Primero Chipre, ahora Polonia, mañana…

Me da la sensación de que, a pesar de haber sido publicada en diversos medios, ha pasado bastante desapercibida por los inversores en general. Pero la pasada semana se anunció discretamente la confiscación nada menos que de más de la mitad de los planes de pensiones privados de todos los polacos. Así es, los ahorros de toda una vida, en previsión de poder cubrir las necesidades de la vejez, reducidos a la mitad de la noche a la mañana. 

Se trata de un default en toda regla, de momento parcial (aún así más del 50%) de los bonos emitidos por el Estado polaco en manos de planes de pensiones privados, que sólo pagará unos miserables intereses a la vez que la valoración del principal se cotiza a cero patatero, puesto que se confiscan y se transfieren al propio Estado. O sea que se confisca la totalidad del principal, de más de la mitad de los bonos en los que los planes de pensiones privados confiaron los ahorros de sus clientes polacos. Ah, y en el colmo de la magnanimidad estatal, se mantienen intactas las posiciones en acciones de los fondos de pensiones, algo es algo. Hace ya dos años se obligó a la población a realizar aportaciones del 5% al sistema público de pensiones. Pero ahora, además el Estado les confisca de un zarpazo más de la mitad de los ahorros que dejaron en manos de planes de pensiones privados.

La excusa, como no podía ser de otra manera, es la de sanear las arcas y los fondos de pensiones públicos, lo cual debiera dar un empuje a la capacidad soberana de hacer frente a sus deudas y compromisos con la población (la no confiscada, claro). El calibre de esta confiscación masiva, no obstante apenas alcanza el 8% del agujero del Estado polaco, que por otro lado es mucho menor que el español, portugués, italiano o griego…

Las referencias obligadas, llegados a este punto son las que escribimos hace unos meses. Hoy más que nunca los inversores debemos priorizar la seguridad de no ser confiscados o sufrir mutilaciones patrimoniales definitivas, versus el temerario rendimiento que ofrecen contrapartes como la banca española o la deuda periférica. Porque en la UE ya se ha legislado de manera que se permita toda confiscación de cuentas y dinero necesario para que cada miembro de la periferia tape sus propios agujeros con los ahorros de los sufridos habitantes locales. Incluso Alemania ya advirtió a España que la vía más fácil y accesible para la confiscación eran las inversiones inmobiliarias.

Enésimo aviso a navegantes distraídamente felices y confiados. Toda precaución para evitar la confiscación es poca. Ayer en Chipre, hoy en Polonia, mañana donde haga falta. Y en la periferia de la UE, está haciendo ya mucha falta. De momento tenemos ya en España esta semana el desembarco de la Troika, que determinará cuánto dinero más necesitan nuestros bancos. Y a nadie se le debería ya escapar que los rescates externos (Bail-out) se extinguieron con el robo a los depositantes chipriotas, y ahora ya sólo podemos esperar confiscaciones internas (Bail-in) en sus infinitas e imaginativas modalidades.

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