El pánico, Mr. Market y el Valor de los negocios.

Algunos vaticinan que estamos viviendo una semana crucial para el futuro de la Eurozona. Unos días en los que se decidirá cómo y de qué manera se financia sin coste el EFSF, que a su vez debe apagar los fuegos de una periferia absolutamente en llamas y propagante. Además, y ligada a esa búsqueda de la cuadratura del círculo, parece que se va a cuantificar el default griego, al menos este primero.

Lo malo es que Alemania, como no podía ser de otro modo, no está dispuesta a empobrecerse lo suficiente como para mantener las mínimas constantes vitales de la Europa periférica. Y por lo tanto, Merkel proclama al mundo (y a sus electores) que nadie debe esperar soluciones mágicas a este callejón sin salida. Porque no hay que olvidar que lo que la Euroesquizofrenia en su conjunto pretende es falsear una situación financiera al borde del abismo, para que el «Auditor» siga certificando que todo está bajo control y dentro de parámetros razonables. Y ese «Auditor» no es otro que Mr. Market, un maligno ente que tiene la fea costumbre de cotizar al pan por pan, y al vino por vino (sobre todo al riesgo por riesgo, a diferencia de las calificadoras). Pero el empeño político sigue centrado en hacer creer a todos, incluídos a los votantes, que las deudas se podrán pagar en el futuro, que la periferia europea es solvente. No obstante la realidad se empeña en persistir, y en el caso de quiebras manifiestas e indisimulables como la de Grecia, se pretende cubrir sus agujeros con dinero de nadie.

Alemania no quiere correr con la cuenta del desenfreno, la falta del más mínimo rigor económico y la corrupción griega, como es natural. Pero los políticos, los de toda la Eurozona, tampoco se atreven a proponer otra vía más que el simplista y suicida mantenimiento de la zona Euro tal y como la conocemos. Parece mentira, pero los dirigentes que emprendieron la aventura de la moneda única hace tan sólo poco más de una década, ¡no tenían un plan B! Es decir, parece (y digo parece porque me resisto a creerlo, a pesar de la evidencia) que se realizó el acto fundacional más importante del mundo desarrollado de los últimos tiempos, sin contemplar la posibilidad de que algo pudiese fallar y hubiera que hacer marcha atrás, o modificar la hoja de ruta de la UE y su moneda única. ¿Cómo es posible que ningún dirigente europeo alertase, en algún punto del proceso de la Unión de las últimas dos décadas, de que la convergencia económica de la Eurozona podía saltar por los aires ante una crisis financiera como la vivida? Porque resulta lógico pensar, y obvio en nuestros días, que sólo con una bonanza económica sostenida durante décadas, hubiéramos podido armonizar lo suficiente las economías PIIGS con la alemana. Por tanto, ¿por qué nadie alertó del enorme riesgo y definió un plan B ante la posibilidad de fracasar en esa armonización perfecta, que se ha demostrado que no era más que una carta a los Reyes Magos? Habernos embarcado en esta aventura sin manejar más opciones que el escenario ideal, es surrealista a todas luces.

Pero además de lamentarnos por la inconsciencia de nuestros dirigentes pasados, y por la de los políticos presentes, debemos saber interpretar en la mejor medida la situación actual para poder sortear las arenas movedizas presentes y futuras de la Eurozona. Y en la actualidad estamos viendo como, a pesar de que Merkel anuncia a bombo y platillo que no va a haber una solución expeditiva mañana, en Mr. Market ha disminuído el pánico y el pesimismo de los últimos tres meses. ¿Paradoja? quizá sólo en apariencia. Sí, sí, ese Mercado que no sólo ha dejado de bajar en los últimos días sino que incluso ha rebotado, no es otro que el mismísimo Auditor al que los políticos tratan de engañar manejando balances financieros como malabares. ¿Será que finalmente los políticos (Troika incluída) han conseguido deslumbrar a Mr. Market con sus chisteras repletas de conejos multinacionales apalancados y semidisecados? No lo creo. Más bien parece que los dirigentes han permitido (cuando no provocado) tal deterioro de la situación.

No obstante ante cualquier movimiento, por inútil a medio plazo que se demuestre, éste se interpreta por parte del Mercado como un paso adelante cotizable al alza. Pero probablemente el motivo principal de esas cotizaciones al alza sea en realidad el bajo precio al que muchas excelentes empresas están cotizando por una única razón: el pánico. Y cuando dicho pánico se relaja (hasta la próxima oleada), el dinero vuelve a las empresas excelentes que están baratísimas como moscas a la miel. Si además los dirigentes europeos se reúnen en maratonianos encuentros, con fechas concretas para hacer públicos sus rocambolescos acuerdos, el rebote está servido. Porque los beneficios empresariales de muchas con negocios globales son robustos, a pesar del horizonte recesivo del mundo desarrollado. Como veréis en el gráfico anterior, el ratio de los beneficios empresariales (PER) del S&P tendieron en el siglo pasado, hasta mediados de los años 90, a moverse en unos valores de entre 7 de mínimo y 24 de máximo aprox. Posteriormente la burbuja tecnológica y demás excesos los llevaron a cotas surrealistas, para volver en la actualidad a niveles moderados por debajo de 15. Con ello queremos decir que, a pesar de las caídas de este año, los beneficios empresariales siguen robustos y las cotizaciones de determinadas empresas, muy atractivas. Por esa sobreventa y PE ratios, las cotizaciones tienden a recuperarse en cuanto el pánico en los mercados se relaja.

Por tanto, bienvenidos sean los movimientos, reuniones maratoniananas y resoluciones coordinadas por parte de los dirigentes europeos, pero valorémoslos en su justa medida. No son más que parches, reactivos y no proactivos, que están lejos de solucionar el problema de raíz de la Eurozona. Pero a pesar de ello, numerosas empresas y mercados están tan sobrevendidos, que sólo el miedo al colapso financiero les puede mantener tan bajos. A pesar de ello, es muy cierto que aún pueden caer mucho más si el pánico se generaliza, pero ese escenario lo debemos ver como una oportunidad histórica para acceder a empresas excelentes a precios y ratios que probablemente tardaremos muchos años en volver a ver.

 

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