Año 2007: A olivo más uno…

Hace ya casi 10 años que abandonamos la edad de la inocencia financiera. Esa época en la que el endeudamiento no era como hoy una necesidad vital para evitar la quiebra, sino una herramienta abusada para crecer y ganar dinero de la nada temerariamente. El espejismo de bonanza se comenzó a desvanecer ya en 2007, aunque para la mayoría de mortales no fue evidente el colapso hasta que las bolsas se rompieron en 2008. Recordando aquella época pre-crash, nos ha venido a la memoria una operación inmobiliaria con la que nos cruzamos en el año 2007, poco antes del desastre sistémico. Desde luego, vista en perspectiva la operación que recordamos a continuación, no podíamos acabar de otro modo más que despeñados por el abismo financiero:
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La operación inmobiliaria en cuestión era un terreno a urbanizar en Andalucía, de tamaño y precio muy considerable: 58 millones de €. La negociación se centraba ya en los meros intereses a pagar por el 50% del pago aplazado acordado a 3 años. Hasta aquí todo normal y los contactos previos entre comprador y vendedor se realizaban con el intermediario de turno, un profesional experto, de esos que si te descuidas te vende el Palacio de Versalles como chateau de veraneo y con un descuento por pronto pago. No obstante, en cierto momento de la negociación, pudimos tratar directamente con el único propietario de las tierras, al que todavía no conocíamos: Un hombre de mediana edad y aspecto rústico y prudente. Pero cuando empezamos a entrar en materia nos dijo muy seriamente que los 29 millones de € aplazados debían pagarse “con el mismo interés que el banco, a olivo más uno“.
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Debemos reconocer que aunque hemos toreado en muchas plazas (yo diría que en casi todas), nos costó unos cuantos segundos reaccionar. No se trataba de una ironía ni una broma, ni siquiera una metáfora. Me resistía a creer que alguien que confunde el Euro interbank offered rate (Euribor) con el rendimiento aceitero más una unidad de algo que ni siquiera quiero imaginarme, vaya a convertirse de la noche a la mañana en el propietario de 58 millones de €: 29 de ellos al contado y 29 a 3 años con sus correspondientes e interesantísimos olivos más uno. Cómico a la vez que alarmante y escandaloso, aunque muchos de nosotros le envidiemos desde nuestra modesta formación.
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¿Qué habrá sido de este hombre y su familia después de 10 años? Por desgracia no pudimos mantener el contacto, ya que su banquero-amigo (sic) se ocupó de acapararlo, al menos durante un tiempo. Según nuestras experiencias como asesores patrimoniales no creo que hayan sido más felices que hasta el momento de la venta. Especialmente a partir de ahora, después de 10 años cubriendo los errores con un dinero que aparentemente nunca iba a acabarse. Durante estos años habrán sido manipulados, robados, estafados, adulados, y dilapidados en el más vasto sentido de la palabra. Habrán sido pasto de todos los que les rodean, formen parte de la familia o no. Odios cruzados que con su escasa formación posiblemente hayan acabado o acabarán trágicamente. Lo mejor que les podía haber sucedido era vender tierras cuyo valor no superase unos pocos millones de euros. Así habrían saboreado las mieles de la abundancia pero con menos enemigos, y probablemente en pocos años todo habría vuelto a la “normalidad”, a lo sumo algún inmueble residual y aprovechable por parte de los hijos. Les deseo que hayan podido hacer realidad sus sueños, al menos temporalmente. Pero paradójicamente no les habrá resultado fácil su vida a partir de la venta, a no ser que tan sólo les haya robado un honrado bufete de abogados que se haya compadecido de sus limitaciones y les haya aislado de su fortuna inteligentemente.
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En aquel momento (primavera de 2007) escribimos lo siguiente: “Es una aberración que a una familia agricultora se le conviertan, de la noche a la mañana sus tierras, que han servido para alimentar más que dignamente a sus antepasados, en semejante fortuna para la que nadie les ha preparado jamás. Quizás sea una aberración comparable a la que deberán sufrir los compradores de las viviendas que se construirán en estas tierras, con hipotecas que heredarán sus hijos si no son embargadas. En el caso del agricultor me parece una creación de riqueza contra toda ley de la economía capitalista. Y en el de los compradores de esos pisos una creación de pobreza, curiosamente al mismo interés: Olivo más uno”.
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Lamentablemente, el sistema financiero no soportó por más tiempo tales aberraciones, y pilló de lleno a esos nuevos ricos rurales, a los nuevos propietarios de pisos, a las constructoras y a los bancos que financiaron aquel despropósito. Y lo peor es que, visto en perspectiva de una década, la selva de las Mercados y la Economía de aquel entonces nos parece un juego de niños en comparación con el escenario al que nos enfrentamos actualmente. Porque los efectos colaterales de dinamitar el precio del dinero para salvar lo insalvable aún no han hecho más que empezar.
  1. Joer … que viejos somos. Todavía recuerdo el artículo y la que os cayó encima … como siempre hay gente que confunde las churras no ya con las merinas, si no con cabras.

    El artículo reflejaba muy bien la necesidad de un asesoramiento profesional y de la poca preparación que se tiene a la hora de manejar ciertas cantidades.

    Tenemos la capacidad de creernos que somos autosuficientes. No recuerdo si lo dije en su día, pero se puede hacer el símil con la electricidad: cualquiera puede cambiar una bombilla y algunos, incluso, pueden cambiar un enchufe; pero si quieres montar una fábrica necesitas a un ingeniero y a personal especializado. Pues con el dinero lo mismo.

    La pega es que el asesoramiento profesional de calidad es bastante escaso ….

    Francisco 28/03/2017

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