
Así es, los Mercados son los que van a marcar el camino a seguir por las políticas económicas de los países hiperendeudados. Y así debe ser. Lo que muchos llaman la dictadura de los Mercados es en realidad un soplo de lucidez -y por qué no decirlo, de democracia global- en el mar de negligencia y dilapidación del crédito que ha campado por los gobiernos europeos. No hay que olvidar que la periferia europea, y próximamente también Francia, además de endeudada, está en recesión. Y ese cóctel de insolvencia, unido a la incapacidad voluntaria para dominar la política monetaria nacional (creación de billetes y control sobre los tipos de interés), ha desembocado en una pérdida absoluta de soberanía, al menos la económica. Los acreedores de esa deuda son los que están imponiendo la austeridad presupuestaria, dado que Alemania sigue vetando que el BCE asuma el endeudamiento y descontrol de la periferia. Quien paga, manda. Una ley universal en este Sistema de gobiernos sin capacidad de fabricar billetes.
A menos que Merkel obre un milagro para convencer al resto de alemanes para que se empobrezcan proporcionalmente al despropósito de las cuentas periféricas (incluída Italia, Francia y España), la separación de los huevos de a tortilla de la Eurozona es inevitable. Lo que no puede ser, no puede ser y además es imposible. Las inercias de los Estados del Bienestar en la Eurozona están maquillando el proceso temporalmente, pero con el paso de los años la destrucción del bienestar y de la moneda única será implacable. Lo venimos diciendo desde hace ya 3 años, que se dice pronto, en artículos como «El Euroescepticismo económico«:
«Al igual como sucedió con el desequilibrio que detectamos en abril 2008, la molécula económica tenderá también al reequilibrio. Es decir, que o bien los costes de financiación se vuelven a aproximar entre países miembros de una Unión Europea que económicamente tienda a la convergencia (poco probable en nuestra opinión); o bien se amplían las diferencias y la divergencia se lleva por delante la Unión, comenzando por la parte financiera de ésta.
Este escenario nos lleva al euroescepticismo económico (que no político), voluntario o involuntario. ¿Hasta cuándo la UE podrá mantener de la mano países ricos y pobres en un entorno tan difícil? Esta crisis global que está impidiendo una divisa competitiva en un entorno de “tonto el último“, quizá no llegue a romper los lazos políticos de la UE, pero se llevará por delante una unión económica que parecía equilibrar las diferencias entre países. Pero sólo lo parecía. Y este colapso hundirá en la miseria a muchos, sobre todo a aquellos países que no tengan la valentía y/o la capacidad para tomar esas medidas drásticas y draconianas.
“Una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad.“
Sir Arthur Conan Doyle (1859-1930)

Ambos fenómenos (la incapacidad de crear dinero y la creciente desconfianza de los acreedores), van a hacer poco menos que irrelevante la política económica que se venda en el panfleto electoral francés. El camino hacia la salida del tunel es único, independientemente del color del gobierno de turno. Y lo marcan los acreedores. Ya iba siendo hora de que alguien juicioso quitase de las manos el juguete de la creación de billetes y de deuda infinita a quienes nos conducen al default de forma irremediable. Siempre fue peligroso dejar en manos del pueblo la capacidad de fabricar dinero de la nada, y el tiempo pone a cada uno en su lugar. Algunos pueblos han manejado dicha capacidad con mayor acierto y sus economías se han mantenido productivas, pero ya es hora de que a otros les quiten esa capacidad que han manejado temerariamente como una lámpara de Aladino infinita.
La soberanía tiene un precio que hoy por hoy en la Eurozona pueden pagar muy pocos elegidos. El resto pueden engañar a sus electores con campañas que regalen sus oídos y salir elegidos democráticamente, pero afortunadamente ya no se van a poder volver a aplicar las políticas eternamente debidas que llevan al colapso. La diferencia entre una victoria de Sarkozy o de Hollande es que con este último se perdería un tiempo precioso, como ocurrió con el gobierno Zapatero en España o Berlusconi en Italia. Nada más.