El 12 de agosto de 2007, en plena sacudida creditícia, escribimos this article en el que analizábamos el proceso de contagio de la titulización de subprimes: La desconfianza en la deuda corporativa, los préstamos interbancarios y por último la volatilidad en RV. En ese momento no intuíamos que el escenario gravísimo que se estaba viviendo con el credit crunch, pudiera verse agravado con un petróleo a 15o$. De haber sido así, el efecto pánico habido durante el agosto 2007 podía heber malherido fundamentos del Sistema que hoy siguen en pie gracias a la dosificación de las malas noticias que hemos ido asimilando durante todo un año. Efectivamente, el Sistema ha tenido tiempo de asumir mala tras mala noticia y las cifras macroeconómicas del presente ya nada tienen que ver con las que teníamos en agosto 2007. Y probablemente las cifras actuales sean mucho mejores que las del próximo verano 2009. En cualquier caso, estamos donde estamos tras un año de pesadas digestiones que han permitido la supervivencia del Sistema. Ahora le toca el turno de pesadas digestiones a la Sociedad.

Cuanto más se dilate y difumine en el tiempo una catástrofe, mayor poder de reacción habrá. Si el Titanic se hunde muy despacio, el preceso de evacuación y posterior resacte se efectuará con más garantías de éxito y los daños se podrán paliar en mayor medida. Es cierto que la crisis energética supone un oleaje que dificulta el protocolo de emergencia, a la vez que acelera el hundimiento. Pero por fin la orquesta dejó de tocar y se ha puesto manos a la obra para ayudar en la evacuación y rescate. Y eso beneficia a la actitud y predisposición del resto del pasaje ante las crisis. Que la música siga sonando y que la tripulación (política y económica) nos hable de simple desaceleración, no sólo no soluciona nada sino que nos hace mucho más vulnerables ante el naufragio.

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No debemos ver los botes salvavidas como un shock traumático de lo que añoradamente dejamos atrás, sino como una ocasión excepcional de aprender de nuestros errores y prepotencias. Siendo, a la vez, el principio de una nueva navegación rumbo a un mundo lleno de oportunidades, aunque de momento con estrecheces y sin música.