
Si en lugar de empresario fuese trabajador por cuenta ajena, mi panorama personal no sería mucho mejor, ya que mi futuro y el bienestar de mi familia dependerían absolutamente de un sueldo que iría ligado a la supervivencia futura de la empresa para la que trabajase. Por lo tanto, como empleado, mi futuro tendría los mismos nubarrones que la empresa que me pagase el sueldo, si es que aún lo pudiese hacer a corto o medio plazo, en un escenario como el propuesto a Grecia dentro de la Eurozona.
Si no fuese ni empresario ni trabajador por cuenta ajena, sino empleado Público griego, la cosa cambiaría sustancialmente, al menos desde mi mentalidad funcionaria. Sin embargo, los recortes expeditivos que el mantenimiento del país en la Eurozona exigirían, no augurarían nada bueno a la «seguridad» de mi puesto de trabajo, ni mucho menos al mantenimiento de mis condiciones económicas laborales. No obstante, siendo funcionario, me daría especial vértigo un cambio tan radical en la economía y los estamentos del país como la salida del Euro.
A pesar de estos análisis iniciales, no debemos olvidar que salir de la Eurozona y volver a imprimir ilimitadamente cuantos Dracmas (o nuevos Dracmas) fueran necesarios, tiene también sus incertidumbres, y muchas. Para empezar, la portavoz de la Comisión Europea, Karolina Kottova ya manifestó que «El Tratado no prevé una salida de la zona del euro sin una salida de la Unión Europea (UE); ésa es la situación actual». Y de ahí a que se tomen represalias comerciales para evitar que haga su agosto la economía helena con su nuevo y flamante devaluado Dracma, va un paso. De hecho la UE no tendría más que seguir los pasos de las quotas que en diversos países se han venido imponiendo a exportadores deshonestos como China. Por tanto Grecia podría ver como la UE en bloque, y su capacidad de influencia para que otros países le sigan, pueden boicotear los productos griegos como represalia a un impago de deuda alevoso que además habría generado un caos financiero que sólo Alemania podría controlar a base firmar cheques del BCE.
Pero como todas estas consideraciones quedan muy lejos de las preocupaciones de la población griega en general, habría sido más que complejo convencer a los votantes del cancelado referendum de que se quisieran mantener dentro de la moneda única. Porque esa es la senda del sacrificio extremo y del camino hacia una larga y agónica depresión de sus empresas y de la calidad de vida de su población en general.
A Grecia le espera un futuro muy negro y muy incierto, dentro y fuera de la Eurozona respectivamente. Pero para la mayoría de famílias trabajadoras y empresarias, la incerteza de la vuelta al Dracma quizá sea más aceptable que la certeza de largas penurias económicas. Y mientras Alemania siga impidiendo que la máquina de fabricar euros imprima a destajo, el Euro seguirá ejerciendo de pardillo contra el que el resto de divisas con problemas tratan de devaluarse para conseguir competitividad. Y con una moneda única en los niveles de cotización actuales, tan sólo economías como la alemana y demás menores del norte de Europa, podrán subsistir. Porque no nos engañemos, la esencia de los problemas a los que se enfrenta Grecia, es la misma con la que debe lidiar el resto de la periferia, aunque en estados menos avanzados de putrefacción.
El panorama para los PIIGS es por tanto muy negativo en cualquiera de los escenarios que se pueden presentar en el futuro próximo y que hoy mismo tiene ya Grecia sobre la mesa. Y si yo fuera griego…? Pues de lo que sí estoy seguro es de que me avergonzaría profundamente del comportamiento de mi gobierno y parlamento. Pero el mundo asiste amodorrado (cuando debería estar atónito e indignado) a la utilización del riesgo de colapso financiero de toda la UE y demás países desarrollados, como arma arrojadiza en la lucha por el poder en Grecia. En este lamentable proceso en el que las miserias quedan al descubierto, se están rompiendo demasiadas cosas además de la abismal divergencia económica creciente. Y la voluntad de una UE que pretendía avanzar hacia un sentimiento europeísta común, quizá tenga que cicatrizar heridas demasiado profundas. Porque las barreras económicas y la bajeza moral de diversos dirigentes, están uniendo sus fuerzas para centrifugar un Viejo Continente que parece condenado a revivir conflictos que creíamos ya parte de la Historia.
