
Generando una inflación de caballo que dé tiempo a nuestras economías para dar la vuelta a la tortilla de la recesión. Sin garantías de éxito, sino simplemente como una segunda y última oportunidad para mejorar suficientemente las economías de la Eurozona al unísono. Ahí es nada. Pero Alemania tampoco permite que ese dinero se devuelva a los acreedores mediante la creación de moneda por parte del BCE, como es lógico. Bastante tuvo con la hiperinflación post I Guerra Mundial, que aún tienen fresco en su memoria. En aquel momento fue causada por las indemnizaciones multimillonarias a las que tuvo que hacer frente el país después de la guerra, pero hoy debería ser para sufragar los excesos de otros. Y por el momento, va a ser que no. Por tanto el sentido común nos llevaría a determinar que se deben amputar de la forma más ordenada posible los miembros que no tienen ya posibilidades de sobrevivir en una Eurozona aún no quebrada. Es más, se deberían crear «para ayer» tantas Eurozonas (2?, 3?, 4?…) como fuese necesario para agrupar (si es que aún aspiramos a uniones europeas) a los países con economías convergentes y en situaciones más parejas. Con sus respectivas divisas y políticas monetarias, fiscales, laborales, etc. agrupadad. De modo que sus fundamentales no chirríen, y sus dirigentes, que se deberían constituír como órganos de gobiernos autónomos para cada uno de estos grupos, pudiesen tomar medidas adaptadas a las economías de su propia «eurozona».

O sea, que con dinero ficticio (aún más), perteneciente a un ente apátrida, y dándole el rango suficiente para canjearlo por euros, se plantea la posibilidad de devolver las deudas a los acreedores. Y es que si nadie quiere poner el dinero (emergentes) ni tampoco Alemania permite imprimir billetes, la única forma de evitar el default y caos masivo es crear dinero falso, «legalizarlo» mediante leyes o acuerdos que certifiquen su canje por euros, et voilà! Como tomar dinero de la banca del Monopoly y comprar euros con él, de forma legal. Esa sí es la mayor estafa del mundo, solo que los estafadores y los estafados somos todos.
Como una muestra de los análisis clarividentes que se hacen desde el otro lado del charco, esta es una traducción libre y parcial de this article que publicó ayer el Wall Street Journal respecto al contagio y las devaluaciones vs el futurible nuevo marco alemán:
La crisis se está retroalimentando. La semana pasada, la rentabilidad de los bonos austriacos y franceses a diez años aumentó 0,6 puntos porcentuales con respecto a Alemania. Incluso en el caso de Holanda y Finlandia, el diferencial ha aumentado 0,2 puntos porcentuales. Por leves que parezcan, estos cambios son importantes en el mercado de deuda.
El contagio a Holanda y Finlandia es especialmente preocupante. Finlandia tuvo en 2010 un déficit de sólo el 2,5% del producto interior bruto y una ratio deuda/PIB del 48,3%. Una explicación podría ser que los inversores que han vendido deuda del sur de Europa con pérdidas están cobrando los bonos holandeses y finlandeses –que han rentado este año hasta la fecha un 7,2% y un 5,3%, respectivamente, según Bank of America y Merrill Lynch– para equilibrar sus cuentas. Esto sugiere que la venta terminará generando una oportunidad de inversión atractiva –(si los mercados vuelven a estabilizarse mínimamente, porque en cualquier caso estaríamos hablando de una inversión de futuro cuando menos incierto)-.
Otra explicación más preocupante es que la divergencia del rendimiento refleja el creciente temor a una ruptura de la eurozona y a la reintroducción de las divisas nacionales. En ese caso, la tendencia podría prolongarse, ya que las nuevas divisas, incluso las de los países con ráting AAA, probablemente se devaluarían frente a un nuevo marco alemán: asumiendo una probabilidad del 25% de una depreciación de la divisa del 10%, un bono francés a dos años que rente un 1,67% retornaría sólo un 0,3%, según los cálculos de Citigroup.
Tal vez el aumento de la agitación derive en una intervención más contundente del Banco Central Europeo. Pero la raíz del problema son los persistentes desequilibrios en la economía de la eurozona, que sólo pueden resolverse definitivamente mediante transferencias fiscales permanentes o mediante una ruptura – que en ninguno de los dos casos están en manos del BCE–. Cuanta más cuenta se dé el mercado de que el BCE no puede ofrecer una solución permanente, y cuanto más vacilen los políticos, más probable es que aumente el desconcierto.
No quiero terminar sin hacer mención a la intención que ha anunciado el Eurogrupo de obligar a las calificadoras a que avisen 24 horas antes de una rebaja de rating a los países afectados «para que puedan defenderse». Volvamos a echar mano al diccionario «políticamentecorrecto/realidad» y «realidad/políticamentecorrecto»: Eso es ni más ni menos que permitirles utilizar información privilegiada para manipular los mercados y/o obtener beneficios económicos, políticos y/o inconfesables. Algo ilegal a todas luces y perseguido penalmente, que la magia y la desesperación también tienen intención de legalizar. Y es que el surrealismo político nos aleja cada vez más de la realidad económica de forma suicida.
