Este fenómeno del aumento del trabajo a tiempo parcial se traduce implacablemente en una reducción sustancial de los ingresos laborales. Pero es que hay muchos trabajadores a jornada completa que, una vez perdido su empleo, difícilmente van a encontrar ni siquiera empleos a tiempo parcial. 
En definitiva, tenemos ya ante nuestros incrédulos ojos a una sociedad occidental que se queda en la calle y que empieza a buscar desesperadamente fracciones de sueldos a tiempo parcial para subsistir. El problema es que esos ingresos laborales diezmados no sean suficientes (que en muchos casos no lo son) para que esas familias coman y puedan pagar el alquiler de un piso en el que apelotonarse. Pero otro gran problema es el endeudamiento que estas familias han acumulado durante la reciente era dorada, en la que los bancos y el Sistema les hicieron creer que eran de clase media. Y no hay trabajos a tiempo parcial que puedan soportar una hipoteca, un coche y unas vacaciones de las que todavía se debe la cuota correspondiente al todo incluido. Jamás podrán pagar sus deudas, y deberán centrar sus esfuerzos en trabajar a tiempo parcial exclusivamente para comprar comida y pagar el alquiler durante algunos años. Probablemente mucho más tiempo del que sería deseable y del que pueden soportar las entidades financieras.


Empleos a tiempo parcial y morosidad son conceptos que van desgraciadamente de la mano en un escenario de abuso crediticio. Y la que hasta hoy llamábamos clase media se está reconvirtiendo trágica y apresuradamente en clase pobre o baja. Los sueños de millones y millones de personas se están haciendo mil pedazos al tiempo que pierden sus empleos, sus activos hipotecados o debidos, su solvencia y en muchos casos su dignidad. Y no sólo estamos hablando de inmigrantes, ni mucho menos.
Cuando la Economía se desmorona como lo está haciendo, el empobrecimiento social es tan sólo cuestión de tiempo en una tristísima cuenta atrás. Lamentablemente muchos viven ya a tiempo parcial.


