Euroesquizofrenia

Crisis

La UE tiene un pasado glorioso. El proyecto de una Europa Unida ha superado de forma lenta y defectuosa pero ejemplar las barreras y reticencias nacionalistas de sus componentes. Ha sido el ejemplo de concordia y unión voluntaria de pueblos (diversos donde los haya) que tan sólo una generación antes se batían en una guerra mundial, cuando el mundo se limitaba a ser occidental y sólo existían dos bandos.

Sin embargo el presente de esta UE, y sobre todo el futuro, se ha vuelto contra nosotros mismos. Las divergencias económicas han hecho saltar por los aires tratados y unanimidades que creíamos estables, es más, legales. La huída hacia delante ha hecho que en este par de últimos años se reduzca, más que en toda la historia de la Unión, la soberanía de los países menos solventes, productivos y competitivos. Pero no nos engañemos, lejos de legislar y acordar avanzar valientemente en el proyecto de una Europa común con un gobierno único, estos aparentes avances no son más que meros parches cobardes para evitar momentáneamente el hundimiento del Titanic llamado UE.

En este escenario delirante nos encontramos con situaciones surrealistas como los rescates que se deben copagar entre todos los miembros, también los propios rescatados y los futuribles de la lista negra. La consigna es “o jugamos todos, o rompemos la baraja” pero con dos pequeños detalles sin importancia: Ni sabemos jugar a cartas, ni ningún político se atreverá jamás a romper la baraja hasta que ésta salte literalmente por los aires (con la salvedad del sucesor de Merkel).

El BCE se encuentra ante la encrucijada irresoluble de mantener tipos adecuados para las economías periféricas que han entrado en barrena, o controlar una inflación incipiente en los países en los que el crecimiento económico se está ya consolidando. Mientras tanto, las políticas fiscales y laborales se determinan aún al libre albedrío de cada Estado, o sea de forma electoralista y económicamente analfabeta. Y los controles presupuestarios externos se van produciendo paulatinamente de facto, cotra toda legislación y soberanía vigente. A la vez, se descubren trampas y engaños contables como el griego y demás inconfesables, u otros más sutiles como por ejemplo la tasación de los inmuebles de la banca española. Los spreads o diferenciales de rendimiento de las deudas soberanas aumentan sus divergencias y sólo son controlados, también de forma alegal, por el BCE y demás acciones coordinadas de los bancos centrales de los países más solventes de la UE. También existen intercambios de favores más allá de las fronteras europeas, pero esas compras y movimientos de deuda forman parte de pactos políticos y razones de Estado que quizá sólo salgan a la luz en algunas memorias, de dudosa credibilidad futura, que publique algún estadista dentro de un par de décadas.

La moneda única, por su parte, ejerce de pardillo manoseado contra el que se devalúan el resto de las principales divisas. Pero el BCE tiene fuegos más candentes que la cotización del Euro, a pesar de que permitiendo que todos devalúen contra nosotros, lo que hace es hundir más y más en el fango la competitividad de las economías periféricas. ¿Cómo demonios vamos a conseguir equilibrar los déficits sin conseguir competitividad, si ni siquiera tenemos la posibilidad de mantener la cotización de nuestra divisa competitiva? No se trata ya sólo de un problema de política laboral, que también, sino de aberraciones estructurales como el perjuicio que sufren y sufriran las exportaciones con un euro por las nubes (bueno, más que por las nubes diría que está en el limbo).

La crisis geopolítica y energética de Oriente Medio genera además tensiones en las fronteras del sur de Europa que cuestionan el mismísimo acuerdo de Schengen, la burbuja inmobiliaria como la española no se purga porque se llevaría por delante el sistema bancario, la mitad del déficit griego es causado ya por el pago de intereses de su deuda, las elecciones colombofóbicas que echarán a Merkel y la sustituirán por un halcón están a la vuelta de la esquina, Portugal comienza la travesía de un desierto en el que si muere lo hará matando, la próxima presa de los mercados financieros (España) es una pieza tan grande que se llevará por delante una UE en precario, y un larguísimo etc.

La realidad conocida en Europa es ya virtual. Y es sólo cuestión de tiempo que el frágil equilibrio busque, de forma convulsa, una nueva estabilidad. Una consecuencia más del New Normal. Y es que la crisis financiera iniciada en 2007 ha hecho degenerar la tradicional Euroesclerosis en una Euroesquizofrenia que modificará el estado del Viejo Continente tanto o más de lo que lo hicieron las Grandes Guerras.

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