Hace unos días llegó un comentario a nuestro artículo titulado «Consignas bancarias» que por su contenido hemos preferido publicar y responder en forma de artículo. Se trata de un comentario que quizá represente la opinión de bastantes de nuestros lectores. Y por ello queremos darle visibilidad, tanto al comentario como a nuestra reflexión al respecto. Este es el texto que nos envió DJ:
«Muy interesante el post, quizás por las pistas, cada vez más claras y numerosas, que nos vais dando y los elementos sobre los que nos llamáis la atención para que los tengamos en cuenta a la hora de diseñar nuestra estrategia y nuestro balance vital, como decís vosotros.
Si me permitís, en relación con vuestras críticas a la banca, creo que no es necesario vuestro ataque constante al sector ni vuestra defensa a ultranza de los asesores independientes. Las generalizaciones nunca han sido buenas y, al final, acaban pagando justos por pecadores. Desde mi punto de vista, hay buenos y malos profesionales en todas partes, dentro de la banca y fuera de ella, no tenéis más que mirar a vuestro alrededor, allá por donde vayáis. ¿O es que todos vuestros compañeros de clase eran igual de buenos? ¿O es que todos los Family Offices son igual de recomendables? ¿O es que todos los equipos de trabajo en los que habéis participado han sido ejemplares? Si así fuera, no habría lugar para la diferenciación, ni para la especialización, ni para la aportación tan personal que hacen algunos profesionales.
Dicho esto, que espero que no os haya molestado leer y que espero que os toméis de forma constructiva, yo me centraría más en vuestras virtudes, que las tenéis y, a veces, nos las queréis mostrar, y no tanto en la crítica y en los defectos de los demás, en este caso la banca y todos los que trabajan en ella o trabajaron alguna vez y están desde hace algunas semanas buscando trabajo, como muchos otros. Por la misma regla de tres, podríamos hablar también del sector inmobiliario y los que trabajan aún o trabajaron alguna vez en él y así con todos los sectores en los que hayamos visto o padecido directamente malas situaciones, personales o profesionales, alguna vez. ¿Telefonía móvil, quizás? Estad tranquilos por los clientes, presentes y potenciales, solos o con ayuda de otros, en el ejercicio de su libertad, y más ahora tal y como está la economía, seguro que saben elegir, dónde tienen que ir y qué tipo de asesor les interesa más, llegado el caso.
Y que os quede clara una cosa. No trabajo en la banca, ni lo he hecho alguna vez, ni tengo pensado hacerlo en el futuro. Simplemente, echo en falta a veces una actitud más constructiva, a partir de lo que sabéis hacer bien vosotros, de las aportaciones que nos podáis hacer, del valor que podáis añadir a lo que ya existe y está al alcance de muchos y queráis compartir de forma altruista a través de vuestro blog, como nos decíais, sin necesidad de prestar tanta atención, la justa, a lo que hacen, según vosotros, y a veces con razón, mal los demás. Sólo es mi opinión.»
DJ
Lo primero que quiero es agradecerte muy sinceramente tu comentario, DJ. Los que escribimos en espacios públicos como puede ser este, necesitamos de esos feedbacks para resituarnos y saber si realmente nuestros lectores están recibiendo los mensajes que queremos y creemos enviarles. No siempre es así, evidentemente. A veces, como es el caso, queremos decir unas cosas y se nos entienden otras. Y si el malentendido es mayoritario, no hay duda de que el error lo comete el emisor y en lugar de malentendido deberíamos llamarlo malexplicado.
Vamos a ver si soy capaz de expresar nuestro sentimiento. No queremos machacar a la banca ni realizar ataques constantes, ni mucho menos defender a los asesores independientes. Entre los unos y los otros hay buenos y malos profesionales. Y también malísimos. No estamos ante una dicotomía entre buenos (asesores independientes) y malos (banqueros), en absoluto. Ni siquiera tenemos conciencia de haber defendido consistentemente a los asesores free-lance.
No deberíamos confundir asesores independientes con multi family offices, ya que los primeros suelen cubrir sólo parcialmente las necesidades de un patrimonio (asesores financieros, brokers inmobiliarios, asesores fiscales, abogados, gestores administrativos, consultores, etc…). En cuanto a los multi-family offices, tengo que decir que hay mucha distorsión y pseudo-profesionales que se apuntan al carro del simple y vacío márketing. Nunca hemos caído en el corporativismo y jamás hemos dudado en hacer autocrítica constructiva. Los MFO derivados de banca, en su mayoría pecan de los mismos errores y desviaciones que las bancas privadas: Falta de independencia y desprecio o falta de atención competente por el patrimonio no financiero, así como por los servicios extra bancarios. Por su parte, los MFO derivados de bufetes de abogados suelen sufrir de defectos opuestos, es decir: Sobredimensión de los servicios jurídico legales con estructuras mastodónticas innecesarias y caras; y poca atención competente a otros tipos de activos como son los corporativos, inmobiliarios o financieros, aunque éstos útlimos los suelen pseudo-cubrir mediante fichajes procedentes de banca, a la que siguen comercial y espiritualmente vinculados la mayoría de ellos. Personalmente prefiero los MFO derivados de SFO (Single Family Office), es decir, profesionales multidisciplinares que han cubierto las necesidades de un patrimonio unifamiliar y que derivan su actividad y servicios hacia un despacho profesional que acepta y atiende multi-clientes con patrimonios medios y menores. Este origen permite que los criterios comerciales puedan obviarse circunstancialmente en este tipo de empresas. Tenemos constancia de alguno en España, y entre ellos nos incluímos. También ofrecemos en nuestro caso concreto la creación ad hoc de Single Family Offices «llaves enmano» para patrimonios mayores que aún no dispongan de su propio SFO.
En cuanto a la banca, te diré que en ella existen grandísimos profesionales, éticos y honestos. Pero no debemos olvidar que trabajan por y para un objetivo prioritario y principal: Los intereses comerciales de la entidad que les paga el sueldo y que les hará progresar económica y profesionalmente en el tiempo. Los buenos profesionales, competentes y honestos, jamás podrán anteponer los intereses de sus clientes a los de la entidad para la que trabajan. Podemos decir que sólo de forma totalmente secundaria velarán por los intereses de sus clientes, de forma siempre subordinada al interés del banco. Cuanta mayor satisfacción le den al cliente, más clientes tendrá la entidad, pero sin descuidar en absoluto la cuenta de explotación por cliente. O sea que de nada sirve tener muchos clientes si no generan beneficios para el banco. Y bajo esa norma primordial se mueven todos los resortes corporativos y mecanismos comerciales dentro de un banco. Los benchmarks comerciales mínimos a cumplir por los empleados de banca han sido y son asfixiantes, y nunca son compatibles con los intereses del cliente. La pregunta es ¿qué puede hacer la ética y la honestidad del profesional de banca bajo esa presión? Mucho. Es decir, puede mantener su integridad o entregarse en brazos de la comercialización indiscriminada y la búsqueda de la progresión profesional personal dentro de la entidad. Si un profesional de banca genera mayor beneficio y obtiene mejores cifras que su compañero, el banco le premiará con mayores incentivos económicos y su progresión en el organigrama será mayor. Es un sistema perverso (como tantos otros) en el que los puestos directivos son alcanzados por los que han sido capaces de generar mayores beneficios para la entidad, y el bucle se repite y retroalimenta en un efecto cluster negativo evidente. No queremos machacar a ningún profesional de banca, simplemente queremos evidenciar que en la mayoría de casos sus intereses sólo coinciden con los de sus clientes por pura casualidad. Y desde nuestra posición como Multi-FO vemos las terribles consecuencias que sufren quienes han confiado sólo en ellos, especialmente en tiempos tan difíciles como los actuales.
Raramente encontraremos un relación win-win entre los bancos y sus clientes. Y la prueba es que con nuestra intervención siempre, y digo siempre, esta relación mejora en favor del cliente a corto plazo. A medio y largo plazo se suele conseguir además una verdadera relación win-win, puesto que cuando el banco acepta que debe ganar menos con ese cliente suele llegar la compensación vía aumento de volumen. Es decir que el banco va a cambiar «tasas por masas«, ya que nuestros clientes ven crecer y/o transformar su patrimonio en favor de un aumento de los activos financieros, incluso a corto o medio plazo. Cuando los profesionales de banca llegan a comprender esto y también nuestra figura como FO, se relajan y el trabajo conjunto es mucho más agradable y productivo para ambas partes, Cliente (FO) y banco. En muchos casos se sinceran off the record envidiando sanamente nuestro trabajo. Chapeau por estos profesionales de banca, honestos y competentes, que los hay y muchos. Da gusto trabajar con ellos, a pesar de las barreras insalvables que separan la esencia de su trabajo y del nuestro.
Lamentablemente otros banqueros son materialmente incapaces de comprender nuestro trabajo, a pesar de que se esfuerzan en ello (o no). Su historial personal y contaminación profesional se aleja demasiado de los conceptos que maneja, o debe manejar, un FO. Como comprenderéis, en muchos casos la mediocridad y/o la miopía comercial impiden que algunos banqueros se aparten de su querencia a exprimir a sus clientes y jamás nos llegan a ver como unos colaboradores o representantes productivos de los clientes. En esos casos, que los hay más frecuentemente de lo que sería deseable, es cuando solemos encontrar situaciones dramáticas. A nuestro despacho llegan muchos casos que van incluso más allá de la falta de ética y honestidad bancaria. Quizá sea la propia deformación profesional, fruto de lo que vemos en el día a día, que nos lleva a escribir de forma excesiva, generalizada e incluso injusta denunciando las malas praxis y los casos que nos abren las carnes. Nuestras disculpas por ello. Sólo intentamos que nuestros lectores estén atentos y tomen conciencia de que estas cosas ocurren a diario. Vemos constantemente malas elecciones en cuanto a asesores se refiere, tanto en banca como fuera de ella (por supuesto pagando por ello ya que si no se paga, la elección es habitual y esencialmente ajena o incluso contraria a los intereses del inversor, con la excepción del asesoramiento puramente filantrópico, claro). Como tú bien dices, «en el ejercicio de su libertad», algunos eligieron mal y en consecuencia el complicado escenario económico actual se ha llevado gran parte del patrimonio que tenían hace tan sólo un año o dos.No es nada fácil, y sólo pretendemos contribuir a que los casos que nos llegan constantemente sean sólo lamentables excepciones en el futuro.
DJ, te reitero mi agradecimiento por tu comentario, porque nos permite saber lo que realmente transmitimos y no lo que creemos transmitir. Espero sinceramente que hayamos aprovechado esta oportunidad para puntualizar y disculparnos por los excesos cometidos en nuestro afán por denunciar prácticas, que se deberían haber evitado a tiempo y que jamás se deberían haber producido.
P.D. Hemos querido ilustrar este artículo con unos cuantos chistes sobre financial advisors, para desdramatizar un poco y reírnos todos de nosotros mismos.
Tal y como os dijimos en un comentario al artículo «Socialización de hipotecas y Bad Owners», mantuvimos recientemente una reunión con Triodos Bank. Curioso banco que a pesar de estar registrado como cualquier otro banco tiene ciertas particularidades que le hacen distinto de la banca comercial, o sea del resto.
Para empezar es un banco, de orígen holandés y con 28 años de historia, que sólo trabaja con y para proyectos que cumplan con los criterios de favorecer:
Naturaleza y el medio ambiente.
Sector social.
Cultura.
Es decir, que para financiar un proyecto con el dinero de sus clientes (previamente apalancado como sucede en el resto de la banca), debe cumplir los siguientres requisitos:
Que identifique sectores sostenibles en los que apoyar el desarrollo y la consolidación de empresas y proyectos innovadores, estableciendo criterios positivos de financiación.
Que seleccione iniciativas concretas beneficiosas para la sociedad, en las que el valor añadido de tipo social, medioambiental y cultural sea tan importante como el financiero y comercial.
Que se asegure de que cada proyecto, seleccionado desde una aproximación positiva, sea contrastado con los criterios de exclusión del banco.
Que se trate de actividades, proyectos o activos claramente identificados dentro de cada organización.
Otra de las características de este banco que llama más la atención es que el cliente de pasivo sólo puede depositar su dinero para que sea retribuido según los tipos de cuentas y remuneraciones establecidas por el banco. Es decir, que no es posible invertir una cartera de renta fija, variable ni la inversión en cualquier fondo o vehículo de inversión que no sean los propios de Triodos Bank. ¿Por qué? Pues porque la inversión en acciones, emisiones de RF o de cualquier otro tipo gestionadas por terceros, no aseguran el cumplimiento de los criterios de actividad, finanfiación e inversión antes mencionados.
Este fenómeno hace que el banco sea una mera hucha donde depositar dinero para que éste sea prestado bajo los criterios rigurosos y preestablecidos del banco, dando así la seguridad a sus clientes de que su dinero está sirviendo para financiar proyectos sostenibles. La banca de inversión no tiene cabida en esta entidad, evidentemente. Pero lo que realmente llama la atención es que ni siquiera tiene mucho que ver con la banca comercial.
En cuanto a operaciones hipotecarias, nos comentaron que hasta hace poco sólo relizaban créditos hipotecarios para la adquisición de inmuebles que hubieran sido construidos bajo determinados criterios ecológicos y de sostenibilidad. Posteriormente, esa práctica la han venido relajando en favor de cualquier inmueble para aquellos que ya fueran clientes de Triodos con anterioridad. Y exigiendo que una pequeña parte de esa financiación se utilice para la realización de un estudio que permita alguna mejora del inmueble. Dichas mejoras deben hacerlo más compatible con los criterios de sostenibilidad establecidos para la financiación inmobiliaria. Por supuesto, jamás se han excedido del 80% del valor de tasación, ni han incluído ningún otro tipo de financiación para gastos hipotecarios ni consumo.
En fin, que nos pareció una rara avis en el mundo de la banca. Algo así como la vuelta al orígen de la banca, simple, primitiva, sostenible, …¿segura?
Las consignas han cambiado. Pero siguen siendo consignas. Donde decían que había que inverir de un 30 a un 45% en bolsa, hoy algunos ya han claudicado a bofetones y anuncian que la bolsa está hoy en día en «modo casino» (¿o querrán decir cansino?). Pero me temo que ni siquiera es un esfuerzo por encontrar buenas alternativas de inversión, sino que simplemente han encontrado la manera de argumentar cómo van a sustituir esa fuente de comisiones ya extinta. Algo así como: ¿Qué es lo que se vende ahora?, ¿qué están los clientes dispuestos a comprar?, si esto y aquello ya no lo quieren ¿qué podemos ofrecerles que capte su interés y les saque del estéril IPF? (estéril para el banco, claro). Muy lejos, obviamente, del criterio de selección de inversiones en favor exclusivo de los intereses del cliente, que debería utilizar cualquier asesor que se precie como tal.
Hoy ya no es vendible su pack anti-crisis (sic) tal y como nos lo presentaron el pasado verano (y tan sólo han pasado 6 meses!). Porque casi nadie, que tenga la mayoría de patrimonio concentrado en una sóla cartera, quiere ni la mitad ni un tercio en riesgo bolsa, ni por supuesto un 15% o un 20% en inversión alternativa, después de visto lo visto en las pirámides de Bernie y otros, que al fin y al cabo nunca dejaron de ser tumbas de lujo para faraones de la inversión Braille. Por lo tanto, había que buscar estrategias vendibles que acabaran con la sequía de ingresos bancarios provocada por las trincheras de las imposiciones a plazo fijo remuneradas con extratipos superiores al 4%. La última moda es el argumento de que en la RF hay verdaderos diamantes en bruto. Y no les falta razón. Pero también los hay tanto o más en la RV, con empresas cuyo valor contable duplica su capitalización en bolsa. Y por supuesto, si hablamos de preferentes, subordinadas y perpetuas como RF, también podríamos convenir en que están en «modo casino«. Y además con la dificultad añadida de la opacidad en las cotizaciones, que están haciendo el agosto de las mesas de dinero de todos los bancos con verdaderas meriendas de negros.
Por todo ello, ¿dónde vamos a encontrar el código fuente que nos descifre el amasijo de oportunidades que oportunísticamente nos «selecciona» la banca mediante sus consignas? La respuesta la debemos buscar en nosotros mismos. Y no me refiero a la capacidad de cada uno para aprender finanzas (ese expertise honesto se puede subcontratar, ya que haberlo haylo), sino a las circunstancias personales de cada patrimonio. Dependiendo de dichas circunstancias diseñaremos una estrategia patrimonial en la que cabrán o no múltiples tipologias y timings de inversión. Y todo ello sin perder dos referentes ineludibles: La correcta progresión patrimonial a largo plazo y la generación de Felicidad hacia sus propietarios.
Como ya hemos dicho otras veces, las estrategias de inversión no deberían recetarse sin tener en cuenta la situación de cada inversor: Sin saber si esos activos financieros en un banco concreto son una parte importante o ínfima de sus patrimonios, si están sobrecargados o no de inmuebles, si obtienen rentas fijas, inmobiliarias, corporativas o laborales más o menos cuantiosas, si su capacidad de ahorro es nula o abundante, si su nivel de gasto familiar es cuantioso o austero en proporción a sus activos, si realizan donaciones filantrópicas, si su situación familiar tiene que afrontar obligaciones económicas crecientes como por ejemplo atención a enfermos y/o personas mayores, si su interés se centra en el crecimiento patrimonial, en las inversiones de uno u otro tipo o en el disfrute de sus recursos, si sus objetivos vitales son abordables en sus actuales situaciones patrimoniales, si quieren legar sus bienes de una forma u otra (todo un mundo), si tienen mayor o menor aversión a la fiscalidad (otro mundo), y un larguísimo etc. No obstante, las consignas bancarias además de ser eso, consignas, sólo tienen en cuenta el peso financiero de sus clientes en la propia entidad financiera. Ignoran sistemáticamente el patrimonio inmobiliario y el empresarial, y por supuesto les importa un rábano la futura progresión de éstos, a no ser que puedan en el futuro convertirse en cash y engrosar la cuenta bancaria en la entidad para la que trabajan.
Hace unos días, el director regional de una entidad bancaria privada me comentaba que estaba muy desanimado porque acababa de visitar un «cliente de 11 kilos» (probablemente esa Familia tenía un patrimonio mucho mayor, pero eso a él no le incumbía), que sólo quería mantenerse en depósitos durante un año, ni siquiera exigía extratipos significativos. Al director regional se le veía muy desanimado, probablemente le están comiendo vivo los benchmarks de las cuentas de resultados por cliente que debe cumplir. Y si no lo consigue, la entidad quizá tome medidas drásticas que no gustarían a las sucursales que él dirige. Continuó diciéndome en un tono absolutamente abatido:
–«Me ha dicho que para estar en depósitos no necesita ningún asesor que le caliente la cabeza y me ha pedido que no le llame para proponerle más alternativas de inversión. A vosotros como family office os debe pasar lo mismo, ¿verdad?».
Le respondí, por enésima vez, y con todo el cariño y la delicadeza que fui capaz:
-«Tu trabajo y el nuestro, mi querido amigo, no son exactamente iguales…»
En cuestión de criterios y visión de la gestión patrimonial, sigue existiendo un abismo entre casi todos los asesores y los propietarios de patrimonios que, lamentablemente, en la mayoría de casos sólo se elimina cuando ambos coinciden en una misma figura. Pero claro, no suelen trabajar en banca. Y si lo hacen suelen estar en butacas y despachos inaccesibles para los clientes y/o simplemente no tienen ningún interés en el patrimonio de terceros. Sólo la esencia del Counselling Patrimonial, en sus diversas formas corporativas, puede cubrir esa ingente necesidad existente, que en los tiempos que corren se convierte en una necesidad vital.
¿Qué le ocurre a un banco al que más de un 15% de todas sus hipotecas han caído en negative equity? Es decir, que el importe de los créditos hipotecarios pendientes superan el valor actual de los inmuebles que los garantizan, creándose así un tremendo agujero en sus balances. La respuesta quizá sea tabú, pero a la vez lógica: Esos bancos necesitan ayuda externa urgente para mantenerse a flote.
En esa situación se encuentran entidades como el grupo Lloyds y HBOS, aunque me temo que habrían muchas más que las declaradas si se actualizaran las tasaciones de los inmuebles con rigor y realismo. Lo peor de todo es que esa situación empeorará y mucho, ya que los precios inmobliarios seguirán cayendo fuertemente. No puede ser de otro modo. Los crecientes embargos no van a ser guardados en el armario de los fiambres porque las entidades necesitan transformarlos urgentemente en dinero. Por lo tanto saldrán al mercado multiplicando así la oferta inmobiliaria. Y cuando eso sucede, los precios sólo pueden ir en una dirección. Os recomiendo releer este artículo del pasado noviembre titulado «Invertir en Recesión y Depresión», porque es tan vigente como el primer día, a pesar de haber transcurrido 4 meses.
A pesar de esa evidencia (si es que podemos considerar evidente alguna consecuencia futura en Economía), hay muchos propietarios sin agobios crediticios que se niegan a vender y evitar así minusvalías futuras. Y la motivación oficial que les lleva a no querer vender sus inmuebles es su actual rendimiento vía alquileres, puesto que casi todos convienen ya en que las plusvalías inmobiliarias están demasiado lejos en el horizonte como para influir en esa decisión. Si calculamos el rendimiento obtenido vía alquileres utilizando el valor real de mercado que hoy conseguiríamos mediante la venta, en muchos casos los rendimientos superan el 8%. Sobre el papel diríamos que se trata de inversiones inmobiliarias más que correctas y que no sería fácil encontrar alternativas financieras seguras para conseguir esas cifras. Pero cuidado, debemos tener en cuenta todos sus riesgos. Tal y como dijimos en «Doctor, tengo inmuebles ¿es grave?»: En el escenario depresivo actual, la probabilidad de que el inmueble quede vacante o de que suframos morosidad, aumenta y mucho. Habrá que hilar muy fino para poder dormir tranquilos a medio plazo con el inquilino que ocupe nuestros inmuebles y que nos debe mantener las rentas. Su negocio y/o economía doméstica probablemente se vaya a ver afectado también por la crisis, dificultando así su continuidad como arrendatario, o al menos como inquilino solvente. También debemos ser conscientes de que aumentará la oferta de inmuebles en alquiler: Inversores que compran propiedades pseudo-gangas para alquilar y generar rentas (peligrosa práctica en mercados bajistas si no son inmuebles absolutamente primes), segundas y terceras residencias cuyos propietarios necesitan alquilar y que hasta ahora se mantenían para uso propio, promociones inmobiliarias reconvertidas durante la construcción por la previsible incapacidad de venta, particulares menos acuciados por las deudas que se lanzan al mercado de alquiler a la espera de que los precios de venta alcancen de nuevo el valor en el que mentalmente se anclaron, además de los que salgan al mercado de alquiler después de procesos de embargo bancarios en orígen.
Por supuesto el valor de venta también caerá. Y podremos en el futuro realizar todavía algún calculo de rentabilidad, mezcla del avestruzamiento y de una visión anclada en la Disneylandia de donde venimos, si nuestro inquilino sigue pagándonos aún una renta como las actuales, mientras el precio vaya cayendo otro 30%. Alguno quizá supere rentabilidades de 2 dígitos con espectacular facilidad. Pero no nos engañemos, esa situación será temporal e inestable y buscará su reequilibrio mediante la caída de la renta, ya que el aumento de los precios inmobiliarios no lo concebimos mientras la depresión esté con nosotros. Es un fenómeno comparable al que ha ocurrido con los dividendos de la banca (SAN.MC) respecto al precio al que cotizan sus acciones. Algo inestable, circunstancial y temporal a pesar de que en el caso de los bancos se pretende prolongar este desequilibrio para recuperar desesperadamente la confianza perdida de los accionistas.
Aún así, algunos inversores siguen comprando acciones en base a los dividendos pasados, del mismo modo como otros buscan inversiones inmobiliarias basándose en alquileres también en vías de extinción. Pero no deberían olvidar que el Universo tiende al reequilibrio y que Darwin juzgará la supervivencia de sus patrimonios sin favoritismos respecto a otros con distintos criterios de inversión patrimonial. A corto y medio plazo, cuando ese reequilibrio llegue, esos patrimonios inmobiliarios habrán disminuído casi tanto como algunas inversiones mobiliarias o como el patrimonio empresarial en tiempos de crisis. Recomendamos vívamente planificar la estrategia y la progresión patrimonial (en sus tres habituales formas: Financiero, inmobiliario y empresarial) a medio y largo plazo. Son tiempos muy difíciles para los que no lo hagan.
Leí hace poco un discurso de Paul Volcker, presidente del Consejo Asesor para la Recuperación Económica, que es todo un manual de sentido común y de experiencia. A sus 81 años encabeza el equipo de 15 sabios elegido por Obama para pilotar el mundo económico a través del peor escenario jamás conocido en la historia de la Economía moderna. Entre sus palabras encontré algunos conceptos que espero que este veterano experto sepa transmitir al Gobierno, que sean atendidos y a la vez que nos deben hacer reflexionar a todos, ya que son respuestas que en realidad están flotando en el Viento.
Cuando muchos se entestan en buscar soluciones al drama financiero actual, quizá pensar en un futuro aún lejano nos ayude a encontrar el camino a iniciar hoy. Para saber el camino a elegir hay que tener claro el destino final. Y sé que eso se contradice con alguna reflexion anterior en que anteponíamos el evitar graves daños inmediatos, a la solución de la raíz del problema. Pero el rigor y la realidad me están convenciendo de lo contrario. Los daños son ya palpables y muy graves. Un camino sin retorno en el que, como si de un avión se tratara, hemos superado V1 y ya no podemos pretender que todo vuelva a ser como antes. Los daños son ya muy graves en entidades financieras, empresas, economías familiares e incluso Estados. Las inyecciones de ingentes cantidades de dinero sólo amortiguan relativamente los golpes, y se están demostrando ineficaces para invertir el proceso depresivo y de colapso financiero. En este escenario de irreversibilidad, quizá debamos mirar más hacia nuestro objetivo vital colectivo y global. Quizá debamos abandonar nuestra lucha desesperada por encontrar la inyección milagrosa que vuelva a expandir un modelo de sistema económico cuya muerte es ya inevitable.
Cuando nos dimos cuenta de que algo grave le sucedía a nuestro sistema financiero, en verano del 2007, era ya demasiado tarde para salvarlo. Y hoy es, lógicamente, aún más tarde y la reversión más imposible. Por lo tanto, ¿debemos seguir intentando inyectar liquidez a un sistema en proceso de extinción? Mi respuesta es sí, pero no desesperadamente. Lo debemos hacer con moderación, aceptando que el colapso es y será, y con nuestra mirada en el horizonte. Buscando el futuro podemos seguir paliando en la medida de lo prudente el dolor del enfermo terminal. Sin que estas curas paliativas, que sabemos que no revertirán el colapso financiero, desvíen nuestra principal atención de la refundación del Sistema y la creación de unas bases financieras y empresariales sólidas.
La gran banca debe buscar su futuro lejos de las prácticas de la banca de inversión de la que hemos disfrutado todos en las últimas 2 o 3 décadas, y con la que se había confundido letalmente. Debe volver a su negocio tradicional, y en ese proceso, en ese flight to quality esencial y vital, sí debe ser intervenida, reflotada y lo que haga falta. Pero sólo con el compromiso y la certeza de ser en un futuro próximo el garante de la estabilidad del Sistema. El «too big to fail» debe redefinirse y añadirle conceptos vitales como la solidez, la transparencia y la Ética. Y en esos parámetros debe encontrar en el dinero público su mejor aliado hoy, en los tiempos más difíciles.
El sistema financiero que necesitamos en el futuro, no debe tambalearse por una crisis, como ha ocurrido, porque las crisis deben volver a ser como las conocidas en el pasado. Crisis cíclicas que supongan resets sectoriales de mayor o menor calado, pero que jamás se vuelvan a llevar por delante el sistema financiero global. Por tanto, es evidente que el Sistema financiero que debemos crear tiene que ser invulnerable, ergo distinto. Y no debemos inyectar liquidez para volver a reflotar el mismo sistema bancario conocido (aunque resulte un intento inútil, como ya hemos dicho). Necesitamos un nuevo tablero de juego y nuevas reglas basadas en la solidez del negocio tradicional de la banca y en lasolidez de la financiación tradicional de las empresas. Quizá basado conceptualmente en el modelo financiero canadiense, que se ha demostrado menos abusivo, aunque también excesivo.
La banca, y con ella todos nosotros, cometió errores, torpezas, temeridades y delitos que nos han llevado al colapso irremediable. A la refundación del sistema financiero. Pero no estamos diciendo que la banca de inversión deba prohibirse, en absoluto. Lo que pretendemos decir es que ese tipo de banca no debe formar parte de los fundamentos del sistema bancario y financiero. La gran banca que sustenta la credibilidad y el sistema en sí, debe quedar al margen de los jugueteos con fuego de los financos y de los inversópatas, que seguirán existiendo, a pesar de que el escarmiento inmediato los aparte de la circulación visible temporalmente. Uno de los gravísimos errores cometidos por la banca en general fue, por ejemplo, que en los últimos 20 años prescindió de los departamentos de valoración de riesgo de activos por confiar en las calificadoras de riesgo. Ni siquiera la banca de inversión mantuvo su propio equipo de valoración de riesgo. Se consideraron unos costes prescindibles si otros con la mejor reputacion hacían el trabajo y además eran públicamanete venerados. Para qué domonios preocuparse y emplear recursos en ello si las calificadoras de riesgo eran La Biblia… El desenlace lo conocemos y sufrimos todos.
Para finalizar os dejo con una anécdota explicada por el propio Paul Volcker: Uno se sus nietos eligió como profesión ser Ingeniero Financiero (financial engineer), o sea Financo. Volcker no podía creer que sangre de su sangre fuera a caer en manos de departamentos financieros que se estrujan el cerebro para inventar nuevas formas innombrables, vendibles y contaminantes para el Sistema. Creo que le dolió tanto como si le hubiera dicho que se iba a hacer de una secta. El pasado año, Volcker escribió un artículo en el que responsabilizaba relativamente a los financos de haberse cargado el Sistema. Su hija (la madre del angelito), en cuanto lo leyó se lo hizo llegar al nieto en cuestión, quien llamó a su abuelo para decirle: «Abuelo, no nos eches la culpa! Sólo cumplíamos las órdenes que nos daban nuestros directores.» Paul Volcker no entró al trapo, y esa misma tarde le escribió un correo con una sola frase: «No aceptaré las excusas de Nuremberg«.
«How many times can a man turn his head, and pretend that he just doesn’t see? The answer my friend is blowing in the wind, the answer is blowing in the wind.»
A continuación os pego otro comentario que a nuestro juicio merece la visibilidad de un artículo, para que todos los lectores puedan discutirlo y debatirlo. A diferencia de los anteriores, éste lo firma Francisco. Me parece de un muy buen estilo, independientemente de que pueda estar o no de acuerdo con su contenido. Espero que os guste y añadiré mi comentario a los vuestros:
Una oreja a la que contar ideas absurdas. Ya he comentado alguna vez que me gustan tus/vuestros post, excepto cuando pretenden elevar a categoría anécdotas referidas a experiencias personales relacionadas con vuestra actividad. Desde luego me gustan más o menos en la medida del grado de coincidencia con mi forma de ver las cosas, frecuentemente notable y que, mala suerte, me anima a escribirte. No tengo a nadie con quien charlar sobre «inquietudes y pensamientos vagabundos» así que te tomo como paño, no de lágrimas sino de pensamientos sin trascendencia o valor. Sí, un poco aburrido y falto de opciones de ocio, tanto como para dirigirme en estos términos contra un documento html de dudoso gusto estético (es broma, es muy chulo).
Yendo al grano, pido (educadamente, nada de exigencias) tu opinión sobre una idea que no me puedo quitar de la cabeza. Este credit crunch y todo lo que le acompaña y acompañará tiene causa, según el consenso del mercado, en los banqueros, que son muy egoistas, avariciosos y tan tontos como para preocuparse exclusivamente por quién tiene el Lear más grande. Unos chimpancés con escopetas cargadas. También tienen mucha culpa los banqueros centrales, que son mucho más listos que las acémilas de los bancos privados, pero que guiados por su dogmatismo liberal han hecho dejación de sus mandatos regulatorios y de supervisión. Y como una construcción sólida no se sostiene sin al menos tres patas, la sociedad, o una parte relevante de ella, cuyo infantilismo e irresponsabilidad les ha llevado a asumir compromisos financieros que les permitieran satisfacer sus caprichos consumistas sin contar con auténtica capacidad para hacerlo. Mira como les echan la culpa:
Habiendo sucedido todo ello, yo no me lo creo. Nada de lo anterior es un accidente, no es el resultado de un cataclismo. Muchos observadores sagaces avanzaron la deriva de los acontecimientos por llegar, los que ahora comentamos. Bueno, mira el caso de Marx (he empezado a leer, de verdad, El Capital. Luego vendrá el Quijote).
Alguien está dirigiendo ésto, aquí hay un plan de largo recorrido. ¿Que es absurdo? Sí. ¿Que es la única explicación lógica? También. Esta situación es provocada, no es posible tanta estulticia y abandono de las más elementales reglas, aquéllas que han sido observadas religiosamente durante 150 años de desarrollo del capitalismo. Y de repente, en los diez últimos años, hey, a calzón quitado vamos a meternos una pasada homérica que merezca ser contada. Luego veremos qué sucede. Aquí se han quemado etapas a lo bestia, se ha forzado el sistema muy por encima de sus posibilidades, se ha quemado a propósito. Y sólo se me ocurre una causa para hacer eso: la perentoria necesidad de cambiar un modelo basado en el consumo de unos hidrocarburos que se agotan. Un cambio así no se puede hacer en un sistema más o menos operativo que progresa a velocidad de crucero. Los individuos sólo cambian sus hábitos si no tiene más remedio, si perciben la necesidad de alterarlos para sobrevivir. Y me parece a mí que en esas estamos, toca el palo para reeducarnos. ¿Quién nos está breando con él? Pues supongo que gente como Rex Tillerson y sus señoritos. No sé, probablemente son memeces sin sentido, siento haberte metido semejante turre, no era mi intención, pero me lié. Si llegas a leerlo, y te quedan ganas, cuéntame. Y si no, no pasa nada, la parte que me importaba ya esta cumplida. Mucho mejor.
Charles Darwin descubrió, allá por los años 1831-36 que el pico extravagante de una especie de ave que encontró en la islas Galápagos, no era una casualidad caprichosa del azar. Era el resultado de generaciones de adaptación al medio, y sólo los más aptos, capaces, adaptados y versátiles sobrevivían. Bajo esta teoría todo encajaba. El mundo en su totalidad funciona bajo esa dinámica de que sólo los más aptos sobreviven lo suficiente para multiplicarse a su imagen y semejanza, generando así de forma automática, lenta pero eficaz la Evolución.
El mundo de los humanos no es una excepción, aunque es cierto que nuestro cerebro ha alterado el concepto de adaptabilidad al medio, y hoy en día los procesos tecnológicos han sustituido en gran parte las limitaciones físicas. Pero aún así la selección natural y la evolución del mundo en la actualidad, sigue fiel al concepto de que sólo los capaces de evolucionar en la correcta dirección tienen futuro.
Esa implacable ley universal ha marcado siempre la diferencia en el mundo empresarial. Las corporaciones bien gestionadas sobreviven e incluso fagocitan a la competencia más débil. Otras, simplemente mueren y desaparecen, incluso dejando a sus creadores en una complicada situación deudora que les impide o dificulta futuros reintentos empresariales. Es decirun proceso perfectamente comparable a la más eficiente selección genética de la naturaleza, donde los menos capaces se extinguen sin continuidad posible. Lógicamente cuando el entorno se vuelve hostil repentinamente, la escabechina es enorme, y sólo unos pocos elegidos superarán la dificultad.
Hoy estamos ante uno de esos tiempos en que el mundo empresarial se enfrenta a una situación muy hostil y relativamente súbita: Reducción drástica de las ventas y ausencia de crédito. En este escenario muy pocas empresas van a sobrevivir si la situación no mejora a medio plazo. La recesión/depresión es un proceso con inercias muy grandes y con pocas soluciones que vayan a cambiar su rumbo de forma ágil. Pero lo peor es que no es suficiente con reducir costes o gastos, porque prescindir del endeudamiento de la noche a la mañana es inasumible para la mayoría. Así, «buenos negocios» están cerrando porque la imposibilidad de renovar los créditos les arroja a situaciones concursales sin remedio. La pregunta que cabe hacerse es: ¿Podemos considerar «buenos negocios» aquellos cuya supervivencia depende de la financiación externa? No en este Nuevo Mundo.
Muchas voces exigen que los bancos vuelvan a generar el flujo crediticio suficiente para que esas empresas que ganaban dinero y que parecían estables, puedan seguir en pie. Parece que es culpa de los bancos que muchas empresas cierren, con los consiguientes despidos y miseria social. Quizá sea una injusticia, pero la realidad es que el entorno empresarial se ha vuelto muy hostil.El resultado es y será devastador, pero los empresarios quizá debamos lamentarnos menos y adaptarnos más al medio hostil en el que nos encontramos. Entre otros motivos porque muy probablemente el flujo crediticio no va a restaurarse en los niveles conocidos jamás, y también porque si lo hace moderadamente va a ser causando un deterioro macroeconómico muy considerable, creando a su vez un entorno también muy hostil para la mayoría de empresas.
Por todo ello, la consigna política y popularmente aceptada que exige a la banca una mayor circulación del crédito, es discutible aunque pueda ser justa. La trampa de morosidad en la que se ha metido la banca (no sólo la española), prestando temerariamente a cambio de inmuebles burbujeantes y solvencias frágiles, se va a ver agravada por los efectos de la propia depresión económica a corto plazo. Hoy la banca presta con cuentagotas, y lo hace por dos motivos: El primero porque los excesos cometidos asustan y el escarmiento es palpable; pero también porque los balances están en caída libre por sus extintos beneficios y, lo que es mucho peor, por su previsible fallida técnica que precisará de ayudas públicas de todo tipo. Materialmente la banca no puede permitirse prestar a mayor ritmo. Aunque quisiera hacerlo. Sus esfuerzos se centran en su propia supervivencia, y les crecen los enanos en forma de morosidad, incapacidad de gestión de inmuebles, caída del beneficio operativo, aprovisionamientos récord, etc.
Por todo ello, parece que Darwin estará más presente que nunca en los masivos cierres empresariales. En este nuevo mundo depresivo un «buen negocio» es incompatible con un endeudamiento ni siquiera moderado, a no ser que los propios accionistas financien la empresa, como está sucediendo en muchos casos. Estas empresas financiadas por sus propios dueños serán la especie que sobrevivirá al medio hostil al que nos enfrentamos, juntamente con las privilegiadas que no precisen endeudarse. De ellas será el futuro. Quizá deberíamos dejar de demonizar a la banca como si tuvieran la obligación de hacer circular ingentes cantidades de dinero (nuestro dinero) para mantener en pie a gigantes con pies de barro debido.
Ese modelo de crecimiento empresarial basado en la financiación externa ha funcionado durante décadas, y el crecimiento ha sido sostenido y espectacular, teorizándose mucho al respecto. Pero parece evidente que quedó atrás, a pesar de nuestra incredulidad. El presente y el futuro será de unos pocos privilegiados que deberán crecer y expandirse a menor ritmo, con apalancamientos muy moderados y unos balances mucho más sólidos. Al menos hasta que seamos capaces de concebir mayores crecimientos que no se basen en el apalancamiento crediticio, que esperemos que esta vez sean más sostenibles.Darwin será implacable con todas las empresas, incluidas entidades financieras, solo que a éstas les echará una mano Keynes.
Sobran las palabras cuando uno visita la web creada ad-hoc para que el pueblo norteamericano tenga constancia de adónde va a parar el dinero público que se está utilizando en el American Recovery and Reinvestment Act.
«Recovery.gov is a website that lets you, the taxpayer, figure out where the money from the American Recovery and Reinvestment Act is going. There are going to be a few different ways to search for information. Within days after the signing of the legislation, Federal agencies will start distributing funds, and you will be able to see which states, Congressional districts, and even Federal contractors are receiving them. As soon as we are able to, we’ll display that information visually, through maps, charts, and graphics.»
Aquí el contribuyente no sólo encontrará el más completo justificante del destino y los efectos de su dinero, sino también una herramienta interactiva para dar su opinión, denunciar irregularidades, comentar casos concretos, proponer ideas, reclamar, compartir experiencias respecto a cómo el Recovery Act le está afectando personalmente, etc… En definitiva una herramienta excepcional para unos acontecimientos excepcionales.
Independientemente de la eficacia del American Recovery and Reinvestment Act, una iniciativa como esta web gubernamental da mucha confianza y transparencia. También da moral en unos momentos muy difíciles para todo el planeta y hace recuperar el orgullo y autoestima de un pueblo, el norteamericano, que se va a enferentar a la peor de las depresiones jamás conocidas. Es una cuestión de fondo, el rigor en la aplicación de unos recursos tan extraordinarios, pero sobre todo de forma, ya que demuestra, al menos, la intención de tener una transparencia máxima. Otra cosa será la real aplicación que vendrá ejecutada por diversos políticos esparcidos por todos los estados norteamericanos. Pero esta web es una evidente declaración de intenciones que muchos europeos envidiamos. Atención al vídeo de bienvenida:
¿Os imagináis algo parecido en la Unión Europea? Yo no. Ni a Zapatero, Merkel, Papoulias, Cavaco o Berlusconi realizar un video comprometido como el que el Obama Team cuelga en la propia Recovery.gov, y que hemos insertado más arriba. Para empezar la atomización de poderes burocratas haría inviable la toma de decisión previa que ha sido necesaria para que el AR&RA; (American Recovery and Reinvestment Act) vea la luz. Además debería hacerlo con diligencia y eficiencia, cosa impensable en un parlamento europeo como el nuestro. Las suspicacias y miopías estatalistas serían el pan de cada día, y el BCE sería uno más a la hora de ejercer un derecho a veto que, por otra parte, sería necesario frente a tanta incompetencia política y burócrata de segunda división. Sería la mismísima Eurosclerosis llevada al nivel de decisión político-económica histórica. Además, el liderazgo necesario para tomar decisiones de cualquier tipo no existe en el Viejo Continente, ni siquiera se ha demostrado ágil, eficaz ni valiente cuando ha debido tomar partido en los conflictos internacionales. Es impensable que el presidente de turno de la UE (curioso concepto) tome decisiones de un mínimo calibre durante su semestre de gloria. De hecho la legislación vigente ni siquiera le otorga poder para intentarlo, siendo todos los europeos conscientes de que sería una temeridad.
Independientemente de que se pueda discutir su responsabilidad como principales causantes de la situación a la que hemos llegado, no cabe duda de que los EE.UU son quienes más están haciendo verdaderos esfuerzos extraordinarios e históricos por intentar paliar el colapso global. Afortunadamente el liderazgo del mundo para tirar del carro en esta depresión pasa por el Gobierno norteamericano, que representa el golpe de timón necesario, aunque quizá no suficiente, para que el mundo no se haga un daño irreparable. Imaginemos que fuese Europa la que debiera liderar la economía y la política mundial en el negro escenario presente y futuro: Nuestras posibilidades de un mínimo éxito serían nulas. Ni estamos preparados ni organizados para liderar el mundo en tiempos difíciles. Ni siquiera hemos sido capaces en épocas que hoy se nos evidencian plácidas.
Para muestra un botón: El pasado 25 de Noviembre, en el que Esperanza Aguirre abandonó precipitadamente Bombay después de los atentados integristas a diversos hoteles, se produjo un caos diplomático muy notable. Diversos políticos de la UE intentaban coordinar la evacuación de sus compatriotas en unas horas de absoluta confusión. Un eurodiputado español (el presidente de la delegación del parlamento europeo, y último diplomático de la UE en abandonar Bombay en esos días) que se encontró en pleno ojo del huracán terrorista intentó evacuar a diversos ciudadanos de la Unión Europea a través del dispositivo de emergencia establecido por unos eurodiputados alemanes de cierta relevancia en el Parlamente Europeo. Pero la respuesta de éstos fue toda una declaración de intenciones política y humana: «Only germans» Y en esos momentos de dificultad es cuando aflora la realidad de uno mismo y cuando se ve la verdadera talla política y personal del cualquier pseudo-gobernante. Ni siquiera un ciudadano español o italiano puede utilizar o requerir los servicios o el apoyo de una embajada o consulado de otro Estado de la UE que no sea el suyo propio cuando viaja al extranjero, para un cualquier trámite o gestión como simple turista. Deplorable y vergonzoso para una UE que pretende ser algo más que una macro-estructura burocrática, el pardillo de una timba de póker letal o el equipo sanitario de un sólo uso y desechable.
Menos mal que no somos líderes del mundo, porque lo haríamos muy mal en el escenario que se nos avecina. En este caso, y sin que sirva de precedente, me alegro de ir a remolque del Efecto BHO en esta depresión global. Sin duda tenemos así más posibilidades de sobrevivir que si ejerciera de líder una Europa vieja, esclerótica, cansada, aburguesada, desavenida, corrupta, desencantada y escéptica.
Soportaré el día a día de las noticias políticas, económicas y financieras de nuestra exasperante Europa con el mejor de los ánimos. Y recargaré periódicamente mi ilusión, mi confianza en el futuro y mi motivación visitando Recovery.gov y poniéndome al día de los detalles de las medidas tomadas para la recuperación de otros.
¿Qué os parecería si a cargo de fondos publicos se ayudara a seguir pagando sus hipotecas a aquellos que no están tan lejos de poder hacerlo? ¿Y si mientras esas ayudas públicas llegan, se detuviesen los procesos de embargo? Pues eso es lo que está ocurriendo en EE.UU. Y esas son las medidas que han tomado ya 3 gigantes de la banca: Citigroup, Morgan Stanley’s y JPMorgan Chase. Recordemos también que las pseudo-públicas Freddie Mac y Fannie Mae han detenido también sus procesos de embargo hasta el 6 de Marzo para todos aquellos inmuebles de 2, 3 y 4 habitaciones y casas unifamiliares ocupadas (en la línea de lo que predijimos el pasado mes de Octubre).
Son éstas unas medidas excepcionales para situaciones extremas. La situación de estos bancos es tan delicada que ya no puden cambiar más inmuebles por dinero. Además los Ninjas lo agradecerán y pasarán, al menos temporalmente, de ser Ninjas a ser Ocupas. Pero con «c» y no con «k», ya que su radicalismo y alternatividad ha venido de la mano de las mismísimas autoridades financieras del Estado, y son los bancos los que han decidido detener los procesos de ejecución. Son estas entidades financieras las que deberían llamarse Bankos, y no nos referimos a Triodos Bank. Ver para creer…
Si estas prácticas no se generalizan aunque sea temporalmente, el problema social de millones de personas desahuciadas sería insostenible. Para la Sociedad y para las entidades financieras que materialmente no pueden convertir más créditos en inmuebles. Ambos necesitan la ayuda del Estado para mantener vivas esas hipotecas. Bien sea manteniendo la titularidad de los inmuebles o aunque ésta pase, en algunos casos, a entidades semi-públicas (Mac & Mae) u otras creadas ad hoc, llámense bad banks o bad owners (sucedáneos de socimis o reits, por ejemplo). O sea propietarios de facto, con o sin titularidad y con una concepción del ánimo de lucro distinta o para-pública, que mantengan permanentes opciones de compra hacia sus ocupantes a cambio de «la voluntad«. En cierto modo ese y no otro será el mejor precio de mercado de esos inmuebles ya que en la mayoría de casos, si la ejecución se llevase a cabo y las entidades lanzasen al mercado millones de inmuebles, la oferta aplastaría la escasa demanda hundiendo los precios hasta límites de difícil valoración.
A nadie se le escapará el orígen de los fondos necesarios para mantener a flote las entidades financieras y la creación de estos bad owners. Del mismo modo que hemos dicho en diversos artículos que la socialización de las pérdidas bancarias era una injusticia necesaria, también creemos que la socialización masiva de esas hipotecas es un perjuicio inevitable. Decimos perjuicio porque los impuestos de los ciudadanos solventes se van a destinar a pagar parcialmente las viviendas de aquellos que temerariamente quisieron ser propietarios en precario. Y también porque las entidades cómplices no van a pagar su temeridad con su justa y darwiniana extinción. ¿Por qué nos convienen ambas arbitrariedades? Pues porque unos y otros son tan numerosos y cuantiosos que hacer justicia con ellos se llevaría por delante los mismísimos fundamentos de la Sociedad y del Sistema Financiero. Si a ello le añadimos una depresión económica incipiente, el resultado es que la socialización de las pérdidas (de entidades financieras) y de las hipotecas de los implicados, se convierte en una necesidad vital para todos.
Mientras tanto la morosidad en España aumenta al mismo tiempo que el desempleo, e inversamente propocional al índice de precios al consumo. Algunas entidades bancarias españolas (sólo las primeras del ranking) presumen de músculo para soportar la morosidad y las ejecuciones hipotecarias hasta finales del 2010. Es cierto que los hipotecados españoles, a diferencia de los Ocupas estadounidenses, avalan con todos sus bienes personales dichas hipotecas, pero a pesar de ello la depresión económica va a multiplicar la morosidad mucho más allá de lo que puedan soportar los bíceps de la banca española. A partir de ahí, probablemente también veamos la socialización de hipotecas en España.
«No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados.« Adam Smith (1723-1790) «Los desposeídos tienen un mundo que ganar.» Karl Marx (1818-1883)
En lo que llevamos de año 2009 estamos recibiendo a través de este blog una cantidad significativa de consultas muy tristes desde el punto de vista de un Family Office. Guardando la confidencialidad profesional debida, os diremos que son consultas de familias desesperadas que claman algo de luz después de una sangría brutal en los ahorros de toda una vida.
Carteras en diversos bancos que les fueron vendidas (y lo que es peor, mantenidas) como renta fija muy segura. Como el tipo de activo ideal para blindar el fruto de toda la vida laboral, de esfuerzo y de ahorro. Las más perjudicadas están compuestas por acciones preferentes perpetuas, incluso por fondos o conglomerados de perpetuas, y por vulgares titulizaciones de empresas indescifrables pseudo-filiales de otras multinacionales que pusieron su nombre un día, o ni siquiera eso. En muchos casos lo que serían los famosos paquetitos de basura crediticia propiamente dicha, cuyos flamantes ratings algunos incluso conservan relativa y vergonzosamente.
De hecho hace unos pocos años se vendían indistintamente estas emisiones en el mismo segmento de riesgo que la deuda senior con vencimiento de emisores multinacionales. Y era relativamente comprensible, ya que jamás habían sufrido ni sus cotizaciones ni la solvencia de estas emisiones. Es cierto que nadie era capaz de explicar qué había bajo esos nombres anglosajones, indescifrables y técnicos. Pero qué demonios! al fin y al cabo todo el mundo invertía en productos financieros indescifrables! De hecho, el que no lo hacía quedaba relegado al analfabetismo inversor, siendo objeto de mofa por su entorno social y sobre todo bancario.
Era impensable que esa renta fija nebulosa creada por financos a demanda de inversópatas (premonitorio artículo de Junio 2007), pudiera generar pérdidas para sus tenedores. Al fin y al cabo se trataba de renta fija. Pero ahora sabemos que era tan fija como los beneficios de las entidades subyacentes (que jamás hubieramos previsto que llegasen a tambalearse), o tan fijas como la capacidad de un Ninja para pagar su hipoteca. ¿Quién iba a predecir que las entidades financieras (no sólo bancos) desaparecerían o deberían ser rescatadas masivamente; o que se concedieran créditos hipotecarios a familias insolventes de forma sistemática, masiva y perversa? Desde luego las entidades calificadoras de riesgo no, y en aquel entonces parecían La Biblia.
No se trata por lo tanto, de demonizar a los que vendieron esas emisiones hace algunos años, cuando nadie podía imaginar que pudieran convertirse en papel mojado. Se vendieron como seguras porque en aquel entonces nadie podía afirmar lo contrario. Pero a partir del verano de 2007 el mundo financiero empezó a cambiar. Y esas emisiones comenzaron a perder valor, aunque seguíamos viendolas como un producto seguro que simplemente tenía precios más atractivos. Desde entonces hasta hoy la situación de este tipo de emisiones ha cambiado radicalmente, y en el camino la mayoría de nosotros hemos dejado de considerarlas un instrumento de blindaje, un activo seguro, para considerarlas inversiones de riesgo. Eso ha ido sucediendo paulatinamente, y la afectación personal ha dependido de la cintura y agilidad de cada uno para analizar y reaccionar ante esa dramática realidad cambiante. Es aceptable que la reacción de asesores y banqueros pueda haberse producido más tarde de lo deseable, y que su supuesta formación y capacidad no haya servido para salvaguardar la mayor parte del patrimonio de sus clientes. Pero lo que sí es reprobable es que hoy aún hayan asesores y/o banqueros que sigan considerando este tipo de inversiones como renta fija segura con la que blindar patrimonio, sin haber evolucionado con la realidad.
Están permitiendo así, la muerte de la rana de sus clientes, a pesar de que algunas de estas emisiones se hayan literalmente desplomado violentamente por la propia aridez de ese mercado. Y muchos han sido incapaces de reaccionar, pero no por mera incompetencia sino por falta de honestidad consigo mismos y con sus clientes. Las consignas de las entidades para las que trabajan son, aún hoy, mantener e incluso comprar más a precios ridículos para compensar las pérdidas. Olvidando completamente el orígen y la motivación de estas carteras, que hace tiempo que dejaron de ser fijas y seguras y se están desmoronando una tras otra, llevándose por delante vidas enteras de ahorro y esfuerzo.
Las consultas recibidas no serían tan dramáticas si hace tan sólo unos meses, los gestores y asesores de sus respectivas carteras hubieran cogido el toro por los cuernos. Si hubiesen explicado que los activos en cartera de sus clientes se habían convertido, en estos tiempos convulsos y de crack financiero, en inversiones de riesgo. Incluso la responsabilidad podía derivarse hacia el colapso financiero de forma razonable, eximiendo de la misma a dichos asesores. Y aunque los Clientes les habrían recriminado por haberles asesorado mal en orígen, los argumentos de defensa de los asesores serían avalados por las circunstancias excepcionales de la crisis sistémica y también por su honestidad profesional. Pero lo realmente importante es que los activos de los Clientes se habrían salvado en una mayor proporción (a pesar de que sus rentas habrían disminuído drásticamente). Lamentablemente muchos profesionales no lo hicieron y prefirieron, prefieren aún, asesorar bajo el avestruzamiento y, lo que es mucho peor, la comercialidad.
Estas emisiones, como tales inversiones arriesgadas pueden ser una opción más para los inversores, pero siendo conscientes de su riesgo de impago de intereses o cupones, también de su riesgo de evento crediticio o incluso default y por lo tanto de su altísima volatilidad y potencial pérdida de valor.
Cuando se trata de emisiones de bancos relativamente sólidos como las propuestas por Fernan2 o Llinares, pueden suponer una inversión atractiva, pero jamás para blindar los ahorros de toda una vida. Se han convertido en inversiones de riesgo, y como tales tienen su público. Incluso las emisiones que estamos viendo en las carteras de las consultas recibidas, a pesar de ser en su mayoría emisores de dudosa solvencia en la actualidad, también podrían encontrar su sitio en una porción de cartera de determinados inversores. Pero lo dramático es que siguen configurando el 100% de estas carteras, que se diseñaron en su orígen para blindar todo el patrimonio de una familia y resguardarlo de los peligros de las bolsas.
El resultado os lo pedéis imaginar, patrimonios de trabajadores que han conseguido durante toda una vida de esfuerzo y sacrificio acumular unos centenares de miles (o incluso algún millón) de euros con pérdidas del 60, 70 e incluso 80%. Ahorros que ahora en plena vejez se han perdido sin haber querido jamás arriesgarlos. Sangrías que sus gestores y asesores no han sabido ni querido cortar a tiempo, y que aún hoy cuando una emisión tras otra deja de pagar ni siquiera los intereses, siguen con la consigna del «cuando todo esto pase ya se recuperará la par«. Repito que no es recriminable que hace unos años recomendaran este tipo de RF. Pero lo que no tiene perdón de Dios es que no hayan querido reaccionar valiente y honestamente ante unos productos que hace muchos meses que objetivamente dejaron de ser adecuados para blindar patrimonios. Ese, y no otro, era su trabajo.
Para nosotros es también muy duro tener que abrirle los ojos a estas Familias. Vienen a consultar situaciones tan desesperadas que les han llevado a desconfiar del banco en que han depositado su fe y patrimonio todos estos años. Consultas a las que llegan presas del pánico por ver que los extractos de sus carteras se están extinguiendo mes tras mes. Pero no obstante quieren creer lo que les dicen sus banqueros y asesores, y no pueden creer que su futuro haya cambiado radicalmente a estas alturas de su vida, sin comerlo ni beberlo. Obviamente tampoco hay ninguna garantía de que todas estas emisiones se extingan una tras otra como ya han empezado a hacerlo algunas. Por lo tanto la pregunta del millón que deben hacerse estas Familias es si la valoración actual de sus carteras es realmente vital para sus vidas. Si el valor residual actual de sus ahorros puede arriesgarse a cambio de una posible recuperación, quizás puedan mantenetse algunas posiciones y cruzar los dedos. Pero si perder el patrimonio que les queda a valoración actual (15 o 25% de lo que era tan sólo hace un año) es algo a lo que no pueden arriesgarse, no queda más remedio que vender y blindarlo según los criterios actuales.
Siempre ha sido más difícil afrontar la realidad que vivir en el engaño, pero las consecuencias de no reaccionar valientemente ante las adversidades suele tener resultados terribles. Una pena y una injusticia.