
Porque a pesar de todos los problemas intrínsecos de la Eurozona, lo que más le duele a Mr. Market es la inoperancia y la capacidad de los políticos de anteponer sus intereses a los de Europa. Sus nacionalismos, sus electoralismos, sus incapacidades y falta de formación financiera son algunas de las características comunes de la clase política que presuntamente debe resolver los problemas de la Eurozona. Y así vamos. Por eso, cuando toda esta banda de ineptos y corruptos se larga de vacaciones, los Mercados se toman un respiro porque las valoraciones son muy bajas. Los precios de la periferia europea están castigados por la política desde hace ya años, y en cuanto ésta se despista las aguas vuelven a sus cauces de valoraciones más razonables (y no estamos hablando de valores financieros sino de industrias ligadas a la economía real).

Creemos ademas que se está perdiendo una oportunidad de oro, porque si la situación económica de la periferia se sigue deteriorando de forma irreversible, llegará un punto en que Alemania ya no aceptará pagar la factura a cambio de soberanía. Simplemente las pérdidas a asumir para mantener la Eurozona pueden equipararse peligrosamente a las que debería asumir prescindiendo de ella y volviendo al Marco alemán. Y si llegamos a ese punto de no retorno habremos perdido la locomotora alemana para siempre. Y nos quedará un tren europeo con muchos vagones de cola, que habrá perdido la alta velocidad y se habrá convertido de nuevo en un cercanías. Un tren de cercanías muy soberano, por cierto.
Como decíamos, por el momento la política en minúsculas está dando un respiro a los Mercados. Y eso, aunque no resuelva nada, al menos nos permite coger aire para aguantar mejor la respiración en este otoño que se nos viene encima, cuando los políticos bronceados pretendan de nuevo ganarse el sueldo.