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Cluster Family Office Blog

«Financos e Inversópatas». Un cóctel explosivo.

Hay quien dice que un nuevo crack económico está próximo. No está nada claro si se empieza a hablar de algo parecido al 29 de octubre de 1929 o simplemente de una crisis económica generalizada que puede afectar más o menos globalmente. Es evidente que la interrelación de las economías mundiales y el castillo de naipes que supone el sistema financiero moderno, no ayudan a asentar unas bases sólidas a prueba de crisis mundiales. Es decir, algunos empezamos a advertir los peligros de la globalización macroeconómica y la superposición de productos financieros, que no sirven más que para especular (que no es poco). En los últimos años los ingenieros financieros han creado estructuras y productos inimaginables hace una década o dos, y que se soportan sobre bases que a su vez quedan ya muy lejos de la economía real tradicional. Estructuras complejas creadas sobre estructuras complejas.
Comprar o vender un contrato de petróleo por parte de cualquier particular es ya un juego de niños anticuado aunque ni siquiera sepa jamás qué aspecto tiene un barril ni su contenido. Hoy en día el brochure de cualquier producto estructurado supone un par de páginas explicativas de cómo se comportará dicho producto en el tiempo según los escenarios posibles. Texto, gráficos y fórmulas matemáticas relativamente simples que junto con la explicación del asesor o gestor correspondiente (a veces incluso de forma competente y objetiva), tratarán de hacer entender al comprador el funcionamiento de su nuevo juguete financiero. Pero este brochure o fact sheet tan sólo es el manual de instrucciones. Los auténticos planos constructivos del producto jamás llegan al inversor final. Son tan complejos que sólo son inteligibles por los padres de la criatura y sus colegas. Ingenieros financieros, a quienes cariñosamente me gusta llamar financos (por aquello de que a los ingenieros en telecomunicaciones se les llama telecos).

Estos financos exprimen sus cerebros y su creatividad constantemente buscando tan sólo un producto que se venda bien. Es su trabajo y no dudan en utilizar todas las herramientas que se ponen a su alcance, es decir otros productos financieros. Los resultados son productos megaestructurados con tantos componentes en equilibrio que serían peligrosamente sensibles a un temblor financiero global. Este probable colapso de los productos actuales de ingeniería financiera, acentuaría a su vez dicho seísmo provocando una crisis financiera mundial inimaginable. Desde luego, a nadie nos pasa por la cabeza qué puede causar dicho terremoto capaz de desmoronar la economía moderna. Pero la ingente cantidad de dinero que especula constantemente en criaturas creadas por nuestros admirados financos, da qué pensar. Divisas (carry trade abusivo), commodities, metales, valores, deudas, posiciones cortas de todo tipo… todo es utilizado como materia prima para estructurar y sobrestructurar hasta la extenuación con el fin de satisfacer la voracidad de los inversópatas. Porque ya no es suficiente con especular como lo hacían nuestros padres o abuelos. Hoy en día quien no tiene en su cartera un

«9M 15,30% p.a. Cash Settled USD Barrier Reverse Convertible Worst of GOLDMAN SACHS CRUDE OIL ER INDEX, GOLDMAN SACHS COMMODITY GOLD ER INDEX and GOLDMAN SACHS COMMODITY NATURAL GAS ER INDEX (Kick-In GOAL on Worst of)»

con su correspondiente brochure explicativo de 5 páginas no es un auténtico inversópata. Este es un ejemplo real de la distancia que hay entre el dinero (o mejor debería decir impulso electrónico) que se coloca contra una posición especulativa determinada, y los pozos de petróleo, las minas de oro o las indústrias de gas natural con sus trabajadores produciendo en sus puestos diariamente.

Pero que no cunda el pánico, todo está controlado y funcionando perfectamente. En un equilibrio ejemplar. El cóctel está delicioso, pero por favor: El Dry Martini, removido, nunca agitado.

Venturas y desventuras de un inversor mortal.

Las reflexiones que a continuación voy escribir quizás no sean compartidas por los lectores más jóvenes, o incluso es posible que no las comparta casi nadie de vosotros. Pero he llegado a ellas después de 20 años de ver mercados de casi todos los colores y de conocer perfiles de inversores bastante grises. Vaya por delante que no pretendo enseñar nada a nadie ni estar por encima del bien y del mal, entre otras razones porque llegar a estas reflexiones me ha costado esfuerzo para aprender de los errores, cicatrices y dinero. Además, firmaría ahora mismo estar tan sólo a medio camino de una cierta experiencia. Dicho esto os recomiendo que leáis (los que todavía no lo hayan hecho) este artículo de The Rebuzner donde hace una radiografía muy interesante y divertida de los inversores y nuestro ego. Una vez metidos en el contexto aquí tenéis unas reflexiones adicionales que no tenemos presentes la mayoría de nosotros aunque sean obvias:
En un mercado de RV alcista casi todos los inversores ganamos, y en uno bajista viceversa. La clave del éxito la solemos buscar en maximizar el beneficio en la bonanza y minimizar las magulladuras en las caídas. Pocos nos plantemos dejar de invertir en bolsa antes de pillarnos los dedos, muñecas y antebrazos. ¿Quién nos obliga a nadar a contracorriente pudiendo estar en la orilla contemplando otras formas de inversión? Es cierto que a largo plazo las estadísticas afirman que los rendimientos superan en su conjunto a los ciclos bajistas. Pero nadie nos garantiza que vivamos lo suficiente para aprovecharnos de dicho promedio. Muchos inversores perdieron todo su dinero y/o la vida antes de que la estadística les diera su merecida bendición. No obstante si se mantiene una cierta capacidad de inversión y salud como para ver salir de nuevo el sol, se vivirán unos años de abundancia en que lo mejor será dejarse llevar por manos expertas y aprender, a la vez que disfrutar, del camino.

Pero la mayoría de inversores confunde la complejidad con la rentabilidad. Muchos creen que hacer algo distinto a los demás les llevará al éxito. Esto puede ser cierto por ejemplo en el mundo empresarial, ya que distinguirnos de la competencia suele dar buenos resultados. Pero en los mercados la cosa cambia, la competencia pasa a ser nuestro aliado y la opinión mayoritaria triunfará de la manera más eficiente. Es bien cierto lo que dice nuestro admirado Rebuzner de que a menudo muchos se creen más listos que el mercado entero. Confunden la palabra «inversión» y creen que define lo que le ocurrirá a la tendencia del mercado donde colocan su dinero. ¿Por qué la tendencia de un valor, sector, etc. debe invertirse en el momento justo en que decidimos poner nuestro dinero en la dirección opuesta?, ¿Por qué la mayoría debe darnos la razón justo a partir de que nosotros empecemos a llevarle la contraria? ¿No es más fácil dejarse llevar por el mercado de forma prudente con valores sólidos e infravalorados que apostar por jóvenes promesas o a contracorriente? Ojo, no estoy diciendo que sea más rentable, sino más fácil y ajustado a la capacidad de la mayoría de inversores.

Por supuesto, comprar una empresa con fundamentales ejemplares en plena caída, es una estrategia muy válida y rentable, pero no apta para la mayoría de los mortales. El ejemplo de los cuchillos de oro de Rebuzner es muy gráfico. Pero ni a nivel económico ni a nivel cardíaco están todos preparados para inversiones que, aunque muy rentables a medio, nos dan un malvivir a corto. En Técnicos y Fundamentales se comentan las cuatro técnicas de gestión de riesgos para inversiones value, a saber:

a) Invertir sólo en empresas cuyos negocios comprendemos.
b) Con bajo riesgo financiero y operativo.
c) Comprar por debajo del valor intrínseco.
d) Hacerlo siempre a largo plazo.

Lamentablemente ninguna de ellas está al alcance de la mayoría de los inversores mortales: La comprensión de los negocios es muy limitada por falta de información, tiempo y/o capacidad; el riesgo financiero y operativo de estas empresas difícilmente será correctamente calibrado si no se cumple la primera; la compra por debajo del valor intrínseco en un escenario bajista exigirá una condición cardíaca y de clarividencia no habitual entre la mayoría, y en un escenario alcista pocos reconocerán esa aguja entre el pajar de la falta de información; por último la cultura del pelotazo y la inexperiencia mantendrán a muy poquitos en la estrategia del largo plazo.

No estoy diciendo que el inversor value esté equivocado ni mucho menos, ya que personalmente me siento más próximo a él que al fundamentalista o al analista técnico puro y duro. Pero para la mayoría de inversores mortales estos métodos no están a su alcance. El inversor de a pie debe simplificar sus estrategias hasta adaptarlas a sus circunstancias. Por eso cuando leo o veo en canales de tv económicos consejos y consignas para invertir en los mercados, me da qué pensar. ¿Cómo veríamos que médicos (cuando no medicuchos) recetaran fármacos para mejorar la salud sin adaptarlos a cada uno de sus pacientes? Cuando veo en los medios de comunicación, Comprar, vender, mantener, sobreponderar esto o aquello se me ponen los pelos de punta. Es como si viera una receta genérica para toda la audiencia del estilo: Tómense dos píldoras de esto o aquello cada 8 horas para vivir más y mejor.

Repito que no estoy poniendo en duda la rentabilidad de todas estas estrategias de inversión, sino su accesibilidad y adaptabilidad por parte de la mayoría de los mortales. Lamentablemente he encontrado a lo largo de los años infinidad de inversores de a pie que creen poder aprender a ser inmortales. Piensan que existen en el mundo dos tipos de inversores: Los que les queda mucho que aprender y pierden dinero; y los que han aprendido mucho y que se forran hasta el infinito y más allá. Están convencidos de que formándose lo suficiente y acumulando experiencia alcanzarán el rango de inversores inmortales, capaces de ganar en bolsa constante e infinitamente. En su mente tienen ejemplos como Buffet, Soros, etc. Craso error. Parcialmente conscientes de sus limitaciones, se conformarían con una pequeña parte de las fortunas citadas (sic). Pero los espejos donde se miran son perfiles excepcionales que confirman la norma. Por desgracia las reglas del juego son otras para el inversor mortal.

Pragmatismo, consciencia de los condicionamientos personales, tener presente que no siempre los ciclos bursátiles son compatibles con nuestra idiosincrasia, situación patrimonial, situación familiar, timing y objetivos vitales para la determinación de riesgos asumibles, y humildad, mucha humildad, entre otras muchas cosas que no acierto a enumerar.

A los menos capaces, simplicidad y aprovechamiento exclusivo de los ciclos alcistas de la mano de buenos gestores con históricos indiscutibles.

A los más capacitados, que Dios reparta suerte…

Hola, me llamo Gurús Mundi, soy un inversor mortal.

BSCH y BBVA o la lógica aplastante de los grandes. Las ventas inmobiliarias mayores de la historia de España.

Los dos gigantes de la banca española BBVA y BSCH han hecho pública su decisión de vender casi todo su patrimonio inmobiliario durante los próximos meses. Por supuesto, esta estrategia la han vestido y maquillado para que sea políticamente correcta. De un lado el BBVA habla de la centralización de recursos en un campus o parque empresarial propio; y de otro BSCH liquida activos para sufragar la adquisición del 27’9% de ABN Amro. Esta corrección política intenta justificar ante la opinión pública unas decisiones estratégicas que saltan a la vista, al menos a la nuestra. BBVA centraliza sus instalaciones en un parque empresarial que será absolutamente versátil, es decir que a diferencia de lo que ocurre en Boadilla del Monte podrá comercializarse y rentabilizarse en alquiler o venta a cualquier futuro interesado. Por eso se habla de «espacio abierto» con edificaciones horizontales con formatos independientes y de fácil comercialización al detalle. Por su parte BSCH «necesita» reunir unos 19.000 millones de € para la adquisición de su proporción en ABN, aunque en realidad se ha reconocido en petit comité que dicha macro-venta inmobiliaria se llevará a cabo tanto si la adquisición de ABN llega a buen puerto como si se aborta por cualquier motivo. Evidentemente la compra de el grupo holandés puede aportar su proporción de inmuebles al grupo, pero la realidad es que la decisión de venta inmobiliaria de BSCH va más allá y más acá de esta operación.
Recogida de beneficios procedentes de las plusvalías inmobiliarias, obtención de liquidez para optimizar activos, balances y capacidad de préstamo, reestructuración interna, centralización de recursos, etc… Todos estos argumentos y frases mediáticas no son más que un camuflaje para el cambio de destino de los activos en los gigantes de la banca. También otros grandes como Telefónica se apuntan al carro, tonto el último. La inversió inmobiliaria ya ha dejado de ser negocio y las grandes empresa toman grandes decisiones que maquillan convenientemente, pero la esencia nos resulta muy clarita: Giro de 180 grados en la estrategia de inversión. Además nos resulta obvio, el ciclo no sólo se ha terminado sino que se ha exprimido espectacularmente. Los alquileres que estos bancos aseguran a los posibles compradores de sus inmuebles son ni más ni menos que los del mercado. Y aunque la mayoría de propietarios se hayan acostumbrado a obtener rentabilidades netas del 2 o 3% del valor en plena burbuja inmobiliaria, estas cifras son fácilmente superables para cualquier actividad bancaria que se precie. Es decir, para un banco resulta mucho más beneficioso pagar alquileres a este nivel y poder así rentabilizar mejor sus activos líquidos en operaciones bancarias alternativas. Además el riesgo de que el valor de sus inmuebles disminuya en un futuro próximo, también se evita con este golpe de timón. Es tiempo de efectivo y no nos cansaremos de repetirlo mientras así lo creamos.

Es fácil, lógico y simple, pero las inercias del inversor medio son sorprendentemente brutales. El ciclo de plusvalías inmobiliarias toca a su fin (con el permiso de las propiedades prime), la renta variable lo confirma maliciosamente. ¿Hay alguien que dude todavía de la estrategia a seguir con los inmuebles? Lamentablemente los pequeños, medios e incluso algún gran capital siguen con aquello de que el ladrillo siempre valdrá más, aunque los más «avispados» y faltos de memoria vuelven a confiar en la bolsa como sustituto de sus pelotazos inmobiliarios. Pero ¿hay alguien más?

El apasionante mundo de las OPAs

Esta vez os voy a copiar un artículo de nuestro amigo Pau from BlogoEmpresa que no tiene desperdicio, leed y disfrutad:

No, no me voy a poner a cantar. Lo hago muy mal, y, además, a mí el Koala nunca me llegó a entusiasmar. Lo que voy a intentar es explicaros qué es eso de una OPA y el porqué de que los telediarios dieran la brasa día tras día con el asunto.

Una OPA es, ni más ni menos, que una Oferta Pública de Adquisición. Con esto, sé que no os he aclarado un carajo, pero poco a poco. Con un ejemplo lo vais a entender de puta madre.

“La empresa Jóvenes Rumanas SA cotiza en Bolsa, y tiene 100 acciones. El párroco del pueblo ha decidido hacerse con el control del burdel, pues no le hace gracia que las señoritas que allí trabajan no le quieran atender por su condición eclesiástica. Las acciones las poseen los 100 vecinos del pueblo, una cada uno, y el párroco deberá lanzar una OPA para hacerse con el control de las acciones. Para evitar desigualdades, y que a unos se les ofrezca más dinero que a otros y los socios se vean perjudicados, la Ley establece que el cura deberá ofrecer la compra de todas las acciones a todos y cada uno de los socios, y hacerlo además ofreciendo la misma cantidad por cada acción.

Pero el párroco no necesita comprarlas todas. Sólo necesitará el 25% para que su participación sea significativa, y el 50% para ser mayoritaria. En cualquiera de los dos casos, a efectos legales deberá lanzar una OPA.

Si la OPA cuenta con el beneplácito de la cúpula directiva, en este caso las propias rumanas, que la habrán aprobado, se llama amistosa, pero si por el contrario se hace sin el consentimiento de las guarrillas, se considera hostil.

A grandes rasgos, esto viene siendo una OPA. Quizá ahora comprendáis la importancia del asunto. Comparad el caso con lo que ocurrió con Endesa.

Gas Natural quería hacerse con la eléctrica más importante de España, y lanzó una OPA hostil que al gobierno le pareció bien. La empresa alemana Eon, también interesada, llegó a un acuerdo con Endesa y lanzó una OPA amistosa, ofreciendo más dinero por acción y asegurando inversiones y el mantenimiento de los puestos de trabajo. Eon, a mi entender, hizo lo que tenía que hacer y cumplió la Ley. Pero al gobierno no le interesaba que la compañía eléctrica más importante de España fuera a parar a manos de los alemanes, que son muy eficientes y nos pueden dejar mal, así que fue poniendo pegas, hasta que Gas Natural y la italiana Enel se unieron e igualaron la oferta de Eon. Tendrían que haberla superado, pero el gobierno dijo que así estaba bien, y que preferían darle la mitad a los italianos, y no entera a los eficientes alemanes.

No hace falta, que diga que estuvo muy mal lo que hizo ZP, y que iba en contra de la libre competencia, aunque fuera en interés del país. Es lógico que luego la UE le diera unos cachetes en el culo. El resultado es que ahora nos llevamos regular con Alemania, y Angela Merkel quiere convencer a Nicolás Sarkozy de que no nos ajunte. Cosa mala ésta, ya que encima el Sarkozy es amiguete de Rajoy. Total, que nos llevamos regulero con Alemania y Francia, que son el motor económico de Europa. Pero, en Italia, el mafioso de Berlusconi quizá invite a ZP a jugar al póquer y le enseñe a amañar partidos.

Por cierto, al final el cura consiguió hacerse con el control de Jóvenes Rumanas SA, pero las trabajadores decidieron abandonar la empresa y aceptar la oferta del pastor del pueblo vecino, para fundar Rumanas Reunidas SLL. Al final, el cura tuvo que seguir dándole al manubrio solo, y encima los feligreses le han cogido tirria.

Errores estratégicos en los capitales pequeños y medios. Los cuatro activos variables.

Es innegable que cada día los ricos se distancian más y más de los pobres e incluso de la clase media y media/alta. Aunque es cierto que siguen creándose riquezas partiendo de nada o muy poco, la progresión de las fortunas consolidadas es inequívocamente ascendente en mayor proporción. Un factor que puede explicar este crecimiento generalizado entre los ricos es, quizás, el conocimiento cada vez mayor que poseen del mundo económico, pero también la contratación de ayuda especializada. Cada vez son más los ricos que mantienen y proyectan sus activos en el tiempo cultivando una preparación personal y/o una contratación de servicios especializados en altos niveles patrimoniales (family offices). La banca privada ya no es suficiente, es más nunca lo fue, puesto que los servicios integrales que necesita cualquier capital medio o alto desbordan a la primera de cambio cualquier gestor bancario. Además su dependencia de la propia entidad financiera lo inhabilita éticamente para el asesoramiento patrimonial de sus clientes, por no hablar de la incompetencia técnica de muchos de ellos. Pero no vamos a hablar de banqueros sino de algo más agradable: La diversificación de activos en los grandes patrimonios, aplicable también a los capitales medios. Continuamos, pues nuestra labor de demostrar de forma práctica que la mayor parte de los protocolos diseñados para la gestión de las grandes fortunas, son también muy rentables en patrimonios menores.
Las fortunas High Net Worth Individuals o HNWI, es decir los particulares con mayor poder económico, según el informe anual de Knight Frank, invierten un 42% de sus activos en inmuebles. Ergo un 58% en otro tipo de inversiones, aviso a navegantes. Si todos nosotros calculamos lo que pesan nuestros inmuebles respecto al patrimonio total, la mayoría se situarán muy por encima de esa proporción. Además los grandes inversores suelen comprar propiedades prime, es decir las más deseadas y caras. A nadie se le escapa que una propiedad prime tendrá mayor liquidez en un mercado en crisis que cualquier propiedad más vulgar aunque ésta sea más barata. La razón es evidente: A los ricos que desean comprar un buen inmueble, no les afectan tanto las crisis económicas y por lo tanto dichos activos siguen teniendo su demanda, que a su vez hace que los precios no se desplomen como en el resto del sector. El beneficio de estos inmuebles está casi exclusivamente en la revalorización del mercado, puesto que sus alquileres tan sólo sirven para cubrir los gastos de mantenimiento en la mayoría de los casos. Lógicamente buscarán esta revalorización en países cuyo mercado inmobiliario sea estable o también en mercados crecientes o emerging, los de perfil más arriesgado.

Pero jamás lo harán en plazas con alzas inmobiliarias saturadas ni mucho menos con burbujas inmobiliarias.

Llegados a este punto volvamos a comparar la situación estratégica de la clase media y media/alta con la de los ricos: ¿Que han hecho la mayoría de los españoles con sus excedentes de dinero en los últimos años? Evidentemente no estamos hablando de aquellos que tan sólo alcanzan para pagar su propia y única hipoteca sino de los que han adquirido, con o sin financiación, otros inmuebles como «valor seguro» donde invertir sus ahorros. La respuesta salta a la vista, siguen adquiriendo más y más inmuebles que no son prime en un mercado inmobiliario que no es estable ni mucho menos creciente o emergente. Quizás sean ahora más selectivos o en el mejor de los caso hayan dejado de adquirir, pero muy pocos han modificado su estrategia en consonancia con el radical cambio que ha empezado a sufrir el mercado inmobiliario y los tipos de interés.

Ganar dinero invirtiendo en inmuebles en plena especulación inmobiliaria ha sido en los últimos tiempos coser y cantar, el más tonto ha hecho enormes plusvalías. El banco financiaba a interés ridículo el 100% (o más) de un inmueble que en pocos meses o incluso semanas incrementaba su valor respecto la inversión espectacularmente. Hoy en día algunos tienen ya serios problemas para hacer frente a estas hipotecas cuyo interés ya no provoca tantas risas. Otros empiezan a darse cuenta que deberán arrastrar algunas hipotecas durante más tiempo del previsto. Pero además los precios han dejado de subir o incluso empiezan a corregir a la baja, salvo las excepciones prime, claro.

Ante este escenario, ¿qué están haciendo muchos inversores medios en España? Muy sencillo, algunos han dejado de arriesgar sus ahorros en la compra de nuevas promociones ya muy «inciertas», para «afianzar» ahora sus activos excedentes en bolsa… Estrategia surrealista donde las haya. Además casi todos renuncian a vender sus inmuebles a precios de mercado real actual argumentando que nunca bajarán: «Por menos de tanto no vendo, no tengo prisa, siempre valdrá más». Comparan con los precios de venta que se encuentran en las ofertas del sector y confirman su teoría de que, salvo contadas excepciones, los precios no bajan sino que simplemente dejan de subir. Lástima que se olviden de un detalle sin importancia: No se venden. El coste de oportunidad a partir de ese momento es enorme. La bajada de precios es cuestión de tiempo, de tipos de interés y de lo prime que sea el inmueble. Y por lo tanto el mantenimiento de los precios de venta en el tiempo, variará en función de la necesidad del propietario. Es decir los compradores más modestos que sufran más la subida de tipos de sus hipotecas deberán bajar los precios antes si quieren vender, mientras que los inversores más acomodados podrán mantener sus propiedades a la venta a precios superiores al mercado durante más tiempo, pero pagarán el coste de oportunidad de ir a contracorriente. No obstante los inmuebles que se acerquen más al nivel prime, tendrán mayor probabilidad de venderse al precio deseado.

Llegados a este punto, ¿por qué no aplicamos la estrategia de los HNWI y nos convertimos en Medium o incluso Low Net Worth Individuals? Desde nuestra perspectiva la respuesta está clara: Por una parte el desconocimiento de la estrategia correcta en cada ciclo, en segundo lugar la imposibilidad generalizada de invertir en renta fija con productos financieros de alto rendimiento adaptados a nuestra capacidad de inversión; y en tercer lugar por la cultura latina del pelotazo y el afán por la creación de riqueza súbita.

Para un patrimonio medio e incluso bajo, la propia vivienda ya cubre sobradamente la proporción de inmuebles correcta para un HNWI. Es decir, nuestra inversión en inmuebles debería centrarse en el pago de nuestra propia hipoteca durante muchos años, y nuestra capacidad de ahorro debería dirigirse hacia renta fija y variable proporcionalmente al ciclo económico de cada momento. A medida que el patrimonio aumenta, nuestros horizontes de inversión se ampliarán intentando mantener una proporción estratégica de los cuatro activos variables principales: Renta Fija, Inmuebles, Empresas/negocios y Renta variable. Adaptando esta proporción a cada escenario económico presente.

Esta progresión financiera viene asociada a la progresión personal tal y como definió Abraham Maslow en 1943 en su famosa pirámide. BlogoEmpresa nos hace un divertido y actualizado análisis de ésta a través de Pau, a quien por cierto felicitamos públicamente su cumpleaños para que siga con su punzante humor vinculando economía de la buena y divertimento. En Family Office adaptamos hace unos años esta teoría al mundo financiero personal de alto nivel, sustituyendo las Necesidades de Ego y Autorrealización por el Reconocimiento Público y la Filantropía. Así es según nuestra experiencia con clientes de family office.

En definitiva, como dijo nuestro amigo Echevarri: «Hay que saber leer el momento del partido en el que estamos». Y yo añadiría que además hay que tener mentalidad y estrategia de gran equipo sin perder de vista nuestras limitaciones. ¿O acaso no hay equipos que están arriba con presupuestos muy modestos? Alcanzado cierto nivel, lo difícil será mantenerse ahí arriba, tal y como reza nuestro encabezado. «Empecemos pues por lo fácil…»

Criterios clásicos de valoración y selección de inversiones.

El concepto de inversión es uno de los conceptos económicos más difícil de delimitar. La definición más general que se puede dar es que, mediante la inversión, tiene lugar el cambio de una satisfacción inmediata y cierta a la que se renuncia, contra una esperanza que se adquiere y de la cual el bien invertido es el soporte.
A la hora de invertir nos encontramos con un problema fundamental: determinar la rentabilidad del proyecto de inversión para decidir si éste conviene o no llevarlo a cabo, y además, cuando se dispone de una lista de alternativas de inversión, éstas se podrán ordenar de mayor a menor rentabilidad, con el objeto de priorizar las más rentables.
Hay diversos criterios de valoración y selección de inversiones, algunos de ellos son:
  1. Criterio del flujo neto de caja total por unidad monetaria comprometida.
    Este método consiste en sumar todos los flujos de caja y luego, el total se divide por el desembolso inicial, obteniendo así el “flujo neto total medio por unidad monetaria comprometida” en la inversión.
    Cuando dicho flujo sea mayor de la unidad, interesa realizar la inversión ya que de lo contrario la inversión no permitiría recuperar el capital invertido.
    Este método tiene varios defectos, uno de ellos es que no tiene en cuenta el momento en que son obtenidos los distintos flujos netos de caja.
    Por otro lado, sólo la parte que excede a la unidad es rentabilidad en sentido estricto, porque la otra parte es recuperación del capital.

  2. Criterio del flujo neto de caja medio anual por unidad monetaria comprometida
    Este criterio es el cociente entre el flujo neto de caja medio anual y el desembolso inicial.
    Si la inversión, como es habitual, origina desembolsos no sólo en el momento presente, sino también en los primeros años de vida, se debe tomar como desembolso la suma de estos flujos negativos. Este método tiene los mismos defectos que el primero.

  3. Criterio del plazo de recuperación o “payback”.
    El plazo de recuperación es el tiempo que tarda en recuperarse (amortizarse) el desembolso inicial.
    Según este criterio, las mejores inversiones son aquellas que tienen un plazo de recuperación más corto, aunque esto es discutible: no considera los flujos netos de caja obtenidos después del plazo de recuperación y tampoco tiene en cuenta la diferencia en los vencimientos de los flujos obtenidos antes del plazo de recuperación.

  4. Criterio de la tasa de rendimiento contable.
    Este método es el que mejor se ajusta a la información facilitada por la contabilidad.
    Se calcula mediante el cociente entre el beneficio contable anual (después de haber deducido la amortización y los impuestos) y el desembolso inicial de la inversión. Se incluyen la inversión en activo fijo y también en activo circulante.
    Este método utiliza el concepto de beneficio y no el de flujo de caja. Contablemente, los ingresos se contabilizan cuando se generan aunque no estén efectivamente cobrados, por lo que los beneficios no se pueden invertir en un activo productivo o repartir en forma de dividendos hasta que no se cobran. El rendimiento contable no tiene en cuenta si esos beneficios están cobrados o no.
    Por otro lado, este método tampoco actualiza los beneficios y considera igualmente deseable un beneficio del primer año que un beneficio de un año posterior.

  5. Criterio del valor capital
    El valor capital de una inversión es igual al valor actualizado de todos los rendimientos esperados.
    VC= – A + (Q1/ (1 +K)) + (Q2/(1+K)^2) + (Q3/(1+K)^3)+…..+(Qn/(1+K)^n)
    VC es el valor capital
    A es el tamaño de la inversión
    Q es el flujo neto de caja de cada año
    K es el interés o tasa de descuento de mercado
    ^ es elevado a
    n es el número de años, desde el año 1 hasta el último, denominado n.
    Según este criterio sólo conviene realizar aquellas inversiones cuyo valor capital sea positivo. Cuando existen varias inversiones con valor capital positivo, se debe dar prioridad a aquellas cuyo valor capital sea mayor.
    La ventaja del valor capital es que tiene en cuenta los diferentes vencimientos de los flujos de caja.
    Uno de los defectos es la dificultad de especificar un tipo de descuento K, se supone que es el tipo de interés del mercado, pero ¿cuál se puede decir que sea el interés del mercado? El interés cobrado por el banco en sus préstamos, el interés pagado por la deuda del tesoro público, el Euribor,….
    Otro defecto de este criterio es que supone que los flujos de caja positivos son reinvertidos inmediatamente a un interés K igual al descuento y que los flujos de caja negativos son financiados con unos recursos cuyo coste también es K. Eso ya sabemos que es totalmente irreal.

  6. The payback descontado
    Una de las críticas del payback era que no tenía en cuenta el momento de generación de los flujos de caja, si estos se descuentan mediante la fórmula de descuento del “valor capital” se elimina ese inconveniente.

  7. El índice de rentabilidad o ratio ganancia-coste.
    Se obtiene dividiendo el valor actualizado de los flujos netos de caja o cash flow de la inversión por el desembolso inicial o tamaño de la misma.
    El defecto de este índice es que mide la rentabilidad referida a toda la vida de la inversión y no a una base temporal anual, como es habitual.

  8. Criterio de tasa interna de retorno
    La tasa de retorno o tipo de rendimiento interno de una inversión es aquel tipo de descuento R, que hace igual a cero el valor capital.
    VC= 0 = – A + (Q1/ (1 +R)) + (Q2/(1+R)^2) + (Q3/(1+R)^3)+…..+(Qn/(1+R)^n)
    Sólo interesarán los proyectos cuya tasa de retorno R sea superior al coste del capital K. Se priorizan las inversiones con tasa de retorno mayor.
    Para resolver esta ecuación de grado n, lo más fácil es usar una calculadora financiera o bien mediante el método de prueba y error, ir introduciendo valores de R hasta que nos aproximemos lo máximo posible a VC = 0.

Por otro lado hay un claro efecto de la inflación y de los impuestos a la hora de calcular la posible rentabilidad de nuestra inversión.

Para tener en cuenta estos dos factores en el cálculo del Valor Capital, la fórmula quedaría como sigue:
VC= – A + ((Q1 – tQ1)/ ((1 +K)*(1 +g)) + ((Q2 – tQ2)/((1+K)^2*(1 + g)^2)) +…..+((QntQn)/((1+K)^n * (1 + g)^n))
Siendo t la tasa impositiva y g la inflación prevista.

Todos estos métodos son deterministas. Las magnitudes que definen el problema de inversión se consideran perfectamente conocidas. La realidad económica es otra. El futuro difícilmente se puede conocer con precisión. Hay métodos que introducen ese componente de riesgo o probabilidad en las fórmulas con lo que éstas se complican aún más, teniendo en cuenta la esperanza matemática, varianza, ….pero creo que eso ya sería teorizar en exceso.

Además de todos estos métodos, sobre todo hay que tener en cuenta la preferencia personal y el aspecto psicológico, ya que cuanto más nos guste nuestra inversión, más tiempo y atención le dedicaremos.

Diferencias psicológicas entre el pequeño, medio y gran inversor.

Vaya por delante que vamos a analizar algunos comportamientos y opiniones que hemos contrastado desde nuestras propias experiencias con clientes y conocidos. El lector no tiene porqué sentirse identificado con ninguno de estos perfiles ni maneras de pensar. Simplemente hacemos unas reflexiones que, desde nuestra perspectiva, nos resultan muy reveladoras.
Como ya sabrán nuestros seguidores asiduos, desde hace unos pocos meses estamos dedicando una área de nuestro multi family office a aplicar nuestros protocolos de actuación a capitales también medios e incluso bajos. Pues bien, en este sector absolutamente mayoritario de la población nos hemos encontrado con diversas sorpresas en cuanto a su concepto del riesgo e inversión para sus patrimonios respecto a los propietarios de las grandes fortunas. Durante años nos hemos acostumbrado a los feedbacks que los clientes de alto nivel patrimonial nos proporcionan respecto a su visión de la economía, inversiones y el dinero en general, y las comparaciones con los pequeños y medios inversores nos han evidenciado algunas diferencias de criterios muy significativas. Ahí van algunas de ellas:
Los grandes inversores mayoritariamente son receptivos a contrastar opciones innovadoras y a la creatividad financiera. Quizás su interés por seguir las últimas tendencias en inversión les hace tener esa predisposición a analizar cualquier nueva propuesta de aplicación para sus activos. Eso sí, lo harán escrupulosamente, contrastarán, se asesorarán y escanearán exhaustivamente dichas opciones como es lógico, hasta que al fin decidirán. Los de perfil más atrevido se aventurarán más y los de perfil ultra-conservador casi siempre declinarán la propuesta; pero en general jamás descartarán una opción de inversión antes de analizarla.
Pero analicemos nuestra experiencia reciente con los perfiles de menor patrimonio: En primer lugar podemos destacar que tanto el pequeño como el inversor medio tienden a un mayor conformismo con las bajas rentabilidades y las altas fiscalidades. Es decir, en general renuncian a propuestas que podrían optimizar estas dos variables básicamente por dos razones: Los pequeños inversores porque nadie jamás les ha tenido en cuenta para que puedan utilizar las herramientas que normalmente sólo están al alcance de capitales mayores. Por eso dichas propuestas adaptadas a su perfil les sorprenden, confunden y no se ven capaces de realizar los trámites necesarios para beneficiarse de ellas. Suelen conformarse con la sencillez de invertir en bolsa como alternativa única al ostracismo financiero de sus modestos activos. Estas inversiones las pueden realizar a través de cualquier gestor de su propio banco o broker de entidad financiera, incluso a través de internet, como quien hace un depósito a plazo fijo en la oficina bancaria del barrio o una apuesta en bwin.com, sin ir más lejos. En cambio, el motivo por el que los inversores medios tienden a dicho conformismo, quizás se fundamenta más en el hábito a tributar de manera ascendente durante los años de crecimiento y madurez de su economía. Por supuesto, otro factor determinante es el desconocimiento generalizado y la falta de interés por las posibilidades financieras diseñadas para clientes de mayor nivel, pero que son aplicables en su mayoría al resto de perfiles menores.
A menudo a mayor cantidad de activos, menos riesgos debería estar dispuesto a correr su propietario. Y aquí chocamos siempre con el mismo planteamiento equivocado: «Los rendimientos de renta fija después de impuestos apenas superan el IPC«. Esta visión distorsionada de la renta fija les lleva a asumir riesgos de forma generalizada.
Los capitales mayores ya conocen las maneras de invertir en renta fija en niveles de rendimiento y crecimiento muy interesantes, a la vez que desfiscalizan eficientemente sus patrimonios de muy diversas maneras. Por lo tanto distinguen muy bien la diferencia entre riesgo y seguridad en sus activos. Pero los medios y pequeños siguen resignándose a la que creen única alternativa rentable a la inversión inmobiliaria, aunque sea peligrosamente variable, es decir las bolsas puras y duras o en algún caso productos derivados de ésta.
Como ya hemos explicado en otras ocasiones existen alternativas seguras para todo tipo de cliente. Por este motivo es muy importante que sobre todo los inversores medios (y por supuesto los grandes) comprendan que no deben arriesgar en renta variable la mayor parte de su patrimonio para crecer. El Riesgo no se debe asumir como implícito en cualquier inversión. Obviamente siempre existe un mínimo riesgo de que todo nuestro sistema económico se vaya al garete si sobreviene una guerra o una crisis fulminante a nivel global, y en ese escenario probablemente no resistiría ni siquiera la renta fija, y por supuesto tampoco nadie pagaría por nuestros inmuebles. Pero exceptuando una situación así, nuestras inversiones se deben blindar y distinguir muy bien los activos que se pueden poner en riesgo de los que no.
Como decíamos esta confusión provoca que muchos inversores nos hayan sorprendido con reflexiones como: «La renta fija me la dan los alquileres de los inmuebles y su constante apreciación inmobiliaria. Por lo tanto el efectivo lo debo invertir en bolsa para obtener un buen rendimiento». ¡Por favor! Ni los alquileres son fijos ni los inmuebles se aprecian in eternum, se lo aseguro. Lógicamente, a medida que estos inversores medios empiezan a saborear la renta fija de alta seguridad y rentabilidad, sus reflexiones se van iluminando y empiezan a dejar de arriesgar tanto. Pero confieso que nos cuesta mucho más trabajo convencerles de que se descarguen de inmuebles en favor del efectivo, porque siguen confiando ciegamente en que sus propiedades cada día valdrán más y más y más y más… Qué poca memoria. Y no me cansaré de repetirlo: Son tiempos de efectivo.
Debo decir también que para patrimonios realmente pequeños y sobre todo cuando sus propietarios son jóvenes, las inversiones en renta variable, no sólo son recomendables sino que incluso diría obligatorias. Crecer al 8% en renta fija con unos pocos miles de euros y teniendo toda la vida por delante, es poco menos que una condena. Mientras que para alguien de mediana edad y con centenares de miles de euros, crecer a dicho ritmo se convierte en casi una necesidad. Y en todos los casos mencionados hay que contemplar otra variable: La capacidad de generar ahorros procedentes de nuestra actividad laboral, pero de eso hablaremos en otra entrada.
Resumiendo, lo que me parece significativo es el menosprecio al riesgo de los mercados de renta variable que abunda entre los inversores de nivel medio, y la equiparación de la inversión inmobiliaria a la renta fija. No vamos bien.

Planes de Bolsa. «A huevos vistos, seguro que es toro».

Cada día se crean más y más planes de pensiones basados en la renta variable. Es muy común encontrar asesores financieros que aconsejan invertir en bolsa para asegurar nuestra vejez (sic). Incluso algunos afirman alto y claro que «sólo los parqués son capaces de superar sistemáticamente la inflación», frase perpetrada por el mismísimo socio director de Abante Asesores o artículos como el de la pasada semana en Cinco Días. Poco importa el riesgo implícito o el hecho de que la variable tribute un 18%, ¡más madera, es la guerra!
Parece de cajón que debamos arriesgar nuestra futura supervivencia senil en bolsa para mantener así nuestro poder adquisitivo y alimentar al Estado durante nuestro trayecto vital. Pero parémonos a analizar un poco esta situación. Estamos acumulando un capital con un esfuerzo ahorrativo durante décadas, para asegurarnos una vejez y decadencia digna, prescindiendo de la improbable ayuda estatal en forma de pensión. Hasta aquí razonable. Pero resulta que la mayoría de los «expertos» nos aconsejan invertirlo en bolsa porque ésta es la única manera de superar la inflación a largo después de impuestos. Es decir: Riesgo y mayor imposición sobre beneficios. ¡Curiosa manera de superar el poder adquisitivo y las ventajas fiscales aplicadas a los planes de pensiones! Ah, olvidaba que también pagaremos sustanciosas comisiones para nuestros asesores durante el trayecto. Si pactamos un success fee, sólo pagaremos en caso de final feliz, es cierto, pero si la historia termina mal poco nos importará habernos ahorrado unos puntos de comisión. ¿Será por incrementar sus comisiones que la mayoría de asesores proponen vincular el ahorro para la vejez a la renta variable? En algunos casos, sí. Pero en otros puede ser pura incompetencia.
Es cierto que siempre nos quedará el recurso de vender la nuda propiedad de nuestro hogar, como bien explica nuestro amigo Echevarri, aunque sea en detrimento de los posibles herederos. Pero no tardarían los «asesores expertos financieros» en proponer otra inversión en RV para optimizar nuestros recursos en la tercera edad, metiendo mano a esta nueva y suculenta entrada de dinero en nuestros (sus) bolsillos.En definitiva, arriesgando nuestro futuro en los mercados, podemos llegar a viejos, posiblemente enfermos y pobres, aunque con un impecable currículum como fieles contribuyentes a las arcas del estado y de nuestros asesores financieros. Claro que algún día alguien podrá decir que optó acertadamente al invertir su futuro en bolsa si los mercados le han respetado hasta el fin de sus días. Pero, si me permiten la expresión: «A huevos vistos, seguro que es toro».
Un plan de pensiones, en esencia debe ser una acumulación de capital asegurada en renta fija, pero que supere claramente la pérdida de poder adquisitivo. Una opción que considero poco conveniente es la de fondos de renta fija High Yield o deudas emergentes, porque conllevan un riesgo nada despreciable. Aún así, con una selección rigurosa sería una opción a largo alternativa al riesgo de bolsa. Mi opción preferida desde hace ya un par de años es la de la renta fija sofisticada: Es decir fondo de bonos, obligaciones y acciones preferentes, de distribución y con apalancamientos de hasta el 300% y ratings aproximados tipo A. En otras entradas ya os he hablado de ellos.
Por favor, no confundir los apalancamientos en renta fija con los de renta variable. Fernando Calatayud nos da, como siempre una lección magistral de los riesgos de dichos apalancamientos en variable.
Os adjunto el drama original de la carta de despedida a que hace referencia Fernando. Sobrecogedora, pero no os perdáis el resto de comentarios. Y también ahí va una visión desenfadada del mundo de la variable por parte de el interesante BlogoEmpresa.
Aún me parece más indigno que asesores financieros de renombre aconsejen invertir en planes de bolsa los ahorros para la vejez. Bien sea por avidez de comisiones o por ineptitud y desconocimiento de formas más imaginativas de renta fija de bajo riesgo y alta rentabilidad. Da igual, en cualquier caso juegan con el futuro de muchas familias que a diferencia de los casos comentados en dicha carta anónima, pueden verse en la ruina cuando su edad ya no les permita ninguna reacción. Pero preferirán las comisiones y felicitaciones de los que saben que es toro después de…

«A olivo mas uno». ¿Qué falla en nuestro sistema financiero?

Como parte de nuestro habitual trabajo, negociamos la semana pasada la posible compra de un terreno a urbanizar (digamos entre Sevilla y Albacete…) muy considerable: 58 millones de €. La negociación se centraba en los intereses a pagar por el 50% del pago aplazado a 3 años. Hasta aquí todo normal y los contactos previos se realizaban con el intermediario de turno, viejo conocido nuestro y profesional experto que si te descuidas te vende el Palacio de Versalles como chateau de veraneo, con un descuento por pronto pago. Pero exigimos tratar directamente con el único propietario al que todavía no conocíamos: Hombre de mediana edad y aspecto rústico y prudente. Pero cuando empezamos a entrar en materia nos dijo muy seriamente que los 29 millones de € aplazados debían pagarse con «el mismo interés que el banco, a olivo mas uno». Debo reconocer que aunque he toreado en muchas plazas (yo diría que en casi todas), me costó unos cuantos segundos reaccionar. No se trataba de una ironía ni una broma, ni siquiera una metáfora. Me resistía a creer que alguien que confunde el Euro interbank offered rate con el rendimiento aceitero mas una unidad de algo que ni siquiera quiero imaginarme, vaya a convertirse cualquier día de estos en el propietario de 58 millones de €: 29 de ellos al contado y el resto a 3 años con sus correspondientes e interesantísimos olivos mas uno. Cómico a la vez que alarmante, aunque muchos de nosotros le envidiemos desde nuestra modesta formación.
¿Qué será de este hombre y su familia dentro de unos años? Según nuestras experiencias como asesores patrimoniales no creo que vayan a ser más felices que hasta hoy. Serán manipulados, robados, estafados, adulados, y dilapidados en el más vasto sentido de la palabra. Serán pasto de todos los que les rodeen, formen parte de la familia o no. Odios cruzados que con su escasa formación posiblemente acaben trágicamente. Lo mejor que les podía haber sucedido era vender tierras cuyo valor no superase un par de millones de euros. Así habrían saboreado las mieles de la abundancia pero en pocos años todo habría vuelto a la «normalidad», a lo sumo algún inmueble residual y aprovechable por parte de los hijos.
Les deseo lo mejor en el futuro, pero paradójicamente no les va a resultar fácil su vida a partir de ahora a no ser que tan sólo les robe un honrado bufete de abogados que se compadezca de sus limitaciones y les aisle de su fortuna a cambio del «negocio» de su vida. Aterrizar en un family office, aunque fuera el peor de España, sería como si el bote de la primitiva les agraciara por segunda vez, pero lamentablemente las probabilidades son casi nulas (si no lo evitamos nosotros mismos…).
En cuanto a nuestro sistema económico, os diré que considero una aberración que a una familia agricultora se le conviertan, de la noche a la mañana sus tierras, que han servido para alimentar acomodadamente a sus antepasados, en semejante fortuna para la que nadie les ha preparado jamás. Quizás sea una aberración comparable a la que deberán sufrir los compradores de las viviendas que se construirán en estas tierras, con hipotecas que heredarán sus hijos si no son embargadas.
En el caso del agricultor me parece una creación de riqueza contra toda ley de la economía capitalista. Y en el de los compradores de esos pisos una creación de pobreza, curiosamente al mismo interés: Olivo mas uno.

Fórmula 1 y Counselling Global. ¿Quién teme enseñar su know-how?

En una ocasión me comentó un conocido piloto de F1 (en aquel momento todavía piloto de pruebas), que era absolutamente estúpido intentar proteger exageradamente los avances técnicos de las escuderías, ya que en el momento de aplicarlos oficialmente, la competencia los copiaba en menos de una semana. Es decir, el fruto de una investigación costosísima de meses, al alcance de la competencia en pocos días. Yo le pregunté si valía la pena tanto esfuerzo económico y técnico por tan poca ventaja respecto al resto y la rabia que debía dar a todo el equipo ver como los de al lado se ponían al día tan sólo copiando. Pero su respuesta fue toda una lección que aplicamos desde aquel momento también en nuestro trabajo como asesores financieros:

«Si tú eres el creador y no el imitador, tu ventaja real es mucho mayor que el tiempo que tardan en copiar tus avances.»

Frase lapidaria donde las haya. Efectivamente, cuando el resto aplican algo que nosotros hemos creado, siguen lejos de alcanzarnos, ya que nuestro knowhow estará mucho más allá. O al menos así debe ser. Además la aplicación de cualquier protocolo o avance en un sistema, siempre será mucho más eficiente y perfeccionado aplicado por su creador que por terceros aleccionados.
En ese momento, como family office llegamos a la conclusión de que podíamos ofrecer sin temor alguno todo nuestro knowhow para gestionar en el sentido más global los patrimonios de las personas. Y así lo hicimos. Pioneros en muchos aspectos del análisis, planificación y gestión de activos decidimos libererar nuestro código fuente. Inevitablemente algunos aspirantes a competencia imitaron algunos de nuestros servicios, otros incluso los mejoraron en algunos aspectos (¡bien por ellos!), pero sin duda los mayores beneficiados fueron y son los Clientes. Y eso es lo que verdaderamente debe importar en cualquier empresa. Una organización empresarial con clientes contentos y agradecidos por haberles enseñado a dirigir su patrimonio, ofreciéndoles nuestro «código fuente» de manera didáctica y adaptada a su perfil, obtiene beneficios empresariales seguros.
A primera vista podrá parecer que un cliente al que se le enseña cómo ser autosuficiente y gestionar sus asuntos económicos, dejará pronto de estar sometido a nuestra facturación. La respuesta es: Probablemente sí. Pero no por ello dejará de ser un cliente rentable para la empresa. Cuando hablamos del sector económico y sobre todo de counselling y asesoramiento global, las sinergias entre cliente y family office son y deben ser casi infinitas. Por lo tanto difuminando con el tiempo la linea entre Cliente y Amigo, generamos sin duda beneficios económicos para nuestra empresa a menudo muy superiores a la propia facturación disminuida o extinguida. Es más, incluso en el peor de los casos en que una vez ayudado a un cliente a ser autosuficiente en cuanto a conocimientos de gestión patrimonial, perdamos su facturación y tampoco genere sinergia alguna con nuestra empresa, obtendremos un Amigo agradecido. Si ese es el peor de los escenarios, a estas alturas del partido, bienvenido sea.
Esto me recuerda la diferencia entre un alto cargo que simplemente manda y un líder. Una empresa de asesoramiento patrimonial integral puede «mandar» en cuanto a cifra de activos y clientes asesorados , pero otra con menor volumen liderará el sector. Esa es una diferencia cualitativa imposible de imitar, ya que la obligación de esta élite de empresas es la de innovar, crear y mejorar constantemente. Citando a uno de mis Gurús favoritos: «una empresa puede mejorar o empeorar, pero jamás mantenerse». Por lo tanto la elección está clara, si además uno es el creador o padre de la criatura sólo queda «salir al campo y disfrutar», como dijo Johan Cruyff.
Retomando la charla con piloto de F1, también me hizo una confesión que me dio qué pensar: «Incluso ensayamos piezas y soluciones técnicas que están prohibidas por la FIA«. Mi ingenuidad me traicionó, y a continuación me respondió: «Por si en algún momento las autorizan poderlas aplicar inmediatamente… o por si puntualmente se decide asumir el riesgo de utilizarlas antes». Frase no tan lapidaria, pero también de perfecta aplicación a nuestra labor como Family Office. Palabra.