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El mundo, y nuestras inversiones, son cada vez más multidivisa

La preocupación de mantener nuestros patrimonios en la divisa correcta, es algo que siempre ha preocupado y mucho a cualquier tenedor de fortuna o ahorros. En tiempos de la Peseta, el inversor que se preciara debía tener la mayor parte de sus activos «en divisas», USD o CHF mayoritariamente. Y posteriormente, con la llegada del Euro, el escenario para los ahorros españoles se clarificó bastante, ya que de la noche a la mañana gozábamos de una divisa referente mundial en nuestros propios bolsillos.

No obstante, esta relajación de saber que nuestro Valor patrimonial dinerario se sentaba sobre una divisa fuerte, ha durado poco. Y no lo decimos sólo por el hecho de que el Euro pueda ser una moneda cara cuyo horizonte sea bastante negro e incierto, no sino porque el Mundo ha cambiado mucho en estos años. Hoy los mercados financieros ya no se rigen por divisas fuertes y divisas locales. La emergencia de las economías asiáticas, latinoamericanas y de la órbita rusa y centroasiática, junto con la globalización y la decadencia y depresión de las economías occidentales, han hecho que el concepto de divisa de referencia mundial sea cada vez algo más difuminado. Además, las urgencias económicas de occidente están llevando a los bancos centrales a batirse en una guerra de divisas para mantener el $ y el €  lo más débiles (menos caras) posible.

Para muestra de los nuevos reequilibrios que han hecho que el centro económico del mundo se desplace hacia oriente, os hacemos hincapié en un par de detalles: Recientemente Australia y China acordaron el cambio directo de AUD a RMB sin tener que pasar por el USD para su convertibilidad a la moneda china. Eso abre las puertas a la utilización del Yuan (y AUD) como moneda de transacción internacional de primer orden. También los BRICS (cuya S es la unión de Suráfrica a los ya conocidos Brasil, Rusia, India y China), están tratando de competir con sus respectivas divisas nada menos que con el Banco Mundial y el FMI. Pretenden hacer un frente común que compita con la supremacía del USD (y en los últimos años también del EUR) en un entorno económico mundial dominado por poco tiempo más por el G8. No en balde las economías BRICS superarán en envergadura a las del G8 en cuestión de una o dos décadas a los sumo.

Todos ellos son signos de que el viejo mundo que utilizaba el USD para todas las transacciones mundiales, por ser la moneda de referencia de la principal potencia económica, quedó atrás. El New Normal es mucho más globalizado y emergente que el Old Normal, y eso afecta también a la divisa en la que denominamos nuestras fortunas. Hoy en día, los inversores no se deberían plantear tanto el dilema de la divisa en la que están invertidos puesto que cada vez es más difícil evitar la afectación de los cambios en los activos subyacentes. Pondremos unos ejemplos que ilustrarán este fenómeno: En la actualidad, y cada día más, la inversión en empresas (renta variable) se realiza en mercados emergentes. Cada vez son más los fondos de inversión que incluyen en sus carteras empresas que cotizan en Hong Kong, Sao Paulo, Moscú o Bangkok, y que lo hacen en monedas locales, cambiando automáticamente a USD (EUR o la divisa fuerte de turno, según la clase del fondo) sin realizar coberturas en muchos casos.

Pero además, la mayoría de mid y big caps (empresas de mediana y gran capitalización) que cotizan en mercados «occidentales» como Wall Street, Londres o Frankfurt, y por tanto lo hacen en USD, GBP o EUR, diversifican sus negocios allá donde hay crecimiento económico. O sea, que una parta muy importante (y creciente trimestre a trimestre) de la facturación de las grandes corporaciones, se realiza en mercados emergentes y en moneda local. Que nadie se engañe: Aunque esas empresas coticen en USD o EUR, su facturación es multidivisa. Y no sólo su facturación, sino también sus costes de producción son multidivisa. Y cada vez más. Por tanto, los beneficios o pérdidas de las grandes corporaciones de todo el mundo, que manejan los hilos de la economía mundial, son fruto de un cóctel indescifrable de cambios de múltiples monedas locales. Y en consecuencia, cada vez menos directivos los pretenden asegurar mediante derivados financieros imposibles. Imaginaos los cambios de divisas que afectan a los balances de empresas tan americanas o europeas como Apple, BMW, Nestle o McDonalds.

Ya quedaron obsoletos aquellos años en los que el comercio internacional era la excepción, y por tanto se podían asegurar los cambios de moneda internacional de esas operaciones puntuales para que no distorsionasen el resultado de la compra-venta, y por tanto de los balances empresariales. Hoy, y cada vez más, la producción, la venta y la contabilidad es multinacional y multidivisa. Y por tanto, los resultados financieros de las corporaciones cada vez son más globales y llevan intrínsecos esos múltiples cambios de monedas fuertes y débiles.

Por otro lado, las monedas emergentes, cada vez son menos débiles. Sus economías, de hecho, son las que están tirando del carro mundial, y sus crecimientos están salvando al mundo entero de una depresión, que sería temible precisamente por su globalidad. Por ello, las cifras macroeconómicas del mundo emergente son cada vez más buenas y saneadas. Están creando una clase media creciente. Quizá lo estén consiguiendo a base de repetir los mismos excesos que nosotros y algún día lo paguen, el tiempo dirá, pero sin duda están reduciendo la pobreza en sus países a pasos agigantados. Jamás en la historia de la Humanidad se había reducido tan rápidamente la pobreza como lo están haciendo China, Brasil, India, Thailandia, Rusia o Vietnam, por ejemplo. Y en consecuencia, las divisas locales en general están gozando de inflaciones más controladas, con crecimientos de PIBs y endeudamientos públicos del todo envidiables por el mundo desarrollado.

En definitiva, cifras macroeconómicas en clara mejoría. Y todo ello hace que esas divisas que entran y salen masivamente de los balances de las grandes multinacionales y empresas locales, cada vez sean más fiables para el comercio y la inversión internacional. De hecho cada vez son más incluso las emisiones de renta fija emitidas en moneda local, que encuentran inversores internacionales que acuden a ellas como una opción más para la diversificación de sus activos.

Así pues, podemos encontrar hoy carteras de inversores de aquí, aparentemente en Euros o Dólares, cuyos activos subyacentes no son lo que parecen. Ahí, al rascar un poquito, encontraremos que por los balances de las empresas que tenemos en cartera pasan múltiples divisas, a pesar de que nominalmente coticen en USD o EUR. En esas carteras probablemente encontraremos fondos de inversión con emisiones de deuda que, o bien están directamente emitidas en moneda local (local currency), o si lo están en moneda fuerte (hard currency), se ven afectadas de lleno por las bondades o las peripecias que les pueda causar la fluctuación de su moneda local a esos emisores. Porque si dichos emisores son Estados, sus recaudaciones e impresiones de dinero se producirán en moneda local; y si son empresas (no exclusivamente exportadoras a occidente) tres cuartos de lo mismo.

Por tanto, no nos engañemos. La denominación de la divisa de nuestras carteras, a no ser que simplemente invirtamos en deuda y bolsa de la eurozona cuyas acciones pertenezcan a empresas con negocios locales (o ídem con el USD), no es tan determinante como cabía pensar antaño. Los cambios multidivisa están cada vez más presentes en los balances en los que invertimos, y eso es algo que debemos tener muy claro si queremos asegurar unas rentas que, por ejemplo, necesitemos consumir en nuestra moneda local (EUR). Si de lo que se trata es de invertir al menos una parte de nuestros activos en las mejores inversiones del planeta, deberemos asumir que lo vamos a hacer de manera diversificada en múltiples divisas cuya distorsión, para bien o para mal, afectará inevitablemente a nuestros resultados. Eso sucederá de manera directa o subyacente: es decir directamente en fondos y empresas que coticen en otras divisas, o en los activos subyacentes a pesar de que en nuestra cartera sólo tengamos aparentemente fondos de inversión o acciones valorados en EUR o USD.

La buena notícia es que si lo hacemos convenientemente, será tal la mezcla multidivisa, que difícilmente se alinearán todas esas influencias en favor o en contra, neutralizándose suficientemente unas con otras y multidireccionando su afectación final sobre nuestros resultados. Al fin y al cabo quizá sea esa la mejor manera de invertir nuestros patrimonios en este New Normal tan globalizado, porque nuestro dinero debe ir allá donde exista el crecimiento y la mejor gestión. Y debemos ser conscientes de que en esos lugares las economías no se rigen o/ni se denominan en euros o en dólares, sino en un amasijo de monedas de imposible cobertura. Jamás fuimos tan inversores del mundo como hoy, aunque algunos aún no se hayan enterado y sigan leyendo el resultado de sus inversiones en euros, creyendo que la afectación de los cambios de divisas no va con ellos.

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