
Para tratar de contener lo incontenible y de poner puertas al campo de la desconfianza, se han utilizado los perros policía, habitualmente adiestrados para detectar drogas y armas, pero entrenados ahora para detectar fajos de billetes de USD. La Administración Federal de Impuestos Públicos (AFIP) ha colocado controles de detección caninos en puestos aduaneros de todo el país, que escudriñan arbitrariamente a los viajeros que salen de Argentina. De ahí al bloqueo de los dólares americanos de las cuentas bancarias, no hay un gran trecho, a juzgar por el historial financiero de principios de los años 2000, aunque quizá la memoria reciente del caos producido en la economía local en aquel momento sirva de vacuna para evitar de nuevo tentaciones intervencionistas bancarias por parte de este gobierno. El tiempo dirá.

Cuando un país pierde la confianza en su economía, su sistema financiero, su moneda y en sus políticos, el proceso de deterioro es implacable. Diferible, pero imparable. Y en la Eurozona hace ya años que jugamos con ese fuego, pero con el agravante de que las confianzas y desconfianzas se cruzan de forma compleja entre economías absolutamente dispares, que comparten moneda y contagio del sistema financiero. Y mientras unos están al borde del abismo, los otros enfilan ya la senda de una recuperación que puede abortarse en cualquier momento debido al contagio bancario y a una deuda pública impagable.
No obstante, la guinda del pastel que precipitó el corralito argentino fue el cese de préstamos por parte del FMI. ¿Puede ocurrir lo mismo en la Eurozona? Esa es una pregunta interesante, sin duda. Por el momento, y mientras el BCE siga teniendo las manos semiatadas por Alemania, hemos vivido la sustitución traumática de DSK por la europeísta Cristine Lagarde, al frente del IMF. Una sustitución que se parece mucho a una conspiración para eliminar de la escena a alguien que probablemente no habría aceptado que el Fondo Monetario Internacional prestase tan ingentes cantidades al sistema financiero europeo (público y privado). Un complot tan descaradamente milimetrado que tan pronto como se ha producido la renuncia de DSK al frente del FMI, ha llegado la absolución judicial.
Desde luego no parece la mejor idea confiar nuestro dinero e inversiones al éxito o fracaso de conspiraciones político-financieras. Y por tanto preferimos invertir teniendo en cuenta escenarios como corralito, colapso, ruptura, devaluación, etc., para tratar de minimizar los desastrosos efectos que esos escenarios pueden tener en patrimonios que inviertan en activos dependientes del buen fin de las decisiones de políticos al mando de este Titanic financiero.
Mientras cavilamos sobre cómo y cuándo puede suceder el Corralito 2.0, y coincidiendo con la celebración (sic) de la primera década de la existencia del Euro en nuestros bolsillos, recordemos lo sucedido en el corralito original, también en su décimo aniversario. Sarcasmos del destino.