
Es significativo el enfado de Trichet en la pasada rueda de prensa, cuando harto de críticas germanas, les recordó que la inflación en Alemania se ha mantenido a niveles óptimos (1,5%) durante más tiempo que en los últimos 60 años. Esa es una clara alusión al mimo hacia la economía alemana con el que Trichet cree haber dirigido la nave del BCE. Y mostró su decepción por el escaso reconocimiento recibido por parte de la opinión pública y económica germana. Quizá ahora se dé cuenta el todavía presidente del BCE, del abismo que comienza a separar Alemania de la colombofilia reinante en la periferia europea.

Algunas voces eminentes exclaman que ya era hora que Stark abandonase su puesto y dejase vía libre a las «decisiones correctas», como por ejemplo el mismísimo Nouriel Roubini. Y es cierto que parece que la política de las palomas está realizando una lenta, dolorosa e incierta limpieza de halcones ortodoxos. Pero cuidado, porque esa limpieza étnica tiene su doble lectura y consecuencias indescifrables. Merkel está perdiendo capacidad de convicción ante el parlamento alemán a pasos agigantados (esta misma semana perdió la confianza de los electores de su propia tierra natal). Y la dimisióm de Stark probablemente fomentará aún más el euroescepticismo entre la elite de los economistas y especialistas germanos, que se unirán al sentimiento, cada vez más generalizado y creciente, de expolio que invade a los ciudadanos alemanes.
Por lo tanto, lo que a priori parece una buena noticia para la definitiva unión del tesoro europeo y la germanización de las deudas periféricas, es lógicamente una mala noticia que afecta directamente al bolsillo, credibilidad y solvencia de Alemania. Y la eliminación de halcones defensores de los intereses germanos, y su sustitución por palomas defensoras de los intereses periféricos, tiene dos peligrosa y antagónicas vertientes: Allanamiento del camino hacia la plena unión fiscal, laboral y del tesoro europeo; o bien la salida de Alemania de la Eurozona y la recuperación plena de las funciones de su Banco Central y añorado DM. Porque las palomas parecen haber obviado la posibilidad de soltar lastre periférico para contentar a los halcones y crear así una Eurozona a dos velocidades (con dos divisas, dos tesoros y dos de todo).

Hoy tenemos un halcón menos en el BCE y por tanto un camino más llano para los periféricos. Pero no nos engañemos, a la vez también hay más euroescépticos en Alemania, y eso la aleja peligrosamente de la Eurozona. Con unos gobernantes analfabetos económicos, nos va a ser imposible encontrar la fórmula y el pulso necesario para elaborar la equilibrada mezcla en plena tormenta perfecta. O quizá debamos comenzar a pensar de una puñetera vez en un futuro sin mamá Alemania cubriendo nuestras vergüenzas.
Por el momento, si el default de Grecia no se confirma esta semana próxima, la patada a seguir probablemente nos llevará hasta el 19 de Diciembre, cuando vencen otros 1,2Bn€ de bonos griegos. Hasta entonces sólo hay pequeños vencimientos a corto que previsiblemente rolarán con los dealers primarios. Quizá la limpieza temporal de halcones permita que los griegos y los alemanes se coman el turrón compartiendo aún moneda única y rodeados de palomas. Pero como dijimos en el artículo «Halcones o palomas«: Estamos en un perverso Matrix que nos impide comenzar el doloroso camino de la recuperación en el que algunas aves de presa ya están muy avanzadas.
Y es que la deriva de la Eurozona probablemente sea el evento más inestabilizador de la economía global desde la II Guerra Mundial.