentaje de caída respecto al anterior máximo. Pero la cruda realidad de la Gran Depresión se prolongó hasta la mismísima entrada en la II Guerra Mundial de los EE.UU. después del ataque a Pearl Harbour. Por tanto si comparamos la situación actual con lo que vemos que sucedió en el gráfico del 29, la actual depresión puede prolongarse mucho más allá de las 800 sesiones que vemos representadas. Y no me estoy refiriendo a que vayamos a ver una caída continuada de los mercados como la del periodo 29-32 (aunque llevamos camino de ello), sino a que incluso con intermitentes, leves y efímeras recuperaciones en los precios, el periodo en el cual vamos a atravesar un desierto en inversiones financieras alcistas puede ser incluso mucho más prolongado que lo que vemos en este simple gráfico.
Nuestro horizonte depresivo no tiene parangón y por lo tanto este ejercicio comparativo es muy temerario, pero recordemos que el horizonte de 800 o 1000 sesiones que vemos en este gráfico no es más que una fase de la Great Depression del 29. Y como ya hemos dicho la crisis actual sufre fundamentos nunca vistos que pueden hacer que la depresión sea incluso más profunda y larga. No obstante la globalización actual puede tener efectos nocivos de amplificación y extensiónde la crisis, como hasta hoy, o por el contrario puede contribuir decisivamente a una recuperación mucho más rápida y sorprendente. El tiempo dirá.
Mientras tanto deberíamos ser muy escépticos ante las previsiones de recuperación próxima basadas en absurdas estadísticas cíclicas, sacadas de tiempos pasados y/o recientes, de cuando el mundo era capitalista. Hoy todavía no sabemos cómo nombrar adonde vamos, pero es otra cosa, una nueva era donde la liquidez parece la única moneda de cambio hasta el momento.
Tradicionalmente las divisas de las economías estresadas se han devaluado frente a las divisas de los países más fuertes, con menos problemas. Esa praxis monetaria ha solucionado muchas papeletas en situaciones económicas de países a punto del colapso. Ha supuesto una válvula de escape endogámica cuando la presión se ha vuelto insoportable o muy peligrosa. Era una norma no escrita para los países que no se habían portado bien, no habían hecho los deberes o simplemente no habían sido capaces de seguir el ritmo de crecimiento y rigor económico de sus vecinos, con economías más punteras y saneadas. Los ministros de Economía siempre han sabido que: Antes de irte al garete, devalúas pero sigues jugando. O sea lo que hoy se llamaría un downgrade de la economía entera de un país pero con un cierto outlookpositivo.
Pero eso sucedía en un mundo antiguo, donde cada Estado tenía su propia divisa, su propia munición que detonaba al antojo de su gobierno. El resto, las verdaderas potencias, oían en la lejanía las explosiones, marcaban una muesca más en la empuñadura de sus economías, y seguían a lo suyo.
Hoy la Globalización nos ha llevado a un mundo totalmente interconectado, donde tan sólo existen dos divisas importantes ($ y €) y un par más secundarias (Yen y Libra). El resto son meras comparsas especulativas (con el permiso del CHF o del Yuan y su artificial contravalor). En este escenario moderno, además, las finanzas son vasos más comunicantes que nunca. Y lo hemos podido comprobar funestamente con la contaminación mundial de titulaciones tóxicas. La pandemia de la crisis de crédito global ha derivado hacia una trampa de liquidez que parece que sólo sabremos paliar inflacionando contra-reloj bajo una depresión aplastante.
En este punto oigo (leo) algunas voces que reclaman nostálgicamente poder depreciar la peseta, como hacíamos antaño cuando las cosas se ponían feas. El mismísimo Paul Krugman lamenta en su blog del NYT que España no pueda devaluar. Pero hacerlo en depresión no es lo mismo que en expansión económica, no es lo mismo devaluar con deuda moderada que hacerlo unilateralmente con la actual M3, en absoluto (nótese que el siguiente gráfico representa la época pre-crack, es decir hasta Junio 2006). ¿Quién iba a querer invertir en España comprando una deuda con capacidad para depreciar en un entorno sin esa capacidad? Y si esa hemorragia de financiación se produjera, España sería incapaz de financiarse en un momento crítico. De nada serviría mejorar nuestra capacidad exportadora porque nuestra economía sería ya cadáver.
Aún así algunos lloran temerariamente la versatilidad que ofrecía una divisa propia en una economía del s.XX. Perova a ser que no, devaluar ya no sería viable, y no sólo porque el € haya sustituido la peseta o porque ahuyentaría la financiación. Sino también porque si la UE quisiera en su conjunto devaluar el €, sólo tendría sentido hacerlo contra $. Me explicaré: Para depreciar una divisa se debe hacer respecto a otras que ejercen de referencia, las divisas que lideran la economía de la zona. En la actualidad, la globalización nos impide ya seguir hablando de zonas, regiones o Estados y debemos hacerlo ya con vision de economía global. Por lo tanto, ante la intención de devaluar la moneda, debemos identificar primero a costa de quiénes la vamos a devaluar. Y aquí se nos presenta el gran problema: ¿Cuáles son las divisas de referencia mundial, la referencia contra la que devaluar? ¿Quién es el rico dominante, la locomotora del mundo hoy en día? Jamás habríamos pensado que estas preguntas nos pudieran llegar a hacer dudar, ¿verdad?
Para los que opinen que esa divisa número uno mundial, que la economía lider sigue siendo EE.UU. y su USD, les diría que probablemente no hay mejores opciones que esa, pero que llegamos demasiado tarde. La devaluación paulatina, si es que podemos llamarla así, que hemos visto en los últimos meses (años) es la del propio $, sobre todo contra € (e incluso contra Yuan como estrategia). Y aún así las cifras económicas norteamericanas siguen en barrena. La Libra también se desploma en la City mientras que el yen paga los excesos por haber sido la muñeca hinchable del carry-trade mundial, especialmente por el inversor en mercados norteamericanos.
Llegados a este punto, es obvio que tanto USD como GBP están devaluando de factocontra EUR y YEN, achicando el valor de sus divisas en la cara de la UE. Una Europa que va a la deriva económica en este escenario en el que su motor (Alemania) se ha clavado y su transmisión (Gran Bretaña) se ha roto; y también de un Japón que purga un manoseado Yen en un entorno deflacionario que conoce muy bien desde hace dos décadas, y en el que sabe moverse mejor que nosotros.
Hablar por tanto de devaluación, tal y como tradicionalmente se ha utilizado este concepto, está ya obsoleto en un mundo en el que la Economía es supranacional. Hoy quizás deberíamos definir la capacidad de las áreas económicas (que no Estados) para disminuir el valor de sus macro-divisas a su conveniencia. Y en un escenario tan crítico como el actual, estamos ante una especie de «tonto el último«. Otros preferirán ver en estas caídas de USD y GBP las secuelas del empeoramiento del estado de salud de las economías norteamericana y británica, como un daño colateral. Pero en realidad es más un beneficio colateral, una devaluación encubierta, de nueva generación y soportada por EUR y YEN. Y sus efectos ya no son tan balsámicos como en la Era de las Devaluaciones, ni mucho menos. Pero sí que serán muy nocivos para los «útlimos tontos» en este escenario depresivo.
El Paciente Americano sigue con pronóstico reservado mientras los europeos seguimos en la cabecera de su cama. Y algunos españoles recuerdan con nostalgia aquellos tiempos de depreciaciones, en que ser cabeza de ratón (España/Peseta) nos permitía hacer un reset en nuestra entrañable moneda cuando el agua llegaba al cuello. Pero ahora no. Ahora estamos en la cola de un león (UE/€) que bebe en platitos de leche y lame las heridas del Paciente Americano. La Era de la Devaluación quedó atrás, hoy es el Mundo el que pierde valor en un Corralito global.
No, BHO no son las siglas de ningún banco que haya sido rescatado, ni de la última estafa o bancarrota. Nos referimos a Barack Hussein Obama.
Se está convirtiendo por momentos en un huracán. El mundo entero está depositando en el primer presidente negro delos EE.UU. las esperanzas para salir del agujero económico en el que nos hemos metido. Es mucho más que el nuevo presidente made in USA. Es la nueva esperanza negra, multiétnica, de un mundo global y diverso que busca la sostenibilidad pero sin recursos y en caída libre.
Ya en sus primeras decisiones como presidente está encontrando muy poca oposición. Tiene todo el crédito del mundo (paradójica definición) para implementar unos milagros que probablemente decepcionen con el tiempo, pero que hoy por hoy suponen la Esperanza en mayúsculas para países ricos y pobres. Las críticas, la discordia y los conflictos llegarán, pero todavía no se atreven sus enemigos u oponentes naturales a ensuciar su inmaculada aurea. Es decir, Barack, todavía no ha decepcionado a nadie. Y no lo ha hecho, no sólo porque no ha dado tiempo, sino porque fans y oposición (interna e internacional) ven en este hombre a un presidente de los EE.UU. distinto, y al que le ha tocado gobernar en unas circunstantcias inauditas y muy difíciles para el mundo. Lógicamente los primeros en romper esta armonía global serán, son, los integristas: Islámicos, republicanos e incluso los católicos (de hecho el Vaticano ya se ha apresurado a criticar la decisión de permitir la investigación con células madre, una de las primeras decisiones del equipo de gobierno de Obama), además de otras minorías relativamente marginales.
Todas estas voces integristas que atacan y atacarán la gestión Obama ya desde el mismo inicio y de forma sistemática, que no ven en este líder al único motor que puede sacar a la economía mundial de una lerga depresión, son irresponsables y miopes. Son incapaces de levantar la cabeza de sus creencias religiosas, odios raciales, aversiones políticas y/o incapaces de distinguir la era Bush del nuevo mundo que se está formando con esta refundación involuntaria del capitalismo. El Integrismo en todas sus diversas y nocivas formas, es incompatible con el Big Picture, con una visión global y tolerante de la Humanidad. Lamentablemente es así. Somos así.
Sin embargo estoy seguro de que el fenómeno Barack Hussein Obama decepcionará con el tiempo. No puede ser de otro modo ya que hoy encarna la ilusión de un nuevo mundo que difícilmente vamos a poder compatibilizar con una economía mundial herida de muerte. Pero enfrentarnos al tétrico futuro que tenemos ante nosotros sin la ilusión, la fe y el entusiasmo en el fenómeno Obama, sería muchísimo peor. Porque las posibilidades de salir de ésta con sufrimientos soportables pasan por creer, ilusionarnos y luchar en y por nuestro futuro junto a un líder mundial distinto, como Barack. No estoy hablando de las bondades de la política demócrata frente a otras, ni de las bondades del american way of life respecto a estilos de vida europeos o no occidentales, en absoluto. Ni siquiera estoy hablando de política. Sólo quiero constatar que la globalización ha llegado también al liderazgo político mundial, y lo ha hecho en el momento en que más lo necesitamos.
Una muestra de lo que está suponiendo el fenómeno Obama es que sus admiradores en Facebook superan en el momento de escribir este artículo los 4.442.988 seguidores. Pero lo realmente espectacular es que ese número, con aceleración constante, aumenta en más de un seguidor y medio por segundo cuando en los EE.UU. duermen, y alcanza los casi 2,5 nuevos seguidores por segundo cuando allí es de día… Espectacular. Incluso su nombre Barack Hussein Obama, lleva inherente la globalidad y la diversidad que genera debate y controversia. Relación Obama-Facebook, un ejemplo de conceptos inexistentes hace muy poco y que son una prueba más de la excepcionalidad del fenómeno Barack.
Vivimos tiempos lamentablemente históricos en el Sistema Financiero y en la Economía mundial. Nosotros somos los únicos culpables. El camino hacia la recuperación va a ser muy duro y largo, pero la mejor forma de iniciarlo es potenciando la poca ilusión y convicción de la que vamos a disponer en el futuro próximo. El Efecto BHO es algo que todos deberíamos potenciar, por convencimiento, por el bien común o por mero instinto de supervivencia. Y por supuesto convenciéndonos de que, a pesar de que muchos quedarán en el camino, podemos alcanzar la recuperación y no es una quimera: Yes We Can.
Ahí va otro artículo anónimo que nos ha llegado como comentario y en él vemos un caso real de un cuchillo cayendo. Lo que a nuestro juicio merece una reflexión es la posición del gestor/asesor a lo largo de todo el proceso de caída del valor:
«Llevo todo el día queriendo escribir un post sobre Cintra después de ver el castigo de los últimos días. Hoy ha cerrado con una caída del 9% y al final me he decidido a compartir con vosotros lo que pienso del valor. En realidad llevo hablando más de un año de Cintra a mis amigos. Empecé a seguirlo cuando en Diciembre de 2007, en una reunión de inversores organizada por Credit Suisse, el banco recomendaba invertir en bolsa y en especial recomendaban Cintra como valor «seguro». Aún conservo el papel con la recomendación del valor cuando cotizaba cerca de los 12 euros. Lo guardé por que estaba convencido de que se acercaba un ciclo bajista y quería comprobar las predicciones del banco. Desde entonces seguí preguntando regularmente a los gestores de CS por el valor. Cuando en verano el valor tocó los 6,5 euros, pregunté con tonillo sarcástico, si el banco todavía lo recomendaba. El gestor desplegó todas sus armas de buen vendedor para convencerme de que era un valor segurísimo, que el banco lo había recomendado en todo momento. Las palabras textuales fueron «lo recomendábamos cuando estaba a 8,5 y ahora que está a 6,5 mucho más». A partir de ahí empezó toda una disertación del gestor sobre lo bueno que es el negocio de Cinta, lo estable de los ingresos (yo esto no lo comparto pero bueno) y la conclusión era que la bolsa se estaba comportando de forma irracional y que Cintra volvería a su valor objetivo de 13,5 en breve. Mi contestación es que nunca le he pedido a la bolsa que se comporte de forma racional por que nunca lo ha hecho; y que prefería esperar otro año a ver que pasaba. Hoy Cintra ha cerrado a 3,76?. Si en Diciembre del 2007 hubiera hecho caso al banco perdería un 70% en un valor que era «seguro». Menos mal que apliqué mi criterio y no el del banco. Nunca me he alegrado tanto de no comprar una acción. Acabo de recibir un mail de Renta4 que proyecta caídas teóricas hasta los 2,3. Puestos así el suelo claro es el 0, pero seguro que se para antes.
Yo pienso que el suelo de Cintra está cerca aunque no sé decir dónde y creo que nadie lo puede calcular. Aún así todavía no me atrevo a comprar. La sombra de absorción por parte de Ferrovial es el principal motivo. También pienso que no hay que comprar un valor en caída libre pensando que se va parar por ciencia infusa. El caso es que la colocación de Cintra me recuerda demasiado a la salida a bolsa de Terra. No dudo que Cintra, a diferencia de Terra, tiene activos reales. Pero hoy por hoy lo que mas tiene Cintra es DEUDA! Creo que Ferrovial va a esperar a que Cintra caiga todo lo posible para reabsorberla y en esa operación dudo que se pueda ganar dinero si no tienes información de dentro de cuando y a que precios. Que alguien me diga que ganó dinero con la caída de Terra a los infiernos o en la absorción por parte de Telefónica.
Vosotros que pensáis? Seguro que muchos de vosotros a esos precios quiere comprar «activos tangibles» a buen precio. Por esto es un claro ejemplo de que la bolsa no se comporta de forma racional, ¿verdad? «
Independientemente de los comentarios que surjan sobre el valor en concreto, este texto me pareció un claro ejemplo de lo que es hoy el mundo del asesoramiento. Posiblemente las proyecciones de Renta4 sean tan inseguras como las que hicieron en su día los gestores de Credit Suisse, aunque su nivel de acierto sea distinto circunstancialmente. ¿O acaso pensamos que los asesores de Renta4 son más competentes que los de CS? Simplemente esta vez, en este caso concreto, les ha tocado a ellos acertar, y habría que ver qué recomendaban acerca de Cintra cuando estaba en 12 €. Y viceversa, porque lo mismo podríamos decir de los asesores de CS. Pero no debemos ver en estas recomendaciones un afán exclusivamente recaudatorio de comisiones (que también lo hay), sino que los asesores, brokers y gestores de entidades financieras, que se pasan el día frente a unas cuantas pantallas, que se acuestan y se despiertan con cotizaciones en la cabeza, realmente creen en la solidez de valores determinados. O sea, que no todo es prostitución de la recomendación (comisiones), también hay otros componentes como la incompetencia, la mala gestión del riesgo, la inexperiencia (juventud), la ludopatía, etc…
Por supuesto, los mismos defectos podemos encontrar en la gestión propia de inversión en RV, suponiendo que podamos aislarnos de la influencia de asesores externos (amigos y conocidos, prensa, radio-tv, blogs financieros, etc…). Pero con una excepción: La prostitución de las decisiones de inversión a cambio de comisiones. La gestión Juan Palomo, no obstante, en muchos casos compensa fatalmente la ausencia de dicha prostitución con un incremento de la incompetencia. La autogestión tampoco está libre del resto de los peligros mencionados, pero en algunos casos como el de nuestro anónimo, ha conseguido presevar la inversión contra viento y marea.
No me resisto a recomendaros releer el artículo que publicamos en Septiembre 2007 y atención a los ilustres nombres citados: Alberto Espelosín (Dtor. de Análisis de Ibercaja Gestión) y Gustavo Trillo (Dtor. de Gestión de JPMorgan Asset Management España y Portugal) entre otros. De todos ellos dependen (dependían?) gran cantidad de vehículos e instrumentos de inversión que muchísimos ahorradores compraron a pies juntillas.
Muchas voces pronostican que la bajada de tipos global, incluso hasta nivel cero, poco o nada va a poder hacer para sacarnos de la deflación inminente. De hecho el referente de Japón ha demostrado que en su caso concreto así ha sido, de hecho está siendo. Y hay que tener en cuenta que la deflación japonesa ha tenido lugar inmersa en un entorno de economías expansivas mundiales. Es decir, que ha sido una isla deflacionista persistente en un mar global inflacionista. Eso marcará diferencias, con toda seguridad, respecto a lo que puede suceder en una deflación y depresión globalizada (con el permiso de los países emergentes), donde aún será más difícil resurgir de la depresión sin referentes de crecimiento en todo occidente. O sea que si vender dinero al 0% se ha demostrado incapaz para sacar de la recesión a Japón cuando tenía el resto del mundo a su favor, creciendo e inflacionando fuertemente, parece más difícil todavía que crezca en un entorno recesivo global. Sin embargo algunos se preguntan ¿cómo estaría hoy la economía de Japón si el tipo del yen se hubiera mantenido al mismo nivel que el $ o €? Nunca lo sabremos… o sí.
Volviendo a Occidente, evidentemente la política monetaria actual está extrapolando la estrategia japonesa al resto del mundo recesivo de hoy, con un tipo de $ ya inferior al 0,25% y un tipo de € ya en el 2% y bajando. En este punto cabría esperar varios escenarios:
Que el coste próximo al 0% del dinero reactive las economías mundiales hacia un mayor consumo, inflación y que finalmente se consiga un crecimiento positivo. Este escenario estaría por supuesto lejos, y la principal diferencia respecto al fracaso japonés, sería la globalidad de la recesión. El sentido común nos diría que si Japón no lo ha conseguido en un entorno expansivo, menos lo conseguirá occidente en esta multicrisis depresiva global. No obstante es cierto que estamos repitiendo la misma estrategia fracasada pero en un escenario distinto. Peor. Pero aún así cabría la esperanza de que algún imponderable o efecto mariposa haga que el resultado pueda ser mejor que la evolución nipona.
Que prestar dinero a cambio de casi 0% no sólo no consiga reactivar las economías, sino que además perjudique y profundice la deflación. Algunas son ya las teorías (os recomiendo leer a Marc Vidal) que defienden que un menor coste del dinero mejorará poco o nada el consumo, mientras que lo que sí conseguirá es abaratar costes. Esta bajada en los costes se repercutirá en los precios de venta, contribuyendo así a una mayor profundización deflacionaria. Así entraríamos en un círculo vicioso peligrosísimo, que sólo con un crecimiento constante muy potente del consumo (consecuencia de la bajada de precios/recuperación del poder adquisitivo), y una inflación pública desmesurada se podría frenar. Nótese que en este escenario el panorama post-deflación también sería complicadísimo.
Además tampoco parece que estemos en condiciones de ejecutar otras estrategias que, hoy por hoy, ni siquiera somos capaces de teorizar con criterio. Pocos son los fundamentos descritos, empíricos y referenciados de la evolución deflacionaria, de los márgenes de maniobra y políticas a seguir para corregir una depresión. No existen recursos consensuados a pesar de haberse teorizado extensamente sobre ello. Nadie nos enseñó a vivir en deflación. El capitalismo se inventó para crecer, para sobrecalentarse y corregir excesos cíclicamente. Con los desajustes que hemos visto en el siglo pasado. Pero una multicrisis con trampa de liquidez post-abuso crediticio en un mundo globalizado, supera la ficción macroeconómica de los manuales de las eminencias mas imaginativas. Una especie de Recesión de Doble Repliegue ha venido y nadie sabe como ha sido.
Seguramente la mayoría recordemos las batallitas contadas por nuestros abuelos, incluso las que todavía hoy nos cuentan nuestros padres. En ellas solían haber muchas apreturas, vidas difíciles que forjaron lo que son o fueron nuestros antepasados. Sin embargo, a pesar de todo, la respuesta habitual a la pregunta clave es que aquellos tiempos fueron también muy felices. Una felicidad que se encontraba de multiples maneras pero que se basaba en cosas simples y austeras que, no obstante, deslumbraban sus vidas y aún forman parte de los recuerdos imborrables que nos transmiten.
Algunos de nosotros las escuchábamos atentamente y recordamos esas historias entrañables como la forma de vivir en un mundo antiguo, muy distinto al nuestro. Otros quizá hayan olvidado la mayoría de esas batallitas contadas, o incluso ni siquiera jamás las hayan querido oír con atención, probablemente por puro desinterés en un modo de vida ancestral que difícilmente iba a volver para nadie. El nuestro es un mundo hoy globalizado, moderno, tecnológico, intercomunicado, trepidante, opulento, internacional, excesivo, etc… Podemos calificarlo con infinidad de adjetivos, todos muy distantes al mundo de las batallitas de nuestros antepasados.
Estos calificativos de la actualidad tan excesivos nos han llevado al límite. Al límite del capitalismo en el primer mundo, y sin embargo al ostracismo económico del tercero. No obstante también ha favorecido el despertar de los paises emergentes, que quizá suponga la salvación de occidente en esta Gran Depresión Global en la que nos hemos metido por nuestra mala cabeza. Pero centrándonos en el primer mundo, donde tenemos la suerte de vivir, posiblemente debamos sufrir una cierta regresión que resultaría muy familiar a nuestros abuelos. Podemos volver a ver en el propietario de una vivienda, a una familia pudiente, como en aquellos tiempos en que todos vivían de alquiler, a excepción de los ricos o «de buena familia». Unos tiempos donde la clase media se llamaba trabajadora y era la norma en una sociedad donde todo faltaba y estaba por venir.
Salvando las distancias en el tiempo y en el progreso tecnológico y de todo tipo, lo que está claro es que el consumismo existente en el primer mundo hasta hace bien pocos meses ya se fue. No era sostenible, al menos todavía en este capitalismo conocido. Y no era sostenible para la clase que se ha convertido por primera vez en la historia de occidente en la más numerosa: La clase media. Jamás había visto el primer mundo una clase social mayoritaria, no sólo sin escasez de recursos sino también con tanto poder adquisitivo. Quizás porque la sociedad jamás tuvo tanto poder de endeudamiento y también tal vez porque las economías de los paises desarrollados batieron récords históricos una y otra vez, de forma cíclica, en la segunda mitad del s. XX y hasta el 2006/2007.
Ahora toca purgar les excesos, recalentamientos, burbujas, fraudes, eficiencias, especulaciones, incompetencias, abusos, endeudamientos, dilapidaciones, consumos disparatados, etc, etc, etc… Volveremos, aunque sea parcialmente, al trabajo duro de nuestros abuelos (olvidémonos ya de las 35 y de las 40 horas semanales), a los alquileres masivos, y a ver a los propietarios como las minorias privilegiadas que antaño fueron. A una clase media redimensionada en favor de un aumento de la clase media-baja, o lo que siempre llamaron nuestros antepasados clase obrera o trabajadora. Ya no será habitual que la clase media viaje al caribe de vacaciones gastando el sueldo de un año debido de trabajo, que puede convertirse en un probable subsidio de desempleo; o que cualquier joven mileurista se compre un flamante coche nuevo con muchos caballos y aire acondicionado con el sueldo que ya no ganará en los próximos cuatro años. Pero el problema no está en perder el trabajo y no poder viajar o comprarse un coche (que también). El problema que no hemos sabido identificar en estos años de ceguera expansiva es haber consumido la riqueza producida pasada (ahorros), presente y futura. Nos hemos gastado el futuro, malgastado diría yo. En los próximos años el consumismo nos vendrá moderado a cabezazos contra la pared.
Siendo optimistas podemos pensar que quizás estemos comenzando el proceso de superación de los problemas sistémicos, (esperemos que así sea) pero la sociedad tan sólo empieza a sufrir los efectos correctores de la destrucción de riqueza de toda depresión. Una riqueza virtual que hemos consumido estúpidamente en el último par de décadas en busca de una pseudo-felicidad muy malentendida. Podemos por tanto volver en los próximos años a lo que fueron los Estados del pre-bienestar, el pre-american dream. Y esperemos que esta vez no sea necesario salir de una Guerra Mundial para sentar las sólidas bases de nuevos excesos.
El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio es, en verdad, un insensato.