La Volatilidad no deja ver el Bosque

Preservar en tiempos revueltos no es el título del culebrón del verano sino la necesidad imperiosa de todos los gestores del patrimonio propio. También es una de las premisas de algunos gestores de patrimonio ajeno, pero éstos lamentablemente se suelen preocupar más por retener a sus sufridos clientes comercialmente reduciéndoles la volatilidad, que por preservar su patrimonio y hacerlo progresar adecuadamente a largo plazo. Desgraciadamente a muchos gestores de lo ajeno les interesa más el pan para hoy (el suyo) y obvian el hambre para mañana (el de sus clientes y también el suyo) de forma miope. Aquí reabriríamos el viejo debate de si sólo se debe confiar el dinero en asesores que hayan sabido generar su propia fortuna y que co-inviertan con sus Clientes, o si bastaría cualquier comisionista independiente con la formación téctica suficiente. Pero esa sería una discusión digna de otro artículo.

Volviendo al tema de la preservación en el escenario actual, ahí van algunas perlas que han declarado recientemente gestores referentes veteranos:

  • “No creo que sean tiempos para ganar dinero, sino para blindarse para sobrevivir” Charles Stevenson, 64, Presidente del hedge fund Navigator Group.
  • “No estoy seguro de que la gente se haya adaptado al hecho de que hemos sufrido una burbuja financiera” William Hambrecht, WR Hambrecht & Co.
  • “Mientras que lo sucedido en 2008 tenía una evolución comprensible, ahora todo está impregnado de incerteza. Habrá una decepción y desencanto parecidos a los sufridos por los médicos, que con la idea de estudiar la carrera de medicina parecían asegurarse el camino hacia la riqueza y el prestigio social. Pero eso ya no va a ser verdad en el futuro y nada será como antes.” Frederick Lane, 62, Raymond James Financial Inc.

Centrándonos en la necesidad de preservar el patrimonio en este complejísimo New Normal de insolvencia y riesgo, os diré que este año 2011 está siendo el más difícil patrimonialmente hablando de todos los que he vivido hasta el momento, y van unos cuantos… Y por difícil no quiero decir que sea el de mayores pérdidas de Valor, ni mucho menos, sino el más complejo de interpretar y navegar, y en el que las experiencias y conocimientos anteriores son menos determinantes. La Nueva Normalidad ha venido para quedarse en forma de complejísimo y vastísimo campo de minas, y cuanto antes aprendamos a interpretar y desenvolvernos en este escenario, mejor nos irá.

Dicho esto, es preciso diferenciar claramente el concepto de preservación del patrimonio a largo plazo, del de la aversión a la volatilidad o las potenciales pérdidas a corto plazo. Porque en la nueva normalidad económica y financiera que vivimos desde hace ya más de 4 años, la volatilidad está presente en todas las inversiones con riesgos asumibles que puedan resultar interesantes a largo plazo. Hoy en día, la pretensión de no aceptar elevadas volatilidades condena a los inversores a salirse de los mercados de renta variable e incluso de renta fija, y/o a la mediocridad absoluta de crecimiento futuro. Pero lo que es peor es que los condena, salvo honrosas excepciones de retorno absoluto (no comercializadas en España), a asumir riesgos de insolvencia y de todo tipo jamás vistos. Ese es el caso de los inversores que se creen ultra-conservadores y que sin embargo mantienen sus inversiones en depósitos y demás garantizados bancarios, inconscientes del tremendo riesgo que asumen, y no sólo de contraparte.

También muchos inversores pretenden seguridad y creen huír de la volatilidad inviertiendo en inmuebles o en empresas no cotizadas. Como si el hecho de no cotizar diariamente dichas inversiones les mantuviese el margen de pérdidas o ganancias de valor. Y no son conscientes de que si esos inmuebles o negocios de los cuales son socios/propietarios cotizasen en bolsa, sus precios habrían bajado tanto o más como lo han hecho determinadas empresas excelentes que hoy cotizan a precios de risa. La fallida de la inversión inmobiliaria en España como refugio para el patrimonio, la venimos advirtiendo desde hace ya más de 4 años, y suma y sigue... En cuanto a las inversiones en empresas no cotizadas, sea la propia familiar u otras, si las empresas pierden dinero y se comen el patrimonio existente (de la empresa y la Familia) el fracaso de la estrategia es evidente. Pero si la/s empresa/s en cuestión son negocios boyantes sucede un hecho, psicológicamente curioso, contrario a la mentalidad con la que invierten en bolsa. Y es que los inversores se sienten tranquilos y “a salvo” de pérdidas patrimoniales, sabedores de la buena marcha de sus negocios, sólo por el absurdo hecho de que Mr. Market no llame a sus puertas a diario para escupirles en la cara el precio que la oferta y la demanda (la masa, the crowd, la multitud) determinan para las acciones de sus empresas. Y no se trata de que se deban preocupar por cómo cotizarían diariamente sus empresas familiares o participaciones de no cotizadas en bolsa, sino todo lo contrario. Es decir que deberían preocuparse menos de lo que los mercados cotizan para sus inversiones en bolsa, y centrar su atención en la bondad y calidad de los negocios que compran al invertir en esas acciones cotizadas. O sea, que deberían aplicar el mismo criterio que utilizan cuando realizan inversiones como empresarios en no cotizadas, también en sus inversiones bursátiles. El Maestro Ben Graham lo definió a la perfección: Mr. Market debe servirte, y no instruírte. Sólo así nuestro patrimonio podrá evolucionar adecuadamente a largo plazo. Y sólo así dejaremos de sufrir impulsos, insomnios y pánicos que distorsionarán fatalmente nuestra toma de decisiones.

La pregunta del millón llegados a este punto es ¿Cómo podemos identificar las acciones que debemos comprar, a qué precios debemos hacerlo, y cuándo debemos venderlas para reinvertir de nuevo esos activos? Ahí es nada, ¿verdad? Pero la respuesta es tan valiosa como simple: Esa tarea la debemos confiar en los mejores gestores de fondos del mundo. Para identificarlos, conocerlos y monitorizarlos constante y adecuadamente debemos realizar una labor concienzuda, rigurosa y experta, o bien buscar asesores que especializados en ello que lo hagan por nosotros. Y no basta con asesores/intermediarios independientes que se limiten a recetar carteras compuestas por una selección de los fondos que les ofrece la plataforma comercial con la que trabajen, no. Entre otros motivos porque la mayoría de primeras espadas en el mundo de la gestión de fondos, ni siquiera están registrados en España para su comercialización, con la penalización fiscal que eso conlleva (tributación por atribución de rentas, fondos no traspasables, etc.) Y por ende los inversores también se enfrentan a la dificultad o imposibilidad de contratarlos a través de los canales comerciales de las entidades financieras españolas.

Pero hay que decir alto y claro que la diferencia qualitativa de carteras en las que el universo de inversión no va más allá de los fondos registrados en la CNMV para su comercialización en España, respecto a las carteras que invierten libremente en cualquier fondo del mundo mundial, es abismal, sobre todo en tiempos tan complejos como los actuales. Por ello, el asesoramiento que no se ciñe a la simple selección de fondos comercializables en España y que ofrece soluciones fiscalmente eficientes para poder invertir libremente en el universo de fondos de todo el mundo, aporta un Valor a sus clientes infinitamente mayor que su coste. ¿De que le sirve a un inversor que sus asesores o banqueros le receten mediocridad gratuitamente o incluso a bajo precio? De nada no, lo siguiente. Porque ese bajo precio se convierte en un carísimo servicio tirado a la basura que mermará fatalmente el la futura progresión del patrimonio familiar. Y sobre todo porque tiene un coste de oportunidad infinitamente mayor de lo que imaginamos, ya que les condena en la mayoría de casos a ni siquiera igualar a los índices de referencia. Por eso los ETFs, que replican dichos índices, han triunfado tanto, porque en el reino de los ciegos el tuerto es el rey. Es decir que igualar el comportamiento de los indices de referencia se ha convertido en un lujo asiático y utópico para la mayoría de mortales asesorados por banca o por intermediarios independientes. Huelga decir que los gestores primeras espadas a los que hacíamos referencia anteriormente, superan ampliamente a sus respectivos índices de forma consistente y permanente desde sus inicios. Y el interés compuesto de esa superación sistemática de los Mercados hará el resto a lo largo del tiempo.

Retomando la necesidad de preservar el patrimonio en el escenario actual, y centrándonos en la estrategia y tipología de activos, la consigna que nos llevará a buen puerto es la búsqueda de un concepto que comienza ya a escasear y se está convirtiendo en un verdadero tesoro: La Solvencia. En un mundo hiperendeudado, donde el crédit crunch hace estragos, y en el que los Estados añaden ceros virtuales a su endeudamiento en un desesperado intento de evitar el colapso inmediato del sistema financiero, encontrar una inversión solvente en la que no corramos riesgo de impago o pérdida del principal a largo plazo, es como encontrar un oasis en medio del desierto. Poco nos debe importar si debemos asumir por ello una alta volatilidad (quién no las asume en este New Normal incluso en activos tradicionalmente poco volátiles) y/o potenciales pérdidas a corto plazo. Lo verdaderamente vital es que nuestras inversiones se dirijan a empresas y/o estados solventes, tanto de renta fija como de renta variable. Y lo que Mr. Market diga que valen esas inversiones a corto plazo no debe importarnos si realmente hemos conseguido comprar negocios solventes, expansivos y muy muy baratos (ahí es nada). La tradicional renta fija desarrollada es ya temerariamente insolvente, y por tanto inútil y peligrosísima como refugio para preservar. Debido al sobreendeudamiento del mundo desarrollado (de empresas y de Estados), la solvencia les ha abandonado y se ha replegado hacia la renta fija emergente y hacia la renta variable de empresas excelentes sin o con poquísima deuda. Muy difícilmente vamos a encontrar el tesoro llamado solvencia más allá de estos dos tipos de activos. Invertir en economías recesivas y sobreendeudadas va a ser un suicidio en cuanto el credit crunch se acentúe y la refinanciación, hasta ahora rutinaria, se vaya seacando más y más, como ya sucede en el sistema financiero de la Eurozona. Para que todo el mundo pueda entenderlo, diríamos que debemos entender nuestras inversiones en bolsa o incluso en renta fija (emergente) desde un punto de vista 100% empresarial y 0% bursátil, especulativo o como le queramos llamar. Nuestras inversiones en cotizadas deben seguir exactamente los mismos criterios de selección, inversión y desinversión que nuestras incursiones en no cotizadas o private equities. La impagable ventaja que tenemos en bolsa respecto a nuestras inversiones a pelo en no cotizadas, es que para comprar cotizadas lo podemos -lo debemos- hacer de la mano de los mejores expertos del mundo a través de los mejores fondos de inversión del planeta, que nos proporcionan análisis y diversificación óptimos. Y recordemos que llegados a este punto tenemos dos hándicaps que determinarán la diferencia entre el triunfo y el fracaso de la evolución de nuestro fortuna a largo plazo:

  1. Conseguir el mejor asesoramiento que nos indique en todo momento quienes son los mejores gestores del mundo adaptados a nuestras circunstancias patrimoniales e inversoras.
  2. Conseguir el mejor asesoramiento que nos permita acceder libremente al universo de inversión mundial con vehículos legales, transparentes, fiscalmente eficientes y adaptados -cómo no- a las circunstancias familiares de cada patrimonio.

Queremos finalizar recalcando de nuevo que poder invertir en negocios excelentes y globales a precios excepcionalmente bajos, o hacerlo en negocios excelentes menos globales pero localizados en países con economías crecientes a PERs inferiores a 4 o incluso 3, es algo tan extremadamente excepcional que difícilmente lo vayamos a ver de nuevo en muchas décadas. Pero no sólo se trata de una oportunidad para ganar mucho dinero en los próximos 3, 5 o 10 años, sino que estamos convencidos de que esa es la mejor forma de preservar el patrimonio en inversiones con solvencia que podemos encontrar en nuestros días. ¿Acaso algún inversor con mentalidad empresarial (que no bolsista o especulativa) dejaría pasar la oportunidad de ser socio de estos excelentes negocios que tienen beneficios anuales crecientes de más de un 25 o 30% del coste total de la empresa? ¿Álguien dejaría de invertir en ellas a estos niveles de PERs sólo por la posibilidad de que en el futuro próximo el Euro pueda estallar en la cara de nuestros políticos, generando un nuevo crash de pánico, y poder entonces invertir con un descuento aún más excepcionalmente elevado? Porque no debemos olvidar que esa posibilidad puede no darse, y que los que suelen esperar siempre para tomar decisiones a que algo ocurra en el futuro, en realidad suelen dudar por la inseguridad de sus valoraciones y criterios, y su incapacidad innata de tomarlas en el presente.

Muy poco nos debe importar el precio que la multitud le dé a nuestras inversiones en el corto plazo, tanto si son pérdidas como si son rallys alcistas fulgurantes. Para decidir las mejores opciones de inversión y desinversión y manejar infinidad de variables, tendremos a los mejores gestores del planeta trabajando para nuestro dinero. Nuestra labor (simple pero a la vez difícil y valiosísima) deberá ser entonces la monitorización constante de esa élite de gestores que nos ayudarán a ser socios de los mejores y más solventes negocios del mundo de forma permanente, y cuyas revalorizaciones superarán a los mercados consistentemente.

Recordemos la genial frase de KierkegaardUn hombre solo puede equivocarse, pero la multitud siempre se equivoca.” Y eso por supuesto es aplicable también a los gestores. Que la volatilidad, el ruido, la incertidumbre y el pánico no nos impidan ver el bosque. Porque el bosque del New Normal puede ser volátil, ruidoso, misterioso y repleto de peligros, pero un frondoso y apasionante bosque al fin y al cabo, que para los mejor asesorados esconde tesoros inimaginables en los rincones más oscuros.

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