
Aunque a muchos se les difumine la frontera, los intereses económicos del Sistema Finananciero no deberían estar por encima del Sistema Político, o sea de las decisiones democráticas, aunque éstas sean desafortunadas o temerarias. Europa no debería caer en la tentación de gobernar la UE bajo las directrices económicas sino políticas, democráticamente determinadas. Pero la realidad es que tenemos una UE cuyo presidente no es fruto de un proceso electoral como el de por ejemplo los EE.UU. Y unos lobbys poderosísimos (Troika) que ejercen presiones insoportables y que de facto gobiernan más que el presidente no electo (Juncker). Tenemos una organización burocrática y mastodóntica con una influencia lejana de las urnas sobre las instituciones. Y con esta estructura y la complejidad plurinacional a la que se enfrenta la Unión, las tentaciones para que los burócratas sigan más las directrices de los poderes económicos que las de las urnas son muchas. Por poner un ejemplo, Grecia votó en referéndum clarísimamente la NO aceptación de las condiciones impuestas por la Troika, y sin embargo los euroburócratas, Draghi y el FMI les han forzado a priorizar la Economía por encima de la Democracia.
Con todo ello lo que queremos decir es que, al menos por el momento, parece imponerse la voluntad mayoritaria del pueblo británico por encima de los intereses económicos de la UE. Está por ver si la separación acabará o no perjudicando también a la economía británica, que no olvidemos que es la 5ª economía mayor del mundo. De igual modo como podría sobrevivir perfectamente la economía alemana fuera de la UE, siempre con los adecuados acuerdos multilaterales con el resto de este mundo globalizado. Pero, por experiencias pasadas, no podemos hoy por hoy estar seguros de que esa separación del R.U. se acabe produciendo, o al menos se acabe materializando de manera completa. Sería plausible pensar que el Reino Unido acabe encontrando un estatus intermedio parecido al que tienen países del llamado EFTA o European Free Trade Association, de los cuales 3 pertenecen al Espacio Económico Europeo-EEE (Noruega, Islandia y Liechtenstein), o el cuarto (Suiza) que ha firmado multitud de convenios bilaterales con la UE. Por tanto, salir de la UE no significa quedar excluído de Europa y comunidad económica ni mucho menos. Y hay otros modos de seguir disfrutando de las ventajas de cooperar con la UE sin los inconvenientes de su política fronteriza, monetaria y su caos multinacional.
No obstante, por el momento la lectura del Brexit que parece hacer la UE es la de la despechada enrabietada y vengativa. No tanto por sentirse menospreciada la UE como tal, sino por el peligro de que se haya abierto el camino para una desintegración paulatina pero inexorable de la UE tal y como la conocíamos hasta ahora. Ese es el futuro que ya le augurábamos hace más de tres años, en tiempos del corralito chipriota y achique de deuda soberana hacia manos de las bancas nacionales. Y lo peor es que el R.U., aún recuperando buena parte de los acuerdos con la UE vía EFTA/EEE, estará en peor situación que la que le había concedido la UE en su última negociación del pasado mes de Febrero. O sea que la Democraciale habrá hecho un flaco favor económico al Reino Unido. Pero no olvidemos que por su parte, la Economía le hizo también un flaco favor democrático en Grecia. Algún día nos convendría decidir de una vez si en el llamado mundo desarrollado queremos priorizar la Economía o la Democracia.