Si nos desplazamos con el mapa a través del buscador a ciudades como el centro urbano de Miami veremos como está fuertemente afectado por estas clausuras judiciales. Lo mismo o peor le ocurre a toda la costa central de la ciudad de Los Àngeles y hasta San Diego. 

Esta es la gran diferencia de comportamiento en la pérdida de valor entre una de tantas casitas playeras en la costa de Florida o California; o inmuebles únicos, primes, situados en ciertos barrios de una isla limitada, única e irrepetible como Manhattan, donde el turismo este verano abarrota sus calles como nunca. Y es que esta burbuja inmobiliaria, sea norteamericana, irlandesa o española, nos enseña que en ciclos alcistas, cuando todo está carísimo, las diferencias entre los inmuebles prime y los que no lo son se difuminan temerariamente. Cuando nos despertamos del sueño, el mercado (que no las tasaciones) nos escupe en la cara el valor actual real de nuestros inmuebles. Pero mientras los propietarios de inmuebles prime sufren caídas temporales de valores sólidos que se recuperarán en el futuro, otros inversores habrán pagado (o deberán durante vida y media) unos precios que su generación difícilmente volverá a ver, al menos hasta que la inflación los devore.