Nuestra voluntad no es la de herir sensibilidades ni la de generar polémicas que nos creen enemigos, pero lo que tenemos claro todos los autores de este blog es que no tiene sentido escribir artículos políticamente correctos, que en poco o nada ayuden a los lectores a encontrar reflexiones más allá de lo estéril y/o habitual. La verdad es que poco nos importa la repercusión en forma de anónimos faltones o de manía persecutoria de pseudo-profesionales de la gestión o del asesoramiento. Algunos de los cuales paradójicamente se deshacen como cubitos de hielo en el desierto en cuanto, por casualidades de la vida, sus caminos profesionales se cruzan con los nuestros y deben seguir las directrices marcadas por un Family Office. Incluso, en algunos casos en que la relación consigue con tiempo y esfuerzo que dichos profesionales intuyan la esencia de nuestro trabajo, solemos ver un destello de sana y honesta envidia en el brillo de sus ojos y en sus confesiones off the record, y eso dice mucho en su favor. Entremos pues en materia con la certeza de que vamos a abrir los ojos de muchos y con la esperanza de que sólo se sientan ofendidos los estrictamente necesarios y los menos honestos.
Así es, y en muchos casos los gestores de dichas Sociedades de Inversión de Capital Variable tan sólo trabajan con 3 directrices: Objetivo de rentabilidad, pérdidas asumibles, proporción de RV y RF en cartera, y muy pero que muy poquito más (me niego a pensar que la cuenta de explotación para el banco y/o la gestora pueda ser la cuarta directriz con la que trabajan). Soliendo ser además esta tercera proporción una variable en función de las dos constantes primeras. Nos entristece ver que dichas entidades gestoras se preocupan mucho más de que la cantidad de incumplimientos temporales (respecto a la normativa y limitaciones de estas sociedades de inversión) en los que incurran las SICAVs de la gestora sea moderada, de que no se vayan a tener problemas con la CNMV o de que los criterios de valoración (que cada día son más rigurosos A.D.G) no desmoronen sus cifras de rentabilidad respecto a los benchmarks (sotacaballoyrey) de las gestoras de otros bancos.

Las necesidades de desinversión anual para cubrir la cifra de GIA (gasto, inversión y ahorro) de la Familia y de su entorno, la fiscalidad de dicha GIA, la consiguiente aplicación de dichas rentas desinvertidas en inversión y ahorro fuera de la SICAV, la necesidad de reinvertir la FSC (franja de seguridad y crecimiento) con los mismos u otros conceptos dentro o fuera de la sociedad de inversión, 
De hecho ni siquiera pueden comprender que existan conceptos que deberían tener alguna conexión con su trabajo como la planificación de la herencia, estructuras societarias y fiscales, crecimiento o decrecimiento empresarial o inmobiliario, necesidades de desinversión para aplicarlos al GIA (gasto, inversión y ahorro), ni tampoco para qué demonios sirve una franja de seguridad y crecimiento. Y mucho menos llegar a intuir lo que es un Vital Balance y su aplicación a la vida real. Lamentablemente ni siquiera suelen entender que un patrimonio no es sólo el dinero depositado en su entidad. Y que la gestión de éste no puede diseñarse ignorando el resto, trabajando exclusivamente con las dos constantes y la variable enteriormente mencionadas, con Mifid o sin él. Algunos en un arranque de clarividencia responden: «No, claro, supongo que tendrá más dinero u otra SICAV en otra entidad».
El concepto de Patrimonio inmobiliario o empresarial (y ya no digamos artístico o de otras tipologías) supone para estos gestores un viaje al espacio exterior, es decir algo infinito y desconocido que desborda sus mentes y que ni se plantean que pueda ni deba llegar a interferir en su labor terrícola, limitada al capital gestionado por su propia entidad y a la repetición del mantra: «Objetivo de rentabilidad, pérdidas asumibles, proporción de RF y RF en cartera». Es algo así como hablarle del Big Bang o de un Quásar a alguien que cree que la tierra es plana.


En definitiva, y salvo honrosísimas excepciones, La Insoportable Levedad del Gestor, junto con la incapacidad del propio inversor, son los principales culpables de que la inmensa mayoría de riquezas se malbaraten y se destruyan ante los impotentes ojos de quienes contribuyeron a crearlas.
«Estoy bajo el agua y los latidos de mi corazón producen círculos en la superficie.»