
Es cierto que algunos indicadores como caída en las nuevas emisiones de deuda corporativa de países desarrollados, o diversos índices como el manufacturero de USA, de confianza alemán, caídas de PIB, etc. presagian un futuro inmediato más recesivo de lo que era de esperar y desear. Sobre todo después de haber quemado naves y navíos en facilidades cuantitativas, por dos veces en EE.UU., e inconfesables y encubiertas barras libres por parte del BCE, mucho menos esterilizadas de lo que sería deseable. 
No obstante existen también infinidad de empresas con perspectivas totalmente distintas, bien sea por su escasa dependencia del consumo de los países desarrollados más deprimidos, y/o por su nula dependencia de los mercados de deuda, y por lo tanto ajenos al empeoramiento de ese escenario.
Entonces, ¿a qué es debido el pesimismo, la volatilidad y las caídas tan abultadas que son comparables con lo sucedido en 2007/8? La respuesta probablemente la debemos buscar en la incertidumbre. Cuando los fundamentales no justifican tanto pesimismo, debemos mirar hacia la causa de las caídas, y esa es principalmente el desasosiego, la intranquilidad, la incertidumbre y finalmente pánico que genera la incapacidad manifiesta de los políticos para reconducir la economía y sus fundamentales. El enésimo ejemplo lo tuvimos en la cuenta atrás del «debt ceiling» o aumento del límite de deuda del Tesoro norteamericano. Pero llovió sobre mojado, ya que la inoperancia endémica de la Eurozona hace que Mr. Market tome conciencia de que estamos jugando con fuego desde hace demasiados trimestres o semestres. Porque, paradójicamente, el Mercado se está erigiendo en el ente más lúcido de nuestros días. Mientras el dinero se redistribuye entre los infinitos activos de ingeniería que circulan por doquier, y los agentes de este circo se mueven en todas direcciones cual hormiguero en estado de emergencia, los políticos discuten sobre el sexo de los ángeles. Cuestiones inoportunas, inútiles, estúpidas o incluso demenciales, como la conveniencia de crear una agencia de rating ad hoc para calificar a demanda; o el paripé en comandita franco-alemana para simular que los líderes políticos están al mando y ponen rumbo hacia la recuperación económica. Mr. Market protesta con rabia desesperando por la reacción expeditiva de los gobernantes, y lo hace en forma de pánico y crash, que parece ser lo único que escuchan y temen los políticos. Y en ese macabro y espeluznante diálogo entre dirigentes y mundo financiero navegamos los mortales.

Ahí debemos buscar el verdadero motivo de las caídas y volatilidades que estamos viendo este mes de Agosto, en la incertidumbre que genera la inoperancia y la ignorancia económica de los dirigentes, y no tanto en los fundamentales objetivos. El periodo vacacional, la demostrada incompetencia financiera de los dirigentes, el pánico y el agotamiento del tiempo y de los recursos para reconducir la situación, hacen el resto. Seguimos en el ojo del huracán y Mr. Market es el único que levanta la voz claramente para denunciar que el Rey, o sea todos nosotros, va desnudo. Álguien con capacidad de decisión y de gestión macroeconómica debería escucharlo de una puñetera vez, mientras el resto de mortales aprovechamos esta ocasión única.