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Huelga Ganeral: Pataleta y brindis al sol.

Los sindicatos siguen sin enterarse de lo que está pasando. Y lo peor es que manipulan la opinión pública de los trabajadores en la peor y más perjudicial de las direcciones. Ni saben ni quieren saber que esta vez, y sin que sirva de precedente, su enemigo no es la patronal. Ni la derecha, ni la banca, ni nadie a quien insultar o quemar su imagen en un disturbio callejero organizado. Esta vez el enemigo de la sociedad entera, y no sólo de la clase obrera, es la Crisis global en la que nos hemos metido y de la que todos somos responsables, también los trabajadores.

El que esté libre de culpa, de la burbuja crediticia que nos ha llevado a esto, que tire la primera piedra (pero no contra un escaparate de McDonalds en cualquier capital española). Toda la clase media-alta, media y también la media-baja (es decir casi todos) se ha venido gastando el futuro en la última década. Como dijimos el verano pasado:

«…los financos abusaron de los inversópatas; pero también los creditores abusaron de hipotecofílicos sin estatus de inversor, que a su vez abusaron de su bienestar ineficiente.»

A bienestar ineficiente (porque se alimentaba de riqueza debida) e irreal que conseguimos en la última década para la mayoría de la población de Occidente. Hicimos un upgrade masivo de la clase baja trabajadora convirtiéndola en clase media, y de clase media convertida a clase media-alta. Y para ello utilizamos dinero traído del futuro, a base de una burbuja crediticia que nos ha estallado en la cara.

Pero los sindicatos (me refiero al menos a los españoles, que son los que vemos a diario en los medios de comunicación) no se han enterado. Todavía creen que el bienestar del que venimos era real. Se lo han creído tan ingenuamente como se lo creyó la mayoría, pero lo que es realmente grave es que sigan sin reaccionar ante la cruda realidad. «Los derechos básicos de los trabajadores», «las lineas rojas que no van a permitir que la patronal traspase», etc. son frases que les dejan en evidencia. Lamentablemente no estamos ni estaremos en condiciones de defender esos derechos, ni de marcar límites al malestar que se cierne sobre todos nosotros. Pensar que las empresas para las que trabajan van a utilizar la crisis como excusa para aumentar sus beneficios de forma explotadora y codiciosa, no sólo es ridículo, sino que también denota una bajeza de miras e incompetencia de los dirigentes sindicales muy grave y preocupante. Cualquiera con dos dedos de frente ve claramente que esta Madre de todas las Crisis se está llevando por delante gran parte del tejido empresarial del primer mundo y especialmente de países como España. Está siendo fulminante. Y las cifras macroeconómicas que vamos conociendo, a posteriori de los hechos que acontecen, son tan estremecedoras que los sindicatos deberían luchar por conseguir EREs inferiores al 100% y no EREs del 0%.

En los tiempos difíciles, es comprensible que la clase obrera con una menor capacidad de analisis y formación, pueda arremeter y centrar su ira en quien paga su salario. Siempre ha sido así y no todos estamos obligados a ser capaces de comprender lo que está pasando a nuestro alrededor. Pero los dirigentes sindicales sí que deben analizar correctamente la situación. Es su obligación y su responsabilidad hacerlo y explicarlo de forma comprensible a sus afiliados y a todo su radio de influencia, que es mucho.

Los sindicatos son necesarios en una economía expansiva porque deben exigir mejoras en detrimento de un aumento desmesurado de los beneficios empresariales. Y como bien dijo Pau A. Monserrat, también hacen una buena tarea en seguridad laboral y asesoramiento jurídico. Pero en una situación depresiva como la actual y en plena destrucción de riqueza global, su labor se debe centrar en la concienciación de la clase trabajadora, para aunar esfuerzos con un tejido empresarial en grave peligro de extinción. Hacer lo contrario es sumamente irresponsable y deberíamos avergonzarnos del papel que están jugando nuestros sindicatos en estos momentos difíciles.

El enemigo fuimos y somos todos, y el pataleo y los brindis al sol como por ejemplo una huelga general (que veremos muy pronto) o pulsos absurdos con la patronal y el Gobierno sólo van a empeorar la situación. Mejor nos iría si apretamos los dientes y nos dejamos de buscar demonios y enemigos entre los empresarios y los políticos. La Depresión ha venido para quedarse, y lo hará hasta que se purgen suficientemente los excesos cometidos por todos, y la productividad supere con tiempo y mucho esfuerzo a la destrucción de riqueza. El lastre que están suponiendo los sindicatos en estos tiempos de recesión, es y será históricamente imperdonable. El mundo ha cambiado, y ellos no.

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