Pero llegaron los recortes de las bolsas y empezaron los reproches a sus vanagloriados gestores y banqueros. ¿Cómo no les avisaron de que iban a sufrir pérdidas tan grandes y tan persistentes? ¿Acaso no es ese su trabajo? ¿De qué sirven sus corbatas, sus cursillos (ya ni siquiera masters), su experiencia…? Ante esta avalancha de culpabilizaciones, los gestores suelen reaccionar de dos maneras muy distintas:
El incompetente e inexperto (a pesar de haberlos de mediana edad) está tan sorprendido como el propio cliente. Jamás habría imaginado que la RV pudiera perder tanto y, lo más importante, más allá de uno o dos años malos. La mayoría incluso han arrastrado a la ruina no sólo a sus clientes sino también a sus familiares y amigos próximos, y por supuesto sus propios ahorros. De hecho a la única que no han perjudicado es a la propia entidad para la que trabajan, puesto que han vendido pescado a diestro y siniestro generando gran cantidad de comisiones. Pero no por ello conservarán su puesto, ya que la huida de clientes, y la consiguiente reducción de beneficios de la cuenta de explotación de dicho gestor, cava idefectiblemente su tumba laboral.
En cambio el perro viejo (con casi todos mis respetos), sabe perfectamente que éstas son épocas de vacas flacas y que hay que torear clientes mañana y tarde. Aguantar el chaparrón como en otras épocas, aunque esta vez pinta peor puesto que no hay crack bursátil en el que excusarse, y además va para largo. No obstante sabe que dispone de armas alternativas para seguir succionando comisiones de sus clientes escarmentados por la RV tradicional. Las entidades para las que trabajan ágilmente se las han suministrado e incluso les han adiestrado mínimamente para usarlas.
No obstante hay gestores cuyo poder de convicción no es suficientemente opresivo y permiten durante algún tiempo que sus clientes dormiten en simples depósitos mientras la inflación les come y sus jefes de banca privada o de la gestora pierden la paciencia.
Pero centrémonos en los gestores y banqueros de champions, los pescadores que ganan en río revuelto, es decir los que realmente generan beneficios para las entidades en las que trabajan. Éstos han conseguido que sus clientes vean en la inversión alternativa una ídem para sus añoradas plusvalías anuales de 12, 18, 25% o incluso más. Se ha vendido el «antídoto perfecto» contra las bajadas de la RV occidental. Muchos inversores han comprado fondos alternativos confundiéndolos con Hedge Funds (algo muy común) y sin saber realmente que significa ni una cosa ni la otra. Sólo querían oír que dichas inversiones seguirían ganando dinero a pesar de las bajadas de las bolsas.


En esos casos, que son lamentablemente muy comunes, sólo nos ofusca la promesa de compensar los añorados beneficios bursátiles. Perdemos de vista el Norte, y por supuesto nuestro dinero. Las consecuencias ya son evidentes.
¿Cuál será el siguiente tumbo de los inversores promiscuos? La indústria armamentística de los financos seguro que nos impresionará con novedosas y brillantes armas de destrucción (patrimonial) masiva.

